INMORAL. SOMBRAS.
CHAPTER 20.
"Si no te hubieses quedado allí, ese maldito androide no habría asesinado a Yunny"
Estaba tratando de dormir, mas no podía, el dolor de cabeza no desaparecía, y aunque me había tomado un par de analgésicos, de nada habían servido.
Ahora que por fin estaba en cama, realmente me sentía como la peor bazofia de este mundo.
"Nunca más volverás a verlo"
De eso hace tres semanas, y la suma de todos los acontecimientos, me hacían sentir terriblemente mal.
"¡Eres un cabrón hijo de puta aprovechado!"
Kami. Lo que Trunks le había reclamado a Vegeta. La golpiza que después le había propinado, los insultos, todo.
Lo dejé afrontar solo todo el peso de nuestro pecado.
Me había convertido en lo que siempre detesté: Una maldita cobarde.
Había huido, había tomado la oferta de Trunks de alejarnos, salir del país, quedarnos aquí en Estados Unidos para no volver. De todas maneras…
¿Quién me recibiría con los brazos abiertos allá?
Nadie.
Todo el mundo había escupido sobre mí, y con toda razón. Mi familia me había desconocido como miembro de ella, y como nunca, ahora realmente estoy muy asustada.
"Nosotros… no tenemos una hija"
"Pan ¿Cómo pudiste hacer eso?"
"Nosotros no creemos que te hayamos educado para eso, yo no te conozco, Pan"
Mis padres, mi tío Goten, mi abuela, todos, absolutamente todos me han desconocido ahora, dijeron que no querían volver a saber de mí.
"¡Eres una vergüenza para la familia Son! Menos mal tu abuelo Satán no está vivo para ver la mujerzuela en la que su nieta…"
"¡Milk! ¡Ya basta!"
"Ah… abuelo Goku…"
Él fue el único que se había atrevido a interrumpir la sarta de insultos que mi abuelita me había soltado. Creo que no fui la única al sorprenderme, sé que mi abuela incluso no cabía del asombro de que mi abuelito Goku le haya alzado la voz. Nunca fue conocido por ponerle resistencia, y menos de esa manera.
"Sal de aquí, Pan"
Esas palabras fueron las últimas que oí antes de que mi familia me repudiara, pero lo estaba asimilando, no tenía la moral y peor aún el derecho de juzgar sus decisiones.
"Pan… de todos los hombres con los que pudiste haber follado. De todos…. ¡¿Por qué demonios tenía que ser precisamente mi papá"
"Bra"
"¡Por un demonio! ¡¿En qué estabas pensando?!"
"Bra… Yo lo siento tanto"
"¡No! ¡Fuiste una maldita perra! Yo jamás te lo perdonaré"
"Si así es… aceptaré lo que quieras hacerme, Bra"
"Hm. Y pensar que… incluso habría perdonado que te hubieses acostado con cualquier otro tipo, pero… ¿Con mi padre? Ni lo pienses. Púdrete y vete al infierno"
—Bra…— ya sin poder más, apreté las sábanas entre mis dedos y lloriquee nuevamente.
Todo se había ido al infierno en un abrir y cerrar de ojos.
Quizá sentirme una mierda conmigo misma era mi castigo por mis faltas. El haberle sido infiel a mi esposo ha sido lo más grave que haya hecho, según recuerdo. No culpo a nadie por odiarme justo ahora, de todas maneras, yo también me odio, sabía que de saberse, dañaría a mucha gente, pero si he de ser sincera conmigo misma, nunca vi o quizá no quise ni siquiera pensar en las dimensiones, el alcance real de mis equivocaciones.
Destruí una familia, una unión, mi familia incluso, mi propio matrimonio. Y, quizá por eso, todo en estos últimos años, son el resultado de mi castigo. Aun así no entiendo cómo pudo haber pagado mi niña por mis errores, ella no tenía la culpa, ella fue concebida tiempo después de que finiquitara mi situación con Vegeta, pero… al final, ella murió.
Trato de analizarlo, comprender la razón y aunque no quiero aceptarlo, sé que tiene que ver conmigo. Yo induje la suerte de pobre hija, yo fui la responsable de su desgracia. Mi Yunny pagó por mis pecados. Aunque, ella no tenía culpa.
