Jeje ^.^u, aquí un nuevo cap….
Por cierto, advertencia: este fic contiene cierto tipo de maltrato .
Capítulo 2
Los mejores momentos de su vida estaban pasando muy rápidamente pero, ella no se dejaba deprimir por esto.
Las horas pasaron y ellos terminaron de empacar todo lo que necesitarían.
Nana se encontraba arreglando las últimas cosas para su viaje, las visas de los tres miembros de la familia y guardando el poco dinero del cual disponía. Iemitsu no le pasaba mucho dinero al mes, y con lo que tenía, decidía invertir la mayor parte en su pequeño Tsuna. Él debía tener lo mejor aún con lo poco.
Al salir de su casa algo dentro de ella, le decía que no estaría allí en mucho tiempo, como si fuera un adiós permanente, como si nunca fuera a regresar.
Ella decidió ignorar esto y con una gran sonrisa abordo el taxi que su esposo había llamado.
No llevaban muchas maletas, apenas un par, nada de ellos llamaba mucho la atención. Ella siempre había notado que su esposo era muy parecido a un extranjero aun si había nacido en Japón.
Al subir al avión Nana tomo a Tsuna en brazos mientras que Iemitsu simplemente se sentó a su lado y se puso a dormir.
A ella esto no le molestaba, simplemente estaba feliz, sariá la primera vez que saldría del país pero, al despegar el avión, volvió aquella sensación que había tenido frente a su casa. Esto la hizo preocuparse aún más por lo que pasaría pero, aun así nuevamente lo ignoro, nada iba a arruinar aquel hermoso viaje.
Las horas pasaron lentamente en aquel avión, al estar tanto tiempo con el pequeño en sus brazos, estos de adormecieron.
― Cariño, tengo que ir al baño un momento por favor cuida a Tsu-kun unos minutos ¿Sí? ― ella pregunto dulcemente al rubio quien ni la miro ya que estaba con unos lentes de sol encima de su rostro.
Nana fue al baño del avión y pudo lavarse lentamente su rostro, mientras lo hacía, unas lágrimas brotaron de sus ojos pero, ella las ignoro como en aquellos tres años.
Al salir del baño grande fue su sorpresa al ver a su pequeño frente suyo, nadie habían notado la presencia del infante, aquello la tranquilizo unos segundos, tomo al pequeño en sus brazos y se dirigió a su asiento, pero, su esposo no estaba allí, solo habían unas frazadas arrugadas y su bolso. Ella se sentó con su pequeño en brazos y espero a que su esposo regresara…
Pero no fue así, a medida que las horas pasaron su preocupación crecía, hasta que vio a una azafata parada cerca a su asiento, aprovechando esto la llamo suavemente.
― Disculpe pero, ¿No habrá visto al hombre que se sentó aquí?
― ¿Era rubio?
― Sí, parecía europeo.
― Sí, hace un momento el cinturón de su asiento se rompió y le ofrecimos que pasara a primera clase, él rápidamente acepto y se fue sin protestar ¿Era acaso familia suyo?
― Sí, es solo que me preocupe por el hecho de que no regresaba.
― No fue nada…
La azafata simplemente se retiró sin más, dejando a una Nana con una mirada sombría.
― "Que alivio, está bien"
Ella pensó con una sonrisa en sus labios, tras esto, esta desapareció.
El resto del viaje lo pasaron jugando Tsuna y su mamá, ninguno reparaba en que ya eran altas horas de la noche.
Su vuelo llego a Sicilia a medio día. Siendo despertados por una de las azafata Nana y Tsuna despertaron minutos antes de la llegada.
Al bajar del avión perdieron de vista a Iemitsu quien se les había adelantado unos minutos. Nana corrió lo más rápido que pudo con su pequeño en brazos, pero, lo perdió de vista.
Los segundos se volvieron minutos, en los cuales ella buscaba con la mirada desesperadamente a cierto rubio, quedando desconcertada al ver tantas cabelleras rubias allí.
Finalmente decidió ir a la entrada del aeropuerto, al llegar pudo ver a su esposo molesto frente a un taxi.
― Mujer ¿En dónde carajos te habías metido?, llevo esperándote veinte minutos ¿Es que acaso eres idiota para no encontrarme aquí?
