Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a lovelovelove22, yo sólo me adjudico la traducción.


StephMidnight se lleva la mitad del crédito por su excelente beteo (creánme que en este capítulo hizo mucha falta).


BPOV

Observaba a Edward con una pequeña sonrisa en mi rostro mientras conversaba tranquilamente con su amigo Ben, el novio. Alice y Annabelle también estaban charlando, y Annabelle, definitivamente, no se veía tan tranquila como Edward. No se había mostrado muy entusiasmada por conocerme, pero creo que podía entenderlo.

Edward había sido solo suyo por mucho tiempo, y era un padre maravilloso y dedicado. Pero ahora que yo estaba en su vida, me preguntaba si ella pensaba que intentaría robarle a su padre. Edward y Rosalie realmente necesitaban hablar con ella acerca de cómo sus vidas amorosas iban a progresar.

Vidas amorosas. Amor. En estas últimas tres semanas, estaba cada vez más segura de estar enamorada de Edward. Él era tan perfecto para mí; como si fuera mi alma gemela. Hacía que mi vida fuera mejor y más feliz.

"Tía Ali, quiero irme a casa después", lloriqueó Annabelle; entonces, salí de mi trance. "Ya estoy cansada", dijo con voz gruñona, haciendo puchero.

"Está bien. No te olvides de decirle a tu padre", le advirtió Alice, enderezándose en su asiento y cruzando los brazos sobre su pecho. Luego, dirigió su atención a mí. "Bella, ¿cómo andas?", preguntó, ladeando la cabeza, "no te he visto mucho últimamente."

"Ah, sí, estuve con…" miré a Annabelle, que claramente estaba escuchando. "Estuve ocupada", respondí con voz suave, y Alice pareció entenderme.

"La ceremonia está por comenzar", señaló repentinamente Annabelle, girando en su asiento y mirando hacia delante. Cuando frunció el ceño, el parecido con Edward me resultó impresionante. En líneas generales, no creía que se pareciera mucho a su padre, pero ahora era obvio que era hija de Edward.

Y si se parece en algo a su padre, debe ser testaruda.


"Te extrañé", murmuró Edward, acercándose a mí en cuanto terminó la ceremonia. Annabelle y Alice estaban hablando otra vez, así que la niña no nos oía. Edward miró rápidamente a Annabelle, y tan pronto como ella y Alice salieron del lugar, envolvió sus brazos a mí alrededor, sonriendo. Se inclinó y me besó apasionadamente; sus labios se sentían apremiantes, pero a la vez suaves, contra los míos.

"Pasó menos de una hora", le recordé, cuando dejamos de besarnos. Sonrió burlonamente y movió su cabeza, pasando su brazo por mi cintura.

"Sentí que pasó más tiempo", explicó, dirigiéndome hacía el salón donde la recepción tomaría lugar.

Justo cuando entramos al salón, Edward quitó su brazo de mi cintura y me sonrió, disculpándose.

La noche se pasó bastante rápido. Había mucha gente con la cual se podía hablar, buena comida y, por supuesto, tenía a Edward a mi lado. No me tocó en toda la noche -Annabelle no se separaba de su lado y no alejaba su mirada ni de Edward ni de mí, tratando de descubrir sí había algo entre nosotros.

Llegó el momento de que la novia tirara el ramo. Ante la insistencia de Edward, Alice, Annabelle y yo nos acercamos junto al resto de las mujeres solteras a la pista de baile, donde Angela, la novia, estaba hablando con una de las damas de honor y observando cómo todas nos reuníamos alrededor.

Alice y yo reíamos, mientras Angela se preparaba para arrojar el ramo. Las flores salieron volando en nuestra dirección, y mi boca casi toca el suelo cuando el ramo cayó directo en mis brazos.

"¡Woo! ¡Bella se casará!", chilló Alice, riendo y dando saltos. Me sonrojé mientras todos alrededor aplaudían. Pero mi rostro se ensombreció cuando vi a Annabelle, que ya se encontraba al lado de Edward, con los labios fruncidos. Edward apartó la vista de mí para mirarla a ella, y le murmuró algo.

Annabelle rodó los ojos y trató de alejarse de él, pero Edward lo impidió poniendo un brazo alrededor de sus hombros, para volverla a acercar a él. Le dijo algo más y entonces ella logró zafarse. Se alejó dando fuertes pisotadas y con una expresión enojada en su cara.

Me acerqué lentamente a Edward mientras veía cómo Annabelle se iba. "Hey", saludé insegura, dejando el ramo en mi silla.

Edward me miró y forzó una pequeña sonrisa; sus ojos se desviaron nuevamente hacia su malhumorada hija.

