Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a lovelovelove22, yo sólo me adjudico la traducción.
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EPOV
Los días posteriores a que Bella prácticamente terminara lo nuestro parecieron años. Nunca llamó y yo estaba cada vez más inquieto. Annabelle tampoco lo hacía fácil, apenas me hablaba y me miraba de mala forma. Alice también estaba enojada conmigo. Insistía en que era el peor hermano del mundo por hacerla elegir entre su amistad con Bella o conmigo. Tuve que ignorar eso, atribuí el mensaje que me dejó en el contestador al exceso de cafeína.
Por lo tanto, trabajé. Y trabajé, y trabajé. Trabajé lo más que pude, intentando concentrarme en cualquier cosa que no fuera Isabella Swan.
Pero eso estaba resultando casi imposible de hacer. Ella estaba constantemente en mis pensamientos, y anduve rondando triste por la casa los días que no tenía que ir al trabajo. Finalmente, Annabelle cedió un poco.
Era sábado, una semana después de la noche en que mi relación con Bella se fue al demonio. Estaba sentado en la mesa de la cocina, fingiendo hacer papeleo, pero realmente estaba mirando un punto en el espacio, pensando en Bella y en todos los errores que había cometido. No escuché cuando Annabelle entró a la habitación, así que me sobresalté cuando se sentó a mi lado en la mesa.
"Lo siento", susurró, mirándome a través de sus pestañas. Logré sonreírle un poco y le di un suave golpecito en la nariz.
"Está bien, pequeña, no te escuché venir. Estaba… uh, haciendo cosas del trabajo", le aseguré. Annabelle asintió y me miró sin decir nada, mordiendo su labio inferior, como Bella solía hacer.
"¿Por qué estás tan triste?", preguntó suavemente, preocupada.
"No estoy triste", mentí de manera poco convincente; podía asegurar que Annabelle parecía no me había creído.
Suspiró y tamborileó sus uñas sobre la mesa. "¿La extrañas?", cuestionó, sus mejillas teñidas de color rosa. Me quedé en silencio por un momento, preguntándome qué debería decir en una situación como esta. Después del divorcio no esperaba tener otra relación a largo plazo, así que nunca me preparé para dejar entrar a otra mujer en mi vida; Annabelle había sido mi centro por mucho tiempo.
"¿Extrañar a quién?" pregunté finalmente, manteniendo los ojos bajos. Annabelle suspiró nuevamente y pude escuchar la reticencia en su voz.
"A ella. Ya sabes… Bella".
Respirando profundamente, levanté la mirada para encontrarme con la de mi hija. Cuando lo hice, se me hinchó el corazón.
Se parecía tanto a su madre: ojos de un azul puro, llenos de curiosidad y enmarcados por unas pestañas gruesas y largas; espesos rizos rubios caían por su espalda, y su figura diminuta; era idéntica a Rosalie. Y tal como a ella, odiaba decepcionarla. Rose había sido mi vida en un momento, y luego lo fue Anna… y ahora, estaba dividido.
Bella era mi amor, pero Annabelle era mi vida.
¿Cómo podía separar a las dos? ¿Cómo darle a ambas todo lo que se merecían?
"Papá", me llamó Annabelle repentinamente, sacándome de mis pensamientos; volví a sobresaltarme y su expresión decayó un poco. "Lo haces", susurró, desviando su mirada. "Realmente la extrañas", continuó, vi como sus ojos se aguaban un poco. "Lo siento, fue mi culpa que ella se marchara". Se atragantó, y una lágrima se deslizó por su mejilla.
Me acerqué a ella y limpié su mejilla con mi pulgar. Luego, tomé su mano y la llevé a la sala de estar, dejando todo el papeleo detrás.
Me senté en el sillón y la atraje a mi regazo. Ya tenía trece años y era prácticamente muy grande para que esto fuera cómodo, pero no me importaba. Envolví los brazos alrededor de mi hija mientras ella presionaba su cara contra mi pecho y comenzaba a llorar. El torrente de lágrimas comenzó a empapar mi camisa, pero, nuevamente, no me importaba. Simplemente pasé mis dedos por su cabello y besé la parte superior de su cabeza.
"No es tu culpa, Anna", la tranquilicé, meciéndola levemente. "Cometí algunos errores, y eso es el motivo por el cual se fue Bella", expliqué.
"Pero fui tan mala", dijo, aún llorando. "El sábado pasado fingí quedarme dormida temprano y me escabullí cuando escuché ruidos-" Annabelle dejó de hablar, con una nueva oleada de lágrimas. "Debes odiarme. Arruiné todo".
"Hey, cariño, está bien", susurré en su oído. "Nunca, nunca podría odiarte, Annabelle. Quiero que te saques eso de la cabeza, porque siempre voy a amarte. Independientemente de lo que digas o hagas, siempre vas a ser mi hija. Tu madre y yo te amamos tanto; de la única forma que un padre puede amar a un hijo. Tienes que darte cuenta de eso, cariño."
Annabelle se sorbió la nariz y me miró, aún llorando un poco. "Lo siento", susurró. "Sé que eras feliz con Bella, y ahora que se fue… estás triste. No quiero que estés triste."
Sonreí y volví a besar la parte superior de su cabeza. "Voy a arreglar las cosas con Bella, cariño. E incluso si las cosas no funcionan entre Bella y yo… te tengo a ti. Y tú me haces feliz, Annabelle".
Me sonrió con dulzura y volvió a hundir su rostro en el hueco de mi cuello; su llanto se había detenido por completo.
"Le pediré disculpas a Bella si eso ayuda", murmuró; me encogí de hombros.
"Está bien. Pero primero tengo que suplicar que Bella se de cuenta de que la quiero nuevamente en mi vida".
