N/A:
No tengo intenciones de rendirme con esta historia, menos considerando los eventos de la 4ta temporada, pero es posible que, como en muchas de mis historias la inspiración vaya y vuelva, la muy puta.
Pues bien, miles de agradecimientos para CorneliaRostova, quién a diferencia de ustedes, desconsiderados, me ha dejado un review, que al menos me da un feedback sobre esto que hago acá.
Linda, este capítulo enteró es para ti.
1921
VIII
Alfie S. & Sybil C.
Fue un revuelo de quejidos, gruñidos y jadeos apretados, como si realmente se la estuviera cogiendo de todas las formas posible, más una que otra bofetada – que le dieron precisas en el rostro, aunque con diferentes matices de fuerza- en el claro forcejeo de ambos; él para someterla, ella para impedirlo. O eso creía, ya que sería bastante más fácil pedir ayuda, sin embargo, en ningún momento se escuchó algo parecido a un grito de parte de la muchacha.
Sybil, imaginó, con toda su maldita educación se negó a hacer una escena; más golpes, muchos débiles y algunos, realmente, fuertes. Alfie conocía esa reacción, tenía en él la misma sensación de triunfo que lo embargara, años atrás, en una trinchera.
Era la defensa de aquél que se sabía completamente a su merced.
Era, además, bastante clara su intención de, más que dominarla; doblegarla y en lo posible quebrarla.
"Como esa vez, con los ojos llenos de lágrimas"
Si, Alfie no tenía intención alguna de entregar nada que pudiera acercarse a un poco de compasión. Ella había ido a él voluntariamente ¿Cierto? Como mínimo debió saber lo que ocurriría, él se lo había dicho, casi advertido. Ella conocía el historial que lo unía a su familia, no podía esperar que con solo tratar de hablar o mostrarle esos ojos le hiciera olvidar todas las miserias innecesarias que pasó gracias a los señores de Grantham; los malditos aretes, la cárcel y los años que perdió mientras sus padres morían. No, si los Crawley tenían una deuda con él, haría lo que hacía siempre, extendería su mano al tesoro más cercano que tuviera y lo saquearía hasta sentirse satisfecho, o en su defecto conforme. Y, de momento, la lucha, más que desalentarlo, estaba subiendo sus ánimos a la misma velocidad en que acababa con su paciencia.
Sin embargo, parecía que no bastaba su mera voluntad o la fingida sumisión con la cual Sybil se había presentado ante él, pues ahí lo tenía; forcejando y evitando el ser siquiera tocada. Quiso reír, pero para ello necesitaba estar tranquilo, calmado, de otra forma su cabeza trabajaba demasiado rápido y esta solo le decía que; quizás TODOS los Crawley se creían con el derecho de joderlo, de decidir sobre las acciones que él debería y tendría que tomar.
Pensar en ello solo le fastidio aún más. Llevaba, literalmente, semanas sin dormir porque sabía de ella, peor aún porque sabía que ella estaba a merced del puto gitano. Y, que este aprovechando su propia estupidez e incapacidad para controlar sus emociones, se había llevado parte de sus hombres y mil libras para ganarle territorio a Sabini y, por ende, volverse más poderoso que él. Eso era una patada en sus malditas bolas. La idea central de co - existir para su grupo, el de los italianos y los putos gitanos era la presión, era la estabilidad a base de lo delicadas que podían ser sus alianzas. Teniéndola a ella, Shelby había inclinado todo a su favor, y dentro de las cosas que Alfie Solomons odiaba era que le forzaran a hacer algo en contra de su voluntad.
"Todos odiamos eso"
Se dijo, mientras trataba de controlarla; quiso sujetarla con mayor vigor de los brazos, con toda la intención de inmovilizar sus manos, pero entre más trataba de cogerla para obligarla a seguirlo más se oponía ella.
Finalmente, la tomó con fuerza de la muñeca y Sybil se plantó en el suelo como aquella vez en Francia para ayudarle a levantarse, quizás había olvidado que él también era un maldito testarudo, puesto que no iba a dejarse vencer por una princesita de palacio, una que siquiera debió haber aparecido en su vida, y que cuando lo hizo fue solamente para volverlo miserable.
