II

Sybil


Arthur hizo acto de presencia en Shelby House, poco después de las once de la mañana un día viernes, cuando la clientela resultaba, sencillamente, masiva. Llevaba un corte en la frente y por la sangre seca que rodeaba la herida era obvio que se la había limpiado muchas veces.

A pesar de que el alboroto era considerable a esa hora, los clientes le abrieron el paso a Arthur en completo silencio y sin siquiera tener que recibir una orden. De hecho, el gesto era automático en cada uno de ellos, señalando o avisando a quién se interpusiera para evitar que sobre ellos recayera la conocida ira del mayor de los hermanos Shelby.

Ver a Arthur con semejante herida, aparentemente tranquilo y sin emitir palabra alguna, más que un escenario extraño generó miedo en todos quienes le vieron. Esme lo siguió con la mirada, aún más preocupada cuando este la saludo como si no le hubiera ocurrido nada.

Busco a Polly con la mirada pero ninguno de los muchachos presentes supo decirle donde estaba.

Cuando Arthur avanzó hacia las oficinas interiores y saludó a Michael como un día normal, el chico supo que algo malo, muy malo había pasado. La sangre y el aparente estado de shock de Arthur causaba un pánico comparable con la ira silenciosa de Thomas. El muchacho abandonó su puesto solo para ver cómo es que, en el único gesto descontrolado de Arthur, este empujó la puerta del despacho de Thomas con una fuerza inusitada, o... le pareció a él entusiasmada. Y aquella duda -sobre el extrañísimo comportamiento de su primo- lo llenó nuevamente de preguntas sobre su ánimo ese día.

"Debe ser mezcla de alcohol y cocaína"

Y Thomas, para variar, no se encontraba disponible.

Solo Lizzie, que ordenaba la correspondencia de su jefe dio un brinco ante el ímpetu de su llegada. Y se alteró razonablemente cuando notó el corte en su frente.

― ¡Arthur! ¡¿Qué te ocu…

― ¿Dónde diablos está Thomas?

― Ha ido a ver a Grace ― Arthur se quedó en medio de la oficina de Thomas analizando sus opciones. En tanto para Lizzie el conocimiento que manejaba sobre el carácter de los hermanos Shelby, le indicó acertadamente de acercarse al whisky en la oficina y servir un vaso.

― ¿Qué te ha ocurrido? ― terminó preguntando mientras le extendía el vaso. Arthur la miró como si recién reparara en ella.

― ¿Qué?

― ¿En tu frente? ¿Qué te ocurrió? ― solo entonces se tocó la zona mencionada nuevamente esparciendo sangre sobre el resto de su frente. Lizzie pudo notar la extrañeza en su rostro cuando sintió el líquido tibio de su sangre así como aquella extraña calma que le ponía, lógicamente, la piel de gallina.

― Oh mierda, he ensuciado todo ― Arthur se bebió el vaso de un trago. Lizzie en tanto fijó la vista en Michael quién los observaba apoyado en la puerta desde la entrada tan extrañado como ella, aunque lo suficientemente lejos como para resistir la explosión que, inminentemente, se acercaba.

― ¿Quién ha sido Arthur? ― este se giró y observó a su primo. Michael, copiando a Lizzie, se acercó al aparador de bebidas y mojó su pañuelo con agua tónica para extendérselo.

― Ese idiota de George Callum ― contestó mientras dejaba su vaso sobre una de las mesas del lugar.

Michael le miró extrañado, evidenciando que no tenía idea de quién se trataba.

― George Callum, es una sabandija de las casas en la avenida Rootte ― aclaró Lizzie ― antes era corredor de Thomas, pero jamás entregaba el dinero a tiempo, o completo. Es inofensivo.

― ¿Un ladrón? ― Lizzie negó.

― Si Callum le hubiera robado alguna vez a los Peaky Blinders, ya no tendría manos.

― Es más un idiota que nada. Es inofensivo.

― ¿Estas segura? ― preguntó Michael mientras encendía un cigarrillo e hizo un gesto sobre su frente imitando el que Arthur tenía ― no lo parece, Arthur ¿Por qué no le rompiste las malditas piernas?

― Fue un accidente ― contestó con calma y como si fuera lo más evidente.

Claro, nadie que conociera a Arthur Shelby podría jamás decir que aceptaría una afrenta de esa manera y no hacer nada. A menos que claro, fuera un accidente. Y aún así Michael tenía sus dudas. Pero la evidencia estaba ahí frente a él.

"Debe estar terriblemente drogado"

De pronto todo tenía sentido para Lizzie y Michael y, en base a ello, el ambiente se relajó.

Aun así, la incredulidad pareció apoderarse de todos cuando Esme y Finn le preguntaron lo mismo y se les informó de sobre quién era el culpable, solo que Arthur prefirió esperar a que llegaran el resto de sus hermanos para no tener que repetir la misma historia cada vez que alguien le preguntara sobre George Callum.

