Hola a todos, antes de nada quería pediros disculpas por no subir antes, pero es que como bien sabe Arlette-chan; se me complicó la semana y no pude actualizar antes. Bueno, solo me queda decirles que subiré un capi cada semana, si es posible dos. Quería agradecerle a Arlette-chan, más conocida como Princessfic la ayuda para la escena de Burn y Guran (me diste una gran idea amiga ^^) y quiero agradecerles a ustedes por tenerme tanta paciencia XD Bien, también quiero aclarar que en este capi, me centraré más en Hikari, en como se unio al Raimon. También puse una escena que supongo que todos conocemos y que en algún momento nos conmovió. Jajajaja sin más que decir, os dejo con el cap XD
Capítulo 4
Hikari se encontraba sentada en la segunda fila de las gradas, observaba despreocupadamente como "sus futuros compañeros" volvían a sus respectivas posiciones en el campo de juego.
Estaba satisfecha, sabía perfectamente que había conseguido impresionar a los jugadores de ese equipo que solo entorpecían los planes de "padre". Sin embargo, no comprendía como esos inútiles habían conseguido derrotar al Tormenta de Géminis. Ya se había llevado una mala impresión de esos chicos al notar que no habían logrado descifrar una jugada tan sencilla como la de la S. Oumihara, menos mal que apareció ella, porque si no, abrían caído frente a un equipo mucho peor que el suyo; por no hablar de sus patéticos movimientos y estrategias en el partido. Aún les quedaba mucho que aprender y con ese nivel, nunca llegarían a nada.
"¿Y pretenden hacerle frente al Génesis de esa manera?" Se decía la chica. Eran patéticos. Pero tenía aguantarse, debía hallar la manera de convivir con ellos, entrenar con ellos, aguantar sus estupideces y lo peor de todo, esconder todo su poder, poder que había adquirido en los entrenamientos de la Academia Alius, todo ese poder que su cuerpo concentraba y que; solo para ganarse la confianza de unos estúpidos mocosos, tendría que esconder. Pero las órdenes de su capitán eran claras, así que no tenía otra opción, no podía fallar.
Estaba a un paso de conseguir su objetivo y lograr infiltrarse en el Raimon. Su misión ara simple, primero tendría que ganarse la confianza de esos chicos y después informar a Guran de todo lo que ocurriese dentro del equipo; sus avances, jugadas…Todo. Pero para ello, primero tendría que hablar seriamente con la entrenadora Hitomiko; y cuando digo "hablar", me refiero a contarle unas cuantas mentirijillas a esa mujer. Hikari la conocía y había estado al tanto de lo que pasó hace un día con el capitán del Equipo Prominence/Prominencia, así que intuía que esa mujer no se andaría con rodeos, no toleraría otra mentira como esa.
Pero la pelinegra no le daba mucha importancia a eso, ya tenía una buena cuartada, así que si las cosas salían como ella planeaba, no habría ningún problema.
Desvió su mirada hacia esa mujer, parecía pensativa. Hitomiko la había reconocido, eso estaba claro. Así que ahora debía estar intentando averiguar la razón por la cual Hikari se encontraba en esos momentos ahí, en frente de ella. ¿Qué era lo que tramaba? Se decía la mujer un tanto confusa.
La pelinegra cogió su teléfono, era rojo, y le mandó un mensaje a su capitán. Tardó unos segundos, y cuando acabó, guardó el pequeño artefacto en su bolsillo para después encontrarse cara a cara con una castaña de mirada molesta. Debía ser una de las gerentes del Raimon.
Hitomiko mantenía su vista en el campo, Haruna y Aki también lo hacían aunque tampoco se fijó mucho en eso. La mujer divagaba en su subconsciente intentando encontrar una respuesta al único enigma que invadía su mente ahora mismo. La cuestión era simple, cierta pelinegra no debería estar ahí, o mejor dicho ¿Qué diablos hacía Hikari ahí?
