HOLAAAA, bueno, sinto no haber podido subir antes y las explicaciones están abajo pero espero que con 8.928 palabritas me perdonen ^^ La verdad es que me costó mucho escribir este capi y para ello recibí alguna ayudita por parte de Arlette-chan
Así que no me entretendré mucho y les dejaré con el capi de una vez, ya que no tengo mucho tiempo :)
Capítulo 5
En el campo de entrenamiento de la base de la Academia Alius, entrenaba un pelirrojo de ojos ámbar. Se podía observar como varios balones desgastados se encontraban dentro de la portería, a milímetros de la red; al parecer, Burn los había usado antes para descargar toda la furia acumulada dentro de él.
El capitán del equipo Prominencia/Prominence entrenaba duramente, pero no solo eso, se desahogaba. Así es, lo ocurrido hace unas horas le había dejado con mal cuerpo. El solo hecho de recordar como Guran le había hablado…
Gruñó, detestaba que ese idiota le hablara así solo porque estuviera cabreado. "Si tiene problemas, que se aguante. Los demás no tenemos porqué pagar sus estupideces" Se quejó en su mente el oji-ámbar.
Tenía que reconocer que se había pasado un poco al recordarle a Hiroto, mejor dicho, a Guran cómo su hermana se había ido traicionando a todos. Aquella rubia solo había causado problemas aún habiéndose ido; ella era la sub-capitana de Génesis, tenía responsabilidades pero las había eludido todas. Al parecer nunca le importó nadie, pensó el chico.
Izumi, o como muchos la llamaban Spica, se había marchado con la estúpida idea en mente de que lo que Padre hacía estaba mal, que solo utilizaba el fútbol para causar dolor y sufrimiento. Por eso se había ido, para, según ella, no seguir formando parte de la pesadilla que la Academmia Alius era.
Y con eso en mente, la muy traidora abandonó a sus amigos, a su hermano Hiroto. Y eso es lo que hacía que el capitán de Génesis estuviera tan rabioso e insoportable. ¿Por qué diablos Hiroto no se había ido con ella? Por lo que se había enterado, la rubia se lo había propuesto. Pero al parecer por alguna extraña razón, no lo había hecho. No era culpa de los demás que Hiroto hubiera preferido a Padre antes que a su hermana, había tenido la oportunidad de elegir en su momento y, si había elegido mal y ahora se arrepentía de lo sucedido, los demás no tenían que pagar por eso. Porque parece, que desde que eso sucedió, el pelirrojo estallaba en rabietas con los demás cada dos por tres. Y lo peor de todo es que a pesar de aquello, seguía siendo el favorito de "Padre". Solo por el estúpido hecho de que se parecía a su hijo fallecido.
Pero es que Burn no consentiría que le traten así, los demás puede que sí se dejaran solo por el hecho de sentir lástima por Hiroto. Pero él no se dejaría pisotear y mucho menos intimidar por el pelirrojo. Por muy amigos que hayan sido de niños, el de ojos ámbar no tenía porqué pagar los ataques de furia de su compañero.
Recordó por unos instantes las palabras dichas por Guran hace unas horas:
-No quiero que me vuelvas a mencionar ese tema –Dijo Guran muy seguro de sus palabras- Porque si tú, o alguien más vuelve recordármelo lo pagará caro. Y me encargaré personalmente de eso –Su voz sonó firme, un tanto amenazante.
Sientió como la furia ardía en su pecho. Nadie, absolutamente NADIE amenazaba a Haruya Nagumo, a Burn. Y si alguien se atrevía a hacerlo, ten por seguro que esa persona lo pagará caro. El oji-ámbar se carcajeó mientras fruncía el ceño en signo de arrogancia. Por ahora, dejaría las cosas así, pero algún día le demostraría a Gurán que él era mucho mejor, y no solo a él, también a Gazelle, a Padre. Les demostraría a todos que él era el verdadero merecedor del título de Génesis, y no esos estúpidos del equipo Gaia, como llamaban antes al equipo de Guran. Porque él era el más fuerte y nadie se metía con él.
Pero todo a su debido tiempo, ahora debía desatar toda la furia colmada en su interior y para ello utlilizaba el fútbol, era su forma de relajarse y olvidarse de todos los problemas. Elevó con su pie derecho levemente el balón, para luego chutarlo fuertemente hacia arriba y saltar listo para realizar su técnica Destello Atómico/Llamarada Atómica.
Pasaron unos segundos, y al finalizar la técnica, Burn pudo observar como el balón había calcinado las redes de la portería y eso, le gustó al chico. Al parecer era cierto que la furia conseguía desatar la verdadera fuerza de las personas. Ahora se sentía mucho más relajado y tranquilo. Después de varias horas de duros entrenamientos se sentía satisfecho al fin.
Oyó como una leve carcajada recorrió toda la sala, reconoció la voz de donde provenía ese escalofriante sonido. Era Gazelle.
"A lo mejor ha venido a molestarme un rato" Pensó Burn de mala gana. El pelirrojo giró su vista hacia la puerta del campo de entrenamiento donde Gazelle se acercaba despreocupadamente a él.
El de ojos color hielo se paró hasta quedar justo en frente del capitán del Prominencia/Prominence, se podía notar como una sonrisa burlona invadía la comisura de sus labios. Burn solo se molestó ante eso, ¿a qué demonios había venido ahora?
-¿Qué quieres Gazelle? –Preguntó el pelirrojo de ojos ámbar con un tono molesto.
-Valla, qué amable estás hoy Burn –Respondió tranquilamente- Parece que la charla de antes no te ha sentado muy bien –El peirrojo solo frunció el ceño ante ese comentario ¿Quién se había creido el peliblanco?
-¿Te crees muy gracioso, verdad? –Dijo carcajeándose, una carcajada llevan de rencor.
-No, la verdad es que no –Dijo en tono divertido y desafiante el capitán del Polvo de Diamante/Diamond.
-Pues entonces guárdate esos comentarios absurdos y déjame en paz.
-Menudos humos –dijo el Gazelle burlón para luego ponerse serio- En vez de hablarme así, deberías agradecer que te salvara el pellejo durante tu interesante conversación con Guran.
-¿Agradecerte? Vamos Gazelle, no seas absurdo –Respondió el pelirrojo divertido. Eso le había parecido gracioso en cierto modo- No necesitaba tu ayuda. Además, ¿creías que Guran me iba a hecer algo? Por favor…-Resopló divertido y a la vez con aires de grandeza.
-Pues no parecía que fuera muy bien la cosa –Respondió el peliblanco molesto ante la actitud de su compañero. Odiaba cuando Burn se ponía en plan orgulloso- Admítelo Burn, si no hubiera aparecido para salvarte el trasero, ahora tendrías serios problemas y lo sabes.
-Me las hubiera arreglado yo solo –Pronunció molesto- Y que te quede clara una cosa Gazelle –Hizo una leve pausa- Yo no necesito ayuda de nadie –Dijo firme y esta vez serio.
-Está bien, piensa lo que quieras…-Dijo Gazelle dándose la vuelta para irse del lugar.