En cambio yo sí. He arruinado todo. La vida de todos, está arruinada por mi causa.
Ya sin poder soportar mi propio calor bajo las mantas, salí de la cama para lavarme la cara. Ingresé en el baño y el reflejo de mi propia persona daba pena.
Un par de círculos negros, productos de no haber dormido desde que todo esto se desató, se mostraban endebles en mis párpados inferiores y conjuntamente con mi piel pálida no demostraban que yo estuviera emocionalmente bien.
Abrí la llave del fregadero para tomar abundante agua para pasarla por todo mi rostro, no funcionó.
La misma palidez hacía presencia, así que me pellizqué un poco las mejillas para devolverme color.
Mi estómago también decidió hacerse notar, y como no, si no había probado un bocado completo desde aquel día. Los energizantes habían sido mi alimento en estos días. Sé que no es lo correcto y allí mi facie en el espejo me lo estaba gritando, pero…
¿Mereces siquiera comer cuando eres una mierda?
¿Lo merecía?
A mí parecer, no. Me limitaba a hacer el desayuno y la cena para Trunks, sin embargo, yo no consumía nada. No tenía apetito, peor aún las ganas de tragar bocado de alimento, pero ahora, debido a mi naturaleza, sentía que mi estómago sería mi verdugo si no ingería algo enseguida.
Así que me sequé la cara con la toalla, y bajé a la cocina.
Decidí solo encender las luces del pasillo, y dirigirme al refrigerador a ciegas. Abrí la puerta, y descargué un poco de comida sobre la isla de la cocina. Un poco de jamón, una lechuga, y la cena que había refrigerado, ya que Trunks todavía no llegaba, y en parte, agradecía que no lo hiciera.
Después de todo, nuestra relación jamás volvería a ser la misma.
—Pan—apenas levanté la cabeza, pude visualizar a Trunks parado en la entrada de la cocina, con su leva en la mano—. Creí que estarías dormida a esta hora.
—No. Ah… ¿Tienes hambre? Puedo recalentar tu comida.
—No lo hagas—completó, desatándose la corbata del cuello, para tiempo después arrojarla lejos de mi campo de visión—. Ya cené.
—Ya. De acuerdo, entonces, vamos a dormir.
Él solamente asintió, giró sus talones y empezó a caminar con dirección a nuestra habitación mientras yo sabía que mi tiempo para comer había expirado. Guardé de nuevo los alimentos sin siquiera probar un bocado, limpié la superficie del mesón y subí a mi habitación. Las luces del pasillo no habían sido encendidas, así como tampoco las de la habitación, ya que ningún haz de luz se escapaba por la abertura inferior de la puerta.
Cuando ingresé, no encontré a Trunks, de seguro estaba en el baño, así que decidí volver a enfundarme en las sábanas de la cama, caminé un poco, y tal como había pensado, Trunks salió el cuarto de baño, sin camiseta, con sus pantalones de franela enfundando sus piernas, y sus pies descalzos, se quedó parado por breves momentos en su posición mientras yo pasé de él para adentrarme en la cama, cuando de pronto lo sentí abrazarme con fuerza por la espalda, tomarme en un momento, y pegarme contra la pared de la habitación.
No esperó ni un minuto para empezar a recorrer mi cuerpo con sus manos, parecía ofuscado, desesperado. No tuvo ni el más mínimo tacto para levantar la blusa que me cubría y apretar mis senos en sus manos, con dureza y desesperación.
Me permití quejarme por leves momentos, pero eso no lo detuvo de posar sus labios en mi cuello para besarlo, al igual que en mis hombros, mientras sus manos aun me apretaban con fuerza.
—Ah… Trunks…
—Sch. No hables.
Obedecí lo que dijo, y le cedí el control total de la situación.
En un momento sentí su rodilla entrometerse en medio de mis piernas, me hizo girar para plantarle cara. Me miró por breves segundos antes de volver a enfocar su atención en mis senos, los apretó fuertemente y me sacó un quejido de dolor. Sin inmutarse, me tomó por las nalgas, obligándome a cerrar mis piernas alrededor de su cintura, y apoyarme en él y en la pared en la que me estaba recargando.