Tras esto, molesto se subió al taxi y ella lo abordo de igual manera.
Su paseo continuo callado el resto del trayecto en taxi. Lo fue hasta que llegaron a un pequeño hotel en las afueras de Sicilia.
Al bajar ella pudo notar el extraño aroma del lugar, era un extraña mescla entre cigarrillos y el limpio aire del campo. Claro, aparte de la pólvora y la tierra seca.
Al entrar al hotel se quedó impactada, este estaba muy deteriorado, y la humedad podía sentirse en el aire.
― Espera aquí, tengo que hablar con alguien.
Ella no respondió y se acercó a una de las esquinas a esperar a su esposo quien entro junto a otro hombre en una habitación, tras unos minutos salieron entre risas y se dirigió hacia ella.
― Te quedaras aquí por dos días, no salgas por ningún motivo ¿Entendiste?
Él le pregunto como si fuera un idiota mientras caminaba hacia la salida del hotel.
― ¿Y tú…?
― No te preocupes por mí, te darán tres comidas al día, no salgas…
Recalco mientras salía del lugar, ella se quedó impresionada con esto. Su voz había sido fría y distante como nunca antes.
Él salió del hotel y subió a un auto que yacía frente a este.
Las horas pasaron rápidamente para Nana y Tsuna, quienes estaban asustados ya que en el pequeño hotel se oían gritos, golpes y disparos.
La paciencia de Nana fue puesta a prueba de muchas formas, al igual que su amor por su esposo. Pero, en aquel momento uno de ellos cedió…
En una rápida acción ella tomo a su pequeño en brazos y salió disparada del lugar, no se dio cuenta de lo rápido que corría, ni tampoco de los cuerpos que estaban a sus pies. En ese momento lo único que quería era correr por la vida de su pequeño Tsuna.
Pero, sin querer se perdió… En alguna de las calles de Sicilia, terminando en un pequeño patio, que tenía paredes que lo rodeaban, estas estaban pintadas de un color amarillento, mientras que en el centro había una pequeña fuente.
Camino lentamente hasta que sin darse cuenta, fue divisada por tres sujetos.
Ellos eran jóvenes, altos, y aparentemente no eran buenas personas.
― Beh, guardate quello che abbiamo qui. ― (Vaya, miren lo que tenemos aquí.)
Ellos dijeron en italiano asustando con esto a la joven madre.
― Trascura prezioso, non ti faremo del male... (Descuida preciosa, no vamos a hacerte daño... )
Uno de ellos agrego mientras se acercaban más a Nana.
―Ancora. ― (Aun)
Al decir esto, ellos ya la tenían rodeada y cuando estaban por ponerle una mano en su hombro un disparo los hizo correr despavoridos.
Ella temblaba de miedo, sus ojos estaban cerrados fuertemente. Mientras que sus brazos rodeaban a su pequeño fuertemente.
El silencio fue algo que lleno el lugar, el cual fue roto por el sonido de unas firmas pisadas.
El tiempo se detuvo para Nana,… Tenía miedo, mucho miedo, estaba sola allí, sin nadie a su lado… Sin su marido, el cual juro protegerla todos los días de su vida.
Su mente se apartó del mundo, algo en ella finalmente hizo clic, algo dentro de su alma se rompió y finamente desde muy dentro suyo se escuchó grito de dolor.
Su cuerpo empezaba a temblar, mientras que las lágrimas se desliaban sin parar por su rostro.
Finalmente cedieron sus piernas y cayó al piso de piedra que yacía bajo sus pies. Su pequeño lentamente abrió sus achocolatados ojos, al hacerlo pudo ver entre los brazos de su madre a una persona que se les acercaba lentamente, este estaba siendo cubierto por la luz del sol.
Lentamente el pequeño logro zafarse del agarre de su madre, la cual se quedó inerte.
El pequeño se puso frente a su madre y extendió sus brazos, tratando de protegerla.
Aquel hombre se detuvo frente a ellos, llevaba un traje crema, al cual acompañaba su cabellera rubia. Éste se agacho frente al pequeño.
Tsuna se quedó mirándolo a los ojos, a esos verdes orbes cansados. Tras unos minutos el pequeño le dio una sonrisa, la cual el mayor respondió de igual manera.
Aquel hombre miro a Nana, quien seguía tiesa. Al verla su rostro se tornó compasivo y suave.