La mujer conocía a esa chica, bastante bien a decir verdad. Tal vez porque los pasados de esas dos estaban ligados a una sola persona, la responsable de todo, la causante de todo el daño y los problemas provocados a escala mundial, o por lo menos era lo que esa persona planeaba y los del equipo Raimon intentaban evitar. Y esa persona, era "Padre". Hikari era otra marioneta más, un simple peón en todo este juego. Otra pieza clave que junto a los demás niños inocentes del Sun Garden, formaban parte de toda esta locura. La Academia Alius. Y lo sabía muy bien.
Hacía tiempo que Hitomiko no la veía, concretamente desde que huyó para plantarle cara a "padre" ser parte del Raimon en calidad de sabía qué había sido de los demás niños. Pero en cierto modo, se alegraba de encontrarse otra vez con Hikari aunque hubiera deseado que hubiera sido en otras circunstancias. Ahora se replanteaba seriamente el motivo por el cual la pelinegra se encontraba allí. Podría buscarse un buen lío por acercarse al enemigo, a no ser que hubiera logrado escapar de "padre". Pero eso no lo sabía, ¿Y si era una trampa? ¿Y si pretendía engañar al equipo como Burn lo había intentado?. No lo sabía, pero desde luego, la mujer no se quedaría con esa duda. Averiguaría lo que Hikari pretendía, eso estaba claro.
Hitomiko giró su vista hacia atrás donde se encontraban las gradas y se encontró con la imagen de una pelinegra enfurecida junto a una castaña molesta. ¿Qué demonios pasaba ahí?
Goenji caminaba despreocupadamente por la isla de Okinawa, no debía llamar la atención, por eso iba encapuchado. Llevaba un balón de fútbol en la mano, símbolo del gran amor que sentía por ese deporte, pero también significaba que aunque se hubiera separado de su equipo, siempre llevaría a sus compañeros en el corazón. Y pronto volvería ellos. Se hizo esa promesa, promesa que cumpliría cuándo su hermana quedara libre de esos monstruos que le chantajeaban.
Pero para eso, tenía que entrenar, era su forma de aliviar su dolor. Él sentía que debía compensar a sus amigos por todo el tiempo perdido, por todo el tiempo que no había estado a su lado, por todos esos partidos en los que no había luchado. Y para ello, necesitaba hacerse más fuerte. Porque Endo y los demás habían mejorado mucho y él no se quedaría atrás. Ahora, había logrado realizar una nueva técnica tras duros entrenamientos, estaba satisfecho, porque sentía que, de alguna manera u otra, conseguía ayudar a Endo, a Kido, a sus compañeros que luchaban valientemente para hacerle frente a la Academia Alius. Y eso, de cierta forma, le aliviaba.
Habían pasado unos minutos desde que comenzó el segundo tiempo. Gracias a Kido, quien había desarrollado nuevas jugadas, el equipo Raimon había conseguido anotar su primer gol. Por fin la suerte les sonreía. Aunque Tachimukai estaba raro, fallaba constantemente. No era capaz de recibir un pase en condiciones ¿Qué diablos le ocurría? Últimamente no lo daba todo en el campo de juego como solía hacerlo antes y eso le preocupaba. Pero no solo a él, sino a todo el equipo. En cuestión de goles, ellos tenían ventaja, pero el partido hasta ahora había sido del equipo rival, y no se podían permitir ni un solo fallo. En este partido, Tachimukai era el punto débil del equipo y lamentablemente, Otomura se había dado cuenta. Porque según él, "el mundo del ritmo es perfecto por la armonía de sus tiempos, si uno solo está a destiempo; el ritmo entero se colapsa…"
Los de la Secundaria Oumihara no se tomaban mal la desventaja, pero Tsunami no es que estuviera muy emocionado. Había aprendido a jugar hace poco, sus amigos le decían que lo hacía muy bien pero él sentía que algo fallaba. Tal vez porque se había dado cuenta de algo, no sabía robar un balón. ¿De qué le servía tener una técnica estupenda, si no sabía lo más básico? Y ese era un error que no podía permitir. Pero todo no iba tan mal, el verdadero partido comenzaba ahora. Hasta Otomura se había dignado a moverse y jugar no solo crenado estrategias, sino participando también. Y eso podría dar la vuelta al marcador, porque el verdadero reto estaba a punto de comenzar. Y esta vez, Kido no lo tendría tan fácil...