― Dices que fue Callum ― Arthur asintió ante las palabras de Thomas ― pero que fue un accidente.

― Así es, un accidente ― afirmó con seguridad.

― Pero ese accidente... lo provoco él ― Arthur dio un trago a un vaso de agua y volvió asentir.

― Entonces deberías haberle quebrado las malditas piernas ― dijo Thomas con calma, a lo que en contra de todo pronóstico Arthur negó ― ¿Por qué no? ― pregunto su hermano más cansado que sorprendido. Algo le dijo a Thomas que se había tratado de una mujer. Algo entendible pero que le sorprendia por su alcance sobre la conducta de su hermano. Aunque no sabía si ello era algo que le asustaba o no.

― Las compró ― fue todo lo que dijo como si una gran verdad fuera declarada. Una que nadie podría negar, siquiera Thomas.

― ¿Las piernas, sus jodidas piernas? ― Arthur asintió, esta vez incómodo ante la mirada incrédula del líder del grupo.

― Bueno, y ¿cuánto cobraste por ellas? ― preguntó Polly quebrando la tensión que se había apoderado de la pequeña reunión y tan sorprendida como el resto de los presentes, con la mirada fija en su sobrino. Estaba segura de que lo habían estafado. George Callum era alguien capaz de ello, aunque si resultaba así realmente perdería las malditas piernas y sería Arthur quién se daría el trabajo de quitárselas con sus propias manos.

Para todos era cierto que Arthur era el más peligroso de los tres hermanos porque resultaba incontrolable en muchas ocasiones, sin embargo eso no le quitaba cierta candidez e ingenuidad que lo caracterizara cuando era un joven, miles de años atrás, antes de la guerra.

Fue cuando el mayor de los Shelby se llevó una de sus manos al bolsillo interior de su abrigo y extendió un par de aretes sobre la mesa, capturando de inmediato la atención de todos ahí.

Finn, en tanto, le extendió su pañuelo cuando vio que nuevamente la sangre brotaba de su herida.

― Yo no soy bueno para apreciar el valor de estas malditas cosas, pero la enfermera me dijo que valían lo que todo el puto edificio de Rootte.

― Y ¿Le creíste? ― preguntó con una sonrisa burlesca John.

― Sé dónde encontrarla si es que está mintiendo. No soy un maldito idiota ― Polly cogió uno y Esme el otro.

Thomas se sintió a medias molesto por aquella seguridad de Arthur. Ninguno de ellos podía jamás recibir una herida sin hacer nada por ello. Eran los putos Blinders, nadie jodía con ellos. Siquiera por accidente.

― Pues no miente ― dijo la gitana, interrumpiendo sus pensamientos y logrando toda su atención.

― ¿Estás segura Esme? ― preguntó cogiendo el arete que sostenía la muchacha. Ella asintió con tranquilidad.

― La cadena está hecha de diamantes y son de verdad. No sé qué son el resto de las piedras ― Polly los observó con mayor atención y se acercó a la muchacha pidiéndole señas para diferenciarlos.

― ¿Y George tenía este par? ― volvió a preguntar Thomas a su hermano.

― De seguro los robó.

― Ese no sería nuestro problema.

― No, no fue él. Fue la enfermera― y todos volvieron a centrar su atención en Arthur ― hoy era día de visitas desde el Hospital infantil, y el hijo de la hermana de Callum recibe tratamiento por su columna.

― Es verdad ― agregó Polly ― el pobrecito nació con la espina por fuera ― Thomas frunció el ceño.

― Así que las enfermeras del Hospital de niños lo visitaron, ya que ella había estado enferma ― continuo explicando ― El idiota trató de huir cuando supo que era yo. Y en el desorden que es ese chiquero me tropecé ― solo en ese momento Arthur pareció relativamente avergonzado.

― ¿A que fuiste a ver a George?

― Me debía dinero.

― ¿Cómo están con la renta? ― preguntó Thomas a Polly, quien se levantó a buscar un libro y revisó sus anotaciones. En tanto Thomas volvió a su hermano y con un gesto de su cabeza le ordenó continuar.

― Teresa y el bebé comenzaron a llorar y cuando quise ir por George, la enfermera me detuvo.

― Supongo que la pobre chica no sabe quién eres ― aseguró Thomas, Arthur asintió.

― No tenía puta idea.

― Entonces no es de Birmingham ― declaró Thomas. Encendiendo un cigarrillo.

― Callum está al día con la renta ― dijo de pronto Polly ― aunque claramente esa es responsabilidad de Teresa.

― Arthur ― interrumpió Michael ― dijiste que sabías donde vivía.

― ¡Si! Ella me ofreció que dejara a los Callum tranquilos cuando amenacé con romperle las piernas a George.

