Es idea mía, o desde que Hotmail y msn ya no están juntos, la afluencia de lectores y seguidores de fanfiction disminuyó? Es en serio, antes con las notificaciones de seguidor tenía gente que leía mis fanfics justo cuando publicaba el capítulo, y ahorita ya no tengo una triste bola desértica que lea lo que hago. El mundo que conocí está extinguiéndose con suma lentitud conforme avanzo a velocidad de vértigo por el tiempo.

(Espacio de promoción: Si les interesa leer un fanfic sobre cómo Amon llegó a ser lo que era, les promociono mi fic "inglorious republic", y a Correo Aéreo le quedan 3 capítulos nada más. Pero para el libro 2 de Korra haré una continuación llamada "Azul" (antes "Cielo nublado").

Capítulo 12: Inmunidad.

Querido Aang:

No debería escribir dos veces seguidas, lo sé. Pero sabía a quién debía recurrir para contar lo que aconteció en las últimas horas.

Aún no amanecía. Ni siquiera tenía la pijama, y mi cabello permanecía en su lugar. ¿Era normal que extrañase el disonante ronquido de Korra en la cama de junto? ¿Era normal sentir que la media cama que me queda (la mía) necesitaba la presencia de alguien?

No podía tener más ojeras. Mis arrugas han dado ya un límite, y en parte me alegraba saber que no se alcanzaría a notar que había estado en vela.

Mi sábana pasó de ser azulosa a una tonalidad naranja, y en cuanto los acordes del radio marcharon con el despertar de los guardias, me di un tiempo para analizar el canto de aquella dama:

Te veré en todos aquellos viejos sitios familiares que mi corazón abraza…

Escuché la misma monotonía matutina, los vaivenes de quienes cocinan, y los pasos de los guardias que se dirigen a dormir tras una noche vigilando. No se habían dado cuenta que alguien se había ido anoche.

Alguien…

-¿Maestra Katara? –alguien me llamó a la puerta.

-Adelante – contesté, puesto que ya estaba vestida (nunca estuve en pijama)

Pasó un jovencito que siempre está atento vigilando la puerta, y que en general se preocupa de todos y cada uno de quienes cuidamos de Korra. Me dijo que en cuanto hubo descendido a los corrales donde el perro-oso polar dormía, no se encontraba allí la mascota. De momento pensó que Korra había salido a dar un paseo matutino, aunque después encontró unas huellas que daban hacia un costado de la fortaleza.

-¿Cree que haya sido secuestrada?

-No, no lo creo. Yo sé que no fue así. Nosotros la tuvimos secuestrada durante muchos años, joven. Sólo fue hacia su libertad…

Y en eso, él se dio cuenta que yo sabía toda la verdad. Comprendió que Korra había escapado, justo cuando lo miré de reojo.

-Si deseas decírselo a los otros sinodales, no pondré resistencia. Anda y cuéntales lo que ha sucedido, si es que ya han despertado.

O-O-O-O-O-O-O-O

Me dirigí hacia el comedor principal para desayunar como cada mañana, sintiendo el revoloteo de la travesura en mi estómago, cayendo y divirtiéndose con la situación. Las miradas de desdén no tardaron en enfocarse a mi entrada al salón, y para ello encuentré a los sinodales que han cuidado del entrenamiento básico del avatar desde hace más de trece años.

-Buenos días – dije por mera cortesía, y mofándome de ellos al no contener mi sonrisa.

-Supimos que Korra escapó, y que usted lo sabía todo – exclama su profesor de fuego control, algo más allá de "indignado"

-Solíamos contestar al saludo de maneras más amables cuando yo era muy joven. El mundo se ha volteado patas arriba.

-Déjese de bromas, Maestra Katara. Ésta no es la actitud de una gran maestra legendaria de su talla, y mucho menos de una mujer de más de ochenta años.

-Cada quien decide lo que quiere ser dentro de lo que puede ser. En mi opinión que, yo sé que rechazarán, yo fui quien le deseó suerte a Korra cuando partió hacia Ciudad República; es probable que haya tomado uno de los primeros buques que parten hacia allá durante la madrugada.

-¿Hizo qué? – gritoneó hacia mí ese barrigón y barbudo sujeto que, en lo particular, no es de mi agrado.

-Dejé que Korra fuera a Ciudad República.