Aludiendo a la poca paciencia que siempre mostrara, se dijo que ya bastaba, era suficiente.
"Termina con esto de una vez"
Así que simplemente le dio un tirón que, para su jodida suerte, no la movió, pero si rasgó la manga de su abrigo, de pronto tenía la gruesa tela en su mano y la ira comenzaba a asomarse por su garganta como un enorme roedor.
Sybil levantó su brazo dispuesta a dejar la tela tras de si, y en cuanto pudo giró a toda velocidad, cruzando la pequeña sala hasta casi llegar a la puerta. Junto al sonido de sus tacos veloces, Alfie podía escuchar su propia respiración alterada y superficial.
"Irá a pedir ayuda, que idiota, si no huyera todo sería más fácil"
"Maldito imbécil; es lógico que actúe así, por mucho menos casi la matan…"
Sin embargo, no era más fuerte que él y no la dejaría ser más veloz.
Sybil cogió el picaporte y alcanzó a girarlo para abrir la puerta, antes de que esta se azotara en sus narices, impulsada de vuelta a su lugar por la fuerza que él ejerció sobre esta. Harto la cogió de la cintura y la alzó en el aire para alejarla de la salida. Sybil, nuevamente, se revolvió mientras que su traicionera pierna le ardió con un viejo recuerdo, debió, entonces soltarla pues las fuerzas le fallaron. La muchacha patinó sobre el piso de madera y se giró para enfrentarlo. Cuando lo hizo esgrimía, sacadas quién mierda sabe de dónde, unas gruesas y grandes tijeras, como si fueran una espada.
El cuadro le produjo una carcajada incrédula y cruel. Lo que frunció aún más el ceño de ella.
Frente a él con las mejillas encendidas; plantada en el suelo, con la manga de su abrigo rota, los rizos oscuros cayéndole sobre la amplia frente, los ojos brillantes y su boca, entreabierta. Temblando, y él sabía que no de miedo, mientras su respiración era profunda y apresurada.
"Va a matarme antes de dejarse hacer nada..."
Se dijo. Y todas sus intenciones de dañarla y ultrajarla se desvanecieron, a estos le siguieron la molestia y el deseo de venganza insano que le había llevado ahí esa noche.
Y de pronto ya no quiso cogérsela de todas las formas posibles para dominarla o hacerle daño, para vengarse por lo que había pasado y dejarla para siempre. No le interesó caer en la tentación, para luego olvidarla. La violación fuera de una idea, ya desagradable, se convirtió en cenizas cuando supo que si se la cogía sería para siempre, para tener una vida con ella y, en lo posible, llenarse de hijos.
No era la primera vez que su cabeza lo traicionaba así; a él, a su estómago, a su puta verga. No era la primera vez que sus pensamientos, más algo mucho más profundo le decía que estaba actuando como un completo idiota. Mientras que todo aquello que lo había convertido en el líder de los asesinos en Camden Town, era vencido y expulsado de su raciocinio.
Si, Alfie estaba seguro qué si alguien podía alinear lo que su cabeza le ordenaba más lo que su corazón sentía, era ella. Aquella miserable y hermosa muchacha frente a él.
"Ojalá me hubieras dejado en ese maldito agujero"
Era cuando podía sentir el peligro, olerlo salir de ella, de su boca, de su cabello, de la abertura entre sus piernas que tanto le negaba. Si, lo admitía, ella era demasiado peligrosa en precisamente, todos los sentidos, que lo volvían a él Alfie Solomons. En la vida que llevaba y el negocio que dirigía.
¿Acaso el puto gitano no había sacado ventaja de ello? ¿Acaso no se había visto en prisión, injustamente, por poner los ojos en ella?
"Esto es demasiado, un jodido caos"
Se llevó la mano a su barba y se rascó. Ahora ¿Qué debía hacer? Disculparse le resultaba tan antinatural como romperse los dedos, pero lo mismo sentía sobre continuar con sus planes originales.
