¡Buenas noches a todas! Estando a hora y media de terminarse el año, vine para dejarles un bonito regalo para que puedan disfrutarlo y sonreír un poco con esta candente pareja que he formado XD Y si se lo están preguntando, saldrán otras parejas además de la principal, como apoyo y cositas así. Sin más, disfruten, espero saber sus opiniones, ya que soy nueva en este mundo y bueno, quiero mejorar OwO9 Agradecimientos a xOphiuchusx por añadir mi fic a favoritos, espero verte por aquí :D

¡FELIZ AÑO NUEVO! Y que este 2015 les traiga muchas cosas geniales y obvio, más yaoi! Matta ne!

Capítulo 3

Juego de orgullo

Ya habían pasado más de tres horas desde que él se había marchado de su residencia y sin embargo en lo único en que se ubicaba su mente era lo que había pasado sólo por la lucha de la supremacía de aquella lata.

¿Pero en qué demonios podría estar pensando aquel rubio cuando hizo lo que hizo, como si fuera tan natural y obvio como el respirar? ¿Qué le había orillado a cruzar esa línea prohibida que jamás creyó que alguien osaría en traspasar con él? ¿Cuál era la verdad intención tras ello? ¿Fastidiarlo? ¿Arruinarle el resto del fin de semana, vengarse por su insubordinación? ¿Qué cojones atravesaba la mente de ese jodido profesor cuando se atrevió a besarlo sin más?

Tras una necesaria y larga ducha no tuvo más remedio que encender la televisión y librarse de esos pensamientos que no le traían nada bueno. Lamentablemente ni los shows que aquella caja le mostraba, fueron suficientes.

Todavía podía experimentar aquella sensación sobre sus labios, como si el contacto no hubiera tenido ni un minuto tras concluir. Aún sentía la dificultad para tragar saliva y esa falta de aire que le abrumaron en cuanto ambos se apartaron el uno del otro, observándose.

Era absurdo, estúpido, sencillamente anti natural el que estuviera experimentando esa serie de notorios y desagradables síntomas. A él le gustaban las tías buenas y de pechos grandes, no un sujeto narcisista con las mismas cosas que él poseía bajo la cremallera de su pantalón.

¡¿Pero qué demonios pasó en ese momento?! ¡Maldición, ¿pero en qué cojones estaba pensando ese idiota?! Él me be...-no concluyó tan simple tiempo verbal por todo lo que eso escondía y significaba en ese instante para él. Sencillamente tener que asimilar lo que había pasado era demasiado hasta para su persona-. ¡El peor del asunto es que...! -chasqueó la lengua, malhumorado y con ese entrecejo totalmente torcido. Estaba cabreado por tantas cosas que no sabía qué maldecir primero.

Apagó el televisor y ascendió a la segunda planta. Tal vez hallaría un poco de tranquilidad en su habitación y esa experiencia traumática quedaría en el baúl de sus recuerdos.

Alzó la esquina derecha superior de su colchón, revelando su apremiante tesoro: aquellas bien cuidadas revistas de su amada idol. Eso en definitiva debía devolver sus confundidos y shockeados pensamientos a la heterosexualidad.

Tomó asiento sobre su cama y empezó a hojear la revista con un obligado interés.

—Tsk...¡¿Ni siquiera esto sirve ahora?! -se recriminó a sí mismo con claro tono estricto e intransigente. ¿Por qué su amada modelo no tenía el efecto de siempre en él?

Sin resultados inmediatos, sólo colocó la revista a un lado. Cogió su celular y empezó a revisarlo; había una llamada pérdida de hace media hora.

—¿Tetsu? -suspiró y remarcó. Quizás la voz de un viejo conocido le ayudaría a despejar su constipada mente.

—¿Aomine-kun, qué sucede?

—Eso mismo pregunto yo. ¿Por qué has llamado? -intentó no sonar demasiado motivado o interesado en sus motivos para telefonearlo.

—Ah, eso. Es que Kagami-kun ha hecho demasiada comida y pensé que sería buena idea invitarte. Ya que eres un troglodita como él -mencionó con naturalidad.

—Estás en su departamento, ¿no? -pasaría por alto el claro insulto hacia su persona; no toleraba que se le comparara con el pelirrojo.

—Así es. Si gustas venir, adelante. Todavía hay mucho -tras ello colgó.

