Don't you remember
Nota de la traductora: ¡No me matéis! ¡Fue la autora!
Capítulo 10 a:
Kurt insistió en lavar los platos después de la comida porque se sentía inútil tras un día de no hacer nada más que el vago y dormir siestas, pese a que no le dijo eso a Sebastian. Cuando este trató de protestar y hacer que los pusiera en el lavavajillas, pero Kurt le cortó:
-He perdido mi memoria, Sebastian. No mis habilidades motrices. Creo que puedo con un par de vasos y platos.
-Jesús, tú puedes lavar los malditos platos. No hay necesidad de sacar las uñas – dijo Sebastian –Menos trabajo para mí.
Burt había ido a la tienda a por un par de cosas, les había preguntado si necesitaban algo a lo que ambos habían contestado negando con la cabeza. No fue hasta que la puerta del apartamento se había cerrado que Kurt se dio cuenta de que ellos estaban solos y que Sebastian le estaba mirando fijamente. Le ignoró por tanto tiempo como le fue posible, enfocándose en su lugar en la tarea mecánica que estaba haciendo. Se sentía bien poder hacer algo pese a que fuera solo lavar los platos. Kurt iba a preguntar si podía hacer la cena esa noche cuando Sebastian rompió el silencio.
-Así que ¿qué piensas?
-Sobre ¿qué? – preguntó Kurt sin mirarle.
-La comida.
-Estaba bien.
-¿Me crees ahora cuando digo que soy el mejor cocinero?
Kurt le disparó una mirada a Sebastian que estaba sentado en el taburete que Kurt había ocupado esa mañana.
- Has hecho pollo a la plancha y puré de patatas – dijo – No es exactamente cocina gourmet.
-Estaba cocinando con resaca – dijo Sebastian, sonando ofendido – Dame un respiro.
Kurt se encogió de hombros y dejó caer el estropajo en un plato. Casi saltó cuando sintió el torso de Sebastian contra su espalda. ¿Cuándo se había movido del taburete?
-Relájate, tigre. Solo estoy haciendo las cosas más fáciles – dijo Sebastian cogiendo un paño y secando uno de los platos mojados.
- Veo que tu manía de llamarme por nombres que no son ya sabes, mi nombre real no ha cambiado con los años – dijo Kurt.
Sebastian le dio una amplia sonrisa.
-Yo solo los uso por una razón concreta.
-¿Y eso sería?
-Depende – dijo Sebastian encogiéndose de hombros y tomando otro plato de las manos de Kurt – O trato de molestarte como estoy haciendo ahora. O estoy siendo romántico o…
Se detuvo cuando vio que Kurt se había puesto tenso.
-… La mayoría de veces te llamo simplemente Kurt.
El silencia entre ellos fue torpe durante un momento antes de que el tono de llamada del móvil de Sebastian llenó el apartamento.
-¿Intentas despertar a los muertos? – preguntó Kurt mirando hacia la mesilla de café donde el móvil estaba vibrando a parte de hacer sonar la melodía. Pensó que fue capaz de ver un dejo de amargura en la sonrisa de Sebastian.
Era Blaine, prometiendo ir después del trabajo con la cena.
-Kurt ¿prefieres chino o pizza? – gritó Sebastian.
-Cualquier cosa que no esté bañada en grasa – dijo Kurt.
- Pilla un par de hamburguesas – dijo Sebastian y Kurt de alguna manera sabía solo por su tono que estaba poniendo los ojos en blanco – No, tiene las manos ocupadas en este momento. Puedes hablar con él cuando lo veas luego.
Kurt estuvo a punto de girarse y decirle a Sebastian que pese a todo le pasara el móvil, estaba impaciente por hablar con Blaine pero para entonces, Sebastian ya había colgado. Al menos puedo verle esta tarde, se dijo Kurt a sí mismo. No pudo detener la sonrisa que se propagó por su cara ante la posibilidad.
Kurt pasó el resto del mediodía explorando su armario. La mayoría del tiempo tuvo que luchar con las ganas de sacar su portátil y empezar a buscar sobre la moda de los últimos diez años. Encontró un par de artículos con una etiqueta con las iniciales KH y le tomó un tiempo sorprendentemente largo darse cuenta de que eran en realidad sus diseños. Su grito de sorpresa fue tan alto que ambos, Burt y Sebastian aparecieron en la puerta del dormitorio en segundos. Kurt se sonrojó completamente y los espantó con la mano pero Sebastian se quedó igualmente, su sonrisa diciéndole a Kurt que él sabía exactamente lo que había provocado el grito.
-Sigues trabajando en una adecuada línea de ropa – dijo sentándose en la cama para el disgusto de Kurt – Pero has estado diseñando cosas para ti mismo por años.
Capítulo 11 b:
Kurt permaneció en silencio mientras acariciaba la camisa. Casi le preguntó a Sebastian por más detalles… sobre sus diseños, sobre su trabajo, pero cuando levantó la vista y vio la manera en la que Sebastian se había dejado caer en la cama y descansaba allí como si fuera la cosa más natural del mundo. Pese a que Kurt sabía que esa era técnicamente la cama de ambos, viendo a Sebastian extendido así, con las sombras de las gotas de lluvia en su piel le hizo sentir incómodo.
