Capítulo 5.

POV DE VEGETA.

—¡Despierta de una buena vez, maldita sea!—sin siquiera abrir mis ojos, ya sabía que Bulma estaba enfadada. La pregunta era ¿Su enojo era de la misma intensidad que anoche o quizá minoró?—¡¿Acaso estás sordo, Vegeta?! ¡Ya es de día!—bramó.

No, veo que no. Falsas ilusiones me había hecho, yo.

La escuché resonar sus tacones en el piso, poco después abrió las cortinas, y los rayos del sol me pegaron de lleno en la cara, obligándome a cerrar mis ojos para no lastimarlos. Me cubrí con la manta, y pretendí seguir durmiendo.

—Vegeta. Levántate, ahora.

—Estoy cansado—comenté, y supe que había cometido un jodido error.

—¿Qué?—sí, eso era precisamente que yo le reclamaba a mi condenado cerebro que no pudo dar una mejor excusa—. Hm. Tú nunca… habías dicho algo como eso.

—Pues ahora lo estoy.

Sin que me lo viera venir, me lanzó una almohada directo en la cara con toda su fuerza.

—¡¿Qué mierda te pasa, Bulma?!—sentándome en la cama, y refregándome los ojos, la confronté—. Estás de un humor que no te soportas ni tu misma.

—Sí, sí lo estoy, y ¿Adivina a quién se lo debo?

Su voz en total ironía, me hicieron bufar.

—Supongo que la mía.

—Sí, sí, y sí—afirmó—. Porque resulta que no en mucho tiempo, los muchachos vendrán a casa, y mírate cómo estás.

—Hm. ¿Tengo que reunirme obligatoriamente con tus amigos? Pues no quiero, prefiero quedarme a dormir todo el día aquí.

—Ah, no. No, señor. Te levantas ahora, no me harás disculparme por ti como siempre lo hago. Eso sí que sería inaceptable, y además…

—Mira, Bulma—levantándome de la cama, me coloqué en frente de ella—. ¿Qué tienes, eh? En verdad que no te entiendo.

—¿Con respecto a qué? ¿Qué estás tratando de decir?

—Lo que oíste—sentencié—. Estás…

—¿Qué? Dilo.

—Anal (Irritante, fastidiosa, grosera, molesta)—solté, y sus ojos se abrieron asombrados.

—¿Anal, dices?

—Sí, estos últimos meses me has dicho lo que tengo, y lo que no tengo que hacer, y en verdad, me estoy cansado de tu mierdas, con nada quedas complacida.

—¿Crees que es por gusto?

—Entonces ¿Por qué más?

—Es por ti—dijo, apretando los puños—. Por ti.

—¿Y yo qué tengo que ver en esto, eh? Quizá si no estuvieras todo el tiempo enfadada por estupideces, sabrías que no he hecho nada por lo cual…

—Sí. Eso lo sé. Nunca haces nada. Es eso. Si quizá te enfocaras o al menos trataras de hacer algo por mí.

—¿Qué quieres?

—Que te pongas a trabajar, porque eso me haría enfadar, Vegeta. No haces nada en todo el día.

—¿Eso crees?

—Sí. Eso creo. Ahora que no hay nadie que amenace la Tierra, creo que deberías tener un poco de conciencia, y al menos traer algo de dinero a esta casa. No lo necesitamos, pero en verdad, han sido años en los cuales…

—Ya. Entiendo—comenté con los brazos cruzados sobre el pecho—. Dime, Bulma ¿Qué más tienes para echarme en cara?

—Nada más por el momento—soltó con una ceja levantada, rodando los ojos, salió de mi habitación, no sin antes decirme que me diera prisa, porque los insectos de sus amigos no tardarían e llegar. Como si a mí me importara mucho.

Con paso lento. Me dirigí al baño, con mi pantalón bandereando en mi mano.

Apenas ingresé al baño, tuve que colocar todo mi autocontrol para no terminar pateando la puerta del mismo.