― Y ¿Cómo te convenció?

― Me dijo que tenía algo de valor a cambio y que si le rompía las piernas a George este no podría trabajar y mantener a su hermana...

― Como si alguna vez George hubiera trabajado...

― Es muy estúpido.

― ¡Como fuera! ― cortó Arthur ― tenía razón ― Thomas se quedó mirando a su hermano fijamente. Se acercó logrando que este se pusiera nervioso.

― Dime la verdad Arthur. No creo que te haya ofrecido dinero, no le habrías prestado atención ¿Te acostaste con ella? ― Arthur retrocedió entre avergonzado y renuente.

― No Thomas, no me acosté con ella ― dijo incómodo.

― Entonces solo era bonita ― Arthur ladeó un poco la cabeza sin querer responder hasta que al final asintió.

Todos suspiraron entre aliviados y divertidos. No era la primera vez que Arthur caía con una chica por su belleza.

―Era muy gentil también ― agregó como si fuera un detalle trascendental. Thomas lo entendía, en general las personas eran hostiles en Birmingham y el trato entre ellos, como hermanos, no era el más afectivo. Si esa enfermera hubiera sabido de quién se trataba de seguro Arthur le habría roto las piernas a Callum. Y la chica se habría llevado otro recuerdo memorable de Arthur Shelby.

John, intrigado por la breve descripción de su hermano, casi al azar preguntó:

― ¿Vive en el edificio de Eyre Street? ― Arthur sintió.

― ¿Están hablando de la enfermera Crawley? ― preguntó de pronto Esme alarmada, logrando que tanto John como Arthur asintieran hacia ella.

― ¿Quién carajos en la enfermera Crawley? ― preguntó Thomas al ver que gran parte de su familia la conocía sin que él tuviera idea de quién se trataba.

― Trabaja en el Hospital de niños― fue la primera respuesta de la chica.

― Arthur acaba de decirlo ― agregó Polly también intrigada y, por sobre todo, desconfiada. Esme fijó ojos suplicantes en John y agregó:

― Fue quién hizo pasar antes a Katie cuando tuve que llevarla por su neumonía, siempre atiende a Edward ― entonces se volvió hacia Thomas ― ella es una buena persona, atiende bien a los niños.

― Suena como una aburrida santurrona ― declaró al final Polly ― eso no explica el por qué ella tenía estos y ¿Como sabes que es ella? ― preguntó.

Esme se cruzó de brazo y recogió como si fuera una niña forzada a dar explicaciones.

― Es la única enfermera que conozco que vive en Eyre, hablamos mucho cuando llevo a los niños.

― Espero que no del negocio Esme― advirtió Thomas. Ella negó.

― No es algo de lo cual me jacto Thomas ― dijo casi desafiante. Thomas se dio por satisfecho.

― ¿Que más sabes de ella Esme?

― Que vive hace poco ahí, y que ya trabajo en Trafalgar y el Hospital Central de Londres. Más que todo hablamos sobre los niños.

― ¿Sabes si tiene hijos?

― Ella me dijo que no ― Thomas dio una calada a su cigarrillo. Y volvió la vista hacia el arete que sostenía.

― Quizás los robó ― dijo de pronto Michael.

― Hay muchas enfermeras que antes de la guerra eran criadas de señoras de sociedad ― aclaró Thomas ― puede que ahí lo cogiera.

― Eso no tendría sentido Thomas ― dijo Polly ― si una criada roba uno de estos aretes no es para tenerlos o guardarlos, sino para venderlos. Una criada sabe que no podrá lucirlos en ningún lugar porque nunca en su vida será invitada a uno en donde las damas luzcan ese tipo de aretes, eso sin mencionar que los reconocerían de inmediato.

― ¿Dices entonces que los guardó… para ofrecerlos para salvar a alguien como George Callum? ― preguntó John tan extrañado como todos a su alrededor.

Thomas extendió su mano hacia su tía en una solicitud silenciosa del arete, gesto ante el cual Polly los entregó de inmediato.

― No me suena el apellido Crawley ― dijo más para sí que al resto.

― Quizás solo buscaba deshacerse de ellos, tía Polly ya lo dijo no podría lucirlos.

― Yo creo lo que dice Esme ― agregó Arthur ― cuando llegamos a Eyre Street el viejo Carter la saludo de señorita Crawley.

― Entonces no debe tener conductas sospechosas ― defendió Esme.

― Tal vez no quiere llamar la atención ― agregó Thomas ― si son aretes valiosos que no le pertenecen es la forma más obvia de actuar. Además Esme, el que tenga estos en su poder y los entregue como si nada. Eso ya la hace sospechosa.

― ¿Y si no sabía su valor?

― Me dijo que valían más que el edificio de Rootte.