—No me beses—susurró en mi oído al prever que quería esconder mi cara en su cuello. De nuevo asentí, y apoyé mi cabeza de acuerdo a su pedido. No pasó mucho tiempo para que clavara sus dedos en mis nalgas, lo cual hizo que encarcelara aún más su cintura en mis piernas, y pudiera sentir su erección palpitante en mi entrepierna.
De tener el humor para siquiera intentarlo, no tendría problema, pero…
Realmente de todas las cosas que ahora quería hacer, la prioridad y lo único para lo que tenía ánimo era para intentar dormir. Estaba demasiado cansada por los días de insomnio que había tenido que, solamente quería dormir, pero Trunks no pensaba lo mismo, su boca continuó su descenso por mis pechos, dejando el rastro de su saliva en su división natural.
—No quiero que hagas nada—sentenció en un determinado momento.
—De acuerdo—respondí.
Entre la urgencia que Trunks tenía, terminó arrancando de mi cuerpo la blusa que traía. Dejando mi torso completamente desnudo y a su disposición.
Con ferocidad arremetió contra mí nuevamente, sus labios se posaron sobre el rosáceo botón de mis montículos y empezó a succionarlos.
—Ah… Trunks…
Se suponía que debíamos disfrutarlo, pero no, después de meses sin hacerlo, esta vez estaba siendo de todo menos placentera.
—No me toques, Pan—dijo de nuevo previendo que estrujaría su cabello en mis dedos. Y de nuevo, así como él lo pidió, obedecí. Él continuó con su entretenimiento con mis senos mientras yo arquee mi espalda por mi inercia. Aprovechando eso, su cara se escondió en medio de mis montículos mientras su cabello recién cortado me hacía cosquillas en la garganta.
Sentí sus labios succionar, y apretar mis senos, sus dientes, tomar mi pezón entre ellos.
—Trunks…
¿Podía quejarme de dolor?
¿Se molestaría él conmigo por eso?
No supe que hacer, y decidí callar. No lo interrumpiría en su actividad, como dijo que no lo tocara, dejé mis brazos sucumbir por gravedad a cada lado de mi cuerpo. Él se entretuvo mordisqueando mis senos por unos momentos más, pero de pronto, se detuvo de toda actividad. Trayendo consigo, el silencio en medio de la luz tenue de la habitación.
El silencio que se presentó y el estar medio desnuda era bastante incómodo para mí, pero aun así tuve que regular mi respiración para tratar de acoplarme con la atmósfera silenciosa. Trunks no movió un solo músculo más de los estrictamente necesarios para respirar y yo no me atrevía a moverme, sentía que se molestaría si lo hacía.
Los minutos pasaron, y el reloj de la sala sonó, anunciando así que era la una de la mañana. Siempre lo hacía para marcar la hora. Dejando eso de lado, me concentré de nuevo en mi pareja, aprisionado en medio de mis piernas, y con su cara escondida entre mis senos.
El tiempo siguió pasando, y, como Trunks, intempestivamente se había detenido, supuse que ahora ya no querría intimar, así que aflojé mi agarre a su cintura, pero él, impulsó mis nalgas con ayuda de su muslo, apretándome contra él con su cuerpo, mientras sus manos rasgaron mi pantalón de franela, conjuntamente con mis bragas a la par que introdujo un par de dedos en mi entrada.
Arquee mi espalda para recibir sus embestidas, lo hizo de manera rápida e intensa. Un par de gemidos, tuve que soltar, de todas maneras, mi cuerpo tan solo respondió.
Introdujo sus dedos un par de veces más antes de parar por completo, dejando sus dedos en el interior de mi cavidad.
—Dime—pausó, callando enseguida.
Salí de mi leve trance causado por sus embestidas, y apenas sí miré el cabello sobre su cabeza.
¿Qué quería que le dijera?
—Acaso… ¿Él te lo hacía así?
¿Qué?
Como no respondí, al fin levantó cara para plantármela. Sus ojos azules fijos en los míos, y sus labios rectos me dijeron: Habla.
—¿Él te follaba así?—lanzó ese tamaño de pregunta tan impertinente.
—¿Qué?
—Dime—confirmó su pedido con su voz grave y firme—. ¿Tú y él follaban así?
