Disclaimer: Los personajes originales le pertenecen a Arthur Conan Doyle, esta versión le pertenece a Steven Moffatt y Mark Gatiss.
NdT: No he actualizado en mucho, lo siento, tuve complicaciones... Procuraré seguir con la traducción de manera constante. Un abrazo y beso para todas! Responderé reviews en cuanto pueda! No tiene beteo aún, se lo daré a Runita para que lo haga :) Disfruten.
Capítulo 7: Carámbano
Sherlock se acuesta en su lado de la cama, con un doctor militar de 70 kilos acurrucado a su alrededor como una manta especialmente cálida.
—¿John? —murmura Sherlock.
—¿Sí?
—Esa cosa. Con tus manos. Fue...
John enrolla un dedo en uno de los caprichosos rizos de su amante.
—¿Bueno? —dice molestando, con su boca peligrosamente cerca a la oreja de Sherlock.
Cuando Sherlock vuelve a pensar en el abrasador éxtasis que acababa de sentir por su compañero de piso, está dispuesto a darle la razón.
Si tuviera que escribir una monografía instructiva sobre la masturbación administrada por la pareja, clasificada por profesión del dador, el puesto de honor sería para los médicos cirujanos militares. La precisión y destreza requerida para el trabajo clínico, combinado con el individual talento, diligencia y persistencia de John, hacen del resultado...
—Muy bueno —dice Sherlock, con una media sonrisa que John, acurrucado contra la espalda de su amante, realmente no puede ver.
John ríe, en voz baja y ronca, y su aliento es cálido contra la piel de Sherlock.
—Tú, hombre descarado y adulador. Recibo un "muy", ¿no es así? Me estás malcriando, ¿sabes? Debes haber estado en la gloria y fuera de sí.
—Mmm —Sherlock se aclara su para nada insignificante garganta—. Ahora, ¿quién es el arrogante? Está suficientemente claro que tú... me diste placer físico. Que te deleites en tu propia capacidad en la tarea es válido, John, pero te está faltando completamente la modestia.
Sherlock hace una mueca mental tan pronto como suelta las palabras. Por vez primera, sería conveniente tener un poco de práctica en sonar romántico en vez de como un toro en una tienda de porcelana en un vestido de noche. No le es difícil identificar este momento, es el más reciente de una larga lista de momentos parecidos.
Este. Este es el momento donde las personas me dicen que me vaya a la mierda, si no lo han hecho antes.
John gruñe y golpea sus caderas contra la espalda desnuda del hombre más alto.
—Sexy hijo de puta. ¿Sabes que haces eso en voz alta?
El mundo de Sherlock tiembla ligeramente en su eje.
—¿El qué?
—Decirme que disfrutaste que te masturbara en tu modo elegante e inconsciente. Joder. ¿Puedes decir sólo esa parte de que te di placer físico unas cincuenta veces más? Oh, y sé realmente vergonzoso en eso, así sé que tu cerebro alucinó.
El detective suelta un bufido.
—Está bien. Estuviste maravilloso.
Condescendiente a las instrucciones de John, de buen humor juguetea con la sábana.
—Tú también —John acaricia la parte posterior del cuello de Sherlock—. ¿Sabes? Estoy un poco sorprendido que lo único que querías era una paja. Pudiste obtener más de mí, estoy seguro.
—Era lo que quería. Más hubiera resultado en un sobreestímulo en ese instante. Era nuestra primera vez juntos.
Puede escuchar a John tratando de descifrar qué es lo que "la primera vez" tiene que ver con algo, así que le proporciona una ayuda visual. Sostiene sus manos en frente de él y deja que suban y bajen, como haciendo malabarismo.
—Demasiada información —le explica.
En respuesta, John aferra un brazo alrededor de la cintura de Sherlock y lo acerca. La respiración de ambos es suave y lenta.
—John.
—¿Qué?
—¿Has pensado alguna vez qué pasaría si la inteligencia fuera sexualmente transmitida?
—Es un buen trabajo, pero no lo es. Serías un brillante y carismático médico militar, y yo sería un idiota que piensa que el hábitat natural de las cabezas humanas es un refrigerador.
Sherlock bufa.
—No me hagas golpearte con mi almohada, capitán. Es indigno.
—¿Sí? Adelante, chico esnob. Mi almohada y yo te derrotaremos.
Y con eso, él y Sherlock, aún acurrucados en una cómoda posición, se quedaron dormidos.
A la mañana, John despierta por el sonido del celular de su amante sonando en otra habitación. Esto es casi inmediatamente seguido por la vista vertiginosa de Sherlock saltando sobre él para contestar, como si John fuera un molinete o una valla de hierro forjado.
Oh Dios mío. Pensé que esa cosa de los saltos era sexy mayormente por ese abrigo que usualmente lleva puesto... las solapas, el crujido, la oscuridad y el sonido de alas de murciélago. Resulta que también es sexy cuando pasa encima de mí desnudo, ágil y oliendo ligeramente a almizcle.
