¡Muy buenas tardes! Perdonen la demora, pero he tenido un día ajetreado y lejos de la laptop, pero ya llegué para darles un poco de yaoi a su miércoles XD Gracias por las lecturas y los hermosos comentarios *-*9 También agradecimientos especiales a Caigdimo, Yukinu y Kappa Kolhv –tu nickname es todo exótico y bien acá XD- que pusieron mi historia en Fav y le han dado una oportunidad a este fic.

Girokyo: Indudablemente esta semana la tienes muy concurrida con todos los planes que me mencionaste. Ya sabes, me gusta el acoso de tu persona y estaré esperando por tus reviews y obvio ese dibujo de ese sexy rubio *-*9 Te haré un altar cuando ese día llegue. ¡Linda semanita, besos, abrazos y éxito en todo lo que hagas!

Sin mayor rodeo, ¡disfrútenlo y bueno, ríanse un poco de las crisis hetero de Daiki! XD

Capítulo 6

Dulce desliz

No era el sonido de la lavadora lo que le incordiaba ni tampoco que pasara de media noche y todavía no pudiera irse a dormir. Lo que le estaba molestando era admirar su propio reflejo en el espejo del baño y apreciar que su albina piel había sido mancillada sin compasión alguna.

Mañana indudablemente tendría esos escandalosos y comprometedores moretones repartidos en ambos lados de su cuello. Y es que todo había sido culpa del bruto que consideró divertido marcarle como si fuera una res y que incluso tenía el descaro de reírse en su cara después de que le llamó la atención por haberle hecho eso.

—Maldito mocoso…-chasqueó la lengua con enorme mosqueo-. Sólo porque a ti no se te ven…

—Será divertido verte con una bufanda en plena primavera –se burlaba Daiki, quien se asomó al baño totalmente cambiado; el blondo le había prestado ropa para vestirse a la vez que la suya estaba siendo lavada.

—Vete a dormir de una buena vez –demandaba, viéndole a través del espejo-. Ya veré qué te haré por haberme dejado estas marcas.

—Suena interesante –agregó burlesco, recargando su espalda contra el margen de la puerta.

—¿Quieres que te vaya a arropar y te dé un beso de las buenas noches? –preguntó altivamente, obsequiándole una mirada cargada de lujuria y malicia pura.

—Por supuesto que no, idiota –refunfuñó, causando el regocijo en Tatsuhisa.

—Entonces vete a dormir de una buena vez –objetaba.

—¿Seguiremos repitiendo este tipo de…cosas? –interrogaba el peli azul, desviando su atención hacia el frente; el televisor estaba viéndose solo.

—Si así lo quieres –indicó tras coger la toalla y echársela sobre los hombros. Su mojado cabello continuaba escurriéndole-. Aunque igualmente si no quieres, haré que cambies de idea –Aomine le obsequió una bonita mirada asesina. Él era demasiado directo y descarado para su gusto; pero había algo que no comprendía totalmente. ¿Por qué lo había elegido a él y por qué estaba tan fijado en tenerle?

—No soy un objeto… Puedo simplemente no querer nada más contigo y punto.

—Por eso es más interesante –sencillamente salió del cuarto de baño, acabando de secarse y encaminando sus pasos hacia su cuarto.

Aomine simplemente suspiró y se fue directo al cuarto de invitados. Habían pasado cosas demasiado locas y desconcertantes que requería tiempo a solas para reflexionarlas y saber qué coño iba a ser de su vida ahora que le quedaba claro que ese rubio le complicaba la vida en más de un sentido.

Se tumbó en la cama, escuchando el emparejamiento de la puerta de enfrente. Ignoró el suave ruido de la lavadora y empezó a acomodarse en la cómoda cama, trayendo a su mente lo que recién había pasado entre los dos; y al hacerlo sabía que estaba tentando a su autocontrol.

De alguna manera se sentía insatisfecho por cómo concluyeron las cosas entre ambos. Es como si quisiera llegar más lejos. ¿Más lejos?

¡¿Pero qué demonios estoy pensando?! Ya suficiente tuve con el hecho de haberle mast…-llenó sus pulmones de aire, liberando tensión tras la exhalación. La mejor elección de la noche, era dormirse y olvidarse de esos detalles que en poco o nada le beneficiaban.