Pasaron unos minutos, Burn volvió a tomar un balón y lo dejó entre sus pies. Se quedó pensando en lo dicho por Gazelle anteriormente. Sonrió con arrogancia, porque Gazelle había venido buscando un "gracias" que nunca recibió. Parece mentira que no conociera al ojiambar, porque Haruya Nagumo era muy orgulloso y no reconocería haber necesitado ayuda ni si quiera ante él mismo. Porque él podía arreglárselas solo, sin ayuda de nadie. Otra vez sintió como el enojo volvía a su cuerpo. Justo cuando había logrado olvidarse de todo un poco, aparecía ese estúpido de Gazelle a arruinarle su momento de paz.
Esta vez unos firmes pasos se ceñían sobre el campo de juego a unos cuantos metros detrás de él.
"¿Otra vez él?" Pensó Burn molesto creyendo que Gazelle volvía a la carga listo para restregarle sus fallos otra vez. Pero no le dejaría hacer eso. Esta vez no.
Oyó como esos mismos pasos se hacían cada vez más fuetes así que chutó fuertemente el balón hacia arriba para luego rematar con fuerza contra la persona que se dirigía hacia él. Se podía observar como algunos destellos de fuego rodeaban al balón, quien se dirigía con fuerza a…
"Venere" Pensó Burn incrédulo al ver como una hermosa joven de cabellos violetas con algunos destellos plateados saltaba y paraba ese tiro para después caer con elegancia al suelo con el balón entre los pies.
Burn se quedó observándola detenidamente. Aquella chica era Venere, una de las mejores delanteras que el equipo Prominencia/Prominence ha tenido siempre. La chica era bastante guapa, y eso saltaba a la vista de todos. Su larga melena violeta con destellos plateados contrastaba a la perfección con sus extraños ojos opacos y su piel algo bronceada. Era de alta llegando a medir 1,66, y estaba algo desarrollada.
El pelirrojo sonrió con algo de carmín en sus mejillas al ver a su compañera. Se había sorprendido mucho al verla y aunque había intentado dañarla sin saber que era ella, se alegraba de recibir su visita. Se giró intentando ocultar el sonrojo, mientras que la pelivioleta se acercaba a él manipulando el balón lentamente y con elegancia.
La chica se paró a unos centímetros de él, a su lado. Sonrió con arrogancia antes de devolverle el balón con un pequeño y suave pase. El chico lo recibió y se giró de nuevo para mirar a los ojos a su compañera, puede que le haya agradado su visita pero aún no sabía el motivo por el cual Venere no estaba entrenando con el resto del equipo en el simulador.
Así era, la base estaba dotada con las mejores instalaciones tecnológicas de nuestra era, y una de esas instalaciones era la sala de simulación o el simulador como muchos le llamaban. Aquella sala era un campo de entrenamiento donde los jugadores se sometían a varias pruebas donde se recreaban oponentes casi imposibles de vencer en las más duras circunstancias. Solo los mejores lograban superar esas pruebas y salir de allí sin un solo rasguño.
Pero no nos entretendremos en eso, el caso es que el equipo Prominencia/Prominence a estas horas debía estar entrenando allí. Al igual que Venere debería estar entrenando, pensó algo molesto el oji-ámbar. Después de todo, era el capitán y tenía que asegurarse de que sus jugadores cumplían con las órdenes impartidas.
-No deberías estar aquí Venere –Dijo algo arrogante y a la vez serio el chico.
-Y tú tampoco –Dijo en el mismo tono la chica para luego sonreír de lado dejando sin argumentos a su capitán- Los demás estaban preocupados por ti, inteligente. Por no hablar de que nuestro querido Nikko, está que echa chispas.
El pelirrojo resopló mientras se cruzaba de brazos en señal de desinterés. Era verdad, al igual que ella, él también debería estar en el simulador. Detestaba cuando los demás tenían razón…
-Vamos Burn –Comenzó a hablar la chica otra vez- No me digas que sigues molesto por lo de Hiroto, ¿o debería decir Guran? –Dijo en tono burlón. El oji-ámbar se sorprendió ante lo dicho, ¿Cómo demonios sabía Venere lo que había pasado? ¿Es que ya lo sabía toda la base o qué? Bah, da igual, pensó el chico para no darle importancia y contestar a la pelivioleta.
-Si vienes a molestarme como Gazelle, será mejor que te largues –Dijo éste enderezándose.
-No vengo a molestarte, idiota –Hizo una leve pausa- Además, yo también creo que Guran está insoportable desde que su "querida hermanita" –dijo con sarcasmo esas últimas palabras – le abandonó.
Burn sonrió, Venere siempre había sido su amiga y le había apoyado. Él y ella solos contra el mundo. Además, todos le decían que la chica era igual a él en personalidad. Los dos iguales en arrogancia y aires de superioridad, pero aunque parecieran insoportables, los dos eran buenas personas a pesar de sus complicadas personalidades. Burn agitó por unos segundos el balón con los pies, jugando tranquilamente, lo que hizo que la chica frunciera el ceño. Esa pelivioleta odiaba que no la prestaran atención, y mucho más que no la contestaran. Encima que había venido a ver si ese idiota estaba bien, porque, aunque no lo admitiera, se preocupaba por su capitán; porque era su amigo, aunque la chica deseaba que fuera algo más. Pero al parecer, Burn estaba tan concentrado en él mismo que no notaba la preocupación de la chica, y eso la hizo enojar. Pues muy bien, se dijo ella antes de girar con resignación lista para irse.
Venere comenzó a caminar indignada cuando notó como una mano la cogía de la muñeca. Porque el chico, con un movimiento ágil, aprovechó para detenerla y tirar de ella hacia él. La chica chocó contra su pecho cuando levantó la mirada encontrándose con esos preciosos ojos ámbar que ahora habían obtenido un brillo burlón y travieso; y sin poder evitarlo, se sonrojó. Los dos estaban tan cerca que podían sentir las respiraciones el uno del otro. Burn sonrió de lado antes de pronunciar un "gracias". Y ante eso, la chica se sorprendió dado que su compañero era demasiado orgulloso como para pronunciar esa palabra. Porque la pelivioleta, desconocía hasta ahora que esa palabra existía en el diccionario de su compañero.
Hikari camina justo al lado de la entrenadora, aprovechó para ponerse sus gafas de sol ya que en esta isla, el sol penetraba demasiado a estas horas y la chica, no quería ver dañados sus ojos. Porque aquellos orbes, eran demasiado sensibles al contacto con la luz solar.
Hitomiko desvió por unos momentos la vista hacia la joven para después mirar al frente de nuevo. Una absurda idea recorrió la mente de la mujer en aquellos instantes. Más que una idea, se podría decir que era un simple hecho. Hitomiko llevaba más de dos años alejada del Sun Garden, de los niños que residían allí, de "Padre", de todos. Es por eso que estaba preocupada, era lógico que sintiera curiosidad. Necesitaba saber que había sido de la vida de todos, suerte que a su lado se encontraba la persona idónea para informarle de esos asuntos. Sonrió levemente mientras volvía a desviar la vista hacia la pelinegra, la diferencia era que esta vez no apartó la mirada en ningún momento de ella.
