Capítulo 7.
POV DE VEGETA.
—¿A dónde vas?
—A entrenar.
—De acuerdo.
Salí del laboratorio dejando a Bulma, y caminé hacia la cámara. Extrañamente, ingresé, y como nunca en mi vida, me senté en el suelo para tan solo no hacer nada.
"Trunks quiere ir de vacaciones"
"Lo sé. Me lo dijo"
"Entenderás que no puedes llamarme"
"Entiendo"
Maldita sea. ¿Qué he hecho?
Me recosté por completo en el suelo, y cubrí mis ojos con mi antebrazo.
—Cometí un maldito error.
No uno siquiera parecido al de matar a alguien, creo que hasta eso sería más aceptable para todos, este inusual error tiene nombre y apellido, y esta vez vaya que la jodí en niveles abismales. Maldición, ni el idiota de Kakaroto, con su única neurona en la cabeza, hubiese podido haber hecho algo tan estúpido como esto, que bien puede arruinar todo en mi vida, y en la suya, pero… como el infierno, aún ahora me pregunto ¿Cómo es que llegamos a esto?
"¿Qué haces?"
"Estoy entrenando"
"¿A las once de la noche?"
"Sí. Y si no es molestia. Quiero estar sola"
¿Por qué tenía que preguntar? Quizá si no me hubiese quedado allí para ser juez de su entrenamiento, ahora no estaría con un puto dolor de cabeza que no me deja dormir.
Culpa.
Creo que debe ser eso. Y por ello sé que debo dejar de pensar en todo eso, sino, creo que me enloqueceré. Tengo que hacer algo para distraer a mi mente, y dejar que al menos por un par de horas descanse y deje de pensar tanto.
"Vegeta siempre está pensado"
Maldición Kakaroto. Si supieras que ahora eso está siendo un problema. El pensar, precisamente. Debo enfocarme en…
Luchar.
Sí, eso es.
La batalla siempre me obliga a pensar, a razonar, porque sí, soy un genio en lo que hago, y eso lo sé demostrar en el campo de batalla. Además, la lucha es buena para mi mente y mi cuerpo, despierta mis sentidos, al igual que…
—¡Maldición!—refunfuñé abriendo los ojos. Estaba muy bien hasta que su nombre de nuevo apareció.
Bufé sin siquiera pretenderlo, y quería golpearme por haber sido un desgraciado hijo de puta aprovechado.
Sí, mi segundo nombre debía ser ese. No cabía lugar a dudas, tengo certeza de ciertas cosas, y esta, es una de ellas.
FLASHBACK.
No era lo que tenía planeado hacer a la medianoche, pero en fin, me estaba divirtiendo mucho.
—¡Maldita sea, niñata! ¡Eleva más tu ki!
—¡Bulma-san podría molestarse si la casa empieza a temblar!—me contestó sin perder su transformación. Sabía que tenía razón, así que le dije que parara—. ¿Qué tal?—preguntó, casi rogando por aire. La gravedad que le había colocado había sido mucho para ella. Pero sabía que después me lo agradecería.
—Basura.
—¿Qué?—preguntó jadeando, apoyándose en sus rodillas—. Eso está bien.
—¿Qué?—Ahora era yo el sorprendido ¿Por qué estaba bien?
—Eso me dice que toleré bien la gravedad—dijo antes de estirarse y que sus huesos crujiesen al unísono.
—No te des alabanzas, niñata. Pero veo que has practicado.
—Sí, lo he hecho.
—Trunks fue un gran oponente, según veo.
—¿Trunks?—preguntó, secándose la frente.
—Sí, él te entrenó ¿No es así?
—No—sentenció—. Él no tiene tiempo, así que lo hice por mí misma.
—¿Hasta este nivel?—se me escapó, y tarde noté mi error, le había lanzado una felicitación. Una que ella aceptó.
—Sí. Vegeta-san.
—Hm. Aun así, aun no es suficiente.
—Sí, lo sé. Nunca será suficientemente bueno para usted—comentó con una holgazana sonrisa en su cara.
—¿Qué estás insinuando?
