INMORAL. SOMBRAS.

CHAPTER 38.

POV DE ETHAN.

—Ten—le extiendo el vaso humeante a través de la ventanilla baja del auto—. El mismo café cargado de siempre.

—Muchas gracias, Ethan—rodeo el auto y poco después me deslizo dentro del automotor, para hacerle compañía a Pan.

—Para ser café de máquina y de un dólar, es lo bastante bueno—comento dándole un sorbo breve.

—Sí—contesta Pan—. Lo es.

—No me creo que sea capaz de dejarlo—admito, iniciando la conversación—, desarrollé este gusto que sé, no es nada sano para mí salud en la universidad.

—Ya veo—apenas contestar la mujer, ahora de una cabellera color chocolate.

Por lo reacia que está al contestar, supongo que estará cansada. Y no la culpo, yo también estoy molido, a decir verdad, si no fuera por este líquido oscuro y aromático, y por Pan, habría desencapsulado mi auto y me habría marchado a casa.

—Por Kami—dice de pronto mirando su reloj de muñequera— Vaya que es tarde.

—El Sr. Tebo es un hombre carismático, de no ser por él, habríamos salido hace mucho.

—Sí. Pero al final aceptó vendernos ese local—añade Pan—. Es un muy buen lugar para un gimnasio.

—El legado de tu abuelo Mr. Satán.

—Ajá—contesta brevemente, poco después recibe una llamada, al instante sé de quién se trata, es su exesposo. Se disculpa brevemente por la tardanza, pero recalca que irá enseguida, lo cual me apena, hubiese querido tener más tiempo con ella.

Bien hecho, Briefs.

Aunque reconozco que esta vez me ha ganado una partida, eso no me exime de pensar que se ha jugado una sucia carta que incluye al infante.

"Entonces, será mejor que te dediques a lo tuyo, contador"

No hay que ser un superdotado para comprender que el hombre en cuestión estaba cabreado.

Hm. Que se joda.

"¿Me está amenazando, Sr. Briefs?"

"No. Simplemente le pido que actué con profesionalismo, Sr. Xorex"

Qué profesionalismo ni que mierda. Lo que estaba era celoso.

FLASHBACK.

—Sra. Son. Ya es hora de irnos—anuncio, ganándome así una seria mirada despectiva de parte del cabello de trapero. Poco después, Pan dice que olvidó su celular en el piso superior, apresurada o como el alma que lleva el diablo, a zancadas comienza a subir los escalones. A la par que mis ojos no pueden evitar fijarse en su ondulante caminar y de la forma elegante en la que una mujer suele moverse en tacones.

Siempre le da cierto tipo de refinamiento, elegancia, y por qué no, sensualidad que me hace pensar en cómo se vería Pan en pantimedias negras con los mismos tacones de hoy.

—Será mejor que te dediques a lo tuyo, contador—escucho que el cabello de sirena me dice a las espaldas. Solo atino a reír de medio lado, antes de borrar mi sonrisa para retornarlo a ver.

—¿Discúlpeme, Sr. Briefs?—Finjo inocencia, de antemano sabiéndome conocedor de lo que él hombre se ha percatado.

Sí, me gusta su exesposa ¿Y qué?

—No te hagas el gilipollas. Sabes de lo que hablo—sentencia mirándome firme. En contadas ocasiones lo he visto así de cerca, y, debo reconocer que el tipo tiene cierto tipo de encanto intimidante. Pero, en mi profesión he tenido que tratar cientos de veces con cerdos peores que este y jamás me he amedrentado ¿Por qué hacerlo ahora?

—Si se refiere a mi trabajo, la Sra. Son no ha tenido quejas con respecto a eso—replico, recordando las decenas de veces que escuché el consejo de mi profesor en leyes, cuando estuve en la escuela de derecho:

"Permítanse escuchar todo cuanto puedan tanto de su cliente como de la contraparte, eso les permitirá ser hábiles en el argumento preciso en el análisis"

—Con ella no, pero las tendrá conmigo si usted continúa con esas ínfulas.

—¿Me está amenazando, Sr. Briefs?—replico colocándome en la misma actitud del peli lila.

—No. Simplemente le pido que actué con profesionalismo, Sr. Xorex.

¿No es capaz de decírmelo de frente?

—Listo—anuncia de pronto Pan bajando a la misma velocidad los escalones. Interrumpiendo de decir lo que tenía preparado para refutar.

—Espero haber sido claro, Sr. Xorex—dice el hombre dándome un ultimátum.

—Lo tendré en consideración. Sr. Briefs.

Pero no garantizo nada.

FIN DEL FLASHBACK.

¿Y por qué habría de disimular? Si Pan me atrae ¿Por qué habría de reprimirme en frente de él?

"Con ella no, pero las tendrá conmigo si no deja sus ínfulas"

Hm. Mis pelotas Briefs y su empresa.

¿Cree que eso me asustó?

