Don't you remember
Capítulo 9 a:
Las mejillas de Kurt permanecieron enrojecidas toda la mañana. Deseaba desesperadamente no haber comprobado la segunda botella de gel y simplemente quedarse con la de olor a uva. Ahora cada vez que inspiraba, el aroma del gel de Sebastian inundaba sus sentidos y mientras que seguía siendo igual de agradable como había sido desde la primera vez, hacía a Kurt agitarse incómodamente en su asiento.
Estaba agradecido de que Sebastian no comentó nada más porque no estaba seguro de que pudiera continuar con la vergüenza. Todo lo que él había preguntado fue:
-¿Quieres panqueques?
A lo que Kurt contestó, encogiéndose de hombros:
-Claro.
Desde su lugar en el banco, Kurt vio a Sebastian moverse alrededor de la cocina, mezclando ingredientes con facilidad.
-¿Tú cocinas? – preguntó más que nada porque quería alejar de sus mente el estúpido asunto del gel de baño.
-Wow, ¿qué me delató? – dijo Sebastian, sonriéndole por encima de su hombro - ¿Es la mezcla para panqueques en mis manos?
Kurt puso sus ojos en blanco.
- Solo porque estás haciendo panqueques esta mañana no quiere decir que tú cocines.
- Lo hago – dijo Sebastian – Aunque no muy a menudo. Nosotros no trabajamos bien juntos en la cocina.
-¿Por qué? – preguntó Kurt inclinándose hacia delante y ladeando la cabeza hacia un lado, a la vez que fijaba su mirada en Sebastian con curiosidad.
- Ambos somos demasiado controladores – dijo Sebastian con una sonrisilla – Así que nos pusimos de acuerdo en que cuando uno estuviera cocinando el otro estaría lejos de su camino. Desde que tú cocinas más a menudo que yo, soy el que normalmente se mantiene alejado de la cocina.
Kurt asintió.
- Pero ambos sabemos que soy el mejor cocinero – finalizó Sebastian.
-Por alguna razón no te creo – dijo Kurt.
- Lo harás después de la comida – dijo Sebastian con un guiño.
Kurt descansó su barbilla contra su puño mientras Sebastian se daba la vuelta de nuevo hacia la sartén y tomó un sorbo de su café. Fue entonces cuando la realidad de la situación lo golpeó de lleno, viendo los músculos de los hombros de Sebastian moverse al darle la vuelta a los panqueques, él iba a estar viviendo con este hombre. De alguna manera, encontrar que estaban casados no había hecho que esa idea se le pasara por la cabeza. Kurt había estado intentando ponerse al día con lo absurdo de la situación para pensar sobre cualquier otra cosa.
Ahora de repente, todo se sentía tan real. Desde el cepillo de dientes extra en el baño a el pelo de recién levantado de Sebastian y su pijama… Este hombre, quien hasta hace un par de días (en la mente de Kurt, por lo menos) había sido únicamente una presencia irritante en su cafetería favorita, era con quien estaba viviendo Kurt. Él solía ser la última persona que veían antes de dormirse y la primera que solía ver por las mañanas.
Y está haciéndome el desayuno.
-¿Hay algún problema? – preguntó Sebastian al darse la vuelta y ver la retorcida expresión del rostro de Kurt.
Le acercó un plato de panqueques calientes completado con arándanos en el parte superior de ellos pero Kurt no parecía darse cuenta de ellos.
-¿Kurt?
-Yo… yo no me siento bien – dijo Kurt alejando el plato.
Se levantó, cogiendo su café, ignorando la expresión confusa en el rostro de Sebastian.
- Voy a volver a la cama.
Los labios de Sebastian seguían moviéndose como queriendo decir algo, pese a que ningún sonido salió de su garganta, cuando Kurt se fue sin darle una segunda mirada. Él estaba abriendo la puerta del dormitorio cuando Burt salió de su propia habitación.
-Hola niño – dijo, dirigiéndose hacia el baño.
Kurt le dio una sonrisa antes de lanzarse en el dormitorio y cerrar la puerta detrás de él. Encontró su alianza de boda exactamente donde la había dejado la noche anterior, encima de su calendario en el cajón de su mesita de noche. Se sentía más pesado en su mano cuando lo cogió de nuevo, como si el peso de todo lo que representaba estaba haciéndose ver a través de él. Kurt hizo varios intentos de devolverlo al cajón antes de dubitativamente deslizarlo en su dedo.
Capítulo 9 b:
Encajaba perfectamente. Como si hubiera habido alguna dudo.
No podía negarse que era un anillo hermoso. Bajo otras circunstancias, Kurt podría haber pasado horas admirando como perfecto se veía contra su piel. Tal vez lo había hecho.