—No, nada, simplemente que… es muy estricto.
—Hm. Eso lo sé—me crucé de brazos y aguardé a que se calmara un poco más—. Ten un enfrentamiento conmigo.
—¿Qué? ¿En estas condiciones? Usted es mucho más fuerte, me ganará.
—Bah. Deja la niñería para las terrícolas, y enfréntate a mí.
—De acuerdo.
La pelea estaba muy reñida, y sonreí internamente cuando comprobé que colocarla más allá de sus límites había funcionado excelentemente bien. Su fuerza, así como su resistencia habían aumentado mucho, sus movimientos cada vez eran más rápidos. Lo cual debía agradecérmelo, si alguien me lo preguntara.
El haber entrenado con gravedad enorme, hizo que sus articulaciones, huesos, y todos sus músculos se acostumbrara tanto a la misma, que ahora, sin la presencia de gravedad, sus golpes casi eran indescifrables, casi.
De no haber tenido la oportunidad de pelear con Kakaroto cientos de veces, diría que esta niña era un prodigio, pero al igual que su abuelo, tenía ciertos puntos débiles. De modo que, una patada fue lo suficiente como mandarla a volar.
Tiempo después se colocó en mi frente, desafiándome, retándome a volver a golpearla. Cosa que con gusto acepté, la pelea siguió el ritmo que yo esperaba. Golpes, patadas de mí parte, y las de ella, hasta que en un momento, todo se volvió tan confuso que ni yo mismo me creía que estuviese tomándola por la cintura.
No era un agarre accidental, era algo como… posesivo. Con fuerza.
Evidentemente la sentí tensarse, y eso lejos de hacer que la dejase, me hizo pegarme más, tenerla a tan solo centímetros de mi cara. Inevitablemente la intenté besar, pero ella se alejó, me gritó diciéndome que estaba loco, pero para aquel entonces, mi mente se había largado lejos, y solo la besé.
Sus labios sabían tan bien, carne tierna y suave.
Creí que ella me separaría en ese instante, pero al contario de mis expectativas, Pan me correspondió, increíblemente, con la misma necesidad y deseo con el cual yo la besé. El mismo fue relativamente corto, pero se fue intensificando, y allí sí que Pan salió corriendo despavorida.
FIN DEL FLASHBACK.
Días después, ellos se mudaron de casa, según Bulma dijo, Pan había querido independencia.
Alejarse de mí era lo que quería. Y yo debí haber tomado eso como una oportunidad para enmendar mi error con ella, y que retomáramos lazos familiares.
Intenté olvidar aquella noche en la que nos besamos por primera vez. A decir verdad, considero que ella también, caso contrario no habría arrastrado a Trunks a salir de esta casa. Intenté en más de una ocasión hablar con ella acerca de lo que había pasado, pero con lo inteligente que es, jamás se atrevió a hablarme a solas, siempre en compañía de alguien, y casi con frecuencia era para saludar o simplemente para ofrecerme más comida.
Cualquiera pensaría que después de casi seis meses en los cuales ella no fue capaz de poner un pie en la casa, yo debía haberla olvidado y no debería haberle prestado atención, pensar que fue un error, provocado por mí, y aceptado por ella. Pero no, las cosas no pararon ahí, y fue de nuevo por mi intromisión en algo que no me incumbía.
Pero…
¿Por qué me entrometí?
Esa era la pregunta del millón. Mi curiosidad me llevó. Después de todo, el ki elevado no es una buena señal, ya que demuestra ira interior, la misma ayuda cientos de veces para despertar nuestros poderes y hacernos más fuertes, pero en esta ocasión, sabía que había algo más entre esos dos, y todo venía por parte de Trunks.
Recuerdo que la primera noche en la cual ella aceptó entrenar conmigo para desahogarse, aunque sé, ella nunca lo admitiría, estaba tan molesta con Trunks por lo que me había dicho. A decir verdad no consideraba algo tan grave el que yo supiera o no de la vida íntima de mi hijo, después de todo, Trunks tenía esa confianza conmigo, pero lo que sí noté era cómo lo dijo el tonto de mi hijo.