Hikari se dio cuenta de ello, así que también concentró su mirada en la mujer, esperando el porqué de esa mirada dudosa por parte de la entrenadora.
-¿Qué ocurre? –Preguntó la pelinegra esperando un explicación.
La mujer volvió a sonreir para luego, con un elegante movimiento de manos, acomodarse el cabello. Hikari rodó con los ojos divertida aunque la entrenadora no pudo apreciar ese gesto por las gafas de la chica.
"Sigue haciendo ese gesto con su cabello" Pensó la pelinegra "Hay cosas que nunca cambian"
-Hikari –Llamó la mujer- ¿Qué ha sido de todos?
-(?) –La chica debía admitir que no se esperaba esa pregunta, ¿qué debía responder exactamente? Se preguntaba- ¿A qué te refieres?
-Hace mucho tiempo que no sé nada de nadie –Hizo una leve pausa- Quería saber cómo están las cosas ahora…-Insinuó la mujer.
-Pues no muy bien –Dijo Hikari en tono cortante, lo que hizo que la mujer la mirara fijamente esperando una explicación ante esas palabras- Desde que Izumi se fue Hiroto…-No pudo acabar la frase debido a que la entrenadora la interrumpió.
-¡¿Qué Izumi se fue?! –Exclamó sorprendida.
La pelinegra asintió- Se escapó hace un año, nadie sabe donde está –Pronunció la pelinegra ocultando parte de la verdad, prefería no mencionar algunas cosas. Y entre ellas, estaba el hecho de que ella misma ayudó a la rubia a escapar- No quería seguir con todo esto. Y eso hizo que Hiroto ahora esté insoportable –Se carcajeó amargamente en voz alta- Pero eso no es lo único, desde que eso ocurrió Ulvida ascendió a la sub-capitanía y "Padre" le otorgó al equipo Gaia el título de Génesis, aunque supongo que ya lo sabes ¿verdad? –Le preguntó Hikari.
-Sí, lo supuse cuando Hiroto y compañía se presentaron en la Secundaria Yokato y jugaron un partido contra mi equipo –Dijo frunciendo el ceño- Y ahora, dentro de poco, mis jugadores se enfrentarán al Épsilon y eso te incluye a ti.
Hikari sonrió con arrogancia- Lo dices como si dudaras de mis dotes, entrenadora –Dijo resaltando la última palabra- Recuerda que yo pertenecía –Y seguía perteneciendo, solo que debía ocultar esa parte de la información, porque si no lo hacía, su plan se iría a pique- a uno de los equipos de rango superior de la Academia Alius –Esta vez cambió su tono a uno más serio- Esos inútiles no tendrán nada que hacer contra tu equipo si me tenéis a mi.
La entrenadora sonrió ante eso. Porque, aunque no le gustaba admitirlo, esa pelinegra tenía razón.
-Pero –Hikari volvió a hablar- quiero dejar claro que el equipo Raimon aún no está capacitado para enfrentarse a un equipo de rango superior Hitomiko –Ante lo dicho, la mujer frunció el ceño- Aún les queda mucho por aprender.
La entrenadora sabía muy bien que lo que la chica decía, era verdad. Le iba a responder, cuando ambas se dieron cuenta de que ya habían llegado al campo de juego. Habían caminado tan sumidas en la conversación que no se habían dado cuenta hasta ahora. Así que decidieron dejar a un lado su entretenida charla y concentrarse en el partido, porque, por lo que ambas veían, los jugadores del equipo Raimon no estaban dando todo lo que podían dar.
"Patético" pensó Hikari, sus afirmaciones eran ciertas. Esos muchachos necesitaban mejorar, porque si no lo hacían, las cosas les irían terriblemente mal.
Y pensar que pronto tendría que trabajar con esos inútiles, y no solo eso también tenía que aguantar a esa estúpida gerente engreída. Hikari no tenía paciencia, eso lo sabían muchos, en especial Izumi; la amiga que siempre estuvo con ella apoyándola a cada segundo, la única que fue capaz de ver a la Hikari dulce y amble que se escondía dentro de las cualidades frías y orgullosas de la pelinegra. Sintió algo de lástima al recordar que no sabía el paradero de su amiga, hacía meses que no hablaban. Unos insoportables meses en los que tuvo que aguantar ya no solo las órdenes del pelirrojo, sino también los estúpidos aires de superioridad de Ulvida. Desde que la habían ascendido a sub-capitana, esa peliazul se las daba de jefa en numerosas ocasiones.
Al menos ahora ya no tenía que aguantar eso, porque estaba muy lejos de Génesis, de sus estúpidos compañeros. Pero lo peor de todo es que ahora tendría que ayudar a unos patéticos mocosos que no tenían ni idea de lo que era el fútbol de verdad. No le gustaba cooperar ¿Es que nadie la entendía? Al parecer no. Pero tampoco podía hacharle la culpa de eso a los demás, después de todo ella tampoco había sido muy específica al dar sus razones. Aunque el grandísimo torpe de Hiroto la conocía muy bien, entonces…¿Por qué rayos la mandó a ella a realizar esta misión? ¿Acaso estaba ciego? ¿O era que le gustaba verla enojar? No lo sabía, pero se encargaría de hacerle esto pagar.
Miró a Hitomiko quien veía el partido con el ceño fruncido. La ojiplata, seguido de esto, dirigió su vista al campo de juego sintiendo como la furia que le invadía se hacía cada vez más fuerte. Ya les había dado una pista para crear una estrategia que les ayudaría a ganar el partido y ellos la habían captado. Estaban teniendo una oportunidad de oro y…¡Por mil demonios! ¡¿Por qué no eran capaces de vencer a sus patéticos rivales?! Maldijo en voz baja mientras se cruzaba brazos pensando en lo que le haría a su maldito capitán cuando le viera. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? ¿Rezar por no arrancarles la cabeza a sus futuros compañeros? No, porque ellos no tenían la culpa de que la hubieran mandado a espiarles. La culpa era de Hiroto. Estaba harta de seguir sus estúpidas órdenes, porque solo le traían problema tras problema. Tal vez la idea de Izumi de huir no hubiera sido tan mala después de todo.
Se arrepentía de no haber huido aún, de no haber cogido sus cosas y alejarse de todos de una vez. Muy en el fondo sabía que lo que más le había dolido a la rubia había sido tener que dejar a su hermano solo, sin nadie que lo vigilara o apoyara. Y aunque le costara admitirlo por su enorme orgullo, a Hikari tampoco le gustaba la idea de dejar a su propio hermano que también estaba enredado en esto. Sonrió amargamente al recordar que Nikko Daidouji, su hermano mayor, también formaba parte de toda esta locura; aunque de una forma menos pública. Aquel pelinegro permanecía en las sombras entrenando a los equipos de rango superior y asegurándose de que se hacían lo bastante fuertes como para cumplir a la perfección la voluntad de "Padre". Ambos eran formaban parte ahora de la oscuridad, una oscuridad de la que era muy difícil escapar.