—Trunks…
Nuestros ojos se mantuvieron firmes, retándose entre ellos, y solo hasta entonces no pude evitar pensar que era una idiota.
¿Cómo demonios no me di cuenta?
Trunks estaba ebrio.
Maldita sea.
No me di cuenta, de seguro por eso decidió no colocarse la camisa sobre el pecho. Yo lo habría notado.
"No me beses"
Pero que idiota fui. Las señales siempre estuvieron allí.
—Estoy esperando, Pan—sentenció, y yo sabía que no capitularía—. ¿O cómo te follaba? ¿Lo hacía muy diferente a mí?
—Trunks—Exploté. Era suficiente.
¿Así que de eso se trataba todo?
¿Todo esto era con ese propósito?
¿El de humillarme?
—Quiero saberlo, Pan.
—Trunks. Dijimos que…
"Esto no debe hablarse, de aquí en adelante, este tema jamás debe mencionarse"
—Maldita sea—bramó enfadado, al fin perdió las casillas, y mirándome fijamente, exigía su respuesta. Podría seguir esperando, no lo haría. Si eso era el fin de todo aquello, por mí podía irse a la mierda—. Quiero que me lo digas.
—Trunks.
La ira se iba a acumulando en mi interior cada vez que él pedía esa respuesta porque sabía que era una cuestión de honor o de humillación.
Pestañee varias veces para evitar que mis lágrimas se derramaran. Brevemente, separé mis ojos de los suyos y lo enfoqué en otra dirección.
—¿Lo disfrutabas?
—Ya basta, Trunks—me cansé.
Esto fue demasiado.
Desenredé mis piernas de su cintura, y pretendí alejarme de él, pero Trunks fue más rápido, colocó sus manos en la pared, encerrándome entre ellas, impidiendo así mi huida.
Apenas sí pude tomar con una de mis manos los retazos de mis pantalones y bragas para evitar que se cayeran, mientras mi brazo derecho cubría mis senos.
—Trunks. Hoy no estás en condiciones para hablar, además, tú fuiste el que dijo que esto…
—¿Qué? ¿Dices que estoy ebrio ahora para siquiera entenderte? Pan, solo bebí lo suficiente, por eso entiendo cada cosa que te estoy preguntando, y sé exactamente lo que te dije.
—Entonces, aférrate a tu palabra, Trunks—no sé de dónde saqué la determinación que hace tan solo minutos antes de su llegada no tenía, pero ahora le mantenía la mirada, no me inmuté ante su cejo fruncido, y me mantuve seria, firme, determinada—. Buenas noches—sentencié. Aparté su brazo derecho, liberándome así de mi prisión provisional. Cubriendo aun, caminé con rumbo al armario para tomar una camisa nueva, pero Trunks me tomó del brazo, frenándome de todo acto.
—Esto no ha terminado, Pan.
—Por hoy si lo ha hecho, Trunks—Maldita sea. No sabía ni en qué minuto había empezado a llorar, pero mis mejillas húmedas al igual que mi nariz, me lo confirmaban. Sé que no tenía…
¿Qué?
Reclamó mi alter ego.
¿Dignidad? Por Kami, mujer ¡Tenemos dignidad! ¡Mucha dignidad!
Gritó mi yo interno, y yo me sorprendía incluso que aún se hubiera atrevido a hablar como lo estaba haciendo.
—No he terminado—apretó su agarre e hice lo que pude para soltarme, ya que tenía la firme intención de sujetar mis pantalones para evitar su declive.
—¿Para qué, eh?—pregunté llenándome de valor— ¿Quieres continuar para qué?
—Necesito saberlo.
—Trunks. Ya suéltame de una vez—me zafé de su agarre finalmente, no esperé lo que tuviera para decir, le di la espalda y empecé a caminar, alejándome de él.
—¿Cuántas veces? ¿Eh?
—Trunks.
—Dime cuantas veces fueron.
Giré sobre mis talones, sorprendida y con la boca a medio abrir.
—Dijiste que nadie debería hablar de eso.
—¡Por un demonio, que quiero saberlo, Pan!—me gritó sacado de quicio, me pegó nuevamente a la pared, para mirarme fijamente—. ¡¿Cuántas veces te acostaste con él?!