El nuevo día llegó para el moreno en cuanto escuchó nítidamente el televisor ofertando las noticias del medio día, así como el suculento olor de tocino siendo freído en la sartén inundándole las fosas nasales. Al parecer alguien había madrugado y estaba encargándose de la preparación del desayuno.

Se levantó con pereza, restregando sus ojos e intentando liberarse de la somnolencia aun presente. Movió su humanidad hacia el comedor, apreciando que había dos puestos establecidos.

Tortilla de huevo con papa y queso acompañada de tocino y salchichas, pan francés, jugo de naranja e incluso café. Ese era el menú del día que lucía deliciosamente bien.

—Umm…Vaya, no imaginaba que sabías cocinar –esas palabras involucraban tanto sorpresa como incredulidad.

—Sólo mi hermana menor y yo sabemos cocinar. Mi madre y el resto de mis hermanos son un asco para eso –había terminado de freír la última ronda de tocino, por lo que se dispuso a tomar asiento y servirse un poco de café.

—Pues no sabe nada mal –él ya había empezado a comer. La tortilla estaba en su punto-. Por cierto… lindos moretones –agregó sonriente.

—Debería dejarte sin comer todo el día y esposarte a la cama para hacerte todo lo que se me ocurra –mencionó con una normalidad abrumadora. Daiki sabía que hablaba en serio y por extraño que pareciera le atraía la idea, sólo que con las posiciones invertidas.

—Capullo.

—Pero cambiando de tema, tu celular sonó un par de veces. Quizás deberías de revisarlo –sus celestes ojos miraban el televisor con interés notorio.

Sólo espero que no se trata de ninguno de esos tontos…-rogó.

Fue en busca del susodicho celular, notando el par de llamadas pérdidas. Se trataba de su madre, así que sin más remedio se decidió por llamarla.

—¿Sucede algo? –preguntó neutral. Incluso el blondo había puesto el mute en el televisor.

—Solamente quería pedirte de favor que me compraras algunas cosas cuando volvieras a casa –el moreno se sintió más tranquilo en cuanto oyó eso; menos mal Tetsu cumplió su papel como tapadera.

—Lo haré.

—Y también vino a buscarte una chica hoy por la mañana… Se llamaba Rei-chan –Aomine recordó de inmediato a la joven con la que había salido hace ocho días atrás-. Dijo que esperaba que le llamaras.

—Gracias por el mensaje –y sin nada más que decir, se limitó a colgar.

—Me pregunto qué harían tus padres si supieran sobre tus preferencias –Kai comía tranquilamente su esponjoso pan francés.

—No lo sé con certeza, pero seguramente mi padre se volvería loco –volvió a tomar asiento, continuando con su desayuno-. ¿Qué hay de ti?

—¿Sobre mí? En realidad nada. Mis padres sólo se lamentaron que no tendrían nietos de mi parte, pero les dije que el resto de mis hermanos se encargarían de llenar el vacío –comentó con una pequeña sonrisilla.

—Pero igualmente te gustan las mujeres…-mencionó, conmemorando la foto de la rubia.

—Me gustan tanto como a ti, Daiki –sentenció. Y esa simple confesión dejó callado al moreno.

—Bueno, todavía no estoy del todo seguro si ya no me interesan –porque no se entendía en esos momentos. Estaba seguro que ese hombre le atraía de manera peligrosa pero no sabía si reaccionaría igual ante una bella chica insinuándosele como el blondo lo hizo anoche.

—Haré que esa duda desaparezca –le hizo saber seriamente. Él sólo lo miró con incomprensión. Tenía muchas dudas sobre el encaprichamiento que tenía ese hombre con él.

—¿Por qué me elegiste a mí? –Kai no respondió hasta que no terminó su tortilla de huevo.

—No existe una razón como tal… De hecho surgió sobre la marcha y bueno, es lo que hay –sorbió un par de tragos de su dulce jugo de naranja antes de proseguir-. Las atracciones físicas van y vienen, Daiki. Y la lógica no aplica en ellas.

—Te gusta ponerle mucho verbo innecesario a tus respuestas.