Para nada. Al contrario, lo he tomado como un reto personal, aunque no sé si catalogarlo de ese modo, en especial porque de ser un gusto pasajero como usualmente suele sucederme, no suele durar más de un mes, y, con frecuencia, es después de habérmelas tirado. Pero, ya he pasado dos años junto a Pan, y… no lo he hecho. Ni lo primero, ni lo segundo.

—Sí. Dale mis besos. Ajá. Estaré en casa en media hora, es lo que me tomará.

¿Por qué mierda tiene que darle tantas explicaciones al cabello de estropajo de supermercado?

—Sí. De acuerdo—finaliza la llamada para beber el contenido de su vaso con más prisa que antes.

—¿Surgió algo?—inquiero, tratando de ganar tiempo.

—No, solo que ya quiero irme a casa.

—Igual—sonrío levemente, bebo un buen trago a la par que Pan parece un tanto desesperada por terminar ya su café—. ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Adelante—contesta, volviendo a soplar su vaso.

—¿El Sr. Briefs…—Kami. Siento deseos de vomitar. Odio tener que referirme así a ese tipo. En especial se debe a que lo considero un potencial adversario y un muy fuerte contrincante—… Es decir ¿Cómo logran llevar una buena relación de paternidad?

—¿Por qué te interesa saber eso?—inquiere. Niña curiosa.

—Tengo un caso—confieso—. Se están peleando por la custodia de la niña. Ambos de posibilidades paralelas, económicamente hablando. Ambos buena conducta. La niña en cualquiera de los dos sitios crecerá en un buen ambiente. La pequeña no tiene ninguna afinidad por ninguno—continúo a medida que Pan frunce el cejo—. Evidentemente no puedo revelarte sus nombres, son clientes potenciales. Pero te diré, he intentado llegar a un acuerdo mutuo con mi colega contraparte, sin embargo, ninguno de los progenitores quiere ceder. Se ha convertido en un campo de batalla.

—¿Nos utilizarás para lanzar el dardo?— Bingo, Pan. Y no falta decirte que Briefs no estaría contento.

—Un consejo.

—No creo que seamos padres modelos—dice—, entenderás que solo te hablaré en mi papel como madre, no puedo hablar por Trunks.

—¿Por qué?

—Porque no me tomaré atribuciones que no me competen, si quieres saberlo, tendrás que preguntárselo a él.

Hm. Sí como no. Antes la mopa y yo emprendemos una ronda de puños.

—Precisamente es esto—decido empezar—. El de tu compresión, esto es en lo que quiero indagar.

—Ethan. No todos los casos son iguales—Por supuesto que lo sé. He seguido decenas de ellos—y mi caso es, relativamente más fácil que el de la mayoría de las personas, créeme que sí. Además, Trunks no es malo.

—Hm—Diablos. Se me escapó, pero al parecer ella no ha caído en cuenta de aquello—. ¿Sabes cuántas veces he escuchado eso, Pan?

—Dime cuántos casos has seguido ¿Cómo puedo dar una media si no tengo el dato general?

—Buena esa replica—felicito—. Pero regresando al punto anterior ¿Dijiste que él no era malo? ¿Entonces por qué se separaron? ¿Por qué terminaron?

—Estás indagando mucho—replica con el cejo fruncido, enseguida me disculpo, dando a entender que mi segunda profesión me ha hecho demasiado curioso y a veces no mido mis palabras—. Él es humano—dice encogiéndose de hombros—, cometimos errores. A eso se resume todo.

Asiento con la cabeza, mientras doy ligeros sorbos. Extrañamente, he perdido el hilo de la conversación.

—Muchas gracias por traerme—le digo desde la acera.

—No es nada—Dice Pan desde la ventanilla de su auto—, bueno, hasta el martes.

—Sí. Ah… ¿Pan?

—¿Sí, Ethan?

—¿Piensas ir al concierto de música clásica?

—Debo—dice—. No me gustaría hacerle tal grosería a la esposa del Sr. Tebo ¿Por qué lo preguntas?

—También me ha invitado.

POV DE PAN.

—Cariño—me despido de Aren a medida que deposito un beso en su mejilla—. Regreso en un par de horas—Aún si quisiera, sé que mi niño está profundamente dormido para siquiera escucharme.

De todas maneras no puedo evitar hacerlo. Lo arropo con el cobertor de cama, apago la luz y salgo al pasillo.

Doy alguna que otra indicación a Greta, quién ha venido para cuidar de Aren, y enseguida me pongo en camino al auditorio en dónde se dará el evento. Ingresé a la sala privada que el Sr. Tebo tenía reservada, saludé a los presentes y tomé asiento junto a Ethan.

—Luces hermosa.

—Muchas gracias—reverencio colocando mi bolso de mano sobre el regazo.

A decir verdad no tenía muchos ánimos de venir. Hubiese preferido quedarme en casa con mi niño. Ansío eso justo ahora.

De pronto los señores Taba, sentados justo delante de nosotros se levantan, en un acto de respeto para con la orquesta que y el director que ha hecho acto de presencia. Hacemos lo mismo.

Luego de una ronda de aplausos por parte de todos los espectadores, retomamos nuestro lugar.

