Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a lovelovelove22, yo sólo me adjudico la traducción.


BPOV

Me quedé mirando fijamente la pantalla en blanco delante mío, esperando que alguna clase de inspiración mágica brotara de la punta de mis dedos y llenara la pantalla con palabras.

No tuve tal suerte.

Había estado sentada en el escritorio de mi pequeña sala de estar casi toda la mañana, no había escrito nada remotamente decente. Por desgracia, mis pensamientos se las arreglaban para desviarse hacia Edward. Era ridículo; había conocido al hombre por, literalmente, dos segundos y ya estaba encaprichada con él.

Pero, ¿quién podía culparme? Era el espécimen masculino más perfecto que había visto; con labios gruesos, nariz recta, mandíbula cincelada, y ese cabello broncíneo deliciosamente revuelto… me estaba volviendo loca de sólo pensar en él.

Frunciendo el ceño nuevamente hacia la pantalla en blanco de mi computadora, suspiré y me puse de pie, estirando los brazos sobre mi cabeza. Ahora, era un buen momento como cualquier otro para almorzar. Atravesé la sala de estar, esquivando el sofá-cama en el cual dormía y evadiendo las pilas de cajas que abarrotaban el pequeño espacio.

Una vez que llegué a la cocina, revolví los armarios en busca de algo para comer. Bajé mi brazo luego de buscar en el estante superior de un armario y sentí cómo la esquina puntiaguda hacía un corte limpio en mi brazo, y el olor nauseabundo de la sangre penetró mis fosas nasales casi al instante.

Eché un vistazo rápido de mi brazo sangrante y requerí de todo el control del mundo para no desmayarme o vomitar. El corte se veía imposiblemente profundo, extendiéndose unos centímetros por la parte superior de mi brazo. Y, oh dios, dolía.

Comencé a pensar a toda velocidad, rápidamente encontré una vieja sudadera, la envolví firmemente alrededor de mi brazo. Agarrando mis zapatos y las llaves, salí corriendo de mi departamento con mi brazo aún palpitante.

Justo cuando llegué a los ascensores, escuché pisadas detrás de mí.

"Oh, ¿no eres tú-" Giré mi cabeza para verlo a él parado a mi lado, aparentemente también necesitaba utilizar el ascensor. Sus ojos verdes se abrieron como platos cuando vio mi brazo, y me sonrojé sin poder evitarlo. "Mierda, ¿qué le pasó a tu brazo?" Preguntó, tocándome con delicadeza mi brazo herido a través de la sudadera en la cual lo había envuelto.

"Me corté con el armario de mi cocina." Admití, apretando mis dientes y rezando para que el ascensor se moviera más rápido. Mi brazo se sentía como si estuviera en llamas.

"Déjame ver." Me ordenó, y sacudí mi cabeza, no queriendo ver el corte de nuevo. "Soy doctor Bella, déjame verlo." Suspiré y con reticencia quité la sudadera, aguantando mi respiración y cerrando los ojos fuertemente.

Edward inhaló un poco y sentí sus cálidos dedos investigar suavemente mi brazo. Siseé un poco por el dolor, y susurró, "Lo siento." Luego de unos segundos, volvió a hablar. "Sabes, esto en realidad no es demasiado profundo, podría cocértelo aquí mismo." Ofreció, y mis ojos se abrieron de golpe.

"¿Aquí?" Dije con voz ronca, aún con un poco de nauseas.

"Sí, aquí." Dijo Edward, con impaciencia. "Vuelve a tu departamento y deja la puerta sin llave; iré a buscar mi maleta al auto." Obedecí sin pensarlo, tropezando hacia mi departamento y dejando la puerta sin cerrar.

Me dejé caer en el sofá, haciendo una mueca cuando el áspero material de la sudadera rozó contra mi brazo.

Edward estuvo de vuelta en lo que pareció un minuto, trayendo un maletín negro profesional con él.

"Sostén tu brazo." Indicó, y extendí mi brazo que aún sangraba. Sacó una tira de tela blanca y realizó un torniquete mientras cerraba mis ojos fuertemente y mordía mi labio. No abrí mis ojos mientras escuché a Edward hurgar en el maletín, y no me atrevía a hablar; no quería distraerlo. Traté de mantener la calma mientras él lentamente cocía mi brazo después de esterilizarlo; pero la sensación, ciertamente, no era placentera.

Pasó lo que parecía una eternidad, hasta que Edward vendó con delicadeza mi brazo. "Mejor." Murmuró, y abrí mis ojos lentamente para examinar mi brazo, ahora vendado. "Es posible que quieras ponerle hielo después." Agregó, poniendo todo de nuevo en su maletín médico.

"Muchas gracias." Me sonrojé, mirando a mis pies. "Me lastimo muchísimo, y acabas de salvarme de hacer otro viaje al hospital." Edward sonrió, y casi me desmayo. Tenía la sonrisa más hermosa que jamás había visto.

"Me alegro de poder ayudar." Dijo en voz baja, una sonrisa jugando en sus labios rosados. "Sólo cuídate, ¿si? Eso es todo lo que puedo pedirte." Edward se puso de pie y lo seguí, acompañándolo a la puerta.

Sonreí, todavía sonrojada de un rojo brillante, y asentí. "Bueno, si alguna vez necesitas algo más de mi, no dudes en pedirlo." Vaciló por un momento con su mano en el picaporte, sus ojos más brillantes que de costumbre.

"De hecho, hay algo más que podrías hacer por mi." Murmuró en una voz baja y sexy.

"¿Qué?" Pregunté, sintiendo repentinamente como si no pudiera respirar.

"Ven a cenar conmigo mañana por la noche."


Nota de traductora: Aish, es tan ¡lindo! No las voy a dejar esperando mucho por saber cómo sigue, lo prometo. Lo más probable es que mañana suba el otro. Otra cosa que prometo es no pedir cierta cantidad de reviews hasta, al menos, el capítulo 10. Aunque no es lo mismo, me alegra saber que a tantas les gusta esta historia como para ya agregarla a Favoritos o ponerla en Alert :)

Me voy a traducir el capítulo de You've Got Mail (la tablita sigue jugándome en contra xD) que, aviso, lo publico mañana.

Saludos,

Mar.-