Bien, primero de todo quiero agradecerles por sus hermosos reviews, de verdad. Si os soy sincera, al principio creí que mi historia no tendría mucho éxito por el pésimo summary que escribí. Pero vuestros comentarios me animaron mucho, y os estoy muy agradecida. Ahora os quiero dejar algunas aclaraciones que, como niña despistada que soy, se me olvidó comentarlas en el prólogo
-Esta historia se desarrollará desde los capítulos 47 y 48 de la segunda temporada hasta el final de ésta.
-Habrá momentos tanto del anime como de mi invención, si quieren entender mejor la historia, vuélvanse a ver la temporada desde los capítulos mencionados anteriormente.
-Soy española, pero nombraré a los personajes por su nombre en japonés, para mayor comodidad hacia los lectores.
-Nombraré las técnicas tanto en su nombre español como en el latino.
-Este fic no será Yaoi ni Yuri.
-Si hay alguna duda o sugerencia, no duden en decírmelo. Acepto críticas tanto buenas como malas así que si hay algo que no les guste o les gustaría que mejorara, díganmelo.
-Si quieren que ocurra algo "especial" en la historia, o les gustaría sugerir algún momento de su invención, díganmelo, estoy abierta a todo tipo de sugerencias.
Capítulo 1
Izumi, o mejor dicho Evangelyne, había pasado por muchas ciudades, todas ellas hermosas a su manera, todas ellas diferentes pero con una esencia que es capaz de cautivar los corazones de muchos turistas. Lo que ocurre es que ella no era ninguna turista, ni mucho menos; aquellas ciudades pertenecían a su país natal, Japón.
La respuesta era simple, había viajado de ciudad en ciudad esquivando a esas personas que la consideran una rebelde.
Pero por una vez en mucho tiempo, algo la salía bien, después de la huida lo había dejado todo atrás, a sus amigos, aquellos a los que consideraba familia; a Hikari y a "él", a la persona que más quería en el mundo, a la persona que había estado con ella desde el primer momento, pero lo más importante, había dejado a la persona que estuvo con ella desde el momento en el que nació. Y eso a Eva le causaba una profunda tristeza. Pero como he dicho antes, por fin algo le salía bien. Había conseguido pasar desapercibida, y todo gracias a una persona, no la conocía demasiado, pero algo es algo ¿no?
Aquella persona era un simple detective, se llamaba Onigawara Gengorou aunque él prefería que lo llamaran simplemente "detective", algo que según Evangelyne, resultaba patético. A ella solo le importaba pasar desapercibida, haría todo lo posible para hacerlo, nadie debía saber su paradero y para eso, lamentablemente necesitaba ayuda.
Hasta que aquel hombre apareció, él se la ofreció a cambio de algo, y ese "algo" era información, así es, Evangelyne poseía una valiosa información que ayudaría a cerrar el caso en el que él trabajaba. Pero, como siempre le habían dicho a la joven, era una chica lista, y cualquiera que estuviera en una situación como la suya, planificaría todos y cada uno de sus pasos, pero lo más importante, pediría confidencialidad; nada ni nadie debía saber quién era ella realmente, si no, no vería la luz del día en mucho tiempo…
Él era alto y delgado, de unos cuarenta años, pelo castaño y ojos negros aparentemente sin expresión alguna y una inconfundible barba canosa, parecía sacado de una película. Era serio pero amable, a veces un tanto sarcástico y burlón pero se tomaba muy enserio su trabajo; ni si quiera la joven que lo acompañaba sabía cómo semejante tipo podía aguantar a una niñata tan orgullosa y testaruda como ella. Por lo menos eso era lo que su mente reflejaba.
Pero en el fondo, aquella joven se sentía mal tratando así a las personas, ella no era así, pero tenía que mantenerse distante para alejar a la gente, todo lo hacía para no hacerles daño ni ponerles en peligro…Pero aunque no lo admitiera, se sentía sola. La soledad y la desesperación se habían apoderado de ella, pero Eva no quería dar esa impresión, si lo hacía, sus "enemigos" la verían débil, y eso era algo que no podía consentir.
