Ejem… Los personajes de FFVIII son de Square-enix. Así como algunos otros pertenecientes a Makisotu Douraji. Los demás que aparezcan son creados por mí…
###############################################
23
GALBADIA
- Ya te he dicho que me encuentro bien, deja de preocuparte innecesariamente - replicó Carolyne haciendo uso de su orgullo para soportar el dolor de caminar
- ¿Algún día dejarás de ser tan obstinada? - cuestionaba Ciro claramente enojado
- ¿Toda tu vida a mi lado y no tienes una respuesta para ello? Ya déjame en paz - respondió sin mirarlo, terminando de cruzar el pasillo del apartamento del ex capitán del ejército, Irvine Kinneas
Su gemelo se paralizó al oír a su hermana no sólo por la pregunta y sus palabras, pues estaba acostumbrado a ello, era el nuevo tono que usaba cada que podía lo que le hirió más. Desde que la viera en aquel estado durante su breve estadía en aquel viejo conjunto residencial, un sentimiento de hermano sobreprotector despertó en él "No quiero verla así nunca más" fueron sus pensamientos en aquel instante de verla, y rezumbó en su mente al sostener su mano y con cada lágrima de felicidad o preocupación que derramara por ella el sentimiento se reforzaba más
- ¿Puedo preguntar por qué el alboroto? - preguntó una tercera persona pasando por el corto pasillo
El ánimo de Ciro alcanzó únicamente para alzar su mano, haciendo un gesto desganado, indicándole para que se marchara "Esto es un problema de hermanos, no de Leukos" quiso decirle, pero no tenía fuerzas para discutir como cada ocasión en la que los hermanos rozaban
"Quizás su orgullo sólo está herido, después de todo, siempre he sido yo el que ha necesitado su ayuda en los momentos más difíciles. Pero si no la hubiera cargado justo en ese instante al huir, no estaría con vida. Pero no deja de ser frustrante que no me trate como siempre" pensó apretando sus puños, en medio del corto pasillo que se tragaba la luz que venía de la sala de estar, su destino original; respiró profundamente, peinando su cabello hacia atrás, regresando a su expresión misteriosa, retomando sus asuntos
La sala siempre lucía iluminada y brillante por la luz que se colaba y los tonos marrones le daban una cierta calidez, siendo una parte de ello mermado por la presencia tenebrosa en la mitad de la sala, atado fuertemente a un sillón pesado sin posibilidad de moverse o de hablar. "Jade Douraji" su nombre se repitió en su mente, como en la ocasión que se lo dijera al encontrarse por primera vez en el Fuerte Valka
- Buenos días - dijo con esa mirada espeluznante capaz de helar la sangre y de hacer temblar a cualquiera
Ciro le retornó el saludo con amabilidad, sentándose en el sofá contiguo al peliblanco y fijando su vista en él, tratando como en las anteriores ocasiones de descifrar lo que pensaba. Desde su, todavía sin explicación, tregua en Valka no dijo más y al Ciro querer tomarlo como su prisionero accedió sin dudar, sin quejarse, sin forcejar
- Pienso que estoy perdiendo mi tiempo al decir esto pero, no tengo intenciones de hacerles daño aunque yo esté involucrado en el incidente en Valka. Mis objetivos han cambiado - habló por primera vez desde su entrega como prisionero, el entumecimiento en aquel sillón comenzaba a hacer merma en él
- ¿Cuáles son sus objetivos ahora? - preguntó, cuando una parte de él sabía que no respondería
- Ustedes conocen a mi medio hermano Makisotu, ¿correcto? Debo hablar con él - contestó sin cambiar su gélida expresión aterradora, todavía sin observar a su carcelero
- Aunque lo conozca, no tengo la mínima idea de dónde esté y qué esté haciendo, si es que está con vida -
- Sigue con vida, de una u otra forma es un Douraji, no nos damos por vencidos tan fácilmente -
- Así que te has decidido a abrir la boca - dijo una altanera y enojada voz femenina proveniente del pasillo
