Capítulo 10: ¿Qué es el amor?

Querido Aang:

Ha amanecido nuevamente, y aquí me encuentro como en cada ocasión en que la esperanza flaquea. Hoy, en lugar de ello, mi fortaleza no se debilitó, aunque admito que los vientos de hace cuarenta años no son similares a los que soplan hoy; no como los que tú atraías.

Anoche, junto con Tonraq, llevé a Korra al festival por los espíritus de la luna y el océano, y no recordaba haber visto tanta gente desde tu penúltimo cumpleaños, pese a que sólo se encontraban los demás acólitos, los niños y yo.

Tonraq llevó a Korra de la mano por un largo rato, y de igual modo la cargó durante unos instantes para jugar con ella. Ambos se encontraban felices, y en pocas ocasiones pueden convivir de ese modo. Luego de unos instantes nos sentamos a comer un cocido de ciruelas (que sé que odiarías, por supuesto), así como algunas porciones de carne de foca recién cocida (que sé que nunca comerías). No obstante, Korra parecía no tener fondo en ese agujero de su estómago. Entre más lo pienso, difieren en un par de detalles mínimos. Su padre había ido a un puesto cercano, para ganar un muñeco de tortuga león para su pequeña hija (cuya edad ya rebasaba los catorce). Era una sorpresa, ya que, para él ella seguía siendo una inocente niña que rompía paredes y quemaba tiendas de campaña desde los cinco años.

A pesar de que Korra desconoce a la gente cuando se encuentra comiendo ávidamente, algo llamó su atención; una pareja se sentó justo a un lado de nosotras. Era una pareja de ancianos que se hallaba de viaje por la Tribu Agua del sur para ver a su hija, una chica que contrajo matrimonio hace un año aproximadamente.

-Maestra Katara. ¿Cómo podría describirme el amor?

¿El amor? Ella dio en un tema sensible, y que muy en el fondo sabía que no debía hacerlo. Sin embargo, desde pequeña le dejé muy claro que podía preguntarme lo que quisiera sin temor alguno y, tenía que responder. Debo confesarte que Korra aún no se ha enamorado de alguien, y no es porque no haya querido; entre el entrenamiento riguroso que se la impuesto, Korra no ha tenido tiempo de hacer algunos amigos aquí mismo en la tribu. No sé si esto es lo que tú hubieses querido para ella, pero al menos sé que no está en mis manos el poder de darle la libertad que teníamos nosotros a su edad.

Entonces respondí, momentos antes de llevarme la cuchara a la boca:

-El amor es muchas cosas. Sabes que lo sientes cuando en tu pecho algo comienza a doler o a correr cuando estás con la persona o las personas más especiales para ti. Cuando las distancias no son obstáculos, ni los años ni mucho menos las falsas imágenes, es cuando experimentas el verdadero amor. Consiste incluso en querer morir, con tal de ver íntegra la sonrisa de la persona más importante para ti…

Korra volvió a poner su vista sobre aquella pareja de ancianos, y volteó para captar mis ojos. No pronunció palabra alguna luego de ese momento, o al menos no fue así hasta que Tonraq regresó con una tortuga león de peluche para ella. Korra, como toda hija que adora a su padre pese a todo (y sé que tú lo sabes), abrazó a aquél, y durante el camino de regreso ambos juguetearon tanto como pudieron. Después de todo, él la volverá a ver en una semana más.

Desperté ya entrada la madrugada, y noté que Korra no se encontraba en su respectiva cama. No tenía idea de dónde podría estar ella, ni qué podría estar haciendo. Busqué debajo de su cama e incluso en el armario, pero no di con nada. Empero, cuando me dirigí hacia la entrada de la choza, me di cuenta que Korra estaba allí sentada sobre el primer escalón; el codo derecho reposando sobre la rodilla, y el puño sosteniendo la barbilla. Apenas iba a irrumpir su divagar, cuando algunas palabras salieron de lo que pudo haber sido su corazón:

-Dicen que yo tengo conexión con los espíritus, Luna. Espero que así sea, y no sé tan siquiera por qué hablo contigo si sé que nunca podré dar con mi lado espiritual o escucharte. Pero quiero confesarte algo, espíritu de la luna. Pese a todos los años que llevo con mi Maestra Katara, he visto que jamás se ha quebrado por la ausencia del avatar Aang. Quizás ese es el amor verdadero; resistir hasta el último golpe que podamos dar. Sé que no me escuchas, pero quería sentir que alguien lo hacía solamente por mí…

Ella no sabía que Yue sí la escuchaba; ella no sabía que la había escuchado. Regresé a mi cama justo antes de que se diera cuenta de que andaba merodeando por ahí, y al recostarme fingí estar dormida.

-Buenas noches, Maestra – me dijo –. Luchar es amar de verdad. Siga luchando por Aang…

Korra duerme, y poco falta para que despierte. Y obedeceré a mi alumna hasta el último minuto; hasta el final.

Hasta pronto, cariño.

Katara.