Ya había pasado un tiempo desde que todo sucedió, pero no es el momento de volver atrás y recordar; eso sería muy doloroso para la muchacha. Ahora nos centramos en el trayecto de esos dos, "El detective y la niña" o por lo menos eso decía el hombre cuando quería burlarse de ella y eso la molestaba bastante, no le gustaba nada que la subestimaran, y mucho menos que la llamaran "niña". Pero tenía que tragarse su orgullo y soportar esas tonterías, al fin y al cabo, ahora eran…¿Cómo decirlo? Compañeros ¿no?
Ahora, se dirigían a Okinawa, son las cuatro y media de la tarde, allí esperaban cumplir con su nueva misión, pero si algo tenían claro es que había que tener cuidado.
Aquellas personas tienen un nuevo objetivo, buscan a un chico que se hace llamar "el delantero de fuego" y la misión de aquel detective es, claramente, protegerle y dar caza a aquellos que le atormentan con el objetivo de apoderarse de él, y todo por culpa de esa estúpida Academia Alius/Instituto Alien (yo utilizaré el término "Academia Alius").
La joven se sintió furiosa. El simple hecho de recordar ese lugar le ponía los pelos de punta. Sintió su corazón latir a mil por hora. Estaba bastante agitada y no precisamente por el miedo, sino por el odio, aquellas personas estaban utilizando a gente inocente para llevar a cabo sus malvados planes, y lo peor de todo, la habían utilizado ella, a sus amigos y a…No quería ni pensarlo, así que cayó en la cuenta de que debía tranquilizarse y centrarse en lo verdaderamente importante ahora, ayudar a ese detective de cuarta (Como ella le llamaba) a cumplir su misión.
-¿Estás lista?- dijo el de la barba en un tono más alto.
Ella solo asintió con la cabeza con una indiscutible mueca de disgusto, aunque sabía que el detective no la podía ver. Sabía perfectamente a lo que se refería aquel peculiar hombre e intuía que esto le iba a hacer mucha gracia.
Aquella muchacha salió de uno de los baños del lujoso avión en el que se encontraba. Estaba totalmente cambiada, y eso saltaba a la vista. Estaba vestida de chico, con unos pantalones marrón chocolate, deportivas marrones un poco más oscuras y una chaqueta naranja con algunos detalles azul marino que no mostraban las facetas de una adolescente de 14 años que la chica poseía, dado que era una chaqueta bastante ahogada. Su largo cabello se escondía tras la capucha de ésta, apenas se podía distinguir su rostro, y mucho menos sus inconfundibles ojos extrañamente rosas. Estos poseían un brillo bastante inusual, eran tan bellos como la vida misma. La pena es que ahora daba la sensación de que a esos preciosos orbes les faltaba algo, había un pequeño vacío en ellos y eso era triste, sobre todo cuando en un tiempo atrás, en éstos se podían apreciar una gran dulzura que era capaz de mover montañas.
-Valla, valla, te queda mucho mejor de lo que pensaba -dijo el detective con un indiscutible tono de burla -Deberías acostumbrarte a vestir así ¿sabes?
- Y tú deberías aprender a callarte –dijo ella entre dientes- Encima no te burles, porque si sigues así, esta ropa horrible te la pondrás tú. -pronunció resaltando la última frase.
-Vamos, no te enfades, además, fuiste tú la que te prestaste voluntaria a ayudar a ese chico.
-Solo lo hice por justicia, nada más, y si me disculpas… -Dando a entender que se iba, de mala gana, Evangelyne entró de nuevo al baño cerrando la puerta fuertemente. Al piloto de aquel avión no le iba a gustar nada el trato que le deba a sus instalaciones.
Suspiró cansada.
