Esta es una adaptación del Libro de Emily Giffin, con los personajes de mi Saga favorita.

Todos los personajes son propiedad de Suzanne Collins.


Capitulo 2

Me desperté con mi teléfono sonando y por un segundo me siento desorientada en mi propio apartamento. Entonces oigo la voz estridente de Delly en mi contestador automático, insistiendo para que la atienda, "Atiende, por favor, atiende". De repente, mi crimen entra en escena. Me siento demasiado rápido y mi apartamento gira a mí alrededor. La espalda de Peeta está hacia mí, bien marcada y con músculos fuertes y tonificados. Le doy un codazo con fuerza.
El se da vuelta y me mira.
— ¡Ay, mi Dios! ¿Qué hora es?
Mi radio reloj nos informa que son 7:15. Hace dos horas que tengo treinta años.
Peeta sale rápidamente de la cama tomando sus ropas, que están esparcidas por el cuarto. El contestador automático emite dos timbres, interrumpiendo a Delly. Ella llama de nuevo y se queda todo el tiempo contando que Peeta no ha vuelto a la casa. Una vez más, mi contestador la interrumpe en medio de una frase. Ella telefonea una tercera vez, gimiendo:
— ¡Despiértate, y llámame! ¡Te necesito!
Cuando comienzo a levantarme, me doy cuenta que estoy desnuda. Me siento de nuevo y me cubro con una almohada.
— Oh, mi Dios. ¿Qué hago? — Mi voz está ronca y temblorosa. — ¿Tengo que atender? ¿Decirle que dormiste aquí?
— ¡Mierda, no! No atiendas... Déjame pensar por unos segundos.
Él se sienta, sólo de costado, y se frota el maxilar, ahora cubierto por el sombreado del principio de la barba.
Un terror enfermizo y capaz de ponerme sobria se apodera de mí. Comienzo a llorar. Lo que nunca ayuda para nada.
— Oh, Kat, no llores — dice Peeta — Todo va a acabar bien.
El se pone el jeans y después la camisa, sube el cierre, mete la camisa a dentro del pantalón y lo abotona con eficiencia, como si fuese una mañana como cualquier otra. En seguida verifica los mensajes en el celular.
— Mierda, 12 llamadas pérdidas — dice él, sin parecer muy preocupado. Sus ojos apenas revelan una cierta ansiedad.

Después de vestirse, Peeta sienta de nuevo al borde de la cama y apoya su frente sobre sus manos. Me doy cuenta que él está respirando agitadamente por la nariz. Entonces él me mira, recompuesto.
— Bien. Esto es lo que va a suceder. Katniss, mírame.
Obedezco sus instrucciones, todavía aferrada a la almohada.
— Todo va a estar bien. Escucha — explica Peeta, como si estuviese conversando con un cliente en una sala de reuniones.
— Estoy oyendo —digo.
— Voy a decirle que me quedé en la calle hasta más o menos las cinco y después fui a tomar un café con Gale. Listo, ella no va a sospechar nada.
— ¿Qué le digo yo a ella? — Quiero saber. Mentir nunca fue mi fuerte.
— Solamente dile que te fuiste de la fiesta y viniste a tu casa... Dile que no puedes recordar con certeza si yo todavía estaba allá cuando te fuiste, pero que crees yo todavía estaba allá conGale. Y no dejes de decir la palabra "creo "... Y eso es todo lo que sabes, ¿entiendes? — Señala mi teléfono— Llámala, ahora... yo voy a llamar a Gale antes de irme de aquí. ¿Entendiste?
Sacudo afirmativamente la cabeza, mis ojos llenándose de lágrimas nuevamente, mientras él se levanta.
—Y conserva la calma - dice él, sin maldad, pero con firmeza. Y pronto ya está en la puerta, una de las manos en la perilla, la otra peinando su cabello rubio.
— ¿Y si ella ya habló con Gale? — le pregunto cuando Peeta ya está en el medio del corredor. Después me digo a mí misma— Estamos muy jodidos.
El se da vuelta y me mira desde el corredor. Por un segundo creo que está enojado, que va a gritarme para que me controle. Que eso no es una cuestión de vida o muerte. Pero el tono de él es delicado.
—Kat, no estamos jodidos. Ya resolví todo. Tú solamente dile lo que debes decir... Y... ¿Katniss?
— ¿Qué?
—Lo siento mucho.
—Si— yo respondo— Yo también.
¿Será que estamos hablando entre nosotros... o a Delly?

