Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a lovelovelove22, yo sólo me adjudico la traducción.


Mi adorable beta es StephMidnight


BPOV

"Papá, ¿vas a llevarme a la escuela o…?", escuché que alguien hablaba, pero honestamente no me importaba. Estaba cansada y todavía medio dormida, así que me di vuelta y cerré los ojos. "Oh… em… ¡lo siento!"

Fue en ese momento que recordé dónde estaba: en casa de Edward. En su cama. Con su hija presente. Me incorporé rápidamente, al mismo tiempo que Edward.

"Annabelle… nos vio", dije por lo bajo, con los ojos abiertos como platos. "Edward, ¡vino aquí y nos vio! ¡Juntos, en la cama!", exclamé. La comprensión finalmente se hizo visible en el rostro de Edward.

"Ay, mierda", siseó. Salió de la cama rápidamente y se puso su ambo verde. Lo imité, apresurándome a vestirme con alguna de las prendas que guardaba en uno de sus cajones. "¿Dijo algo? ¡No me desperté hasta que te moviste!"

Negué con la cabeza frenéticamente, abrochando los botones de mi camisa lo más rápido que podía. "No, empezó a preguntar algo, luego nos vio y ¡se fue!"

Edward gruñó y pasó las manos por su cabello, despeinándolo aún más. "¿Qué le digo?", preguntó, frunciendo el ceño y tirando de su cabello. "Rosalie va a enloquecer…", agregó, volviendo a gruñir. Me acerqué a él, y coloqué mis brazos a su alrededor.

"Estoy segura de que estará bien", lo tranquilicé. "No hicimos nada malo".

"Lo sé", Edward suspiró, dándome un fuerte abrazo. "Pero no sé cómo va a tomarlo". Besó la parte superior de mi cabeza, sonriendo un poco. "Te amo", susurró en mi oído.

"Yo también te amo", me reí. Nos besamos suavemente, sin darle importancia al aliento matutino.


Bajamos juntos a la cocina; Annabelle estaba sentada en la mesa, leyendo un libro y bebiendo un vaso de jugo de naranja.

"Buenos días", la saludó Edward, sacando dos cuencos y una caja de cereales.

"Buenos días", murmuró Annabelle, sin levantar la mirada de su libro. Edward y yo nos miramos. Me encogí de hombros, sentándome a la mesa mientras él nos servía los cereales. Entonces, vino a sentarse y, luego de darme mi cuenco de cereales, se aclaró la garganta.

Annabelle levantó la mirada, pero no bajó su libro. "Anna… respecto a lo de esta mañana", empezó a decir Edward, pasando distraídamente el dedo índice por el borde de su taza. "No es lo que parece".

"Parecía que ustedes estaban en la cama", replicó Annabelle, con voz burlona, cerrando finalmente su libro.

"No uses ese tono conmigo, señorita", espetó Edward, golpeando la mesa con su puño. "Estoy intentando tratarte como un adulto, pero te estás comportando como una niña".

Soy una niña!", exclamó Annabelle a los gritos.

"Decídete. ¿Quieres que te de los privilegios de crecer o que te trate como un bebé? Tranquilamente puedo cambiar el horario de tu toque de queda para las nueve, si ese es el caso. O quitarte el teléfono, o la computadora", respondió Edward rápidamente. Me mantuve en silencio, no quería meterme en el medio ya que no me correspondía regañar a Annabelle.

Annabelle entrecerró los ojos. "El hecho de que Bella me caiga bien no quiere decir que quiera verla en tu cama por la mañana", replicó. Retrocedí un poco. "En la cama de mamá", agregó por lo bajo.

"Ve a vestirte y a prepararte para la escuela. Ni Bella ni yo nos merecemos tu falta de respeto", contestó Edward enojado. "Tú, tu madre, Bella y yo vamos a tener una conversación cuando vuelvas a casa". Annabelle se quedó quieta por un momento, luego se puso de pie y subió las escaleras dando pisotones.

Edward exhaló sonoramente, y luego bajó su cabeza. "Está bien", lo tranquilicé. "Necesitas hablar con ella, así se calmará", le aseguré y le sonreí débilmente.

"Lo sé, creo que debe ser difícil para ella", me confesó en voz baja, "ser adolescente y sólo poder ver a tu mamá un mes de por medio. Pero esa no es excusa, estuvo fuera de lugar".

Asentí, estirando mi brazo sobre la mesa y tomando su mano. "Te amo", dije en voz baja. Edward esbozó una sonrisa auténtica.

"Yo también te amo", me aseguró. Besó mi mano justo en el momento en que Annabelle volvió a entrar en la cocina dando fuertes pisotones; tenía puesto el uniforme del colegio y sostenía su mochila.

"No necesito que me lleves a la escuela", dijo secamente, agarrando su almuerzo de la mesada. "Tomaré el autobús".

Y con eso, salió marchando de la cocina con la cabeza en alto.

Edward la observó mientras se iba, sus labios tensados en una línea y sus ojos entornados. "Esa niña se parece demasiado a su madre", murmuró, sacudiendo la cabeza. "Me vuelve loco", me reí por lo bajo e hice a un lado mi cuenco de cereales.

"¿A qué hora tienes cirugía?", pregunté, alzando mis cejas de manera sugerente. Edward sonrió y se inclinó para besarme profundamente en los labios.

"No tengo nada hasta el mediodía", susurró contra mis labios, llevando sus manos hacia mi nuca. "¿Qué tienes en mente?"

Me reí tontamente mientras se ponía de pie y me levantaba de mi silla. Besándome apasionadamente, me recostó sobre la mesa, colocando sus codos a ambos lados de mi cabeza. "Bueno… lo hemos hecho en mi casa, ahora creo que deberíamos bautizar tu casa", comenté cuando dejó de besar mis labios para besar mi mandíbula y cuello.

"Hmm… eso suena muy bien", Edward rió contra mi cuello, haciendo que me estremeciera un poco por las vibraciones.

En el momento en que empezaba a deslizar su mano por debajo de mi camisa, sonó el teléfono. Ambos gruñimos, Edward dejó caer su cabeza sobre mi hombro. "Un momento", suspiró, frotándose la frente e inclinándose sobre mí para tomar el teléfono. "¿Hola?", atendió, sin moverse de su posición.

Edward continuó besando y lamiendo mi clavícula delicadamente mientras escuchaba a quien fuera que le estaba hablando, tuve que contener mis ganas de reír. "Mmmjmm", musitó Edward. "Sí, está bien. Nos vemos", dijo, suspirando.

"¿Quién era?, pregunté. Edward había dejado de besarme y estaba frunciendo el ceño, mirando el teléfono en su mano.

"Rosalie", masculló. "Quiere hablar con nosotros antes de que hablemos con Annabelle".

Gimoteé y me dejé caer en la mesa cuando Edward se puso de pie, quedando entre mis piernas. "Está bien", suspiré, sentándome. "Pero me debes una".


Nota de traductora: Lo prometido es deuda :)

Ya vimos (parte de) la reacción de Annabelle, ahora falta la de Rosalie, a quien ustedes quieren tanto, jeje.

¡Que tengan un muy buen fin de semana!