Capítulo 4.
POV DE TRUNKS.
"Dime ¿Quieres el divorcio? Yo te lo daré. Solo dímelo, Trunks ¿Eso quieres?"
—¿Qué mierda me estás diciendo?—Lancé la pregunta.
—Lo que oíste.
—No digas tonterías ¿Por qué habría de querer separarme de ti?
—No lo sé—me dijo totalmente seria—. Solo sé que…
—Es por mi puto trabajo—bramé entendiendo lo que ella quería reclamarme—. Pues te recuerdo Pan que la empresa demanda mucho de mi tiempo.
—Sí. Sí, pero yo también necesito de ti. Necesitaba esta noche que te quedaras conmigo. Por Kami, no nos hemos visto en todos estos días, y en vez de regresar a casa en paz, estamos peleando por lo mismo de siempre.
—Pan…
—No—declaró muy segura—. Ahora me escuchas, Trunks.
Sabía que estaba molesta, mucho a decir verdad, pero en parte, podía entenderla. Esta noche prometía mucho, pero en vez de eso, estábamos peleando. No me imaginaba que algo así podría llegar a pasar, pero ahora, si no quería seguir con esto, debería bajar la cabeza, y aceptar que ella tenía razón.
No la vi en muchos días, y cuando sí podía, prefería irme a contestar el teléfono.
—Trunks.
—Yo lo siento—le dije, y evidentemente, sus ánimos se calmaron—. Sé que tienes razón en todo, y sí, he… te he dejado de lado. No debí fallarte, al menos no esta noche.
—Ah…—su boca se abrió para de seguro decir algo, pero nada salió. Barriendo rápidamente su cuerpo, noté que su respiración se acompasaba, y el antiguo cejo fruncido sobre su frente, se disipó.
—Nena… yo lo lamento—acercándome a ella, pasé mi mano por su cintura, y casi susurrando en sus labios, me disculpé nuevamente—. Amor. Lo lamento.
—Trunks—su boca entreabierta, y su suave respiración, me invitaron en ese momento a obligar a mi mano a tomar posesión de sus glúteos, y poseer su imprudente boca.
De una manera posesiva, mordí sus labios carmesí e introduje mi lengua en su cavidad. Su aroma, la dulzura de sus labios me estaban enloqueciendo, y solo me faltaba arrancar ese pedazo de tela de vestido para hacerla mía.
No me importaba que estuviésemos volando por el cielo, y que alguien pudiese estarnos viendo, pero los débiles susurros que salieron de su boca, hicieron nublar mi juicio de la decencia. Hace meses, ya ni recuerdo, que no lo hemos hecho, y en parte, es porque casi siempre llego tarde o estoy en reuniones de trabajo, y ahora toda esa tensión acumulada, estaba haciendo que un par de mis invasores dedos se adentraran en la falda, y acariciando la malla delicada que ahora cubría sus glúteos, mordisqueé sus labios, y tomé unos de sus senos en mis manos.
—Trunks… no creo que…
—Te quiero follar ahora—le dije en su oído, y todo eso la hizo estremecer. Cuando estaba a punto de descender con ella en el bosque, ella colocó una de sus manos en mi pecho, y denegó.
POV DE PAN.
—Lo siento—susurré, sintiéndome culpable—. Ahora… solo quiero dormir.
—Pan—sin siquiera soltar su agarre de mi cuerpo, Trunks tomó mi rostro en su mano libre, y con los ojos en mi boca, solo pudo besarme de nuevo—. Te deseo, nena. No puedes dejarme así.
—Trunks—susurré.
—Pan. Tú misma lo has dicho. No nos hemos visto en semanas.
—No ha sido mi culpa.
—Lo sé, pero ahora, quiero recompensarte.
POV DE VEGETA.
—Siempre es lo mismo contigo. Eres insufrible.
—¿Qué es lo que tanto te molesta ahora, Bulma? Según sé, fui a la dichosa ¿O no?—pregunté desatándome la fastidiosa corbata del cuello. Corbata que Bulma había llevado exclusivamente para mí, porque sabía que yo no llevaría ese incómodo e inútil pedazo de tela en el cuello.
—¿Lo dices en serio? Hm. En verdad, no puedes actuar como un hombre de sociedad—bramó desde el armario—. Además, ni creas que me he olvidado de…
Sin prestarle atención, me acosté en la cama, con los brazos detrás de mi cabeza a manera de apoyo, mis pies aún en el suelo, y mi vista en el techo de la habitación.