"Pan y yo lo hacemos una vez por mes"
Kami. No entiendo cómo no se moría con esa rutina autoimpuesta. Recuerdo que no pude evitar decirle que me daba pena su manera de pensar, en especial porque Pan lo miró como si le hubiese salido dos cabezas. ¿Y a quién no? ¿A quién no le emputa la vida que solo piensen en su propio placer físico?
A todos.
Pero de todas maneras ¿Qué esperaba yo? Bulma también estaba en las mismas, siempre con su trabajo, a pesar de ya haberle cedido el control absoluto de la compañía a Trunks y a Bra, lo cierto era que mi esposa no podía dejar de estar al pendiente de los inventos para la compañía. Lo cual, en cierto modo, era muy beneficioso, pero por un carajo ¿Dónde quedaba yo?
Muchas de las veces ella solía sacarme de la habitación porque le molestaba, o porque verme allí, durmiendo, hacía que le diera sueño, imposibilitándola de trabajar.
Por Kami.
¿Qué demonios o dónde demonios había quedado mi ardiente esposa?
Aquella noche quise tener sexo con ella, y ¿Cómo me respondió? Echándome de la habitación, diciéndome que no la dejaba concentrarse en su trabajo, y que fuera a hacer lo que quisiera con tal de dejarla trabajar.
Enfadado, había ido a la cocina por un bocadillo nocturno, cuando los escuché hablar, ingresé, y Pan me había servido un filete que recalentó, mientras ella se sentó al lado de Trunks. Aburrida al extremo, si alguien me lo preguntara, mientras mi hijo no dejaba de teclear sobre el computador, con sus lentes en el puente de su nariz.
¿Por qué demonios usaba eso de todas maneras?
Sus ojos, de niño. Estaban muy bien.
Conversamos un poco, y allí supe que las cosas entre esos dos no estaban tan bien, en especial por la poca atención que Trunks le ponía a su matrimonio, y a Pan. Por un carajo, cuando "Jóvenes" al menos en términos de Trunks, no había noche en que dejara en paz a Bulma. Lejos de ser solo algo físico, era algo que nos unía, pero en los últimos años, Kami ¿A dónde se fue la seguridad que Bulma desprendía?
Para mí seguía siendo mi endiablada esposa, a quien por cierto amaba. Pero en verdad me enfadaban sus constantes mordaces comentarios acerca de lo mismo de siempre, por casi… Kami, ya perdí la cuenta.
"Yo no tengo la culpa de que los saiyajins sean unos monstruos que no envejecen nunca"
Jamás en mi puta vida pensé que ella era una anciana. Nunca. Por eso me enojaba esa concepción que Trunks tenía para nosotros.
¿Qué decía cuando le preguntaban sobre nosotros?
¿Mis ancianos padres?
Que se vaya al carajo. Él, Bulma y aquel pensamiento de: los jóvenes hasta tal edad, los ancianos desde tal edad.
Al carajo todo eso.
Por ello, me enojaba con Bulma, porque era ella la que sacaba a relucir el tema, y eso vaya que era fastidioso. Sentirse culpable por ¿La genética? ¿Qué demonios podía hacer yo al respecto de eso?
Nada. No tenía la culpa.
Pero eso mismo me molesta, hemos estado tan distanciados, que la mayor parte del tiempo peleamos o yo terminaba durmiendo en la cámara de gravedad y por el demonio, lo odio. No es como solía ser nuestra relación. Ahora era todo lo contario a cómo empezamos, ahora era como estar con un témpano, alguien a quién ya no le interesaba si dormía o no con ella. Y no quiero que sea de esta manera. Creí que cambiaría algo con el tiempo, pero maldición ¿Todos estos años?
"Menopausia"
Dijo Trunks, pero eso no debería ser una determinante para que nuestra relación cambiara tanto, por otra parte el trabajo también ocupaba la mayor parte del tiempo de Bulma, y allí es precisamente en dónde estorbaba yo.
Ya casi ni recordaba cuando fue la última vez que me decía que le ayudara a cargar la maquinaria o cualquier otra cosa, siquiera decirme que me amaba. Ahora con suerte, ella me permitía, y eso a veces, abrazarla.