Tenía el cabello liso blanco hasta la altura de la mitad de la espalda; sus ojos rojos se mostraban indomables, atractiva, de busto grande incluso con su musculatura levemente marcada. Jade alzó su mirada, topándose de nuevo con recuerdos muy borrosos de los que no sabría dilucidar si eran jugarretas de su mente o si estaba tratando de darle un mensaje, añadido a ello estaban los de aquella noche en Valka
Estaba como siempre junto a Fubuki, ayudándole con sus cometidos sin replicar o dudar de las decisiones que él tomara porque era su hermano y la única persona que tenía en el mundo. Sabía que con cada acción continuaba transformándose en otro, pero si eso hacía feliz a su hermano, no era quién para decirle qué hacer y qué no hasta que ese instante cambiara todo
- Fubuki, esa persona… - dijo Jade confundido, observando de lejos a dos mujeres de características idénticas
- Si, luce familiar, como un recuerdo vago grabado en mi mente de una época en la que éramos muy felices - interrumpió, robando las palabras de su gemelo - No obstante, sabes muy bien a qué hemos venido, nuestros objetivos no cambiarán sin importar quién sea -
- Pero, Fubuki… - por primera vez dudó, nunca lo hizo, y sin un motivo claro sabía que esos rostros idénticos eran la causa
- Jade, dudar es de débiles - replicó el otro al instante - La duda hace la diferencia entre la vida y la muerte -
Antes de poder extender su mano para sujetarlo y detenerlo de cometer otra crueldad típica de él, Fubuki fue más rápido, y con su arma aparecida en un instante junto a largas zancadas alcanzó a ambas ensartando a una de ellas sin darle tiempo a reaccionar para defenderse
El otro gemelo de cabello largo desconociendo las razones sintió como si le arrebataran otro pedazo de su rota alma; quedándose grabada a fuego en su mente la escena frente a él. Jamás le había parecido tan diabólica, sedienta de sangre y perversa la mirada de Fubuki; la víctima, todavía sin creer lo que acababa de pasar destilaba hilos de líquido carmesí, la misma sangre que en algún momento tosiera en un intento de respirar o decir algo, manchando a su hermano que ni se inmutara. A su lado su compañera tenía una expresión que Jade estaba seguro era similar o idéntica a la suya: los ojos desorbitados, intercambiando su mirada expectante e impresionada entre su acompañante y el asesino
Lo que ocurrió a continuación seguía siendo poco esclarecedor, pero lo suficiente como para causarle miedo. Las escleróticas negras con las pupilas rojas, acompañadas de una expresión animal, puramente instintiva, le erizaba la espalda
- ¡Cuidado! - gritó automáticamente Jade a su hermano que permanecía ensimismado con la agonía de su victima
Como el sentimiento de protección de una madre hacia su hijo, se lanzó sin importarle saber la cantidad de peligro al que se exponía, milagrosamente logrando empujar las garras de la otra bestia que rompería de un sólo movimiento el cuello de su hermano
- No era necesario recurrir a tales medidas, hermanito - replicó el otro retirando su espada de la muerta, observando a su vez la otra forma de Jade
Un repentino y furioso rugido los sacó de su pequeña conversación, la otra mujer había despertado sus más básicos instintos, y estaba fuera de sus cabales; ambos Douraji estaban seguros únicamente al mirar su expresión de que era la primera transformación. Fubuki decidió imitarlos y también cambiar su aspecto, ambos gruñeron como señal de advertencia y como un animal sintiendo el peligro inminente lanzó un leve bufido antes de salir corriendo por otra puerta frente a ellos
La bofetada de una suave mano llegó de golpe a su mejilla, regresándole a la realidad, ¿Hacía cuánto que estaba inmerso en sus memorias?; estaba algo descolocado, pero aquella mujer lo miraba irritada
- Lo siento - respondió evitando la mirada
Su mente se confundía cada vez que la miraba, y después de lo que Fubuki había hecho esa noche la culpabilidad caía con un duro peso sobre sus hombros al simple hecho de intercambiar una rápida mirada con ella. La mujer lo sabía y con un suspiro su semblante cambió, sentándose en el lugar que Ciro abandonara durante su letargo fijando otra vez su mirada en él
