VII

Alfie


Birmigham no dejaba de ser gris incluso cuando el Sol caía sobre ella. Sus calles solo se veían limpias cuando la lluvia las bañaba, algo que había ocurrido pocas horas atrás pero que a la luz del nuevo día no evitaba que el olor a basura y mierda comenzara a inundar el ambiente, tan tenue, como un perfume suave. Thomas, que estaba acostumbrado, lo sentía cada vez que salía de su ciudad para ir a Londres, en donde la mierda era reemplazada por acero, pescado y sangre.

Eyre Street era lo más parecido a su propio hogar, ahí no llegaban las humaderas de las carboneras o el alcohol o la mierda de sus habitantes. El edificio que comprara en aquella pequeña calle relucía como la primera de las joyas legales de su pequeño imperio. Y sin saber porque lo miró con una mezcla de aburrimiento y orgullo cuando descendio del automóvil de Alfie.

Había un Ac, six royal roadster fuera del edificio. Un auto de calidad y caro para cualquiera de los habitantes de Birmingham, excepto él, claro está. Le pareció una señal tan evidente como sutil y no pudo evitar preguntarse si es Alfie estaba pensado lo mismo que él.

"Solo una condesa encubierta podría arrastrar a semejante automóvil a este lugar"

Y eso sin considerar al dueño mismo.

Aunque para que Alfie imaginara semejante escenario tendría, por fuerza, que dominar la misma información que él tenía sobre la enfermera Crawley. Quizás lo hacia, y como en muchas cosas, Alfie solo había dicho lo necesario para conseguir su ayuda. Quizás, y esto no lo descartaba en absoluto, el maldito judío sabía mucho más de lo que él nunca imaginara. Después de todo, ella le había salvado la vida en plena guerra. Y era muy posible, que aquella repentina separación impulsada por la familia Crawley, -que encarceló a todo aquél que trató de acercársele- se viera impulsada ante la posibilidad de que Alfie, así como aquél muchacho Tom, antes que él, fuera su amante.

Ante esa idea, era imposible que ella le fuera indiferente.

"Por supuesto que no lo es, casi me mata dos veces por los putos aretes"

La imaginó como la chiquilla que debió haber sido, lo que se había esperado de ella como condesa y lo cómoda que podría estar en aquél preciso momento, en un lugar limpio y lleno de lujos, con sirvientes que atendieran cada necesidad, muy diferente de la propia Birmingham y la vida que había escogido, en donde de seguro se estaba levantando para dar inicio a una pesada jornada de trabajo.

"Que estúpida"

Quiso divisar alguna reacción en los gestos de Solomons, pero el judío, simplemente, se mostró impasible.

Thomas no se había preocupado mucho lo que se hiciera con el edificio de Eyre Street mientras le reportara ganancias. Michael, sin embargo, junto a Ada habían tenido una mejor visión sobre el futuro de dicho lugar así como de la compañía. Eyre Street estaba ubicada de manera perpendicular a College St., la cual ya era una zona de casas residenciales coloridas y tranquilas. Un edificio de cuatro pisos le daba un aire de modernidad que le hacia falta al lugar, Ada le había insistido en que no lo conviertiera en un lugar de hacinamiento, como el resto de sus propiedadees. Ya que estos, generalmente se volvían foco de crimen y prostitución. Finalmente le convenció cuando alegó que el lugar no debía llamar la atención al volver un buen barrio en un antro. Como pocas veces, obedeció.

Mientras, Michael le veía una mayor variedad de funciones; la primera fue convertirlo en el primer bien raíz fiscalmente justificado. Y aunque no daba las ganancias del resto de los edificios, su mera existencia convertía a la compañia en un ente susceptible de ser considerado por los bancos de Londres. Y ahora que estaba frente a esas murallas grises y limpias, así como sus ventanas acortinadas, con flores y plantas, y aceras sin basura, le pareció terriblemente… aburrido.

Adecuado pero aburrido.

Ada ya le había advertido que no esperara mucho de sus habitantes. Todos, en general, deseaban una vida tranquila y hasta donde él sabía, jamás ninguno de sus inquilinos se había retrasado en el pago de su renta. De hecho, muchos de ellos solo habían escuchado de él más como propietario que como jefe del hampa, no le temían y de seguro, si se lo toparan mostrarían el adecuado respeto. Eran las semillas del nuevo Birmingham, uno que más que beneficiar a su comunidad, debía existir para limpiar todos sus ingresos y convertir el nombre de Shelby Companie Limited en símbolo de transparencia y riqueza. Y, al pensar en ello, volvió a sentirse fuera de lugar.