Estaba buscando la manera más educada de decirle que se marchara cuando oyó la voz de Blaine desde la entrada, saludando a Burt. Su corazón dio un salto y rápidamente se giró para comprobar su imagen en el espejo de cuerpo entero del armario. Su pelo estaba despeinado y su ropa no era tan favorecedora como podían ser, especialmente después de pasar la mañana rodando en ellas, pero al menos se veía mejor que lo había hecho en el hospital.
Sebastian no notó el salto de Kurt. Llamó a Blaine desde su lugar en la cama y sonrió perezosamente cuando Blaine entró en el dormitorio. El aliento de Kurt se atascó en su garganta al verle. Su cabello estaba empapado con pequeñas gotas de agua que descendían manchando su camisa azul. Los dos primeros botones estaban desabrochados dejando ver un poco de piel dorada húmeda de la lluvia y la memoria de Kurt retrocedió a la noche en la que los padres de Blaine estaban de viaje y ellos habían pasado horas simplemente recorriendo con sus bocas el cuerpo del otro.
-Hola – dijo Blaine con una sonrisa brillante, ajeno al repentino incremento del ritmo cardíaco de Kurt mientras él se acercaba.
-Hola – consiguió decir Kurt sonriendo.
Él no se resistió cuando Blaine le atrajo en un abrazo pero sí sintió una ola de calor recorrerle de arriba abajo cuando este besó su mejilla. Sebastian permaneció inmutable ante la muestra de afecto y eso sorprendió a Kurt dado que su último encuentro finalizó con las noticias de su ruptura pero ¿tal vez ellos eran el tipo de amigos que se besan? Blaine había sido siempre amante del afecto físico; Kurt no debería haberse sorprendido de que el hábito se hubiera mantenido después de tanto tiempo. Un beso en la mejilla era probablemente tan normal como darse la mano en ese momento.
-¿Qué estás haciendo? – preguntó Blaine a Kurt mientras se sentaba con Sebastian en la cama.
-Ha pasado toda la mañana durmiendo – dijo Sebastian con una sonrisilla y Kurt le dio un codazo en el muslo, sus ojos fijos en la manera en la que la sonrisa de Blaine se expandió.
- Eso es bueno ¿no? Necesitas descansar.
-Sí, supongo – dijo Kurt.
Se sentía vagamente familiar sentarse en la cama hablando con ambos, su marido y su mejor amigo. Kurt rodó las palabras en su boca como si así pudiera hacer que esas etiquetas fueran más reales en su cabeza. Como si la calidez que experimentaba cuando miraba a Blaine pudiera transferirse a Sebastian al mirarle.
Nunca pasó.
Cuando Sebastian dijo que iba a ir al baño, Kurt casi cogió su mano y le pidió que se quedara porque se sentía como si miles de mariposas se revolvieran en su estómago en la idea de estar solo con Blaine en el dormitorio.
Blaine solo le sonrió, jugando con uno de los cojines mientras preguntaba:
- Así que ¿cómo van las cosas con Sebastian?
Kurt se encogió de hombros.
- Vamos tirando, supongo.
-Dale una oportunidad, Kurt.
-Lo he hecho – dijo Kurt – Yo solo sigo pensando en la última vez que lo hice.
Blaine le miró a los ojos durante un tiempo, como su estuviera midiendo sus palabras antes de decirlas.
- Eso fue hace mucho tiempo. Muchas cosas han cambiado.
-No hace falta que me lo jures – dijo Kurt poniendo los ojos en blanco.
-Ha parado de llover – dijo Blaine y Kurt iba a molestarle por el repentino cambio de tema cuando este preguntó - ¿Has estado en la terraza todavía?
Kurt negó con la cabeza.
-¡Dios mío! ¿No lo has hecho? Vamos, el momento es perfecto. No se ha puesto el sol todavía.
Kurt se encontró repentinamente siendo arrastrado fuera del dormitorio mientras Blaine gritó:
-Vamos a la terraza – a Burt sobre su hombro.
Kurt estaba demasiado centrado en sentir la mano de Blaine alrededor de su muñeca para prestarle atención a donde se dirigían. Solo fue capaz de mirar hacia delante cuando salieron a la terraza del techo del edificio, que continuaba un poco mojada después de la lluvia.
Capítulo 11 c:
-Wow – suspiró Kurt.
-Es hermoso ¿verdad? – preguntó Blaine dejando ir su mano y dando un paso adelante – Sorprendentemente, nadie sube aquí por lo que nosotros solemos pasar el rato aquí sin tener que preocuparnos siendo intrusos en el momento de alguien más.
Kurt se acercó a la barandilla y miró a la cuidad, Blaine se movió hasta situarse a su lado, su rostro orientado hacia el cielo. Kurt le miró, su mano deseando levantarse y tocar su mejilla, trazando la sombra de barba de su rostro. En su lugar, volvió a mirar a los edificios que los rodeaban y preguntó:
-Has estado en Nueva York por más tiempo que yo ¿correcto?