-¿Está consciente de los peligros que el avatar enfrentará allá? ¿Tiene idea de qué es lo que acaba de hacer? ¿Sabe que está faltando a la voluntad del fallecido avatar Aang, y peor aún, a la de su difunto esposo?

La voluntad de mi difunto esposo. ¿La voluntad de él? ¿Me decía lo que debía hacer? ¿Se atrevía a decirme qué hacía mal?

-En primera instancia, ustedes me dejaron a cargo de Korra en cuanto fueron conscientes de su poder, y en segundo lugar…

-Sí, porque sabíamos que haría un gran trabajo, y veo que no. Es como si la voluntad de un difunto ya no valiese algo.

-Usted no estuvo con la verdadera voluntad de mi marido. ¿Qué puede saber de lo que Aang hubiese querido o no? Si estoy cerca de Korra, es porque él me confió una labor importante, que es la de cuidar de su reencarnación. En un modo u otro, Korra sigue siendo…

-¿Sigue siendo él? Admítalo, maestra Katara; Aang no volverá, y lo que debería hacer es cumplir al pie de la letra lo que le confió.

"Debes prometerme que estarás a mi lado cuando reencarne en un maestro agua; quiero viajar en trineo pingüino, jugar, reír… y lo más importante, sentirme en casa de nuevo. Si voy a la Tribu Agua, espero que sea la del sur. Quiero ser libre, quiero volver a donde estuve durante tanto tiempo, y en esta ocasión, sí quiero disfrutarlo. Yo les he indicado a los próximos maestros del nuevo avatar que tu presencia es ineludible, porque sólo tú sabrás qué hacer cuando ya haya reencarnado. ¿Lo harás?"

"Lo haré" susurré lo mismo que en esa ocasión dije, prometiéndote que estaría contigo hasta que mis manos dejaran de hacer agua control. Hasta ese momento estaría contigo, protegiéndote. Nos prometimos protegernos sin importar quién fuese el primero en partir, y debes creerme cuando digo que haría todo lo necesario por cuidarte de haber sido yo quien hubiese muerto antes. Aún me encuentro protegiéndote, a excepción que ahora no puedo exclamar abiertamente "¡Dejen de prenderle fuego a mi novio!", y a la par, es como si todavía me protegieras… Lo siento…

-Usted no está consciente de todo lo que él me dijo; de sus enseñanzas metafóricas, de sus gestos, de su juicio. En esos momentos cercanos a su muerte, él…

-En ese entonces, el avatar Aang no sabía que su esposa relajaría la disciplina del avatar.

Enfurecí. No pude hacer algo más salvo enfadarme con ése, quien osaba poner en duda mis palabras. Los otros ancianos se quedaron para averiguar en qué terminaría la discusión, a sabiendas de que él había llegado al punto que menos me agradaba; que sus palabras podrían ser incluso su sentencia de muerte.

Como un impulso rápido, creé un pequeño látigo de agua con el líquido de la olla al centro de la mesa, que de inmediato convertí en una cuchilla que coloqué en su rostro a señal de amenaza. Lo tenía contra la pared, y los demás no pusieron resistencia.

-Estuve cincuenta y tres años a su lado. ¡Cincuenta y tres! Salvé su vida en más de una ocasión, y en mi cuerpo cargué durante veintisiete meses tres hermosos hijos de él. De igual manera, estuve con él en sus últimos segundos, y ambos salvamos el mundo de morir entre cenizas, así como vimos nacer Ciudad República, sin nombrar, por supuesto, que todo descendiente mío llevará la sangre de Aang sin importar su nación, y los maestros aire llevarán por menos una gota de mi sangre de maestra agua; le di continuidad a una raza que se daba por muerta… ¿Y usted se atreve a designar como torpe la voluntad de mi esposo? Peor aún, ¿Se atreve a llamarme incompetente?

Debí agitarme mucho, ya que sus ojos desbordaron temor sincero. Con la manga de su traje, secó las gotas de sudor que saqué en su frente, y apuesto a que quizás orinó sus pantalones de anciano irreverente. Las miradas atentas me rodeaban; desde los guardias a los cocineros atestiguaron una escena que prefiero dejar en la historia. No recurro a presumir todo cuanto he hecho en mi existencia, pero en esta ocasión lo ameritaba.