- ¿Sigues culpándote por lo que hizo tu compañero? - le preguntó con una sonrisa triste
- Él es mi hermano, se llama Fubuki - respondió evadiendo tanto la pregunta como el hecho de verla
- La muerte siempre está con nosotros y aunque estemos acostumbrados a ver morir a nuestros compañeros, todavía nos sorprenden y entristecen - retuvo la respiración para contener las lágrimas que se forzaban a salir - No te culpes por la muerte de Osse, tanto ella como el resto estaba al tanto de que un evento así podría ocurrirle a cualquiera, a mi e inclusive a ella misma -
Cuando Jade se decidiera a verla de reojo la contempló con sorpresa llorando en silencio y unas ganas de consolarla le nacieron irrefrenablemente. Lo único que lo detenía para hacerlo era estar completamente atado al sillón sin posibilidades de zafarse
- Sé que es muy tarde para decir esto… Lo siento, si en ese momento hubiera sido más rápido que Fubuki lo hubiera frenado antes de que la matara - "Y antes de eso más audaz para detener su locura"
- Ya te dije que no hace falta lamentarte por la muerte de Osse, pero claramente queremos hacerles pagar por lo que hicieron, eso te incluye -
- Lo incluía - corrigió Ciro saliendo de la cocina - Al menos parcialmente, sé que ha cooperado con su hermano para, por decirlo de otra forma, desalojar a los Leukos del Fuerte Valka, así que es claro que usted, Señor Jade, tiene unas muertes en sus hombros -
- Lo sé - afirmó volviendo a su mirada tenebrosa - Si hay alguna forma de expiar mis pecados es ayudándolos a detener a los que desean muertos, estén de acuerdo o no -
- Esa es la actitud que esperaba - asintió triunfante el Trevant - Pero no crea que sólo por eso lo liberaré -
- Jamás entró en mis posibilidades - objetó Jade con expresión serena - Ahora que estoy seguro de que me han aceptado en su grupo, me gustaría saber cuál es el plan de escape; Fubuki debe estar al acecho y con los recursos de Hammer a su disposición para capturar a los que escaparon estamos en problemas… -
- Especialmente nosotros - interrumpió Ciro - Lo sé. Aun así, existe una posibilidad de escapar una vez el servicio de trenes sea restaurado por completo; el único peligro está representado por el color de sus ojos y cabellos -
- ¿Nos iremos de aquí sin saber qué ocurrió con los demás? ¿Qué pasará con Seth y Loh? Aún no se han confirmado sus muertes, puede que todavía estén con vida - preguntó la Leuko, incrédula
- Señorita Silv, si ese fuera el caso no se molestarían en decirlo públicamente, de alguna manera tendríamos que infiltrarnos para averiguarlo, y eso es algo que no podemos permitirnos, sería ponernos en peligro más de lo que ya estamos -
- ¿Y a dónde iríamos una vez saliéramos de aquí? - quiso saber Carolyne, quien parecía llevar escuchando largo tiempo la conversación
- Balamb. Siempre es nuestra última y segura jugada -
- Sin el apoyo de Alexander, ¿crees que nos recibirían en el jardín con los brazos abiertos? -
- Carolyne, no tenemos otro lugar al que ir. Es Balamb o podemos quedarnos aquí y esperar a que nos maten, o mejor aún, podemos salir a las calles con alguno de ellos en cualquier ocasión y acabar con todo esto en un instante -
- Ustedes dos, no comiencen a pelear de nuevo - las palabras quedaron ahogadas en la garganta de Silv, siendo el otro Leuko que les acompañaba el que las soltara de golpe sin titubear
- Gracias, Señor Dietrich - resopló Ciro
- Si piensas ir a Balamb, no cuentes conmigo. Ni siquiera sabemos dónde está Crust y si sigue con vida -
- La conozco, y sé que haría exactamente lo mismo, ir a Balamb. Al final si los objetivos son los mismos, los caminos conducen al mismo lugar -
- De acuerdo, confiaré en tu plan -
- Estando de buen o mal humor, como ahora, siempre lo has hecho - Ciro sonrió - Si me disculpan, iré por café - añadió manteniendo la sonrisa que irritaba a su hermana