—Sch—estaba molesto. Maldita sea, mi día podía haber empezado de otra manera, pero ahora solo quería golpear a un costal de huesos.

Repasé mis manos por mi cabeza una y otra vez para tratar de calmarme. Había tenido una gran noche, y ahora tenía un humor de perros, por el cual estaba seguro, alguien habría de pagar.

Me metí en la ducha, y cuando salí me dispuse a cambiarme. La habitación de huéspedes se había convertido en estos últimos meses en la mía, de hecho. Lo cual era una ventaja de todos modos, porque sentí la energía de Bulma en nuestra habitación, y realmente no quería tener que escuchar sus reclamos, no por lo menos hoy.

Miré el buró, y el reloj digital me notificó: veinte para la una de la tarde.

—Hm—bufé. Jamás me había quedado tan profundo, quizá, mi propia excusa sí que era válida, y sí que estaba cansado. Recordando la noche anterior, una sonrisa se posó en mis labios mientras me enfundé en mi traje gris, y en mis guantes blancos.

Me coloqué en las bota de entrenamiento, y así salí. En el pasillo me encontré con Bulma, quien, como es, no tardó en decirme que no era la ropa apropiada.

—Bulma. No me jodas.

—No me jodas, Bulma. No me jodas—repitió malhumorada—. Kami ¿Sabes qué? Mejor sal como se te dé la gana. Trunks y Pan acaban de llegar—comentó ante de pasar de mí para ir a recibirlos. Así que deteniendo mi paso, me concentré en sentir su Ki, y sí, mi hijo y Pan habían llegado.

POV DE PAN.

—Por aquí, por favor. La señora Bulma vendrá en un momento—mencionó su secretaria mientras mi corazón estaba por salir desbocado de mi pecho, desde que habíamos salido de aquí, hace no menos de un año, no había colocado un solo pie aquí, a excepción de ayer. Pero ahora era diferente, este lugar, todo aquí me recordaba como inició nuestro intento de relación. Un año, Kami, un año y a partir de entonces, nada nunca llegaría a ser igual.

FLASHBACK.

—¿A esta hora te pones a lavar la loza? Hm. Vaya manera la tuya de ocupar la madrugada—dijo Vegeta mientras continuaba con su comida en la mesa.

Sabía a ciencia cierta que eso era verdad, pero aun así, necesitaba ocupar mi mente en algo más para dejar de pensar en todo lo que Trunks había dicho, aunque, no estaba funcionando, pero al menos me mantenía ocupada, lo suficiente para subir a la habitación y no terminar con una discusión con Trunks por haber revelado algo tan personal como mí sexualidad, especialmente, al hombre que estaba a mis espaldas.

— Déjalo, sabes que mañana alguien lo hará.

Ni siquiera lo había sentido acercarse, y ahora estaba a mi lado, solamente para dejar su plato en el fregadero.

—Mañana lo hará Ann, así que… ¿Pero qué te pasa?—comentó con su mirada en mí, y solo allí pude sentir que había estado llorando—. ¿Qué tienes?

—Ah…—apresurada m sequé las lágrimas con mis manos mojadas, y solamente denegué—. No es nada. Quizá esté resfriada o…

—Hm. No mientas, eres una saiyajin ¿Tú enferma? Por favor—bramó, colocándose a un lado del fregadero.

—Lo cierto es que…

—¿Están mal, cierto?—preguntó el hombre, sabiendo a ciencia cierta el posible motivo de mis lágrimas. Estaba furiosa con Trunks, y por si eso no bastara, la forma tan fría con la cual había descrito el tener intimidad, vaya que había calado fondo en mí, y ahora me encontraba llorando en frente de él.

—Solo…

—¿Qué cosa? Dilo.

—Solo que, creo que Trunks ya no me considera atractiva—solté encogiéndome de hombros—, es solo eso—solté con un intento de sonrisa en mi cara.

—¿Y eso es divertido?—preguntó, con su voz tenor grave.

—No, para nada, pero es que…

—Entonces no trates de fingir, y aparentar que todo está bien.