Pero ella debía mostrarse como una persona fuerte dura e insensible cuando en verdad era alguien muy diferente a eso. Su pregunta era…¿Qué podía hacer ahora? No le quedaba otra que seguir las órdenes de su capitán y esperar a que este plan saliera a la perfección. Porque ahora, tenía que mostrar su otra cara, el rostro de la reina de la oscuridad. Y ese papel le quedaba muy bien.
-La mentira siempre fue mi fuerte –Susurró Hikari dándole una ojeada a Hitomiko- aunque termine dañando a las personas que más quiero.
Caminaba lentamente por los pasillos de aquel hospital recordando lo sucedido. El detective Onigawara había enviado a Izumi, o como se llama ahora, a Evangelyne de vuelta a la ciudad de Inazuma para llevar a cabo otra misión clave que permitiría por fin dar caza a esos monstruos que atormentaban a Shuuya Goenji. Como bien sabía la rubia, aquellos tres insoportables agentes enviados por la Academia Alius, tenían en vigilancia y, aunque nadie se diera cuenta, en retención a la pequeña Yuka amenazando a su hermano con hacerle algo a la niña si éste no se unía a ellos. Por eso, el pelicrema tuvo que huir a Okinawa confiando en que el detective y los demás agentes lograrían sacar a la pequeña de las garras de esos malnacidos. Porque el detective le hizo una promesa, le prometió al chico que su hermana pronto estaría a salvo y que él pronto podría volver con sus amigos y luchar evitar el mal que la Academia Alius estaba causando.
Por eso, la misión era esta vez, liberar a la pequeña y ponerla a salvo en un lugar seguro. Y la encargada de eso era Evangelyne.
La rubia sonrió con amargura antes de acomodarse su gorra evitando que los mechones de su lago cabello se desprendieran de ésta. Porque ahora, ocultaba sus rubios cabellos tras una gorra rosa, recogidos de tal manera que ni un solo pelo se le viese, sin contar su flequillo claro. Unas gafas de sol le cubrían sus orbes rosas recordándole a la joven que no debía ser vista ni reconocida por nadie en este hospital. Porque si alguno de los que trabajaban para el sitio del cual se había escapado la viesen, sería llevada de vuelta al infierno de donde había salido. Y seguro que no volvería a ver la luz del sol en mucho tiempo. Además, recordemos que las paredes de este hospital tienen ojos y era muy peligroso pasear a la vista de todos. Porque los "hombres de negro", como les llamaba ella a aquellos enviados de la Academia Alius, podrían andar por aquí.
La joven se detuvo al pasar por una habitación que tenía la puerta abierta de par en par. Y pudo observar como en el interior de aquella habitación, una pequeña niña pelirroja de unos seis años lloraba desesperadamente sentada en la cama. Aquella niña tenía la tez normal, no muy pálida pero tampoco muy bronceada. Y su cabello pelirrojo estaba algo despeinado, sobretodo en la parte del flequillo de la pequeña. También era portadora de unos grandes orbes azules que ahora se tornaban oscuros por las lágrimas.
Eva no pudo evitar detener su paso al verla, odiaba ver a los niños sufrir, eso era algo muy doloroso.
-¡Quiero ver a mis papás! –Gritaba la pequeña. De repente, algo ocurrió. Millones de recuerdos volvían a la cabeza de la rubia mientras se sobresaltaba al escuchar ese grito.
Se apoyó en la pared antes de que se tocara la frente. Porque en esos instantes, Evangelyne se vio reflejada en aquella niña.
"¿Donde están mis papás?" Esa frase resonaba una y otra vez en la cabeza de la chica. Sintió como su pulso se aceleraba ¿Por qué? Se preguntaba la rubia mientras en su subconsciente divagaban millones de imágenes de su niñez. La respuesta era simple, ella aún no había superado esos oscuros recuerdos que estaban enterrados en su propia alma. Recuerdos gravados como cicatrices que nunca cerrarían aunque ella quisiera. Porque aunque lo que más deseaba era dejar de recordar, no podía. Sus recuerdos estaban ahí aún como heridas abiertas y sangrantes que le murmuraban todo el tiempo de su duro pasado. Tristes susurros que le recordaban todo el daño experimentado.
Una traviesa lágrima se deslizó por su cálida mejilla, pero la chica se resignó a derramar más gotas de agua salada. Prefirió respirar hondo y guardarse sus dolores y temores otra vez en el fondo de su alma, donde debían estar. Se enderezó mostrando un rostro firme y seguro levantándose levemente las gafas para limpiarse el resto de agua que esa delicada lágrima había dejado en su rostro anteriormente. Y no se lo pensó dos veces antes de entrar a aquella habitación.
Sabía perfectamente que no debía hacer esto, estaba retrasando la misión y eso estaba mal. Pero los niños siempre habían sido su debilidad, detestaba verlos sufrir porque ella misma sabía lo que era sufrir brutalmente en tu niñez. Y sabía perfectamente que experimentar ese dolor podía quedar encerrado para siempre en tu corazón. Un simple trauma que ningún niño debía tener.
Caminó lentamente hacia la pequeña quien le miraba asustada y sin saber qué hacer o qué decir. Una dulce sonrisa curvó sus labios mientras se acercaba y le tomaba las manos a la pequeña con una ternura y calidez que conmoverían a cualquiera. Quería decirle a aquella pelirroja de ojos azulados que todo pasaría, que las cosas saldrían bien. Pero Eva cayó en la cuenta de que eso sería una mentira, una cruel mentira que a la joven rubia le habían dicho una vez hace tiempo. No sabía las razones por las cuales esa pequeña niña de seis años lloraba buscando refugio en alguien, pero sabía muy bien que esa pequeña debía aceptar la realidad aunque fuera doloroso. Porque sabía que ese sufrimiento aumentaría si la mentía. Eso era, aceptar la realidad, aceptarla y seguir adelante con el dolor en carne viva siempre. Lo mismo que ella había hecho durante todo este tiempo.
-No llores pequeña, no derrames más lágrimas –Susurró la rubia sonriendo con tristeza- ¿Qué te sucede?
La pequeña la miró con desconfianza, pero luego comprendió que alguien que la hablaba con esa ternura no podía ser alguien malo. Miró a la chica que se encontraba justo en frente de ella, no la conocía pero sintió como una mirada cálida se cernía sobre ella, una mirada llena de un tierno amor maternal. Una dulce mirada que se podía apreciar detrás de las gafas de la joven. La pequeña sintió la felicidad de sentirse querida, pudo ver como la chica que tenía en frente sentía preocupación. Preocupación de verdad. Una sensación que ni siquiera las enfermaras de aquel hospital la habían conseguido transmitir.
La pelirroja soltó las manos de la joven para luego abrazarla y romper a llorar de nuevo. Evangelyne sintió las lágrimas de la niña derramarse contra sus hombros. La niña necesitaba desahogarse y ahora tenía la oportunidad de hacerlo. Y lo hacía refugiándose en aquella rubia que seguía sin mostrar su rostro.
