Disclaimer: Los personajes originales le pertenecen a Arthur Conan Doyle, esta versión le pertenece a Steven Moffatt y Mark Gatiss.


NdT: Acá el segundo capítulo, espero que les guste! Al final puse dos notas por si hay dudas en algunas palabras que señale con asteriscos (*).


Capítulo 2: Necesario y suficiente


—¿Mi beneficio? —pregunta John—. Eres un arrogante, ¿lo sabías?

—Ha sido mencionado.

—¿Ese fuiste tú viniéndote hacia mí? No en el doble sentido de justo ahora, si es que eso fue lo que era, sino toda esa… ¿demostración?

Sherlock examina a su compañero de piso con curiosidad no disimulada.

—Si lo fuera, ¿funcionaría?

John frota una mano por su cara, luego se va a sentar en la mesita de café, a un brazo de distancia de su compañero; quien aún está relajado en lo que parece ser una neblina post-coital en el sofá. John bufa. Por supuesto. No es como si Sherlock fuera hacerse a un lado y compartir espacio en el sofá.

—Puede que sí. Simplemente… creo que necesitamos hablar.

—Oh, glorioso —gime Sherlock, pateando el apoyabrazos. La mirada en su rostro dice: "Las personas no hacen más que eso."

—No me "oh, gloriosees". ¿Qué es lo que quieres?

Sherlock fija a John en una mirada de plata.

—Pensé que eso era obvio.

—No, para mí no lo es. Me dijiste donde Ángelo que no estabas buscando nada.

—No lo estaba. Realmente. John. ¿Porque alguien confundiría "no estaba buscando nada" con "no he encontrado nada"? Lógicamente hablando, las dos no son mutuamente necesarias y suficientes. No estaba buscando 50 libras en la escalera, pero las encontré de todas formas.

—Cierto. Está bien. Y ahora tú me encontraste a mí.

—Sí —Sherlock empuja el pecho de John con un largo y delgado dedo. John lo mira, perplejo—. Por el amor de Dios, ¿tengo que explicarte todo? Tú la traes —aclara Sherlock—. Tú la llevas. Te encontré, ahora es tu turno.

—Creo que estás mezclando "Tú las traes" con las escondidas.

Sherlock rueda sus ojos.

—Irrelevante.

—Es sólo que… ¿qué es lo que quieres? Y no me digas que ya pregunté, porque no me respondiste. ¿Quieres que continuemos como estábamos, contigo robando mis cosas, y yo haciéndote té y gritándote? ¿Quieres que me acueste junto a ti y acaricie tu cabeza, y elimine cosas aleatoriamente? ¿Quieres que…?

La voz de John se desvanece, porque no puede atreverse a decir: "¿Quieres que te folle?" a este hombre, ahora mismo, ni mucho menos quitarse el peso de encima del definitivo y alentador: "¿Quieres hacer el amor?". En cambio, aprieta su mandíbula y traga saliva.

—Todas son ideas interesantes, sobretodo la última. ¿Porque no las pruebas y vemos?

—Porque, Sherlock, si las cosas no funcionan va a ser muy difícil regresar a la forma en que estamos ahora. Y la forma en la que estamos ahora es... buena.

Sherlock alza una ceja.

—¿No es "extraordinaria"?

—Está bien. Lo que tenemos ahora es extraordinario. Es excitante y exasperante, y funciona. Y no quiero cambiarlo por un polvo duro encima de la alfombra oriental —no obstante, John pudo sentir sus ojos ponerse vidriosos al pensar en ello.

¿Quién estaría arriba? Sherlock, probablemente, el estúpido insistente. Si se retuerce y es lo suficientemente ruidoso como para que los vecinos lo escuchen durante su mantenimiento básico cerebral, ¿cómo será cuando esté totalmente en celo? John se toma un momento en imaginar cómo se sentiría tener a Sherlock entrando en él, montándolo (oh sí, por favor, joder, sí, simplemente sí a todo, sí), viniéndose duro y rápido dentro suyo, gimoteando su nombre.

—Siempre queda la mesa de la cocina —dice Sherlock, mirando su boca. John se da cuenta que durante su rápida visita a la tierra de OhfóllameSherlock, dejó que su lengua se asomara entre sus labios. Con rapidez, la retrae.