—Esto es lo bello de la música clásica—dice mi acompañante a mí lado—. Hay que saber interpretarla, dolor, amor, decepción, la esencia de la vida. La música, tiene un modo particular de hablarte. Toca… las fibras más sensibles de un corazón apasionado y sensible.

—Esa es una buena valoración—reconozco—, aunque… hay que indagar con anterioridad en la vida del compositor, solo de esa manera se puede llegar al meollo del asunto.

—Ah…—Creo que intenta añadir algo más, sin embargo, mi dedo índice levantado, pidiendo un minuto, lo hacen desistir. Tomo mi celular, mismo que ha vibrado insistentemente en mi bolsa.

Dos llamadas perdidas. Remitente: Trunks Briefs.

Decido escribirle un mensaje explicándole mi situación, debido a que no he podido hablar con él en el transcurso de estos días, pero antes de que siquiera pudiera abrir la aplicación de mensajería, él ya ha enviado uno.

[Vestido negro elegante. Estoy en la sala 10. Ven]

De manera automática levanto la vista a la par que trato de dar con su ki, pero él muy astuto lo ha ocultado.

—¿Sucede algo, Pan?—Inquiere Ethan.

—No, solo que…

Ni siquiera puedo terminar mi frase cuando otro mensaje ha llegado.

[5 minutos. Mi tiempo límite de tolerancia. Date prisa.]

Sch ¿A qué está jugando?

Enseguida tecleo la respuesta. Sé que pareceré una grosera que no sabe cómo comportarse en eventos de alcurnia como éste, pero no me importa.

[No iré. Me han invitado, no seré descortés]

Casi al instante de enviarlo, mi sexto sentido me dice que hay alguien observándome, misma situación que compruebo con el rabillo del ojo y encuentro a Ethan un tanto curioso.

[Es una pena. Serás descortés]

Guardo el celular dentro de la bolsa y decido poner toda mi atención en la orquesta, sin prestarle ni el más mínimo interés al último mensaje. Sin embargo, esta paz no dura mucho ya que reconozco un tipo especial de ki que viene en mí dirección. Sobresaltada, me muevo incómoda en mi sitio.

—¿Pan?

No puede ser. Trunks viene hacia aquí.

"Serás descortés"

Mierda. Planea persuadirme a salir. Si no lo hago… vendrá a por mí, y no quiero ni imaginar el tamaño de momento bochornoso que hará pasar a mis anfitriones. Aunque, de ninguna manera Briefs me haría algo por el estilo ¿O sí?

—Pan ¿Te sucede algo?—inquiere nuevamente Ethan, y yo recién caigo en cuenta que ya me encuentro de pie con toda la predisposición para marcharme. Apresuradamente me disculpo, dando la primera excusa que se me vino a la mente. Ethan quiere acompañarme a la salida, sin embargo declino su oferta.

Tomo mi abrigo del estante, y una vez se cierra la puerta detrás de mí, corro en dirección contraria a la que Trunks ha tomado, al menos la última vez que lo sentí.

Camino a zancadas por el pasillo, sé que la salida no está muy lejos de mí, cuando de pronto, la persona de la que estoy huyendo está a mitad del pasillo.

Detrás de él aparece Mathew, reverenciando levemente.

—La sala 10 está en la otra dirección—dice Trunks señalando con sus ojos el pasillo recorrido detrás de mí—. Creí haber sido claro.

—Nunca dije que iría—replico—. Además ¿Estás loco?—reclamo acercándome a él, a la vez que veo a Mathew apartar su vista de nosotros—. ¿Cómo se te ocurre querer molestarnos cuando…?

—Ven conmigo—estoy segura de que ni siquiera ha escuchado ninguna palabra de lo que he dicho, porque me ha tomado de la mano y ahora me arrastra de regreso por el pasillo, literalmente a zancadas.

—¡Eh!—me quejo en un vano intento de tratar de zafarme de su posesivo agarre—. Trunks Briefs. Si no me sueltas, te juro que…

—Si te atreves a armar un escándalo, créeme que haré que te arrepientas, Pan.

—Sch ¿Me amenazas?

—Sí—dice—. Te amenazo, y te advierto que te cargaré como si fueses un costal de patatas. Y, no creo que quieras eso.

—No me humillarías de esa manera.

—Pruébame—no me cabe duda de que cumplirá su palabra ya que me ha lanzado una de sus furtivas miradas que siempre me han dado temor. Nunca lo he admitido en voz alta, pero es la verdad.

Decido no tentar a mi suerte, así que igualo su paso, rápido y dominante, de modo que en poco tiempo entramos a la sala, Mathew queda fuera y solo allí, en un descuido de su parte, logro soltarme de su agarre.

—Está bien. Ya me tienes aquí ¿Qué tienes que decir ahora?—replico lanzando la bolsa sobre uno de los sillones.

—Entiendo que estuvieses con ellos, pero ¿Por qué demonios con ese tipo también?

Uniendo fragmentos, ahora lo entiendo todo. No se debe tener demasiada perspicacia para comprenderlo de todas maneras.