"Justicia, es una palabra muy fuerte que no se dice a la ligera, hablar de justicia era algo muy serio y ella lo sabía mejor que nadie… Sí, esa era una de las causas por las que ayudaba a aquel chico que no conocía de nada, pero había algo más, al enterarte del extraño caso de ese chico y de los planes de esas horribles personas (Aunque seamos honestos, a esos tipos, ciertamente no se les puede llamar personas, una persona posee algo que esos monstruos no tienen y ese "algo", son sentimientos) decidió ayudarlo. En su momento, aquella joven no sabía si eso que la impulsó a ayudarlo era pena, aunque en el fondo de su corazón sabía perfectamente que no era solamente eso, sino un enorme deseo de venganza hacia esos tipos, pero quería convencerse de lo contrario…Ella no era así, no quería convertirse en una persona vengativa aunque tenía sus razones. Después de todo, perder a un hermano es lo peor que te puede pasar, y si no hacían algo, ese chico experimentaría esa catástrofe. Y ella no quería eso, no quería ver a más personas perder a sus seres queridos solo por la avaricia de esos hombres, ella ya había pasado por eso…
-Tan amable como siempre…-susurró él.
-¡Te he oído!- dijo una malhumorada Evangelyne desde el baño.
Al cabo de cinco minutos, salió del baño, pero ya no llevaba aquella ropa ahogada que, seamos realistas, no le quedaba nada bien.
Ahora llevaba unos pantalones cortos vaqueros, una camiseta de tirantes blanca y una chaqueta abierta rosa encima de ésta. Llevaba unas medias de fútbol a la altura de las rodillas rosas, y unas deportivas blancas. Sobre su laceo cabello rubio, bastante largo, llevaba una gorra blanca con detalles rosas. Por fin se distinguían sus extraños ojos que según la gente, le hacían una persona bastante peculiar.
Así era ella, una chica de piel nívea como la porcelana, aunque no era demasiado pálida. Sus largos cabellos rubios recorrían su espalda como si del agua de una cascada se tratase. Su flequillo recto le daba un aire tierno. Era de estatura media, estaba desarrollada pero no en exceso y parecía una bailarina al expresar elegancia. Pero lo más importante es que era dueña de unos grandes orbes rosas. Era una joven bastante hermosa, o al menos eso era lo que transmitía.
-Siéntate y abróchate el cinturón de seguridad, vamos a aterrizar en breve. -Dijo el detective con un tono más serio.
Acto seguido, la muchacha se sentó justo a su lado, en un asiento color azul bastante cómodo y cumplió sus órdenes sin mencionar nada.
El avión comenzaba a descender del aire lentamente, ella sintió como un escalofrío recorrió su espalda al instante, solo quería acabar con esta estúpida misión cuanto antes y seguir con su vida alejada de todo y de todos. Pero ya estaba metida en esto, ella sabía perfectamente que el hombre que tenía a su lado no la dejaría ir tan fácilmente, no al menos hasta que acabara toda esta locura. Y mucho menos esas personas, sabía perfectamente que removerían cielo y tierra hasta encontrarla.
"Rayos" pensó ella "¿Cómo es posible que éste hombre le tenga tanto afecto a un insignificante mocoso y a su estúpido equipo?"
Bufó; hasta el detective la oyó, y éste solo se preguntaba en qué demonios estaría pensando ahora.
La rubia clavó su vista en unos archivos que revisaba atentamente su acompañante. En ellos había una foto de carnet de un chico de más o menos de su edad, con el pelo color crema peinado en punta, de piel algo bronceada y unos ojos que a simple vista parecían negros.
"Shuuya Goenji ¿eh?" Se dijo a sí misma con una expresión de duda en su rostro.
No muy lejos de allí, se encontraba cierto equipo de fútbol subido a un barco con la intención de buscar a su antiguo amigo. Destino: Okinawa.
"Pronto nos veremos Goenji, y esta vez, volveremos a jugar al fútbol para derrotar a esos alienígenas" Pensó muy enérgico su capitán.
-Oye Endo…-La voz de Tachimukai resonó en sus oídos, éste se acercaba a paso ligero hacia donde se encontraba su capitán.
-¿Cómo es Goenji?-Dijo tranquilo.
-Pues…-dijo este haciendo una pequeña pausa- Shuuya Goenji, es… -Se carcajeó -Lo conozco desde que se formó el equipo, gracias a sus técnicas alcanzamos la victoria en muchos partidos. Es un fantástico amigo y un jugador excepcional. -Dijo éste- El delantero de fuego que dicen que se encuentra en Okinawa… tiene que ser él. -Afirmó- Y me gustaría jugar de nuevo con él, para derrotar a la Academia Alius- Dijo verdaderamente entusiasmado con una de sus sonrisas.