-Tranquilícese, Maestra Katara. Entiendo que se moleste cuando alguien toca el tema de su marido, pero debemos tomar medidas ante la rebeldía de Korra; lo que usted hizo fue solapar un capricho, sabiendo que su hijo dijo precisamente que…

-¡Mi hijo es un necio eventualmente!

Todos los vasos y contenedores con agua se desbordaron, y más adelante me di cuenta que había derrumbado una torre de vigilancia desde el comedor. Olvidaba el poder que tenía cuando la furia me ganaba.

-Me temo que si Ciudad República está en problemas, no podemos arriesgarnos a que Korra se vea inmersa en ellos. Ya mandé a uno de los guardias a llamar al maestro Tenzin para que esté alerta del barco de la Orden de Loto que enviaremos desde el Reino Tierra. Para cuando caiga la noche, el barco ya habrá llegado, y Korra regresará a esperar su entrenamiento de aire-control, tomando en cuenta que aún debe mejorar en fuego-control.

Los ancianos estaban de acuerdo, y por primera vez en mucho tiempo me enfermé de la cabeza en maneras casi indecibles. Si no podía con las ramas, tendría que ir a la raíz del problema, no sin antes quitarme la carga del pecho.


¿Qué podía perder por ahora? Si me planeaban despedir, podrían hacerlo, y de cualquier forma no estaría perdiendo algo mayor. Korra vendría a mí cuando lo necesitara, al igual que Tonraq y Senna, y al igual que todos en la tribu. Incluso los guardias de la Orden de Loto poseían más juicio, y en su mayoría parecían apoyar mis ideales, aunque ellos podrían perder el empleo si exteriorizaban lo que alcanzaba a leer en sus ojos mientras salía de la fortaleza para visitar a los padres de la pequeña niña chimuela de siete años. En esos momentos recordé una vieja escena familiar, similar a las viñetas familiares con Kya, Bumi y Tenzin. Todavía no llegaba la hora de la comida, y al parecer Korra ya lidiaba con el monstruo voraz que posee en la boca del estómago. La encontré escudriñando entre los víveres de la alacena, sentada y comiendo un trocito de chocolate.

-No debes comer golosinas antes de la comida. Sabes que están prohibidas.

-Pero tengo mucha hambre.

-Y después no la tendrás con el chocolate.

Tomé la barra para guardarla luego, aunque al ver su carita de culpabilidad dibujándose en sus ojitos de seis años, me incliné hacia ella, y dije:

-Yo sé que tus papás te han dicho que no lo comas, y sé que te gusta mucho. Pero no es nutritivo, aunque sea delicioso. Aunque…

Pasados cinco minutos, tanto ella como yo acabamos con la barra completa de chocolate del Reino tierra, y cubrimos el crimen enterrando el envoltorio hasta el fondo del bote, y con abundante agua limpiamos nuestros rostros llenos de chocolate.

-Debiste invitarme antes, pero recuerda que no lo volverás a hacer ni se lo dirás a nadie. ¿Lo prometes?

-Sí – asintió con alegría, y yo sabía que podía confiar en esa expresión.

-¿Sabe que se meterá en problemas, Maestra Katara? – me preguntó, temiendo que algo me llegara a suceder.

-Soy anciana, no tengo gran cosa por perder, y no pueden castigar ninguna de mis posesiones, ya que cuento con muy pocas. ¿Qué me podrían quitar? ¿Años?

Ambas reímos en ese instante, y luego de ello nos fuimos de la cocina. Nunca se logró dar con el asesino de esa barra de chocolate, y dudo que logren hacerlo.

O-O-O-O-O-O

-Ella misma vino muy de madrugada a decirnos lo que haría. Ya no tolerábamos verla en ese estado, y más porque es mi única hija. – Senna parecía orgullosa de la decisión de Korra, pese a tener un gran temor por lo que podría pasarle a ella en tan gigantesca urbe.

-Me despedí de ella justo antes de verla partir, y los ancianos en el consejo no entienden que encerrarla sólo creará un caos, y esto me temo que podría suceder. Cuidamos de Korra en todas las maneras posibles, para tener un avatar completo y listo para el combate. Pero si no conoce la maldad, los combates, las calamidades ¿Cómo sabrá a qué es lo que debe enfrentar cara a cara?