- Solo tres años más. Mes arriba, mes abajo.
-Y pensar que yo siempre estaba preocupado sobre como ibas a sobrellevar ser dejado atrás – dijo Kurt en voz baja.
Blaine le dio una pequeña sonrisa pero no presionó en el tema.
-Blaine – dijo Kurt girándose hacia él - ¿Por qué rompimos?
- Nosotros… Nosotros luchábamos mucho – dijo Blaine – La distancia empezó a ser demasiado para nosotros y cada vez nos prometíamos que intentaríamos que funcionara, diez cosas iban mal al mismo tiempo y eso hacia las cosas mucho más duras.
-¿Ninguno de nosotros fuimos… infieles?
Cuando Blaine no contestó, Kurt sintió su corazón detenerse.
-No – dijo finalmente – No en el sentido literal. Pero emocionalmente, creo que nos habíamos seguido adelante mucho antes de romper.
Eso era peor que cualquier cosa. Kurt sentía las lágrimas amontonarse en sus ojos en el pensamiento de Blaine y él intentando que la relación funcionara cuando ninguno de los dos estaba realmente interesado más. No era algo que con lo que pudiera tratar ahora. Era incapaz de pensar en un momento en el que no hubiera amado a Blaine con todo su corazón.
-Estoy contento de no poder recordarlo – susurró Kurt – No quiero recordar dejar de amarte. No… No puedo pensar en cómo lo hice una vez.
- Nosotros seguimos adelante. Eso fue todo – dijo Blaine – Seguimos amándonos, simplemente no en la forma en la que lo hacíamos. Ni siquiera menos intenso… Solo diferente.
Kurt cerró los ojos con fuerza, intentando detener las lágrimas. No quería llorar. No sobre algo que seguro ya había pasado muchas horas derramando lágrimas.
-¿Sabes cuál es la peor parte? – preguntó Kurt – No es que rompiéramos. Es no poder recordar todos los buenos tiempos que pasamos juntos. El baile de graduación, ganar nacionales juntos, colarte en mi habitación de la universidad… ¿Te colé alguna vez en mi habitación en la universidad?
Blaine sonrió ampliamente.
-Un par de veces.
Kurt soltó una carcajada. Sonaba mojada.
-¿Ves?
-Bueno, sigues teniendo fotos de todo eso. Tal vez no la parte del dormitorio de la universidad, pero de Nacionales y el baile… facebook está probablemente inundado de ellas.
-Yo solo – Kurt tomó una profunda respiración – Supongo que estoy buscando cierre.
-¿Cierre? – repitió Blaine frunciendo el ceño.
Kurt le miró y asintió lentamente, sus ojos recorrían su rostro y seguían viendo el mismo Blaine que siempre había visto, solo un poco mayor.
-Blaine – dijo con un susurro atemorizado - ¿Puedo besarte?
La expresión de Blaine se tronó súbitamente cautelosa.
-Kurt…
-No, por favor. Solo escúchame – dijo Kurt cortándole – Solo una vez. Una última vez. Piensa en ello como un premio de consolación por haber perdido todos esos años juntos que no puedo recordar. Por favor, Blaine.
-Kurt, tú estás…
Kurt sabía que iba a decir casado. Pero no lo hizo. Blaine le miró con dudas y compasión, de la misma manera que le había mirado la primera vez que Kurt le había confesado sus sentimientos. El corazón de Kurt latía con fuerza mientras esperaba la respuesta de Blaine. Era capaz de ver sus pensamientos en sus ojos. Finalmente, tomó una profunda respiración y dijo:
-¿Para el cierre?
Kurt sonrió, el alivio recorriéndole.
-Para el cierre.
Capítulo 11 d:
- ¿Dónde han ido Kurt y Blaine? – preguntó Sebastian tras salir del baño y encontrar el dormitorio vacío.
Burt estaba mirando un partido de futbol americano y no apartó su vista de la pantalla cuando contestó:
-Subieron a la terraza o algo así.
Sebastian se puso un par de zapatillas y subió las escaleras de dos en dos, encontrando la puerta abierta al llegar arriba. El sol estaba a punto de desaparecer pero seguía habiendo suficiente luz como para poder ver a Blaine y a Kurt de pie a la derecha. Sebastian empezó a moverse hacia ellos pero detuvo sus pasos cuando vio lo cerca que estaban el uno del otro.
Por un momento pensó que sus ojos le estaban jugando una mala pasada, él luchó por encontrar una razón que explicara por qué Blaine estaba acunando el rostro de Kurt con ambas manos o por qué Kurt tenía sus dedos enredados con los rizo de Blaine, manteniéndolo cerca. Su cerebro trató y falló en darle una respuesta válida y por mucho que vería, por mucho que sentía como si su corazón se estuviera desquebrajando por cada segundo que seguía mirando. Sebastian no podía apartar su mirada.
Se quedó de pie, congelado, sintiéndose enfermo mientras veía a los dos besarse; su marido y su mejor amigo.
CONTINUARÁ
2 Nota de la traductora: Sin palabras.
Nähdään.