Por eso, y otras razones, Bulma resultaba ser tan anal en estos últimos años.
Y creo que por eso justamente comprendí por lo que Pan estaba pasando, sintiéndose ignorada por alguien que le importaba. Era notable su fastidio. Un idiota… Bueno, Trunks no lo notaba.
No sé en qué demonios estaba pensando él de todos modos, pero sí sé que a Pan le dolía el sentirse parte de nada.
Nunca creí decir eso, pero yo me sentía así cuando Bulma me ignoraba, o ni siquiera le importaba lo que yo hiciera ¿Dónde quedó aquella mujer que siempre me gritaba?
Extrañaba eso. Por ello creo que…
Como en contadas ocasiones, me puse en los zapatos de otra persona, y en este caso, de Pan.
Aquel día vi que Trunks la había estado cagando con su esposa. Sí, vivíamos en la misma casa, pero eso no quería decir que yo supiera cada cosa que ellos hacían o dejaban de hacer, a decir verdad C.C. era lo suficientemente grande como para considerarlos vecinos.
Ellos tenían su propia independencia, lejos de nuestros ojos, de todas maneras, jamás nos metimos en su relación.
Y es por eso que, nunca tuve la oportunidad de hablar con Pan de cosas que no resultaran de batalla o de cualquier otra índole, realmente. Y esas contadas ocasiones fueron cuando Pan y Bra entrenaban en la cámara, y casi siempre por sus fallas en el entrenamiento.
Para cuando Pan y Trunks se casaron y vinieron a vivir aquí, mucho menos, un saludo a la semana creo. Ellos tenían su propia ala, y a veces nos reuníamos para desayunar, almorzar o cenar, todo dependiendo de sus horarios, ya que solían salir muy temprano y regresar al anochecer.
Trunks a la empresa, y Pan con sus clases en la universidad.
En fin, éramos vecinos dentro de la misma casa. Así que por eso no consideré nunca realmente a Pan como a una hija, sino cómo…
¿Una guerrera?
Sí. Siempre fue así.
En todas las veces que nos vimos, a escondidas de todos, muchas de ellas, simplemente me preguntaba de las costumbres de Vegetasei, con incesante curiosidad indagó en mí, y por ello, tuvo la osadía de analizarme a profundidad. De conocer algunas cosas de mí, de hacer que los entrenamientos fueran más entretenidos, vivaces, y además, todo era un reto. Para mejorar, para que se ganara un par de regaños de mi parte, y que yo me ganara un par de patadas de la suya. Me permitió conocer su carácter, aunque, la niñería de Kakaroto había influido en aquella niña, que de tonta no tenía un pelo, y de arriesgada, todos.
Algunas de las batallas verbales que teníamos, ella casi siempre las ganaba, tenía un menudo carácter cuando se molestaba, pero nunca, en ninguna ocasión y por más molestos que estuviésemos, jamás hablamos de nuestros problemas con Trunks o con Bulma. De todas maneras, silenciosamente, sabíamos lo que pasaba con nosotros y con ellos, pero nunca lo hablamos. Solo debíamos ser nosotros mismos, decir cualquier tontería como que ella osara en decir que sería un gran rey, un maldito infeliz, pero en fin, un rey de Vegetasei.
Era alguien demasiado vivaz, tenía las artes marciales en las venas, así como también espíritu, justo, en la exacta medida para ser… cautivante, ser demasiado para cualquiera. Y en eso Kakaroto y yo habíamos quedado de acuerdo. En algo, después de años, habíamos estado de acuerdo. Resumido en una sola palabra: saiyajin.
Por ello, me sorprendí bastante cuando, aun sin conocerla muy bien, sabía de su carácter, pero no de primera mano, sino por lo que Kakaroto y Trunks me habían comentado en una que otra ocasión. Aquella vez, ella no dijo nada cuando Trunks comentó su vida sexual con tanta holgura, aunque tendría disculpa para ello también, ya que, ni Bulma ni yo hemos sido recatados precisamente, y por ello, tampoco Trunks.