Carolyne avanzó desde que se quedara plantada en la entrada de la cocina, pasando por un lado a Ciro que no le despegaba la mirada, para sentarse en el sofá de la sala. Cada movimiento, y ese no era la excepción, le añadía dolor a las magulladuras que le hiciera aquel tipo que ahora estaba con la mirada perdida en el horizonte, con una actitud muy diferente a la de la primera vez que lo viera, cuando lucharan
- Es raro ver a un par de hermanos que se quieran y se aprecien tanto el uno al otro - comentó Jade de la nada, "Siento envidia" pensaba al verlos discutir
- ¿Y tú qué sabes? - respondió irritada
- Sólo lo sé. Dicen que los hermanos que pelean de esa forma son los que lazos más fuertes tienen -
- No creo que estas discusiones entre nosotros sean del tipo al que te refieres. Pero aun... - sus palabras se interrumpieron de la nada, fijándose en algo - ¿Y yo por qué te estoy contando este tipo de cosas? - se cuestionó enojada y avergonzada, cayendo en cuenta de que segundos atrás una sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios, además de casi contar algo personal al que todavía consideraba su enemigo
Bufó y sin importarle cuan poco o mucho pudieran dolerle sus heridas se levantó de golpe del sofá, dirigiéndose con prisa a la habitación donde descansaba, el cuarto del ex capitán Irvine Kinneas
"Pero aun así, él es mi hermano y lo quiero" era lo que iba a decirle al Douraji de la nada "Odio que quiera sobreprotegerme, pero aprecio su preocupación; estoy segura de que si fuera al revés, mis sentimientos serían iguales o de mayor intensidad" Era un pensamiento que se pasaba por su mente, sólo que al querer expresarlos se quedaba muda, su maldito orgullo le impedía decir un simple agradecimiento a su hermano. Y aunque lo entendía, no podía evitar molestarse con él. No era la primera vez que ella se encontraba así, hubieron ocasiones en las que estuvo al borde de la muerte y nunca reaccionó así, y tampoco le preguntaría el porqué de su actitud "Como siempre, será algo que se resolverá sólo con el tiempo, sin necesidad de palabras" aseguraba, y confiando en que Ciro pensara lo mismo se acostó en la cama para dormir un poco más, lo único que aliviaba el dolor constante
En la cocina del apartamento mediano Ciro disfrutaba de su café acompañado de una sonrisa melancólica, con la imagen de su enojada y malcriada hermana
- Quisiera saber de sus planes para salir de aquí - curioseaba Silv, sacando al pelinegro de su letargo
- No hable en plural, Señorita Silv. Sólo tengo una idea en mente y es completamente arriesgada. Requiere que nos disfracemos para hacernos pasar por ciudadanos comunes. El inconveniente de este plan radica en que después del incidente en el Fuerte Valka, es algo seguro de que para evitar escapes de súper soldados o Leukos fugitivos hayan guardias en cada una de las entradas y salidas de Deling - dio otro sorbo a su café entrecerrando los ojos - Si hubiéramos escapado cuando tuvimos la oportunidad no estaríamos acorralados aquí como ratas -
- Cierto - asintió Silv - Pero la preocupación por su hermana le hizo actuar para buscar un refugio, y fue lo mejor, a excepción de nuestro prisionero todos sufrimos heridas. Las de Dietrich y las mías sanarán rápidamente, pero la que Ciro Trevant tiene en su pecho... - la peliblanca bajó su vista a la herida que sabía perfectamente dónde estaba, cómo era, cuándo fue hecha y quién era el culpable - Es un milagro que sigas con vida -
- Soy resistente - dijo, palpándose con cuidado la zona -. Pero si de algo me preocupo, más que de nuestro escape, es de eso - de nuevo, la imagen de esos ojos, esa mirada escalofriante y ensangrentada igual que sus manos
- Perdón - dijo Silv con la mirada escondida
- Ya le he dicho muchas veces, señorita Silv, que no se preocupe. Logró volver a la normalidad justo a tiempo, otra herida de ese tipo y no hubiera vivido para contarlo. Si quiere compensarlo, por favor no le diga nada a mi hermana, hará que se preocupe por mí y que la odie a usted -
- De acuerdo - asintió, encontrándose al despegar su vista del suelo a Ciro sonriéndole
- Ahora que estamos conversando de esta manera, yo también tengo que pedirle que me perdone -
- ¿Perdonarlo? ¿Por qué?
