¡Muy buenas tardes a todas! Ya llegué para traerles felicidad a su miércoles (?). Bueno, creo que el capítulo anterior se quedó ligeramente interesante, y sólo diré que para éste tuve que poner mucho empeño y bueno, cruzar la línea de lo decente o9 Y espero me tengan paciencia, más si ya tienen su rato leyendo yaoi, porque bueno, es la primera vez que hago algo como esto XD Así que espero que les guste y si tienen críticas constructivas, adelante. Oh sí, lean el capítulo bajo su propio riesgo, no se me vayan a infartar algunas por lo explícita que salieron algunos asuntos. ¡Muchas gracias a SakuYuri-chan por darle favoritos a mi fic! ¡Qué tangan una linda semana pequeñas, nos andamos leyendo, Matta ne!

Capítulo 5

Juego de dominación

No solía visitar mucho aquella parte de la ciudad. Pero no le molestaba en lo más mínimo cambiar de aires; especialmente si las posibilidades de toparse con alguien que le conociera se reducían significativamente.

El jeep fue aparcado y ambos pudieron descender. Y para evitar ciertos problemas, el moreno se desprendió de su saco escolar y aquella corbata.

Y entonces dieron inicio con su travesía.

—Pareces familiarizado con todo el sitio.

—Es porque por estos lugares nadie me conoce, y eso hace que todo sea más tranquilo -especificó calmo. Incluso caminaba con sus manos dentro de los bolsillos.

—Así que aquí traes a tus pobres víctimas -ironizó. El blondo sólo le ofreció una sonrisa burlona.

—Suenas como una adolescente temerosa que camina en un callejón oscuro.

—Ya quisieras.

Su charla debía de esperar. Al fin arribaron al restaurante del que había estado hablando el rubio. En cuanto entraron el inconfundible y delicioso aroma a pizza golpeó sus fosas nasales. Olía delicioso.

Para su fortuna había una mesa disponible al final, cerca del corredor que conducía a los baños. Aunque al parecer alguien más había tenido la misma idea que ellos. Pero dejando a un lado la futura disputa de quién vio primero la mesa, estaba algo de mayor relevancia.

Aquel par conocían al moreno y al igual que ellos, estaban anonadados.

Si la vida los odiaba, había decido la mejor noche pata notificárselos a cada uno de esos tres hombres.

—¡Tetsu, Bakagami, ¿pero qué demonios están haciendo aquí?! -Aomine fue el primero en romper el silencio incómodo.

—¡Eso mismo nos gustaría saber a nosotros! -exclamaba el pelirrojo, colorado por el cabreo como por el hecho de que le cacharan en compañía de cierto miembro de la Generación de los Milagros.

—Salimos a cenar, es todo -comunicó un Kuroko lleno de calma.

—¿Al otro lado de la ciudad? -contraatacaba el moreno.

—¡Nos gustan las pizzas de aquí y punto! -soltó Taiga, cruzándose de brazos y enfocando su atención en el desconocido-. ¿Y ese quién es?

Daiki se volvió más rígido que una estatua. Sin importar lo que les dijera se vería mal por tantos motivos.

—Tatsuhisa Kai, encantado. Son viejos conocidos de Aomine, ¿no?

—Kagami Taiga.

—Kuroko Tetsuya -esos ojos se enfocaron en el blondo, examinándole con detalle, notando lo inmutable que se mantenía mientras el moreno era un manojo de nervios- ¿Son...pareja?

Esa pregunta le cayó como balde de agua gélida a Aomine y también terminó de crisparle los nervios por completo.

—¡Claro que no! -dictaminaba Daiki.

—Todavía está reacio a aceptar la innegable atracción física que existe entre ambos. Pero eso lo torna muy divertido y entretenido desde mi punto de vista -expresó fluidamente. Esos dos se quedaron perplejos junto con el moreno-. Deduzco que lo de ustedes va más allá de un mero flirteo nocturno, ¿no?

—Tsk... No es como si quisiera admitirlo frente al novio de Ahomine, pero a este punto no hay manera de negarlo...

—¡Que no es mi novio! -exclamó intentando expresar su furia como evitar que el resto de los clientes le escucharan.