—No lo hago.

—¿A, no?

—No—contesté seriamente, mientras me di cuenta que ya había fregado un plato, por lo mínimo cuatro veces.

—¿Entonces por qué no le reclamaste a Trunks, eh? Creí que en cualquier momento le pondrías un alto, en verdad, creí que dirías algo.

—Pues no lo hice. Y creo que, mejor me iré a dormir—secándome las manos en el delantal de cocina, pretendí salir, no sin antes él propusiera algo mejor.

—¿No te parece mejor un entrenamiento?

—¿Qué dice?

—Ahora—dijo—. La verdad, también estoy un tanto molesto, así que, no lo repetiré otra vez ¿Quieres o no entrar a la cámara de gravedad para entrenar?

—Ah…

¿Qué contestarle?

Si bien es cierto, si me iba a la habitación, de seguro Trunks ya estaría en el otro polo de la cama matrimonial de tres plazas, sin inmutarse siquiera de mi ausencia o presencia, y realmente no quería acostarme, y solo clavar mi vista en la ventana que rodeaba mi habitación.

—Veo que no—dijo pasando de mí para dirigirse a su cámara.

¿Qué tienes que perder?

Me dijo mi subconsciente, un poco más animada por al menos poder desahogar mi frustración emocional en una batalla campal. Hice el menor ruido posible para ingresar a la habitación que tenía en C.C, y pude ver a Trunks durmiendo plácidamente con los brazos y las piernas estirados por toda la cama.

Pasando de él, fui con dirección a mi armario, me adentré en él, y tomé mi traje de entrenamiento. Con él en mano me senté en el sillón circular que allí había, dudando quizá en aceptar el pedido, pero de todos modos…

Era de madrugada, no tenía nada que hacer, y aun si lo quisiera ¿Qué más podía hacer de todos modos? No, ya no quería dormir en una almohada empapada de lágrimas, al menos no esta noche.

Rápidamente me enfundé en mi dogi, cortesía de mi abuelo Goku, y salí de la habitación en completa penumbra. No tardé mucho tiempo en ir a la cámara de gravedad, y después de anunciarme, él me dejó pasar.

—¿Estás lista para una golpiza?—preguntó, y yo solo pude colocarme en posición de batalla mientras la puerta de la cámara se cerró, y la gravedad aumentó.

FIN DEL FLASHBACK.

—Sean, bienvenidos—anunció Bulma, entrando a la sala—. Trunks. Necesito hablar contigo. Pan. Me lo llevaré por breves momentos—me anunció, y solo los vi desaparecer.

Me abracé a mí misma, hasta que Bra lo hizo por mí, charlamos por breves momentos, y todos empezaron a llegar.

Después de la fiesta, hubiese deseado que Trunks hubiese dicho: Vamos a casa. Pero no, y ahora estábamos durmiendo aquí, en donde antes era nuestra habitación.

Miré de nuevo el techo, y no pude evitar sonreír con nostalgia, hace tiempo, sabía exactamente lo que había allí, pero ahora, todo era igual de desconocido para mí.

Cómo olvidar cuando todo en mi vida se volvió tan… raro, extraño, pero… madre santa, yo vivo y no me he enloquecido, todo, gracias a él.

De pronto, sentí que él elevó su ki, lo fluctuó en la cámara de gravedad, y supe que ese era mi llamado.

"Esta noche. Te daré la señal"

"Pero, Vegeta ¿Estás loco, acaso?"

"Esta noche, Pan"

Santa madre, casi me dio un paro cardiaco cuando lo vi allí, en medio de la gente, sirviéndose un pedazo de carne asada a la parrilla, y solamente levantó la mirada, y me dio un imperceptible guiño.

Por Kami ¿Qué hombre desafiaba así a la muerte? Nunca he conocido a alguien que lo hubiese hecho, en verdad que no. Teníamos a todos, rodeándonos, y aun así, ese hombre tenía el descaro de haberlo hecho. Aunque por otra parte, la descarada era yo, según en sus palabras. Porque, a pedido de Bra, de hecho. Tuve que necesariamente enfundarme en ese pedazo de tela de una pieza, para poder disfrutar de la piscina.

