Capitulo 3
El viaje fue tranquilo y silencioso, su mirada y presencia eran cálidas y no podía negarlo. Al igual que la extraña sensación en su pecho.
La escena era hermosa, el pequeño Tsuna miraba maravillado por la ventana del automóvil. Mientras que ambos mayores lo veían con una gran sonrisa en sus rostros.
El pequeño estaba sonriéndoles, sus pequeños ojos castaños eran muy dulces, tal como los de su madre. Él se había dado cuenta de eso.
AL llegar al restaurante, llamaron las miradas de todos los comensales, quienes al recibir una mirada sebera del rubio dejaron de mirarlos.
El ambiente era agradable, la música de los violines y piano. Junto con el dulce aroma de las rosas que adornaban el lugar.
Nana estaba absorta por todo aquello, nunca había ido a comer a un restaurante tan elegante, Iemitsu nunca la había sacado de casa sino era a un bar. Aquel era un sueño cumplido.
Mientras ella admiraba con su pequeño el enorme recinto, el rubio hablo con el encargado del lugar.
― No deseo que los demás comensales hagan incomoda mi velada.
― Sí, así será señor Cavallone.
― Gracias ― dijo antes de ir junto a nana hacia una de las mesas que se hallaban junto al jardín.
Cuando se sentarse Tsuna empezó a escudriñar el menú cuidadosamente, pero, al no saber leer italiano se valió por las imágenes que este contenían.
― ¿Mamá, qué es eso? ― pregunto Tsuana en japonés.
― Eso es…― Nana pensaba en aquello pero, no podía recordar el nombre de ese platillo.
― Eso es Lasagna, es un plato en base a fideo, carne molida y salsa de tomate. ¿Te gustaría probarla? ― le pregunto al pequeño en japonés.
― Sí, muchas gracias― respondió feliz el pequeño con una sonrisa en sus labios.
― Le recomendaría el espagueti, en este lugar hacen el mejor de toda Sicilia― dijo cortésmente a Nana.
― M-Muchas gracias, señor Cavallone.
― No, por favor. Llámeme Leo. Me sentiría el hombre más dichoso del mundo si así fuera. ― expreso mientras extendía levemente su mano hacia ella.
― P-Pero, eso no es correcto… ― respondió ella avergonzada.
― ¿Entonces me permitiría llamarla Nana-San?
― Claro… Leo-San…― terminó por ceder la joven madre.
― Muchas gracias Nana-san, eso me hace muy feliz ― termino de decir el rubio mandándole una caída mirada.
Nana permaneció sonrojada por mucho tiempo, cuando el mesero trajo la comida agrego una gran botella de champaña.
Sorpresivamente Leo devolvió la botella alegando que no bebía, eso ocasiono una sonrisa en el rostro de la castaña.
El resto de la velada fue tranquila, Tsuna comía feliz recibiendo la atención de ambos mayores la mayor parte del tiempo. Mientras que sus comentarios y preguntas ocurrentes los divertían.
Tras dos horas de comer y hablar. Llego el momento que Leo quería evitar, pero, no podía librase tan fácilmente, tendría que llevarlos de vuelta a su hotel. Pero, gracias a que convenientemente Nana no sabía la dirección y no recordaba la fachada del lugar.
― Nana-san ¿Le gustaría hospedarse en mi casa esta noche, le preparare una habitación privada para usted y Tsuna?
― Muchas gracias por la oferta pero, eso sería abusar de su hospitalidad. ― menciono apenada ella.
― Sabe, aquí en Sicilia es buena fortuna que alguien aprecie un gesto de amabilidad, ya que nos hace sentir que somos buenos lugareños ― respondió con un toque de gentileza en sus labios.
Un silencio incomodo empezó a crecer entre ellos hasta que el pequeño moreno soltó un pequeño bostezo.
― Mamá, tengo sueño….
― Tsu-Kun,… ― ella empezó a considerar lo que haría, ya eran casi la seis de la tarde, y no tenía donde pasar la noche. No tenía miedo, al contrario quería ir con él pero,… No era correcto.
Su mente estaba debatiendo cruelmente sobre qué hacer hasta que finalmente recordó…
"Te quedaras aquí por dos días…."
― Creo que… Si no soy una molestia no puedo negarme ― ella respondió nerviosamente.