― Bueno, podemos decir que ahora es una persona honesta si el viejo Carter la trata de señorita ― Esme asintió ― muchos que se arrepientes de sus antiguos crímenes buscan una forma de redimirse.

― Como una maldita mojigata ― agrego Polly. Thomas asintió, era muy factible.

― De todas formas ― continuó ― solo hay una manera de confirmarlo ― se giró hacia Michael y le lanzó los aretes ― guárdalos, yo iré en busca de joyeros y les preguntare ― Michael solo asintió y el líder de los Shelby, después de despedir a todos y encargarle un trabajo a su hermano mayor, dio por terminada la reunión.

Fue Esme quién le siguió.

― ¿No le harás daño cierto Thomas? ― este negó.

― No tengo porque hacerlo, quizás solo le explique cómo debe conducirse con los Peaky Blinders ― dio una calada a su cigarrillo y le explicó como si fuera una niña, en ocasiones Esme le daba esa sensación ― no podemos dejar que intervengan así como así en nuestros asuntos, incluso si es el cobro de una deuda, por más pequeña que sea. Si es inteligente entenderá el mensaje de inmediato.

Esme, en vez de tranquilizarse se preocupó aún más. Dejó ir a Thomas, pero acudió de inmediato a John, quién lo alcanzó ya fuera de Shelby House.

― Yo la conozco ¿sabes? ― dijo consiguiendo que su hermano se detuviera.

― No fue al azar que preguntaras si vivía en Eyre ― John asintió.

― Hace un mes, quizás un poco más. Fui por el recaudo con Carter y ella estaba ahí. Había llegado ese día ― Thomas le hizo señas a su hermano para que subiera al automóvil junto a él.

― ¿Sabías que Esme la conocía? ― John negó.

― Tampoco sabía que era una enfermera o que atendía a mis chicos ― Thomas le creyó.

― ¿Y es tan linda como para convencer a Arthur? ― preguntó desinteresado.

― Es linda, tiene linda boca pero Arthur ha estado con mejores ― John sonrió lo que llamó la atención de Thomas.

― ¿De qué te ríes?

― Tienes razón ― dijo de pronto ― no es posible que sea de acá, o yo diría de cualquier lugar como Birmingham. Es… es… es demasiado…

― Me estás jodiendo… ¿Te ha gustado también? ― John cambió su gesto y miró a su alrededor.

― No lo digas en voz alta, Esme te puede oír ― Thomas se llevó el cigarro a la boca mientras echaba a andar su auto.

― Espero que esta sea la única vez en que debo recordarte que eres un hombre casado y que la alianza con los Lee funciona en base a ese matrimonio ― John asintió.

― No te preocupes, no la he visto desde esa vez ― Thomas le miró fastidiado y negó ― Además... ― agregó John ― por lo que he notado Esme está más enamorada de ella que cualquiera de nosotros ― ese comentario sacó una vaga pero honesta sonrisa en Thomas, quién como lo hiciera cuando era solo un muchacho empujó a su hermano desde el rostro, como si jugara con él. Gesto ante el cual John solo se cruzó de brazos tras la cabeza.


Estaba lloviendo como era usual en Londres, gruesas gotas golpeaban el capó y tejado de su automóvil y ya lo estaba lamentando. Lo había comprado solo hacia un par de meses y había puesto todo su cuidado en no rallarlo, ni golpearlo más de lo habitual, su mecánico le había dicho que lo mejor para evitar el daño a la pintura era no mojarlo demasiado, por lo que había decidido sencillamente no sacarlo en días de lluvia. Hasta que claro, el hijo de puta de Tommy Shelby le había dicho donde verla. Bufó fastidiado y sacó su reloj de cadena para ver la hora; pronto sería el medio día y de ella no había señales. Quizás era demasiado esperar que con semejante clima apareciera.

No sabía mucho de la profesión de enfermera en el día a día sin la guerra de por medio, pero entendía que podía llegar a ser un trabajo agotador, la diferencia era que en la ciudad difícilmente se podía morir por un bombardeo. Se guardó la sonrisa macabra, Thomas Shelby le había dicho que actualmente trabajaba en el Hospital de Niños de Birmingham y él no pudo negar que ese era el escenario adecuado para ella; no Francia, no la guerra, siquiera en medio de todas aquellas personas que la habían seguido y admirado. De hecho siquiera entendía lo que hacía ahí. ¿Acaso no debería estar ya casada con algún señor?

Le fastidiaba que hubiera sido… no, que aún fuera tan testaruda. No entendía el porqué de aquella forma de ser. Sybil Crawley había tenido todo en su vida para no tener que preocuparse por nada. Para no tener que ir al correo en medio de la maldita lluvia que le arruinaba la pintura de su auto nuevo. Siquiera pensar de arriesgarse en una guerra.