Tachimukai sonrió y dijo:
-Espero que lo encontremos pronto, me gustaría conocerle.
Se escucharon los pasos de Kido acercarse a la proa del barco, y éste rápidamente se unió a la conversación.
-Lo encontraremos, y formaremos el equipo más fuerte de todo el mundo. –Dijo mientras su sonrisa se ensanchaba levemente.
Endo solo asintió.
Había pasado casi una hora aproximadamente, ahora son las cinco y cuarto de la tarde, el avión aterrizó con éxito en la maravillosa isla de Okinawa y ahora, en otro lugar de aquella isla se encuentran dos personas en la habitación de un majestuoso hotel.
Aquella habitación era bastante espaciosa, muy bonita por cierto. Las paredes estaban pintadas de un suave color perla que muy pocas personas podrían percibir, ya que a simple vista parecía blanco. Había dos grandes ventanales con una puerta de cristal que daban a un precioso balcón con vistas a un hermoso jardín para uso y disfrute de los huéspedes. En el centro había dos pequeños sillones color blanco que daban inicio a un pequeño salón que adornaba la sala. Y en el otro extremo de la habitación, concretamente en la parte derecha, se encontraban dos camas individuales de sábanas blancas justo al lado de las ventanas. Mientras que en la parte izquierda había una mesa alta con cuatro sillas alrededor.
Aquellos dos no se podían quejar.
Pero ya había pasado el momento de asombros y exclamaciones por parte de la ojirrosa, que por cierto se había ilusionado mucho.
Ahora, unos minutos después, se aproximaba hacia la puerta justo cuando escuchó la voz de aquel peculiar detective que la molestaba tanto.
-¿Dónde te crees que vas? -Dijo él con tono severo.
-A dar una vuelta -Respondió Evangelyne sin más.
-Es demasiado peligroso y lo sabes, si nos descubren, todo nuestro plan se irá directo a la basura, ¿es eso lo que quieres?
-¡¿Puedes calmarte de una maldita vez?! Solo voy a dar un paseo, quiero ver la isla…
-¿Y si ellos están aquí?-Dijo con frías palabras.
-No me reconocerán –Dijo la rubia tranquilamente mientras cogía unas gafas de sol y se acomodaba su gorra de tal manera que nadie la reconocería- Hay miles de adolescentes por el mundo, y no creo que se paren justo delante de mí, no sospecharán nada. Es más, me estarán buscando en otros países, a estas alturas, creerán que me he borrado del mapa.
-Esa gente no es tonta -Se notaba una cierta molestia en sus palabras.
-Ni yo tampoco -Con el mismo tono, Evangelyne dejó al hombre sin palabras en su boca.
Pero el detective se hartó de discutir y solo pronunció un "Haz lo que quieras", pero justo antes de que la ojirrosa saliera por la puerta dijo:
-Si necesitas ayuda, ya sabes lo que tienes que hacer.-Dijo el detective cambiando su tono de molestia a uno de preocupación.
Ella solo sonrió triunfante y acto seguido, salió por la puerta.
"A veces es insoportable, pero en el fondo, sé que lo hace para protegerme" Pensó "Bueno, vamos a conocer la isla…"
Cerró los ojos. Una sonrisa se esbozó en la comisura de sus labios, había ganado este asalto y se había salido con la suya. Evangelyne ya llevaba demasiado tiempo escondida, necesitaba un poco de libertad en su vida aunque ella misma sabía que tras una gorra y unas gafas… Eso no se podía llamar ciertamente libertad. Aunque la rubia no le daba mucha importancia a eso, así que comenzó a caminar.
Por fin tenía un rato para ella sola, sin pesados que le dieran órdenes a cada minuto del día, así que comenzó a caminar despreocupadamente, porque necesitaba dedicar algún tiempo a hacer lo que quisiera ¿No?, porque era SU tiempo y nadie se lo podía quitar. Era su momento de paz.
