Nota de la Traductora: Bueno, desaparecí por mucho, razones tengo de sobra, aún así me da mucha lástima haber descuidado y dejado tres fics incompletos. Sólo Dios sabe como odio las cosas incompletas. Sé que muchas de las que leían esta historia con ansias a una actualización ya no van a estar más, y que algunos que recién la empezaron a leer puede que estén. El caso es que lo siento mucho, el mudarme a otro país y conseguir estabilidad fue muy difícil, no me quedaba tiempo ni para poder estudiar. Ahora más acomodada y tranquila puedo volver a las cosas que adoro, y traducir es una de ellas. Sin más que decir, después de casi un año... prometo terminar todo lo que dejé inconcluso, muchas gracias por los adorables comentarios e inbox que recibí, fue eso lo que me terminó de motivar. Besos y abrazos!
Capítulo 17: Canción de cuna
Sherlock se despierta para encontrar la mano de su compañero de piso plantada directamente sobre el corazón del detective consultor, como si imitara inconscientemente la prueba improvisada del polígrafo de los Holmes. Desde el punto de vista de Sherlock, esta versión de hazlo*tu*mismo del detector de mentiras basada en la biología es una mejora. Durante la última implementación de dicho instrumento de prueba, él y John estaban vestidos, y mucha información fue perdida. Ahora están desnudos y presionados el uno contra el otro, como dos grandes cubiertos de mesa. Esto es un beneficio potencial para la ciencia.
Con tanta piel adyacente, sería fácil para John revisar simultáneamente su pecho, hombros, cintura, culo y muslos para ver sus signos vitales. El pulso y respiración son iguales en todos lados, pero la temperatura y niveles de sudoración son diferentes en cada lado. Está más seco en la parte trasera de sus manos, más húmedo bajo sus brazos, más frío en su frente, y más caliente entre sus muslos. Con toda esta información, John ahora podría saber más sobre Sherlock que nadie, sino fuera por el hecho de que está completa y totalmente dormido.
Es el ritmo de la respiración de John, suave y cálido contra la nuca de su compañero de piso, lo que lo delata. Cada ráfaga contiene un mensaje diferente. Una dice, "descanso". Otra dice, "a salvo". Otra dice, "amor". John duerme, y su polla duerme también, está en su forma no exitada, acurrucada cómodamente contra la parte posterior de su compañero de piso. Ser sostenido de esta forma se siente romántico y casto, y el detective suelta un suspiro de satisfacción. Hace tres meses, no tenía idea que sus suspiros, esos de molestia, petulancia, o incredulidad por la constante estupidez que estorba la tierra, podían llegar a ser de satisfacción, pero con John en casa, usualmente lo son.
Por primera vez en su vida, Sherlock siente que podría volver a dormirse. Permite que sus músculos se aflojen y se acomoda contra su amado. No pesa mucho para ser un hombre alto, pero permite que todo el peso que tiene, John lo cargue. Esto ocasiona consecuencias no intencionadas.
Cuando Sherlock se vuelve a mover contra él, John empieza a ponerse duro.
Sherlock siente el pene de John retorcerse y decide que pronto volverá a su estado neutral.
No vuelve.
Se encuentra con el espléndido trasero de Sherlock y, aparentemente, le gusta, porque se endurece, empuja y trata de acomodarse así mismo. Los dos hombres están aferrados tan cerca que sería imposible pasar una hoja de papel entre ellos, y mucho menos un pene rápidamente endurecido. Aún dormido, John se embiste contra el culo de Sherlock y gime. El sonido contiene deseo y demanda.
Le doleria a John quedarse de esta forma, con el pene forzado hacia abajo, humillado contra la insolente piel de Sherlock. Contrario a todo lo que Sherlock ha dicho y creído alguna vez sobre su estructura mental, le molesta que John sienta dolor. John se cortó con un papel la semana pasada, y Sherlock lo experimentó como si hubiera recibido una cuchillada en el ojo. Ya no se encuentra más en una posición de poder discutir con su novio sobre si se trata de algo psicosomático o no.
Así que Sherlock corré sus caderas un poco hacia adelante, dándole a la creciente erección de John todo el espacio que necesita para aparecer con libertad. Tan pronto como se endereza, su dueño se inclina hacia adelante y hace un sonido extremadamente inusual. El sonido es grave, ronco y posesivo. Los ojos de Sherlock se amplían, y antes de siquiera poder contestar, se encuentra a sí mismo empujado a su anterior posición, su culo alineado con las caderas de John.
Oh.