Se quitó su saco y lo puso lentamente sobre los hombros de la castaña, quien al sentir el calor de este despertó, sus dulces y aterrados ojos se encontraron en aquel momento con los de este hombre.
Nuevamente el silencio envolvió el lugar, este fue ocasionado cuando ambos se miraron. Él estaba impresionado al ver aquellos ojos marrones, aquellos que nunca imaginó ver en toda su vida; mientras que ella quedo perdida en aquellos orbes verdes, aquella mirada llena de compasión y asombro junto a una esencia de paz y tranquilidad.
En aquel momento ninguno emitió palabra alguna, mientras que el pequeño Tsuna quedo confundido ante esta escena.
Solo una fuerte brisa pudo despertarlos de este aparente trance en el que se encontraban inmersos. Nana se levantó lentamente mientras sostenía con ambas manos el abrigo que llevaba en sus hombros.
Aquel hombre le dio una cálida sonrisa junto con una pequeña reverencia, ella algo nerviosa hizo lo mismo.
Ambos estaban sonrientes mientras que el pequeño solo veía intrigado a aquel hombre quien había logrado hacer que su madre se comportara de esa manera.
― Buon pomeriggio, bella signora.― (Buenas tardes, bella dama)
Él se presentó con una calmada y pacifica voz. La cual ella noto rápidamente haciendo que un pequeño sonrojo apareciera en su rostro, al darse cuenta que no entendía lo que él le estaba diciendo.
― Gomennasai, watashi wa Itaria-go o hanasu koto wa nakatta. ― (Lo siento mucho, yo no habló Italiano.)
Fue aquello que salió de sus labios. Haciendo que él, solo asintiera con la cabeza y tomara una bocanada de aire para responderle. (A partir de aquí ya no es necesario poner dos idiomas)
― No se preocupe, por aquello… Por cierto es un honor conocer a tan bella dama.
― Oh… Gracias.
Nana no pudo evitar tornar su rostro más rojo de lo que estaba, nadie antes había logrado que se pusiera así, ni siquiera su esposo…
― Estas calles son peligrosas a todas horas, debería tener más cuidado ¿Viene de Japón?
― S-Si, llegue hoy junto a mi pequeño y a… Mi esposo.
Esto último lo pronuncio con tristeza y decepción, lo cual noto él al instante y al ver lo que había hecho opto por cambiar de tema.
― Entonces ¿Se está hospedando en algún hotel?
― Sí, pero… No podemos regresar….
Esto lo dijo más deprimida aun, su voz parecía que iba a quebrarse cuando…
― Mamá…
El pequeño Tsuna intervino para recibir la mirada de los dos mayores.
― Hambre…
Ella sonrió dulcemente y lo tomo en sus brazos.
― Descuida Tsu-kun, cuando encontremos a papá podremos comer algo…
La voz de Nana sonaba triste pero, en ella había algo de preocupación, la cual Tsuna no noto pero, aquel hombre si pudo hacerlo.
― Si desea, me gustaría invitarle algo, ya es tarde y conozco un buen lugar para comer.
Él lo dijo suavemente para así no ocasionar ningún mal entendido con la joven mujer.
― Gracias por su invitación pero, debe buscar a mi esposo…
Nuevamente su voz empezó a apagarse al mencionar a aquella persona, y como una gran sorpresa también su estómago dio un pequeño rugido. Tras esto la cara de la castaña estaba roja de vergüenza.
― Entonces, ¿Vamos? ― dijo él, con un tono divertido junto a una gran sonrisa.
― Bu-Bueno…
Ella sin poder rechazar la oferta lo acompaño. Ella no lo noto pero, había frente a ellos un moderno y lujoso auto negro.
Un hombre de contextura promedio que llevaba un traje negro les abrió la puerta, este, hizo pasar primero a Nana para luego ver como el rubio se sentaba a su lado.
― ¿Dove signore?―(¿A dónde señor?) pregunto el chofer.
― Noi casa Sicilia ― (Llevamos a la casa de Sicilia)
Tras esto el auto tomo rumbo a la ciudad. En el camino Nana se sentó en silencio mientras que su pequeño miraba por la ventana el hermoso paisaje.
― Por cierto no me he presentado, discúlpeme, mi nombre es…