Pero entonces, Eva sintió como la curiosidad volvía de vuelta a su cuerpo junto a la preocupación por la pequeña. Esa pelirroja aún no le había dicho el motivo por el cual se sentía tan triste y lamentablemente, la rubia oji-rosa no podía ayudarla si no sabía la razón. Así que separó a la niña de sus brazos. La pequeña solo bajó la mirada pero Eva la tomó de las mejillas obligándola a mirarla a la cara. Limpió las lágrimas del rostro de la niña delicadamente mientras la miraba con dulzura, la pequeña solo la observaba curiosa y sorprendida.
-¿Ves? Sin lágrimas estás mucho más guapa –Pronunció la oji-rosa burlona, lo que hizo que la niña sonriera levemente- Y dime señorita…-Dijo en un tono divertido esperando oir el nombre de aquella niña, bromeando para que la pequeña pelirroja se sintiera mejor.
-Airi –Dijo la pequeña algo emocionada.
-Airi ¿ehh? –Dijo para luego suspirar y apoyar un dedo en su barbilla en señal de duda- Pues señorita Airi ¿Puedo llamarla así verdad? –Pronuncio la rubia sin cambiar su tono de voz.
La pequeña solo sonrió y asintió divertida.
-¿Me podía explicar la razón por la cual –Dijo exageradamente la rubia haciendo gestos con las manos- una muchachita tan bella como usted lloraba?¿Es que le ha sucedido algo mi bella dama? –Dijo sin cambiar el tono burlón y divertido.
La pequeña miró a la chica por unos instantes. Sintió como sus ojos se volvían a cristalizar mientras la angustia se apoderaba de ella, bajó la mirada. Y Eva no pudo evitar apreciar ese gesto, sentía una punzada en el corazón cada vez que veía a un niño llorar. Un fuerte retortijón recorrió su cuerpo, como si una serpiente del tamaño de un camión estuviese intentando subir por su garganta. Simplemente, se quedó muda al ver la reacción de la niña.
-Mis papás…-Dijo en un leve susurro para luego hablar más claro- Están aquí, en el hospital…-La pequeña Airi derramó una lágrima haciéndo entristecer más a Evangelyne- No me dejan verlos –La oji-rosa sintió como la voz de la pequeña se quebraba por momentos. Pero no, no podía dejar que una personita tan delicada y frágil se sintiera así. Sola. Sin nadie que la ayudara a superar ese sufrimiento. Porque la joven rubia había tenido el apoyo de una persona muy especial para ella en sus momentos de debilidad. Su hermano, el hermano del que se había separado. Y sentía que ahora le tocaba ser a ella el hombro donde llorar, esa persona que te ayuda a salir de la oscuridad. Un apoyo para la pequeña Airi- Tuvieron un accidente cuando yo estaba en la escuela –Continuó la pequeña mientras no hacía más que sollozar- Tengo miedo de quedarme sola…-Esas últimas palabras hicieron que la chica sintiera como una estaca de hielo atravesaba su pecho. ¿Miedo? Se preguntó, el mismo miedo que estaba sintiendo ella. El mismo miedo que intentaba enterrar en el fondo de su alma y no mostrarlo nunca más. Porque la soledad, era lo peor que uno podía sufrir y ella lo sabía mejor que nadie.
Evangelyne se quitó las gafas de sol mostrando esos hermosos orbes rosas que transmitían una ternura que sería capaz de mover montañas. Miró unos segundos a la pequeña y sonrió levemente antes de que se quitara la gorra rosa que llevaba mientras sus rebeldes cabellos rubios caían sobre su espalda. Cerró los ojos un segundo y suspiró buscando en su mente una manera de calmar a la pequeña. Porque, aquella niña necesitaba un apoyo que no podía transmitirse muy bien escondida tras unas gafas y una gorra. Se acercó a la pelirroja y le puso una mano en el hombro mientras que, con la otra, la tomaba del mentón obligándola a levantar la mirada para que viera su rostro.
Airi se quedó sorprendida mirando esos profundos orbes que solo transmitían calma y serenidad. Es hermosa, pensó la niña. Tan hermosa como "ella". Porque por unos momentos vio en Evangelyne el reflejo de su propia madre. La rubia solo la sonrió con más ternura y eso hizo que la niña la abrazara de nuevo fuertemente. Porque vio en aquella joven, que hacía momentos no sabía que existiera siquiera, el reflejo de su madre. Vio en aquellos orbes rosas, un cálido amor maternal.
Evangelyne solo correspondió el abrazo de la pequeña, quien hundía su cabeza en los hombros de la chica. Seguido de esto, se acercó a su oído y en un leve susurro, le pronunció estas palabras:
-Escúchame Airi –Dijo mientras su voz se tornaba llena de dulzura- Tú nunca estarás sola –Ante esas palabras, la niña abrió sus azulados ojos empapados de lágrimas intentando descifrar el enigma que esas tiernas palabras escondían- No puedo decirte que todo saldrá bien, porque, seamos sinceras…No veo el futuro –Dijo mientras Airi se separaba de ella- ¿Tu puedes verlo? –Le preguntó cómicamente mientras alzaba levemente la voz haciendo que la niña solo negara con la cabeza- Entonces no puedo convencerte de algo que no sabemos si va a pasar –Continuó- Pero, ¿sabes una cosa?
La pequeña Airi solo la miró a los ojos un tanto dudosa.
-Hay algo que sí podemos hacer –Dijo mientras reía, haciendo que la pelirroja sintiera curiosidad- Podemos tener fe.
-¿Tener…fe? –Preguntó Airi no muy convencida a lo que la rubia solo asintió con una gran sonrisa.
-Si tienes fe en que tus padres se pondrán bien, todo pasará –Pronunció- Porque el destino es algo que se puede cambiar. Y si de verdad tienes fe y quieres que tus padres se pongan buenos, el destino escuchará tus plegarias.
La pequeña se quedó pensando por unos segundos, había una cosa que sí podía hacer. Tener fe y esperanza. Porque eso era algo que nadie le podía quitar. Nadie la podía privar de tener esperanza. Absolutamente nadie.
Evangelyne se reincorporó, cogió sus cabellos con las manos y los enredó en lo alto de su cabeza como si fuera a peinarlos en un moño. Cogió con la otra mano su gorra y se la colocó encima de éstos otra vez. Airi la miró sorprendida mientras la joven cogía de nuevo sus gafas y se las colocaba. Dispuesta a caminar hacia la puerta, Evangelyne se detuvo al escuchar un "Espera" que provenía de la pequeña. Se giró para observar el delicado rostro de la pelirroja esperando algo.