Recuerdo las breves miradas que me envió, y también el accidental toque a mi hombro mientras nos servíamos nuestra comida del bufet.

Aun no podía creer que ese hombre podía tener la indecencia de acercarse, estar a pocos pasos de mí, con todos allí, con su esposa, con el mío incluso, y aun así, no se sentía culpable. Al contrario de Trunks, que casi se disculpaba por tocarme, así haya sido por casualidad, un solo roce accidental que implicara un contacto físico, cosa que yo necesitaba. Madre santa, yo vivo de esos roces, de esos errores y no de sus contantes "Lo siento, no debí"

Era su esposa, la mujer que compartía cama con él, pero no vida, si así lo colocaba en la balanza. Ahora, al parecer, está intentando cambiar, decirme que quiere recuperar lo nuestro, y es algo que si quisiera, es decir, hablar con Trunks de todo y nada, que él me enseñara, que compartiera sus conocimientos conmigo o al menos…

De nuevo, como antes, el ki de Vegeta fluctuó, y supe que estaría esperando mi aparición por la cámara. Pero ¿Cómo se le podía ocurrir semejante tontería? Si Trunks notara que no estaba en la habitación, quizá me buscaría, pero después de todo…

"Durará hasta que esos dos recapaciten"

"Vegeta…"

"Claro. Si aceptas"

¿Habré hecho lo correcto? ¿Quizá, esto se habría solucionado con tan solo haberlo hablado con Trunks al respecto de mis sentimientos y de la soledad que cargaba por su indiferencia? Apenas siete años, y ya nada era como hace poco tiempo, me sorprendía de las parejas que llevaban tanto tiempo juntas, como mi madre, mi abuelo, y… Bulma.

Quizá, si tan solo, hubiese tomado otro tipo de decisiones, ahora podría dormir… ¿Tranquila? ¿Relajada? O ¿Acostumbrada a que todo fuese la misma rutina de todos los días?

Con el brazo doblado debajo de mi cabeza, miré de nuevo al techo, y recordé la noche, en la cual, vine llorando aquí.

FLASHBACK.

—Otro de estos, y te mueres—me dijo, sonando orgulloso de lo que su Garlic Gun me había hecho. Mi ropa quemada decía mucho. Aun así, me coloqué de nuevo en pie, y el orgulloso hombre tan solo sonrió de medio lado—. Bueno, es suficiente, creo que es todo.

—Sí—comenté después de dejar mi fase de súper saiyajin.

"¿Podría… dejarme entrenar en la cámara?"

"Adelante"

Contrario a lo que yo hubiese creído, el hombre en cuestión, me lanzó una botella con líquido para la reposición de electrolitos, y sentándose a mi lado, se quedó en completo silencio.

Pasó el tiempo, y cuando creí que lo mejor que haría sería irme de allí, el hombre comenzó a hablarme.

—Pan…

—Vegeta-san, yo…

—No debes sentirte culpable—solamente dijo mientras su boca bebía el contenido de la botella—. De todas maneras, yo fui el que lo provocó.

"Créeme, esto es mucho más grave"

—Ah…—se refería al beso que habíamos compartido hace ya casi medio año. Razón principal por la cual, supliqué, rogué, a Trunks, que saliéramos de esta casa, y buscáramos nuestra propia independencia.

—Planeo hacer como si nunca hubiese sucedido.

—Sí—susurré apenas—. También yo.

—Deberías hablar con Trunks—soltó de improviso, pero en ningún momento, su vista se clavó en mí.

—¿Eso cree?—pregunté con cierta incertidumbre, y como presagiando que eso no funcionaría, intenté muchas veces hablarlo con Trunks, pero hasta ahora, el hombre hace oídos sordos.

—Sí.