Sherlock ha escuchado a John hacer numerosas vocalizaciones durante el tiempo que llevan juntos. Toses insignificantes: por supuesto. Risas indecorosas: definitivamente. Maldiciones intensas: oh, Dios, sí, muy a menudo antes del desayuno. Pero nunca antes lo había escuchado rugir por completo, como cuando Sherlock se aleja, y luego gruñir de satisfacción cuando Sherlock vuelve a acercarse.
Mmm.
Mientras John sigue aún inconsciente, su inmenso pene está ahora haciendo guardia. Este tercer compañero de piso está, en este instante, enterrándose en la suave parte trasera de Sherlock. Justo en sus posaderas, no entre sus nalgas, gracias al cielo, porque eso sería inaguantable. Incluso, imposible. El detective consultor no tendría más opción que acostarse boca abajo y dejar que su deseoso novio lo follara hasta que fuera miércoles de cenizas.
Porque debajo de su etiqueta, profesionalismo y moralidad, eso es lo que John quiere, ¿no es así? ¿Sostenerlo y tomarlo? ¿Extender sus piernas, abrirlo y tomar control de su tembloroso cuerpo?
Tal vez sí. Tal vez no.
Durante la mayor parte de su vida, Sherlock ha hecho cualquier cosa que quería, y espera que los demás hagan lo mismo. Que John aún no lo haya follado sobre la mesa de la cocina deja la sinceridad de su deseo abierto a ser cuestionado. Antes de este amor naciente, el médico del ejército sólo se había servido de mujeres, y a Sherlock le molesta que no tenga nada que ofrecer en este ámbito. Pese a que en la superficie, Sherlock es una criatura llena de contradicciones… tendones y seda, llanos y curvas, palabras duras y labios ricos... la realidad es mucho menos complicada. Mental y biológicamente es 100% masculino, y la vara endureciendose entre sus piernas sólo lo hacía más identificable como uno a cada segundo que pasaba.
¿Cómo puede desearme? piensa Sherlock. No soy como ninguna de sus conquistas anteriores. Y también fueron distintas a las mías. Eso es una señal buena o mala. Después de todo, todos esos coqueteos no duraron. Para ambos de los dos, nuestras antiguas parejas no fueron suficiente. ¿Es esto suficiente?
Gimiendo, John se embiste contra la suave piel de su culo.
Oh, Dios.
Sin duda, se siente suficiente. Se siente como estar en el cielo, la verdad, pero en un peldaño debajo de este: uno en el que sólo se frota y se evita la penetración. John está respirando con más fuerza ahora. Sus labios se abren contra la nuca de su amante, buscando más oxígeno, y su pene se frota a ciegas, buscando más de Sherlock.
Ungh.
Físicamente, John no tiene idea de lo que está haciendo. Moralmente, tampoco Sherlock.
¿Qué se supone que debo hacer? ¿Quiere que lo despierte? No lo quiero despertar; quiero aprender de él. ¿Qué libertades puede John tomar sin su humilde consciencia? Si no fuese por el filtro de su inapropiado y, de alguna forma, inconsciente profesionalismo, ¿qué haría John Watson conmigo? ¿Qué me haría a mí?
Sherlock gime, y John, aún dormido, responde a su gemido y continúa frotándose.
La frustración es paralizante. La curiosidad es un motivador mucho más tentador.
Sherlock sabe que no se supone que deba hacer pruebas en John sin su consentimiento. El subterfugio molesta al sujeto de prueba. Sin embargo, este es John haciendo una prueba en él, ¿no es así? Claramente, el cuerpo del médico del ejército está tratando de descubrir cómo introducirse en el cuerpo de Sherlock. El ángulo está mal, no hay lubricante, y ni siquiera ha encontrado su entrada. Pero está experimentando, y si hay algo que Sherlock odia, es un experimento abortado. Se estremece, y luego se tensa y deja que su dormitado compañero de piso lo explore con la cabeza descubierta de su pene.
Si John tuviera la intención de oler a té y bergamota hoy día, está perdido. La esencia emanando de él en este momento es salvaje. Huele como a sexo, deseo y posesión, y un lenguaje gutural de jadeos y gruñidos proceden de su boca. Sherlock no puede evitarlo; se embiste contra John, y John ruge. Hasta este momento, Sherlock nunca se había dado cuenta que John tenía un modo rugidor, pero allí estaba, vocalizando como una cosa con colmillos y pelaje. Sonaba como un lobo protegiendo una particular pieza suculenta de carne.
—Mío —suelta John, sosteniendo a su compañero de piso.
¿Quién pertenece a quién? ¿Está soñando con alguna de sus mujeres? Para la eterna mortificación de Sherlock la pregunta de quién a dormido con quién, y cómo, ha capturado su atención recientemente.