-¿Ya te vas? –Pronunció Airi, a lo que la rubia solo asintió con la cabeza- Pero no puedes irte, no sé cómo te llamas…
-Con que quieres saber mi nombre ¿Eh? –Preguntó en tono burlón la rubia, a lo que la pequeña asintió con una sonrisa. La primera sonrisa que Eva apreciaba en todo este tiempo que intentaba calmar a la niña. Y se sintió satisfecha de poder apreciar ese gesto. Pero, ¿qué debía responder ahora? No sabía si contestar con su nombre falso, o con el verdadero…Su verdadero nombre, el nombre del que llevaba huyendo hace más de un año. Pero luego comprendió, al ver la sonrisa de la pelirroja, que una niña como ella no merecía que la mintiesen. Aunque eso pusiera en peligro todo- Te diré mi nombre, pero me tienes que prometer que no le dirás a nadie que he estado aquí –Dijo burlona y a la vez seriamente.
-Te lo prometo.
-Pues entonces…¿Qué tal si empezamos de nuevo? –Dijo acercándose de nuevo a la niña. Ésta no comprendió muy bien a lo que se refería la muchacha, pero aun así asintió haciendo que la rubia riera para después contestar- Hola, me llamo Izumi y tengo catorce años…¿Tú cómo te llamas?
-Me llamo Airi Orimoto, tengo seis años –Dijo la pequeña al mismo tiempo que soltaba una carcajada.
-Bueno Airi, encantada de conocerte –Dijo mientras se enderezaba- Siento no poderme quedar más tiempo pero me tengo que ir –Caminó con decisión hasta apoyarse en la puerta, para luego darse la vuelta y mirar otra vez a la niña- Y recuerda –Hizo una leve pausa para levantarse las gafas de sol levemente para mostrar su ojos- Yo no he estado aquí –Dijo sonriendo mientras le guiñaba un ojo a la pequeña para después acomodarse las gafas otra vez en su sitio y salir de la habitación.
Tachimukai se limpió el sudor de su frente con el antebrazo. Estaba cansado, cansado de todo. No acertaba ni una en el partido y para colmo la no les daban ni una oportunidad. ¿Qué demonios pasaba? ¿Es que el mundo se había vuelto contra él? ¿Contra su equipo? Porque no era el único, todos sus compañeros estaban jugando sin energía, sin ganas de nada. El único que mostraba algo de interés por ganar era Endo, el único que se esforzaba por sacar a delante a su equipo. Porque los demás, sinceramente, parecía que no estaban en el campo.
Y como no sentirse así, todos estaban frustrados. Cada vez que intentaban pasar o interceptar un balón, Otomura se les adelantaba y daba alguna orden a sus compañeros para que éstos contrarrestaran sus movimientos. Ni siquiera Kido lograba parar al equipo rival. Solo habían hecho algo bien en todo el partido, meter un gol. Habían metido un gol gracias a la pista que les dio Hikari. Todo iba bien en ese entonces, pero lo que no se esperaban era que, al marcar ese gol, habían despertado el verdadero poder de la . El verdadero poder del ritmo. Y superar al ritmo, era extremadamente difícil.
El portero suplente del equipo Raimon volvió a mirar al campo, analizando el punto exacto donde se encontraba el balón. Sí, ahí estaba, pasando de un lado a otro entre las piernas de los jugadores del equipo rival.
Mientras tanto, Endo solo miraba el resto del partido atónito desde la portería, intentando encontrar una explicación. La explicación del porqué demonios sus compañeros estaban jugando así de mal. Pero él no se daría por vencido, era el capitán. Y si sus compañeros no jugaban como es debido, él mismo se encargaría de proteger la portería. No dejaría entrar ni un solo gol. Y mantendría la ventaja que tenían hasta el final.
La entrenadora Hitomiko volvió a su sitio en el banquillo, a su lado se sentó Hikari. Y lamentablemente, la pelinegra se sentó también al lado de Natsumi.
-Qué haces aquí –Preguntó la castaña mirando fijamente a la chica que tenía al lado, esperando una respuesta coherente. Aki y Haruna se preguntaban lo mismo en sus mentes, solo que se limitaron a observar el partido y no decir nada. No conocían a esa chica, pero había venido con la entrenadora y si ella la dejaba estar aquí, no eran quienes para contradecir sus órdenes. Así que simplemente, lo dejaron pasar.
-¿Porqué mejor no te concentras en el partido, niñata? –Dijo con simpleza sin apartar la mirada del campo de juego. No miraba a la cara a Natsumi y eso solo enfurecía aun más a la castaña- Porque no veo que tus amiguitos hagan una gran labor en el campo –Estas últimas palabras hicieron que la gerente fijara su vista en el partido de nuevo. Y lo que vió, no le gustó nada.
Kibo, el gran y robusto defensa encargado de proteger su portería, salió para adentrarse en el área del equipo Raimon; para, junto a los dos delanteros de la , realizar su técnica de tiro Vuelo de Águila.
Endo dio una palmada, esperando impaciente ese tiro para poder pararlo cuanto antes. Porque lo pararía, costara lo que costara. Y les demostraría a todos que ni un solo gol pasaría de la portería del Raimon mientras él siguiera en pie.
-El defensa Kibo sale de su posición inicial –Informó con emoción el comentarista- Y él, junto a sus dos compañeros, realizarán la técnica especial de Oumihara. ¿Conseguirán marcar esta vez?
"No, por supuesto que no" Pensó Endo mientras veía como los dos delanteros del equipo rival eran impulsados hacia el cielo por Kibo para luego dar una voltereta en el aire y chutar los dos con fuerza el balón, haciendo que un gran águila acompañe a éste hacia la portería.
-¡Vuelo de Águila! –Pronunciaron los dos delanteros al unisono, mientras el balón, ahora se dirigía a Endo.
-¡Cuidado! –Gritó Aki desde el banquillo. Hikari solo la miró por el rabillo del ojo unos segundos, sin girar la cabeza para luego preguntarse algo. ¿Por qué esa gerente animaba tanto a su equipo. Vale, pensó la pelinegra, esa pregunta le pareció absurda. Era una gerente, por Dios. Animar a su estúpido equipucho era su trabajo. Aunque todos sabían que era algo más, los animaba porque eran sus amigos. Amigos de verdad, y el trabajo de un amigo era apoyarse en los momentos difíciles.
Hikari volvió a centrarse en el partido, mientras observaba como Endo estaba listo para realizar su técnica de bloqueo.
-¡Mano Demoniaca/Mano celestial! –Pronunció el de la banda naranja mientras, con su técnica, paraba el balón sin dificultad alguna.
-¡Y Endo consigue parar ese tiro con total facilidad! –Gritaba eufórico el comentarista.
Los segundos pasaron. Oumihara tenía el balón en su poder otra vez y seguía sin cederle una oportunidad al equipo Raimon, siempre siguiendo las órdenes de Otomura.
-¡Pase a Koja en ocho tiempos! –Gritó el estratega peliazul, indicándole a la pequeña jugadora rubia de la caracola en la cabeza que le pasara al delantero de cabellos rizados.
Koja interceptó el balón para después chutar hacia la portería, sin ningún tipo de técnica. Endo lo logró parar lanzándose sobre el balón para después quedar en el suelo. Y así sucesivamente…
Los minutos pasaban y una lluvia de tiros se cernían sobre el capitán del Raimon, pero él los conseguía parar todos. Porque jamás se daría por vencido.