—La verdad—no tenía nadie para hablar acerca de esto. Mi madre, y quizá mi abuela se escandalizarían si les confesara que, la razón de todos nuestros problemas, es que, Trunks no le da el interés que esta relación supone debe tener—He tenido deseos de hacerlo, pero… al igual que siempre no he podido hablar, casi nunca está. Usted, lo sabe perfectamente.

—Ya.

—Gracias—le dije, y su expresión de cejas fruncidas, y sus labios rectos me hizo bajar la mirada—. Es decir, por… haber entrenado conmigo.

—No eres una pérdida de tiempo—dijo.

Tomé el envase de mi botella de vidrio, y cuando se la iba a entregar en sus manos, mis dedos se tocaron con los suyos. Una electricidad recorrió mi piel en ese instante, en especial, porque recordaba esos mismos dedos que habían tomado mí nuca para besarme, la primera vez.

No sé ni cómo fui capaz de levantar la mirada hacia él, sus ojos ónix, siempre tan serios, enmarcados por esas cejas, me hicieron sonrojarme, a la vez que, mi mente, se largaba lejos de aquí, y mis sentidos me dijeron que lo acariciara, sentir de seguro, la barba afeitada de su mentón como en aquel entonces, era algo… llamativo. Arriesgado, pero llamativo, y ¿Por qué no? Excitante.

Una de mis manos, se paseó por el contorno de su cara mientras él se dejaba hacer, con sus negros ojos, fijos, expectantes, apasionados, sobre mí. No podía creer que yo causaba eso en algún hombre, algo, aunque una mísera pizca de deseo en su mirada, misma que no había podido causar en mi pareja, mi propio esposo, apenas sí se limitaba a la rutina, al simple acto carnal, sin ningún especial significado, y luego, de vuelta a esperar, dos semanas, tres, cinco, dos meses, y a veces, insinuarle, casi desvestirme en frente de él, para que al menos así notara que estaba allí, lo amo demasiado, Kami sabe que sí, que mi esposo es un hombre bueno, trabajador, comprensivo, guapo, inteligente y todas las cosas que cualquier mujer desearía en su esposo, él de seguro es el sueño de toda mujer en el mundo, pero si algo Trunks no tenía, era decisión de prioridad, y allí sí que yo salía perdiendo.

Siempre, tenía que esperar.

Vegeta con una de sus manos, tomó mi mentón y me obligó a mirarlo directo a los ojos. Al mirarlo, supe de donde había sacado mi esposo su hermosura y sus rasgos que lo hacían varonil, atractivo e intimidante. No es Bulma no fuera hermosa, pero bastaba con ver, así, tan cerca a Vegeta, a tan solo trece o quince centímetros de cerca, para comprender de dónde Trunks había sacado su facie.

Labios rectos, carnosos, y suaves…

¿Suaves?

Sí, tuve la suerte o desgracia quizá, de probarlos o por decirlo menos, de que me poseyeran.

Mi mano se quedó estática en su mandíbula, un tanto rasposa, pero no por lo menos limpia, impecable, recta y a la vez tan suave, de piel con tono bronceado.

Esto está mal.

Susurró esta pequeña voz en mi cabeza. Aquella denominada conciencia.

¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué estoy sintiendo rabia y pánico en este mismo momento?

No me entiendo.

¿Por qué no largarme de aquí? ¿Por qué, aunque lo quiero, no puedo?

—Pan.

—Debo irme—solté, para levantarme, zafarme de su agarre, para ir a mi habitación. Pero no, mis planes serían frustrados, el hombre solo pasó su pulgar por mi párpado inferior, dejándose acariciar por mis pestañas, y por qué no, por mis lágrimas.

—Este quizá sea el momento de mandarlo a la mierda—soltó sorprendiéndome. Creí que me diría niñata sentimentalista. Idiota soñadora o algo como romántica estúpida, pero no, al contrario, me estaba ¿Consolando?

—No te calles más.

De todas las cosas, ese era el mejor consejo que me pudo haberme dado alguien en la vida.