—… sobre todo, cuando no quisiste darle la mano al Sr. Mitsuru… ¡¿Me estás escuchando?!—chilló en mi dirección, y la retorné a ver.
Con las manos empuñadas a cada lado de su cuerpo, Bulma lucía molesta en verdad.
—Sí, lo estoy haciendo.
—Pues no parece—dijo poniéndome los ojos en blanco, y allí sí que no soporté más su enfado.
—No sé por qué estás tan molesta ¿Querías que vaya a la fiesta? Fui. ¿Querías bailar? Lo hicimos. ¿Querías que conozca a tus dichosos socios? Lo hice. ¡¿Qué más quieres de mí, mujer?
—Que te hubieses comportado a la altura—dijo con los brazos cruzados sobre el pecho—. Eso, Vegeta.
—¿Qué dices?
—Lo que oíste. Es increíble que después de tanto tiempo viviendo conmigo, no seas capaz de ser un poco más civilizado con mis socios. Tuve que disculparme con ellos por tu grosería.
¿Oí bien lo que Bulma dijo? ¿Civilizado?
—Kami, que vergüenza. Eran socios importantes para la empresa y resulta que el señor, no quiere apretar la mano de ellos. Te portaste como un…
—Bulma—ya no lo toleraría más—. Si fui al dichoso evento, fue por qué tú lo pediste, y…
—Pero debiste moderar tu conducta, Vegeta.
—Bulma. Si sabes cómo soy, entonces simplemente no me obligues a ir, porque te recuerdo que fue tu idea.
—Muy mala idea la mía—soltó dándome la espalda, mientras seguía refunfuñando caminando de seguro al cuarto de baño.
—Sch.
—Ah, y una última cosa—bramó con las manos en las caderas—. Por lo menos, claro, si no es demasiada molestia, múdate de ropa y quítate los zapatos, no quiero dormir en una cama sucia por los zapatos del señor—dijo de manera sarcástica, y con la ceja elevada—. ¿Qué esperas? No creo que Ann venga a estas horas para cambiar las sábanas.
En ese momento, sí que me colmó la paciencia en cuestión. Me levanté de la cama, y caminé hacia la salida. No creía aguantar sus reclamos toda la noche.
—¿A dónde crees que vas?—preguntó a mis espaldas—. Aún no hemos terminado.
—¿Piensas no dormir toda la noche?
—¿Me estás diciendo intensa? ¿Crees que quiero desgarrar mi garganta tratando de hacer que entiendas?
—¿Algo más para decir?—pregunté de nuevo, ahora ya con la mano en la manija de la puerta.
—Esto aún no ha acabado—sentenció.
—Por hoy si lo ha hecho, Bulma.
—Patán—soltó antes de hacer sonar sus tacones por la habitación.
Sin más reclamos por oír, salí de allí con dirección a la habitación de huéspedes. Me quité los zapatos, y aun con el ridículo traje puesto, me acosté.
La habitación estaba en completa penumbra, nada se escuchaba, al parecer, las habitaciones insonorizadas tenían una gran ventaja.
Intenté cerrar los ojos para dormirme, pero no pude, cada que lo intentaba, simplemente lo vivido hoy se rememoraba en mi mente.
"De hecho, este es especialmente para ti. Tengo otro en la bolsa"
—Sch. Esa niñata.
Realmente ella me había sorprendido con aquello, debo darle mi gratificación, ya que disfruté el sonido de la tela al romperse. A propósito…
En ese momento, encendí la lámpara de mi velador, saqué una cápsula del bolsillo interno de mi chaqueta, y la lancé.
El pedazo de vestido desgarrado apareció, así como una sonrisa malévola y depravada en mi cara.
—Esa niñata—tomé la prenda, y la observé entre mis dedos.
La prenda le quedaba condenadamente bien en aquellas lechosas piernas, cubriendo sus exquisitos y bien proporcionados senos, justo para el tacto, justo para mis manos, justo para mi boca.
Mirando de nuevo la prenda, supe que si alguien la hallaba, sí que tendríamos problemas, así que la carbonicé con un rayo de ki, y me volví a acostar.
Al pasar mi mano por mi cara, supe que el aroma de aquella prenda se había impregnado en mis manos. El mismo de su piel, el mismo de su pelo, el mismo que disfruté esta tarde.
"Vegeta, por favor"
¿Cómo olvidar cuando le temblaron las piernas cuando me vio en medio de ellas?
Kami, ni perdiendo la memoria podría.