-¡Pero qué asombroso –informó el comentarista- Oumihara lanza una tormenta de tiros; pero a Endo no se le escapa ni uno solo!
-Nada pasará por esta portería –Gritó Endo con una sonrisa, se estaba esforzando duramente pero a pesar del cansancio no dejaba de animar a sus compañeros con una sonrisa, eso sí que les sorprendía a todos.
Desde el otro campo, Tsunami no dejaba de observar al portero. Ese chico era increíble, pero tampoco se dejaría vencer. A pesar de haber aprendido hace poco a jugar, se esforzaría al máximo también.
-Pues yo tampoco me dejaré vencer -Susurró el pelirrosa.
-¡Ichinose! –Endo llamó a su compañero para pasarle el balón desde la portería con un pase alto.
El castaño captó el pase, interceptó el balón y consiguió adentrarse en el campo del equipo rival. Pero pronto se plantó Tsunami en frente de él, listo para intentar robarle el balón al chico. Y digo intentar porque aquel pelirrosa se confió demasiado al creer que podría quitarle el balón a uno de los mejores jugadores de la liga de los Estados Unidos.
-¡Ichinose logra burlar la defensa, ahora el Raimon contraataca!
Así era, Ichinose le superó fácilmente, pero no contaba con una cosa…
-¡Akamine –Otomura llamó a su compañero- cuatro tiempos! –Y con esa órden, el defensa de la secundaria Oumihara, con un simple barrido, logra frenar a Ichinose y mandar el balón fuera del campo. Porque…Mejor fuera que dentro ¿No?
"Por poco" Pensó Endo mientras recordaba que casi habían tenido oportunidad de tirar.
"Tal vez si hubieran conseguido burlar bien a la defensa…" Se decía Hikari observándolo todo. Sí, ese equipo al que se había unido hace unos momentos necesitaba mejorar enormemente.
Tsunami dio un puñetazo al suelo. ¿Por qué? ¡¿Por qué demonios no conseguía robar un balón?! No parecía tan difícil, pero cada vez que lo intentaba fallaba. Un fallo detrás de otro. Se sentía frustrado cada vez que veía la facilidad con la que sus compañeros eran capaces de hacer eso. Y él simplemente no podía. ¿Es que acaso era un inútil? Al parecer sí. Por la mente del pelirrosa pasó una idea: Quizás no servía para esto. A lo mejor no servía para jugar al fútbol. Pero NO. El pelirrosa se abofeteó en su mente. No debía decir eso. No se daría por vencido y la próxima vez, no iba a fallar.
Kido observaba como aquel pelirrosa se maldecía a sí mismo. Sonrió con satisfacción al descubrir una cosa: Tsunami era el punto débil del equipo rival, al igual que Tachimukai lo era para el equipo Raimon. Se dio cuenta que los dos equipos estaban en igualdad de condiciones y aprovecharía eso. Porque, como Otomura diría: "Ahora nosotros también sabemos quién es la nota discordante de su equipo" Pensó con cierta diversión el creador de juego del Raimon.
-Ya queda poco para el final del partido –Pensó Hikari en voz alta- Si siguen así, la conseguirá ganar –Esas palabras enfurecieron a la castaña que se encontraba a su lado, pero se guardó los comentarios para otra ocasión.
-Para ganar, necesitan anotar al menos dos goles –Informó Haruna sin apartar la vista del partido.
-Sí, y con Endo de portero no conseguirán meter ninguno –Dijo Aki con un tono lleno de esperanza.
-Nunca hay que subestimar al enemigo –Advirtió Hikari en un tono de seriedad y severidad- Además, con un solo jugador activo no se gana un partido –Continuó diciendo mientras Natsumi la miraba con desprecio.
"¿Pero quién se ha creido?" Se preguntaba la castaña indignada ante la actitud de la ojiplata.
-¡Pido un cambio en la alineación! –Gritó Kido a lo que el árbitro le concedió esa petición. Todos se sorprendieron ante eso mientras los jugadores del Raimon se acercaban al de las rastas- Ichinose cambiará de posición. Ahora él, Megane y Rika serán nuestros tres delanteros –Ordenó el chico mientras Endo solo le miraba extrañado. ¿Tres delanteros? Esa era la pregunta que rondaba por la cabeza del de la banda naranja.
-¡Bien! –Exclamó Rika entusiasmada- ¡Sabía que tarde o temprano este día llegaría! –Todos la miraban mientras ella saltaba eufórica con estrellitas de felicidad en los ojos para luego abalanzarse contra Ichinose- Este es el nacimiento de la pareja delantera más fuerte del equipo Raimon –El pobre Ichinose solo sentía que cada vez le abrazaba con más y más fuerza. A este paso, la peliazul le iba a ahogar un día de estos.
-¡Oye dijeron tres delanteros! –Corrigió Megane molesto- ¡¿Podrías hacerme el favor de no ignorarme?! –Pero la peliazul no le hizo ningún caso a pesar de estas palabras.
Endo se quedó pensando por unos segundos…¡Ya lo sabía! Lo que Kido había planeado era reforzar la delantera aprovechando la baja defensa del equipo rival. Y eso les iba a ayudar bastante, ¡hasta a lo mejor anotaban otro gol y todo! Miró al estratega con admiración antes de que volviera a su sitio en la portería. Ahora sí que jugaban enserio. Porque, por fín el Raimon se ponía las pilas.
Tachimukai se encargó de reanudar el partido sacando desde la línea de fuera, justamente desde el lateral derecho, en el campo de la . Estaban cerca de la portería así que no podían desaprovechar esta oportunidad.
El balón le llegó a Kido, quien rápidamente se la pasó a Toko. Ésta avanzó encontrándose con Tsunami quien volvió a intentar robarle el balón a la pelirroja. Esta vez lo tenía que conseguir, se decía el pelirrosa. Pero Toko fue más rápida y le esquivó sin dificultad alguna haciendo que el chico se sintiera más frustrado. Y justo cuando Akamine, defensa de los rivales, le iba a robar el balón…
-¡Toko pásasela a Ichinose! –Le ordenó Kido, la chica obedeció y se la pasó al castaño haciendo que Otomura se sorprendiera, Kido al fin había comprendido su estrategia- ¡Fubuki, Kabellama, Kogure! –Llamó a los tres defensas quienes se habían adelantado conectando pases entre sí y burlando a los jugadores de la .
Esta vez, el balón le llegó a Ichinose quien se la pasó a Rika.
-¿Sigues pensando que nuestro equipo es tan malo? –Le preguntó Natsumi a la pelinegra con un cierto tono de arrogancia desde el banquillo.
Hikari ni siquiera escuchó esa pregunta. Estaba tan concentrada viendo el partido que ni si quiera estaba pendiente de lo que la rodeaba. Simplemente , analizaba a cada uno de los jugadores con la mirada.