La polla de John. ¿Dónde la colocaron sus anteriores amantes? En sus bocas, sí. Entre sus pechos, seguramente. Entre sus piernas, sin duda. ¿Dónde más? ¿Tomó a alguna de ellas analmente? ¿Estaban de acuerdo con eso? Dios sabe que yo sí. Difícilmente me vengo por ser penetrado, pero si John me lo ofrece, me muero de ganas.
Por lo que a Sherlock le respecta, su novio puede poner su pene en el lugar que quiera, siempre y cuando lo esté tocando.
John. Cualquier cosa en la que puedas pensar, te la permito. ¿Quieres atarme? ¿Echarme cera encima? ¿Amordazarme? ¿Poner uno de tus testículos en mi boca? Tal vez no, pero te lo permitiría. No hay nada que no te permitiría hacer.
Sherlock debe haber tenido un espasmo involuntario por el pensamiento, porque John lanza una experimentada pierna por encima de él y lo inmoviliza. Habiendo asegurado a su compañero de piso de esta forma, vuelve a embestir. El hombre más alto puede que no esté en el lugar exacto en el que John lo quiere, pero está cerca.
Sherlock se arquea para volver acomodarse y al mismo tiempo ayudar a John, pero eso podría arruinar el experimento. La ciencia usualmente lo ayuda a quitarse de la mente algo problemático: por ejemplo, su demandante pene, el cual está palpitando en el aire. Piensa en la química.
Bromuro de pancuronio. Antagonista competitivo de la acetilcolina. Esteroide. Se une con los mismos receptores que la nicotina. Como John, incrementa la salivación, sudoración y ritmo cardíaco. Enlentece la respiración y relaja los músculos. Esto también es algo típico de John. Realmente es algo con lo que puede asesinar, si es que no estuviera ya asesinandome lentamente con esto: sintiéndolo, duro y pesado contra mi piel, como una Glock con una bala cargada.
Ya fue suficiente química. Sherlock piensa en biología.
Contenidos de la eyaculación humana: medio millón de espermatozoides. Fosfatasa ácida, aminoácidos, antígenos. Vitamina C, citrato, enzimas. Fibrinolisina, flavinas, fructuosa. Fosforilcolina, prostaglandinas, zinc. Una sorprendente cantidad de azúcar para algo que tiene sabor amargo. Una sorprendente cantidad de ácido para algo que tiene el carácter resbaladizo de un alcalino. Suficiente ADN como para construir un ejército de Johns. Todo lo que quiero dentro mío, cortesía de su pene. Los compuestos químicos, quiero decir, no el ejército.
Está bien, sí. Si sólo está conformado de Johns, quiero el ejército.
John tiene a Sherlock envuelto entre sus extremidades ahora… un brazo por encima de él, una pierna prendida a él, y otro brazo acunando su rizada cabellera. Un par de neuronas fallan y hacen que se aferre y sacuda. Cuando sus dormidos dedos se contraen involuntariamente, su pulgar hace contacto con el sensitivo pezón izquierdo de su compañero de piso. Esto aumenta la atención del militar. Aún dormitando, John vuelve a presionarlo.
Ohhhhh demonios.
Sherlock sisea por el ligero dolor, pero no se aleja. Aún está probando ver lo que su dormido y palpitante compañero de piso desea. En cuanto a lo que él quiere: es obvio. Baja la mirada hacia su dolorido pene y gime. Está estirándose hacia los codiciosos dedos de John como una planta dirigiéndose hacia la luz del sol. Su cabeza está roja, suave y cubierta de un brillo claro. Está supurando, probablemente por la frustración. Sherlock duda que cualquier tipo de contacto ligero con las membranas mucosas de John lo harán feliz.
John, por favor. O permíteme tenerte o fóllame de una vez. Mi cuerpo: tómalo. Es tuyo. Ha sido tuyo para que hagas lo que desees desde hace meses. ¿Por qué no puedo tenerte? Tus referencias mal concebidas de tus estándares profesionales no tienen sentido. No tendrás relaciones sexuales conmigo hasta que haya conseguido a otro médico, pero trataste de acostarte con tu jefa al primer día, y me hiciste una mamada a pesar de que requería una certificación de la Junta médica. Maldición. Me estás matando de a pocos. Simplemente termina conmigo.
Si alguien le hubiera dicho a Sherlock hace tres meses de que desearía a alguien de la forma en la que desea a este hombre, hubiera llamado a esa persona un idiota. En estos días, al único que distingue con ese apodo es a John. El médico del ejército responde alegremente al insulto y a menudo lanza un complementario "imbécil". De alguna forma, los tonos de voz que ambos hombres usan son sospechosamente como los que cualquier persona usaría para decir amor/cariño/cielo/molesto/bombón.
Bastardo. Está dormido, pero está haciendo esto a propósito. Con todo ese contoneo ya debería haber encontrado el camino. Es simplemente él. Rozándome todo y no…
Oh.