"¿Está todo bien?", pregunté. Él suspiró antes de pasar rápidamente una de sus manos por su cabello alborotado.

"Sí, pero Rose y yo necesitamos hablar con Annabelle pronto. Ya no es una niñita, se dio cuenta de que pasa algo entre nosotros. Pero creo que está como… no sé… en negación o algo así. Tampoco quiere hablar de ello", murmuró Edward, justo en el momento en que empezaba una canción lenta. Miró hacia la pista de baile. "Vamos, baila conmigo", pidió en voz baja, estirando su mano hacia mí.

"¿Qué hay de Annabelle?", dudé; Edward se encogió de hombros.

"Sólo vamos a bailar, Bella", dijo, por lo que yo acepté su mano.

"No dejes que me caiga", ordené cuando caminábamos hacia la pista. Edward se rió por lo bajo y puso sus manos en mi cintura, mientras yo envolvía su cuello con mis manos.

Nos balanceamos suavemente al ritmo de la música, mirándonos a los ojos. Luego de unos minutos en silencio, Edward me sonrió y apoyó sus labios en mi frente, dándome un beso. "Bella, te amo", dijo en un susurro. Me quedé sin aliento, en shock, con mi boca abierta y los ojos como platos.

Pero él me amaba. En serio me amaba, así como yo lo amaba a él. "¡Yo también te amo!", chillé alegremente, con una sonrisa tan amplia que realmente me dolían las mejillas. Edward rió y miró rápidamente a su alrededor antes de inclinarse y darme un beso desesperado en los labios.

Esto era; éste tenía que ser mi 'felices por siempre'.


Edward y yo volvimos por separado a su casa, llegué poco después de que él hubiera llegado con Annabelle, porque había pasado por casa para buscar una muda de ropa y un pijama. Sí, planeaba pasar la noche ahí.

Eso no significaba que fuéramos a tener relaciones, porque Annabelle estaba en la casa; pero prefería no tener que volver a casa conduciendo en una nebulosa post-orgasmo.

Cuando estacioné frente a la casa todo estaba oscuro, incluso la ventana que sabía que era de Annabelle. Así que corrí hacia la puerta y toqué suavemente, dando saltitos en mis tacones. Edward abrió la puerta rápidamente, y me hizo entrar a la casa con una gran sonrisa. Sus labios encontraron los míos de inmediato, y medio caminamos, medio tropezamos, hacia el living, toqueteándonos en el camino.

"¿Y Annabelle?", pregunté entre besos, cuestionándome si estaría en su cama.

"Ya se acostó", confirmó Edward, emitiendo un gruñido y tirándome con él en el sofá.

Me reí por lo bajo y puse mis manos sobre su pecho, gimiendo cuando nuestros labios se estamparon ferozmente y nuestras lenguas se entrelazaron, peleando por el control. La mano de Edward se posó en mi cintura, acercándome más a su cuerpo cincelado. Me trepé a su regazo, colocando mis piernas a cada lado de su cadera; sentándome a horcajadas. Las manos de Edward subieron por mi cuerpo y terminaron en mi rostro, sosteniéndome con fuerza.

Como siquiera pensara en separarme de él.

Pero, repentinamente, Edward se alejó, con expresión culpable y sorprendida.

"¡Anna!", gritó, y me di vuelta de golpe. Annabelle estaba de pie en la puerta, con los ojos bien abiertos y el rostro desencajado. "Annabelle, por favor-", pero antes de que pudiera terminar su frase, Annabelle giró sobre sus talones y salió corriendo. Podía escuchar sus piecitos golpeando los escalones. Edward me quitó de su regazo abruptamente, haciendo que me deslizara hacía el suelo. No miró atrás, subió corriendo tras Annabelle.

Me quedé sentada en el suelo por diez minutos, mortificada y dolida. Prácticamente me había entregado a él y me quitó del medio sin dudarlo o siquiera mirarme. Nada. Sequé una lágrima que caía de mi ojo y me levanté del suelo. Comencé a subir las escaleras, acomodando mi ropa extremadamente arrugada.

"¿Edward?", llamé suavemente, buscándolo con la mirada en el descanso de las escaleras. Edward estaba frente a la puerta de Annabelle, de pie, con su cabeza apoyada en el marco de madera y los hombros caídos. Pareciera como si no me hubiera oído.

"Anna, vamos", dijo en voz baja, golpeando suavemente la puerta de su hija. "Por favor, déjame hablar contigo".

"¡No!", vociferó en respuesta; escuché cómo algo golpeaba contra la pared. "¡Aléjate de mí!", gritó y Edward suspiró, con su mano apoyada en el picaporte.