-¡Bien hecho Kido! –Se carcajeó Endo mientras animaba a su amigo- ¡Eres increíble! ¡Por algo te llaman el estratega maestro! –Y esas palabras, llegaron a los oídos del de rastas, quien sonrió satisfecho. Pero el creador de juego se giró al notar como Otomura no le quitaba la vista de encima, porque el peliazul estaba ahí, y se giró para mirarle a los ojos desafiante.
"Qué inteligente eres" Pensaba el estratega peliazul "Cambiaste el ritmo de nuestro equipo y reacomodaste el ritmo de todo el partido" Se dijo devolviéndole la mirada al de rastas, una mirada igual de desafiante. Y que quede claro que pronto le daría la vuelta al partido otra vez.
Rika corría manipulando el balón con rapidez, en frente suya apareció Tsunami listo para intentarlo de nuevo. Pero el pelirrosa se sorprendió mucho cuando Otomura le ordenó algo…
-¡Tsunami espera! –Le dijo haciéndolo entrar en un estado de confusión-¡Déjala pasar! –Continuó Otomura. Tsunami le obedeció dejando pasar a Rika quien iba a paso decidido, pero eso no duró mucho- ¡Akamine, cuatro tiempos! –Esta vez, el otro defensa consiguió robar el balón burlando a la peliazul- ¡Pásasela a Tsunami!
El pelirrosa abrió los ojos sorprendido mientras veía como el balón se aproximaba a él. Dudoso, lo paró con el pecho y lo dejó en sus pies observando como una pelirroja se aproximaba a él en una barrida. Pero justo a tiempo, Otomura le ordenó que se la pasara a uno de sus compañeros. Y así lo hizo, porque de no haberlo hecho, el balón ahora estaría siendo manipulado por el equipo Raimon.
-Bien, me has ganado –Dijo Toko con una sonrisa desafiante antes de irse y dejar al chico con la palabra en la boca.
Tsunami se quedó estático. Por fin le salía algo bien y aunque no había robado ningún baló hasta ahora, había ayudado a su equipo. Pero, ¿por qué se sentía tan…raro? Sí, esa era la palabra. Cuando jugaba al fútbol, una sensación recorría su cuerpo, una sensación que nunca había experimentado. Una sensación muy distinta a la que sentía cuando surfeaba. El pelirrosa abrió los ojos descomunalmente cayendo en la cuenta de una cosa. Miró a todos cuando se dio cuenta del panorama en el que estaba. Tal vez era eso, sí, tenía que ser eso. Todo este tiempo había estado comparando el surf con aquel deporte, esperando sentir lo mismo al jugar que al surfear. Pero el fútbol era algo muy distinto, por eso fallaba tanto. Ahora se había dado cuenta. Y como ahora comprendía eso, se dejaría llevar al ritmo del partido sin fallar una vez más.
El tiempo se agotaba, Kido llevaba el balón esta vez, al parecer se lo había conseguido quitar al equipo rival.
-¡Rika! –Llamó a la peliazul mientras le pasaba la pelota. Pero Tsunami fue más rápido y a paso decidido, saltó interceptando el balón en el aire para después pasárselo a…
-¡Koguchi! –Pronunció el pelirrosa mientras le lanzaba el balón a su compañero.
Otomura lo observaba todo, viendo como Tsunami había mejorado y eso significaba que su equipo ya no tenía ninguna nota discordante "Y ahora el ritmo vuelve a cambiar" Pensó satisfecho.
Pasaron los minutos, ningún equipo cedía y el tiempo se acababa. El Raimon y la estaban al mismo nivel y ningún equipo se dejaba vencer. El balón pasaba de equipo en equipo, dado que cuando uno lo tenía en su poder, el otro se lo acababa robando y así sucesivamente. Una lucha en el campo de juego de la que nadie quería perder.
El balón estaba ahora en el poder del Raimon, era concretamente Ichinose quien lo llevaba. Se había adentrado en el campo del equipo rival tras mucho esfuerzo. Estaba muy cerca de la portería y era su oportunidad de oro. Solo tenía que burlar a dos defensas, uno de ellos Tsunami; y si lo conseguía, el partido estaba hecho. Hecho a favor del Raimon.
Lo que no se esperaba para nada, era que Tsunami al fín, había conseguido robarle el balón. Y eso le sorprendió mucho, pero no solo a él, sino a todos los allí presentes.
"Rayos" Pensó el pelirrosa al ver que el equipo Raimon cubría a todos sus compañeros "No puedo pasar a nadie" Se dijo frustrado, pero a su mente llegó una solución "En ese caso…Voy a tener que tirar"
Entonces todos observaron como una gran ola aparecía detrás del pelirrosa. El chico estaba a punto de realizar su técnica. Tsunami se subió al balón montando esa inmensa ola como si surfeara para después dar tres giros en el aire y chutar el balón con fuerza- ¡Impulso Tsunami/Remate Tsunami! –El balón se dirigía con fuerza y rapidez a la portería. Tsunami lo había lanzado desde su propio campo pero eso no quitaba que no tuviera fuerza.
-¡No lo puedo creer –Gritaba el comentarista- Tsunami dispara desde su área!
-¡Cuidado Endo! –Gritó desesperadamente Aki desde el banquillo.
-¡Mano…-Dijo Endo, pero ese tiro ya estaba enfrente suya y no le dio tiempo a realizar la técnica, así que solo alzó el puño con seguridad rezando por parar ese tiro. Y al hacer eso, preocupó a todos y a la vez les sorprendió.
Y con mucho esfuerzo aguantaba ese tiro con el puño, pero no resistió más. El portero de la banda naranja Salió disparado contra la red de su propia portería. Lo que más sorprendió a todos es que…Sorprendentemente consiguió desviar el balón.
"Será estúpido" Se quejó Hikari en su mente "Podría haberse hacho daño" Pensó la pelinegra acomodándose las gafas de sol.
-¡Endo sale disparado, pero no se anotó ningún gol!
El silbato sonó dando fin al partido.
Evangelyne se paró justo en frente de una puerta. Ya había perdido demasiado tiempo y eso no le iba a gustar al detective. Miró el letrero con seriedad antes de que sonriera de medio lado.
"Habitación 263" Pensó la chica. Porque esto, no hacía nada más que comenzar.
Jejeje os esperabais beso en la primera escena ¿verdad? Ya, lo habría puesto pero es que no quiero que los romances vayan demasiado rápido XD Todo a su devido tiempo... Bien, os pido perdón otra vez por tardarme tanto en subir. Es que como aquí en España estamos a final de curso, los exámenes y los trabajos se nos echan encima Y no tuve tiempo de escribir hasta ahora, así que si me tardo demasiado en los próximos capis, os pido disculpas y paciencia por adelantado :)
Y ahora, sin más que decir, pasaré a las preguntas:
-¿Os gustó el capi?
-¿Os pareció largo o corto?
-¿Nacerá algo entre Venere y Burn?
-¿Por qué Izumi/Eva se sintió identificada con la pequeña Airi?
-¿Hikari logrará tener paciencia a aguantar al equipo?
-¿Eva conseguirá liberar a Yuka?
-¿Me perdonarán por haber tardado tanto?¿Me dejan un review?