—Dime que no sabes todo lo que estoy pensando —se queja.

—Casi todo. Lo veo escrito encima de tu cabeza en una variedad de fuentes sans-serif contemporáneas.

—Idiota —dice John, cariñosamente—. Probablemente lo haces —estudia el rostro angular de su compañero de piso—. ¿Has estado con un hombre antes?

Abruptamente, Sherlock rompe contacto visual. Luego jala su bata de vestir con fuerza alrededor de sus hombros y lo mira fijamente.

—¿Qué importa eso?

—Solamente estoy pregun...

—¿Lo has hecho ? No, no respondas eso. Sé que no. Siempre han sido mujeres. Prácticamente puedo olerlas en ti.

—Gracias, Sherlock, por esa imagen encantadora.

Sherlock tuerce su cadera, como si fuera a darle la espalda a John, pero John lo toma de la muñeca y lo detiene.

—No.

—¿No qué? —Sherlock se ve demasiado sorprendido como para forcejear.

—No te voltees a un lado y entierres tu cabeza en los cojines como si estuvieras ignorándome, cuando en realidad sólo estás buscando una excusa para mostrar tu magnífico culo.

—Hmph.

—Efectivamente, hmph.

Una pausa.

—¿Realmente crees que es magnífico?

—Obviamente. ¿No puedes verlo escrito en fuente Johnston Underground encima de mi cabeza en tamaño 64 con corrección o algo por el estilo?

—Entonces no eres completamente heterosexual.

John libera las muñecas de Sherlock.

—Aparentemente, no —dice—. O si lo soy, será mejor que alguien se lo diga a mi pene —estaba dolorido por desear a Sherlock gran parte de la noche, y todavía se sentía pesado y duro por el deseo. Si no estuviera apuntando hacia arriba, haría un bulto admirable.

—Hmm —Sherlock cruza los brazos sobre su pecho ceremoniosamente. Claramente, divirtiéndose—. Creo que ahora sería un buen momento, como cualquier otro, para que empieces un discurso adicional más sobre las cualidades de mi culo.

John bufa.

—Por supuesto que te gustaría eso. Gilipollas narcisista.

—John —dice Sherlock, indulgente—. Podemos hablar de mi polla después de que la hayas visto. Discutamos una parte del cuerpo a la vez.

John arruga sus ojos cerrados. En el interior de sus párpados están flotando pixeles, y cuando se unen, forman las palabras: "No es posible que esta sea mi vida". Cuando abre sus ojos, Sherlock sigue allí, mirándolo como si fuera un tipo de pista especialmente brillante.

—Bien. Está bien. Es pomposo —respira John—. Ridículamente pomposo. Alguien con tu tipo de cuerpo, huesos, articulaciones y ángulos, no tiene porqué tener un culo así —Dios le ayude, no pudo evitar señalar con una mano el tema de conversación.

—¿Realmente crees eso?

—Sabes que sí. Es obsceno. Es como algo salido de un vídeo de Sir Mix-A-Lot —John ve a Sherlock mirarlo fijamente y se esfuerza en reorganizarse—. Olvida eso; no es importante. Sólo tómalo como un cumplido.

—Mmm.

—Además la forma en la que te vistes no ayuda.

—¿Cómo me visto? —pregunta Sherlock con inocencia.

—Sabes perfectamente bien como te vistes. ¿Cómo le llamas a esto? —John se estira y sostiene un lado de la tela azul.

—Es una bata de vestir.

—Sí, bueno, los hombres no se visten así. Al menos, de donde yo vengo, no; o nunca me hubiera quedado heterosexual durante tanto tiempo. ¿Supongo que es simple coincidencia que sea brilloso, bonito, capture la luz y se aferre a tu cuerpo cuando te mueves?

—Posiblemente.

—Sí, claro. Y por supuesto, tiene que tener rayas, sólo en caso de que tu culo no se viera ya lo suficientemente extravagante. Sherlock, te lo aseguro, la última cosa que tu extremadamente exuberante trasero necesita es un agrandado óptico con bandas laterales decorativas. Cada vez que te molestas y te retuerces haciendo pucheros y la tela se contonea en el sofá, tengo que irme del apartamento sólo para evitar hundir mis dientes dentro de él.