Tonraq no se encontraba en casa, y a la par de algunos analgésicos que Senna me obsequió, conversamos por largo rato, lo cual ayudó a quitarme de encima la carga emocional que me habían dado en la fortaleza.

-En cualquier momento traerán a mi pequeña…

-No lo harán. No si alguien lo evita.

-¿Maestra Katara?

-Debemos ir a la cabina de teléfonos de la tribu. Tengo una idea…

¿Funcionaría? No lo sabría si sólo quedaba en mí.

O-O-O-O-O-O

-Los maestros hablaron conmigo previamente, madre. Odio tener que decirlo así, pero estoy consciente de que su elección es correcta.

Cuando hablé con Tenzin al teléfono, se le notaba seriedad en su tono, argumentando que Korra había hecho numerosos destrozos, y dejado cuantiosas cantidades al aire. Quizás no había sido una gran idea dejarla salir al mundo, aunque por otro lado, echando a perder se aprende.

-Korra regresará a la Tribu Agua del sur, y no se dirá más, madre.

-De acuerdo, hijo. Pero sólo te ruego que pienses lo que en verdad hubiera querido tu padre, y todo cuanto Korra te ha dicho. ¿Es lo que ves aquello que el Avatar Aang habría querido para ti, tu familia, tu ciudad y Korra? Yo no he estado en Ciudad República los últimos diecisiete años, y sin embargo veo los desastres en esta lejanía. Ella es el puente y el mediador entre nosotros, y terminaremos creando un ser similar al Rey tierra de seguir negándole una aventura en la selva de asfalto. ¿En serio deseas ver a tu padre reencarnado convertido en un ser atroz como aquél que te he descrito?

No escuché algo más que su respiración, y de inmediato un suspiro.

-Sólo hago lo que creo, madre. Pronto llegará el barco de la Orden de Loto, y debo estar allí para entregarles a Korra. Lo siento.

Y colgó.

O-O-O-O-O-O-O

A la mañana siguiente esperaba noticias sobre el barco que nos habría de devolver a Korra, puesto que serían cerca de cuatro días de viaje; un halcón o cualquier cosa que nos diera un indicio claro de qué ocurría, y si todo se encontraba en óptimas condiciones. Sin embargo, desperté con la sonrisa que el jovencito de la puerta me brindó:

-El avatar se quedará en Ciudad República. El maestro Tenzin accedió a entrenarla en la Isla del templo aire por el tiempo necesario. Después de todo, usted tenía razón…

Odié decirles "se los dije". Tenzin haría lo correcto, y yo lo supe. Ochenta y cinco años de experiencia me tenían respaldada.

De momento yo he hecho todo cuanto he podido, cariño; ha llegado el momento de que Korra tome su camino y se haga responsable de sus actos y las consecuencias que se deriven de ellos. Estoy a punto de regresar a la cama, pensando en esa primera vez que Tenzin hizo aire-control, y te alegraste en saber que tu legado no iba a morir… ¿Alguna vez te dije que siempre supe que él sería un maestro aire? Yo lo sé, porque solamente una madre es capaz sentir a una vida dentro de una misma, y más cuando es un ser con habilidades tan raras como el aire. Tú fuiste el mejor maestro para nuestro querido Tenzin, así como para Kya y Bumi, y hoy tu reencarnación vuelve a aprender tus habilidades de parte de tu antiguo alumno. ¿Estás emocionado?

No sé si sabrás contestarme a esta pregunta, pero cualquiera que sea tu emoción, es como si la estuviera sintiendo yo también. Y confieso que volver a defenderte me hizo sentir que mis huesos no tenían ochenta años dentro de mí; otra vez me convertí en una adolescente de quince bastante gruñona, que defendía y amenazaba a quien fuera necesario para mantener la integridad de su entonces novio.

Novio, y después esposo… Luego se volvió un abrazo al aire, y palabras en un correo aéreo, que sólo los vientos que me despeinan pueden leer…

¿Estás en ellos ahí?

Aunque no estuvieras, este correo es tanto para mí como para ti.

Nos veremos pronto, cariño. Y te deseo lo mejor con tu nueva reencarnación, y tus nuevas clases de aire-control. Las necesitarás, porque hasta hoy no lo has hecho en diecisiete años…

Con amor

Katara.