—¿Eso cree?—le pregunté. Sabiendo a ciencia cierta que nunca me he callado, pero ¿Qué hacer cuando por más que grites, la otra persona es sorda?

—Sí. Nadie dirá nada. Trunks se lo merece de todos modos.

—No está—le respondí, y luego de explicarle que mi esposo volvería en una semana, sería hora de irme.

Bajé mi vista a mis piernas dobladas, y sentí el horrible ardor en la garganta. Esa sensación de ahogo, el llanto, el maldito llanto de nueva cuenta.

—Descanse, Vegeta-san—le dije, pero mi mano aún estaba posada en su rostro, estática, sin moverse un milímetro, como si aquel movimiento, arrugara o arruinara la impecable piel de Vegeta.

¿Qué más da una última vez?

Preguntó mi alter ego, quizá un poco atrevida.

Es más, después de esto, ya no lo verás. Recuerda que ahora vives en otra casa, y, la razón de estar aquí es solo porque tenías los libros contables con Bulma.

"¿Qué más da una última vez?"

Mi propia pregunta, me sorprendió, y así, mi otra mano, un poco más atrevida, se posó en su nuca, acaricié, descendiendo desde el nacimiento de su cabello hasta la línea divisoria de su espalda. Un débil suspiro se escapó de sus labios entreabiertos mientras tenía los ojos cerrados, y una vez los abrió, madre santa, me envió una mirada que hizo estremecer mi piel.

Una nube negra, si alguien me lo preguntara, pero mucho más cargada de electricidad, de algo… Misterioso, pero interesante, logré divisar.

Con algo de prisa, y en un movimiento, mis labios ahora eran de su propiedad, Vegeta se juntó a mí, con su tierna y caliente carne de sus labios que presionaron sobre los míos, mordiéndome en el acto, y casi recargando su peso total sobre mí. Aun sentados, me vi en la obligación de apoyarme sobre mis brazos a cada lado de mi cuerpo, mientras él, levantándose sobre mí, tan solo se dejó caer.

Sus manos no tardaron en hacerse notar, y ahora, se paseaban descaradamente por mis piernas, cubiertas por el dogi. Lo sentí sonreír en mis labios descaradamente, sabía de sobremanera cómo estaba desestabilizando mis sentidos, y todo mi juicio.

Sentí sus manos acercarse peligrosamente a mi entrepierna, así que en arco reflejo de protección, crucé las mismas, negándole así esa posibilidad, pero al contrario de sentirse rechazado, lo escuché bufar divertido antes de perder la cabeza en el nacimiento de mis senos.

Los estaba acariciando, tomándolos, como examinando su medida y su peso, como queriendo saber a ciencia cierta qué hacer con ellos, apenas sí me había dado cuenta cuando había rasgado la tela, y ahora se deleitaba con uno de ellos sobresaliendo del sujetador y el dogi.

Las sensaciones se enviaron directo a mi entrepierna, me retorcía expectante de lo qué haría, ansiosa. Con las manos en mis piernas, me obligó a cerrarlas, pegar tobillos al final de su espalda, cosas que hice, y así, con mi pelvis pude sentir el bulto formado y encarcelado en los pantalones. Me estremecí en extremo, y casi colapso con eso. Vegeta empujaba sobre la ropa, y todas las luces de mi cerebro desaparecieron, me concentré en sentir lo que él haría.

El sabría lo que haría conmigo, y casi puedo jurar que él sabía más de mí que yo misma. Sus besos, y el rastro de saliva en mi mediastino realmente me hicieron sonrojar en extremo. Ninguno de los dos dijo nada, por breves momentos nos mantuvimos las miradas, para luego continuar con nuestro respectivo trabajo, él haciendo lo que mejor sabía, y yo, solamente estática, y dejándome llevar por este tren de emociones, sensaciones y exquisita electricidad.

No sé de dónde saqué fuerza, pero decidí ser más atrevida, solo llegar un poco más lejos de lo que ya lo había hecho, de lo que ahora estaba haciendo, disfrutando de este exquisito aroma a menta, y el respirar de este hombre en mi mejilla.