Ahora, si me concentro lo suficiente, casi puedo escucharla gemir en oídos, y arañar mi espalda. Sentir como sus dedos halaban mi cabello, y toda ella se acoplaba a mí, me estrujaba para acercarme a ella, temblaba por sentirme dentro de ella, su inocencia en las artes amatorias, así como su pasión por conocerme, saber qué podía darme placer, y, inteligentemente, debo admitir que casi me vine cuando ella pasó sus dedos por aquella cicatriz en mi cola ya inexistente.
—Diablos—Sisee al notar que la sangre de mi cuerpo se había concentrado en un sitio especial de mi anatomía.
No era un maldito puberto, pero ahora mi cuerpo había reaccionado como eso.
Mi erección se había manifestado, así como la urgente necesidad de liberarme. Los pantalones me apretaban, así que me desfundé, y procedí con mi masturbación. No tendría caso evitarlo con agua fría, de todas maneras nunca funciona, y, además era lo que yo quería, lo necesitaba, y mi atención solo se enfocaba en aquella niña de ojos negros, de piernas largas, y constante curiosidad.
"Kami, Vegeta"
Me acaricié pensando en ella, en la escultural figura que delante de mí caminó hacia el baño, a la que vi tomando una ducha, arreglándose, y luego salir del sitio para su encuentro.
Verla era retornar en el tiempo, era ver a las mujeres de mi raza, tener a alguien que a pesar de ser una segunda generación de herederos de la sangre saiyajin, era mucho mejor que una primera descendencia.
Podía hacerle lo que sea, y casi ni siquiera intentar controlarme por apretujarla contra mí. Recordaba su voz, en medio de susurros, gemidos, pidiendo, rogando incluso que la dejara alcanzar su orgasmo, y su posterior liberación.
No le tomó demasiado tiempo, la fuerza que tenía era proporcional a su inocencia en el sexo. Aunque iba mejorando, he de admitir.
—Pan…
Cerré mis ojos mientras las descargas eléctricas se extendían por todo mi cuerpo, mi respiración acelerada, y mi labio inferior atrapado entre mis dientes, me dejaron seguir viendo a Pan en su exquisita desnudez, con las sábanas al pie de la cama, con sus mejillas rojas, y una leve mordida en su labio.
Cuando ya me hube recuperado, abrí mis ojos y me quité la ropa, para tan solo dormir con mis boxers sobre las caderas, y ahora habiendo aliviado mi libido, quizá podría descansar.
POV DE PAN.
—No estás enfadado.
—No ¿Por qué creer eso?—preguntó besando mi hombro.
—Bueno…
—Escucha—en un movimiento, me hizo girar para acomodarme sobre él—. Sé que no era el momento. Solo pensé en mí.
—Yo lo siento, Trunks.
Mirarlo me hacía sentir una completa descarada y la peor de las mujeres, y en especial, debí haber dormido con mi esposo, pero no había sucedido así.
En la madrugada, cuando Trunks y yo llegamos a casa, la intención era dormir juntos, pero no pude, argumenté un dolor de cabeza y el cansancio, y Trunks así pareció aceptarlo, menos mal para mí, al menos.
Ahora, en el desayuno, creí que Trunks estaría molesto por mi evasiva, pero al contrario de lo que hubiese creído, él estaba muy relajado, tranquilo, y alegre por decirlo menos.
—¿Algo que yo no sepa?—pregunté sacado las torticas del sartén, y las coloqué en el mesón de la cocina, para que él comiera.
—¿Eh? —dijo mordiendo una manzana
—Estás muy feliz—comenté con los ojos en mi labor.
—Sí ¿Quieres saber por qué?—preguntó con la expresión de misterio.
—Sí. Dime ¿Qué ha pasado?
—Bueno. He decidido darme unas vacaciones.
—¿Ah?—me sorprendí sinceramente por lo que dijo. Nunca dejaba su trabajo—. ¿Qué dices, Trunks?
—Lo que has oído, he trabajado mucho en estos años, y no hemos compartido mucho como debíamos. Así que ¿Qué te parece un par de semanas de vacaciones, eh? De seguro tú también lo necesitas.
—Ah, pero…—sin palabras me quedé cuando él, colocándose delante de mí, me besó y me dio una nalgada—. Trunks. Contrólate, Cori podría llegar en cualquier momento.
—Sí. Lo sé—dijo en mis labios, pero ignorante a mis súplicas, solo continuó con sus descaradas caricias, y sus manos adentrándose en mis pantalones de dormir.
