Disclaimer: Los personajes originales le pertenecen a Arthur Conan Doyle, esta versión le pertenece a Steven Moffatt y Mark Gatiss.


NdT: Espero que les guste este capítulo, es probable que la próxima semana no actualice por las fiestas, (hoy me costó mucho actualizar! pero acá tienen)


Advertencia: Aquí tendremos a hombres un poco borrachos. Si los tipos que se insinúan cuando están borrachos ofenden tus creencias de dudosa procedencia, probablemente no quieras leer esto.


Capítulo 4: Un cabello que da pelea y un tipo duro pero encantador

Sherlock suspira.

—No trates de deducir, John. Eres mediocre cuando lo haces durante tus mejores momentos, y peor aún cuando estás enfadado.

"Mediocre", es probablemente la mejor cosa que Sherlock ha dicho sobre las habilidades de deducción de alguien, así que John hace su mejor esfuerzo para ser comprensivo. A veces, cuando el alcohol está en el medio, John no es tan bueno en eso.

—Escucha, estúpido arrogante —sisea—. No seas condescendiente conmigo en público en este momento, o yo seré quien haga mediocre a tu culo hasta que tu próstata explote.

—¿Es eso una promesa? —sisea Sherlock en respuesta—. Porque créeme, me encontrarás muy dispuesto a ello.

Oh, Dios. ¿Por qué me pongo duro cada vez que el presumido y despistado de mi compañero de piso habla así? La próxima vez dirá que estará muerto de agradecimiento, y tendre que follármelo hasta la inconsciencia contra la bandeja de queso Camembert.

—Así que Julien no es tu novio, entonces —dice John—. O una cosa a la que regresarás al minuto que te saque la pierna de encima.

Sherlock se encoge de hombros.

—Es un conocido. Obviamente.

Sus pupilas están dilatadas, sin embargo John no puede saber si es porque está excitado o por la oscuridad que hay debajo de la escalera.

¿De verdad se está… sonrojando? No, no es posible. Este hombre no se sonroja. Debe ser a causa de las sombras.

—Sí, obviamente —replica John—. Sherlock, tenía sus manos totalmente sobre ti.

—Tú también —dice Sherlock, alzando una puntiaguda ceja en dirección a su cintura, en donde John aún estaba aferrado como una lapa. Si esto es una indirecta para que lo soltase, el doctor no la toma en cuenta. En todo caso, se aferra con más fuerza.

—Lo conocí en la universidad —dice Sherlock.

—¿Y esa cosa que hizo al final tocando tu cabello? —indica John, estimulado por la falla de su compañero de piso al no contar detalles—. ¿Qué fue eso?

—Dice que tengo un cabello que da pelea. Que aún lo tengo —aclara Sherlock.

—¿Qué?

—Es una expresión francesa. Significa que tu cabello… sobresale —Sherlock pasa una mano a través de sus rebeldes rizos—. Revoltoso. Como si hubiera estado en la guerra.

La incredulidad inunda a John como una ola.

—¿Quiere decir que luce despeinado como si recién te hubieras despertado?

—Por así decirlo.

—Dice que aún luce como si recién te hubieras despertado —corrige el doctor, entrecerrando sus ojos—. Sherlock, ¿cuando fue la última vez que te vio en una cama?

—Nunca te pones así de gruñón por un comentario cuando estás completamente sobrio —espeta Sherlock—. Pero sí, solíamos dormir juntos. No, ya no lo hacemos más. Además, tus uñas están haciendo hendiduras en mi cadera.

John suelta un poco su agarre, de tal manera que ya no es lo suficientemente fuerte como para sacar sangre.

—¿Cuándo estabas en la universidad... —empieza, no sabiendo cómo terminar la pregunta.

—¿Sí?

—¿Julien se aprovechó de ti?

El rostro de Sherlock es indescifrable.

—No.

—¿Lo hizo? Porque te juro que le cortaré la yugular si lo hizo —John considera romper una botella de Château d'Yquem contra la mesa y rebanar a Julien con el filo.

Sherlock gimotea.

—¿Puede satisfacer mi curiosidad sobre algo, doctor? ¿Alguna vez hiciste el juramento hipocrático? ¿O simplemente moviste la boca cuando todos los demás lo dijeron?

—Simplemente moví mis labios. ¿Te hizo daño? No me refiero a esta noche. ¿Alguna vez te hizo daño?

—No —dice Sherlock, irritado—. Maldición, John, ¿qué te pasa? No estoy acostumbrado a estar en el extremo pequeño del microscopio.

John se permite hacer una última pregunta.

—¿Qué te susurró? Cuando dijiste: "No en ese sentido".