John escucha a su amante discutiendo sobre "carámbano", o posiblemente "tarado", en la cocina. Aunque no puede entender las palabras, puede sentir la brillantez de Sherlock saliendo de él hacia el apartamento. Ama esto, ama la forma en que las deducciones de Sherlock se esparcen y crecen como una formación rápida de cristales de hielo en el vidrio de una ventana. Es deslumbrante. John no se sorprende cuando se pone duro sólo al pensar sobre ello.
Oh Dios. Es simplemente demasiado brillante. ¿Por qué eso me pone tan caliente? No sé como se sentirá, y no me importa; tan pronto vuelva, lo quiero.
Sherlock aún está discutiendo por el celular. A estas alturas, la palabra fundamental es claramente "carámbano", así que no está hablando con Anderson.
Está bien, ¿cómo sacarle el tema? "Disculpa, ¿sería sobre estimulante que me folles contra la cama? Porque disfrutaría bastante eso."
John abre el primer cajón de la mesita de noche de Sherlock. El lubricante ha vuelto a su lugar y también hay condones encima de un cuaderno de laboratorio muy usado. John los retira y los tira encima de la cama de su compañero
Algo le preocupa en la parte posterior de su mente, y luego aparece en la parte delantera.
¿Por qué hay un cuaderno de laboratorio junto a los condones y lubricante?
Sherlock corta la llamada y empieza a dirigirse hacia su dormitorio.
—¡Obvio! El arma del asesino era una herramienta para cortar fabricada en un tipo de hielo especial... agua con químicos para añadir más resistencia, John. El arma se derritió y sólo dejó los químicos —abre la puerta por completo y frunce el ceño—. ¿Qué te pasó?
John está sentado inmóvil en la cama con el cuaderno de laboratorio abierto en su regazo. Está nublado y pálido, como el resultado de un incendio provocado.
Mirada de los mil metros. Típica en soldados en shock. Estrés postraumático. Causa del estrés: ¿Afganistán? No. Cuaderno.
—Entonces —dice Sherlock. Cuidadosamente se sienta al borde de la cama, junto a John, quien se ve menos como amante y cada vez más como un compañero de piso muy herido con cada segundo que pasaba.
John no dice nada.
—¿Quieres hablar sobre esto? —pregunta Sherlock—. Las personas dicen que encuentran eso útil.
Nuevamente, no hubo sonido ni movimiento de parte de John.
—Veo que encontraste un apunte sobre Julien —dice Sherlock, aun buscando una reacción.
—Correcto —dice John, en una voz desprovista de emoción—. 20 centímetros, ¿fue lo que leí? Bien hecho, Julien. Y bien hecho, tú, supongo, por acostarte con él.
—Bueno, sí, es más largo que el promedio, pero tú...
John esboza una sonrisa rota. El detective ha visto expresiones de felicidad más convincentes en el cráneo de casa. Puso una mano tentativa en el hombro de su pareja, pero John retrocede y la retira de un golpe.
—No me toques —dice—. En serio, creo que me voy a enfermar.
—¿Cuál es el problema? —explota Sherlock—. ¿Tu ego conquistador necesitaba tanto que sea virgen? ¿Creiste que yo era un gusto tan adquirido que nadie más se animaba a poner las manos encima mío? ¿Soy tan repulsivo para ti?
—Oh, Dios —John presiona sus manos a los lados de su cabeza, como si intentara sacarla de su cuello.
—No es como si tú nunca hubieras visto nada de acción. ¿No has tenido a mujeres en tres continentes?
—He estado involucrado con mujeres en tres continentes. y ellas han estado involucradas conmigo. Lo que no he hecho, Sherlock, es escribir sus particularidades con implacable precisión, numerado a cada individuo, proveer correlaciones de acuerdo al acto sexual, calificar la experiencia, establecer los resultados de cada experimento, y luego ordenar toda la cosa por apellido. No. Definitivamente no he hecho eso.
—Está bien, tengo un diario. Muchas personas tienen diarios. Es como Wilde dijo: "uno debe tener algo sensacional que leer en el tren".
Normalmente, John estaría expresando interés en el hecho de que Sherlock, a quien no le gusta la ficción, no haya eliminado esa información, pero ahora no. Pone a Sherlock bajo la mirada de un francotirador.
—Necesito saber algo —dice—. ¿Follaste con 181 hombres y luego escribiste sobre ellos como si fueran ratones de laboratorio? Porque eso es lo que parece.
—183. Algunos apuntes involucraron múltiples compañeros... los gemelos, por ejemplo. Y algunos individuos tienen más de un apunte, porque lo hicimos más de una vez. Julien, por ejemplo. Él estaba dispuesto a aceptarme por lo que soy.
—Claro. Por supuesto. Por lo que eres. Nuevamente: bien hecho, Julien.
—Increíble. Estás celoso.
—Eres tan muy perceptivo. Con estas deducciones, no puedo creer que no me estás cobrando por hora.
—Sí, está bien, tengo un pasado. Y tú también. La diferencia es que en mi caso, ellos no significaron nada. Si yo no estoy celoso, ¿por qué tú lo estás?
John lo mira con asombro.