—Ah, Trunks… por favor—supliqué, ya que el hombre me acorraló en el mesón.
—Sch. Solo abre las piernas—susurró, y todo mi ser tembló. Al no hacerle caso, su brazo se posó en mi cintura y me sentó en aquel sitio, pegándose a mí, me dejó sentir su erección en mi entrepierna mientras sus manos se paseaban descaradamente.
—Trunks. Cori podría llegar y…—intenté explicar con una mano en su pecho para frenarlo.
— ¿Lo ves?—dijo apartándose en ese instante—. Lo necesitamos—completó bufando con exasperación—. En todo este tiempo no hemos podido estar completamente solos—bramó, y como yo adiviné, el sonido de la entrada no tardó en aparecer. Trunks regresó a su sitio, en frente de su desayuno, y al poco rato, Cori arribó.
—Buenos días, señores—saludó con reverencia, y después de colocarse su mandil de trabajo, terminó de preparar nuestro desayuno.
Trunks comió en completo silencio, y al igual lo hice yo. Los acontecimientos previos, me dejaron la mente en blanco.
¿Qué rayos le estaba pasando a Trunks?
Nunca se había comportado de esa manera, tan… salvaje, y ¿Necesitado?
Por Kami.
¿Será que al fin le hago falta?
"¿Qué hacen? Es de madrugada?"
"Estoy trabajando, papá"
"Eres el jefe. Déjalo, Trunks"
"Ahora no puedo, quizá el año que viene"
Y así, años tras año. Kami. Ahora no sé qué pensar con respecto a todo lo que he vivido este último año. Realmente, no lo sé.
FLASHBACK.
—Deberías bajar la intensidad, Trunks—Le dijo Vegeta mientras yo servía la taza de café en frente del recién llegado.
—Aun no, papá—le contestó mi esposo sin siquiera quitar sus ojos de la computadora—. Es un negocio muy importante ¿Además, qué haces aquí, a esta hora?
—Tu madre está histérica de nuevo—bramó en su manera típica. Disimuladamente, miré mi reloj en mi muñequera, y pude apreciar que era las dos de la mañana—, dice que un invento no resultó como debería, se acostó, y tiempo después me echó de la cama—soltó, cosa que a mí también me sorprendió. De no haber estado allí, no lo habría creído.
Quizá tenía que haberme ido de allí, y dejarlos en su plática de hombres, pero la curiosidad, y, el notar que al parecer mi presencia no les fastidiaba, me limité a tomar mi café con mi cinnabon rolls. Con la mirada en mi taza de tinte negro y aroma exquisito, pensaba en las cosas que había pasado aquel día, en especial, el haber estado sola, de nuevo, Trunks había prometido ir a mi firma de libros, pero no, de nuevo, no había asistido.
—Está… insoportable. Mira que echarme a mí—dijo Vegeta sacándome de mis cavilaciones.
—Bueno, debes entenderla, papá. La feria científica es en pocos días. Estará muy nerviosa.
—Eso no le da derecho para echarme de su cama, y decirme que me largue a dormir a donde se me pegue la gana.
—Bueno, papá—contestó mi esposo—. A veces no estamos en nuestros mejores días, es decir, con el ánimo siempre alto. Eso es cosa de mocosos inmaduros, sin ninguna preocupación alguna, ni oficio, y nosotros, ya tenemos cierta edad para andar en esas tonterías—soltó, como si ser joven se tratara de un pecado, y, además, nos tildó a nosotros de viejos, yo no sabía si sentirme ofendida o no por su comentario.
¿Qué había dicho?
¿Mocosos?
¿Viejos?
Yo apenas sí tenía veinticinco años, y él treinta tres.
¿Qué?
¿Yo también era una mocosa o era una anciana para él?
Tuve que morderme la mejilla antes de replicar. No sé incluso por qué lo hice, pero sí sentí mis sangre burbujear en mí interior, y para colmo, insinuó que su padre ya estaba entrando en la ancianidad, por Kami, Vegeta podría pasar muy bien por su hermano mayor. Mi suegro, sigue siendo de la forma en la que lo recuerdo.
—¿Qué quiere decir eso?—preguntó finalmente Vegeta, lo cual agradecí, porque aunque quise guardarme esa pregunta, lo cierto era que, si él no la hubiese dicho, yo lo habría hecho.