Peeta se marcha. Voy al teléfono, todavía me siento una tonta. Demoro unos segundos, pero finalmente creo coraje para llamar a Delly.
Ella está histérica.
— ¡El hijo de puta no vino a casa anoche! ¡Es mejor que esté inconsciente en la cama de un hospital!... ¿Crees que me engañó? Digo, a la gente bonita y genial también las engañan ¿no?
Comienzo a decirle que no, que probablemente él apenas salió con Gale, pero lo pienso mejor. ¿Eso no parecería demasiado obvio? ¿Realmente le diría eso si no supiese de nada? No logro pensar. Mi cabeza está estallando y mi corazón latiendo fuerte, de a ratos el cuarto vuelve a girar.
— Estoy segura que él no te engañó.
Ella se suena la nariz.
— ¿Por qué estás tan segura?
— Porque él no te haría, Dell.
No logro creer en mis palabras, en la facilidad con que ellas salen de mi boca.
—Bien, entonces a ¿dónde mierda está? Los bares cierran a las cuatro, cinco de la mañana. Carajo son las 7:30.
— No sé... Pero estoy segura que hay una explicación lógica.
De hecho existe.
Ella me pregunta qué hora me fui, si él todavía estaba allá y con quién estaba —exactamente las preguntas para las cuales Peeta me había preparado. Respondo con cuidado, como fui instruida. Sugiero que ella telefonee a Gale.
—Ya lo llamé— dice ella. Y ese imbécil de mierda no atendió el maldito celular.
Al escuchar esas palabras siento un gran alivio. Tenemos una posibilidad. Gracias Gale!
Escucho un clic de una llamada en espera y Delly desaparece, después vuelve, diciendo que es Peeta y que ella va a llamarme cuando pueda.

Me levanto y camino tambaleante hasta el baño. Me miro al espejo. Mis ojos con la máscara de pestañas y el delineador corrido, el maquillaje en lamparones. Los ojos me arden porque dormí con los lentes de contacto. Me saco los lentes rápidamente, segundos antes de tener ganas de vomitar. No vomito por la tolerancia al alcohol que adquirí en los tiempos de la facultad, y aún así eso sólo me sucedió una vez. Porque yo aprendo de mis errores. La mayor parte de las personas en la facultad dice: "Nunca más voy a hacer esto". Entonces lo hacen de nuevo el fin de semana siguiente. Pero yo mantengo la palabra. Así es como soy. Voy a aprender con esta también. Sólo déjame zafar primero.
Tomo un baño, me libero del olor a humo del cabello y la piel y dejo el teléfono a la mano, esperando que Delly me llame diciendo que todo está bien. Pero las horas pasan y ella no llama. Alrededor del mediodía comienzan las llamadas por mi cumpleaños. Mis padres hacen su serenata anual y tradicional "¿Adivina a dónde estaba treinta años atrás, en esta misma fecha?". Logro disimular y bromeo con ellos, pero no es fácil.
A eso de las tres no tengo noticias de Delly y todavía estoy descompuesta. Bebo de una sola vez una enorme copa con agua, tomo dos anti ácidos y considero la posibilidad de pedir huevos fritos y tocino, remedio en que Delly cree devotamente cuando tiene resaca. Pero sé que nada va a aplacar el dolor de la espera, imaginando qué estará sucediendo, sin saber si Peeta zafó, o si los dos estamos jodidos.
¿Alguien nos habrá visto juntos en el 7B? ¿En el taxi? ¿En la calle? ¿Alguien además de José, cuyo trabajo es no saber? ¿Qué estará sucediendo en el Upper West Side, en el apartamento de ellos? ¿Será que le dio la loca y él resolvió confesar? ¿Ella estará haciendo las maletas? ¿Estarán haciendo el amor todo el día para calmar la consciencia de él? ¿Todavía estarán peleando, dando vueltas y más vueltas en torno a las acusaciones y negaciones?