- Porque estás con el enemigo - confesó fijando su mirada en el contenido de la taza entre sus manos, evitando cruzar miradas con Silv - Así como yo sé tan poco de ustedes, ustedes saben tan poco de nosotros. Incluso me atrevería a decir que nada. ¿Recuerda el motivo original por el que decidieron atacar Galbadia? -
- Para impedir el uso de nuestros hermanos, o como se les llamaba originalmente: el modelo soldado: Seth - respondió confundida, indecisa sobre si seguir ese camino o detenerse ahora que todavía tenía oportunidad - La gente de aquí los denominaba súper soldados -
- Correcto. Antes de que el difunto presidente Alexander Deling diera uso a los súper soldados ustedes actuaron, sin conocer la amenaza real o cómo detenerla y estando acorralado, él accedió y aceptó a los súper soldados o el modelo Seth - Ciro continuó sin despegar su vista de la taza, y cada oración no hacía más que ensombrecerlo - Al poco tiempo de establecerlos en el Fuerte Valka comenzó una sucesión de rebeliones y motines de su parte, ¿estoy en lo correcto al aseverar que fueron ustedes los causantes? -
- Si - afirmó ella, recordando los planes que acordaban todos para sus intrusiones al fuerte Valka - Pero no pasaba mucho para que fuéramos detenidos -
- Correcto. E inclusive los últimos fueron a plena luz del día, fuera de Valka; causando destrozos y daños a civiles inocentes que no sabían nada al respecto sobre ustedes, ni de su origen - relataba Ciro, más ensombrecido - Sin tener que verla al rostro, sé que estará empezando a preguntarse cómo es que sé todo esto... Y la verdad es que... Solía trabajar para el presidente de Galbadia, y tanto mi hermana como la otra persona a la que estamos buscando estábamos encargados de solucionar los problemas que ustedes representaban por los medios que fueran posibles - apretó más la taza entre sus manos y ganando un segundo de valentía, la miró con un ceño fruncido carente totalmente de emociones - incluso si ello representaba tener que acabar con sus vidas -
El estruendo siguiente mermó la voz que llamara sorprendida al compañero de Silv, Dietrich, quien tenía estampado a Ciro contra la pared, todavía sosteniéndolo de la camisa con ambas manos. A su vez, el pelinegro le apuntaba con su arma justo en la barbilla, sin emoción o expresión alguna; y no era necesario mirar al otro a la cara para saber que estaba furioso y lleno de odio cuando usara un pronombre despectivo para nombrar al Trevant
- Para ya, Dietrich - ordenó Silv manteniendo toda la compostura que le era posible, sus emociones eran comparables a las de su semejante
- Este tipo acabó con la vida de decenas de los nuestros... y ¿quieres que lo deje? Nunca - respondió
- ¿Piensas que no te entiendo? Sé que por tu personalidad tiendes a protegernos a todos, se también que cualquier cosa o persona que se atreva a hacer daño a cualquiera de nosotros lo pagará muy caro, pero... - cautelosamente se acercó al peliblanco, poniendo una de sus manos en la de él, esperando a que soltara a Ciro - lo necesitamos con vida para salir de aquí, sin su ayuda es imposible para nosotros escapar de aquí -
Lentamente accedió, y con un último empujón liberó a Ciro que cayera al suelo sin cambiar su expresión. Silv se quedó plantada a un lado, observando como con molestia Dietrich dejaba el lugar, gruñendo maldiciones a cada paso
- Lamento su rudeza, pero al igual que él, tengo razones para odiarte y quererte muerto -
- Lo sé - asintió - Antes de que el temperamental me clavara en la pared, quería agregar que jamás fue nuestra intención ejecutar a los suyos, fueron órdenes directas del presidente. Nos negamos en todas las oportunidades que tuvimos, créeme -
- No borra el hecho innegable de que tienes sangre nuestra en tus manos -
- Nunca pedí que lo olvidara, señorita Silv -agregó el pelinegro levantándose duramente del suelo -, simplemente quería que lo supiera sin importar que ahora me vea como su enemigo - ajustándose la camisa y enfundando su arma tras su espalda, donde originalmente estuviera oculta, al paso que se retiraba de la cocina
Continuará…
###############################################