—Bueno, papá. No puedes decir que… hacen cosas de jóvenes—Kami ¿Qué demonios está diciendo Trunks?—, quiero decir. Lo que de jóvenes o cuando tenían más tiempo y menos obligaciones hacían, ahora han quedado relegadas a segundo plano.
—¿Segundo plano, dices?—preguntó Vegeta, con una mirada de escepticismo en su rostro, porque de los dos, solo yo me fijé en sus expresiones.
—Sí, papá. Como por ejemplo: el sexo—soltó, y casi solté mi taza.
De todas las cosas que podría haber creído que podía salir de la boca de Trunks, nunca imaginé esa. En verdad, jamás lo pensé. Mi cara debió ser un poema, porque sentí la mirada de Vegeta sobre mí, unos cuantos segundos.
—Explícate—le dijo su padre, y allí sí que quería que el suelo se abriera en dos, y me engullera por completo. Sentirme el punto de atención de alguien de acuerdo a ese tema, no era para lo que yo me había quedado.
—Sí, papá. Mamá y tú ya no son tan jóvenes, y ahora, las obligaciones absorben todo su tiempo.
—¿Qué tiene que ver la edad con el sexo?—preguntó, indagando, haciendo mella en aquel punto, y yo sentí las piernas temblar. Si conocía a Trunks, y ahora, estaba en medio de su inhibido pudor, de seguro, aquello tendría algo privado que sería revelado.
—Papá, solo míranos, y mírate a ti y a mamá. Nosotros, sí somos más jóvenes que ustedes, pero tenemos obligaciones, y responsabilidades, no se diga ustedes. No tenemos tiempo para malgastarlo en…
—En algo como el sexo ¿Supongo?—inquirió Vegeta.
—Sí. Así es, hay cosas más importantes que requieren de nuestro tiempo—dijo, seguro de sus palabras, y como si de una cátedra para universidad se tratara—, por ejemplo: Pan y yo no tenemos sexo tan seguido… ¿Qué será? ¿Una vez por mes, quizá?—preguntó mirándome, alzando la ceja para que yo afirmara o denegara algo al respecto.
—Trunks…—apenas sí sisee, la sensación de mi piel helada, y mis mejillas sonrosadas por lo que mi esposo le había confesado a su padre, me decían que todo esto era real, y que no estaba soñando, porque me había quedado dormida sobre la mesa de la cocina. No, ahora mi suegro sabía un tema que involucraba a Trunks, y a mí sexualidad directamente.
—¿Estás bromeando?—preguntó Vegeta un tanto incrédulo. Una de sus cejas, se inclinó, y él lo miró dubitativo.
—No. Y es que, paso viajando la mayor parte del tiempo, por eso, creo que mamá, también está en esta misma situación. Quizá siente lo mismo, ahora está más presionada con lo de la feria científica, y bueno, es por eso que necesita estar sola para reorganizar sus ideas ¿No lo crees?
—Quizá—soltó el hombre descendiendo la mirada por breves momentos. Lo cual agradecí infinitamente, el solo sentirme analizada por mi suegro, quien sabía la frecuencia de mi vida sexual, hacía que me diera vergüenza, y dudaba que en mucho tiempo, volvería a mantenerle la mirada—. Siento realmente, tú forma de pensar, Trunks—dijo Vegeta, y yo casi me caigo de mi asiento.
Lo dijo en su manera seria, pero a la vez, sonó como un consejo.
—Tener sexo es una necesidad básica para todos, pero además, demuestra la unión entre tú y tu compañera.
Casi pude escuchar con claridad cuando tragué saliva. Definitivamente, ya varias sorpresas me habían dado esta madrugada, pero en especial, Vegeta, ¿Quién diría que él dijera esas palabras?
—Eso es… reconfortante—apenas sí solté, tontamente, por lo cual me di una bofetada mental. Ni siquiera estaba pensando cuando lo dije.
Sentí la mirada de Trunks y su padre sobre mí, pero dándome fuerza, me levanté de la mesa con el Cinnabon restante en la bandeja, y mi taza de café. Me dirigí al fregadero para lavar los platos, todo, haría todo con tal de alejarme de sus inquisidoras miradas.
—Papá—soltó asombrado Trunks a mis espaldas—. Nunca creí que dirías eso. Si mi madre te oyera, quizá su enojo menguaría. Pero dejando eso de lado, papá, es una pérdida de tiempo.
¿Qué?
En ese momento me di cuenta que había doblado la cuchara de metal en mi mano.
¿Pérdida de tiempo, dijo?