"Edward", dije, esta vez un poco más fuerte. Se dio vuelta, sus ojos estaban sombríos, y su rostro lucía cansado.

"No tendríamos que haber hecho eso", dijo en voz baja, pasando una mano por su cabello. "¿En qué estaba pensando? ¿Besarte así en el medio de la sala de estar con mi hija en casa?", suspiró y me acerqué con cautela, apoyando de manera incómoda mi mano en su pecho.

"No es tu culpa, Edward. Sé que fue una gran sorpresa para Annabelle, pero ¡no hicimos nada malo! Ambos somos adultos y estás divorciado hace seis años. Y yo te amo", dije muy seria, suplicándole, rezando que no diéramos un paso atrás luego del progreso que habíamos logrado esta noche. Suspiró y agachó la cabeza, con una mirada intensa.

"Lo sé, y yo también te amo. Pero Bella, nunca debí permitir que mi hija nos encontrara de esa forma, especialmente cuando ella no sabe que eres mi novia. Estuvo mal, fue irresponsable, y me niego a-" El monólogo de Edward se vio interrumpido por el timbre, que sonaba repetida y frenéticamente. Gruñó y se apresuró a bajar las escaleras, conmigo pisándole los talones. "¿Quién demonios puede ser?", se quejó por encima del insistente sonido del timbre.

Edward abrió la puerta de golpe y una mujer alta y rubia pasó a su lado, con expresión claramente enfurecida en su hermoso rostro.

"¿Cuál es tu maldito problema?", preguntó la mujer en cuanto Edward cerró la puerta y se dio vuelta para mirarla. "¿Tu hija está en la casa, y traes a una cualquiera para chuponearte en el maldito sillón?".

"¿Qué estás haciendo aquí?", preguntó Edward, desconcertado.

"Me llamó Annabelle", respondió la rubia con aspereza. "Ahora contesta la maldita pregunta, Edward".

"Ella no sabe-" Edward empezó a explicar la situación, pero ella lo cortó, acercándose tanto a él que sus narices prácticamente se tocaban. Pude ver que incluso con unas zapatillas bajas, era casi tan alta como Edward.

"Tiene trece años Edward, creo que ella sabe lo que estaban haciendo. ¿Cómo pudiste hacer algo así con nuestra hija presente en la casa?"

Nuestra hija.

Ay, mierda. Esta era Rosalie, la ex esposa de Edward y mamá de Annabelle. En el mismo momento en que me di cuenta de quién era esta hermosa mujer rubia, ella me vio y su expresión cambió por completo.

"¿Es ella? ¿Esta es tu puta?", soltó, y Edward dio un paso delante de mí de manera protectora.

"Basta, Rosalie", dijo Edward en voz baja. "Bella no es una puta, es muy importante para mí-"

"¿Mamá?", la voz aguda y musical de Annabelle vino desde la cima de las escaleras; todos nos congelamos. Rosalie giró su cabeza, y lo mismo hicimos Edward y yo.

"Estoy hablando con tu padre, Annabelle. Ve a tu cuarto, por favor", contestó Rosalie en un tono cargado de veneno y desprecio. Annabelle obedeció al instante, se fue corriendo. Unos segundos después, se escuchó un portazo.

"Rosalie, lo siento", dije rápidamente, intentando quitarle algo de culpa a Edward. No era su culpa; ambos habíamos sido descubiertos en un momento de pasión. "Pero, sinceramente, Anna tiene trece años y creo-" Estaba intentado explicarme, pero Edward me interrumpió. Edward, no Rosalie.

"Bella, tú no entiendes, no tienes hijos", dijo, colocando una mano sobre mi hombro. "Lo que hicimos estuvo mal, y puedo entender perfectamente por qué Rosalie está tan molesta. Yo también lo estaría si estuviera en su lugar".

Palidecí, atónita porque Edward ni siquiera estaba intentando defender nuestras acciones.

"Gracias, Edward". Rosalie levantó las manos en el aire. "Ambos estuvieron fuera de lugar, y no hay nada más que hablar".

"Bella, tal vez deberías irte a tu casa", dijo Edward en voz baja, frotándose la frente. Lo miré boquiabierta por un momento. Dolía. Pero ni siquiera titubeó, se quedó mirándome de manera suplicante.

No miré atrás mientras salía de la casa y daba un portazo detrás de mí.

Hasta ahí llegaba el 'felices por siempre' que había deseado.


Nota de traductora: ¡Ahh! ¿Les dije o no les dije que iban a querer este capítulo? Me encantaría leer sus opiniones :)

Espero que hayan tenido un hermoso fin de semana.

Mar.