Quizás debería rendirse y ya, como lo había hecho esa noche, en que con el cuerpo y la cabeza rota ella le había besado. La sola idea de tener aquello de nuevo, la sola idea de volver hacerlo, lo había impulsado a recorrer toda la guerra, toda Francia e Inglaterra para estar con ella. Con la estúpida idea de que al volver a verlo ella no lo rechazaría.
Ahora estaba ahí, y ella lo esperaba, casi impaciente, con un par de tijeras para clavárselas en el pecho.
― Cariño ¿Qué pretendes hacer con eso? ― preguntó sin saber realmente que hacer, de todas maneras, la tranquilidad del momento le alivió el cuerpo, así como la pierna traicionera.
Sybil no contestó y a Alfie le pareció que ella no le escuchaba, tenía los ojos brillantes pero las lágrimas parecían no caer, y el gesto egoísta de su boca solo volvía más rosados y apetecibles sus labios.
― Solo conseguirás lastimarte linda ― habló suavemente a modo de advertencia, con gesto cansado.
Lo que le faltaba, tener que lidiar con ella histérica.
Sin embargo, eso en vez de fastidiarle le recordó aquella noche en que la fiebre llevó a su esposa a delirar mientras trataban de sacar a su hijo. Anya había llorado, no solo por el dolor sino por los recuerdos de su familia perdida en la vieja Rusia, hablándole de su hogar y cómo es que su padre había destrozado los muros de su cabaña para hacer fuego antes de que ella y sus hermanos se congelaran.
Pensar en ese momento en su esposa le hizo sentirse miserable. Anya había pasado por tanto o más que él, y lo había seducido con su franqueza y fuerza, por la forma en la cual lo encaraba cada vez que hacía algo que a ella le parecía mal. Y se había ido como sus padres, como el hijo que había crecido dentro de ella para al final envenenarla y matarla.
¿Por qué solo su sufrimiento importaba?
― No te dejaré violarme ― desafió ella, sacándolo completamente de su espacio.
"¿Violarla?"
De pronto la acusación y sus palabras le parecieron brutales y tremendamente injustas. Él no iba a violarla, eso implicaba dañarla y…
"Te cogeré de todas las formas posible… "
Y ella estaba frente a él oponiéndose, se había opuesto en todo momento. Era casi como una revelación repentina. Ella no quería ser cogida, al menos no en ese momento, no por él. ¿Qué la había llevado entonces ahí? ¿Había sido su advertencia?
"Mierda, todo esto es solo mierda, querías quebrarla y hacerla llorar, que suplicara, querías venganza"
Y eso, sin enmascararlo con nada, era violarla.
Debió respirar profundamente: paciencia, confusión e ira algo de todo eso se estaba mezclando en su interior. Sin embargo, ella seguía en guardia y Alfie pensó que en cualquier momento saltaría sobre él.
Extendió su mano en un gesto pacifico. El primero en años.
― Cariño, baja eso ― ordenó tratando de parecer suave, aunque su voz resultó más grave de lo que quisiera.
Sybil no le quitó la vista de encima cuando negó y ante el movimiento de su rostro, una de las lágrimas que guardaba en sus ojos descendió, dándole un aspecto duro a su rostro. Quiso sentirse miserable pero su cabeza le dijo que estaba siendo débil, por demasiado tiempo, demasiadas veces.
"Ve"
Le ordenaron sus pensamientos y de un rápido movimiento e ignorando el ardor de su pierna se adelantó hacia ella. No lo habría creído jamás, pero Sybil si lo atacó, la muchacha siquiera alzó las tijeras, con un movimiento grácil sencillamente se fue hacia lo más cercano que tenía; su brazo, él intentó retraerlo, pero sintió la mordedura del metal en este y escuchó como es que su camisa de fino algodón (había ido vestido para impresionar) se rasgó. Sintió el calor de la sangre y aquello se le subió a la cabeza.
"Basta"
― ¡Basta Sybil! ¡Basta! ― y su voz resonó por las blancas paredes, antes de darse cuenta de que había acortado toda la distancia entre ambos. Sybil quiso alzar nuevamente las tijeras, pero con su brazo herido la cogió de la muñeca y la obligo a soltarlas, sus ojos lo miraron llenos de emoción y aquello fue demasiado para él.