El miedo debe suplantar todas las emociones, sea una vergüenza sofocante o el arrepentimiento, porque, por más loco que pueda parecer, creo que no soy culpable de haber traicionado a mi mejor amiga. Ni siquiera cuando encuentro en el piso el preservativo que usamos. La única culpa real que reconozco es la de no sentirme culpable. Pero voy a arrepentirme más tarde, después que sepa que no corro peligro. Oh, por favor, mi Dios, nunca hice algo así. Por favor, permite que zafe de esta. Estoy dispuesta a sacrificar toda mi felicidad futura. Cualquier posibilidad de encontrar un marido.
Pienso en todos los acuerdos que intenté negociar con Dios cuando todavía estaba en la escuela, creciendo. Por favor, no permitas que me saque menos de B en esta prueba de matemática. Por favor, hago cualquier cosa, hasta prepararle sopa a los pobres todos los sábados en vez de solamente una vez por mes. Buenos tiempos aquellos. Y pensar que una C algún día significó lo peor en mi mundo y mi vida tan organizada. ¿Cómo pude, aunque sea de forma pasajera, haber optado por el camino del mal? ¿Cómo pude cometer un error tan grande, con tanto potencial para alterar mi vida, y hacer algo tan completamente imperdonable?
Llega finalmente el momento en que no logro soportar más. Llamo al celular de Delly, pero entra directo al la casilla de mensajes. En seguida llamo a casa de ellos, con la esperanza que ella atienda. En vez de eso, Peeta atiende. Me retraigo.
— Hola, Peeta. Habla Katniss— digo, intentando sonar natural.
Ya sabes, la madrina de tu boda y la mujer con quien te fuiste a la cama anoche.
—Hola, Katniss- él dice casualmente. — ¿te divertiste anoche?
Por un segundo creo que él está hablando de nosotros dos en la cama y me siento horrorizada con la relajación de él. Pero pronto escucho a Delly en el fondo, pidiendo el teléfono, y me doy cuenta que él solamente está refiriéndose a la fiesta.
—Ah, claro, fue perfecto, una fiesta genial— me muerdo el labio.
Delly ya le arrancó el teléfono. El tono de ella es muy alegre, está completamente recompuesta.

—Oh, disculpa, me olvidé de llamarte. Ya sabes, por un tiempo tuve una situación muy dramática aquí.
—Pero, ¿estás bien ahora? ¿Está todo bien contigo... y con Peeta?
Tengo dificultad en decir el nombre de él. Cómo si de alguna forma fuese a denunciarme.
— Hum, eh, espera un minuto.
Me doy cuenta que ella cerró la puerta, ella siempre va al cuarto cuando habla por teléfono. Me quedo imaginando la cama de ellos con dosel, la cama que ayudé a Delly a escoger. Pronto, muy pronto será el lecho nupcial de los dos.
—Ah, sí, ahora estoy bien. El estaba con Gale, fue sólo eso. Ellos se quedaron afuera hasta tarde y acabaron yendo a tomar el desayuno. Pero por supuesto, entenderás que todavía me estoy haciendo la furiosa. Le dije que es totalmente patético, un tipo de 32 años, de novio, se quede afuera toda la noche. Patético, ¿no te parece?
— Si, creo que sí. Pero sin mayores consecuencias - Trago en seco y pienso, si, aquello no tendría mayores consecuencias. - Bien, me quedo aliviada de que se hayan entendido.

— Si, estamos bien, creo. Pero aún así ... él debería haber telefoneado. No acepto ese tipo de conducta de mierda, ¿entiendes?
— Si— yo digo y después valientemente agrego— te dije que él no te estaba engañando.
—Lo sé... Pero aún así me imagino a Peeta con alguna mujerzuela stripper o algo así. Mi imaginación es muy fértil.
¿Fue eso que lo que la noche pasada representó? Sé que no soy una mujerzuela, ¿pero habrá sido una elección consciente de parte de él ir a la cama con alguien antes de su boda? No, seguramente no. Seguramente él no elegiría a la madrina de su novia.
—En fin, y tú, ¿qué te pareció la fiesta? Soy una amiga tan mala... Me puse borracha y me fui antes. ¡Oh, mierda! Hoy es el día de tu cumpleaños. ¡Feliz cumpleaños! Mi Dios, soy la peor de todas, Kat!.
— Ah, todo fue perfecto. La fiesta fue tan divertida. Muchas gracias por ter planeado todo... me quedé completamente sorprendida... realmente increíble...