—Trunks—mi voz, temblorosa y apenas audible, incluso para mí, salió de mis labios como una brisa pasajera.
—¿Cuántas veces follaron, eh? ¿Diez, veinte? ¡Respóndeme, Pan!
—¡Ya déjame en paz!—terminé por empujarlo, para alejarlo de mí— ¡Sí. Sé que he cometido un error, pero ¿No puedes dejar de recriminarlo?!
—No evadas mi pregunta, Pan. Respóndeme.
—¿Qué ganas con eso?—pregunté en medio del hipeo.
—Quiero saberlo.
—No—sentencié. Me limpié las lágrimas y declaré de nuevo: —. No.
—¿Quieres protegerlo ahora?
—¡No! ¡Quiero protegerte a ti! ¡Cometí un error, sí, pero deja de hacerme sentir una mierda! ¡¿Crees que yo no lo hago, eh?!
—Pan…
—Me iré a dormir a la otra habitación—no me importó mi vestimenta, y salí de la habitación, dando un portazo a la misma.
Temblorosa y enfadada, tomé la manija del cuarto de huéspedes, y apenas ingresé, me desplomé en el suelo.
"¿Cuántas veces follaron, eh? ¿Diez, veinte?"
Pegando mis rodillas a mi pecho, solo lloré.
"¿Él te follaba así?"
Kami. Sabía que era una maldita, pero ¿Era necesario pisotearme de esa manera?
Quizá sí.
Quizá lo tenía muy merecido. Lloré el resto de lo que quedaba de la noche, y para cuando amaneció, bajé a la cocina, preparé el desayuno para Trunks, que, por su energía sabía que todavía estaba en la habitación, coloqué los platos preparados sobre la mesa, y me senté para esperarlo.
Menos mal, no tardó en aparecer.
—Regreso en la noche—dijo con toda la intención de salir de casa sin inmutarse porque su desayuno estuviera listo.
—¿No desayunarás?
—No tengo apetito—tomó su maletín, y pretendió salir, pero yo ya había tenido suficiente de esto.
—¿Podemos hablar?—le inquirí.
—¿Me dirás lo que quiero saber?
—No.
—Entonces no tiene caso—empezó a caminar con dirección a la salida, pero corrí para plantarme frente a él—. ¿Qué quieres ahora, eh? Llegaré tarde.
—He pedido hablar.
—No tengo tiempo ahora, tendrá que ser en la noche.
—No—sentencié—. Tiene que ser ahora.
—Sch—dejó el maletín en el sillón, y me miró—. ¿Qué quieres decir?
—Trunks—tragué grueso—. Después de lo que pasó anoche…
—¿Quieres seguir protegiendo a ese bastardo?
—Trunks—me mordí los labios, y así, me infundí valor.
—¿Qué?
—Yo…—sin poder creerlo siquiera, yo misma me asombraba, clavé mis ojos en su mirada azulada, y dije: — Yo lamento todo lo que hice, lamento haberte lastimado, Trunks.
Ya no tenía ni idea de cuántas veces lo había hecho, pero una vez más, como si con eso solucionara algo, me estaba disculpando.
El silencio se instaló entre nosotros, sus ojos no decían nada, ni un atisbo de cualesquier respuesta que me diera o al menos una remota idea de lo que estaba pensando.
—¿Quieres la verdad?—se me acercó, quedándose a pocos centímetros de mi rostro—. Lo que más me molesta es que, no dejo de imaginarte follando con él.
—Ah… —apenas sí pude decir eso, antes de que Trunks pasara de mí, y desde allí, ya han pasado dos semanas, en las cuales apenas sí nos hemos hablado, y si hemos cruzado palabra en estos días, ha sido por la cena.
Y ahora, mientras estaba preparando la cena, una video llamada entrante me hizo tomar mi celular, era Ann.
—Hola—contesté, y ella, ajena a toda la situación, saludó sonriente.
—Eh. Niña mía ¿Por qué tan perdida?—preguntó alegremente, lo cual agradecí ya que me sacó una sonrisa.
—Hola, Ann ¿Cómo estás?
—Nada de eso, no evadas mi pregunta, Pan. Fui a tu casa, pero no te encontré, dime en dónde estás.