Mis manos, se posaron en su cadera, cubierta por aquellos pantaloncillos azules, que desde que tengo memoria, he conocido. Mis dedos se adentraron a cada lado de su cadera, y lentamente comencé a hacerlos descender por las mismas. Solo sé que quiero causar un mínimo intento de lo que él causa en mí.

Mientras Vegeta trabajaba en mi cuerpo, yo me concentré en una sola parte, bajé sus pantalones, y mis dedos se deslizaron en medio de sus boxers para tomar, con algo de cohibición el premio de mi imprudencia. Lo sentí tensarse por completo, sus músculos, cuales rocas duras y cinceladas perfectamente, me apretaron contra él. Gimió en mi oído, casi apretando los dientes, y con su respirar un tanto dificultoso, siseó mi nombre.

—Por Dios, mujer… no… no hagas eso—comentó, mientras yo sonreía victoriosa.

¿Quién diría que la retribución era tan placentera?

Una pequeña retribución de mí para con él.

Bajé y ascendí su erección, mientas el hombre solo cerró los ojos con fuerza. Nunca creí que dos podríamos jugar el mismo juego, pero ahora, ni una puta idea tenía de qué era lo que me estaba pasando, pero sí sé, esto es demasiado para mí misma.

Después de maniobrar su erección, un poco de su esencia, tibia, se derramó en mis dedos. Tomándola, solamente seguí con mi maniobra, pero antes de volver a mi trabajo, Vegeta tomó mi mano, y sacándola de aquel sitio, me lanzó una especie de amenaza.

—Pan… no me tientes, mujer.

Atendiendo a su pedido, me quedé quieta, mientras vi como sus mejillas tenían una coloración rosada, de seguro igual a la mía. En un movimiento, quedé completamente desnuda ante Vegeta, sin importarle nada, rasgó mis bragas, y las tiró lejos de nosotros, mientras él, se quitaba, casi pateando el pantalón de entrenamiento lejos de nosotros. Completamente desnudos en el suelo, él se acercó con ferocidad, la misma que estaba teniendo, pero esta vez, con más necesidad, como si se moriría si no lo hacía, y yo…

Yo no tengo nada que replicar al respecto. Enrollé mis piernas alrededor de su cintura, y en ágil movimiento, sentí el tamaño de su estructura en mi interior, llenándome por completo, y menos mal, no inspire aire, sino, hasta Desde me habría oído.

Empujó con fuerza, una y otra vez, hundiendo sus dedos en mi cadera y en mis nalgas. Su boca en mis senos, y yo… Yo solamente solté un gemido, proveniente desde la parte de atrás de mi garganta, y me avergoncé por lo sonoro que fue.

—Lo… lo siento—apenas sí susurré mientras él no dejaba de envestirme.

—No tienes porqué—sentenció, y apretándome más a él, se introdujo de manera salvaje.

Santa madre, yo ya no era virgen, pero aun así, estaba más nerviosa que cuando fue mi primera vez. No sabía qué hacer, ni qué sentir, ni en donde enfocar mi atención.

Él, al parecer lo sintió. Porque simplemente, me trató con la crueldad con la que se puede tratar a alguien que ha tenido abstinencia en meses. Con deliciosa, y placentera crueldad.

Cuando estaba a punto de colapsar, él simplemente salió de mí, y se me quedó viendo, expectante de lo que yo haría sin él.

—Pero… ¿Q-qué…—Antes de que pudiera siquiera hablar más, tomó mis piernas para colocarlas sobre sus hombros, y de manera inmediata, me penetró. Grité, me mordí los labios pera nada funcionó. Me escuchaba a mí misma solamente gemir, y tratar de acoplarme con Vegeta, cosa que logramos, no resistiría mucho. En la condición pésima en la que me encontraba, estaba segura de que no.

Mi piel encendida gritaba de atención si él se alejaba lo suficiente, así fuese para tomar impulso, así se tratara de dos centímetros de lejanía, para mí, era la muerte y la agonía.