Oigo la puerta del cuarto de ellos abriéndose y Peeta dice algo sobre estar atrasados.
— Oh, en verdad tengo que correr, Katniss. Nos vamos al cine. ¿Quieres venir?
— Hum, no, gracias.
— Bien. Pero la cena de esta noche sigue en pie, ¿verdad? A las ocho.
Me había olvidado completamente de los planes para encontrar a Peeta, Delly y Joanna para una pequeña cena de cumpleaños. No existía la menor posibilidad de que pudiese enfrentar a Peeta o Delly esa noche — y con certeza— no a los dos al mismo tiempo. Le digo que no sé si voy a ir, que realmente tengo resaca. A pesar de haber dejado de beber a las dos, agrego, antes de acordarme que los mentirosos suelen ofrecer detalles sin mucha importancia.
Delly no lo nota.
— Tal vez te sientas mejor más tarde... te llamo después del cine.
Cuelgo el teléfono creyendo que fue demasiado fácil. Pero en vez de sentirme aliviada, acabo sintiendo con una vaga insatisfacción, una tristeza, deseando que fuese yo quien estuviese yendo al cine. No con Peeta, por supuesto. Con alguien. Con qué rapidez le doy la espalda a mi acuerdo con Dios. Quiero un marido nuevamente. O por lo menos un novio.
Me Siento en el sofá con las manos cruzadas sobre el regazo, meditando sobre lo que le hice a Delly, esperando que la culpa llegue. No llega. ¿Fue porque estaba alcoholizada? Estaba borracha, fuera de mi sano juicio. Pienso en mi clase de Derecho Penal en primer año de la facultad. Intoxicación, así como infancia, insanidad, coacción e inducción, es una excusa legal, una defensa donde el reo no es imputable por haberse involucrado en una conducta que de otro modo sería un crimen. Mierda. Apenas había sido una intoxicación involuntaria. Bien, fue Delly quien me hizo beber todos esos tragos. Sólo que la presión del grupo no constituye intoxicación involuntaria. Aún así, es un atenuante que el jurado puede tomar en cuenta.
Claro, responsabiliza a la víctima. ¿Qué me pasa?

Tal vez yo simplemente sea una persona mala. Tal vez la única razón para que haya sido buena hasta ahora tenga menos que ver con mi firmeza de carácter y más que ver con el miedo de ser atrapada en flagrante delito. Obedezco las reglas porque tengo aversión al riesgo. Nunca robé en supermercados cuando era adolescente en parte porque sabía que estaba mal, pero principalmente porque sabía que sería la primera persona en ser atrapada. Nunca me copié en una prueba por la misma razón. Hasta hoy soy así, no me llevo nada a casa del estudio porque de alguna forma creo que las cámaras de vigilancia me van me captar. Entonces, si es eso lo que me motiva a ser buena, ¿será que realmente merezco crédito? ¿Realmente soy una buena persona? ¿O solamente una pesimista cobarde?
Todo bien. Tal vez sea una persona mala. No hay otra explicación plausible para mi ausencia de culpa. ¿Le habré hecho esto a Delly a propósito? ¿La noche pasada estuve motivada por celos? ¿Resiento su vida perfecta, la facilidad con que logra las cosas? O tal vez, de forma subconsciente, en mi estado de embriaguez, estaba cobrándome las cosas malas que me hizo en el pasado. Delly no siempre ha sido una amiga perfecta. Lejos de eso. Comienzo a presentar el caso al jurado.

Acordándome de Finnick en la escuela primaria. Me Estoy dando cuenta de una cosa... Señoras y señores del jurado, consideren la historia de Finnick Odair...

