Hola a todos. Antes que nada, me disculpo por no haber subido capítulo desde hace un largo tiempo, y este será el único que subiré en estos momentos, y por como lo veo, regresaré en diciembre para actualizar, y para subir nuevos fanfics o prompts. Tengo algunas cosas que planear, pese a que en este semestre tengo pocas materias (desde un cortometraje para taller de cine, una investigación de lingüística, gramática española, congresos); tanto la magia bestial como Correo Aéreo estarán en hiato hasta nuevo aviso, y pues nada más quería comentar eso. Ah, y alguien que me corrigió que el periodo de reencarnación del avatar dura una semana, es curioso porque, bueno… nunca ha sido un dato meramente oficial, y pues esto es un fanfic, y digamos que lo acomodé en el modo en el que me pareció conveniente. Después de todo, creo que el fanfic no existiría de no ser por este ligero "acomodo". Nada más como comentario

Ahora sí, los dejo con este capítulo, y si llegara a tener un pequeño espacio, actualizaré…sino, subiré hasta noviembre-diciembre de este año.

Vientos…

Era muy temprano cuando desperté, tanto así que el sol ni siquiera había salido. Tenía una especie de hueco en el pecho, una sensación que no podía describir. Me volteé hacia el vacío que ahora me parece un tanto reconfortante, y con ello esperé que fuera un mejor día; aunque mi pecho no se sentía bien, sabía que mi conciencia tal vez estuvo soñando contigo. Bueno, no es como que todos los días despierte con una sonrisa en mis labios, o tal vez se había tratado de un sueño en donde tú entrabas por la ventana y me decías que pronto llegaría ese momento. Ha sido un sueño común desde hace cuatro días, y solamente me dices que algún día llegarás, y sales por la ventana en tu aerodeslizador

-Pronto… - dices justo antes de sonreírme y marcharte.

Imaginé que era algo como eso, pero prefiero alegar que ha sido solamente una parte de mi conciencia que quiere creer que tu espíritu viene a verme de vez en cuando para desearme buenas noches.

Todavía hoy en la mañana desperté un tanto martirizada por mí misma; donde era una mujer que no sentía compasión por ella misma. Y lo opuesto no es lo que siento en este momento, aunque el primer paso para dejar de sentirme una Katara sin esperanzas es éste: saber que tengo esperanza, y dejar de encerrarme en el pequeño universo.

Desde que te fuiste pasaron nueve meses casi eternos. Aquí todo sigue igual; no te preocupes por mí. Los vientos siguen soplando al norte, a la región a donde todos parten.

Creo que no te escribo para contarte de lo que me ha estado pasando, sino de algo que me hizo reflexionar; no me había pasado, no desde que la pequeña Esperanza había nacido.

Hoy tuve que atender un parto (bueno, como lo he hecho en los últimos meses), pero este fue diferente en algún modo porque, recordé tu mirada cuando me comentaste en aquel entonces que el nacimiento de aquella pequeña niña te había devuelto la esperanza; cuando vi esa imagen nuevamente, yo recuperé la mía.

Fue un día como cualquier otro; siguiendo con la rutina de gotas de agua y tristeza, y con la imagen de una vieja maestra y heroína de guerra, una que no tiene más que hacer además de enseñarle a la gente lo que sabe y de recordar aquellos viejos tiempos con su marido. Lamento decir que así era…así era.

Como siempre, me dispuse a ir por algunos víveres al centro del pueblo, saludando gente por aquí, por allá. Todos me respetan, o dicen algún comentario de alabanza hacia mí. En días así me gustaría volver a ser perseguida por la nación del fuego, viajar sobre el lomo de Appa, y no tener que ser señalada; pasar desapercibida, ser quien era cuando saliste del iceberg.

En ocasiones me encuentro con los padres de algunos de los niños que entreno en el arte del agua-control. A veces me encuentro a otros maestros agua de más edad, y dos de ellos son prodigiosos; Tonraq, un excelente maestro agua, además de un gran guerrero. No debe ser muy viejo, puesto que apenas va a tener a su primer hijo, y su esposa Senna, una maestra agua. No he tenido oportunidad de ver sus habilidades, ya que desde que recuerdo, ella tenía el vientre abultado.

Sokka los traía a cenar aquí, y es como los conocí. He cenado dos veces con ellos, y son de las pocas personas con las que puedo hablar normalmente. Llevan cerca de seis años de matrimonio, y no habían logrado tener hijos, hasta ahora; Senna me pidió que estuviera allí en su parto, cosa que pude cumplir.