Como lo había predicho, colapsé, avergonzada por mi pronto orgasmo, con la respiración acelerada y el corazón en la boca, escondí mi cara en su cuello mientras él seguía con su trabajo, un par de minutos más después, colapsó, y su esencia tibia se derramó en mi interior.

¿Quién diría que estar cansada sería tan satisfactorio?

Apenas sí sentí cuando él salió de mi interior, y colocándose a mi lado, simplemente estaba calmando su respiración. Apenas sí abrí los ojos, y pude notar como gotas de sudor descendían por los laterales de su frente.

Mis ojos, de pronto, se empezaron a sentir pesados, tanto que costaba mantenerlos abiertos, así que simplemente, todo comenzó a verse borroso, y la voz lejana, cerré mis ojos y me dormí.

—Pan.

—Mm—Quién quiera que estuviera interrumpiendo un espléndido sueño, me la iba a pagar.

—Es hora de irnos.

"¿Es hora de irnos?"

¿Irnos a dónde?

—¿Eh?—solo en ese momento, abrí mis ojos, y me encontré recostada sobre el pecho de Vegeta, con él, mirándome desde arriba, apoyado en su brazo, para angular su cara con la mía. Y solo allí recuerdos de lo acontecido en la madrugada, se proyectó como una película en mi cabeza.

—Pronto amanece…

Diablos.

Salté, alejándome de él.

Santa Madre.

¿Qué demonios había hecho?

Mis ojos vagaron por la cámara de gravedad, y nada dejaba lugar a dudas de lo que había pasado, la ropa rasgada, y Vegeta desnudo, mirándome sin ninguna expresión, me dieron un golpe contra el suelo.

¿Qué hice?

Me senté, con las rodillas pegadas a mi pecho, casi en un intento de cubrir mi propia desnudes de ese modo.

Kami…

¿Me…

¿Me había acostado con Vegeta?

La pregunta era innecesaria, lo recordaba, y sí.

—Ponte esto—dijo extendiéndome mi pantalón del dogi, y su dividí. Si mal no recordaba, la mía había sido rasgada. Con la mirada en sus pies, ahora con el pantalón en sus tobillos, no pude verle la cara, jamás, jamás podría. No después de esto.

—Gracias—apenas sí dije por inercia. Menos mal, él pareció entenderlo, y se alejó de mi lado, para quemar la evidencia de nuestra asquerosidad.

Rápidamente me coloqué el pantalón sin las bragas, ahora ya calcinadas, y me enfundé en el dividí de Vegeta, sin pensar realmente.

—Ve con cuidado—dijo, dándome la espalda—. Podría haber movimiento en la casa.

Santa madre… ¿Vegeta y yo habíamos tenido sexo? Kami ¿Tan necesitada de sexo estaba?

—¿Pan?—preguntó parado delante de mí, con la mirada seria, y su mano extendida hacia mí. Los últimos acontecimientos se rememoraron de nuevo en mi mente, y para cuando pude ver los ojos de Vegeta mirarme… yo...

En un movimiento, me levanté del suelo, con la mirada en el mismo, y mordiéndome los labios, corrí.

FIN DEL FLASHBACK.

Así que aquí iba yo, al lugar en donde todo empezó.

Quien dice: Nunca más. Es un completo mentiroso o quizá, yo era tan débil con respecto a este tema.

Golpee la puerta, y él me abrió.

—Tardaste—mencionó con sus brazos sobre su pecho.

—Solo lo suficiente. A propósito. Esto es arriesgado, dime qué quieres, y podré volver a la habitación.

—¿En verdad no te imaginas?

—No.

—¿En verdad no lo haces?

Se acercó lo suficiente como para sonreírme descaradamente.

—Creo que tengo una idea—completé su premisa.

—Bien. Entonces, creo que por el momento deberé conformarme con esto—se lanzó a por mis labios, y yo hice lo mismo con él—. Mañana, mujer.

—No creo poder.

—Mañana.


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Un saludo,

Odette Kaidens Zeng.