Un pequeño niño de unos cinco años, de cabellos castaños rizados y unos profundos ojos azules metalizados. Su rostro era angelical, siempre sonriente. Una sonrisa que sería capaz de mover montañas. Y ese pequeño caminaba animadamente con un flotador en la mano, parecía feliz y sería una locura hacerle daño, verle llorar o asustarse. Un niño al que le gustaba ayudar y aceptar ayuda, simplemente un pequeño ángel, una estrella caída del cielo. Y éste llevaba una camiseta de manga corta naranja con toques amarillos y unos pantalones vaqueros.
Venía con su madre. La verdad es que ese niño se parecía mucho a ella, por que al igual que él, la mujer tenía el cabello algo corto, también castaño y unos ojos azules, era hermosa y bastante joven. Una mujer que quería al niño con locura, como toda madre quiere a su hijo. Ésta traía una mochila azul en las manos, debía ser del niño.
La mujer observaba a su hijo correr.
El castaño estaba feliz, sonriente jugando con el flotador en las manos. Cuando se percató de unos leves ladridos y se acercó al lugar donde provenían esos sonidos, era un pequeño descampado. El niño soltó el flotador que anteriormente llevaba cuando vio que aquellos ladridos provenían de un pequeño cachorro que estaba atrapado entre unos tablones de madera, estos estaban apoyados en una pared metálica.
"¿Cómo se habrá metido ahí?" Pensó el pequeño. Se entristeció al ver esa imagen, no se quedaría de brazos cruzados. Así que corrió a ayudar a ese perrito blanco con manchas negras que ladraba desesperadamente pidiendo ayuda.
Cuando llegó cogió a aquel animal que lo veía con amor y agradecimiento, el castaño le devolvió ese gesto con una sonrisa. La sonrisa más pura y sincera.
Pero esa sonrisa tan cálida y dulce, duró poco. Los tablones se tambalearon, cayeron dos al suelo. Así que el castaño intentó alejarse de allí lo más rápido posible para no hacerse daño con alguno de esos objetos, pero tropezó; calló de espaldas con el perrito en los brazos, se quejó por el duro golpe. Le había dolido. Intentó levantarse pero abrió los ojos descomunalmente cuando vio como un gran tablón de madera caía directo hacia él.
El pequeño quedo en shock, estaba totalmente atemorizado. Todo iba a cámara lenta y en vez de apartarse, el pequeño hundió al perrito en su pecho protegiéndole. Esperando el golpe, deseando que pasara rápido.
La mujer había apartado la vista de su hijo un segundo y cuando se quiso dar cuenta, el pequeño se encontraba presa del pánico frente a unos tablones que, si llegaran a caer sobre él, le causarían un gran daño. Se estremeció al verle, así que fue corriendo hacia el castaño, aunque sabía que no le iba a dar tiempo a impedir que su hijo se lastimara.
-¡Tenma! –Gritó ésta llamando a su hijo mientras corría.
Un pelicrema encapuchado que pasaba por allí se giró al oir el grito desesperado de la mujer, cuando vio como los tablones de madera se aproximaban a aquel niño llamado Tenma. Inmediatamente, sin pensarlo dos veces, arrojo al aire el balón que llevaba en sus manos para después saltar y chutarlo con fuerza.
Un chut que llegó rápido y preciso como una flecha. Un balón que dio de lleno al tablón principal, evitando que cayera sobre Tenma.
Tenma giró su vista, todo había sido tan confuso. Quería comprobar cual era el rostro de aquel que le había salvado, aquel que le había sorprendido con ese fantástico tiro. Encontrándose con la mirada de un chico de ojos marrones achocolatados que le sonrió cálidamente por unos segundos.
El pelicrema estaba satisfecho, no le gustaba ver a ningún niño sufrir, eso nunca. Y mucho menos desde que su hermana Yuka quedó en coma, menos mal que ahora había despertado. Pero no todo iba bien, había personas crueles, personas que le impedían estar con ella, con ella y con sus amigos. Por eso Shuuya Goenji se trasladó a Okinawa. No le quedaba otra que esconderse y esperar a que todo pasara. Pero por lo menos, había hecho algo útil. Sintió la mirada curiosa del niño ceñirse sobre él, le devolvió la mirada. Mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro.