Con toda su fuerza la giró y estampó contra la pared más cercana, aquella con el cuadro de los caballos, el cual se agitó ante el embiste, presionó su cuerpo contra el de ella y sintió como es que sus respiraciones se sincronizaron con fuerza e intensidad, ella debía de estar en puntillas para estar tan cerca de su rostro.
Lo miraba, nuevamente, llena de emociones y en ninguna de ellas se veía temor u odio.
"Esto es demasiado"
Y antes de siquiera entenderlo o planearlo nuevamente sus intenciones lo traicionaron, ahogó un profundo suspiro y Sybil no retrocedió cuando él la besó. Sintió el temblor de sus labios y cómo es que todo su cuerpo se relajó, ella dejó escapar un suspiro dentro de su boca como, si al igual que él, estuviera dejando de lado todo el cansancio.
La misma sensación de aquella vez en esa cabaña lo invadió, oleadas de calor y tranquilidad, imposibles de explicar, en medio del caos que había sido la guerra, en medio del caos que era él.
"Estoy perdido"
Cuando su cabeza volvió a la tierra, notó que nuevamente le había rodeado la cintura esta vez con cuidado, con la misma calma con la cual ella ordenaba todos sus movimientos, sentía calor ahí en el pecho en donde ella apoyaba una de sus manos, mientras que con la otra le sujetaba el rostro; delicada y suave, sosteniéndolo y, al mismo tiempo, impidiendo su retirada, aunque claro, no era eso algo que él quisiera.
Fue ella quien rompió con el beso, de la forma más dulce posible, pero aquello no alivió su frustración de volver a la realidad. Nada separaba sus rostros, y así como ella respiraba sobre su boca sin mostrar señas de alejarse, él se dio el gusto de con la punta de su nariz, de lentamente recorrer sus mejillas y su frente, absorbiendo todo lo que ella era; había sudor, fruta, sal y café.
― Lo lamento ― dijo ella, y eso le hizo despertar. Le había dicho lo mismo siglos atrás, en medio de un bosque oscuro y frío, le había dicho lo mismo hace pocos segundos en la cabaña en la cual se besaron.
Cuando abrió los ojos, frente a él Sybil parecía apenada y avergonzada. Un lapsus momentáneo le hizo preguntarse en que momento sonarían las alarmas de los convoys que traían a los heridos, y cuando volvería la enfermera con la morfina para sus heridas.
Entonces la punzada sobre su brazo le hizo recordar que tenía un corte. De pronto se sintió aletargado, como si lo invadiera el sueño y el dolor de su brazo le resultó insignificante ante lo cansado que se sentía.
En otras circunstancias su reacción habría sido otra, ya con anterioridad, antes de Anya y después de ella Alfie se había enfrentado a mujeres, principalmente prostitutas que se habían valido de sus encantos para tratar de robarle o derechamente emboscarle; Alfie, quién no se caracterizaba por ejercer violencia hacia las mujeres, sencillamente las había apaleado.
Acá no existía nada de ello, la ira que debió sentir siendo el líder de Camdem Town, se había evaporado, desparecido y olvidado bajo aquél beso. Y como respuesta a ello, solo giró su brazo para entender el por que ella se disculpaba, negó sin mirarla. Él la había empujado a ello.
"Estoy perdido"
Sybil lo rodeó con sus brazos y hundió el rostro en su pecho. A pesar de todo se sintió descolocado y tardó un par de segundos en corresponder al abrazo.
Se quedó ahí mirando el cuadro de los caballos en completo silencio mientras sus fosas nasales se llenaban del aroma de Sybil.
A medida que las heridas de su rostro se sanaban y su cuerpo se sentía menos adolorido Alfie fue capaz de volver a ponerle las horas al día, diferenciar la mañana de la tarde y saber que la oscuridad que lo rodeaba no tenía nada que ver con la noche.
Al principio el ajetreo normal de su estadía, el cual era ahogado por la morfina y alejado por la semi inconsciencia, comenzó a cada instante volverse más tangible. En esos momentos, su cabeza le recordaba lo que había ocurrido entre ellos y le hacía preguntarse si es todo no había sido producto de su imaginación alterada por las drogas. ¿En que mundo sería posible que algo como eso ocurriera?
