MANHUMAN.
Nota: este es un Criminal!AU. Por favor absténganse de dejar comentarios negativos por Enji o la pareja. Los drabbles no tienen secuencia, pero son del mismo espacio/tiempo.
iii. serial killer.
Todo pasó demasiado rápido.
Estaba forcejeando, desesperado, cuando los oficiales lo estaban llevando dentro de las patrullas y él aullaba, indignado por que lo dejaran ir. Fue cuando se dio cuenta, Himiko los había abandonado y ahora el bar estaba siendo saqueado por posesión de drogas y prostitución.
—¡Hey! ¡Déjame ir! —sus brazos dolían por la presión ejercida con los dedos ajenos. Hasta que fue arrastrado dentro de uno de los automóviles justo donde estaba ese oficial, el temido.
Dicen que el rey del fuego fue besado por el hielo.
Cuando comenzó a andar el automóvil, Hawks tragó tanto que la garganta le dolió. Se quedó quieto en su lugar, sin mirar a ningún lado en particular, ignorando el frío de la piel por estar descubierta en ciertas zonas.
—¿Por qué llevas un crucifijo en el cuello?
Era dorado, de oro con incrustaciones de unos diamantes, era de su madre. Pero no contestó.
Dicen que el rey del fuego tiene el cabello rojo, como las llamas, pero que sus ojos son fríos como el hielo.
El auto se detuvo en un callejón oscuro, no había siquiera un vagabundo o un alma en pena en el lugar, no había nadie quien lo socorriera si algo llegaba a pasar.
—Llevo tres años procesándote, a pesar de que la primera vez me dijiste que dejarías esta vida. —el pelirrojo no se giró, sólo a su cabeza y sus ojos parecieron perforar cada uno de sus poros hasta mirar más allá de lo que Hawks hubiera deseado.
—Mamá me odiaba por ser homosexual. Me dijo que era un monstruo, que para mí no habría salvación ni aquí ni en otro lugar pues no había otro nombre en el cielo al que pudiera pedirle perdón. —la información salió de su boca, rápidamente—. Este es su crucifijo, su afrenta.
—Conozco a personas que son verdaderos monstruos allá afuera. —comenzó el oficial, Enji como rezaba su placa—. He arrestado a tipos peores que tú a quienes realmente no les importa ser sal…
Pero todo paró.
Cuando la boca, espinosa del muchacho le besó, cuando a sí mismo se encontró en la oscuridad, sosteniendo ese cuerpo entre el suyo, tocando en la espalda las líneas que corrían, de cicatrices, cubiertas por tatuajes que acarició y algo en su pecho ardió, como una granada de amargura.
Él es el rey por el que van a la guerra.