Delly Cartwright y yo crecimos como mejores amigas, ligadas por la geografía, una fuerza mayor que todos los otros factores cuando se está en el primario. Nos mudamos a la misma calle sin salida en Naperville, Indiana, en el verano de 1986, justo a tiempo para asistir al desfile del bicentenario de la ciudad. Marchamos lado a lado, batiendo los parches de los mismos tambores rojos, blancos y azules que el padre de ella nos compró. Todavía me acuerdo de Delly inclinándose a mi lado y diciendo: "Vamos a hacer de cuenta que somos hermanas." La idea me estremeció... ¡Una hermana! Y en ese exacto momento fue lo que ella se convirtió para mí. Dormíamos en la casa de una o de la otra todos los viernes y los sábados durante el año escolar y en la mayor parte de los días de la semana durante el verano. Fuimos capaces de captar las manías de las familias de una y de otra, detalles que sólo se conoce cuando se es vecina de puerta de una amiga. Sabía, por ejemplo, que la madre de Delly doblaba las toallas en tres, con toda minuciosidad, mientras veía TV, que el padre de ella tenía una suscripción de Playboy, que golosinas eran permitidas en el desayuno y que las palabras "mierda" y "carajo" no tenían nada de malo. Estoy segura que ella también observó muchas cosas de mi casa, aunque sea difícil decir lo que hace de tu vida una vida única. Compartíamos todo: ropas, juguetes, hobbies, hasta nuestro amor por los Bee Gees, y por los unicornios.
En quinto grado descubrimos a los niños. Lo que me lleva a Finnick, mi primera pasión de verdad. Delly, así como todas las otras niñas de la clase, gustaban de Cato. Yo hasta entendía los encantos de Cato. Me gustaba el cabello rubio que él tenía. Me gustaba también el modo en que el pantalón Wrangler le moldeaba el trasero, un peine negro encajado de un modo estudiado en el bolsillo trasero izquierdo. Y también de su liderazgo en el béisbol — el modo en que él relajadamente y sin ningún esfuerzo golpeaba la bola lejos del alcance de todos en dirección a lo alto, casi verticalmente.

Pero yo adoraba a Finnick. Adoraba su cabello rebelde y el modo en que sus mejillas se ponían rosadas durante el recreo, haciéndolo parecer una pintura de Renoir. Adoraba el modo en que giraba el lápiz número dos entre sus labios carnosos, dejando mordidas simétricas cerca de la goma de borrar siempre que estaba muy concentrado. Adoraba el modo en que se divertía cuando jugaba con las niñas (él era el único niño que jugaba con nosotras— los otros preferían el béisbol y el fútbol). Me encantaba el modo en que siempre era gentil con el chico menos popular de la clase, Rob, un niño terriblemente lelo que tenía el cabello cortado en forma de cacerola.
Delly se sentí intrigada, si no irritada, con mi disidencia, así como también la de nuestra buena amiga Glimmer, quien se mudó a nuestra calle dos años después que nosotras (ese atraso y el hecho que ella ya tuviese una hermana significaban que ella nunca puedo efectivamente igualarse y alcanzar la condición de mejor amiga). Delly y Glim gustaban de Finnick, pero no de ese modo, e insistían en decir que Cato era mucho más bonito y mucho más atractivo... dos atributos que pueden meterte en problemas cuando eliges un muchacho o un hombre — una percepción que ya tenía a los diez años .

Todas nosotras estábamos seguras que Delly se llevaría el gran premio Cato. No solamente porque ella era más lanzada que las otras niñas al dirigirse a Cato, sino también porque ella era la niña más bonita del grado. Con los pómulos sobresalientes, los ojos grandes, armónicos, y una nariz delicada, Delly tenía un rostro que agradaba a todas las edades, aunque en quinto grado nadie supiese decir exactamente qué hace a una persona ser bonita. No creo que a los diez años yo llegase a comprender el significado de pómulos altos y estructura ósea, pero sabía que Delly era bonita y sentía envidia de la apariencia de ella. Glimmer también, y siempre que tenía una posibilidad le decía eso abiertamente a Delly, lo que me parecía totalmente innecesario. Delly ya sabía que era bonita y, en mi opinión, no necesitaba que esa información fuese reforzada todos los días.
Entonces, ese año, en Halloween, Glimmer, Delly y yo nos reunimos en el cuarto de Glimmer para improvisar nuestros disfraces de gitanas - Delly había insistido que sería una excelente excusa para ponernos bastante maquillaje. Mientras ella estudiaba sus aros que imitaban brillantes, recién comprados, se miró en el espejo y dijo:
— ¿Sabes una cosa, Katniss? Creo que tienes razón.
— ¿Razón sobre qué? — pregunté, sintiendo una oleada de satisfacción, imaginando a qué discusión anterior a la ella se estaba refiriendo.
Delly se puso uno de los aros y me miró. Nunca me voy a olvidar de esa sonrisita socarrona en la cara de ella, apenas una leve insinuación de una sonrisa de ironía.
— Tienes sobre Finnick. Creo que también me gusta.
— ¿Qué quieres decir con "me gusta"?
— Estoy cansada de Cato. Ahora me gusta Finnick. Me gustan sus hoyuelos.