Cuando regresé del centro de la ciudad, Sokka me dejó una nota donde me aclaraba que había ido a entrenar guerreros. Me dispuse a guardar las cosas en su sitio, y recoger algunas otras que encontré regadas a lo largo de la casa. Gasté la mitad de la mañana en esta labor, hasta que consideré que la casa estaba limpia; no había a nadie a quién cuidar, nadie con quien conversar. Todo se encontraba demasiado tranquilo, hasta que escuché algunos gritos lejanos que se venían acercando, todos pronunciando mi nombre, cuando entonces se detuvieron en la puerta de la casa, la cual se abrió de par en par, dándole paso a un Sokka desesperado.

-¡Katara! ¡Katara! – exclamó

-¿Qué sucede?

Solamente me hacía señas, como pidiendo que fuera con él a algún lado. Hice una mueca de desentendimiento, aunque después de un rato recobró el aliento:

-¡Es urgente! ¡Urgente!

-¿Qué pasa? ¿Qué es urgente?

-¡Bebé en camino, Tonraq! ¡Su bebé va a nacer!

-¡Debiste decirlo antes!

-¡Lo intenté!

-¡Intentaste intentar! – grité, tomándolo de la mano mientras caminábamos presurosamente hacia la casa de Tonraq y Senna. Ya no somos tan jóvenes como para correr entre la nieve; hace más de cincuenta años nos dábamos el lujo de ir a pescar.

Cuando llegamos a su casa, se encontraban los dos bastante tensos; Senna inhalando y exhalando forzadamente, y Tonraq sosteniendo su mano, pidiendo que se calmara y que todo saldría bien. No pude evitar acordarme de la primera vez que nos vimos en esa situación (aunque te encontrabas nervioso, y no sabías como manejarlo, y cuando Kya estuvo en tus brazos, recuerdo exactamente lo que le dijiste al oído, pese a que dijiste que solamente querías que ella lo escuchara "si te cuentan que lloré cuando te tomé en mis brazos, no me pude contener porque te quiero tanto").

Le pedí a Sokka que trajera trapos, agua y todo lo que pudiera. Algunas parteras comenzaron a llegar justo después de mí. No obstante, esto me correspondía, y hasta que ella nació, me di cuenta de por qué me tomé tan personal esto.

-Estás en las mejores manos. Créeme – dijo Sokka mientras miraba a los ojos de Tonraq. Los dos se encontraban afuera, pero yo alcancé a escuchar parte de la conversación. Las demás mujeres comentaban lo mismo para tranquilizar a Senna, que no debe de ser una muchacha tan grande, aunque el miedo era enorme.

Pasaron casi dos horas. Tuvimos un par de complicaciones durante el parto, pero finalmente nació. Senna apenas podía con su propio espíritu, y de mi frente emanaban goterones de sudor, los cuales limpiaban algunas de las parteras que me auxiliaron a lo largo del proceso.

Allí estaba ella: una pequeña bebé de piel morena, y unos ojos azul celeste, aunque lloró con tanta fuerza que tuve que salir de mi trance. Tuve una vida en mis manos nuevamente; no se trataba de una vida yéndose entre mis dedos en una noche de verano, ni se trataba de un sueño febril de primavera. Era más bien una especie de rayo, tanto así que en mis manos han sido oxímoron eterno, notándolo apenas en ese instante.

-¿Está todo bien? – preguntó Senna aún jadeando y empapada en sudor y lo que creo era llanto. Sus ojos parecían más bien confusos, como si fuera yo la que estaba enferma.

-Eh…sí – contesté mientras regresé a la realidad, escuchando el llanto de la pequeña – es una niña. Una muy fuerte, diría yo.

Las demás parteras festejaron, y una de ellas salió a avisarles a Sokka y a Tonraq. Enseguida, llevé a la recién nacida los brazos de su madre, la cual besó su frente aún algo sucia. Fue cuando les pedí a las parteras que se retiraran, no sin antes agradecerles por su ayuda durante ese instante. No tengo idea de cuál debió ser mi expresión facial, ya que Sokka vino hasta donde me encontraba, tomándome del hombro dijo:

-Veo que hiciste un excelente trabajo, como siempre hermanita – sonrió.

-No sé qué acaba de pasar – respondí – , es como si una parte de mí regresó. Es como si…

-Es como si hubieras vuelto a la vida con ese nacimiento – completó.