—Insinuó que estaba volviendo a ser el mismo de siempre.

—¿A qué se refería con eso?

—Estaba refiriéndose a ti. Creo que el término exacto que usó fue: "un tipo duro pero encantador". Como todos los demás en Gran Bretaña, cree que estamos follando, y ya te aclaré que desearía que así fuera. Ahora, si me sueltas, iré a por algo de beber.

John mira, anonadado, como Sherlock se dirige al bar. No es que esté sorprendido que todavía otro miembro de la Unión Europea piense que él y Sherlock están teniendo algo. Es que nunca nadie lo había llamado a él, John Watson, cirujano brillante y veterano condecorado, un tipo rudo pero encantador. O, mejor dicho, "el tipo que le gustan a Sherlock". Por un momento, John está silenciosamente emocionado.


—Estás borracho —dice John una vez que el taxi los ha dejado en Baker Street. Están presionados contra una pared en el pasillo, riéndose como monos.

—No lo estoy —dice Sherlock con la pronunciación impecable—. Ceceo cuando estoy borracho. Actualmente, estoy insoportablemente sobrio.

John procede a reírse, literalmente, hasta casi enfermarse. Se agarra débilmente su estómago.

—Detente… mi estómago… por favor, detente. ¿Ceceas cuando estás borracho? Oh Dios, Dios. Estás enojado ahora, pero recuérdame restregártelo en tu cara. Venderé entradas en frente de Scotland Yard.

Sherlock le da a su compañero de piso una sonrisa divertida.

—Realmente, John. Si alguien aquí está borracho, ese eres tú.

—Eres increíble. Simplemente increíble. Tus palabras incluso se vuelven más largas cuando has tenido un par de copas. No, no estoy borracho. Mi última bebida fue hace horas. Tú empezaste a beber justo al final.

Suben las escaleras y entran al apartamento. Sherlock colapsa en el sofá, y John colapsa encima de él.

—No te voy a follar esta noche, ¿sabes? —dice John, su cabeza contra el hombro de Sherlock.

Sherlock se tensa.

—¿Por qué no?

—No tengo ganas. Ha sido una larga noche, y estoy cansado y enojado —John no puede evitar murmurar en voz baja—. Debiste haber tenido algo en Hampstead mientras podías. Estoy seguro que te hubiera dejado sostener la estaca de Oliver Cromwell mientras te lo hacia contra el Aston Martin.

Sherlock se ve vagamente horrorizado.

—¿Aún estás molesto por eso? Ni siquiera estoy pensando en él. Estoy pensando en ti, idiota.

—Sí, claro —gruñe John, cediendo a un momento de amargura—. Vamos, ve a acostarte en una tina repleta de caviar de Beluga y dale una llamada para tener sexo. Estoy seguro que sus hijos serán hermosos. De verdad. Tan sólo los pómulos son…

—John, difícilmente creo que…

—Por el amor de Dios, sé que no es biológicamente posible embarazar a otro hombre por vía sexual. Sé que crees que soy un glorificado chico de los recados, pero tengo un título de médico.

—Sí, y yo sé que tu piensas que no puedo saber cuando bromeas —dice Sherlock, frustrado—. Pero a menudo, no puedo. Antes de que nos fuéramos de casa, dejaste claro que me querías amarrar y usar en la chimenea. ¿Debo asumir que te referías a aquello literalmente? Como un estante para paraguas.

John gimotea.

—Detente. Me estás recordando a tu hermano.

—Está bien, te lo mereces. Después de provocarme, implicas que ya no me deseas porque estuve con alguien más antes. ¿Qué es lo que se supone que debo deducir de aquello?

—Sí, bueno, tú no eres exactamente el Sr. Transparente. Yo me insinué en el restaurante de Angelo.

—Sólo para que quede claro, ¿eso es lo que fue?

—Por supuesto que sí.

—Estúpido, tan estúpido —dice Sherlock, jalándose el cabello exasperadamente—. Como cuando pensé que Harry era tu hermano.

John pone una mano en la de Sherlock para evitar que se sacara toda la cabellera. Una vez que la mano de Sherlock se detiene, John la suelta.

—No hay de qué avergonzarse. Pensaste que era heterosexual. Buena deducción. Lo era, hasta que te conocí.

—En mi defensa, no hay prenda de vestir en el mundo más evidente en oler a heterosexualidad que un suéter ligeramente holgado de color avena con forma de ochos en un hombre bajo y duro que recién acababa de volver de la guerra. Es el polo opuesto de los calzoncillos color verde neón.

—Bueno, recién te había conocido esa tarde. ¿Cuando se suponía que iba a comprar ropa nueva?