La diatriba mental de Sherlock termina allí, porque John ha encontrado su hendidura y ahora está dividiendo sus nalgas bruscamente con su polla extremadamente equina. El hombre más alto jadea cuando acierta contra su perineo. Su punta está resbalosa por el deseo, y su cabeza está asomándose fuera de su cubierta. En un ataque de simpatía, el prepucio de Sherlock se retrae.
Debe haber algo de lo que John dijo sobre las neuronas espejo, piensa Sherlock. En la presencia de John, puede sentirlas aparecer como las erecciones matutinas al amanecer.
Está claro para él ahora que John despierto y John dormido no son la misma persona. John despierto no está dispuesto a follar al tan dispuesto Sherlock hasta que este último reciba ayuda independiente para sus problemas de salud mental. A John dormido le importa un carajo el Servicio Nacional de Salud, sólo le importa conseguir el ángulo adecuado para penetrarlo. John despierto es considerado. John dormido piensa que el líquido preseminal es un sustituto razonable para el lubricante. John dormido está decidido a tomarlo, y Sherlock no tiene fuerza de voluntad para decir no. De hecho, sí es la palabra que gritan sus poros, puntas de los dedos, y las raíces de su cabello castaño.
Los nervios de Sherlock se retuercen y cantan. La geometría sexual es fascinante. Tiembla contra el pesado cilindro del pene de John y los dos sólidos platónicos de sus bolas. Este es su amante, inteligente y luchador, y listo para poner una bala en quien siquiera se burle de él. El cuerpo de John, maduro y con semillas, se está presionando contra el suyo.
John. La anticipación me está matando. Empújame y móntame. Acuéstate conmigo. Sé mi pareja, en todo el sentido de la palabra.
Como si escuchara esto, John inclina sus caderas, y luego descansa su pene y lo presiona contra el agujero de su compañero de piso. Sherlock gime. Es la primera vez que siente a John presionado contra su entrada de esta forma, y lo está volviendo loco. Se estremece y contrae contra la punta de su amante.
Oh, Dios. Casi me estás follando. Casi no es lo suficiente bueno. ¿Vas a tomarme así seco? Hazlo. Lo quiero. Tómame.
Aturdido por el deseo, Sherlock baja la mirada hacia su pene… rojo, expuesto, brillante, con la hendidura abierta y goteando. John lo ha excitado por completo. Sin ser tocado, el pene del hombre más alto se sacude con optimismo contra su estómago.
Igual de optimista, John da una lenta y ardiente embestida contra él, buscando entrar. Sus dientes rozan la parte posterior del cuello de Sherlock.
Sherlock gimotea y se mueve. Se pregunta qué es lo que hay en ser un instrumento del placer de John que hace que su sangre se vuelva lava y sus huesos cenizas. Aunque es poco probable de que la provocación de John le haga tener un orgasmo, prefiere ser provocado por John que satisfecho por alguien más.
¿Quieres venirte, verdad? Estás tan cerca, pero necesitas algo más. No puedes introducirte en mí así; ahora me doy cuenta. El ángulo está mal; no hay lubricación; y sin preparación soy demasiado estrecho para tu gigantesco pene. Pero te daré algo similar. Vente para mí, mi amor.
Sherlock tensa su tonificado trasero tan fuerte como puede. Inmediatamente es recompensado con un irregular jadeo. John no puede penetrarlo, pero debido a los poderosos músculos de Sherlock está atrapado entre piel impaciente y caliente. Añádele a eso la cosquillosa contracción del necesitado agujero de su amante y es suficiente para hacerlo aullar por encima del precipicio.
—Sherlock —grita, ahora despierto, cuando su compañero de piso ordeña el clímax de él—. Joder, oh maldito infierno, Sherlock, eres…
¿Desesperante? ¿Sexy? ¿Quien hace que me venga?
Sherlock nunca se entera exactamente de qué es, porque John se vuelve mudo cuando tiembla, llega al séptimo cielo y empapa la parte trasera de su novio con semen. Algo acaba justo dentro de Sherlock y el resto encima de él.
—Oh, Dios —murmura John—. Sólo… oh, Dios.
Alterna su nombre con el de Sherlock por el próximo minuto y medio.
Le toma tres minutos abrir sus ojos, y dos más poder enfocarlos. Una vez que vuelve a tener su sistema ocular en funcionamiento se sorprende al ver a su amado con los labios rojos, pupilas dilatadas, el pecho agitado, el pene completamente duro, presionar los botones de un celular robado.
—¿Qué estás haciendo?
John quiere saber.
—¿Qué crees que estoy haciendo? —responde Sherlock, irritado—. Estoy llamando al Servicio Nacional de Salud.