Miré a Glimmer en busca de apoyo, de palabras que explicasen que una persona no podía simplemente decidir gustar de otra persona. Pero por supuesto que ella no dijo nada, solamente continuó pasándose el lápiz labial color rubí.
—No te creo, Delly!
— ¿Cuál es tu problema? - preguntó ella. - Glimmer no se enojó conmigo cuando yo gustaba de Cato. Nosotras compartimos a Cato durante meses. ¿No es así, Glimmer?
—Mucho tiempo. Empecé a gustar de él en el verano. ¿Recuerdas? ¿En la piscina? - concordó Glimmer, siempre incapaz de ver el cuadro completo.
La miré, y ella bajó la vista con remordimiento.
Aquello era diferente. Cato era casi de dominio público. Pero Finnick era exclusivamente mío.
Esa noche no dije nada más, pero el paseo por el vecindario en busca de golosinas estaba arruinado. Al día siguiente, en la escuela, Delly le mandó una nota a Finnick, preguntándole si gustaba de mí, de ella o de ninguna de las dos - con cuadraditos al lado de cada opción e instrucciones para que él marcase alguno de ellos. El debe haber marcado el nombre de Delly, porque en el recreo ellos ya se habían convertido en pareja. Lo que significa decir que ellos anunciaron que "estaban de novios ", pero verdaderamente nunca pasaban tiempo juntos, a no ser que uno cuente algunos llamados por la noche, frecuentemente pactados con antelación y con el derecho a que Glimmer estuviese riéndose al lado de ella. Yo me negué a participar o a discutir su nuevo romance.

En mi cabeza, no hacía diferencia que Delly e Finnick nunca se hubiesen besado, o que estuviésemos en quinto grado, o que ellos hubiesen "terminado" dos semanas después, cuando Delly perdió el interés y decidió que volvería a gustar de Cato Newton. O, como mi madre me dijo para consolarme, que la imitación era a más sincera forma de halago. Para mí lo único que contaba era que Delly me había robado a Finnick. Tal vez ella haya hecho eso porque realmente había cambiado de idea respecto a él; fue eso lo que me dije a mí misma para poder dejar de odiarla. Pero lo más probable era que Delly se hubiese quedado con Finnick sólo para demostrarme que era capaz de hacerlo.

Entonces, señoras y señores del jurado, Delly merecía eso. El que las hace, las paga. Tal vez ese sea su castigo merecido. ¿Tal vez?

Me quedo imaginando las expresiones de los jurados. Ellos no están convencidos. Los representantes masculinos del jurado parecen perplejos, como si no entendiesen nada de lo que está siendo dicho. ¿No era que siempre la chica bonita se que queda con el muchacho? Y ese es precisamente el modo en que el mundo debería funcionar. Una mujer mayor, con un vestido discreto, aprieta los labios. Ella está enojada por la simple comparación - ¡un novio comparado con un enamoramiento de quinto grado! ¡Por el amor de Dios! Una mujer impecable, casi bonita, vistiendo un traje Channel, ya se identificó con Delly. No hay nada que yo pueda decir para hacerla cambiar de opinión o para atenuar mi ofensa.

El único jurado que parece sensibilizado por la historia de Finnick es una muchacha gordita, de cabellos bien cortos, color café aguado. Ella de vez en cuando se sube los lentes sobre su nariz. Esa chica está a mi favor, inspiré su sentido de justicia. Ella está secretamente satisfecha con lo que hice. Tal vez porque ella también tenga una amiga como Delly, una amiga que siempre puede todo lo que quiere.