Pero Pan era otra situación, ella se había sonrojado extremadamente, tanto que ni siquiera se había atrevido a mirarme de allí en adelante. Y por ello, yo quería golpear a Trunks por ser tan idiota.
¿Cómo no veía que sus decisiones y su nada de importancia por su matrimonio, lastimaban a Pan?
Vamos, yo no era quién para decir algo al respecto, y recuerdo decir cientos de veces: Al diablo los sentimentalismos terrícolas, es cierto. Pero era porque yo no había vivido eso en carne propia, lo horrible que se sentía el sentirse solo.
Si bien es cierto, antes de llegar a la tierra, técnicamente vivía solo, creo que el vivir tantos años aquí ha calado fondo en mí.
Ahora, allí empezaban mis problemas.
Cuando vi llorar a Pan, supe que las cosas estarían terriblemente mal con Trunks. Conociendo a la nieta de Kakaroto, esa niña no lloraba por cualquier cosa, así que, la única explicación para el llanto sería la ira o en este caso la soledad ¿O por qué no? Las dos cosas.
Quizá, jamás debí haberla invitado a un entrenamiento en aquella ocasión. Tampoco después de no haberla visto por casi seis meses, quizá no debí haberla interceptado a mitad de camino. Quizá, de no haberlo hecho, todo sería tan diferente.
Considero que Pan nunca habría sido capaz de engañar a Trunks, por Kami, si algo era esa niñata, se definía en: LEALTAD. En parte quizá esa cualidad se la heredó al idiota de Kakaroto, por eso sabía que ella jamás le fallaría a sus seres queridos y mucho menos a Trunks. Lo amaba, de eso no cabía duda, pero la indiferencia es…
Traicionera.
Y aún lo es más cuando no se sabe cómo actuar, si seguir intentado aunque el otro no escuche, o simplemente, perderse.
Pero aun así, no puedo dejar de sentirme culpable. Porque sí, yo provoqué todo.
Aunque por un demonio, cualquier hombre con ojos y que no sea ciego podría darse cuenta de que Pan es… alguien que no se puede dejar pasar por alto, porque…
Mis ojos caen rápidamente a cierta parte de mi anatomía que de pronto se siente apretada.
—Sch.
Bájate ¿Quieres? No te emociones demasiado. Diablos. Debo permanecer concentrado, y mi entrepierna no me deja enfocarme en… ¿No pensar en ella? Sí. Eso es. No pensar en Pan, y en esto en lo que estamos metidos de cabeza.
Lo que me lleva de nuevo a la misma pregunta.
¿Por qué no pude evitarlo?
Era un experto en levantar un muro inquebrantable para no demostrar mis emociones, pero algo que sí sé es que, me sentía de la misma manera que Pan: Dejado a un lado. No parte de algo. Algo ante lo cual ya me había acostumbrado demasiado, porque era jodidamente bueno el sentirse parte de una familia. Pero todo eso había cambiado abismalmente en los últimos años, y lo peor de todo es que no sé por qué tal cambio.
Mentirle a todo el mundo, a mi esposa, a mis hijos, a todos. Soy bueno en eso, siempre lo he sido, calculador, oportunista—de eso no hay duda—, pero sobre todas las cosas, puedo ser un gran mentiroso, y, aunque sea lo suficientemente inteligente como para mentirle a todo el mundo, lo cierto es que si hay alguien que puede verme tal y como soy, es Bulma. Y sé, ella no tardará nada en darse cuenta. Mi esposa no es ninguna tonta, y quizá empiece a sospechar que hay algo más en todo esto. En mi nada de interés por continuar con nuestras peleas ya cotidianas.
Lo cual, vaya que me sorprende.
Ya hasta eso se siente demasiado indiferente para que siquiera me enfade por sus recriminaciones sobre asuntos en los cuales yo nada tengo que ver.
Ahora, Bulma. Es una mujer de cuidado.
No por el hecho de que ella pudiera golpearme, en todo caso, la dejaría hacerme eso, sino porque sé, ella movería cielo y Tierra para acabar con Pan. Aunque Bulma no era precisamente fuerte, al contrario de Pan, ella usaría todos los métodos que tuviera para hacerle saber quién era.