"Espero que por lo menos Hikari no esté tan estresada como yo, ella no aguantaría ni un minuto más así…no, definitivamente no, explotaría." Sonrió divertida al recordar como era su amiga, y precisamente no la recordaba como una chica paciente y relajada. La rubia se carcajeó en silencio. Ella tenía la suerte de ser una de las pocas personas que conocía bien a la pelinegra (por no decir la única), ya que la chica mostraba una actitud fría y distante ante los demás incluso a veces era algo bipolar, y eso le causaba mucha gracia. Sin embargo, cuando la conocías bien, Hikari se volvía una persona totalmente diferente, se podría decir que se volvía amable e incluso dulce. Aunque la gente no la imaginaba de esa forma. Si la pelinegra estuviera en la misma posición en la que se encontraba ella, le daría uno de sus ataques de furia. A veces podía ser cruel, pero era buena chica, o eso pensaba Eva.
Todos los integrantes del equipo Raimon se encontraban en la orilla de una de las exóticas playas de Okinawa, así es, ya habían llegado a su destino.
Y planeaban muy animadamente la búsqueda de Goenji pero sin olvidar que también debían entrenar para hacerse más fuertes. Algunos estaban bastante entusiasmados con la idea de volver a ver a su antiguo amigo, otros sentían una gran curiosidad y un enorme deseo de conocer a aquel delantero del que tanto hablaba Endo, que sin duda era el que más entusiasmado estaba; no paraba de pensar en la idea de volver a ver a Goenji, a su gran amigo Goenji.
También sabían que a lo mejor se encontraban con Tsunami, el amigo del que se habían separado hace apenas un día, y dado que él también vivía allí, lo más probable era que se encontraran. Pero lo primero es lo primero, habían venido a los mares del sur en busca del "delantero de fuego" y no pararían hasta encontrarlo, eso seguro.
Lamentablemente, lo que ellos no sabían es que un pelirrojo de unos inconfundibles ojos color ámbar, también andaba por allí bastante "entusiasmado" con la idea de conocer a quienes serían sus próximos adversarios, sin mencionar lo que su "amigo" Guran le había comentado.
Hikari estaba bastante molesta, el solo hecho de recordar lo que pasó hace unos momentos la ponía hecha una furia. Estaba que echaba chispas, ¿Cómo podía haber accedido a semejante estupidez?, ni ella misma lo sabía. Cerró los ojos por unos segundos, era inútil, ya no se podía arrepentir. "Lo hecho, hecho está." Pero ¿En qué demonios estaba pensando en esos momentos? ¿Se había dejado intimidar por él? No, no era eso, eso jamás sucedería, pero entonces ¿qué había pasado? Su mente empezó a analizar detenidamente lo ocurrido hace unos minutos…
Una pelinegra con reflejos rojo sangre caminaba despreocupadamente por los pasillos de un extraño lugar que resultó ser una base. Las paredes eran grises, monótonas y el suelo era de un negro como el carbón. Ahí faltaba algo, color, o eso es lo que pensaba la pelinegra cada vez que sus profundos ojos escarlata chocaban con las frías paredes. Hacía calor, la chica se apartó su oscuro flequillo de la cara y se acomodó su ondulado cabello. Estaba sofocada y el uniforme de su equipo no ayudaba mucho.
"¡¿Para qué demonios me habrá llamado ahora?!" Bufó, estaba molesta, no le gustaba nada que la dieran órdenes. Y mucho menos cuando estaba disfrutando del poco tiempo libre que tenía. Que era muy limitado debido a los estúpidos entrenamientos que tenía que realizar. A ella le parecía absurdo entrenar, no lo necesitaba. Aunque su estúpido capitán (como lo llamaba ella) insistía constantemente en que debían de ser más fuertes.
Siguió caminando, hasta que se encontró de frente con la entrada al campo de entrenamiento. Avanzó unos pasos hasta quedar dentro. Allí, se encontraba un pelirrojo de ojos verdes entrenando su Navaja Meteoro/Cañón de Meteoritos.
La pelinegra tosió fuerte para que el chico la oyera. Y dio resultado. El chico de ojos verdes se giró, centró su mirada en la chica y se acercó a ella.
-Por fin –pronunció- Llegas tarde.
La pelinegra solo lo miró molesta.
-Ya estoy aquí ¿no?, eso es lo que importa…¿Qué quieres? –sus frías palabras molestaron al chico.