—¿Folla amigo? -Taiga estaba disfrutándolo. Nunca se imaginaría que alguien que se jactaba de ser tan hombrecito terminara transitando aquel sendero de la vida. Así que debía aprovechar.

—¡Mucho menos!

—Tenemos una relación estable -terminó por informar Tetsuya.

—Tu cara dice que no lo imaginabas siquiera...-las pupilas de Kai apreciaban la estupefacción del moreno-. Tu ingenuidad es una virtud interesante.

—Así que al final ustedes si...si lo...-se quedó trabado de sólo conmemorar los "extraños ruidos" que no le dejaron conciliar el sueño esa noche.

—Todo fue culpa de Kuroko. Le emocionan ese tipo de cosas -suspiró largamente.

—¡¿Tetsu...?! -no podía creer lo que estaba viviendo. Era demasiado irreal partiendo de que un tío le atraía. ¿Qué seguía? ¿Kasamatsu y Kise?

Tras otro breve intercambio de palabras decidieron compartir la mesa, quedando extrañamente Kagami y Kai frente a esos dos.

Al menos las pizzas y bebidas habían sido pedidas.

—¿Y dónde se conocieron? -Kuroko sólo era lengua suelta para joder a la gente.

—Ey, ¿entonces es él la personalidad conflictiva que te acosaba? -Kagami también quería unirse al bullying.

—Oh, así que les hablaste de mí a tus amigos, ¿eh? -sonrió con malicia pura.

—Eres un fastidio y más ahora -recriminaba.

Lo primero que trajeron fueron las bebidas y gracias al cálido clima, la sed les asediaba.

—Aomine y yo nos conocimos en la escuela...Soy su profesor de inglés -no es que le diera pena revelar esa información, sino más bien estaba esperando que ese par tuvieran algo en la boca.

Y de manera impecablemente coordinada, ambos hombres escupieron lo que estaban bebiendo. Aomine agradecía no haber bebido nada.

—¡¿Q-Qué…eres su profesor?! -las carmesí pupilas del As de Seirin miraban atónito al moreno-. ¡¿Pero qué rayos estás pensando, idiota?!

—Una relación prohibida...-mencionaba Kuroko. Otra vez estaba esa sonrisa que escondía sus negras intenciones-. ¿Seguro que no lo haces para aprobar la materia, Aomine-kun?

—¡¿Tetsu, en qué jodido término me tienes?!

—Te creo muy capaz de todo por aprobar una materia -nada como el apoyo de pareja.

—Si ese fuera el caso es pésimo para ello. Lo reprobaría por lo malo que es...para ambas cosas -informó con tranquilidad. Aomine por su lado le ofreció una vista envidiable de su dedo corazón.

—Habrá problemas si se enteran de que un maestro y un idiota estudiante, andan -y Kagami tenía razón, para variar.

—Ciertamente deben ser cuidadosos -apoyó el chico sombra.

—Quédate calladito, Tetsu -porque conocía a ese enano y cuando se le soltaba, se le soltaba en grande.

—Mi boca será una tumba, Aomine-kun.

—No me fío de ti, Tetsu cabrón.

—¿A quién le mandas mensaje? -curioseó el tigre.

—Le deseo buenas noches a Nigou -respondió seriamente.

—¡¿Cómo rayos le envías un mensaje a un perro?! ¡¿A quién le has enviado eso?! -por muy buenas razones Aomine desconfiaba. Y en cuanto su celular empezó a sonar, mostrándole la llamada entrante de cierto conocido suyo, deseaba asesinar a Kuroko lentamente; le valía si dejaba sin sombra a Taiga.

—¡Aominecchi, felicidades!~ -esa voz chillona rompe tímpanos le saludó desde el otro lado de la bocina.

—Eres escandaloso y molesto, Kise -podía haberlo ignorado, pero le iba a dejar los mil mensajes en su buzón para quejarse de su frialdad y lo mal amigo que era. Y deseaba ahorrarse eso.

—¿Es cierto lo que dice Kurokocchi?

—Depende que haya sido lo que te dijo.

—¡Que andas en una relación ilegal con un profesor de tu escuela!