—No es mi culpa que seas un idiota –habló ladinamente.

El desayuno concluyó sin que terminaran arruinando el comedor por sus comentarios hostiles que solamente se volvían más fuertes conforme la charla avanzaba. Incluso tuvieron un largo momento de paz mirando lo que indudablemente era una película de comedia y acción.

Costaba trabajo creer que dos personalidades tan conflictivas pudieran estar en santa paz. Aunque también estaba el factor de que habían dejado de atender el televisor y se encontraban enfrascados en aquel juego de pulso.

—Te ves enclenque pero tienes fuerza –arremetía el moreno doblando poco a poco el brazo derecho del blondo.

—Pues creía que serás más impetuoso, pero estás siendo demasiado pasivo –señalaba vilmente.

—Haré que te calles, rubiecito creído.

—Si me vences anularé todas tus tareas de este lunes –agregó. Y esa simple propuesta motivó demasiado al moreno, por lo que pronto estaba ejerciendo mucha más fuerza, haciendo retroceder poco a poco a Tatsuhisa.

—Veremos si puedes mantener ese ritmo –mencionó con inocencia.

Lo siguiente que supo el moreno es que su brazo derecho estaba estampado contra la mesilla de madera que habían colocado especialmente en medio de la sala para que el duelo fuera factible.

Kai había ganado ante todo pronóstico.

—¡Eres un maldito tramposo! –le hizo saber. El muy cabrón había osado en lamer suavemente el perímetro de su oreja, ofuscándole y llevándole a la derrota.

—El fin justifica los medios –habló con soltura mientras descansaba sus codos sobre la mesa, depositando el rostro en la palma de sus manos. Aomine por su lado rabiaba por su descarada acción-. Piensa que estoy haciendo todo esto por tu bien.

—A ti sólo te gusta joderme.

—Aún no lo he hecho del modo… en que más quisiera. Vayamos paso por paso, ¿vale? –a Tatsuhisa poco le importaba cabrearlo. De hecho, ésa era la motivación principal por la que soltaba esa clase de comentarios malintencionados y no porque precisamente quisiera abusar del moreno de un modo u otro.

—Si todos supieran cómo eres, te odiarían –blasfemó.

—No veo que me odies, incluso sabiendo cómo soy –ladeó ese par de zafiros en el chico, desapareciendo cualquier gesto que nublara el tono serio que su voz había adquirido repentinamente-. Así que la opinión del resto me tiene sin cuidado.

Después de esa inesperada y poco convencional aventura, el resto de su fin de semana prosiguió de manera normal, teniendo que enfrentarse a esa despreciable cantidad de ejercicios de inglés. Cosa que hacía no porque se hubiera vuelto responsable tras irse de flirteo con su profesor, sino porque sabía que era lo suficientemente cabrón para dejarle el triple si es que no lo hacía.

Y con esa motivación en mente, su semana nuevamente dio inicio. Sólo que con un telón de apertura totalmente diferente al de días anteriores.

—¿Sucede algo? –preguntaba el moreno después de haber salido de su salón de clases y encontrarse con la castaña en medio pasillo.

—El sábado la pasamos muy bien, por lo que…-la chica le miró con cierta pena y sacó el valor que poseía para proseguir- me gustaría que saliéramos…más seguido.

No es que Aomine Daiki no fuera popular y las chicas gustaran de invitarle a salir, pero claramente ahora su cabeza no estaba para asimilar ese evento, al menos no tan rápidamente.

—No suena mala idea, aunque no tengo tiempo últimamente –triste pero cierto. Entre sus prácticas casi nocturnas, los ejercicios masivos de inglés y el resto de los profesores, estaba viviendo un momento difícil en su joven vida estudiantil.

—Escuché que estás tomando clases extras de inglés –mencionó, por hacerle plática.

—Mm…Sí, es desagradable. El maestro es detestable –omitiría la parte en que se ocupó de satisfacer sus necesidades fisiológicas ese viernes en la madrugada.

—Eres de los pocos que le tienen esa clase de sentimientos, Aomine.

—Lo sé. Todos parecen amarlo –desvió la mirada hacia su izquierda. Hablando del Rey de Roma.