Bufó molesto. No debería haber hecho nada, no debería haber reconocidos los malditos aretes, ni menos reaccionar. Pero había sido como esa vez, la sola idea… La sola idea de que Shelby…

Suspiró, su madre le había dicho muchas veces que su carácter lo traicionaba demasiado a menudo y que en algún momento le traería problemas de los que no podría salir. Que su debilidad era perder de esa manera los estribos. Y él lo sabía, sabía que su estilo de vida no permitía debilidades como la que él había evidenciado frente al puto gitano. Era obvio, casi parte del negocio, lo había sabido desde la primera vez que mató a un hombre por dinero, la primera vez que el romper la ley le reportó los dividendos que ahora disfrutaba.

Dinero y poder. Y seguía sin entender que mierdas hacia ella ahí. Pertenecía a la clase más acomodada del puto país.

Podía imaginársela, por supuesto; la veía claramente como si estuviera frente a él, caminando al correo con las mismas botas rotas que la hundieron en el lodo cuando se lanzó a sacarlo del agujero en que lo había dejado la maldita bomba. Como es que su delantal, ya lleno de tierra, se volvió negro con el lodo que la cubrió hasta el cuello, la herida que acuosa de sangre y carne le había chamuscado el cabello, aquella que se volvió una bola infecta de materia con el pasar de las horas, ella hecha todo un asco con la sangre, carne y lodo todo, absolutamente todo congelado.

El maldito infierno en Francia.

"― ¡Soldado… soldado… despierte! ―"

Escuchaba su voz desde muy lejos, mientras que en pleno bombardeo el silbido de los proyectiles ascendían como cascadas de luces que le recordaban el día en que llegara con su padres a Inglaterra, del ululante viento eslavo habían pasado al ensordecedor ruido del gentío en Londres.

"― Escúchame, escúchame bebe, no dejes que te atrapen, no dejes que te maten ―"

Y así como el rostro de su madre se había desvanecido y el ruido del viento de la vieja Rusia cambiara por los gritos de Londres, una bocanada de aire fresco le llenó los pulmones y le hizo incorporarse como si lo hubieran resucitado de la muerte.

Había cogido a Lady Sybil Crawley del rostro, olvidando que estaba tratando de despertarlo y la sorpresa de ella fue solo comparable a la propia. Iba a matarla y eso ella lo sabía. Solo que en un destello de lucidez su cabeza le dijo que de hacerlo moriría, estaban ambos en un pozo de barro, lanzados ahí por la última bomba que los había hecho volar por el aire.

Entonces las fuerzas lo abandonaron y su cuerpo fue un muñeco de trapo, muy pesado, en los brazos de la muchacha.

La escuchó pedir ayuda, pero sus gritos eran ahogados por lo de los hombres que luchaban, vivían y morían a su alrededor. La escuchó pedirle ayuda a él, para que no perdiera el conocimiento, para que tratara de controlar aquella pesadez que le decía que se durmiera, que descansara, que ya había hecho lo posible peleando por Inglaterra, aquél país que lo recibió a él y a su familia, pero que al mismo tiempo los detestaba.

"No es tan malo, acá los perros no perseguían a ninguno de los que amas"

"Acá es la guerra y los que me persiguen son los hombres"

― ¡Con una mierda! ― exclamó golpeando con su bastón el fondo de su automóvil, sorprendiendo –no mucho en realidad- a su acompañante, quién conocedor de su carácter, retrocedió lo suficiente como para no ser golpeado mientras Solomons continuaba. Lo vio golpear la guantera, el techo y coger el volante para sacudirlo como si quisiera sacarlo de su lugar ― ¡Con una puta mierda! ¡Puto gitano de mierda! ¡Putos aretes! ¡Mierda! ¡Maldita sea! ― el volante resonó y solo entonces Alfie se detuvo, esta vez para apoyar la cabeza sobre el volante e ignorando completamente al chico alzo la vista y miró hacia la oficina de correos.

― Señor Solomons ¿Se encuentra bien? ― Alfie se incorporó de golpe y habló:

― A la mierda.

― ¿Cómo dice señor? ― solo entonces Alfie reparó en él y se le quedó mirando.

― Dije a la mierda Jeb, nos vamos ― Alfie echó a andar el auto, al mismo tiempo en que la lluvia bajaba su intensidad volviéndose mera llovizna.

No, no lo tomaría como una señal para esperar más. Iría a Birmingham, sin importar lo que le dijera Thomas Shelby, iría por su dinero y sus hombres y le metería los malditos aretes por el culo.

"Alfie, si dejas que la ira te controle perderás todo en un segundo, conviértela en tu aliada, suéltala cuando puedas ganar con ella, no antes"

¿Dónde estaba su madre ahora?

Cierto, había muerto esperando que él regresara de Francia. Y ella lo había salvado de morir en medio del lodo y la nieve.