—No, está idiota por juntarse tanto con Bakagami.

—Aominecchi, no seas penoso~

—Vete a fastidiar a alguien más, Kise -demandaba molesto.

—Me gustaría seguir hablando más tiempo pero estaré algo ocupado, Aominecchi~. Así que hablamos después -no fue la despedida del modelo lo que le dejó pensativo, sino que juraba que había escuchado que un timbre familiar llamaba a Ryouta.

—¿Kise de casualidad...? -él no podía estar en la misma posición que todos en esa mesa, ¿verdad?

—Él no quería decirte nada por temor a que le rechazaras, Aomine-kun -el mundo que Daiki conocía parece que siempre fue falso y que todos sus amigos le ocultaban detalles significativos como que les gustaban los tíos.

—Ah...

—Aunque debe ser difícil para él ya que Kasamatsu-kun está en la universidad -mencionaba Tetsuya.

—Sólo por precaución... Midorima, Akashi y Murasakibara, son "normales", ¿cierto?

Esa pareja se miraron, guardando silencio y con eso le dieron la respuesta al moreno. Éste flipó y sonreía con un tic nervioso.

—Al parecer la Generación de los Milagros será una buena historia para las generaciones futuras -hablaba Kai burlón-. No parece que vaya a ver sucesores -el cabrón se burlaba de la ingenuidad de Daiki hasta de las ironías de la vida que lo rodeaban sin que él las conociera hasta hoy.

Después de esas revelaciones nocturnas el resto de la velada pasó sin mayor percance. Y aunque a Aomine le costara creerlo, el blondo había encajado bien con esos dos y claro, creían que era una buena persona y que el exagerado era él.

El grupo de chicos abandonó el establecimiento, empezando a caminar tranquilamente por la acera entre letreros de neón y gente que amaba la vida nocturna.

—Aomine-kun, por si te preguntan, estuve en tu casa -mencionó descaradamente.

—¡¿Qué?! ¡Espera! ¡¿Cuántas veces he sido empleado de excusa para que te fueras con Bakagami?!

—Un...par de veces...-Daiki no le creía.

—Oh, mira. Aquí sí los tienen -Kagami se había prendado mirando una tienda deportiva, una a la que le habían llegado nuevas zapatillas deportivas.

—Al parecer también están las que he estado buscando desde el año pasado -porque el moreno también estaba igual de emocionado que el otro.

—Sólo ignóralos y todos irá bien -recomendaba el noble Tetsuya.

—Mira que tener fetichismo con algo tan raro -comentaba Kai lo suficientemente alto para que Daiki le oyera.

—¡No tengo esa clase de fetiches, idiota!

—Parecen como un par de chicas locas por las ofertas.

—Así que ellos son la parte femenina de la relación -a Tatsuhisa no le importaba seguirle el juego a Kuroko.

—¡Que les den! -vociferaron ese par armoniosamente, maldiciéndoles con la mirada.

—¿Verdad que son divertidos?

—Claramente -sonrió encantadoramente el blondo. Esa noche iba a ser memorable.

Y después de otra serie de insultos, todos terminaron entrando a la tienda deportiva. Así que ese par no demoraron en recorrer toda la tienda mientras ese par les acompañaban.

—¿Y piensas usarlos al menos? -fue la pregunta lanzada por el rubio.

—¿Qué parte de ser un coleccionista no captas?

—Eres muy extraño -señaló, rodando los ojos y admirando que frente a él había un mundo de tennis, cada uno más bonito y caro que el anterior-. ¿Siendo estudiante te alcanza para comprar esto? -estaba claro que se mofaba de él y su posición de estudia-hambre.

—¡Claro que sí! Ahorro para este tipo de cosas.

—Eso significa que eres codo con el resto de cosas...

—¿Quieres que te arroje esto en la cara, verdad?

—¿Y ya decidiste qué llevarte? Odio esperar demasiado -le informó con una doble intención.

—Ya lo noté, imbécil… Y sí, ya decidí qué llevarme -le mostró la caja que tenía bajo el brazo-. ¡O-Oye...! ¡¿Pero qué haces?! -porque el cínico se había llevado sus tennis y ya estaba en la caja registradora pagando.