—Es mejor que quedarse en casa y seguir pensando...-cortó el rollo y se puso de pie nuevamente. Debía cambiarse e irse. Soportar a esos dos era mejor que continuar debatiendo sobre lo que pasó entre Tatsuhisa y él.

El timbre de la puerta sonó un par de veces antes de que se permitiera el acceso al recién llegado.

Aomine se quedó callado, incrédulo y con un gesto raro en toda su cara. Pero no era para menos, frente a él se erguía el As de Seirin con un delantal rosa con un estampado ridículo de oso panda, todo tierno. Y tras unos breves segundos, se partió a carcajadas.

—¡Maldito cabrón, lárgate! -ladró el cabreado hombre a todo pulmón. Al diablo que los vecinos le escucharan.

—Aomine-kun, buenas noches -saludó el fantasmal chico, medio infartando al moreno.

—Ey Tetsu -pasó olímpicamente de la mirada de asesino de Taiga y entró al departamento. Todo el ambiente olía increíblemente bien-. Al parecer has cocinado algo decente, Bakagami.

—Que sepas que mi cocina es de lo mejor -deliberó orgulloso, ensanchando una sonrisa.

—Lo que sea... Sírveme, me muero de hambre -el muy descarado ya había tomado asiento en el pequeño comedor que había. Si será gilipollas.

—¡¿Por qué demonios lo invitaste?! -refunfuñaba el pelirrojo con nada para implosionar.

—Vamos Kagami-kun, no es para tanto. Además, es tu culpa por hacer tantas hamburguesas este día.

—Pero eso es por tu...-calló en automático en cuanto sintió esa miradilla por parte de Tetsuya. Suspiró con resignación y se dirigió a la cocina a traer la cena del fastidioso chico.

—¿Cómo han estado las cosas, Aomine-kun? -Kuroko había tomado asiento frente suyo. Y por alguna razón sentía que ahora estaba en un interrogatorio.

—Bien -soltó a secas. Inconsciente desvío su mirada hacia la cocina. Esto para Tetsuya sólo significaba una cosa.

—Estás mintiendo, Aomine-kun.

—¡Claro que no! -devolvió su atención en su ex compañero de equipo. Estaba claro que mentía, pero no iba a contarles que un hombre le había besado ese día y que le correspondió aun contra todo pronóstico.

—Quizás el muy idiota ya reprobó todas sus materias...tras apenas una semana de entrar a clases -Kagami ya había traído la deliciosa hamburguesa y la puso de mala gana frente al chico.

—Ni que fuera tú -allí iban de nuevo.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué Tetsu? -había empezado a comer tranquilamente-. Odio admitirlo, pero el idiota cocina bien.

—¡Si serás! –se quejaba el otro grandulón.

—Ustedes dos, cálmense -hablaba Kuroko-. Mejor dinos qué pasó. Te ves perturbado.

Maldita observación de Tetsu -cesó su proceso alimenticio, tomó aire y llamó a su cuerpo a relajarse-. Tengo algo así como a una personalidad fastidiosa con la que debo lidiar a diario.

—Ummm...¿Y cómo se llama la chica? -curioseaba el pelirrojo.

—Eso es lo que menos interesa -Daiki no hablaba explícitamente de una mujer, pero mejor que ellos pensaran que así era.

—¿Y bueno? ¿Cuál es un problema? Agradece que está detrás de ti con lo pervertido y estúpido que eres -Taiga sin duda había hallado el momento y lugar para escupir todo el veneno que le guardaba a cierto moreno-. Agradécele.

—¡Maldito Bakagami! ¡¿Cómo que debería estar agradecido?! Es ególatra en exceso, creída, trata a la mayoría de idiotas y tiene esa jodida sonrisa falsa que todos se tragan ¡Tiene comprados a todos con su actuación de buena persona! -soltó en una explosión de cambios de voz.

—En parte se parecen, Aomine-kun.

—Aunque en otros aspectos aparentemente te lleva ventaja. Podría ser demasiado paquete para ti -atacaba nuevamente Taiga. Aomine sólo reprimió sus deseos de arrojarle el plato a la cara.

—Aunque parece que te ha atrapado aun siendo así -retomaba la palabra Tetsuya.

—¡Claro que no! Le quiero lejos de mi persona -mal momento para recordar ese beso en medio de su sala-. ¡Es imposible y punto!