El bombardeo seguía iluminando el cielo como si se trataran de fuegos artificiales, estaban empapados y la nieve se mezclaba con el lodo volviendo todo un amasijo gris y frío. Ella temblaba bajo su peso y él intentaba incorporarse a sabiendas de que caer o perder el paso significaba la muerte,

"― Queda poco soldado…―" jadeaba ella, parecía aturdida y débil. Debía estarlo.

Antes de la explosión su grupo los había pasado. Se supone que era una zona segura, fuera del área del bombardeo pero se les dio el aviso muy tarde y los médicos y las enfermeras debieron ser evacuados, esa era la idea hasta que desde el cielo comenzó a caer la muerte.

Alfie había visto caer las bombas muy cerca del grupo que había ido delante de ellos, aquellos delantales blancos y como es que volaron por el aire.

Había sido tan lento.

Como esa vez en que los perros fueran tras su madre, uno de ellos que parecía un león* la cogió de su brazo y la sacudió como si fuera una muñeca, jamás habría imaginado que un cuerpo podía moverse de esa manera, menos el de su madre.

Esa primera explosión se lo había recordado, ver aquellas chicas saltar por el aire como si la fuerza de Dios hubiera cortado aquél poder que las unía a la tierra y las hubiera sacudido como muñecas de trapo.

El grupo se dispersó y muchos corrieron de vuelta al antiguo refugio, otros se lanzaron al suelo pero la mayoría huyó en todas direcciones. Su capitán les gritó la orden de replegarse y para su sorpresa las enfermeras obedecieron junto a ellos. A él le pareció una idiotez, sobrevivir a un bombardeo en un espacio tan pequeño era ridículo pero como su capitán decía era mejor un escudo de papel a nada.

Ellas corrían torpemente, supuso que sus largos vestidos y delantales más aquellas botas de tacón poco hacían por su comodidad a la hora de correr. Estaba perdido en aquél pensamiento cuando un sonido diferente se acercó a él desde el cielo. Por supuesto que lo recordaba, en ocasiones, durante la noche se despertaba asustado creyendo que toda la aviación alemana descargaba su mierda sobre él. Durante un tiempo su esposa le había tranquilizado pero cuando se fuera, solo la soledad y el silencio le consolaban.

Pero las olas de calor que lo envolvieron y como es que el todo se fundió a blanco seguían persiguiéndole a plena luz del día, cuando no había asomo de sueño alguno.

Después supo que habían estado cerca de cuatro horas ahí. Cuatro horas en medio de una nevazón de hielo, agua y bombas. Había quedado enterrado en tierra suelta y la idea de la muerte siquiera había pasado por su cabeza.

El rostro de ella se mezclaba con las palabras de su madre y la orden suplicante en la cual le decía que despertara.

Fue cuando volvió a verla.

Estaba ahí, a pocos metros de él, completamente indiferente al estrago que saberla cerca había causado en él. Sybil Crawley cruzaba a paso tranquilo la esquina precisa en la cual le esperaba, tan cerca que siquiera necesitó sus gafas para reconocerla. No llevaba su ropa de enfermera y el capó de su automóvil, al que tendría que darle un tratamiento especial esa noche, cubría sus pies como para saber si es que llevaba o no aquellas botas rotas.

Iba concentrada en quien sabía que, puesto que sus pasos eran seguros y tenía la mirada perdida en la acera de enfrente. Llevaba un abrigo gris y un paraguas color vino, un sombrero bajo que le cubría a medías su frente y, de seguro, la cicatriz tras esta que le dejara la guerra. Se veía tranquila, tranquila y satisfecha. Se movía con la misma lentitud con la cual él viera a sus compañeras volar por los aires, pasó de él sin siquiera reparar en su presencia, sin siquiera notar aquél auto en el cual él había esperado verla.

Pero aquello no importaba, lucía cansada pero a todas luces se veía bien. Se veía muy bien. Un primer impulso le dijo que bajara y fuera por ella. Aunque no supo qué le diría después de todos esos años. Eso le detuvo, sin mencionar que probablemente Tommy Shelby tendría gente vigilando a los dos.

Si se quedaba ahí, podría hacerse el desentendido. Podría inventar una historia con los aretes o sencillamente decir nada. En cambio si iba por ella, confirmaría que la conocía y, peor aún, que significaba algo para él.

"¿Cómo podría no significar nada?"

Sybil cruzó la acera completamente y con la calma de espíritu que solía guiar sus pasos y acciones empujó la pesada puerta de la oficina postal de Londres, dejó salir a un muchacho que le sonrió y se llevó la mano a su gorra al verla. Ella solo asintió elegante y gentil. Antes de desparecer.