—Listo -le entregó la bolsa de compra al moreno, sonriéndole con socarronería.

—Toma el jodido dinero -porque no iba a endeudarse con ese hombre.

—Descuida...-hizo una pausa casi dramática- esta noche te cobraré cada yen que he invertido en ti...Así que prepárate...-si bien apenas lo había hecho audible sólo para él, eso no quitaba que se enfadara menos o que no quisiera tirarle lo recién comprado en la cara. ¿Qué tan cínico y pervertido se podían ser para decir algo como eso con una frescura como esa?

—Parece que esta noche no te van a dejar dormir, Ahomine... Vete mentalizando que mañana no podrás ni sentarte -el muy canijo le advertía sobre su futuro y lo peor, le estaba catalogando como el sumiso al que le iban a dar toda la noche sin piedad.

—¡Yo no soy el sumiso!

Tras la realización de las compras nocturnas el momento de la despedida llegó. No obstante, el blondo se ofreció amablemente para llevar a ese par de amigos del moreno a casa; no fuera a pasarles algo por andar a media noche en las calles de Tokio.

Aomine sabía que la verdadera razón de su amabilidad era que deseaba seguir viendo cómo esos dos lo fastidiaban.

—¿Por qué demonios los trajiste con nosotros? -preguntó malhumorado tras la bajada de ese par.

—Es peligroso que anden solos a estas horas -se defendió.

—No eres tan noble como aparentes.

—Ni tú tan dominante como crees...pero no me ves que te lo eche en cara -se burló vilmente.

—¡Lo estás haciendo!

Tras cruzar el umbral observó sin problema alguno lo espacioso que era ese departamento y que aun con piezas delimitadas, tenía el área adecuada para que cada cosa estuviera puesta en su sitio.

Una sala formada por un sillón y dos sofás de piel negra bordeaban una ovalada y afelpada alfombra. Incluso se apreciaba un televisor un metro adelante, así como dos libreros a los lados, llenos de gruesos y toscos libros.

La cocina estaba hacia la derecha y contaba con un comedor integrado. Las dos habitaciones existentes se apreciaban al fondo, sobre un pasillo algo estrecho que llevaba hasta el único baño.

A su parecer todo era demasiado minimalista para su gusto. Algo que encajaba con el blondo.

—Me sorprendió hallar a tus amigos –Kai había ido a la cocina para tomar un poco de agua.

—Ni me lo menciones –se sentó sobre el sillón, dejando caer su cabeza sobre el margen del mismo. Estaba exhausto por el hecho de haber sido visto en compañía del blondo por esos dos. Incluso cenaron juntos.

—Son…simpáticos –Tatsuhisa tomó asiento a su lado. Ya no tenía caso que mantuviera fajada su camisa de vestir; para él también había sido una semana larga por razones diferentes a las del moreno.

—…Qué fastidio…

—¿A qué te refieres? Te llevé a cenar, te acompañé a esa tienda deportiva en la cual tardaste horrores y te he traído aquí en coche. Incluso conviví con tus amigos amenamente… Hice todo lo que a las mujeres les gusta.

—¡Cabrón, no soy una tía! –Kai amaba provocarlo, era tan fácil que volatizara.

—Creía que continuarías en tu etapa de negación.

—…Cállate, imbécil.

—Voy a castigarte si continúas levantándole la voz a tu profesor –amenazó pasivamente.

—Eso quisiera verlo –desafío con ese tono que por alguna razón motivaba la competitividad del blondo.

Sus labios se enredaron nuevamente, como en aquella tarde a solas en el salón de clases. Pero a diferencia de ese momento, no existía amenaza latente que arruinara el momento. Podían seguir con su lucha por el dominio sin tener que preocuparse por absolutamente nada.

Era tanto curioso como divertido el hecho de que hubiera sido el moreno el que hubiera logrado doblegar la fuerza y peso del rubio. Lo único que sabía es que lo tenía contra el sillón con sus rodillas establecidas a un lado de su cadera y sus labios apresados entre los suyos.

—Te queda estar abajo –comunicó fanfarrón Aomine, mirando fijamente el rostro del joven.