"Una cucaracha en el centro de una mesa"

― Linda cabaña Tommy boy ― fue lo único que salió de la boca de Solomons, antes de adentrarse en el lugar. El casero le reconoció en cuanto le vio, quiso saludarlo, o al menos, decirle algo solo que él no le prestó atención y Alfie, mucho más preocupado de su destino que del viaje le siguió sin perder el tiempo.

No pudo evitar recordar la única vez que había estado ahí, cuando el valor de esos aretes le habían llevado con la enfermera Crawley. Y más que eso lo que ella había provocado en él, que entendiera por que Esme la protegía tanto y por que Arthur había caído como un idiota ante su propuesta, era increíble lo que un poco de gentileza hacía en un mundo tan sórdido como Birmingham, no pudo menos que imaginar al pobre de Alfie, en medio de la guerra como un muchacho idiota, tal cual él lo fuera, expuesto a todo lo que ella era.

Bajo esas ideas, lo ilógico habría sido que él no se enamorara, que no la viera. Habría sido lo más práctico y, al mismo tiempo, lo más estúpido.

Las voces comenzaron a escucharse por sobre sus pasos un piso antes de llegar a su destino, los techos altos y blancos del edificio generaban un eco claro y conciso sobre lo que se hablaba y ambas voces eran terriblemente afectuosas.

"¿Sería algún nuevo amante de ella?"

¿Como reaccionaría su acompañante a eso? Alfie podría dirigir los destinos de todos los que trabajaban para él en Camden Town, pero su poder se limitaba a ese lugar, a sus habitantes. No podría exigir lo mismo en Birmingham y ciertamente no con Lady Sybil, quién por más que quisiera pasar por una simple enfermera, era más, mucho más de lo que a él le gustaría.

"Quizás debería expulsarla y ya..."

No había hecho nada, nada. Y ya Thomas sentía que ella era un problema. Por lo que si a Alfie le daba por matar al dueño del auto que esperaba afuera del edificio... negó. Siquiera quería imaginar semejante escenario. Quizás y era muy factible. Alfie no haría nada. Al fin de cuentas, Solomons sabía del negocio igual o más que él.

"Quizás solo le parta la cara..."

Entonces los pasos se detuvieron, primero los de Solomons y luego los suyos. Alfie se había quedado en medio de la escalera, completamente congelado. Mirando hacia donde esos dos se encontraban, dio un par de pasos más y Thomas notó que la ansiedad en su compañero era más que palpable. Pensó en Grace y en Charlie, de pronto quería estar con ellos, despertar al lado de su familia y olvidar todo lo que ahí ocurría, el cuerpo comenzó a doler recordándole la pelea con Sabini y lo mal que había dormido en el auto de Alfie.

"― No lo creo, Mary podrá atenderlos apropiadamente, además Ana está con ella ―"

"― No quiero que papá la sobrexiga, estará emocionado por su heredero... ―"

La voces se detuvieron cuando Alfie dio los últimos pasos hacia ellos, como una sombra que se extendió por sobre el suelo y las paredes para apagarlo todo, incluso en medio de aquella mañana. Cuando él le alcanzó le pareció haber caído en una fotografía, todos se miraban y nadie decía nada.

La enfermera Crawley había quedado con su mano en el picaporte de su puerta, llevaba un abrigo en su brazo y a todas luces parecía haber llegado recién; tenía el cabello desordenado y la vista cansada, aún así, sus ojos eran más expresivos que nunca y estaban conmocionados por el asombro, había reconocido a Alfie y este se mantenía al borde de las escaleras, con las manos en los bolsillos de su abrigo, claramente, sin saber que hacer.

Algo que Thomas creyó, nunca vería.

El sujeto que la acompañaba tenía el mismo gesto de sorpresa, aunque mucho más tranquilo. Fue el único que se dio cuenta de su prescencia y en base a ello alzó su mano con la intención de llamar la atención de ella. Aunque Alfie se adelantó, dio un paso en su dirección y simplemente dijo:

― Hola Sybil, querida ― ella parpadeó como quién despierta de un sueño, cerró la boca y trago.

― Al...fred ― fue todo lo que musito.