—No hay nada de por medio—explico entendiendo el motivo de su molestia, intenta replicar, pero decido interrumpirlo—. Sé de sus intenciones—le digo y de pronto sus párpados se abren de sorpresa—, y no me interesa, en lo absoluto.

—Pan…

—Alguna vez te dije que debía agradecerte muchas cosas que de ti aprendí. Ésta es una de ellas.

—Ya—dice pasándose una mano por la cabellera—. Entonces…

—Entonces me voy a casa. De todas maneras, solo vine porque había dado mi palabra—vuelvo a tomar mi bolsa, y tengo la intención de salir del sitio.

—Espera. Podemos terminar de disfrutar la función. Quédate—indago por breves momentos mí alrededor, y no puedo evitar que se me escape la pregunta.

—¿Alquilaste esto para ti solo?

—De haber sabido que vendrías, hubiésemos evitado todo esto.

—Yo creo que mejor…

—Una hora—tomándome por los hombros me ha obligado a sentarme en mi sitio, él no tarda mucho en asumir su lugar a la vez que atrapa mi mano en la suya—. No te atrevas siquiera a intentarlo—amenaza apenas hice el menor movimiento.

—Me duele—me quejo por su agarre, sin embargo eso no parece perpetrar en él.

—Estás helada—dice ignorando mi anterior comentario—. Te ofrezco algo de calor.

Lo miro fijamente a la vez que él hace lo mismo, frunzo el cejo por su comportamiento, pero al final, después de un profundo suspiro, decido acomodarme mejor en mi sitio.

—Eso está mucho mejor—dice. Pero que ni pretenda que me quedaré callada.

—¿Acaso tengo otra opción?—levanto nuestras manos unidas—. Me tienes obligada.

—Podrías soltarte si quisieras.

—Ah... —ante mi repentino bloqueo mental, no puedo evitar poner los ojos en blanco por las ínfulas que demuestra.

—Solo te ofrezco disfrutar la función ¿Tanto quieres mantener tu distancia conmigo?

—Preferiría no estar aquí.

—¿Por qué?

—No cuando te comportas con esta altanería de: Si se me da la gana, puedo hacerlo.

—Hm—me sonríe de medio lado—. Me conoces lo suficiente.

—No en vano vivimos 10 años juntos.

—11—Recalca—. Nos divorciamos a meses de cumplir 11.

—¿Qué más da 10 u 11? El efecto es el mismo.

—¿Discutiremos toda la velada?

—No—contesto—. Ya que me has "invitado"—señalo entre comillas—, al menos quiero oír una porción.

Seguidamente de aquello, decido callarme, no replicar nada más. La música clásica nos invade enseguida, lo cual es más que bueno.

—¿Recuerdas esto?—de pronto pregunta—. Solíamos divertirnos mucho aquí.

FLASHBACK.

—Chopin—de pronto dice Trunks en medio del sonido exquisito del piano a manos de aquel talentoso hombre.

Mientras más lo veo y lo escucho, no puedo dejar de pensar que se siente la música, la energía, el amor, la pasión por el piano, por la combinación perfecta de las teclas negras y blancas.

—El pianista puede sentir cada tecla—añade, sabiéndose y declarándose experto en este arte—, en cada nota, se siente parte del instrumento, no sigue reglas. En fin, la música clásica, y, a mí gusto personal, el piano es un instrumento creado para tocarnos el corazón.

Nadie podría haberlo dicho en mejores palabras. Ha expresado justo lo que estaba pensando.

—Es hermosa—se me escapa de los labios.

—Balada No1. G Menor. Op. 23—declara con soltura, como si de un director de orquesta se tratase—. Frédéric Chopin.

—Vaya—comento aún sorprendida— ¿Tratas de impresionarme?

—Aunque no era mi completa intención ¿Está funcionando?—replica con una media sonrisa petulante en su cara, a la vez que yo trato de zafarme del propio enredo en el que me he metido por culpa de mis comentarios, además del nerviosismo que de pronto siento recorrer cada fibra de mi cuerpo. Aunque no quisiera creer que fuera cierto, él parece haberse dado cuenta, decide minorar el incómodo momentos antes de continuar explicándome ciertas cosas que conoce acerca de la música clásica, y yo no puedo dejarme asombrar por nada más, excepto por una cuestión.

—También es de Chopin. Waltz—afirma—. En A Menor.

—No. Te equivocas, no es esa—recalco a la par que sus ojos me miran curiosos, y yo sé, no puedo estar equivocada, no en toda una vida en casa con mi padre, un catedrático también amante de la música clásica y de los grandes artistas.

—¿Qué dices, Pan?

Si bien es cierto no sé los nombres de muchas melodías; de ésta en especial, por obligación férrea, casi como si se tratase de mi propio nombre, tengo que saber.

No. De ninguna manera puedo equivocarme en esta corrección.

—Entonces, te escucho ¿En dónde está mi error?

"¿Te gusta mucho esa canción no es así, papá?"

"Así es, Pan. Chopin, se llama…"

—Es Nocturne in C-Sharp menor—contesto con soltura—. Verifícalo y verás que no hay error.