—Sólo lo permití porque de este modo es un poco más fácil…-el moreno presentía que esa sonrisa angelical significaba una amenaza; un peligro latente.

Su cuerpo se sacudió desde su cabeza hasta los pies, provocándole cesar su obvio deseo de dejar sin aliento al rubio.

No es como si así lo hubiera querido, pero lo que sintió le removió cada fibra de su ser. Y lo peor de todo el asunto es que continuaba sintiéndolo, cada vez con mayor intensidad y sin claras intenciones de que se detuviera.

Alguien había hallado su debilidad y la estaba aprovechando espléndidamente bien.

—B-Bastardo…-expresó con dificultad, su mente no estaba para pensar lógicamente. Lo único que sentía era que un creciente calor se extendía lenta y tortuosamente por cada fibra de su cuerpo.

—Este round es completamente mío, Daiki –el moreno se había encorvado tenuemente, dejando caer involuntariamente su cabeza sobre el hombro izquierdo del blondo a la vez que jadeaba con cierta dificultad.

—Claro que no –con la fuerza de voluntad que todavía le quedaba logró frenar aquella divertida mano que estaba acariciando tan magistralmente su zona heterogénea.

—…Actitudes como éstas tienen el efecto contrario en mí, Daiki…

El moreno lamentaría no haber mantenido bajo custodia la mano izquierda del blondo. Ahora sólo podía sentirla deslizándose por debajo de su camisa escolar hasta estancarse maliciosamente justo debajo de su rostro, sujetándole con la firmeza suficiente para que esos traviesos labios pudieran saborear sin problema alguno la oscura piel del peli azul.

La lentitud con la que sentía la humedad de sus labios sobre su receptiva piel era desesperante. Él se tomaba minuciosamente su tiempo para dejar su marca sobre su cuello, así como saciar sus ansias de su boca, ocasionalmente.

Parecía haberse suscitado algo así como una tregua temporal solamente para poder disfrutar de las habilidades del otro.

—Quédate quieto maldita sea –ordenaba el moreno, importándole un bledo el tener que mordisquear el cuello descubierto del chico. El ligero gemido que escapó de sus entrecerrados labios le prendió como la llama a la pólvora.

—Ni se te ocurra dejarme una marca –dictaminaba aun sintiendo la caliente respiración de su amante sobre la piel de su cuello.

—Mmm… ¿Tienes miedo de que alguien la vea? –el rubio obtuvo un pequeño castigo. Un sensual mordisco por parte del moreno, que aún contra todo su pronóstico y lucha interna, logró estremecerle, inflando el ego de Aomine-. Te lo dije… Pagarías por haberme provocado.

—Me gusta esa ingenuidad tuya –le obsequió una seductora mirada endulzada con ese tono dominante.

Nuevamente ese mismo estremecimiento inundándole, golpeándole y obligándole a retraer todo instinto de dominación que tenía sobre el blondo, se hizo presente.

Su mano iba desde la base hasta la punta con la celeridad necesaria, con la fuerza adecuada y con una seguridad abrumadora que dejaba claro que sabía lo que hacía. El moreno sólo pudo desquitarse con él a través de su cuello, mordiéndole ocasionalmente cada que el afluente de cosquillas y placer le embestían sin misericordia, orillándole a desfogarse de alguna manera.

La respiración se tornaba entre cortada y mucho más presurosa. Sus manos simplemente no podían quedarse quietas, así como sus labios. Sencillamente no podía controlar las reacciones que él provocaba con los movimientos de su mano sobre esa área tan endemoniadamente receptiva y que respondía sin problema alguno al autoerotismo que el rubio le proporcionaba.

—¿Quién va a poner en su lugar a quién? –le susurró al oído. El otro simplemente reprimía los quejidos de placer que se acumulaban en su garganta uno tras otro. No iba a permitirle escucharle que estaba disfrutando lo que estaba haciéndole.

—Te dejaré tantas marcas que tendrás que usar una ridícula bufanda el lunes para no tener que dar explicaciones –expresó en un momento de lucidez, en un instante en que le regresó el sentido común.

—A mí también me gusta marcar lo que es mío.