Alfie Solomons no dijo nada pero siguió con los ojos al joven que saliera del correo. No lo reconoció, quizás era el espía de Thomas Shelby, quizás no. Lo siguió hasta que lo vio desaparecer, en ningún momento en muchacho volteó. Y sin evidenciar gesto alguno en su rostro. Movió la palanca de cambios y presionó el acelerador.

Había sido más que suficiente, por ahora. Y no sabía si es que le enojaba o alegraba el saber que esa noche volvería a verla.


― ¿Entonces son reales? ― preguntó Michael.

― Más que reales ¿Que tal te llevas con la historia? ― preguntó Thomas casual, Michael negó. Estaban solos, ambos reunidos en la oficina del segundo a primera hora de la mañana.

Cuando llegó su oficina esa mañana, Michael no le objetó a su jefe que quisiera hablar el tema solo con él.

― Bien, lo primero; dale a Arthur unas cincuenta mil libras por ellos. Creo que eso bastará para cubrir lo que Callum le debía así como sus piernas al menos durante un año, lo mismo con la renta de ambos. Honraremos la palabra de la enfermera Crawley. Además le dirás a Poll que separe a los hermanos, una habitación sola para Teresa... su bebé no tiene porqué soportar los problemas del idiota de su tío. También cubriremos las necesidades de la chica, se ha esforzado por tener su renta al día y le ayudaremos con algún tratamiento que sirva para su hijo ¿Entendido? ― Michael asintió. No le gustaba disponer así del dinero pero ya que Arthur tenía su hada llamada Lisa, Michael concluyó que Thomas había hablado del asunto con Grace. Siempre que le sorprendía con peticiones así de generosas era porque ella había intervenido.

― ¿Que les diremos al resto?

― Nada, si preguntan solo que está solucionado.

― Y ¿El tratamiento para el bebé? ― Thomas sacó un cigarrillo y lo encendió.

― Busquemos a la enfermera Crawley ― dijo con sarcasmo ― que ella nos ayude con un doctor ― Michael sonrió.

― ¿Piensas preguntarle directamente por los aretes? ― Thomas negó.

― No, de hecho buscaré por fuera ― Michael se extrañó pero su instinto le dijo que no preguntara nada.

― ¿Quién hablara con ella sobre el tratamiento del hijo de Teresa? ― Thomas lo meditó algunos segundos.

― Que sea Teresa, que Arthur valla con ella y le explique que su deuda ha quedado saldada, al menos por este año.

― Necesitaré que me firmes la transferencia de las cincuenta mil ― Thomas asintió acercándose al escritorio de Michael, notó de inmediato algo parecido a la ansiedad en el muchacho, aun cuando este realizó todo con absoluta tranquilidad.

― ¿Hay algo que me quieras preguntar Michael? ― dijo mientras expulsaba el humo de su cigarrillo. Michael solo observo a su jefe, su cabeza le dijo que negara pero su instinto se rebeló ante esa idea. Thomas se daría cuenta, de hecho ya lo había hecho.

― Esta chica, la enfermera Crawley... ¿Hay algo más en ella cierto? ― Thomas se reclinó sobre su silla y asintió. Le agradaba que fuera Michael quién lo notara. Aunque mentiría si dijera que el resto había estado tan involucrado en el caso como él. Solo Ada había sospechado algo cuando Thomas le mostró los aretes pero eso se debía a que ella había tratado a la muchacha.

"Puede que sea una antigua doncella, tiene los modales..."

Había dicho su hermana y era una de las opciones que manejaba. Hasta que claro, le dijeron de donde habían salido.

― Será importante que sepas de esto por si las cosas llegasen a complicarse. No creo que eso ocurra pero necesito, al menos, un par de testigos que sean confiables, aun así nada de lo que ya te he dicho se lo repetirás a tu madre, me interesa que ella conozca de esto, solo desde ahora en adelante ¿Entendido? ― dicho eso salió de la oficina de Michael y a los pocos minutos volvió con Polly.

Ella los miró a ambos interrogante y se sentó cuando Thomas se lo ordenó. Luego, del bolsillo interior de su abrigo, saco una pequeña caja de cuero delicadamente ornamentada.

― Poll ¿Cómo llevas la historia? ― preguntó mientras depositaba la caja en el escritorio del muchacho, Polly miró a Michael y luego a Thomas.

― ¿Qué historia? ¿La de Inglaterra? ― Thomas ladeó su cabeza ― ¿Para eso me quieres acá? ¿Para hablar de la historia de Inglaterra?