—Eres muy dramático, Ahomine -se burló el buen Kagami-.

—Las cosas se pondrán interesantes -no es como si ese hombre no fuera capaz de sonreír, sino más bien que había un motivo oculto detrás de ella; y casi siempre era algo malvado, propio de un chico de personalidad un tanto torcida como resultaba ser Kuroko.

Gracias a que la cena y riñas de esos dos prodigios del básquetbol, la estancia se extendió más allá de lo imaginable. Por lo que Aomine terminó pasando la noche en el departamento del pelirrojo junto con Kuroko.

Y aunque a él le tocó descansar en el sillón por perder el piedra, papel y tijera contra Tetsu, no se quejó en lo más mínimo. Lo que alertó a esos dos, pero optaron por dejar de darle importancia.

Las luces se apagaron y él intentaba infructuosamente conciliar el sueño.

Ya pasan de las dos de la mañana y no puedo dormir...-sus ojos miraban el techo. Ya se había puesto a contar cuántas manchas tenía.

Fue en ese mundo de soledad e inmenso silencio que un pequeño ruido captó sus oídos.

Se escuchaba como si alguien estuviera succionando algo con enorme ahínco y sin intenciones de dejar de hacerlo. No es como si fuera un sonido demasiado fuerte, pero quedaba de lo más claro en todo el mutismo que envolvía a la madrugada.

¿Pero qué se supone que es eso...? Además, creo que viene del cuarto de huéspedes donde duerme Tetsu...-la curiosidad era casi siempre buena, pero quizás en esta ocasión no era el caso. Al menos así se lo decía su instinto.

Se giró hacia el respaldo del cómodo sillón, se echó la cobija encima y cerró los ojos intentando dormirse.

Lo único que había logrado era despistar a quien anduviera en la sala en esos momentos.

Podía escuchar los pasos sobre el piso, yendo de allá para acá. Por lo visto buscaba algo con enorme ahínco.

—Grr...Te dije que no debías cambiarlo de lugar -regañaba la inconfundible voz de Kagami.

—No es como si fuera muy sabio que digamos dejarlo a la vista de todos, Kagami-kun -resopló con cierto enfado. No era de extrañarse que no se escuchara siquiera cuando entraba a una habitación en total silencio.

¡¿Pero por qué rayos están despiertos a estas horas?! ¡¿Qué es lo que está buscando el idiota de Kagami y que Tetsu le escondió?!

—Oh, ya lo encontré -estaba claro que sonreía, ese tono de alegría indudablemente debía de ir acompañada de un gesto como ese.

—No seas tan ruidoso o Aomine-kun se despertara.

—Aclaro que yo no soy el escandaloso, Kuroko -refutó con cizaña el pelirrojo-.

—Mm... Buenas noches Kagami-kun, que te aproveche…solo -enunció con un tono plano, casi sepulcral. Incluso Aomine podía sentir la hostilidad en tal comentario.

—¡Ey, idiota, no seas sentido! Tu estúpido amigo está aquí, por eso lo digo -gruñó.

Ya no escuchaba más sus riñas, sólo sus pasos y un par de puertas azotándose una tras otra.

¡¿Pero qu...?! -estaba estupefacto de los pies a la cabeza, tanto como cuando acabó aquel acercamiento con el rubio-. ¡¿Qué se supone que significa todo esto?! ¿Por qué Tetsu ha soltado algo como eso? ¿Y cómo que es por mi culpa...? ¿Tetsu ruidoso...en qué sentido? -fue el instante en que se percató que había sido el peor error de su vida el haberse quedado en el departamento de Taiga. Por lo visto estaban pasando cosas entre su rival y su ex sombra; situaciones que no quería ni necesitaba conocer porque podía imaginarse de qué iban y le causaba un escalofrío de pies a cabeza-. De ninguna manera esos dos...No, debo estarlo malinterpretando...Ellos no estarían haciendo...

La mañana siguiente llegó en cuestión de nada para el moreno. Quien claramente tenía cara de zombie mal alimentado por no haber pegado el ojo en todo el día.

Al parecer "ciertos ruidos nocturnos" provocaron su insomnio y lo dejaron como búho vigía.

—Te ves fatal, Ahomine -Kagami ya estaba preparando el desayuno y no dudó en burlarse del peli azul.