Tal vez estaba imaginando cosas, pero el ritmo parecía haberse incrementado, dejándole absolutamente ni un pequeño espacio para la cordura o la imposición de su orgullo. Lo siguiente que supo es que sus manos apretaban con fuerza la superficie del sillón y su boca buscaba con un hambre desesperante los labios del que estaba ofertándole el más sublime de los placeres terrenales.

—¿Satisfecho?

El moreno se había quedado pasmado tras alcanzar la cima que solamente se dedicaba a recuperar su ritmo respiratorio y enfriar su cabeza para comprender que el rubio le había llevado hasta el clímax muy descaradamente.

Lo peor es que se deleitaba admirando con ojo de detalle su rostro embebido en la complacencia.

—Quita esa mirada de estúpido –bramó tras recomponerse.

—No soy yo el que necesitará cambiarse de ropa esta noche –mencionó inocentemente.

—Maldito –no le cabreaba el haberse corrido, sino que él estuviera como si nada. ¿Es que tenía un autocontrol de acero?

—Sería buena opción que te bañaras.

—No lo haré hasta que estés en la misma condición que yo –aseveró ya con la confianza reconstituida y el ferviente deseo de ponerlo a su merced como su mayor combustible para continuar.

—Puedes intentarlo –lucía confiado en que no lograría su objetivo y eso fue una dura cachetada para el moreno. Ahora era personal.

Tras sus palabras lo siguiente que supo era que sus labios estaban muy entretenidos con los suyos a la vez que su lengua producía un cosquilleo en cada área que tocara dentro de su boca.

Su siguiente sobresalto provino en cuanto sintió el deslizamiento de su cremallera y el hosco tacto de esa traviesa mano alrededor de su hombría.

La lentitud con la sus dígitos acariciaban esa zona tan irrigada y sensible estaba empezando a causarle un severo caso de bipolaridad; sencillamente no sabía si desesperarse por lo parsimonioso que era o agradecerle por lo bueno que estaba resultando ser su tacto.

Aomine podía sentir sin problema alguno que su trabajo estaba rindiendo frutos, así que sonreía victorioso aun cuando su boca estaba entretenida atendiendo desde sus labios hasta la base del cuello del blondo.

No iba a admitirlo abiertamente pero estaba fascinándole hacer algo como eso. Quizás en gran parte porque era él el que estaba dominando todo y no al revés. Amaba tener el control y en esa lucha carnal no iba a ser la excepción.

—Creía que tendrías más resistencia -susurró a su oído con el tono más seductor que podía articular su gruesa voz.

—Cállate y termina de hacer tu trabajo -ordenó aun conservando la fluidez de sus palabras, pero siendo incapaz de mantener su respiración en orden.

Su cuerpo se arqueó tenuemente en el instante en que él incrementó su velocidad. Rompiendo lo que le quedaba de autocontrol e imposibilitándole para seguir reteniendo los pausados gemidos que abandonaban sus cuerdas vocales.

Eso era música para el moreno. Eso era simplemente una manera de provocarle y hacer que ciertas cosas se pusieran estrechas bajo su pantalón y demandaran por atención urgente.

—¿Tan rápido y te has vuelto a poner de esa manera? -preguntó sonriente, mirando el nada despreciable bulto en la entrepierna del moreno.

—Es tu jodida culpa por gemir tanto -apuntó a decir antes de marcar su oreja como su territorio.

Las palabras dichas por el blondo sólo potenciaron el lívido que se mantenía durmiente en Aomine Daiki. Eso le quedaría más que claro en el instante en que esa habilidosa mano estuviera a nada de terminar tan placentera tarea.

Ahogó como pudo ese último espasmo fonético de placer y satisfacción.

Y mientras intentaba recuperar el aliento sólo podía apreciar la gran sonrisa que decoraba sus labios. Era un gesto de orgullo y victoria por haber logrado que ambos alcanzaran el éxtasis simultáneamente.

—Con esto ya he saldado mi cuenta por los tennis, ¿no? -preguntó en un tono provocativo e increíblemente excitante. El otro por su lado sólo soltó una pequeña carcajada antes de posesionarse de sus labios un poco más.