—Querido Jim —entona Sherlock—. En vista a los evento más recientes, requiero de un armario más extravagante. Por favor, arréglalo por mí.

John se ríe.

—¿Esa es tu imitación de mí? Es terrible.

—No quiero imitarte. Solamente hay uno como tú. Y ese número es necesario y suficiente.

John aleja su cabeza para poder ver el rostro de Sherlock.

—Verás, eso es lo que no comprendo. Eso… lo que acabas de decir… fue romántico. Nunca has sido romántico conmigo hasta hoy día. No puedes estar en contra mía si estoy confundido.

Sherlock rueda sus ojos.

—John, aunque haya aceptado insinuaciones amorosas en el pasado, nunca afirmé ser experimentando en hacerlas. Nunca pedí tener sexo, en mi vida. Sólo empecé a insinuarme porque tú estabas tomandote tu maldito tiempo en hacerlo.

¿En toda su vida nunca pidió tener sexo? No, por supuesto que no. Con ese cuerpo, nunca ha tenido que hacerlo. En cualquier caso, John encuentra difícil imaginar que su nervioso e inteligente compañero de piso hubiera tenido muchas experiencias. Sin duda el sexo, como el respirar, estaba sobrevalorado.

—Te doy puntos por originalidad —dice John, pensando en como Sherlock se retorcía al hacer su danza unipersonal cuando eliminaba—. ¿Pero como sé que no me estás convenciendo por la novedad de la situación? Ya sabes, como un experimento.

Sherlock traza con un dedo pálido y largo un lado del rostro de John.

—Estás preocupado de que no valore tu amistad —dice finalmente—. Que solamente quiero sexo. Que esto es solamente algo más que voy a tomar de ti, como tu teléfono o tu computadora, o la mitad de tu taza de té ya bebida.

—Ehm, sí —admite John—. Eso es correcto. Te conozco Sherlock, pero no en este ámbito.

—Del mismo modo, estoy distraído por la idea de que el cariño que me tienes es primordialmente platónico, y eso, aunque tú tolerases el sexo conmigo al principio, pronto te darías cuenta que no te gusta y volverías con las mujeres.

—Creo que me gustaría, si supiera que no es solamente un polvo.

Sherlock chasquea sus dedos de manera decisiva, luego se saca la chaqueta y termina desabotonando su ya parcialmente abierta camisa.

—¿Y qué estás haciendo ahora? —pregunta John con los ojos abiertos en sorpresa.

—Necesitamos más información. Aquí, pon tu mano en mi cuerpo y dime que no me deseas.

Cuando John, atónito, no se mueve, Sherlock toma su muñeca y coloca la mano de John en su pecho expuesto.

—Piensa en esto como una prueba de polígrafo de bajo presupuesto, equivalente a una cirugía en el campo de batalla, pero mejor, porque esto realmente va a funcionar. Uhmm, las mejores prácticas requieren un control. Primera pregunta: ¿Cuál es tu nombre?

—John Hamish Watson.

—Verdad.

El pecho alto de Sherlock está frío y suave, y los latidos de su corazón son rápidos contra los dedos de John.

—Así que estás evaluando…

—Sí, sí, temperatura, respiración, transpiración, pulso. También olor. Hueles delicioso John. Segunda pregunta: ¿Dónde vives?

—Contigo, maldito chiflado. Dios me ayude, vivo contigo.

A pesar de la falta de proximidad al refrigerador, el aire frío está haciendo que los pezones de Sherlock se pongan duros, y partes de la anatomía de John están siguiendo su ejemplo.

—Verdad. Tercera pregunta: ¿Me deseas? No está última semana, el mes pasado o ayer, sino ahora mismo, ¿lo haces?

—Sí. Absolutamente, sí.

El rostro de Sherlock se rompe en una sonrisa radiante.

—Verdad —concluye.

John se quita el suéter y se desabotona la camisa. Luego coloca la mano de Sherlock en su corazón.

—Solamente una pregunta. ¿Soy un experimento?

Un rubor se asoma en el rostro de Sherlock.

—John, no puedes saber nada sin hacer antes un control. Pregúntame algo que ya sabes la respuesta. ¿Al menos sabes como leer la información?

—No me importa eso. ¿Soy un experimento?

—No. Eres mi amigo, mi colega y mi pareja. Me preocupo por ti y quiero… —Sherlock mira su interior. Busca el vocabulario—. ¿Satisfacerte? Sí.

—Bueno, entonces —dice John, sonriendo—. ¿Por qué no lo dijiste? Vamos.

Agarra la mano de Sherlock, lo retira del sofá, lo lleva a través de la cocina y llegan a la habitación de Sherlock.