La fotografía se rompió cuando, con una brusquedad que casi lo mareó, ella dio firmes y directos pasos hacía su socio judío y solo se detuvo a centímetros de él. Thomas creyó que lo besaría, o al menos lo abrazaria, luego recordó toda la Eduardiana compostura bajo la cual debió ser criada. De todas maneras, el que se detuviera así le pareció un gesto tan incómodo y antinatural que atentó contra toda la calidez que solía emanar de ella.

Alfie se sacó su sombrero y a Thomas le sorprendió ver que venía pulcramente peinado, así como su barba estaba cuidadosamente recortada.

"Este hijo de puta se ha dado el tiempo para arreglarse... "

Mientras que a él le habían partido la cara y debía lucir literalmente, como la mierda.

― Sybil ― llamó el otro sujeto captando la atención de todos. Este se acercó y extendió la mano hacia Alfie ― Soldado Solomons, si no mal recuerdo ― los ojos de Alfie se afilaron y, por su mueca, Thomas entendió que solo quería arrancarle la cabeza.

En vez de ello, sacó su mano con brusquedad de su abrigo y se la extendió.

― Capitán Crawley ― contestó, le devolvió el saludo y, solo en ese momento, Sybil fijó la vista en él.

― ¡Señor Shelby! ― dijo con sorpresa al ver su rostro ― ¡¿Se encuentra bien?! ― y rompió con todo para acercársele.

Como si le despertaran Thomas recordó la pelea con Sabini y aunque no sabía como este le había dejado, imaginó que el repentino calor era indicio de que algo palpitaba en su rostro y solo pudo pensar en contusiones, notorias y oscuras contusiones.

Él solo asintió, no era para tanto o eso creía. Sin embargo antes de darse cuenta, la enfermera Crawley ya había entrado y salido de su pequeño departamento con un paño remojado en agua y le cogía del rostro para que lo inclinara y le permitiera limpiarlo.

― Necesitara puntos en ese pomulo ― dijo, se separó de él y en un cuadro completamente surreal Thomas vio como tanto Alfie como aquél otro sujeto le miraban en completo silencio. Fue este quién primero habló.

― Sybil ¿Quién es este caballero? ― la muchacha volvió a hacer aquél gesto de O, que le viera esa vez que no le ofreciera entrar y le sonrió a su acompañante.

― Cierto Matthew, lo lamento señor Shelby ― volteó hacia el tal Matthew y habló ― es el señor Thomas Shelby, dueño de este edificio así como de varias propiedades en Birmingham. Señor Shelby, dejéme presentarle a mi cuñado; Matthew Crawley ― mentalmente Thomas se recordó que ese sujeto frente a él, tan normal y sosegado era el actual heredero de un lugar llamado Dowton Abbey.

Lo cierto era que no lucía como uno de ellos, en lo absoluto.

― Por favor ― dijo de pronto ella visiblemente nerviosa ― es muy tonto estar acá los cuatro, por favor entren ― y abriendo la puerta de su departamento los invito.

― Sybil, ¿realmente crees que...

― ¿Que Matthew? ― cortó ella mirándole directa y completamente encantadora. Matthew hizo un breve gesto con la mano, el cual no completó antes de rendirse y entrar al apartamento en donde le siguieron Thomas y Alfie. Este último en completo silencio.

Era claro que su cuñado no la dejaría a solas con ellos y Thomas realmente se sintió amenazado cuando intercambio una breve mirada con Alfie, su socio no le quería ahí pero tampoco parecía muy dispuesto a cambiar la forma en la cual se habían dado las cosas.

― Sostenga esto contra su mejilla ― le ordenó ella suavemente mientras le extendía otro pañuelo blanco que envolvía lo que parecía ser hojas de un rojo muy oscuro. Ya solo con sentir algo húmedo contra su rostro se sentía aliviado por lo que por unos minutos decidió olvidarse de todo lo que ocurría a su alrrededor.

― ¿Alguno de ustedes ha comido algo? ― preguntó ella mientras los miraba, Thomas había cerrado los ojos razón por la cual se le escapó la significativa mirada que ella intercambio con Alfie, quién en silencio asintió ― Matthew ― continuó girando hacia este ― ¿Quienes desayunar? ― este negó ― ¿Te quedaras? ― preguntó. A lo que este la observó a ella y a sus acompañantes.

― ¿Que harás tú? ― preguntó por respuesta.

― Me cambiaré e iré a trabajar.

― ¿No deberías desayunar?

― Lo haré en el Hospital.