—Ya veo —dice Sherlock, frunciendo el ceño—. ¿Solamente tus dientes?

—Además —dice John, su voz conspiradora y baja—. La evidente prenda para orgías que traes encima, viene incluida con una útil cuerda para bondage, en caso de que desee amarrarte y usarte al lado de la chimenea.

—Técnicamente, es un cinturón.

—Técnicamente, ¿realmente te importaría?

—Probablemente no.

—Me lo imaginaba. Sólo mírate. El cerebro tan grande como una gigante roja* y te vistes como una puta barata —las palabras son duras, pero la voz de John es admirable.

Sherlock exhala un poco de aire por la nariz, ofendido.

—No estaba consciente de que Dolce & Gabbana se viera barato.

—Oh, cierto, tu ropa que usas en el día. Discutamos eso también, ¿vale? Esos jodidos jeans negros que parecen tatuados. Esa apretada camisa púrpura que muestra tus pezones cada vez que abres la puerta de la nevera. No me mientas, sabes lo duros y apretados que se ponen cuando tienes frío. Y luego tengo que sacar mis ojos de tu pecho porque me estás mirando extrañamente, y lo siguiente que sé, es que estoy comiéndome con los ojos tu trasero nuevamente.

Sherlock parpadea.

—Dr. Watson, tienes una exquisita… boca sucia.

—Citando a un amigo: "Ha sido mencionado". Y eso no es solamente para lo que es buena.

—¿Cuánto ganan los operadores de sexo telefónico? Porque estás absolutamente siendo un desperdicio como médico.

—Gracias. Creo.

—Una pena, de verdad.

—Sí, es una pena, está bien —dice John. Está en modo indeciso ahora; se sube encima de su compañero de piso y lo sostiene de los hombros—. Una pena que voy a meterte en mi garganta en 30 segundos y estarás gritando tan fuerte que las parejas de casados asomaran sus cabezas por la esquina y te pedirán prestado a ti y a un frasco de Marmite. Y entonces, toda la clientela de Speedy hará cola en el pasillo, esperando recibir un poco de lo mismo, y no habrá suficiente; porque no te voy a compartir, Sherlock. Si me dejas tenerte, no compartiré ninguna parte tuya, ni ahora, ni nunca.

Los dos hombres se quedaron mirándose, jadeando y presionados el uno contra el otro. John retira el cinturón de la bata de su compañero, pero Sherlock imita los mismos movimientos de hace unos minutos de John y lo toma por las muñecas, deteniéndolo.

—No, una lástima que nuestro tiempo haya acabado. Vamos a salir.

—¿Qué carajos?

—Julien nos espera —Sherlock pronuncia el nombre con un pequeño gemido francés al final. Naturalmente, su acento es perfecto—. Bueno, me espera a mí, en verdad; pero te llevaré.

—¿Quién mierda es Julien? —John descubre que se vuelve incluso más insultante de lo habitual cuando su compañero de piso le pone las bolas de color azul*.

Tuvimos treinta minutos, John. Tú fuiste quien quiso gastarlos hablando. Es mi trabajo como tu futuro compañero sexual obligarte, ¿no es así? Ahora ve a ponerte algo más adecuado.

—¿Qué está mal con este suéter?

—¿Qué está bien con él?

John no alcanzó el rango de capitán en el Cuerpo Médico de la Armada Real sin aprender a elegir sus batallas.

—Está bien. Dejemos de criticar mi armario, ¿sí? Iré, pero necesito que te des cuenta de dos cosas. Primero, eres ridículamente molesto.

Sherlock parece ver aquello como un cumplido.

—Apuntado.

—Y segundo —dice John, su boca cerrándose en la oreja de Sherlock—. Te haré pagar por esto.

Lo que había sido una sonrisa de lado se convierte en una sonrisa depredadora.

—Estoy contando en ello.


Gigante Roja: Estrella gigante de masa baja o intermedia.

Bolas azules: Jerga utilizada para referirse a la próstata congestionada, que a menudo se acompaña de dolor testicular agudo debido a la excitación sexual prolongada e insatisfecha.