El pequeño sintió como su madre le abrazaba preocupada preguntándole si estaba bien; pero él seguía con la vista fija al lugar donde se encontraba aquel chico, su salvador. Le vio marcharse pero sin antes dedicarle una sonrisa. Después, tomó el balón que le salvó anteriormente y lo miró encontrándose con el dibujo de un rayo en él. Y ese dibujo era un símbolo. Símbolo del Raimon. Lo que el pequeño no sabía, era que dentro de unos años. Él mismo se convertiría en un gran jugador que diera esperanzas a los demás y luchara por lo que es justo. Porque ese niño era Tenma, Tenma Matsukaze.
Hikari frunció el ceño, ¿quién se había creido esa niñata para hablarla así? "Pero esto no quedará así" Pensó la pelinegra mientras sus ojos solo destilaban furia. Sin embargo, después sonrió, una sonrisa se satisfacción. Le había enseñado a esa mocosa que con Hikari Daidouji no se juega.
Natsumi no la conocía, y ella era capaz de muchas cosas. Hikari estaba segura de que, si esa estúpida castaña la conociera no habría sido capaz de hablarla así. Quiso estrangularla, ganas no le faltaban. Hubiera deseado tener un balón en sus manos en esos momentos para estrellarlo contra la engreída cara de Natsumi hace unos momentos. Ni si quiera sabía por qué no lo había hacho, tal vez porque Hitomiko se interpuso…
Una castaña subió hasta la segunda fila de las gradas de la , justo donde Hikari se encontraba en esos momentos. La pelinegra terminó de enviar un mensaje, guardó su móvil cuando se percató de la molesta mirada de Natsumi. Ella solo la devolvió la mirada esperando impaciente. No le gustaba esperar, y si Natsumi había venido hasta allí era por algo.
-¿Qué quieres? –Preguntó Hikari fría y cortante, no le gustaba que la miraran de esa forma y Natsumi, no es que la mirara de la mejor de las maneras.
-¿Quién eres? –Preguntó Natsumi eludiendo la pregunta con aires de superioridad, pero no dejó a la pelinegra contestar.- ¿Se puede saber quién te ha dado permiso para adentrarte en el campo? Porque, que yo sepa, está prohibido que alguien irrumpa en el campo de juego justo en mitad de un partido, y mucho menos cuando no eres jugadora.
Hikari frunció el ceño, se levantó de su asiento echando chispas. No permitiría que esa niña de papá la hablara de esa manera. La miró con repugnancia. Una mirada llena de enojo y seriedad.
-¿Y se puede saber quién te ha dado a ti el mando? –Respondió Hikari enojada, intimidándola con la mirada- No eres la entrenadora, y mucho menos la capitana. Así que me pregunto, ¿qué maldita autoridad tienes tú para decirme eso?
Natsumi se quedó de piedra, nunca antes la habían plantado cara. Se quedó totalmente pálida.
-Mira niñata –Continuó Hikari- No eres nadie, así que vuelve a tu asiento y déjame tranquila. No me gustaría hacerte daño y no quiero tener problemas, así que –Estaba a punto de acabar la frase, pero fue interrumpida.
-Hacerme daño, ¿Quién? ¿Tú? –Dijo la castaña burlona, no se dejaría pisotear.
Hikari apretó los puños, la había interrumpido. Odiaba que la interrumpiesen. Dio un paso, plantó los pies en el suelo mientras sus ojos color plata obtenían un ligero carmín para transformarse en unos bellos orbes escarlata. Unos orbes hermosos, pero a la vez llenos de furia.
Natsumi se horrorizó, su mirada expresaba temor. Nunca antes había visto a alguien enfureciéndose de esa manera. Tal vez no debió decirle nada a aquella chica. La castaña bajó la mirada dando un paso atrás a lo que Hikari se carcajeó en silencio.
-Ahora no eres tan valiente ¿verdad? –Dijo la pelinegra en un tono de burla. Sonrió de lado sin apartar la mirada de la castaña quien solo se sentía intimidada. Dio un paso firme, quería observar más de cerca como Natsumi era humillada en su propio juego. Iba hablar, pero una voz femenina y severa se lo impidió.
