Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a lovelovelove22, yo sólo me adjudico la traducción.
BPOV
Creo que fui al apartamento de Alice todos los días de la siguiente semana. Sabía que era patético ir a buscar a Edward en lo de su hermana, pero no podía evitarlo. Además, él había sido quien lo había mencionado. Desafortunadamente, era jueves y todavía no lo había visto.
Sin embargo, Alice me había proporcionado un hermoso vestido para la fiesta del hospital de este fin de semana. Era otro de sus vestidos extravagantes, nunca usados, y nuevamente no sabía si aceptarlo o no. Pero Alice volvió a argumentar que los vestidos probablemente eran muy largos para ella y que tendría que cortarlos.
El vestido era de un rojo profundo, y mientras tenía un escote en 'V' modesto, la espalda descendía notablemente y tenía una abertura muy por arriba de mi pierna. Le había tomado a Alice unos buenos diez minutos convencerme de que saliera del baño para mostrarle cómo me quedaba el vestido.
Y ahora, estaba entusiasmada. Porque Alice había insistido en que Edward lo amaría, y no había nada que quisiera más que Edward me besara. Me besara de verdad.
Así que, aquí estaba, prácticamente vigilando el apartamento de Alice. Y hoy, finalmente, surtió efecto.
"¿Bella?" Me di la vuelta, quedando cara a cara con Edward justo en la puerta del apartamento de Alice. "¿Vas a entrar?"
"Em, seh." Dije, sonrojándome. Edward se apresuró a darme un beso en la mejilla, y casi me caigo muerta. "Te extrañé." Dije sin pensarlo, e instantáneamente quise retractarme de mis palabras. Eso fue tan… embarazoso y pegajoso de mi parte.
"Yo también te extrañé." Dijo Edward, y un poco de mi vergüenza se desvaneció con sus palabras. "Lo siento, habría venido, pero esta semana estuve demasiado ocupado, y Annabelle tiene un recital de piano al que debo asistir ésta noche–"
Me reí y lo corté. "Está bien." Dije, y Edward hizo señas al apartamento de Alice.
"¿Quieres entrar?" Preguntó, y vacilé, dándome diez segundos para convencerme de hacer lo contrario a lo que estaba a punto de hacer.
Los diez segundos pasaron, y aún así lo hice. "¿Por qué no vamos a mi apartamento?" Ofrecí con timidez, señalando el otro lado del pasillo. "Tengo café." Edward se animó y yo también.
"Suena genial." Dijo con facilidad, y le hice señas para que me siguiera a mi apartamento. Había dejado la puerta sin llave, así que entramos directamente y gruñí por lo bajo cuando me di cuenta de que había dejado las páginas de mi novela actual esparcidas por la mesa de café. Era un terrible desastre.
"Lo siento por esto." Dije, cerrando la puerta detrás de mí y apresurándome a juntar el lío de hojas. Pero Edward me detuvo y tomó varias hojas de papel, que estaban cubiertas de impecables letras de máquina de escribir y desprolijas correcciones en rojo. "Normalmente, no soy tan desordenada." Dije de forma poco convincente, observando a Edward mientras escaneaba las hojas de papel.
"Esto es realmente bueno." Dijo en voz baja, levantando su mirada hacia mí.
"Gracias." Me sonrojé y continuó hojeando algunos de los papeles. "Pero eso es mi primer borrador."
Edward rió para sí mismo, pero no dejó de leer. "Bueno, entonces el borrador final será asombroso. Eres una excelente escritora, Bella."
"Gracias." Dije otra vez, sin saber qué otra cosa podía decir. "Así que… ¿cómo has estado?" Pregunté, caminando hacia la cocina y sirviendo dos tazas de café. Se encogió de hombros, puse las tazas en la mesa de café y comencé a juntar los papeles.
"Ocupado. Parece que tengo como miles de cosas que hacer ésta semana." Suspiró, y me senté a su lado en el sofá. "Qué hay de ti."
"Aburrida. Desafortunadamente, tengo prácticamente nada para hacer." Murmuré, tomando un largo sorbo de café. "Alice me encontró un vestido para usar el sábado a la noche." Agregué.
"¿En serio? Eso es genial. Alice y Jasper, y Emmett y Tanya también vendrán a la fiesta; mi papá es importante en estas fiestas." Dijo, y luego me miró preocupado. "Puede ser que mi, em, ex esposa esté ahí." Agregó Edward, estudiándome.
Me atraganté un poco con el café, y Edward me frotó la espalda con delicadeza mientras tosía.
"Realmente dudo que venga." Rectificó Edward. "Pero su padre también trabaja en el hospital, y a veces ella viene. Pero tiene a Annabelle este mes, así que…" Dejó la frase inconclusa y me limpié los ojos.
"Está bien." Conseguí decir, aún con falta de aliento y con el rostro colorado.
"¿No tienes problema? Porque está bien si hacemos algo el viernes a la noche, en serio." Dijo Edward rápidamente, y sacudí la cabeza.
No podía creer que estuviera aceptando esto, pero debía afrontar el hecho de que Edward tenía una ex esposa y una hija, y que eventualmente conocería a su ex esposa. Entonces, ¿cuál era el problema si era un poco antes? Estaba siendo seria con Edward.
"Lo juro, está bien." Le aseguré, limpiando la comisura de mi boca con mi manga. Desafortunadamente, miré el reloj justo en ese momento, y me quejé. "Tengo una reunión con un editor dentro de una hora." Dije apenada, y Edward se mostró un poco decepcionado. "Tengo que ir yendo."
"Oh, está bien." Dijo Edward, poniéndose de pie rápidamente y ofreciéndome su mano para ayudarme a pararme. "Gracias por el café." Dijo y tomé la taza de su mano, dejándola en el mostrador de la cocina. "Espero que te vaya bien en la reunión." Agregó, y le sonreí, acompañándolo hacia la puerta.
"Gracias, yo también. Y de nada." Dije, poniéndome un cárdigan gris sobre mi camisa violeta. "Te veo el sábado a la noche, ¿sí? ¿A las seis?"
Edward asintió, quedándose en la puerta y repentinamente entrelazando nuestros dedos. "Seis en punto." Confirmó en voz baja, y me encontré mirando sus increíbles ojos verde esmeralda. "Te veré entonces."
"No puedo esperar." Dije, casi sin aliento, justo antes de que se inclinara y me besara dulcemente en los labios. Nos separamos luego de unos segundos, y mi corazón palpitaba acelerado.
"Adiós, Bella." Dijo Edward mientras salíamos juntos al pasillo y nos dirigíamos por caminos opuestos. Él fue hacia el apartamento de Alice, y yo me dirigí hacia los ascensores.
"¡Adiós!" Grité, sin molestarme en ocultar el sonrojo en mi rostro.
¿Por qué esconder lo mucho que me afectaba?