― Te acompañaré entonces ― Sybil asintió y abandonó la habitación para adentarse, en lo que parecía ser su propio cuarto.

Thomas abrió los ojos cuando la puerta sonó y miró a sus acompañantes.

― ¿Has seguido a Sybil acá cierto? ― fue lo primero que preguntó Matthew, visiblemente molesto. Alfie siquiera se molestó en hablar y solo asintió. ― ¿Por que?

― No creo que sea de su incumbencia. Capitán. Crawley. ― contestó Alfie con deliberada lentitud.

― Por supuesto que lo es, Sybil es la hermana de mi esposa y para cualquier caso tambien la mía ― Alfie negó.

― ¿Y eso significa acaso que es de su propiedad?

― Claro que no, pero si soy la cabeza de su familia y debo velar por ella ― Alfie miró el lugar en el que se encontraban.

― Por lo que veo ella lo hace muy bien sola.

― Eso no importa ― cortó el sujeto Crawley con cortesía ― no creo que sea adecuado que Sybil reciba sus visitas. Especialmente después de como terminaron las cosas ― Alfie solo asentía sin siquiera mirar a su interlocutor y Thomas no pudo evitar preguntarse si es que solo fingía ignorarlo.

― Querrá decir después de que me enviaron a prisión... ― contrarrestó Alfie, de nuevo, sin siquiera prestarle atención. Parecía completamente preocupado por el lugar, estaba mirando los detalles de los guardapolvos y de la nada se colocó de pie a observar un cuadro que retrataba un día de campo.

― Oh, disculpa ¿Acaso te pareció eso injusto? ― preguntó el cuñado de Sybil en un tono que Thomas calificó de hostil y sarcástico. Solo entonces Alfie fijó la vista en Matthew Crawley, en completo silencio. De pronto Thomas recordó que no tenía cigarrillos y que Alfie le había dado el último puro que fumara esa mañana, quizás un vaso de wiskhy estaría bien.

La atención de todos se centró en la puerta tras la cual Sybil había desparecido cuando esta volvió a la habitación ya mucho más repuesta, lo observo a él y a Matthew con gesto interrogante para después dar una, Thomas diría, lenta mirada sobre Alfie, quién de inmediato los olvidó a todos para centrarse en ella. Al final la enfermera Crawley se acomodó un sencillo sombrero negro a su cabeza. Lo que cortó la tensión para volver el momento de lo más incómodo.

― ¿Alfred ― dijo de pronto, su tono de voz era tranquilo pero sus dedos torpes al tratar de calzar un par de guantes rojos muy oscuros ― serías tan amable de acompañarme?― Alfie le miró lleno de desconfianza pero más que responder, sencillamente se colocó de pie y se encaminó a la puerta.

― Sybil ― llamó Matthew ― creí que yo te acompañaría ― Sybil se acercó a su cuñado y le sonrió.

― Lo sé Matthew, disculpame. Pero creo que es hora de que vuelvas con Mary, y tu hijo.

― Lo lamento Sybil, pero no te dejaré ― contestó sin quitar la vista de Alfie. Thomas se preguntó en que momento este dejaría toda esa fingida tranquilidad de lado para romperle la cara a ese sujeto.

"No, Alfie sabe de esto mucho más que tú"

― No tienes que dejarme hacer nada, ya lo he decidido ― fue cuando volteó hacia él ― Señor Shelby quizás deberíamos... ― dijo volteando hacia Alfie.

― Él puede irse solo, cariño ― contestó este ― le dejaré mi auto para ello.

― ¿Como vas a volver a Camdem Town después? ― fue lo único que se le ocurrió preguntar. Lo cierto es que no tenía intenciones de estar a la sombra de Solomons, quería vovler a su casa, con su esposa e hijo. Matthew suspiró frustrado, negó y dijo.

― Digame donde debo dejarlo señor Shelby, y yo lo llevaré ― Thomas le miró fijamente, no parecía en lo absoluto sorprendido por su aspecto, auque si algo curioso pero era demasiado educado para preguntarle nada, razón por la cual Thomas solo asintió. Ya estaba harto de toda esa mierda.


Se veía mucho mejor de lo que esperara cuando, hace un par de semanas, la vio cruzar la calle frente a él ignorándolo por completo. En ese momento le había parecido apagada, cansada, luego cuando cruzara corriendo junto a -ahora lo sabía- Matthew, creía que su estado de aparente alegría y excitación se debía a la cercanía de su prometido, y que estaban enamorados como suelen estarlos los jóvenes e idealistas. Él sabía de sobra que ella era así. Recordó sus intenciones; se había bajado de su automóvil con la intención de matarlos, o al menos, a él.