Y Bulma…
Kami. Mi esposa cuando quiere hacerle saber a alguien de su resentimiento, que ese alguien se cuide.
Si se llegase a enterar…
Nos haría conocer el infierno. En fin, hay batallas en las que uno sabe qué acontecimientos se darán.
Y Trunks.
Maldita sea.
Mi hijo también es un problema. Por supuesto que no he dejado de pensar en las mil y una maneras en las cuales mi hijo—heredero de mi carácter—me haría pagar por el hecho de haber dormido con su esposa.
Y eso, de por sí, ya me está matando en vida. No quiero que sufra, después de todo es mi hijo, y, amo a mi hijo, lo juro por mi vida. Amo a Trunks, al hombre de negocios que suele aparecer en las revistas más importantes y en programas de televisión como uno de los hombres más ricos del mundo, al guerrero que solía ser, al que sé, es todavía en nuestro futuro alterno. Por eso sé con certeza de que me decapitaría, me haría pagar. Seré su mal nacido padre, pero, lo amo. Y es por esa razón que, no quiero hacerle daño.
Porque al parecer, está reaccionando, y quiere recuperar el tiempo con Pan, tiempo que vaya que le debe. La ha dejado de lado.
Si él se llegase a enterar. Estoy seguro, me mata. Con Pan, no sé qué tan diferente podría llegar a ser, pero sé, nunca volvería a ser el mismo, pero en parte, Trunks debe reconocer que también fue su culpa, aunque, quien debería llevarse los créditos soy yo. Si Trunks quiere matarme, con gusto lo aceptaría, después de todo, fue mi culpa. Porque… desde el comienzo, siempre fui yo quien empezó.
A decir verdad, la primera vez que estuvimos juntos, ella salió corriendo, y semanas después, yo fui quien, de nuevo, la interceptó en el camino ¿Por qué?
Porque la sentí en la cocina. Su ki era leve, era evidente que lo estaba ocultado muy bien. Pero para alguien acostumbrado a detectar hasta la más mínima frecuencia de ki, eso fue suficiente para encontrarla.
Pan trataba de ocultarse de mí. Y allí surgieron las malditas preguntas que debieron haberme hecho alejarme, pero no.
¿Debía o no verla?
¿Debía o no hablar con ella sobre lo sucedido?
¿Debía decirle lo que pensaba o tan solo debía pretender que nada había pasado?
Al parecer, ella lo estaba tomando de ese modo.
Cuando pasó sus brazos por mi cuello mientras me ponía la corbata, para la famosa reunión de Bulma, inevitablemente me trasladé a aquella noche en la cual ella había hecho lo mismo con mi cabello para después bajar por mi espalda y llegar hasta la cicatriz de mi cola. Kami, casi la puedo sentir haciendo lo mismo, justo ahora.
Me había prometido que no volvería a pasar. Era la esposa de mi hijo, por un demonio. ¿Qué tan jodida debía tener la cabeza para haberlo permitido? Corrección, para haberlo provocado. Por sí, yo lo hice, todas y cada una de las ocasiones, fui yo.
Pero aun así, allí había ido yo a su encuentro, aunque debo admitir, aquel día, vaya que dudé en extremo. En mi vida, en contadas ocasiones lo había hecho.
Pero con Pan, realmente me puse a dudar, di vueltas en la cama sin saber qué hacer. Y, al fin, me decidí, y bajé a la cocina.
Así que nuestro encuentro no había sido fortuito, como de seguro ella piensa. No, yo ya la había sentido allí, y sí, había ido a su encuentro. Sabía en dónde estaría.
Y allí le hablé nuevamente. Le dije que todo quedaría allí, que eso nadie nunca lo sabría, pero para entonces…
La noche que pasamos se rememoró en mi mente, y no pude evitar maldecirme por pensar en esa manera en mi nuera. Así que, por eso solamente quería que ella me dijera que me largara, que se alejara, pero no había sido así. Aunque, yo dudo mucho que le hubiera hecho caso aun si ella me lo hubiese pedido.