Intercambiamos miradas por un instante, y luego volteamos hacia Tonraq y Senna, quienes veían a su pequeña hija. Se les notaba felices, aunque otro pequeño problema se avecinaba.

-¿Ya tienen algún nombre para su bebé? – preguntó Sokka

-Aún no. Estamos en eso – miré a Tonraq y Senna, y recordé una vieja leyenda de la tribu agua del sur. Es tan antigua que casi nadie la conoce, pero Gran-Gran me la contó:

-Cuenta una antigua leyenda sobre cómo nació la tribu agua del sur, que la madre de todos nosotros fue una valiente maestra agua de la tribu agua del norte que viajaba por el mundo. Una noche mientras hacía una ofrenda a su maestra, la luna, ésta le habló, y la llevó al mundo de los espíritus para concederle la sabiduría sobre cosas que, hasta ahora, ningún otro humano ha visto, ya que ella era uno de los primeros avatares que existieron después de que nacieran los maestros de los elementos. Después de un tiempo, dio con un lugar similar al polo norte, donde estableció una nueva tribu, aunque más pequeña. Varias personas del norte la siguieron, y fue así como nació la tribu. Ella mantuvo la paz entre los espíritus y los humanos durante mucho tiempo, y gobernó la tribu hasta el final de sus días. Se dice que tuvo apenas tres hijos, los cuales tuvieron varios hijos, y es posible que en nuestra sangre se encuentre la sangre de aquella legendaria mujer de corazón de perro-oso polar.

-¿Cómo se llamaba? – me preguntó Senna con intriga, como queriendo saber de inmediato el nombre mítico.

-Korra – respondí justo después de sonreír. Me acerqué a ellos, viendo a la pequeña niña jugueteando con la mano de su papá.

-Es un nombre lindo, y fuerte – comentó Tonraq -, e intuyo que es apropiado para una bebé que desde el primer día llora a todo pulmón.

-Será una niña fuerte. He vivido suficiente como para saberlo – me senté en la cama, donde la madre de Korra me dio a la niña –, está llena de vitalidad. Si se lo propone, será una gran maestra agua, tal como sus padres. Está destinada a la grandeza, porque no todos los días nace alguien que te devuelva la esperanza, tal como ustedes lo han hecho hoy.

Enjugué las lágrimas en ese instante, puesto que recordé tus palabras hace varios años. En ese instante me sentí feliz porque volvías a ser como tú, pero hasta hoy entendí exactamente lo que pasaba por tu mente, y de lo que se estaba llenando tu espíritu.

No sé cómo viví tanto tiempo sin verlo, y tanto tiempo sintiéndome así. Fue como si hoy una parte de mí se hubiera desempolvado, después de estar durante mucho tiempo sin moverse. Al ver a la pequeña Korra, volví a ver lo que era el ciclo de la vida; lo que es esperar la muerte mientras la vida yace en tus manos.

Allá afuera las aguas están en paz, y no ha caído nieve desde un largo rato. El clima me sonríe, y al parecer los espíritus vuelven a estar en paz conmigo. La pequeña Korra debe estar durmiendo al lado de sus padres, Sokka ronca como una carreta con ruedas antiguas, y yo… yo trato de conectarme contigo.

Sabes, después de que Korra llorara, un viento fuerte azotó la ventana de la habitación contigua; entonces me sentí tal como cuando Kya nació. Estabas allí a mi lado, ayudándome a darle la bienvenida a la vida a un nuevo ser. Cuando partiste, la esperanza que tanto pregonaba se durmió, y aunque aún no se recupera del todo, estoy consciente que debo cambiar mi actitud ante la vida. Me di cuenta que, desde que nacemos, estamos condenados a morir, y que morir es lo más natural que puede suceder; me consuela el hecho de saber que, con cada día que pasa no estás lejos de mí, sino que me estoy acercando a ti. Nosotros ya tuvimos nuestra historia, nuestros hijos ya están haciendo la suya; solamente falta el desenlace, que no es tan fatal como lo parece.

Después de que te conocí, el aire ya no fue lo mismo para mí. Cuando te fuiste, el aire fue algo totalmente diferente, y cuando me haga espíritu, no hará falta el aire…Ahora mismo, el aire es algo que se encuentra en mi corazón. Me iré a dormir con una sonrisa en mi rostro, junto a ese hueco que sigue en la cama…que en realidad no es un hueco; solamente es un amable recordatorio de que estuviste aquí, y aún estás por ahí, en algún lugar de un gran mundo.

Buenas noches, cariño.

Katara.