—Cállate idiota -todavía continuaba tumbado sobre el sillón-.

—Aomine-kun, buenos días -la mirada del moreno se enfocó en el chico que apenas se incorporaba al área. No sólo estaba fresco, inmaculado, sino también tenía un cutis impecable; su piel literalmente resplandecía y sería la envidia de toda mujer.

—Tetsu, estás que...brillas...-parpadeó estupefacto mirando lo bien que se veía y se sentía el peli azul.

—Tuve una buena noche, es todo -esas simples palabras no decían demasiado, pero para Aomine que ya tenía ciertas sospechas, le dejaron patidifuso.

—Mueve tu trasero al comedor, el desayuno ya estaba listo.

Si bien hizo a regañadientes lo que el pelirrojo le demandó, por alguna razón sentía que estaba haciendo mal tercio.

Tras abandonar el departamento se fue de camino a casa con una idea rondándole la cabeza.

¡¿Tetsu y Bakagami...son...pareja?!

El resto de su fin de semana se fue como agua entre las manos. Y posiblemente lo peor del caso es que esos ejercicios de inglés seguían en donde los había dejado y ya eran las nueve de la noche del domingo.

Por ahora el inglés le provocaba inapetencia; mucha más que antes.

Contra su deseo actual, la semana dio inicio y las clases prosiguieron.

La primera clase es...-esa sonrisa que le iluminaba el rostro, era de resignación y cierto nerviosismo.

—Muy buenos días a todos, espero que hayan disfrutado de su fin de semana -las féminas fueron las únicas en responderles con un sí bastante eufórico-. Proseguiremos con la lección del viernes.

Por cuestiones de orgullo se negaba a bajar la mirada o colocarla en otro sitio que no fuera el blondo. ¿Por qué? Porque aunque todos allí no lo apreciaran, Tatsuhisa le dedicaba un par de satíricas miradas y sonrisillas burlescas; como provocándole para que recordara lo ocurrido el viernes por la noche.

Él no era un jodido sumiso que se iba a dejar intimidar por nadie y menos por ese rubio.

El final de la clase llegó y eso significaba una sola cosa: la entrega de deberes. Una de la que Aomine pasó rotundamente. Razón por la que le había espetado que esperara hasta el final para hablar sobre su irresponsabilidad.

—Por lo visto no aprovechó su fin de semana de la manera adecuada, Aomine-kun -el profesor estaba sentado, recargado contra el respaldo de su silla, mirándole, retándole a que perdiera sus estribos con algo tan simple.

—Surgieron algunos inconvenientes -le lanzó la indirecta con veneno puro, clavándole su endurecida mirada. Pero sólo recibió esa calma sonrisa a medias.

—Pienso pasar su agravio por esta ocasión, pero… Para que reflexione al respecto, hoy se te dejarán más ejercicios. Y los quiero todos para mañana, ¿entendido? -no había sonrisas ni tonos de ironía, sólo una demanda directa e innegociable propia de un maestro mosqueado-. ¿Ha quedado claro?

—Hmp... Sí -su malhumor más el evocar ese contacto tan directo con el blondo, surgido a raíz de clavar su atención en él, le hacían perder los estribos.

—Entonces nos veremos cuando finalicen las clases -se levantó tomando sus cosas, deteniéndose en cuanto sus hombros se alinearon-...No te quejes, que incluso tú lo disfrutaste, Daiki...

Sus pupilas se exaltaron, vacilaron y estaban desorientadas en cuanto sus neuronas procesaron aquellas líneas dichas en ese endiablado tono sugerente.

¿Qué él lo había disfrutado? ¿Qué ambos consideraron ese beso no sólo como normal sino también como placentero? ¿Y por qué el hecho de que le llamara por su primer nombre le alteraba tanto?

Para el momento en que su boca quiso colaborar con sus pensamientos, el rubio se había ido de allí. Dejándole como un completo imbécil.

—¡Si será...!

Aomine juraría que a partir de ese momento Kai continuaría hostigándole, pero estaba totalmente equivocado. No sólo la extra clase del lunes transcurrió con normalidad, sino el resto que le vinieron. Era como si nunca hubiera pasado nada entre los dos y él volviera a ser el profesor perfecto del que muchas estaban enamoradas.

Y que las cosas fueran así le enfadaban aún más que el hecho de ser amedrentado por ese idiota con sus comentarios de doble moral.