Pienso en el secundario, cuando Delly siguió conquistando todos los chicos que quiso. Puedo verla besando a Brutus cerca de nuestro armario en el pasillo y recordar la envidia que brotaba en mí cuando yo, sin novio, era forzada a presenciar la desvergonzada demostración pública de afecto de los dos. Brutus había sido transferido a nuestra escuela viendo de Columbus, Ohio, en el otoño de nuestro tercer año, e inmediatamente se convirtió en un éxito en todos lados, menos en clases. A pesar de no ser muy brillante, él era la estrella de nuestro equipo de fútbol, el armador titular de nuestro equipo de básquet y, por supuesto, nuestro principal bateador del equipo de beis bol en primavera. Y, con su aspecto guapo de novio de Barbie, las chicas lo adoraban. Cato, dejado de lado.

Sólo que, desgraciadamente, Brutus tenía una novia llamada Enobaria, allá en Columbus, con quien alegaba estar "110% comprometido" (una expresión de la jerga deportiva que siempre me molestó por su obvia imposibilidad matemática). O por lo menos solía estar comprometido, antes que Delly entrase en la historia, después de asistimos a un juego en que Brutus no permitió ningún bateo válido contra el equipo de Central y ella decidió que él tenía que ser de ella. Al día siguiente ella lo invitó a asistir al musical de Los miserables. Era de esperarse que un atleta que practica tres clases de deportes como Brutus no tuviese mucha inclinación por los musicales, pero él aceptó en acompañarla, y con bastante entusiasmo. Después del espectáculo, en la sala de estar de Delly, Brutus le clavó un chupón en el cuello. A la mañana siguiente, una cierta Enobaria de Columbus, Ohio, recibió una tremenda patada en el trasero.

Yo me recuerdo conversando con Glimmer sobre la vida privilegiada que Delly llevaba. Discutíamos el tema Delly con mucha frecuencia, lo que me llevaba a imaginar cuanto ellas chismeaban respecto a mí. Glimmer argumentaba que no era solamente la imagen o el cuerpo perfecto de ella, era también su seguridad, o su encanto. Sobre el encanto no sé, pero, mirando en retrospectiva, concuerdo con Glimmer en cuanto a la seguridad. Era como si Delly tuviese la perspectiva de una mujer de treinta años, sólo que todavía estaba en la secundaria. Tenía la comprensión de que nada de aquello importaba, de que sólo se vive una vez y de que vale la pena ir al frente y luchar. Ella nunca se intimidaba, nunca se sentía insegura. Incorporaba aquello que todos dicen cuando recuerdan los años de la adolescencia: "Si hubiese sabido eso en esa época."

Pero si hay algo que puedo decir sobre Delly y sus enamorados es esto: ella nunca nos dejó de lado por un tipo. Siempre ponía a sus amigas en primer lugar – Lo que es increíble para una chica adolescente. A veces ella llegaba incluso a dejar de lado al novio, pero más frecuentemente solamente nos incluía en sus programas. Formábamos una fila de cuatro en el teatro. El novio de turno, después Delly, Glimmer y yo. Y Delly siempre susurraba sus comentarios en nuestra dirección. Ella era impetuosa e independiente, al contrario de la mayoría de las chicas de la escuela, que permitían que sus sentimientos por un muchacho las devorasen y anulase. En esa época yo creía que ella simplemente no los amaba lo suficiente. Tal vez Delly solamente quisiese mantener el control, y, siendo la persona que amaba menos, era eso lo que conseguía. No sé si ella realmente le importaba menos o solamente fingía, pero sé que tenía a cada uno de ellos a su merced, incluso después de despacharlos. El caso de Brutus, por ejemplo. El está viviendo en Iowa con su esposa, tres hijos, dos perros labradores y todavía le manda e-mails a Delly para su cumpleaños. Eso sí que es poder.