Cuando finalmente el embotamiento retrocedió y pudo volver a sentir dolor, hambre y sed, su cuerpo le urgió a despertar y con ello sus ojos se abrieron en lo que le pareció el despertar más doloroso que jamás había tenido.
Inmediatamente miró hacía su costado para notar que la camilla en la cual descansara la enfermera Crawley estaba vacía y cuidadosamente tendida.
― Soldado Solomons ― escuchó y en esa ocasión no fue la voz tranquila y sosegada de Sybil o la enfermera que los cuidara a ambos, sino que la misma Ambrosia Collins se había apersonado frente a ambos, ahora con un uniforme diferente al que llevara en el campamento, a vagas luces entendió que la habían subido de rango y no supo porque, pero eso le resultó preocupante.
― Enfermera Collins ― fue todo lo que contestó, sin realmente saber que más decir. La mujer lo miró con aquél gesto agreste que más de una vez le había detenido en seco cualquier estupidez que se encontrara haciendo.
― ¿Se siente mareado? ― negó adolorido, pero eso no significaba que no extrañara aquella sensación a cambio de la molestia que el dolor le generaba ― he quedado a cargo de ustedes dos ― se apresuró a aclarar la enfermera Collins ― ahora la muchacha está siendo vista por la policía Francesa ― y de pronto todo vino de golpe a su cabeza, quiso sacudirla si no fuera por otra molesta puntada se lo impidió ― creo que lo necesitaran para saber quiénes acompañaban a Gus Cortesi, ninguno de los jefes de brigada han podido identificarlos y temen que se infiltraran ese día ― Alfie trató de hacer memoria, tampoco los recordaba de antes o de que hubieran llegado cuando los Cortesi arribaron.
Pero entendía el principal problema; la seguridad del campamento.
Fue cuando la puerta de la cabaña resonó, provocando que su atención y la de la enfermera Collins se desviara hacia los recién llegados, el viento se coló con la fuerza propia de la estación invernal y sacudió el biombo de madera que separara aquella "habitación" del resto de la cabaña.
Pasos enérgicos y seguros avanzaron hacia él. Y de pronto estaba frente el general Davenport y la enfermera Crawley.
"Sybil… Lady Sybil Crawley"
Al mirarlo a ella se le encendieron las mejillas, así como sus ojos brillaron. Incluso bajo la oscuridad de sus heridas era posible verlo y aquello le agitó el pecho.
"No ha sido un sueño"
― Has despertado muchacho ― dijo con su tono cordial el general, desviando su atención del rostro de la enfermera Crawley. Nuevamente se sintió estúpido al no tener nada que agregar ― has estado inconsciente por dos días ― le informó ― y tanto el ejército como la policía han destinado personal a investigar lo ocurrido con ustedes dos ― el general miró a la enfermera Collins y con un escueto gesto la despidió.
Collins aprovechó aquellos segundos para consultar por la situación de otros pacientes, momento que Alfie aprovecho para volver a fijar su atención en Sybil. De nuevo sus ojos se iluminaron y le pareció una pena aquel labio hinchado y cómo es que la sangre no retrocedía ante el azul de sus iris.
― ¿Cómo se siente? ― preguntó ella en voz baja y la conmoción que le causó el tono y su gesto le obligo a reprimir otra sonrisa.
En cambio, solo bajó la vista y asintió. Estaba bien, cansado y algo adolorido, pero bien.
Cuando el general Davenport volvió con ellos tomó asiento frente a ambos y habló:
― Esto es lo poco que tenemos; nada se sabe de Cortesi o los hombres que los atacaron, deberían haber partido el día en que los atacaron hacia el frente, pero ninguno se presentó con su capitán. Se sospecha que pudieron haber huido hacia el pueblo, pero las pesquisas en el lugar no han dado mayor resultado. La verdad es que tanto para los franceses como para su policía este es un asunto a archivar ― Alfie notó que el general miraba a Sybil más que a él ― sin embargo, nosotros tenemos la presión de su familia Lady Sybil, su primo el capitán Crawley ha sido herido en batalla, hemos podido contactar a su madre, pero el ejército no sabe muy bien que hacer en su situación.