Fue la memoria de su padre quién lo evitó. Y no pudo menos que, en base a lo ocurrido después, sentir alivio. Tantas semanas pensando en ella, sin dormir para que todo, al final, se resolviera con aquella tranquilidad. Con ella caminando a su lado mientras él la acompañaba a su lugar de trabajo. Sybil pareció entenderlo, ya que a todas luces rechazar la compañía de Matthew, era una excelente señal.

Sin embargo, nada salia de su boca, ninguna de las ideas o pensamientos pre-concebidos por semanas. Caminaban con una tranquilidad, a su gusto, molesta; como si fuera un puto domingo cualquiera en Londres, como lo hiciera en el campamento mientras él no la perdía de vista. La guerra había terminado y se suponía que las cosas habían mejorado.

"Todo sigue igual"

En tanto Birmingham comenzaba a despertar, tanto hombres, como mujeres y niños salieron a las calles en tranquila ocupación, cada uno pendiente de las actividades que le deparaba ese día. Una mujer anciana saludó a Sybil y esta le contestó con gentileza. La gente le mostraba aprecio y respeto genuino, como si fuera una más de ellos.

"Quizás no sería tan querida si supieran su verdad, si la conocieran como yo".

Alfie le miró las manos y no llevaba joya alguna, y aunque trató no pudo recordar si se veían así la última vez que las viera.

― Dime, Sybil querida ¿Como llegaron los aretes a manos de Thomas Shelby? ― preguntó de pronto con un tono más brusco de lo que había imaginado.

Sybil giró el rostro hacia él, completamente, y Alfie sintió que ella lo miraba de otra forma, la vio ocultar el gesto de una media sonrisa y bajar la mirada.

"¿Está... feliz?"

Y de pronto se sintió, quizás, demasiado ligero, expuesto.

― Se los dí a su hermano ― contestó con tranquilidad para fijar la vista hacia adelante.

― ¿Cual? ― el tono brusco seguía en él, aunque no se sentía de esa manera. La molestia, el hartazgo, incluso el enojo se habían desvanecido, y por más que trataba de buscarlas en su cerebro este parecía impedido de que sus recuerdos, aquellos que le hacían recordar a los Crawley con ira, pudieran sobreponerse a lo que ocurría en aquél momento.

Por supuesto, no era algo que evidenciaría con ella.

― Arthur... ― contestó ella sin mirarle.

"Oh, Arthur"

Se imaginó al más explosivo de los hermanos Shelby (y más cándido) lidiando con Sybil. Cayendo ante sus inmensos ojos azules y la curva de sus labios. Quiso preguntarle como es que todo aquello había ocurrido. Pero él, que se conocía como un hombre celoso, prefirió guardar silencio, así como acallar las ideas de su cabeza. Ya no era aquél muchacho estúpido que se dejara llevar, como lo había sido en la guerra.

Se creía más inteligente, debía actuar como tal, debía recordar a su padre y sabía que nada bueno saldría de imaginar a Arthur Shelby embelesado con Lady Sybil.

"Lady Sybil..."

Nuevamente volvió a caer en el silencio mientras lo pasos de ambos resonaban sobre el pavimento, una pareja salió de una casa cercana y alzaron al pequeño que llevaban con ellos de las manos mientras este reía y encogía las piernas. Miró a Sybil y notó como es que jugaba con la punta de sus guantes: tirando de ellas para luego entrelazar los dedos y ajustarlas a su mano; lo hacía de manera automática y nerviosa.

Quiso tranquilizarla pero no. Él debía estar enojado; con ella, con Thomas con el capitán Crawley, con todos los señores de Grantham; la puta familia que lo había encerrado injustamente. Todos ellos; quienes lo habían golpeado en su vida. Trago en silencio y miró a su alrededor, nadie les prestaba atención.

― ¿Co... como h-has estado? ― preguntó ella finalmente con voz temblorosa, la escuchó carraspear después de ello y eso le hizo fruncir el ceño, la mueca de su boca se volvió de disgusto.

― Bien, cariño ― contestó seco y sarcástico ― por mucho que le pese a los tuyos ― la miró buscando alguna reacción pero solo se topo con un leve asentimiento. Quizás debería preguntar también como había estado ella. Solo que no sabía si es que no le interesaba, o si es que no debía preguntar.