Y ahora, a más de un mes de su viaje, sé que su vida matrimonial con Trunks está mejorando, o eso al menos me ha comentado Bulma cuando, camufladas mis verdaderas intenciones en una pregunta casual, yo le pregunto. Por eso sé que mi hijo estará feliz con Pan, ya que no regresan, al inicio dijeron un par de semana, quien hubiese dicho que ya llevaban más de un mes lejos, en los cuales, evidentemente, no le he llamado. De todas maneras, no habría caso.
Trunks…
"Si tuviese un hijo ¿Cómo crees que sería, eh, papá?"
"¿Me has visto cara de genetista o qué, Trunks?"
"No, papá. Solamente preguntaba si mi hijo nacería con más poderes que nosotros cuando bebés"
"No lo sé, pregúntaselo a Bulma."
"Mamá dijo que quizá sí, ya que tanto Pan y yo somos fuertes. ¿Papá, en Vegetasei…"
"Nacerá fuerte, Trunks. Será una nueva generación de saiyajins"
Ahora realmente estoy dándome cuenta de la dimensión de lo que provoqué con mi intromisión, porque eso era lo que había hecho, pero fue porque me sentía de la misma manera, y el entrenamiento, el tenerla como compañera de entrenamiento, fue algo…
Un bálsamo.
Al fin, después de días sin aparecer, mi alter ego lo hizo.
Sch. Maldito desgraciado. Solo apareces cuando te conviene.
Le solté, y mi yo interno solo sonrió sarcástico y un tanto macabro.
A decir verdad, la manchaste con la mierda que resulta ser tu vida, Vegeta.
Allí estaba nuevamente mi yo interno.
Recriminándome, y resulta que tiene toda la razón. Y es allí en donde todos mis problemas vuelven a comenzar con un nombre, y con aquella niña de cabello negro.
Maldición, yo la conozco desde que estaba en el vientre de su madre. Pero ni siquiera eso me detuvo, ni siquiera saber que ella era legado de Kakaroto lo hizo.
¿Por qué empezamos?
¿Ira?
¿Necesidad?
¿Soledad?
¿Por qué continuamos?
¿Necesidad?
En ese momento, un ki se hizo presente.
Un momento.
¿Acaso no estaban de viaje? ¿Por qué estaban aquí sin avisar?
Eso era extraño. De haberlo hecho, Bulma me habría dicho que llegaría hoy, pero no había sido así.
Me concentré y busqué el ki de Trunks, y lo hallé en la sala, para poco tiempo después salir volando.
¿Qué rayos estaba pasando?
Enfoqué mi atención en el mismo sitio, y la hallé, en compañía de Bulma. Poco después, Bulma también salió, y Pan está viniendo a esta dirección.
Y, tal y como lo deduje, no tardó en hacer presencia. Caminé hacia la puerta y la dejé pasar. Pan pasó de largo, sin siquiera saludarme, y sin retornar a verme.
—¿Sin avisar?—le indagué a la mujer que solo me daba la espalda.
—Esto es… importante.
—¿Qué cosa? Dilo.
—Vegeta—dijo, dándose la vuelta y permitiéndome verla a los ojos.
—Dilo.
—Esto debe terminar—dijo en una sola oración sin interrupciones.
—¿Qué dices?
—Que esto debe…
—Te escuché la primera vez—le solté. Pegándome a la puerta de acceso
—Entonces ¿Por qué me haces repetirlo?—soltó con el cejo un tanto fruncido en la frente y la expresión muy seria.
—Porque—enrosqué mis brazos en mi pecho. Iba a hablar, pero ella me interrumpió.
—Te pido—se le quebró la voz a medida que lo dijo—. Te… te suplico, Vegeta-san… —sin que siquiera yo lo viera venir, ella cayó de rodillas en la cámara—. Espero… espero que algún día, puedas… disculparme por todo lo que sucedió—terminó de decirlo, y soltó a llanto.
¿Perdonarla? ¿Yo? ¿Por qué? ¿Quién era yo para perdonarla?