-Tengo una misión para ti –la joven abrió los ojos sorprendida, no se esperaba para nada esa noticia –Quiero que te infiltres en el Raimon.
-¡QUÉ! –Gritó furiosa –¡No pienso ser parte de ese estúpido equipucho de cuarta! –Exclamó, sin duda esto era el colmo.
-Lo harás. –Dijo él firmemente.
-No puedes obligarme…-Contestó la pelinegra de mala gana.
-Claro que puedo, soy el capitán y harás lo que yo te diga.
La chica plantó sus pies firmemente en el suelo, justo en frente del pelirrojo. Levantó la cabeza y le plantó cara, sin duda agallas no le faltaban.
-Puede que seas el capitán Guran, pero no puedes obligarme a unirme a ese equipucho que tanto te gusta. –Esos dos estaban tan cerca que podían sentir las respiraciones acompasadas el uno del otro. Sus ojos chocaron, verde y rojo mirándose con molestia, luchando en una batalla interna que solo los dos chicos podían presenciar. Ninguno daría su brazo a torcer, o eso parecía hasta que el pelirrojo optó por una actitud fría y autoritaria.
La chica se hartó, no quería discutir y mucho menos darle la oportunidad de replicar, así que se dio la vuelta haciendo que su ennegrecido cabello con destellos rojos chocara con el pecho del pelirrojo. Comenzó a caminar hasta que sintió que una mano la agarraba de la muñeca firme pero a la vez delicadamente.
-Vindemiatrix…-La chica frenó, se dio la vuelta y le miró, pudiendo observar un rostro algo apenado.- Escuchame, Spica se ha ido; el equipo no tiene toda la fuerza que en un principio tenía, pero aun así conservamos el título de Génesis y como tal, debemos cumplir las expectativas de "padre". Puedo aceptar que en los entrenamientos no colabores con tus compañeros, pero lo que no puedo permitir es que desobedezcas esta orden. Debemos recopilar información y tú serás la encargada de hacerlo ¿entendido?
-Pero ¿por qué yo? –Masculló entre dientes.
-Porque tú no jugaste contra ellos en el Yokato, no te conocen. No saben cómo eres ni como juegas, no sospecharán nada.
La pelinegra se soltó del agarre del chico. Se dio la vuelta y comenzó a caminar de nuevo, pero esta vez pronunció:
-Lo haré a mi manera, esa es la única condición que pongo. –Dijo mientras caminaba, dando a entender que había aceptado.
Guran bajó la cabeza y sonrió satisfecho; seguido de esto, prosiguió con sus entrenamientos. Debía admitir que esa chica le parecía interesante, era fuerte y decidida. Un poco molesta para su opinión, pero era directa, cosa que no todo el mundo es capaz de ser.
Y eso fue lo que paso…
¿Qué diablos la pasaba? Abrió los ojos y éstos solo expresaban duda con un ligero toque de molestia. Pero eso ahora no importaba, decidió dejar las cosas así y no pensar más en aquello. Se dejó caer en su cama, ahora solo quería descansar y olvidarse de todo. Al fin y al cabo, últimamente había experimentado demasiadas emociones juntas…
Bien esto es todo, ahora quiero aclarar que el verdadero de nombre de Evangelyne es Izumi, solo que se lo cambió para no levantar sospechas y para pasar desapercibida ante todos y sí, ella ayudará a resolver el caso de Goenji, pero no les quiero adelantar mucho, así que ahora les dejo las preguntas:
-¿Pasará algo durante la búsqueda de Goenji?
-¿Eva está demasiado limitada? ¿Le pasará algo durante su recorrido por la isla?
-¿Hikari se unirá al Raimon sin levantar sospechas? ¿Cómo lo logrará?
-¿Hiroto/Guran se toma demasiado en serio el puesto de capitán?
Bueno, sin más que decir me despido…Ahh! Y otra cosa, dentro de unos días empezaré de nuevo la escuela (es que ahora me he tomado unas pequeñas vacaciones por la Semana Santa) así que si me tardo en subir, les pido perdón por adelantado y les ruego que me tengan un poco de paciencia (ya seben como es la escuela ) Y ahora me despido
Bye.