Como siempre, solo guardó silencio.

― ¿Estas enojado conmigo por eso? ― la pregunta lanzada, completamente, al vacío tuvo la capacidad inmediata de entorpecer sus pensamientos, los que a su vez habían tomado una dirección completamente impensada: por unos segundos, por unos brevísimos segundos, la cabeza de Alfie se había centrado en el día, en esa acera y en caminar al lado de ella. Nada más.

¿Estaba enojado con ella? Si, pero no por lo que le ocurrió, sino por no verlo ni notarlo antes, por pasar de largo de él cuando la espiaba a la salida del correo, por no sentir su presencia la noche anterior, cuando feliz de la vida rogara a la señora del correo para dejarla hacer... lo que quisiera, por obligarlo a sentir esas urgencias asesinas con todo aquél que se le acercara.

No la odiaba, no podría. Solo odiaba a su familia, a los que eran como ella.

"Es un puto desastre..."

Él lo era.

― Perdí dos años de mi vida, querida ― fue lo único que contestó, más triste que molesto ― mis padre murieron mientras estuve en prisión ¿crees tú que eso no me enojaría? ― contrario a como quería sonar, sus palabras le parecieron casi calmadas. Cuando reaccionó Sybil le miraba con atención, aunque sin aquél gesto que le decía que todo saldría bien.

"Es cierto, la quebraron en la guerra..."

― Una disculpa no es suficiente ― dijo ella bajando la vista, completamente culpable ― y no tengo forma alguna en la cual compensarte ― Alfie creía que si, sabía que si.

No era estúpido y menos santo, desde que la viera la había deseado de la misma forma en que deseara a otras mujeres en su juventud, solo que con el pasar de los años, supo diferenciar entre aquellas que solo le complacerían, y las pocas con las cuales deseó formar una vida; su esposa y la lejana e imposible Lady Sybil.

Podría jugar esa carta, si es que ella lo aceptaba y regodearse en poseerla. Ya no era un chiquillo idiota, tampoco un romántico, además entre antes fuera capaz de quitarse las ganas, más rápido podría seguir con el curso normal de su vida.

"Si ella pudo... yo también"

― Sybil, cariño ― y nunca la palabra salió más provista de veneno de su boca ― jamás podría creer las intenciones de aquellos como tú ― la vio recibir el golpe con entereza, aunque claro, sus cejas de fruncieron milésimas de segundos antes de verla tragar y era verdad, la vida le había enseñado a Alfie que confiar era un riesgo demasiado alto para apostar su vida en ello ― Sin embargo ― y se detuvo, la cogió del brazo con firmeza, obligandola a seguirlo ― eres una cosita linda que siempre me gustó y, cariño, estoy demasiado viejo y enfermo para preocuparme de lo que tu familia pueda o quiera pensar, ya me jodieron suficiente, es tiempo de que yo tenga mi retribución ― alzó la mano, mientras los ojos azules de Sybil no perdían vista alguna de lo que le decía y en gran medida, sabía que sus palabras eran entendidas por ella.

"Querida, te cogeré de todas las formas posible..."

Con un dedo libre cogió un esquivo rizo que se escondía bajo aquél sombrero tan sencillo y feo, y lo soltó:

― Querida, te cogeré de todas las formas posible ― le dijo sin mirarla, sino que atento al cabello que le había soltado, observando los detalles de aquél castaño oscuro, sin querer notar que había dictado una sentencia sin el menor interés en su víctima. Solo después de varios segundos centró, completamente decidido, la mirada en sus claros ojos ― ¿Has entendido? ― Sybil no le quitó la vista, casi desafiándolo, hasta que debió bajar el rostro ¿era vergüenza? ¿enojo? ¿pena? solo parecía que algo muy, muy pesado le bajaba por la garganta y se anidaba en su pecho, quizás era impotencia, la verdad es que no le interesaba. Él conocía esa sensación.

Entonces quiso alejarse, pero él la retuvo presionando su brazo.

―De... debo ir al hospital ― dijo finalmente, él asintió y miró a su alrededor, nadie les prestaba atención.

― Vendré a ti esta noche ― sentenció, y antes de que Sybil pudiera contestar, se giró alejándose de ella.