—No me quedaré con la duda—dice tomando su celular en sus manos y tecleando apresurado lo que he dicho, en determinado momento, me mira, con el parlante de su celular en su oído—. Tenías razón. Vaya, debo admitir que ahora el sorprendido soy yo.

Me congratulo internamente, he dado en el punto certero.

—Para serte sincero, creí que no tendrías el menor conocimiento sobre música clásica. ¿Así que me has dejado hablarte sobre algo que conoces?

—Es obligación en mi casa—respondo—. Conoces a mi papá. A él le encanta, aunque, cierta parte de lo que has dicho no es verdad, no conozco mucho, simplemente podría decirse lo básico. A decir verdad, es la primera vez que vengo a una función.

—No me mientas.

—Es verdad—recalco—. Siempre me negaba, ahora veo que fue un desperdicio.

—Hm. Siempre hay una primera vez.

—Sí. Te lo agradezco mucho, Trunks. Gracias por haberme invitado.

—De nada. Si aún estás aquí, podríamos ir la próxima semana a otro lugar.

—¿Enserio?

—Nunca prometas algo que no vas a cumplir—dice firme—. ¿Entonces?

—Me gustaría. Aunque…

—¿Aunque?

—Es una lástima que Bra no pudiese venir.

—Hm. Debe estar con ese tipo—dice cansino. No conozco al mencionado. Debería ya que soy la mejor amiga de Bra pero no es así, en lo que a ella respecta, y sus relaciones, prefiere reservárselos solamente para sí, no lo dice sino hasta que sea algo serio—. En fin. La siguiente canción ¿La has escuchado?

—Ah…—La he escuchado, sin embargo no logro recordarlo. ¿Cómo demonios se llama ésta?

—El tiempo se te acaba.

—No me presiones.

—…5, 4, 3, 2…

—Me rindo—declaro dándome por vencida—. No lo sé—parece que lo que he dicho fue una broma porque él se ha reído, y yo no tardo mucho en hacer lo mismo.

—No te burles—replico ahora un poco más calmada.

—Hiciste una niñería—dice a su defensa, añadiendo la lástima que le causaba el no haberme tomado una fotografía.

—Hm—Niego de lado a lado. Es extraño, después de un par de días en completa seriedad, y hasta con frialdad, si se trataba de mí, ahora verlo sonreír es un agasajo, y lo que es irónico, también se trata de mí. Nadie puede culparme si al principio rudo y malo lo creí. Apático por decirlo menos.

Aunque… mientras más trato de indagar en él, más me convenzo que Trunks es un hombre demasiado extraño, más sin embargo, es nuevo verlo en esta faceta, diferente a cómo lo conocía en el espacio y diferente al hombre frívolo que me brindó hospedaje, casi obligado por Bra.

—Bien, te reto a la siguiente—dice con esa sonrisa de meta alcanzada antes de siquiera hacer algo.

Está probando mis habilidades, no cabe duda.

—Aceptado—Esta debilidad de aceptar precipitadamente los retos será mi perdición algún día—. No perderé.

—Veremos—comenta relajado—. Muero por ver esa cara de nuevo. Vamos, trata de dar con la respuesta.

FIN DEL FLASHBACK.

Recuerdo que aquella vez perdí, y luego el muy maldito me dijo:

"Había leído el itinerario con anterioridad. Sabía con certeza el orden correcto de cada canción"

Ese día le dije que un tramposo, él tenía todas las ventajas de ganarme, aunque su respuesta me abrumó también:

"El fin justifica los medios"

—Tenías 26 años—contesto sin verle—, hiciste trampa aquella vez.

—Y como aquella vez, te recalco que: El fin justifica los medios. Además, lo hice para impresionarte.

—Fue trampa—le digo—. Aquí y en dónde sea, fue trampa. Yo tendría que haber recibido reconocimiento, porque le atiné a muchas. Fallé por cuatro.

—Excelente memoria—pretende alagar, dando así por terminado aquel recuerdo. Sin embargo, se me hace imposible olvidar lo mucho que tardé buscando un reconocimiento digno para él, de modo que recuerdo haberle regalado un llavero piano musical.

"Es algo sencillo. Lamento si no es de tu agrado"

"¿Estás de broma, Pan? Gracias. Me encanta"

Miro mi reloj de muñequera, y no hay duda de que no falta mucho para el final. Lo que es más que mejor, muero por ir a casa, mudarme de ropa y dormir. Mi celular vibra en mi bolso, pero decido no contestar. Aunque este lo haga con mayor insistencia.

—Apágalo.

—No haré eso—sentencio, dándole a entender el punto de que podría ser una emergencia. Lamentablemente, me equivoqué y por primera vez en mucho tiempo, desee haberle hecho caso.

Dos llamadas perdidas de Ethan.

—Entonces contéstale—de pronto dice Trunks—. Dile que estás conmigo, así ese cabrón sabrá su lugar.

—Trunks.