Hasta el día hoy Delly habla con nostalgia sobre los buenos tiempos del secundario. Yo me encojo cada vez que ella dice eso. Por supuesto, tengo algunos buenos recuerdos de esos días y disfruté una popularidad razonable— un buen beneficio adicional de ser la mejor amiga de Delly. Me encantaba ir a los juegos de fútbol con Glimmer, pintar nuestras caras de naranja y azul, estar envuelta en mantas en las tribunas y saludar a Delly mientras ella animaba con las porristas en el campo. Disfrutaba nuestras idas los sábados a la noche a la heladería Colonial, donde siempre pedíamos lo mismo - un sundae de vainilla con salsa de caramelo y chocolate, una torta de caramelo, chocolate y almendras y un brownie de chocolate doble - y después compartíamos todo entre las tres. Y adoré a mí primero novio, Rory, quien me llamó para salir durante nuestro último año. No bebía o consumía drogas y se sentía culpable con sólo de conversar sobre sexo. Delly, quien perdió la virginidad cuando estaba en segundo año, con un español que hacía intercambio estudiantil y que se llamaba Gloss, siempre me daba consejos sobre cómo corromper a Rory. "Le agarras el pene y te aseguro, no puedes fallar." Sólo que yo estaba perfectamente satisfecha con nuestras largas sesiones de toqueteos en la camioneta de la familia de él y nunca tuve que preocuparme por el sexo seguro o con manejar alcoholizada. Por lo tanto, si bien mis recuerdos no eran glamorosos, por lo menos me divertía razonablemente.

Tuve mis momentos malos también: los días en los que el cabello quedaba horrible, las espinillas, nunca usaba las ropas adecuadas, siempre quedaba sin pareja para bailar en las fiestas, no conseguía librarme de exceso de kilos, no era incluida en los equipos deportivos, y perdía las elecciones para tesorera de la clase. Además de una avasallante angustia que iba y venía a voluntad (o, más precisamente, una vez por mes), aparentemente fuera de mi control. Cosas típicas de la adolescencia, realmente. Clichés que le suceden a cualquiera. A cualquier menos a Delly, es decir, Delly que pasó por esos tumultuosos cuatro años de escuela sin sufrir rechazos, sin ser tocada por la maldición del acné adolescente. Por supuesto que Delly amaba la escuela, y la escuela adoraba a Delly.
Muchas chicas con esa visión de sus años de adolescencia solían acabar mal más tarde en la vida. Ellas aparecen en las reuniones de diez años de graduación quince kilos más gordas, divorciadas y nostálgicas de sus días de gloria. Pero la marea de los días de gloria todavía no acabó para Delly. Ella no ha sufrido ninguna gran derrota o decepción. De hecho, la vida sólo se vuelve cada vez más dulce con ella. Como mi madre dijo un día, el mundo come de la mano de Delly. Esa solía ser – y todavía es - la mejor definición. Delly siempre logra lo que quiere. Y eso incluye a Peeta, el novio soñado.

Dejo un mensaje en el celular de ella, que va a estar apagado durante el film. Le digo que estoy demasiado cansada para salir para cenar. Con sólo conseguir librarme de ese programa ya me siento menos enojada. De hecho, de repente, me estoy muriendo de hambre. Busco la agenda y el teléfono para pedir una hamburguesa con queso y papas fritas. Creo que no voy a lograr perder dos kilos hasta el feriado del Día de la Memoria. Mientras espero mi entrega, recuerdo cuando Delly y yo jugamos con la agenda todos esos años atrás, imaginando el futuro y qué traerían los treinta años.

Y aquí estoy, sin mi marido guapo, sin la niñera responsable y sin los dos hijos. En vez de eso, mi cumpleaños más importante está manchado para siempre por un escándalo... Peor no tiene sentido quedarme martirizándome por eso. Aprieto el botón de redial del teléfono y agrego al mí pedido un milk shake de chocolate grande. Puedo ver a la chica gordita en el rincón de la fila de jurados guiñándome el ojo. Ella cree que el milk-shake es una excelente idea. Después de todo, ¿no es verdad que todos tienen derecho a unos minutos de flaqueza en el día de su cumpleaños? ¿Verdad?


Holas, Mil gracias por su apoyo en el primer día… gracias por sus Reviews, los favoritos y bueno…

Gracias Totales!

krystal-esmeralda

Giuly O' Shea Weasley Cullen

Everllarkglee4ever