Se sentía triste, confusa y cansada, muy cansada. Durante todo ese día, algo le decía que no importaba cuantas horas demás trabajara, aun cuando la enfermera jefa estuviera encantada, tarde o temprano debería de regresar a casa. Y si en algún momento la idea de que Alfie Solomons la esperará ahí, le había entusiasmado o tranquilizado, eso fue años atrás, mucho antes de que se presentara aquella mañana y no tuviera problema alguno en declarar que se "la cogería de todas las formas posible", ahogó un sollozo ante ello, había estado todo ese día aguantando las ganas de llorar.

Lo curioso es que en ningún momento pensó en huir o pedir ayuda.

"¿Será amigo del señor Shelby?"

¿Sería ese "tipo" de amigo de Thomas Shelby? ya en Francia habían acusado a Alfie de ser un maleante y su padre había sido enfático en creer que el era el causante de todo apoyándose en su historial "criminal".

Algo en lo cual ella nunca había querido creer, hasta que él pronunció esas palabras, solo entonces se le hizo obvia la conexión que podría tener con Thomas Shelby; el dueño de Birmingham y sus Peaky Blinders.

Pero ¿Que esperaba? suspiro y dio un profundo respiro.

Había esperado mucho, en sus fantasías más infantiles se había visto encontrándolo y pidiéndole disculpas y él aceptando todo junto con ella. Pero aquella fantasía jamás se había convertido en realidad, sencillamente por que fue demasiado cobarde para buscarlo, para saber si es que había sobrevivido. Y eso, ella lo sabía, se debía a que posiblemente, Solomons, en un escenario completamente diferente al de ese día no quisiera tener nada que ver con ella.

¿Habría sido igual de difícil aceptarlo?

Imaginaba que no, al fin de cuentas no parecía que él le hubiera buscado. Así que si, hasta ese día había podido vivir con la idea de que para él ella ya no existía. Sin embargo el verlo, le había llenado de esperanzas para redimirse, para confortarlo y consolarlo por todo el daño que recibiera de los suyos, el Alfie Solomons que ella recordaba lo habría aceptado.

Pero el que le visitara esa mañana no era él. Era un hombre serio, lleno de ira y rencor, dispuesto a someterla con tal de encontrar satisfacción, como fuera, incluso, a costa suya.

Su natural rebeldía entonces, que debió haber estallado ante la sola insinuación, se vio apagada por la pena y la vergüenza. Habiendo vivido lo que vivió, habiendo sido abusada y golpeada, él no llegaba, como en esa ocasión a ayudarla, sino a que ser un nuevo ejecutor. Razón más que suficiente para desconocer a aquél muchacho de la guerra, y entender que frente a ella se alzaba un jefe criminal.

Un jefe criminal más que cabreado por todo lo que le hicieron pasar. Y ella sabía que a Alfie, su familia lo había acusado sin ninguna prueba.

"Si tan solo hubiera estado ahí"

El gemido que escapó de su boca fue ahogado por su puño enguantado. No le dolía tanto el caminar a ese escenario como la destrucción de lo que eran sus recuerdos. Solo que ahora estaba presente y podía verlo por ella misma. No era como todas aquellas ocasiones en que quisieran difamar a Tom Branson, incluso Mary o Matthew, a quienes amaba pero en quienes no confiaría. Su instinto le había dicho que hizo bien en enamorarse de ese muchacho y le había hablado de la misma forma respecto a Alfie.

"Aquello también fue una fantasía"

Había ido a la guerra a buscarlo, y terminó encontrándose con el soldado Solomons. Mucho antes de saber que Tom había muerto la pena y la desesperación la habían volcado a quién le rescatara.

Quizás su intención al idealizar al joven Alfie en el recuerdo de lo que fue, venía de la mano con justificar que su corazón traicionará a Tom en medio de la guerra. Que quisiera y deseara a otro hombre, solo por que había estado ahi, en el preciso momento.

Si, había sido su culpa. Ella creó, en medio del infierno de Francia, una historia imposible solo para que su traición no la llenara de culpa. Eso claro, hasta que supo que Tom había muerto.

Entonces fue Alfie, quién pasó a reemplazarlo como el héroe de su historia.

Negó avergonzada, seguía pensado como la chiquilla estúpida que fue. Y no como la mujer en la cual se había convertido. Tenía menos de 25 años, bombas, literalmente, habían caído sobre ella sin derrotarla, pero una violación... que alguien la tocara solo para dañarla, eso había sido demasiado, eso era lo que realmente le había mostrado la oscuridad del ser humano.