—Díselo—ordena nuevamente, sin embargo me niego. No tengo por qué darle explicaciones de lo que estoy haciendo a Ethan—. Mejor aún, se lo diré yo mismo—pretende quitarme el celular de la mano, evidentemente sin éxito.

—No—sentencio—. Que se joda Ethan. No tengo obligación de contestarle.

—Eso está mucho mejor—sonríe, en lo que creo que es un acto de agradecimiento.

Suspiro profundamente al mismo tiempo que guardo el celular, con la pantalla encendida y una nueva llamada entrante. Cierro el compartimiento, y coloco el bolso en el suelo.

—Una vez…—empieza de pronto—, dijiste que era mucho mejor ser amigos, ahora lo entiendo todo.

—¿Qué significa eso?—inquiero.

—Que una amiga se conserva para siempre—añade a medida que levanta su mano, con la mía a cuestas—, si ella está en dificultades, su amigo puede hacer algo al respecto. Y viceversa.

No entiendo por qué exactamente, pero siento que un nudo se me ha formado en la garganta.

"¿Querrías salir conmigo? Es una cita"

"Trunks. Será mejor que no. Considero que, si somos amigos podre…"

—Ellos… pueden apoyarse, y siempre están cerca cuando se los necesita—completa, y yo no puedo evitar asentir, tratando de contener mis lágrimas, ante el recordatorio de mis propias palabras dichas hace ya tantos años—, y… pueden verse y hablarse si así lo quieren.

—Trunks…

—En cambio, con una amante, tanto los obsequios mutuos como el hecho de que alguna vez se conocieron, tratan de ser devueltos a sus dueños a la par que se los intenta borrar de su mente. Así es precisamente como no me quiero sentir contigo. Pan… quiero tenerte cerca cuando lo necesite, y que me ayudes si tengo problemas. Y… quiero hacer contigo lo que los amigos hacen. Ahora que has dado tu negativa a mi propuesta de volver, no me queda más que esta salida.

"Regresemos, Pan"

"Lo siento. No puedo"

—¿Acaso no hemos hecho eso en estos años?—replico, él sonríe bajando la vista por un par de minutos—. Hemos llevado la fiesta en paz.

—Tienes razón. Si lo veo en retrospectiva, creo que nunca fuimos un matrimonio real.

—No sé si lo fuimos—contesto—. No estoy segura. Pero, tú y yo… de no ser por Aren, habríamos terminado como ese par de amantes—añado entendiendo a la perfección su anterior comparación—. Siempre estaremos en contacto por nuestro niño, y… haremos lo mejor que esté en nuestras manos por su bien.

—Sí. Aunque para lograrlo, tenga que conformarme con que seas mi amiga—dice alzando mi mano—. Promete que seremos amigos. No importa qué suceda, los amigos nunca se separan, y una promesa jamás debe romperse. Promételo.

Sonrío y asiento enérgicamente.

La función ha terminado, no he escuchado ni una sola pieza completa.

—Debemos irnos.

—¿No soltarás mi mano?—inquiero, recibiendo una negativa de su parte.

—No tienen ninguna connotación romántica—se defiende—. ¿Acaso ya no lo recuerdas? Somos amigos ahora. Cosas como estas son las que hacen los amigos; se ayudan, y tú, estás helada ahora.

—Sch—sonrío de medio lado—. ¿No capitularás, cierto?

—Ya tienes certeza de que no—dándome por vencida con este hombre, solo atino a asentir nuevamente.

Salimos del sitio, y Trunks decide despachar a Mathew. Una vez que él se fue, caminamos brevemente hasta el estacionamiento.

—Tendremos que ir en tu auto—dice de pronto—. Sin Mathew, me he quedado sin uno ¿Qué clase de amiga no lleva a su amigo sin auto a su departamento, eh?

—Toma un taxi—le digo para ver qué es capaz de contestar.

—Hm ¿Yo un taxi a esta hora?—dice—. No. Además, no tengo ni un centavo para pagar uno.

He tenido que morderme la mejilla para no reír a carcajadas.

—Aprovechado—contesto, dándole a entender que se monte en el auto.

—¿Por qué? Seré yo el que conducirá. Si fueses mi amiga, me llevarías tú.

—Como quieras—me suelta de su agarre y rápidamente se desliza en el asiento del conductor. Avanzamos un par de calles, como para que yo caiga en cuenta que no vamos a su departamento, y tal como lo había previsto, llegamos a aparcar a unas calles del puente de Brooklyn.

—Sé que no te gustan los paparazis, pero ¿Crees que te puedan fotografiar aquí?—me burlo—. Ya me imagino los titulares de mañana. T. B se reunió con extraña a media noche.

—Sigue haciéndote la graciosa, extraña, y te garantizo que los invocarás—se ríe pero poco a poco noto que su risa se va apagando.

—¿Ya nos podemos ir?—inquiero, sin embargo él no me da cara—, quiero ir a casa—intento nuevamente hacer que su rostro me enfoque, pero al igual que antes, es en vano—. Trunks.

—Dame tu mano—me ha ignorado.

—¿Qué?

—Que me la des—dice antes de tomarla por cuenta propia.