—Estoy en Estados Unidos—respondí.
—¿Qué?—la escuché sorprenderse— ¿Y eso?
—Ann…
Verla a través de la pantalla, realmente me alegró mucho, después de casi dos meses de exilio desde que todo estalló, me sentí muy feliz, y la nostalgia me invadió.
—¿Pan?
¿Debía desahogarme con alguien acaso? No lo sabía, pero esta presión no me deja en paz.
—¿Qué tienes?—preguntó en medio de una risa que luego se transformó en una cara de preocupación.
—Ann…
—¿Qué te pasa, Pan?—preguntó en tono más preocupado— ¿Por qué…?
—Ann. Necesito hablar con alguien, y has llamado en el momento exacto.
—¿Qué te ha pasado?—preguntó—. Sabes que puedes decirme lo que sea.
—Hay algo que debes saber.
Era hora de sincerarme con alguien, y ella era la única persona con la cual podría hacerlo, de todas maneras, ahora no tenía a nadie más.
—Así que era eso—apenas si dijo cuándo me confesé por completo.
—Eso sucedió, Ann. Yo…
—No debes sentirte una mierda—me dijo—. ¿Quién eres tú, eh? ¿Una diosa acaso? Eres una humana, cometiste un error y estás intentando arreglarlo.
—Eso no me justifica, Ann.
—Bueno, en fin, el daño ya está hecho—dijo—, pero ¿Y Trunks? ¿Cómo lo ha tomado él?
—Ah…—No pude contestarle.
—Debe estarlo tomando muy mal—sospechó—, en fin, también es entendible. Está herido, lo entiendo, calaste en lo más profundo de un hombre, Pan. De seguro él debe estártelo recriminando ¿O me equivoco?
En silencio, le di la razón.
—Su orgullo—comenzó—, Es por eso que te lo recrimina.
—¿Algún día menguará?—pregunté con la esperanza de que ella me dijera lo que yo quería oír, más sabía lo que diría.
—No lo hará, eso estará presente con él hasta el día en el que muera, pero al menos, con suerte se hará tolerable para ambos.
—Ya veo, aun así, yo… he de tratar.
—¿Qué harás?
—Intentaré nuevamente—sentencié.
—¿Tratarás de reconstruir tu relación?
—Sí, quiero hacerlo.
Ahora estoy pagando el pecado de haber colocado la pasión por sobre mis principios, y habría de aceptarlo con valentía.
¿Trunks me lo recriminaría?
Claro que sí, no era una ingenua para no saberlo, pero habría de aprender a sobrellevarlo, sabía que nuestra relación nunca volvería a ser la misma, pero al menos, ahora, después de haberme desahogado con Ann, quien no me juzgó, sino tan solo escuchó y dio su punto de vista, me dio la fuerza que necesitaba para decirme que podría soportar lo que Trunks tuviera para decirme, todo se haría con tal que él algún día pudiera perdonarme o al menos menguar un poco su ira para conmigo, por ello, haría todo con tal de que él, no se atormentara más por mi traición.
Y eso era precisamente lo que ahora había hecho.
Serví la cena para él, y como no lo había hecho en días, para mí.
Había recogido mi cabello en un moño alto, con mi flequillo sobre mi frente y un par de mechones a los costados de mi rostro, me había enfundando en un vestido blanco.
Si quería recuperar mi matrimonio, habría de poner mis máximos esfuerzos.
Me pellizqué un poco las mejillas, el color rosáceo no tardó en aparecer, y por primera vez le sonreí a mi reflejo, ahora más delgado de antes, al parecer sí que había perdido peso.
Inspiré profundamente y salí al comedor para tomar mi lugar, y para esperar a Trunks.
Las horas pasaron y él no llegaba, miré mi reloj de muñequera y este marcaba las once de la noche. Con la comida fría en la mesa, ya no lo toleré, y me levanté. Me había cansado de esperar.
Tres horas. Había esperado tres horas a por él, porque había dicho que llegaría a las ocho, pero ya tuve suficiente. Guardé la comida en el refrigerador para recalentarla al día siguiente, y me apoyé en la isla de la cocina.
—Trunks… ¿Acaso no vendrás?
Odette Kaidens Zeng.