—Tatsuhisa-sensei, ¿qué tal estuvo su fin de semana?

—Muy…entretenido. Más bien dicho, fue bastante lucrativo y satisfactorio –expresó con cordialidad, enfocando su atención en la estudiante que le había hecho la pregunta.

—Hoy viene muy bien vestido, sensei –halagaba otra más. Ese día el blondo había optado por un suéter con cuello de tortuga de una tonalidad vino, combinado de maravilla con sus pantalones azabaches.

—Por alguna razón sentí muy fresca la mañana y opté por esto a último momento –sonrió risueño. Esas alumnas por su lado no hacían más que emitir corazoncillos; él era perfecto para cada una de ellas.

Mira lo ridículo que te ves usando ese estúpido suéter que tuviste que comprar el sábado porque no tenías ninguno…-estaba disfrutando del momento. Especialmente porque él había obligado al blondo a usar una prenda tan cálida en un clima agradable.

—Aomine-kun, buenos días –saludó cortésmente Tatsuhisa-. Ya me las pagarás con creces.

—Buenas –respondió el saludo como era usual en su persona, haciendo un ademán y no importándole mucho el asunto.

—Nos veremos en clases, chicos –se despidió sin más con ese séquito de chicas detrás suyo.

—Da miedo lo popular que es… Incluso entre las maestras solteras…-susurraba Matsushita.

—Como dije. Eso es porque no saben cómo es en realidad –agregó, torciendo el ceño.

—Hablas como si le conocieras más que el resto de los alumnos, Aomine –y vaya que lo conocía, pero esos eran asuntos separados.

—Bueno, tomó extra clases con él. Quizás por eso –evadió maravillosamente las sospechas de la chica-. Como sea, salgamos a cenar hoy si quieres –lo preferible era cambiar el tema. Además, había un par de cosas que quería comprobar por sí mismo antes de que pasara más tiempo.

Salió prácticamente corriendo tras terminar su extra clase de la tarde y poco le importaba omitir un día de práctica, especialmente si era por una fémina. No era la primera vez que lo hacía y consideraba en sus adentros que no sería la última ocasión.

El punto de reunión fue afuera del Maji Burguer.

—Aomine-kun, llegaste a tiempo.

—Siento eso como un insulto.

—Claro que no. Simplemente estoy sorprendida –indicó con gentileza.

—Entonces, entremos.

—Sobre eso…-agachó su mirada, sonrojándose tenuemente-. ¿Y si vamos a mi casa a cenar? –preguntó con una inocencia perfectamente maquillada. Aomine no era tonto y sabía hacia dónde estaba encaminando las cosas esa chica.

—Por supuesto –sonrió arrogante. Era su oportunidad para quitarse por completo sus dudas.

En cuanto llegó al hogar de la pelinegra notó de inmediato la soledad que envolvía por completo al lugar y consideró que esa aparentemente tímida chica era mucho más atrevida y astuta que muchas otras con las que tuvo la oportunidad de intimar.

Sin decir nada más entró, desplazándose al tiempo que seguía a la joven. No le extrañaba que le condujera a la segunda planta ni que le obsequiara esa sonrisa pícara en cuanto se adentró a su habitación. Él simplemente le devolvió el gesto y le siguió el paso.

—Pensé que eras más recatada –ironizó. La chica se había sentado al margen de su cama, mirándolo detenidamente.

—Me gustas demasiado, así que no puedo evitarlo –confesó con convicción. Al moreno simplemente no le emocionó ni le desagradó su sinceridad ni sentimientos hacia su persona.

—Mira que traerme a tu propia habitación –habló, sacándose el saco y quitándose la estorbosa corbata-. Espero tus padres no lleguen en mal momento.

—En lo absoluto. Salieron fuera de la ciudad y vuelven hasta pasado mañana –no es como si no hubiera apreciado el tonificado cuerpo del moreno, pero tenerlo tan cerca y a todo color, le alteraba los nervios y los latidos de su corazón.

—Eres bastante traviesa…Justo como me gustan –la chica no dijo nada más. Sus labios estaban siendo atendidos por Aomine y se negaban a dejarle respirar apropiadamente.