-Basta –Dijo esa misma voz. Las dos chicas se sorprendieron antes de observar como el rostro severo de la entrenadora Hitomiko se ceñía sobre ellas. Natsumi solo volvió a bajar la mirada avergonzada cuando Hikari mantenía la mirada firme mientras sus ojos volvían a adquirir ese hermoso color plata mercurioso que siempre habían tenido.
La entrenadora se acercó a las dos jóvenes, las miró a ambas antes de hablar- Natsumi, vuelve con Aki y Haruna.
-Pero…-Natsumi iba a replicar, pero la mujer se lo impidió.
-Es una orden –La entrenadora solo dijo eso mientras Natsumi gruñó para luego alejarse indignada, y eso le hizo mucha gracia a Hikari. Cuando la castaña llegó a su lugar se cruzó de brazos mientras sus dos amigas no entendían lo que pasaba.
Hitomiko miró por los alrededores, no había nadie que las oyera porque las gradas estaban vacías y los únicos que estaban presentes se concentraban en el partido. Pero aun así, quería hablar con la pelinegra, en un lugar más privado.
-Ha pasado mucho tiempo Hikari –Mencionó la entrenadora.
-Dos años para ser exactos –respondió la pelinegra sonriendo levemente, aunque no lo admitiera, estaba feliz de ver a esa mujer de nuevo. A veces, deseaba que todo fuera como antes.
-Hikari –Hitomiko hizo una leve pausa- Quiero hablar contigo, pero en un lugar menos público.
-Está bien –Dijo Hikari despreocupadamente. Acto seguido comenzaron a caminar, Hitomiko necesitaba respuestas.
Hitomiko y Hikari se encontraban alejadas del resto, en una de las cabañas de aquel recinto escolar en la que se suponía que se encontraba una clase. Había llegado el momento. La pelinegra tendría que dar muchas explicaciones, y la mitad de ellas falsas.
Nos encontramos en una base. Base de la Academia Alius. En una sala oscura, iluminada por solo dos luces. Una blanca y otra roja. Y esas dos luminosas estelas situaban dos pilares mientras iluminaban las siluetas de dos chicos, las siluetas de Guran y a Burn. Dos capitanes de dos de los equipos de rango superior de la Academia Alius. El pelirrojo de ojos verdes estaba enfurecido, miraba molesto a su compañero quien solo le aguantaba la mirada. Guran se cansó, hasta que decidió hablar, palabras que darían inicio a una pequeña disputa.
-Lo que hiciste ayer fue una estupidez Burn –Exclamó Guran en tono severo.
El capitán del Prominencia/Prominence frunció el ceño, pero eso no le impedía responder. Su rostro adquirió una sonrisa burlona, se carcajeó casi en voz alta, cosa que al de ojos verdes no le hizo ninguna gracia.
-Ohh vamos, ¿acaso me dirás que no fue divertido? –La sonrisa del de ojos ámbar se ensanchó levemente- Solo quería conocer a ese tal Endo del que tanto hablas –Guran solo le miró desafiante- Además, tu mismo dijiste que era un tipo bastante…Peculiar, ¿esa era la palabra, no?
-Me da igual, hiciste las cosas sin consultar –El de ojos verdes frunció el ceño- Sabes cuales son las reglas. Y no tenías ningún derecho a desobedecerlas y mucho menos a intentar engañar al enemigo.
-¿Y me hablas tú de engañar? –Replicó Burn- Que yo sepa, hace poco has mandado a tu amiguita Vindemiatrix a recopilar información –Hizo una leve pausa- ¿Y eso no es engañar?
-Lo que yo haga es asunto mío, además eso ya está aprobado a sí que no tengo que darte explicaciones –Dijo en un tono cortante el capitán del Génesis.
Burn se volvió a carcajear. Y esta vez, dejó un poco sorprendido a su compañero.
-Últimamente estás bastante serio Guran, ¿por qué no te olvidas ya de lo de Izumi? Asúmelo, se fue. –Esta vez, se pudo observar una mirada llena de rencor por parte del de ojos verdes- Pasa página, porque los demás no tenemos que pagar tus ataques de furia.