― Casi pero no. Hice las averiguaciones correspondientes sobre esos aretes ― y desde su puesto en un rincón de la oficina de Michael apuntó a la pequeña cajita ― y dos de mis tasadores llegaron al acuerdo de que le pertenecieron a la misma Maria Antonieta* ― Thomas esperaba la sorpresa que se pintó en el rostro de ambos y algo parecido al placer le cubrió cuando Poll dijo:

― ¿Nos estas jodiendo cierto? ― tranquilamente Thomas negó y para evitar más preguntas se propuso continuar:

― Era un collar muy caro y muy estrafalario por el cual, en su momento, tuvo muchos problemas. El experto de Amberes, dijo que fue una de las razones de la revolución. Como fuera ― dijo mientras se desabotonaba su chaqueta y como si todo lo dicho no tuviera importancia ― se dividió en partes y se vendieron con estas se crearon varias joyas que se vendieron, cuando llegó la revolución varias piezas se perdieron entre aquellos que huyeron y las que se robaron, estos sobrevivieron porque fueron un regalo a la duquesa de Devonshire, Georgiana Cavendish y pertenecen a un juego mucho más grande que incluye una tiara, un collar, brazaletes y un anillo.

― ¿Qué pasó con los otros?

― Georgiana heredó el juego completo a su hija bastarda Eliza Courtney, a modo de dote, al morir. Eliza, quién logró casarse con el General Robert Ellice le heredó sus joyas a la mayor de sus hijas, Georgiana Ellice, quién pasaría a ser la condesa de Grantham mediante matrimonio. ¿Saben quiénes son los Gratham? ― tanto Polly como Michael negaron ― Son dueños de una propiedad llamada Downton Abbey ubicada en Yorkshire. Tienen tres hijas y cada una de ellas tiene parte del juego, la mayor cuando se casó heredó la tiara, la segunda el colar y un anillo y la menor los aretes.

― Entonces debió ser doncella de alguna de esas damas, de ahí lo robo ― dijo Poll.

― Algo tan valioso de una familia poderosa, no lo creo ― agregó Michael esbozando una sonrisa ― ese tipo de robos son notados de inmediato ― miró entonces a Thomas ― aceptarlos puede atraer a la policía de Yorkshire y Londres hacia nosotros.

Thomas asintió vagamente, no había pensado en ello. Era difícil controlar a los agentes de otras ciudades. Solían mostrar poco respeto por su grupo

― Dos de los herederos de Lord Grantham murieron en el hundimiento del Titanic ― continuó ― el único que quedó, un abogado de Manchester se casó con su prima y esperan su primer heredero. Ese era el fin de la investigación por el lado de los verdaderos dueños de estas joyas. Ahora, respecto de la enfermera Crawley, solicite su información a la oficina de empleabilidad del servicio de salud en Londres puesto que había sido su último trabajo. Pues bien, la gentil enfermera Sybil Crawley, estuvo en el frente occidental durante la guerra, como parte del cuerpo de la Reina Alexandra, fue voluntaria.

― Un momento ― dijo Polly ― ahí solo se admitían a damas de la nobleza y no precisamente para vendar a soldados ― Michael miró a su madre extrañado.

― ¿Cómo lo sabes?

― Tu abuela fue doncella, una de las hijas de su señora era parte de ese grupo de enfermeras, mucho antes de la guerra.

― Pero tienes razón Poll, dentro de mis averiguaciones he podido saber que Crawley es el apellido del actual dueño de Downton Abbey ― la extrañeza se apoderó de ambos Grey, como si no pudieran ver la imagen evidente ahí. Thomas negó ― no son joyas robadas, le pertenecen a ella.


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Segundo capítulo, y viendo que no es un fandom muy popular, la verdad no me ha afectado el ver que no hay reviews, de hecho me alegré sinceramente cada vez que la cifra de visitas y vistas aumentaba. ¿Que decir de los followers/favorites?

Sé que usualmente se escribe por reviews y mentiría si dijera que no las agradezco, o que no me importan (así que si quieren dejen una, no me molestará en absoluto) pero esta historia se estructura cada noche en mi cabeza, que se me hace imposible el ignorarla.

Culpen a Tom Hardy, desde que lo "re-descubrí" siento la necesidad de continuar todas sus historias. O más claramente esta y Warrior (hay un fic también ahí).

Pues, nuevamente, agradezco la visita o el review que puedan dejar. Y espero que disfrutaran el capítulo.

Saludos.

Brujhah.

* Perro que parece León; describí a un Mastín Tibetano, no tengo certeza de que en Rusia existieran y que fueran de uso común. Actualmente el Mastín Tibetano se avalúa en 500 mil dolares el especimen, algo que no me confirma que fuera así en la antiguedad.

Por otro lado al no ser común de la zona, imaginé que serían nobles Rusos quienes hicieran la persecusión que tanto recuerda Alfie en la tercera temporada. (lamento el spoiler).

* El asunto del collar: es. wikipedia wiki / Asunto _ del _c ollar

Esa es la versión "opriginal", hay muchos que no la creen. Pero que es completamente diferente a lo que narro acá. Bueno, una de las licencias que me puedo permitir.