Pese a ello en ese momento, solo le hacía pensar en Sebastian en la cocina con un anillo idéntico y eso envió una ola de pánico a través de él. Se quitó la alianza y lo lanzó de vuelta en el cajón. Si había pensado que ponérselo haría la situación menos extraña para él, había estado completamente equivocado.
Dejó caer su cabeza en sus manos, pasando sus dedos por el cabello mojado y tomando una respiración profunda, la cual lamentó inmediatamente cuando el aroma familiar del gel de Sebastian inundó sus sentidos.
-¿En qué me he metido? – murmuró.
Las nubes aparecieron súbitamente en el cielo alrededor del mediodía. Kurt se había trasladado al salón de nuevo y estaba sentado en el sofá con su padre cuando empezó a llover. Él desconectó de lo que su padre decía… estaba intentando llenar a Kurt con los detalles de lo que había pasado con cada uno en casa… pero ni siquiera las noticias de Finn y su familia fueron suficiente para distraer a Kurt de las vistas.
Era un tipo diferente de belleza del amanecer de esa mañana. Las gotas de lluvia caían gruesas y rápidas como millones de diamantes descendiendo del cielo, reflejándose en el cristal de los edificios cercanos. Kurt ladeó la cabeza y presionó su mejilla contra el respaldo del sofá mientras miraba hacia fuera.
-¿Kurt? – preguntó su padre. Kurt contestó con un zumbido, si apartar la mirada de las ventanas - ¿A qué demonios estas mirando?
-La lluvia – dijo Kurt – Es hermosa.
-Uno podría pensar que nunca habrías visto llover en tu vida por manera en que estás mirándola ahora mismo – dijo Burt con una risilla.
Se oyó a Sebastian soltando una carcajada desde la cocina y la mirada de Kurt parpadeó hacia él. Le había preguntado a Kurt si iba explicar su comportamiento en el desayuno pero Kurt había contestado simplemente no y ambos lo habían dejado así. Ahora, cuando sus ojos se encontraron, Sebastian le dio a Kurt una cálida sonrisa como si él supiera exactamente cómo y por qué encontraba Kurt la lluvia tan fascinante. Kurt no sonrió, solo le guiñó un ojo mientras Sebastian volvía a pelar patatas.
No sabía cuánto tiempo estuvo mirando la lluvia. Burt había vuelto a leer el periódico y pese a que Kurt quería preguntarle muchas cosas sobre Ohio, su lengua se sentía pegada a su bica y sus párpados empezaban a cerrarse. Se dejó ir igual que había hecho esa mañana, era consciente de Sebastian Y Burt hablando a su alrededor pero no le importaba lo suficiente como para añadir nada a la conversación.
El sofá se hundió un tiempo después por el peso de otro cuerpo y la voz de Sebastian pudo escucharse mucho más cercana a él.
- Lo despertaré en un minuto. Sí, adelántate.
Kurt supuso que Burt se había levantado e ido a otro lugar porque después de eso solo hubo silencio. A él no le importaba, el sonido de la lluvia golpeando las ventanas y el ocasional trueno eran suficiente para él.
Alguien, probablemente Sebastian, había dejado caer una manta sobre él en algún momento pero cuando Kurt se movió, sintió la manta desplazarse sobre él.
-¿Estás despierto? –preguntó Sebastian en voz baja.
Kurt no se molestó en responder pero estaba demasiado cómodo como para hacer el esfuerzo¸ él continuo con los ojos cerrados y respirando profundamente.
Una suave caricia con los nudillos en su mejilla un segundo después casi le hizo saltar. SU corazón se aceleró y su respiración se detuvo por un momento, pero Sebastian no lo notó porque el continuó acariciando el rostro de Kurt desde su frente, pasando por sus mejillas hasta su barbilla y luego al contrario. Kurt sintió la necesidad de sacudirse lejos del toque pero este era tranquilizador y finalmente, él se relajó lo suficiente como para dejar caer un pequeño suspiro de entre sus labios.
-Kurt – dijo Sebastian desde lejos.
¿Qué? – quiso preguntar Kurt.
-Kurt.
Y eso era todo. Su nombre de nuevo; suave, tierno, amoroso. El sonido recorrió su cuerpo llenándolo con una inexplicable calidez. Kurt sonrió a su almohada… ¿Cuando había conseguido una almohada?... y se dejó llevar una vez más.
CONTINUARÁ.
Nota de la traductora: El fin de semana fue finalmente. Gracias por los comentarios, me alegra saber que todo el mundo disfrutó de mi parte favorita (porque mira que le había hecho propaganda xDDD) No creo que pueda subir ningún capítulo más esta semana, mañana tengo comida familiar y son de las que empiezan a la mediodía y terminan después de cenar xDDD.
Pasadlo bien y hasta pronto.