—Increíble —dice, negando con la cabeza—. Honestamente crees que eso lo hace mejor, ¿no? ¿El hecho de que no te importen?
—¿Estás siendo obtuso a propósito? Les dije que el sexo solamente sería sexo, que no habría oportunidad a algo más. Nunca los obligué. Todos los involucrados tenían la mayoría de edad. ¿Por qué estas tan en contra de esto?
John coloca su mano en su cabello y lo jala ligeramente. Su transición de (a) amante a (b) compañero de piso muy herido a (c) hombre teniendo una crisis nerviosa justo antes de abandonar a Sherlock permanentemente parece estar muy en curso.
—No debería ser noticia nueva para ti —señala Sherlock—, el que soy obsesivamente curioso. Es eso lo que me permite hacer el trabajo. ¿Qué se supone que debí hacer? ¿Mantenerme célibe? ¿Sabiendo en su totalidad que la información a la que renunciaba podría haberme ayudado a resolver un caso? Las motivaciones sexuales son abismales en el homicidio. Te lo aseguro, la información fue bien usada, y todos los sujetos de prueba estuvieron de acuerdo. Más que de acuerdo, de hecho. Te lo dije, nunca antes me insinué a alguien, excepto tú.
—No eran sujetos de prueba, por el amor de Dios. Eran personas. Personas a las que llevaste a la cama y...
John se apresura en salir del dormitorio. Sherlock lo sigue y lo encuentra de rodillas frente al retrete, vomitando. Débilmente, John se limpia la boca con su mano.
—Solamente te pregunté una cosa: que si era un experimento o no. Puse mi mano en tu cuerpo y lo pregunté. Tenías razón —John mira al piso de azulejos—. No sabía leer la información.
—Sí, si sabías. John, te lo prometo, tú no eres un buen experimento.
—En verdad. ¿Es eso lo que la evidencia dice? Tienes un libro entero lleno de gente a la que te follaste, y admites que ninguno de ellos significó algo para ti. ¿A qué conclusión se supone que debo llegar con eso?
—Sé que es lo que parece, pero lo que la evidencia sugiere en este caso no es verdad.
Negando la cabeza, John se desploma en el piso.
—Tengo que preguntar qué cosa fue eso de respirarte. ¿De qué se trataba ese experimento? Los efectos de una anoxia leve, probablemente.
—Beso —dice Sherlock en voz baja—. Era un beso. ¿Podemos volver a la cama?
—No, Sherlock, no podemos.
—Sé que querías que te follara justo ahora. Dejaste condones en la cama. Tu esperma está limpio, pero no estabas seguro sobre el mío. Por lo cual los condones en la cama significan que tenías planes que me involucraban a mí acabando dentro tuyo. Podemos aún hacer eso. Me aseguraré de que tu acabes primero.
John lo mira con horror.
—¿Estás loco? ¡No! No haremos eso ahora. ¡Absolutamente no!
Sherlock, completamente frustrado, apuñala el suelo con las uñas de sus pies.
—Oh, ya veo: has matado por mí, has demostrado que estás dispuesto a morir por mí, ¿pero ahora no tendrás sexo conmigo? ¿Por qué demonios ahora no? Especialmente cuando no quieres matar o morir, sino disfrutar de tener sexo; ¿y pensé que yo te gustaba?
John se tambalea hacia el dormitorio de Sherlock, se viste en sus ropas de ayer, regresa al baño y empieza a vomitar de nuevo. Cuando termina, mira a su ex compañero con una expresión facial que parecía decir muchas cosas al mismo tiempo, si solamente el detective consultor supiera cómo leerlas.
—No puedes usar tu lógica para que me acueste de espaldas a ti, Sherlock. Simplemente no puedes.
—Querías que te follara —repite Sherlock, poniendo una mano en su propio pecho. Está probando las palabras para ver si las cree.
—Sí. Bueno. Buen uso del tiempo pasado —aferrándose al retrete, John se tambalea al ponerse de pie.
Aún desnudo, Sherlock lo sigue hacia la sala de estar.
—¿A dónde vas? —exige.
—Afuera —dice John—. No me sigas.
Agarra su abrigo de la silla, se lo pone, abre la puerta y camina hacia el pasillo. Está a medio camino de la puerta que da a la calle cuando Sherlock, de pie y en lo alto de las escaleras, lo llama.
—¡John!
—¿Qué?
—No te vayas.
—No hablaré de esto contigo ahora. Ve adentro.
Con los hombros encorvados, John se marcha con determinación hacia el final de las escaleras.
—¡Espera!
John le dirige una mirada cansada con exasperación. Y luego estira la mano hacia la perilla de la puerta
—¡Tengo sentimientos por ti! —grita Sherlock desde las escaleras.
Si la pareja de casados no han escuchado el resto, ciertamente escucharon eso.
El médico militar abre la puerta.
—Avísame si descubres cuales son —dice. Su voz suena extrañamente apagada y sin tono, como si proviniera de debajo del agua. Y con eso, se va. Y Sherlock parpadea viendo el lugar en donde despareció.
