Agradecimiento a: Joaquín Sabina, Kansas, y algunas canciones de la música clásica, porque sin esto, no podría escribir… y a un montón de escritores. Es mi primer capítulo después de mucho tiempo ahogada en tareas, trabajos y un montón de cosas más. De hecho, ahorita me dispongo a finalizar mi tarea de morfología (¡Ya acabó el semestre!). Así que, en serio, también les agradezco a todos ustedes por ser pacientes con mis fanfics. Durante todo diciembre y enero estaré actualizando seguido, así que, ¡Disfruten!
Nota: En este capítulo, más que una carta, es un monólogo interno de Katara. Está dirigido a Aang. Cuando lean justo debajo del título del capítulo la leyenda "Hola cariño, Hola fulanito de tal, Querido blablá, etc.", quiere decir que es una carta. Si no leen nada de esto, es un monólogo interno. Pero a fin de cuentas, son cartas que quedan en uno mismo.
Capítulo 6: Polvo en el viento.
Desperté del sueño. Creo que era un sueño. Korra estaba junto a mí cuando aquello sucedió.
Vaya que la niña duerme pesadamente, ya que debí haber hecho algo de ruido cuando me di cuenta que yo ya no estaba durmiendo. Su pequeña mano seguía sobre la mía.
Me levanté de mi sitio en la cama, asegurándome de no despertar a la pequeña. Afuera, aunque reinaba la paz, dentro de mí aquello era lo que no había.
¿Estaba lista para volver a hacerme responsable de una niña? ¿Estaba lista para volver al ciclo del avatar?
Analicé seriamente aquello. No solamente el avatar volvía a vivir para dominar los cuatro elementos, crecer, aprender y amar; también estábamos aquellos que habíamos vivido con los avatares, desde que crecieron hasta que se nos fueron de las manos. Yo también estaba formando parte de un ciclo, tan repetitivo como las estaciones, tan diferente como cada hoja del otoño, que no es igual a la del año pasado.
Cuando comenzamos a entrenar el agua-control, éramos jóvenes; teníamos casi la misma edad. Pero esto era tan diferente; era una niña, apenas de cinco años. ¡Una niña! No era mi hija, no. Sin embargo, debía tratarla como tal. En mis manos estaba el deber de moldear a lo que sería el espíritu de la tierra, la salvación de nuestro mundo.
Uno de los guardias estaba escuchando un viejo radio, donde sonaban algunas notas con una letra; lo que somos es simple polvo en el viento. ¿Qué reto me trata de poner el destino? ¿Acaso esto es una broma macabra? Sé que debo ser fuerte. Sé que debo salir adelante, y créeme que lo intento, pero hay días donde mis huesos ya no alcanzan a sostener a mi espíritu, a mi voluntad de levantarme. ¿Soy, tal vez, la única persona que puede cuidar de dos avatares en una sola vida? ¿Qué estaba soñando?
Soñé una mañana de otoño, con el olor a leña quemada y los ronquidos de Sokka. Soñé, que aún tenía sueño, y que ese sueño era más bien un recuerdo. Era, digamos, un día normal de pesca, o lo que esperaba fuera un día normal de pesca; Sokka viendo sus músculos en el reflejo del agua, yo intentando ayudarle con el agua control. Nos quedamos estancados en un bloque de hielo, y en dicho bloque reñimos. Mi furia contra los comentarios machistas de Sokka era tan grande que, logré sacar un enorme témpano de las profundidades del mar helado que llamábamos "nuestro lugar para obtener comida".
Lo soñé y lo viví, y pocas personas tienen oportunidad de soñar y vivir algo al mismo tiempo.
Igual que entrenar dos avatares.
Después de soñar aquello que recordé, sentí un roce familiar, y vi de nuevo una sonrisa: la sonrisa del despertar, la del anochecer. Entonces, recordé nuevamente que aún seguías siendo como un niño; más bien, lo eras nuevamente… eras, una pequeña mujer, aunque problemática, rebelde, aunque aún así muy dulce, y curiosa. Recordé, que en mis manos volvías a estar, y que volvía a estar contigo.
Todo lo que somos es polvo en el viento.
Volteé a ver a la pequeña Korra: su pierna cayendo de la cama, descobijada, con la cabeza recostada fuera de la almohada. Me costará despertarla ¿Sabías? Será más complicado.
Dentro de ese gran trecho de diferencias, estoy consciente que hay un gran espacio, tan enorme, que incluso supera al de las diferencias; donde ambos son uno, y donde vuelve a mí la sonrisa de los triunfos pasados. Si algo puedo agradecer de la Tribu Agua del Sur es que, me dio la oportunidad de encontrarme contigo, con Korra, y así, conmigo misma.
Tal vez Korra pueda enfriarse, y su cuello podría dolerle al despertar. Mejor voy a arreglar ese pequeño inconveniente, y en donde sea que estés… duerme bien.