Lo siguiente que supo la chica fue que contaba con peso adicional y esos deseosos ojos sobre ella. ¿Y qué decir de sus manos? Ya habían empezado a tocarla desde los muslos hasta llegar a esa zona tan agradable para su persona, enloqueciéndole en la brevedad posible.

—…A-Aomine-kun…

—Shhh… Tú sólo quédate quieta. Vas a disfrutarlo, te lo prometo –susurró suave y delicadamente a su oído, estremeciéndole y excitándole con tan simple acción. Él era al hombre que más deseaba.

Sólo se limitó a despedirse de manera silenciosa y a terminar de ponerse lo último que restaba de ropa, intentando no hacer demasiado ruido; ella permanecía profundamente dormida sobre su cama cubriendo su desnudez con ese ligero edredón, balbuceado quién sabe qué cosa incomprensible.

Aomine sólo sonrió de soslayo en cuanto le miró por unos breves segundos antes de abandonar la habitación. Estaba satisfecho con el hecho de que le hubiera dejado totalmente exhausta, pero había algo que no se sentía del todo bien y eso estaba picando su buen humor.

Bajó las escaleras y se dirigió de inmediato hacia la puerta, intentando pensar qué pudo haber hecho mal para no sentirse totalmente satisfecho después de haber tenido tan gratificante y estimulante actividad en compañía de una chica con semejante anatomía.

En cuanto salió sintió la frescura de la noche y empezó a caminar lento pero constante.

No estuvo mal….pero tampoco fue la gran cosa…-una pequeña piedra se había vuelto una pelota de futbol momentánea-. Lo disfruté pero algo no se sintió del todo bien…Aunque puedo decir con seguridad que las mujeres aún me interesan…Así que sólo resta que me desahoga de cierto rubio molesto…

No habría de tomarle más de quince minutos llegar hasta su casa. Por lo que pronto se halló cenando y tomando una ducha para relajar su cuerpo. Incluso estaba agradecido de que no tuviera nada de tarea que entregar al día siguiente.

Tras entrar a su habitación se dedicó a acomodar el pequeño desorden que tenía en el área baja de su armario, justo donde iban sus zapatos y tennis.

Claramente su nueva adquisición no tenía su lugar designado aún.

—Bien, creo que sería una rotunda pena el no usarlos… Sin duda el idiota de Wakamatsu se moriría de la envidia al verlos, ya que él también los quería –hablaba en voz alta sobre sus planes futuros, hasta que algo hizo clic en su cabeza-. ¿Por qué demonios debería usarlos? En todo caso lo menos que debería hacer es sacarlos de su caja… Si ese idiota me los ve puestos no se callará en toda la semana…

Sus celestes pupilas apreciaron con lujo de detalles esos bonitos y costosos tennis. Admitiendo que sin la intervención económica del blondo no podría haberlos comprado y eso le retorcía las tripas; ya que eso traía a colación la manera en que el cabrón se cobró la deuda.

¡Ese idiota no es más que un pervertido! –no es como si él no lo fuera, pero prefería enfocarse solamente en las malas cualidades de ese hombre.

Se encargó de guardar perfectamente esa caja, para no volverla a ver en lo que le restaba de vida y conmemorar lo que su adquisición trajo consigo. Y acto seguido se tumbó boca abajo sobre su lecho.

—…Estúpidos tennis…

Lo que él deseaba era una cosa y lo que su inconsciente anhelaba era otra totalmente diferente. Y es que ese particular par de zapatillas deportivas no hicieron más que remover algo que se había esforzado en enterrar en los días subsiguientes y que creyó borrar con aquel encuentro casual con la pelinegra.

Así fue como sus pensamientos se llenaron de cierta persona mostrándole abiertamente lo bien que se la pasaba a su lado. Y lo peor de todo, es que esos recuerdos aterradoramente nítidos que se apilaban unos sobre otros a una velocidad abismal, estaban despertándole ciertas reacciones involuntarias con mayor eficiencia de lo que el cuerpo de esa mujer consiguió durante todo el tiempo que estuvieron juntos.

Y ese espantoso hallazgo no hizo más que dejarlo frío de los pies a la cabeza.