― ¿Y el hermano de Cortesi? ― su voz le pareció pastosa y demasiado grave cuando habló.
El general negó.
― No hemos podido establecer contacto con Enrico Cortesi desde que su escuadrón se unió a la batalla, aún no sabemos si está muerto, o como su hermano abandono a su pelotón ― luego de ello volvió a centrar la vista en ella ― Lady Sybil, lo único que pedimos es paciencia, entenderá que nos encontramos en una situación de lo más compleja.
― ¿Continuarán los interrogatorios? ― preguntó ella.
― Me temo que una vez informe el estado del Soldado Solomons, vendrá la policía por él ― luego se giró a él ― yo lo acompañaré en todo momento ― le aseguró y aquello le tranquilizó, era más fácil obrar con un "aliado" a su lado, sobre todo cuando se trataba de la policía. Dicho eso el general se puso de pie ― pediré que les traigan algo para comer ― se despidió de ambos y los dejó a solas.
― ¿Despertó hace mucho soldado Solomons? ― era extraño que después de lo ocurrido ella siguiera tratándole con tanta formalidad, se supone que deberían sentirse con más confianza.
Negó.
― ¿Qué es todo esto? ― preguntó al final. Principalmente, porque en realidad sentía dudas respecto a lo que había ocurrido. Sybil le miraba fijamente y por su gesto pareció entender de inmediato a que se refería él.
Aun así, ella lució pérdida cuando le contestó.
― ¿Se refiere usted a nosotros? ― Alfie endureció la mirada, le parecía que ella jugaba con él y si antes había estado demasiado aturdido para reaccionar, ahora el dolor constante le traía de mal humor.
― Si ― contestó con dureza ― es lo que más me jode de toda esta puta situación ― y fue como si lo hubieran liberado. Como si el Alfie de Camden Town hubiera dejado atrás al marica del soldado Solomons.
Ella parpadeó un par de veces, lo había escuchado maldecir antes. Sin embargo, eso no quitó que se viera contrariada ante su actitud. Quizás era porque nunca había tratado con el verdadero Solomons y Alfie estaba casi seguro de qué a ese, en especial, no lo querría besar.
Esperó atento su respuesta.
― Entiendo su confusión, sé que actualmen…
― No soy un puto juguete ― cortó, sintiendo como es que el sujeto de Camden Town, era quién ahora ascendía por sus entrañas para asomarse por su boca, él y la rata, ambos provocados por ella, quién pareció herida cuando se lo dijo.
― Jamás he pensado eso ― contestó tratando de parecer calma, luego volvió a mirarle fijamente ― Jamás lo he hecho ― aquello le confundió. Por su gesto él entendía que ella quería que le creyera.
― ¿Por qué lo hiciste? ― fue la pregunta realmente le encendió el rostro, incluso resultó visible para él cómo es que la respiración de ella se alteró ante su pregunta.
― Yo… ― Sybil frunció el ceño completamente fuera de lugar ― yo… ― repitió, pero Alfie no cedió en su escrutinio. No estaba dispuesto a darle ningún tipo de ventaja o espacio, quería respuestas y ahora. Su cabeza funcionaba y no tenía intenciones de dejarla pasar por ser un "caballero" él sabía que no lo era.
Además, junto a una posible respuesta estaba lo que él consideraba el cumplimiento de un deseo; uno secreto y que, durante muchas semanas trató de ocultar. Y, de nuevo; era la esperanza. Ahí, al alcance de su mano. Solo que él era demasiado escéptico para creer solo en lo que esperaba de esa conversación, tenía que saberlo por ella, incluso si, como la lógica lo ordenaba, ella se desentendía de todo.
― Yo quise hacerlo…. ― y se le quedó mirando como si aquello fuera la respuesta final y explicara todo.
Estaba dicho, él no cedería.
Negó
― Escucha, cariño ― dijo casi divertido por los nervios de ella ― es evidente que querías hacerlo, de otra forma no habría pasado. Mi pregunta es ¿Por qué? ¿Estabas triste? ― su tono se volvió más demandante y ante su silencio, y aquella señal le dijo que estaba en posición de exigir ― ¿enojada? ¿Fue libido? ¿es eso? ¿Estabas cachonda, linda? ― aquello la hizo enrojecer aún más y Alfie se felicitó.