—Ya entré en calor—afirmo—. Debió ser el ambiente.

—Sí. Ya lo noté—dice examinando mis nudillos—. Deberías agradecerme, eres una desconsiderada.

—Hm—bufo—. Mira quién lo dice, el que no quiso pagarse un taxi y me ha traído hasta aquí.

—Pero lo que dije es cierto—se finge ofendido—. No tengo dinero. Nunca cargo billetes.

No puedo hacer otra cosa más que reír por la ironía de su situación.

"No tengo dinero"

Sch. Mantuve mi sonrisa hasta que la misma se me borra cuando lo veo sacar el anillo de matrimonio que le entregué en el juicio de divorcio.

—Extiende los dedos—ordena.

Enseguida intento apartar mi mano, pero de nuevo me ha tomado con firmeza.

—Quieta.

—¿Qué pretendes?

—Pero que mala memoria, Pan. Decidimos ser amigos ¿Ya no lo recuerdas?—Dice—. Hasta hicimos una promesa.

—Sí, pero…

—Es normal que entre amigos se regalen cosas—replica. Enseguida flexiono mis dedos, negándome al aceptar el presente.

—Pan. Una amiga acepta un regalo de su amigo—dice levantado una ceja, extiende mis dedos empieza a deslizar el anillo en mi dedo anular—. Por nuestra amistad—sentencia acomodándolo en su sitio—. Esto sella nuestra promesa. Si la rompes, tendrás que cortarte el dedo.

—Que radical.

—Una promesa es una promesa—se defiende—. Ahora ¿Qué quieres hacer? Tengo toda la noche para ti.

—Yo quiero dormir—le digo—. ¿Tú acaso no tienes que trabajar mañana?

—No quiero llegar a mi departamento.

—¿Y eso?—pretendo indagar, pero él se niega a responderme, lo cual me extraña de sobremanera.

—Quisiera comer algo ¿Sabes?—interrumpe mi tren de pensamientos.

—¿Qué?—pregunto.

—Es algo que no puede esperar—dice saliendo enseguida del auto, desatándose la corbata y lanzándomela desde el exterior sobre el parabrisas.

—¡Eh!—le grito desde mi ventanilla a medida que él empieza a alejarse por la acera.

—¡Un verdadero amigo cuida tus cosas como si fuesen las suyas!—dice justificando su vandalismo, poco después lo veo doblar la esquina y desaparecer de mi vista.

—Sch. Definitivamente ese tipo está loco—me burlo.

Enciendo la radio del auto y aguardo a por él. Estoy segura de que regresará.

Media hora después está de regreso, con unas cuantas bolsas colgando de sus manos. Los coloca sobre el asiento trasero, descargando el contenido, y no puedo evitar pensar que vaya que el hombre tenía hambre.

—Será mi primera comida del día—dice sonriente. Generalmente estaría de mal humor por eso, pero lo está tomando bastante bien al parecer.

Saca un par de hamburguesas y perros calientes, a los que se les suman después una caja llena de cupcakes y tartas de queso.

—¿No dijiste que no tenías dinero?

—Nunca dije que no trajera tarjeta conmigo ¿O sí?—es oficial, me ha ganado con su argumento—. Ahora, a comer.

Me ofrece un par de sus hamburguesas, y lo acompaño mientras él deglute con rapidez. Al parecer no mentía sobre su condición porque dos tercios de la proporción de alimentos, se las ha comido él.

—Kami. Ahora me siento mucho mejor—declara bebiéndose la última lata de gaseosa de un solo bocado, lo cual ya rebasó mi límite.

Trunks detesta las bebidas azucaradas. Siempre las odió.

—Ahora sí me dirás qué te sucede—declaro firme, él agacha la cabeza, sabe que no desistiré porque siento que algo se trae entre manos—. Empieza.

—Como no le hicimos fiesta de cumpleaños a Aren—dice—. Mañana… la juguetería enviará un pedido que hice para él. Dáselo.

—¿Tienes mucho trabajo, no es así?

—Pan…

—No te preocupes, yo se lo daré o aún mejor, lo guardaré para que se lo des pasado mañana—ofrezco, pero él no luce muy entusiasmando, al contrario, la alegría que antes profesaba se ha esfumado.

—Trunks ¿Pasa algo?

—Tengo que regresar a ciudad del oeste—me dice apartando la vista—. Parto mañana.

—¿Por cuánto tiempo?

—Pan…—pausa sin retornarme a ver—. A vivir allá.

POV DE TRUNKS.

—¿A dónde vas, papi?—Pregunta Aren mientras yo no puedo levantar la vista de sus botines—. Papi…

—Aren… —decido empezar pero no puedo. Me arde la garganta y el picor en mi nariz, no me deja continuar—, yo…

"¿Por cuánto tiempo?"

"No lo sé, Pan. Bra ha decido dejar la empresa para dedicarse a Jay. Tengo que regresar"

—Papi, dime—dice mi niño con mayor insistencia.

—Por favor. Aren, para—susurro porque no atino qué otra cosa decir.