—Pan.
—Yo…
Sin que siquiera yo lo controlara, me coloqué de cuclillas a su nivel, y la tomé por los hombros para intentar levantarla del suelo, y de su patético intento de disculpa.
¿Disculpa? ¿Por qué? ¿Para qué?
—Niñata—le dije apretando sus hombros en mis manos—. Un saiyajin jamás se arrodilla ante nadie.
Además, no me había hecho nada para que yo la disculpase ¿O sí?
—Vegeta-san…
¿Vegeta-san?
Pan solo atinó a agachar la cabeza, y a bajar la guardia. Sin una pizca de fuerza en su cuerpo, sus brazos solo eran sostenidos por mis manos a cada costado de su cuerpo.
—Mírame.
Ella denegó, pero después de un gruñido de mi parte, me dio una mirada de soslayo.
—¿Te arrepientes de lo que sucedió entre nosotros?—lancé la pregunta.
No había otra explicación para que ella estuviera hecha un mar de lágrimas. Pan me miró con una expresión que por primera vez, desde que estamos juntos, no pude descifrar en su rostro.
—Vegeta… lo nuestro… si se llega a saber, herirá a mucha gente, podría… destruir nuestros matrimonios, y… Trunks… sería capaz de matarnos, he traicionado a mucha gente, Vegeta—dijo para finalizar de nuevo en llanto, y eso solo me hizo fruncir las cejas de nuevo.
—Pan.
—¿Qué quieres?
—No evadas mi pregunta.
—¿Qué? La he contestado—respondió.
—No lo has hecho—ella iba a replicar pero la interrumpí—. Me estás hablando de la reacción de los otros, más nunca de si te arrepientes o no.
—Vegeta…—pausó—. Yo—sorbiendo su nariz, supe que su confianza había retornado, al menos la suficiente para mirarme de nueva cuenta, y dejarme ver esa rebeldía en sus ojos—. Me había perdido—dijo—, ya ni siquiera había entrenado, simplemente no le veía el caso, estuve sola por mucho tiempo, y creo que… cuando quise darme por vencida con todo y aceptar lo que viniera de parte de Trunks, tú… Bueno… había tratado de hablar con Trunks—sonrió tristemente—. Traté de… hacerle ver que sus falencias y su desinterés por nuestra relación, nos estaba afectando mucho, en especial porque saber que me ama y sentirlo son cosas… tan diferentes—dijo, y yo sabía a lo que se refería.
Estaba pasando lo mismo con Bulma, aunque nunca en la vida se lo diría.
Nuevamente las lágrimas caen de sus ojos, mientras ella inspira profundamente para tratar de calmarse y que un nuevo cargamento de lágrimas se derramen.
—Luego… apareciste, y me diste lo que por tanto tiempo se me negó, y fue interés por mí, por mis entrenamientos. Hiciste todo, a tu manera, pero aun así me ofreciste apoyo. Sé lo que le dijiste a Trunks, incluso.
Soltó, y casi me caigo de espaldas.
"Trunks. Date unas vacaciones"
"¿Lo crees, papá?"
"Sí."
"Entonces se lo diré a mamá para que se haga cargo de la empresa"
"Mejor díselo a Bra"
Se suponía que Trunks nunca debió comentarlo. Pero, tamaño de imbécil que tenía por hijo.
¿Qué parte de: Esto queda entre nosotros. No entendía?
—Sch. Hablas demasiado, mujer.
—Soy escritora ¿Lo recuerdas?
—Hm.
—Gracias.
—¿Por qué? —pregunté, sentándome en el suelo, y soltándola por fin. Se apoyó con los brazos extendidos, mientras yo me apoyé en mis brazos soportando mi espalda—. Eres extraña. Muy extraña, mujer.
—Por mostrarme tu forma de entrenar, y hacerme sentir parte de un equipo.
—Yo no hice eso. No te confundas ¿Por qué haría algo como eso por ti, eh?
—Sí, sí. Como digas—completó antes de tragar audiblemente, y secar sus lágrimas—. Por eso yo, realmente pido que puedas perdonarme algún día.