Y durante todo ese tiempo había creído que el Soldado Solomons estaba ajeno a ello. Ahora sabía que no era así, que nunca lo había sido.

Y contra toda idea, en vez de retroceder y negarse a aceptarlo, caminaba hacia él; como una oveja.

¿Sentía miedo?

Si y mucho. Lo había visto antes, en las mujeres maltratadas y golpeadas. Ahora era una de ellas. Tantos años creyéndose especial para saber que no era diferente a nadie, para saber que no era especial para nadie.

"Siquiera para él..."

No había automóvil alguno fuera del edificio, y si eso en algún momento significó la vaga esperanza de que él no acudiría, pronto todo se vio trastocado por su presencia; Alfie, le esperaba apoyado contra la pared, las luces habían bajado su intensidad como era normal a esas horas de la madrugada. Sybil siempre había notado que el soldado Solomons parecía más alto de lo que realmente era, y si bien en algún momento trató de averiguar el porque de ello, ahora le resultaba claro; Alfred era fuerte, tenía hombros gruesos y una ancha espalda, imaginaba que eso lo hacía caminar como si llevara peso sobre ellos, lo que hacía que cada paso pareciera potente como sus palabras. Le fastidio enormemente que, ignorándola completamente, exudara toda esa seguridad. Si en la guerra parecía siempre enojado y molesto, ahí se movía como si fuera él y no Thomas Shelby el dueño del edificio. Tenía el rostro cabizbajo y fumaba un puro con tranquilidad, su gorra cubría la mitad de su rostro y la luz de su puro iluminó sus ojos con una peligrosidad conocida.

― Sybil, querida, tardaste ― dijo con tono casual; ella no contestó, dejó a un lado una bolsas con naranjas que le había entregado la madre de uno de los pequeños que atendiera esa tarde, y con lentitud buscó la llave de su apartamento.

De pronto todo había dejado de importar, la idea de llegar y, pasara lo que pasara, dormir parecía consuelo suficiente para dos días llenos de altibajos.

Pensó en su pequeño sobrino y que a esas horas la noche anterior, estaba atendiendo a Mary quién había tenido la dicha de tener entre sus brazos a un muy esperado bebé. Mientras que ahora, rodeada por las sombras de su propia conciencia estaba a merced de alquien a quién realmente nunca llegó a conocer. todo aquello apestaba a sordidez, estaba, completamente consiente de ello, acudiendo a su propia violación.

Alfie siquiera se había acercado a ella y con su abrigo negro y el rostro oculto bajo su sombrero parecía extender una larga y enorme sombra que, literalmente, ahuyentaba toda la luz; incluso la que relucía desde su puro parecía hecha para dañar y no para confortar.

Decidió entonces que utilizaría un último recurso. Quizás los silencios no habían funcionado por que era la forma errónea de tratar con Alfie el criminal, y solo habían funcionado con Alfred el muchacho de Francia.

― No tienes que hacer esto ― dijo, esta vez mirándolo y esperando alguna reacción. Los ojos de Alfie relucieron con la luz de su puro y asintió.

― Es verdad, cariño, pero el asunto es que quiero hacerlo ― fue cuando se encaminó hacia ella, por unos segundos creyó que la atacaría ahí, en vez de ello le quitó la llave de la mano y abrió la puerta sin ninguna dificultad.

Entró antes que ella y Sybil vio como es que se despojaba de su abrigo, tal cual si fuera su propio hogar. Una camisa blanca y un chaleco corto eran parte de su indumentaria. Sybil volvió a admirar la anchura de sus hombros antes de que él se girara hacia ella y le hablara.

― Ven ― le ordenó, como si fuera obvio que ella debía obedecerle.

Sybil dio un paso hacia atrás y negó, mirándole directo a los ojos. Fue a alcanzar la manilla de la puerta para cerrarla, solo que antes la gruesa mano de Alfie la cogió de la muñeca y antes de que pudiera hacer o decir algo, la puerta ya se había cerrado tras ella, dejando en completo silencio el lugar.


N/A:

Un re- encuentro completamente agrio, realmente había imaginado otra cosa en mi cabeza, pero me dije "no, Alfie jamás actuaría como un héroe romántico" incluso a pesar del capítulo anterior, es solo que imagino que, todos, antes de la guerra eran muy diferentes.

En fin, a los que me leen pero siquiera dejan un review; gracias por nada, infelices.

Adieu.

Brujhah