¿Cómo decirle a mi niño que me voy y ya no podremos vernos tanto como antes?

—Aren—Pan decide colocarse a mi altura, se arrodilla nuestro lado, y tomándolo de los hombros, empieza a explicar—. Papá tiene que trabajar en otro país—dice mirándolo a los ojos—, sabes que papi tiene una empresa que… por ello ahora debe irse, corazón.

—¿se va, mami?

—Lo veremos en un par de semanas, amor—le contesta Pan, de cierto modo, le agradezco porque no creo haber podido hacerlo por mí cuenta—. Yo… te lo prometo.

—Papi… No me dejes, pol favol… papá—las lágrimas no se hacen esperar cuando mi enano me abraza por el cuello y empieza a llorar en mi oído—. ¡Papi no te vayas!

"¿No hay otra solución? ¿Acaso no puedo dirigirla desde aquí?"

"Se necesita su presencia, Sr. Briefs. Usted debe asumir el mando de la matriz"

—¡Papi!—continua llorando a la par que solo puedo morderme los labios y abrazarlo lo más fuerte que puedo—. ¡No te vayas!

—Mi niño, ya… ya no llores más, por favor. Por papá—le digo—, ya no llores más.

—¡P-papi! ¡No!—llora haciendo un puchero que me hace tomar todo mi autocontrol por no llorar. No quiero asustarlo, así que rápidamente me seco las lágrimas del rostro, y trato de sonreír para calmarlo.

—Te amo, mi niño. Eso… nunca lo olvides.

—Papi.

—Escúchame—lo separo de mí, aunque es lo que menos quiero—. Apenas pueda, yo vendré a verte y… podremos ir a acampar nuevamente ¿Te gustaría?

Mi niño asiente enérgicamente antes de volver a abrazarme con fuerza.

—Has sido… un buen niño, Aren. Mi enano—cierro los ojos mientras deposito muchos besos en su cabellera peli negra con olor a bebé—. Por eso… te he dejado un regalo ¿Recuerdas tu cumpleaños?

—Sí.

—Bueno, mamá debe saber en dónde está el regalo. Pídeselo a ella.

—¡Papá!

—Señores—nos interrumpe Mathew mirándonos desde arriba—. Lo siento, pero, Sr. Briefs. El capitán dice que su vuelo está autorizado para despegar en cinco minutos.

—Sí—asiento, me levanto del suelo con mi niño en brazos, y camino hacia la plataforma de arribar, Pan y Mathew vienen detrás de nosotros. Así que me permito decirle a mi hijo unas cuantas palabras más.

—Cuidarás de mamá, como si fuera yo ¿De acuerdo?

—Sí, papi.

—Yo te llamaré cada noche ¿Me contestarás, Aren?

—Sí.

—Sr. Briefs—saluda el capitán en la entrada del avión de C.C—. Ya es hora—me da a entender al indicarme el reloj.

—Sí—abrazo una última vez a mi niño y lo dejo en brazos de su madre—. Cuida mucho de nuestro niño.

—Sí—dice Pan—. Suerte y… buen viaje.

—Gracias. Ah… Mathew—me dirijo al hombre—. Ahora serán tu prioridad.

—No se preocupe, Sr. Briefs. Váyase tranquilo—le doy una señal que solo es comprensible entre él y yo, y Mathew se da vuelta.

Enseguida me acerco a mi familia, y deposito un beso en la frente de cada cabeza hueca. Como los he apodado, en venganza por decirme: mollera dura. Aunque ellos no lo sabrán.

—Apenas pueda, vendré.

—Cuídate, Trunks.

—Adiós, papi.

Me adentro en el avión, y puedo ver, desde mi ventanilla que Pan sostiene entre brazos a Aren. El avión empieza a avanzar por la pista, al igual que ya no puedo contener mi pena y empiezo a llorar con todo lo que me permiten mis ojos.

"¿A dónde vas, papi?"

Por Kami. Ese enano se ha convertido en mi propio corazón.

"No te vayas"

Este sentimiento de soledad está a punto de estallar por completo y me asusta el pensar lo que vendrá en los días siguientes. Ya sin restricción, solo puedo convulsionar de dolor sin fin, y las lágrimas caen de nuevo.

"¡No te vayas, papi!"

—A-aren…—vuelvo a llorar apretando el último regalo que mi niño me ha dado.

"En los viajes de tlen me maleo, pol eso mami me compla paletas"

Un dulce de caramelo, es lo que creía él que yo necesitaría.

—Enano…—mi labio inferior vuelve a temblar de tristeza.

"Lo siento. No puedo regresar"

Kami. Si tan solo pudiera dar vuelta al tiempo, entonces por nada del mundo los dejaría ir. Pero… si Pan ha decido mantenerse lejos de mí ¿Qué puedo hacer yo?

"P-papi ¡No!"

—Por Kami—mi niño.

Siento que… un trozo de mi alma se quedó con él, espero que eso sea algo bueno, porque yo siempre lo amaré.

Siento el avión despegar, y solo atino a cubrirme el rostro para seguir llorando.