¡¡Maldito seas, Tatsuhisa! -gritó hasta casi quedarse sin voz, intentando inútilmente plasmar su frustración en tan flojo insulto. Sí, había llegado involuntariamente a la conclusión de que ese tío le ponía más que cualquier mujer que conociera.

Habían tocado más de dos veces antes de que el dueño del apartamento se dignara a abrirle al fin. Sabía quién le visitaría a esas horas de la noche y no estaba específicamente complacido con la idea de lidiar con esa mujer.

Suspiró y le dejó pasar. Ella por su lado le observó fijamente. Estaba claro que tenía curiosidad de por qué usaba una vestimenta como esa en plena primavera.

—¿Qué es lo que sucede ahora, Maon? –interrogó el chico antes de dirigirse a la sala, tomando asiento en el sillón.

—Vine a hacerte cambiar de opinión sobre lo de la semana pasada –objetó, quedando de pie frente al rubio.

—Dejemos el asunto por la paz, ¿quieres? –dejó descansar su codo izquierdo sobre el respaldo del sillón, recargando tranquilamente su rostro. No es como si quisiera enfocarle en esos momentos.

—Ni siquiera estás haciendo el intento…-replicaba.

—Ya no guardó ningún tipo de atenciones hacia ti, Maon. No va a resultar así sea lo que más quieras en este mundo –concluyó secamente-. Y si lo único que buscas es acostarte con alguien para olvidarte de tus penas, te sugiero que salgas de aquí.

Incluso con el ardor y esa roja marca sobre su mejilla se atrevía a ofertarle una sonrisa. Incluso tras recibir tan tremenda bofetada por ofenderla al haber hecho un comentario que innegablemente era verdad, él continuaba viéndose más que fresco.

—¡Eres un maldito insensible! –vociferó colérica, absteniéndose de volverle a darle su escarmiento.

—Si ya lo sabías, no debiste de haberme venido a ver –mencionó con tranquilidad. Esa actitud solamente le sulfuraba de manera desmedida.

—Por esa razón estás completamente solo, incluso siendo tan guapo y popular… Supongo que este es el castigo que los miserables como tú se merecen –añadió con toda la cizaña que su timbre de voz le permitía.

—No necesito tal cosa como una relación sentimental –su mirada se había tornado gélida, capaz de mancillar su temple si se descuidaba por un breve momento-. Ni siquiera una relación como tal… Existen maneras de disfrutar esta vida sin caer en las ataduras.

—Siento mucha lástima por las personas que lleguen a enamorarse de ti… No eres más que un gran bastardo.

En los oídos del blondo sólo retumbaba el sonido de su puerta siendo azotada con violencia, así como el sonido de la registradora telefónica. Al parecer en su ausencia más de un mensaje de voz le fue dejado.

—Por razones como ésas es un dolor de cabeza el involucrarse con mujeres. Una tras otra reaccionan de la misma manera –se paró y fue hacia donde el teléfono se hallaba. Era mejor dale vuelo a la hilacha antes de que su humor terminara de mosquearse.

—"Aquí Mamiko. ¿Crees que este fin de semana podamos vernos, Kai? Ha pasado largo tiempo desde que nos vimos y estoy seguro de que disfrutaremos de una cita exprés. Llámame".

—"Hermano, he estado intentando llamar a tu celular desde hace rato, pero me nada a buzón. Cuando puedas, devuélveme la llamada. Mamá te manda saludos".

—"¿Por qué razón no volviste a llamarme, Tatsuhisa? Después de lo bien que la pasamos en ese restaurante francés. Me encantaría volver a quedar contigo". Y por si no me recuerdas, soy Hikaru.

—"Hola viejo, espero que estés bien; acá las cosas están de lo más entretenidas, ya sabes es imposible aburrirse con ese par alrededor. Hace bastante tiempo que no sé nada de ti desde que te regresaste a Japón, así que espero que podamos hablar un día de éstos. Saludos".

Ese último mensaje indudablemente no se lo estaba esperando y sin quererlo en realidad, le sacó una pequeña sonrisa. Una que murió en el momento en que extrapoló su realidad con ese lejano pasado.

—Es mejor dejar el asunto por la paz –el siguiente sonido que irrumpió en su departamento fue el de la registradora siendo tirada al bote de basura.