Había dado en un punto.
― Hablas mucho ― fue lo que ella contestó sin atreverse a mirarlo, era cierto y él lo sabía ― pero no fue por eso que lo hice ― Alfie alzó el rostro y asintió lleno de dudas, quiso preguntar, pero Sybil se lo impidió ― Te vi cuando estábamos en la ribera de Amiens hace un par de semanas atrás, Sandy Cochrane decía que eras el soldado más guapo que ella conociera y te vi ― negó avergonzada ― sé que es estúpido ― y sonrió antes de llevarse las manos a la cara ― si hubiera sabido que era así de imbécil de seguro jamás le hubiera seguido, soldado Solomons.
Y la revelación de aquello no pudo menos que dejarlo mudo. Él que se había tratado de débil y menospreciado por notar a alguien a quién siquiera le dirigía la palabra. Que se había tratado de estúpido por no tener las bolas para hablarle.
Y él sabía que eso era porque ella le había gustado. Desde el preciso momento en que quiso aplastarle la cara en aquél maldito agujero.
La culpa de recordar las dos veces en que ella le había salvado, obraron de extraña manera sobre él.
Golpeó sus dedos sobre su sábana y miró a su alrededor.
― Si no lo hubieras hecho, querida ― y le gustaba como sonaban aquellos apelativos cuando se dirigía a ella ― yo estaría muerto en aquél maldito agujero.
Cuando volvió la vista hacia ella, Sybil esbozaba una tímida sonrisa.
― Nunca te agradecí eso, cariño ― la puerta sonó cuando se volvió a abrir y entró una enfermera con una bandeja y algo que olía, a gusto de Alfie, muy bien.
Cenaron los tres junto a la muchacha recién llegada, quién principalmente habló con Sybil y en ningún momento dio señales de querer saber lo que ocurría con ellos, aunque si dio luces de que en el campamento se hablaba sobre ellos, algo "especial" que les había ocurrido, aunque no especificó si se trataba de algo bueno o malo.
Lo que fuera le tenía sin cuidado.
Luego el cuerpo de Alfie volvió a reclamar descanso y él no se hizo esperar. Entre la otra chica y Sybil extendieron el biombo y antes de dormirse él se quedó escuchando los susurros de las ropas y cómo es que la otra muchacha le ayudaba a Sybil con sus heridas. Según lo entendía él, se quedaría toda la noche tanto para vigilarlos como en caso de que alguno necesitara algo más.
El dolor seguía en su cuerpo, pero tenía cierta liviandad que, por primera vez en mucho tiempo, le permitió respirar tranquilo.
― Entonces, cariño, solo para dejarlo claro ¿Los dejaste? ― era obvio que así había ocurrido, sin embargo, todo el interior de Alfie necesitaba, más que incluso haberla besado, el saber que era lo que había ocurrido con ella. Por qué estaba ahí.
Sybil asintió en silencio y bajó la vista hacia su brazo, la puntada le hizo fruncir el ceño, pero luego se distrajo con el tacto de ella.
― No podía continuar ahí ― dijo ― no después de lo de Tom, o lo que te ocurrió a ti… ― Alfie asintió parecía honesta en sus palabras.
― Quiero saberlo todo ― exigió. Sybil alzó el rostro después de terminar con el vendaje y asintió.
― ¿Quieres vengarte? ― había querido hacerlo, había ido con ella con ese propósito en su cabeza.
Ahora quería…
"Dormir…"
Negó.
― No tendría sentido. ¿Qué podría hacer yo en contra de ellos? ― se le vino a la cabeza la imagen de Gus Cortesi, siendo sostenido desde las orejas por sus camaradas.