Era viernes por la tarde, había acabado su entrenamiento en solitario y ahora sólo estaba cerrando el gimnasio para poderse marchar a casa.

Primero se contonea como un maldito pavo y luego actúa como si nada hubiera pasado. ¡¿Pero qué es lo que pasa por su mente?!

Y gracias a su propio introspección, no se dio cuenta de que no estaba solo y que alguien esperaba a sus espaldas.

—Lamento haberte asustado, Aomine-kun -si bien al moreno casi le da un infarto, se tranquilizó al notar que se trataba de una chica; una ex compañera de clase con la que estuvo el año pasado en la misma clase.

—¿Qué es lo que pasa, Matsushita? -sus celestes ojos se enfocaron en su castaña mirada.

—Me preguntaba si querías...venir conmigo este fin de semana a las albercas -estaba un poco nerviosa invitando a alguien como Daiki.

El moreno echó un vistazo a la pelinegra. Además de una bonita cara tenía la copa adecuada; seguramente se vería espectacular en bañador.

—Está bien. No tengo planes de todas formas -a sus deberes de inglés podían darle mucho por saco.

—Entonces veámonos mañana a medio día cerca de la estación, ¿te parece? -estaba más que feliz por el hecho de haber obtenido un sí.

—Estaré allí -agregó sonriente.

El sol estaba en todo su esplendor, el cielo estaba totalmente despejado y se respiraba un buen clima. Indudablemente el sábado sería un excelente día para estar fuera y relajarse un poco de las trivialidades del colegio.

Para variar había llegado puntual, justo para que esa chica no tuviera que esperar demasiado. Y de manera disimulada evaluó su vestimenta desde los pies hasta la cabeza.

Portaba un vestido con vuelo, de tirantes y de un tono rosáceo. Se veía bien y otros hombres a su alrededor aprobaban su noción.

—Buenas tardes, Aomine-kun –le sonrió con cierta mesura. Sus manos liberaban tensión sujetando aquel bolso entre manos-. ¿Listo para ir al parque acuático?

—Por supuesto. El clima está más que perfecto.

No les sorprendía a ninguno de los dos llegar hasta el concurrido parque acuático de la ciudad y verse caminando con cierto esfuerzo entre una numerosa cantidad de visitantes; no solamente era fin de semana, sino también el clima era excelente.

Tras entregar las entradas y dejar atrás el vistoso título del parque, se adentraron en aquel enorme mundo de diversión acuática donde lo que más abundaban eran esos pronunciados y divertidos toboganes. Le seguían en frecuencia las albercas y luego estaban los puestos de comida.

Y sin mayor dilación ambos se cambiaron.

No sólo la joven pelinegra estaba disfrutando de la buena vista, algunas mujeres alrededor suyo tenían esa misma sonrisilla en sus labios. El moreno lucía maravillosamente perfecto en esas bermudas azul rey, dejando expuesta toda esa tostada piel que le quedaba sublime.

Pero eso no era todo. Se notaba a leguas que jugar baloncesto desde una edad temprano tenía sus magníficas y suculentas recompensas. Desde esos brazos bellamente torneados hasta esa ancha espalda sin seña alguna de maliciosa grasa, todo era perfección.

¿Y qué decir de su abdomen? Era prácticamente un pecado capital que estuviera tan bien trabajado y que no despertara el instinto primitivo de cualquier mujer.

Era imposible no desear a ese hombre.

—Te ves muy bien –felicitaba el moreno en cuanto apreció el albo traje de dos piezas de la chica. Que no llevara tirantes le daba un plus adicional-. Esto está bien, después de todo, a mí me gustan las mujeres.

—T-Tú también, Aomine-kun –no es como si no se sintiera pervertida por mirar de esa manera al moreno, pero cualquier mujer terminaba con esa clase de pensamientos cuando contemplaba su anatomía.

—Vayamos primero a ese, ¿te parece? –señaló a uno de los toboganes más altos. La chica simplemente tomó aire; las alturas no le iban mucho pero si estaba con Daiki, todo estaría bien.

Daiki admitía que estaba divirtiéndose con sobremanera y que nada podría perturbar su buena racha del día. Y así pudieron haber seguido las cosas si sus ojos no se hubieran enfocado en la silueta que caminaba con enorme tranquilidad alrededor de la alberca en que se hallaba reposando al lado de la pelinegra.