Hiroto no podía más, esta vez sí que se había pasado. Miró a Burn, esta vez parecía que hablaba totalmente en serio. El que su hermana le abandonara era un tema que nadie le debía recordar, absolutamente nadie. Porque aunque quisiera hacerse el duro, le dolía. Tenía sentimientos, era una persona. Sintió una punzada en su pecho al oir esas crueles palabras. Y pensar que tan solo hace unos meses ella estaba a su lado…Se entristeció al recordar eso, sus ojos comenzaban a cristalizarse pero no le daría a Burn la satisfacción de verle humillado. Eso nunca. Así que el capitán del Génesis levantó la mirada, una mirada firme. Sintió como la furia se apoderaba de él, un sentimiento que no cesaría tan rápido.
-Escúchame bien Burn, porque solo lo diré una vez –Cogió aire- Nunca vuelvas a mencionar el tema de Spica.
Burn se sorprendió, Guran ni si quiera llamó a su hermana por su verdadero nombre. La llamó Spica, nombre que la joven rubia ojirosa usaba cuando era la sub-capitana de Génesis, cargo que perdió cuando traicionó a todos huyendo, resignándose a cumplir la voluntad de Padre.
-No quiero que me vuelvas a sacar ese tema –Continuó Guran- Porque si tú, o alguien más vuelve recordármelo lo pagará caro. Y me encargaré personalmente de eso –Su voz sonó firme, voz que el pelirrojo se resignó a aparentar, porque en realidad se sentía destrozado, sin fuerzas.
Burn lo miró con enojo. Entendía perfectamente que se había pasado al mencionar eso. Pero nadie, absolutamente NADIE le amenazaba.
-Te has vuelto un amargado…-Mencionó Burn. Se acabó. Guran explotó, iba a hablar. No, estaba a punto de cometer una locura pero algo se lo impidió. En ese momento, una estela azul se iluminó.
Era Gazelle, acababa de llegar. El capitán del Polvo de Diamante/Diamond presentaba un rostro de molestia. Al parecer, había estado al tanto de la "conversación", si es que se podía llamar así.
-Burn, los temas emocionales –El recién llegado hizo una leve pausa- No deben ser mencionados y menos reclamados en estas circunstancias.
-Vamos Gazelle, no iba en serio –Se excusó el mencionado con tono arrogante.
Pero Gazelle le ignoró totalmente y continuó hablando- Tenemos una misión, los del Raimon lograron derrotar al Tormenta de Géminis y pronto los del Épsilon se enfrentarán a ellos –Su voz sonó fría como el mismo hielo- Esos chicos se hacen más fuetes cada día y no podemos permitir ni un error –Burn le devolvió la mirada- Los temas personales no deben influir en nuestro fútbol, y mucho menos en nuestra forma de actuar.
El capitán del Géminis se cansó, no quería seguir escuchando más. Esta vez, Burn se había salvado pero si tropezaba dos veces con la misma piedra, Gazelle no estaría allí para salvarle el pellejo. Esta vez lo dejaría pasar, no quería tener más problemas. Así que miró a sus dos compañeros para después marcharse. Simplemente, desapareció.
Hikari se sentó sobre la mesa de uno de los pupitres, esperaba impaciente a que la entrenadora se dignara a hablarla, cuando el momento llegó al fin. Las dos se miraban fijamente intentando leer la mente de la otra, aguantándose la mirada sin dar señales de debilidad. Hikari asintió al ver la mirada de Hitomiko quien solo la analizaba, indicando que la mujer podía preguntar. Porque ella la respondería.
-Hikari, ¿A qué has venido? –Pronunció la entrenadora preocupada, no era habitual que una miembro del Génesis se presentara ante ella, podría buscarse un gran lío pero debía tener una buena razón.
La pelinegra bajó la mirada, sus ojos se entristecieron mostrando una profunda nostalgia en ellos- He venido a… –La verdad es que le costaba bastante pronunciar estas palabras, pero tenía que hacerlo- Pedirte ayuda –Pronunció finalmente. Hitomiko solo abrió los ojos de par en par, no se esperaba una respuesta como esa. Y mucho menos de Hikari, una chica que desde pequeña había rechazado la ayuda de los demás, porque ella pensaba que podía hacer las cosas sola y sabía cuidar de sí misma.