― Antes si, ― dijo ella con suavidad ― ¿Qué pasó con Gus Cortesi? ― en aquel momento Alfie se detuvo a mirarla con detención. ¿Podría acaso Lady Sybil Crawley leer su mente? ¿Habría pensado en ese imbécil todos esos años? En ocasiones Alfie lo creía olvidado, le gustaba jactarse de la anécdota de la trinchera, lo había hecho con Tommy cuando lo conociera, pero nunca ese recuerdo se había asociado a ella, a la existencia que podría haber mantenido todos esos años lejos de él y del intento de familia que quisiera formar.
En ocasiones como esa Gus Cortesi solo había sido un hijo de puta sin historia, sin rostro, sin pasado, ni familia, pero ahora que ella lo nombraba tomaba un cariz diferente, se volvía aquel sujeto alto y guapo, medio asesino, medio sádico que casi lo mató, que la violó junto a otros, esos que habían vuelto de cabeza al mundo que rodeara al soldado Alfred Solomons en la guerra. Cuando no era más que un chiquillo estúpido.
Creyó que al matar al maldito italiano que la había dañado y recuperar los putos aretes harían de él un héroe, un muchacho venido de una nación en la miseria que logró triunfar y entrar a la elite del país que lo había recibido y cuidado, del país por el cual había decidido pelear e incluso morir.
Se había visto así mismo llegando al palacio en el cual ella vivía para ser condecorado y honrado. Para que contaran su historia y cómo es que había comenzado desde los bajos tugurios de Camden Town para terminar en una vida llena de brillos y riqueza ¿y lo mejor? Junto a ella. Todo eso había pensado. Todo eso había creído.
― Creo que murió de fiebre española ― dijo al final. Ella se le quedó observando calibrando sus palabras y Alfie trató de lucir todo lo desinteresado que pudo.
"Maldita sea"
Le importaba que ella le creyera.
No debería ser así, aunque claro esa era la pelea que había tenido al llegar a ese lugar la cual, miserablemente, había perdido.
― ¿Cómo recuperaste los aretes?
Esa era una respuesta que había practicado desde que Shelby se los mostrara, como si supiera que en su futuro cercano tendría esa conversación con ella.
― Se los robé a Paolo Cortesi ― y por su tono Alfie dejó claro que no tenía intenciones de continuar con esa historia. Para dar énfasis a ello, se echó hacia atrás en su silla y sacó un puro, con movimientos seguros lo encendió y habló ― ¿Qué te dijeron de mí?
Sybil negó.
― No me dijeron nada solo lo supe después, meses después.
― Y entonces decidiste huir ― ella asintió. Alfie podía verlo, no le estaba diciendo toda la verdad, había algo ahí que ella estaba ocultando, aquello le molestó. Se supone que de alguna manera las cosas se habían arreglado entre ellos. Pero, al mismo tiempo, le parecía que aquella cercanía que conocieran en Francia, al igual que el joven Alfred Solomons, había muerto ahí ― nunca me buscaste ― ella negó triste y avergonzada.
Él lo había hecho. Y la tristeza y rabia que debió inundarlo se mezcló con la tranquilidad que los rodeaba.
― Lo siento ― dijo ella nuevamente, y recordó aquella vez en que ella perdió el equilibrio mientras él le ayudaba con sus ropas, la vez que ella cayó porque era incapaz de levantarse y caminar y como lloro esa noche, la vez en que se besaron cuando ambos estaban al borde del precipicio.
Se había disculpado tantas veces, con tan pocos errores.
― Nunca deje de pensar en ti ― declaró finalmente con la vista fija en el brillo de su puro, más para él mismo que para ella ― y estos últimos meses han sido… ― suspiró miró su brazo vendado y su camisa rasgada, luego a ella centró la mirada en sus ojos y lo viejos que parecían, también lucían cansados, muy cansados.
Sybil se levantó y se acercó a él para abrazarlo, Alfie siquiera se movió solo apoyó su cabeza contra la tela de su abrigo y cerró los ojos.
― ¿Por qué tenías que volver? ― preguntó contra su vientre, ella lo presionó aún más contra si y él contestó rodeándole la cintura, soltó otro suspiro y una risa incrédula; ella lo había herido, le había hecho un corte preciso y molesto en su brazo ― maldita seas Sybil, maldita seas.
N/A:
Este, al menos, es más dulce que el anterior.
Saludos, ingratos.