Pero no era el único. Esa joven era llamativa por el hermoso piercing que decoraba su ombligo, su dorada cabellera que rozaba su parte trasera y lo bien que cuidaba su cuerpo. Además de ser notablemente mona.

—¿Aomine-kun? La Tierra llamando a Aomine-kun –llamó por segunda ocasión la mujer. Estaba molesta de que se hubiera quedado como bobo admirando a la rubia, como el resto.

—L-Lo siento…-más que el atractivo de la chica, lo que le había llamado la atención de ella, es que le resultaba condenadamente parecida e intentaba saber de dónde-. Ella se parece mucho a la ex novia de ese sujeto…

—Usa esto –eso era un mero trámite, para cuando la rubia pudo reclamar algo ya tenía una chamarra ligera sobre sus hombros, totalmente cerrada. Adiós al espectáculo.

—No tienes que comportarte de este modo, Kai –criticó sin mucho humor-. Te traje para que te divirtieras no para que controles todo lo que hago –sonrió a medias, agudizando su carmesí mirada.

—Tengo muchas tareas que revisar, no puedo estar perdiendo el tiempo aquí –y su osadía tuvo castigo. La chica jaló su mejilla sin condolencia, empezando a arrastrarlo hacia un establecimiento de comida-. ¡Ey, deja de hacerme eso!

—Cállate. Tienes muchas cosas que contarme.

¿Habrán vuelto…? Eso explicaría por qué…-detuvo sus pensamientos en seco cuando notó hacia dónde iban sus deliberaciones. Estaba dándole demasiada importancia a algo que no valía la pena; y de hecho debería sentirse feliz por saber que ahora el rubio tendría otro entretenimiento que no fuera él.

—Me pregunto si será su novia. Es bonita –añadía la acompañante de Aomine.

—Es probable –soltó en un murmuro.

—Bueno, era de esperarse que un chico como él tuviera gustos como éstos –sonrió ladinamente-. A muchas chicas se les romperá el corazón cuando sepan que ha sido cazado.

—Sí, posiblemente…-otra cosa buena que vendría de esparcir el rumor que el rubio tenía pareja: las locas dejarían de hablar de él al fin.

Después de aquel encuentro fortuito, el resto del día pasó sin mayor percance. Y pronto llegaría la hora de partir. Así que había que darse un buen baño y cambiarse antes que nada.

Llegó hasta los vestidores más que dispuesto a darse una buena ducha y desprenderse del olor del cloro de las albercas. Por lo que esperó su turno con cierta impaciencia. Alguien le ganó la última retadora libre.

—Listo, ya puedes usarla -pronunció el que recién salía del frío baño.

No existía nada malo en ver a un tío con una única toalla cubriéndole lo esencial. Pero sí había un gran problema si la persona que estaba en paños menores era su profesor de inglés.

Poco le importaba que fueran igual de altos o que estuvieran a solas en esos vestidores. El dilema radicaba en esa mirada soberbia que el blondo le mandaba al moreno al tiempo que se hacía a un lado para que pudiera pasar.

—Tu novia es bonita -comentó para disolver la tensión que existía en el entorno.

—¿Mi novia? ¿Eso parecemos? -agregó divertido.

—¿Qué no lo es? Te comportas bastante...soso a su lado -había echado su toalla sobre el hombro y le obsequiaba una mirada de soslayo.

—No es mi novia. Nuestra relación es obvia pero malinterpretada por todos... Aunque posiblemente sea más una ventaja que otra cosa -había sacado de su mochila otra toalla para secarse el cabello-. Mientras entregues tus ejercicios este lunes, puedes divertirte todo lo que quieras.

—¡¿Vas a joderme con eso estando aquí?! -fue directo hacia el infame chico. Solamente le faltaba eso.

—Sigo siendo tu profesor y hasta que no apruebes mi materia. Las cosas no serán de otro modo -refutó, girándose hacia el chico.

—Si ese es el caso, entonces... ¡¿Entonces por qué demonios hiciste algo como eso el viernes, eh?! -bramó con su celeste mirada llena de frialdad.

—...Porque claramente hay algo en ti que me llama la atención. Y la curiosidad es mi peor virtud -Aomine no podía decir que no era sincero, pero si podía objetarle la manera en que disfrazaba sus respuestas