Kami. Quiero asesinarlo por haber dicho algo como eso siquiera, algo tan impropio, y es que no lo entiendo.
¿Por qué tiene ese estúpido pensamiento mercantilista de que el tiempo es dinero?
¿Qué? ¿Acaso tenía que pagarle por sexo acaso?
Casi gruñí por aquello, pero me calmé, de todas maneras, nadie podía culparme, llevaba semanas sin haber tenido relaciones sexuales, a decir verdad, dos meses sin sexo. Y me siento totalmente frustrada.
Enfadada, no por la cuestión en sí del sexo, sino más bien por la connotación que eso implica, como: no sentirme amada, o quizá no sea hermosa ni sexy para provocar y despertar esos deseos en mi esposo, ese conjunto de ideas, me hicieron sentir asqueada, pero realmente furiosa con Trunks por haber dicho eso.
Por Kami, no éramos unos ancianos. Si Vegeta quería tener intimidad con Bulma ¿Por qué no nosotros?
Al poco tiempo, sentí a Trunks levantarse de la mesa, con el computador bajo el brazo, así que, rápidamente, apreté más la cuchara en mi mano, y la tiré en el contenedor de basura.
—Me voy. Pan, sube cuanto antes—me dijo a mis espaldas, y con media vista en su dirección, le di mi asentimiento de cabeza—. Papá. Descansa. Nos vemos el miércoles.
—¿Qué?—preguntó su padre.
—Así es. Tengo que viajar mañana, así que nos veremos en tres días.
FIN DEL FLASHBACK.
Kami. Aquel día casi lo mato ¿Cómo pudo haberle dicho eso a Vegeta? Creo, que de manera inconsciente, Trunks desencadenó una serie de eventos desafortunados, para él.
—Señora.
Pero ahora, no sé qué rayos le esté pasando a Trunks para haber tomado esa decisión, y, quizá, la idea de tener una temporada, así fuera solo por un par de semanas, sería excelente para nosotros. Para mejorar nuestra relación, quizá este viaje renueve mis sentimientos por mi matrimonio.
—Señora.
Quizá, debería hablar con Vegeta con respecto a eso. No quiero tener que dar explicaciones sobre posibles llamadas que el hombre hiciera.
—¡Pan!—me gritó Trunks, y técnicamente salté de la silla.
—Ah… pero ¿Qué demonios te pasa, Trunks?—pregunté.
—Cori te ha estado llamando desde hace rato y no le prestas atención.
—¿Qué?—mi mirada se dirigió hacia ella, quien solo lo confirmó con una sonrisa en sus labios, después de preguntarme qué clase de fruta quería para mi batido, me colocó las tortitas con algo de fruta picada sobre ellas.
El teléfono sonó en la sala, y Cori corrió a contestar, dejándonos solos a Trunks y a mí.
—Veo que estás ansiosa por el viaje, Pan.
—Sí, así es.
—Me alegra mucho, entonces empacaremos hoy, y partimos mañana.
—De acuerdo—contesté con el vaso de batido de fresa en mis manos.
—Ya quiero tenerte—pausó acercándose disimuladamente a mí—, desnuda en la playa, solo para mí.
—Trunks—tosí mi batido—. Sch. No seas tan…
—Señores—interrumpió Cori mi pequeño reclamo.
—¿Quién era?—preguntó Trunks terminando su desayuno.
—Era su madre, la señora Bulma, dice que hoy los invitan a un almuerzo en el jardín.
—Ah, gracias.
—¿Vamos a ir?—pregunté, esperando o quizá no, que dijera que no iríamos.
—Por supuesto que vamos. Es más, apresúrate, vamos. Así aprovecho para entrenar con papá—dijo antes de desaparecer detrás de una columna de la sala.
Con todo aquello, ya ni ánimo tenía para comer, así que simplemente, me senté en la mesa, y piqué un poco de fruta, pero ni me atreví a masticarla.
—Señora—me llamó Cori, y me notifico que Bra también iría, y que no solo eso, sino que además, habría una fiesta en la piscina.
Genial.
Lo único que necesitaba, tener apenas unos retazos de tela cubriéndome, aunque, para Vegeta, ya no habría nada que ocultar.
—¡Pan! ¡Date prisa!—gritó Trunks desde la planta alta, y ahora tenía que prepararme para convivir con mi suegro, quien paradójicamente, había visto ayer, y tener que aparentar total normalidad, como si eso fuera tan sencillo.
—¡Pan!
—Ya voy—susurré.
