Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a lovelovelove22, yo sólo me adjudico la traducción.
StephMidnight es mi hermosa beta
BPOV
Normalmente, los sábados intentaba dormir lo más que podía; pero hoy no. Me levanté temprano, tomé una ducha y me vestí. Luego, me senté en la mesa de la cocina, impaciente, a esperar que Edward me llamara y me dijera que estaba en el estacionamiento. A las ocho en punto, estaba comenzando a sentirme inquieta... y cansada. Las tres tazas de café que me había tomado, todavía no habían surtido efecto.
Entonces, de forma repentina, mi teléfono comenzó a sonar. Prácticamente salté sobre él, y lo llevé inmediatamente a mi oreja. "¿Ya estás aquí?", pregunté, poniéndome de pie. Arrojé mi bolso sobre mi hombro y me alisé mi sudadera.
"¿Bella? Soy mamá…", dijo una voz confundida y me quejé internamente.
"Oh, lo siento mamá, estaba esperando una llamada de otra persona", dije de manera poco convincente. Me volví a sentar en la silla. "¿Qué pasa?"
Mi mamá hizo una pausa, y yo tamborileé los dedos sobre la mesa. "Simplemente quería saber cómo estabas. Hablé con Charlie el otro día, y dijo que te fuiste de Forks. ¿Por qué no me lo dijiste?"
Suspiré, cerrando fuertemente los ojos. "Lo siento, mamá… estuve ocupada. Y sí, me fui de Forks, estoy viviendo en Seattle", vacilé, sin saber qué más debía contarle. "Supongo que papá te contó que Mike y yo terminamos", dije finalmente.
"Sí, lo hizo. ¿Por qué, Bella? Pensé que las cosas estaban muy bien entre ustedes. El año pasado cuando vinieron para Navidad, llegaste a decirme que creías que iba a pedirte matrimonio-"
"Bueno, creo que no lo hizo", la interrumpí, demasiado cortante. "Mira, mamá, siento no haberte llamado pero me tengo que ir. Hablamos más tarde", y con eso corté.
Mi mamá y yo no teníamos la mejor relación. Cuando mis papás se divorciaron, la culpé a ella. Porque realmente era su culpa. Había tenido una aventura por tres años, y, luego, decidió dejar a mi padre. Incluso tuvo el descaro de insistir en que fuera a vivir con ella a Florida… y me negué. No quería dejar Forks, no quería dejar a mis amigos, y definitivamente no quería dejar el único hogar que había conocido.
Entonces hicimos un compromiso: nos hacíamos llamados que solían terminar en peleas, y yo viajaba a Jacksonville todos los veranos hasta que cumplí los dieciocho. A veces la iba a ver cuando sentía culpa… pero prefería mantenerme alejada. No tenía sentido dañar más nuestra relación peleando cada vez que iba a visitarla.
Finalmente, llegó el llamado que estuve esperando toda la mañana. "Bella, te estoy esperando en el estacionamiento", dijo Edward con voz cansada y malhumorada. Escuché la música a todo volumen de fondo, y sonreí.
"Está bien. Estoy abajo en un segundo", contesté mientras salía del departamento, cerrándolo con llave.
"Bueno", suspiró Edward y luego colgó.
Rodé los ojos y guardé el celular en mi cartera. En el tiempo que llevaba saliendo con Edward, lo más importante que aprendí es que no era una persona madrugadora, especialmente si había trabajado en el turno de la noche.
Cuando salí al estacionamiento, me encontré a Edward con su cabeza apoyada en el volante, y a Annabelle en el asiento del copiloto, bailando como loca al ritmo de la música, que se escuchaba incluso fuera del auto.
Golpeé la ventanilla del conductor y Edward se enderezó lentamente. Bajó la ventanilla y el volumen de la radio al mismo tiempo. "Hola, amor", saludó cansinamente. Me incliné para besarlo.
"Buen día", saludé, sonriendo.
"Anna, ve al asiento de atrás. Los adultos se sientan adelante", refunfuñó Edward y Annabelle lo hizo sin rechistar.
Me deslicé en el asiento del acompañante y le alcancé a Edward una taza térmica con café. "Te ves agotado", señalé. Edward tomó el café agradecido.
"Lo estoy", suspiró. "Y gracias", agregó, tomando un largo trago para luego acomodarlo en el portavasos.
"¿Papá? Por favor, ¿podemos irnos?", preguntó Annabelle, inclinándose hacia adelante y apoyando sus codos en el centro de la consola. "Quiero comprar algunas cosas".
Edward cerró los ojos y luego los abrió de golpe. "Sí, Anna. Ya vamos", contestó, con voz grave. "En cuanto te pongas el cinturón de seguridad", añadió bruscamente. Annabelle rodó los ojos e hizo lo que le había pedido. "Bien", murmuró Edward y puso el auto en marcha.
"¿Puedo llevarme esto también?", preguntó Annabelle por enésima vez en el día, y recién eran las once de la mañana.
"Me vas a dejar sin nada, pequeña", suspiró Edward, sin embargo pasó su tarjeta de crédito a la cajera. "Es mejor que esta ropa te dure hasta… Navidad", agregó y Annabelle sonrió con inocencia.
"Sí, está bien, papá", rió. Le di un codazo a Edward en las costillas.
"Eres una presa fácil de persuadir", susurré. Edward me sacó la lengua.
Cambió las bolsas de mano, mientras salíamos de la tienda, y bajó la mirada a Annabelle, que estaba mordisqueando su pulgar distraídamente. "¿Estás segura que no quieres nada?", preguntó, haciendo un gesto hacia las tiendas que nos rodeaban. "No creo que un par de bolsas más vayan a hacer una gran diferencia".
Negué con la cabeza, riendo. "En serio, estoy bien. No necesito nada".
"Pregunté si querías algo", aclaró Edward, y suspiré.
"No quiero que me malcríes, Edward. Ya te lo he dicho", contesté, y Edward me miró por el rabillo del ojo.
"Está bien", dijo, pero vi un brillo en sus ojos.
Y sabía que no debía confiar en esa mirada.
Nota de traductora: ¡Les deseo a todas mis queridas lectoras (incluso a las fantasmitas) un muy fin de año y un mejor comienzo del nuevo!