-¿Ayuda? –Dijo acercándose a la muchacha- ¿Qué ha pasado?
Hikari solo se quedó en silencio, su rostro expresaba dolor.
-Hikari Daidouji –Llamó la mujer- dime ahora mismo qué ha pasado –Exijió saber.
-Me he escapado…-Pronunció la pelinegra casi en susurro. Un leve susurro que la entrenadora logró oir. Ésta estaba desconcertada, ¿Cómo había sido eso posible? No, no podía ser. Era una vil mentira.
-Mientes –La voz de la entrenadora sonó dura y severa. Hikari solo levantó la mirada mientras sus ojos se cristalizaban.
-Si fuera mentira, no estaría aquí, pidiéndote ayuda Hitmiko –Dijo muy segura de sus palabras- Y lo sabes.
Hitomiko dudó por unos segundos, ¿Y si decía la verdad? ¿Y si aquella pelinegra había logrado escapar? Sus ojos se llenaron de dudas y a la vez de ternura. Miró a la pelinegra y recordó cuando ésta era niña. La pequeña Hikari. Y entonces comprendió que si no fuera verdad, Hikari nunca se hubiera rebajado pedirle ayuda. O como la pelinegra diría, a humillarse de esa manera. La mujer comprendió esto cuando vio una solitaria lágrima recorrer el rostro de la joven, mientras ésta solo le sostenía la mirada sin avergonzarse. Miró a Hitomiko esperando una respuesta, impaciente, no soportaba esperar. Cuando Hitomiko se dignó a hablar.
-Te unirás al equipo –Dijo finalmente- Pero nadie debe saber quién eres, y mucho menos quién soy yo –hizo una leve pausa- Escúchame Hikari, es muy importante que recuerdes eso, las cosas se podrían poner bastante feas, quiero que las cosas se calmen un poco antes de decirles la verdad a los chicos ¿entendido?
Hikari solo sonrió, para después asentir. La entrenadora extendió los brazos y Hikari la abrazó. Un abrazo con algo de ternura para la entrenadora. Aunque para Hikari, solo era parte de su mentira. La chica sonrió de medio lado, lo había conseguido. Ya estaba dentro, la verdad es que no había sido tan difícil, la entrenadora se lo había tragado todo. Pobre mujer, pensó la pelinegra. Debía haber estado más atenta, parecía mentira que no la conociera, Hikari había aprendido a no llorar por muy mal que fueran las cosas. No había llorado desde hace mucho tiempo por y eso no cambiaría ahora. Pero Hitomiko había sido tan ingenua, no había tenido en cuenta ese detalle y eso le había costado meterse justamente en la boca del lobo. Después de todo, a Hikari nunca se le había dado mal lo de actuar, sonrió con malicia antes de que la entrenadora la soltara. La mujer se había tragado toda esa escenita sentimental, que estúpida.
Hikari abrió los ojos mientras su sonrisa cesó, cruzó una mirada con la entrenadora. Era hora de volver al campo, aún no había acabado el partido y así. Hikari analizaría más detalladamente a sus "amigos".
Bien, espero que os haya gustado, en mi opinion, no es el mejor cap que he escrito PERO OS LO COMPENSARE y os diré que la continuación del Raimon vs Secundaria Oumihara estará para el siguiente cap y además me centraré más en Izumi/Eva jejeje habrá muchas sorpresas
Pero como ya les dije, para este me centré más en Hikari XD
Ahora les dejaré con las preguntas:
-¿Qué os pareció la discursión entre Natsumi y Hikari? ¿Qué opináis sobre Hikari? ¿ Pensáis que es mala?
-¿Y la escena de Burn y Hiroto, os gustó?
-¿Os pareció bien que añadiera la escena de Tenma? ¿Os esperabais eso?
-¿La entrenadora es demasiado ingenua? ¿Descubrirá la verdad sobre los planes de Hikari?
-¿Os gustó el capi?¿Qué os pareció?
-¿Me dejan un review?
-¿Hago demasiadas preguntas?
Ahora, sin más que decir, me despido.
Saludos, besos y cuídense :)
