Disclaimer: Ni Fairy Tail, Once upon time, y las historias de princesas me pertenecen. Lo único que me pertenece es esta historia que he creado sin fines de lucro.


Capitulo II

Little town, it's a quite village


Pasado. Fiore. Meses antes de la maldición.

En una pequeña casa de madera una chica caminaba de un lado para otro. Papeles estaban adornado el suelo mientras que otros los llevaba ella en brazos. Su vestido (gastado, y un poco sucio) se lleva de encuentro dichos papeles. Pero parece no darse cuenta, pues en voz alta está hablando (diciendo que si tuviera las herramientas necesarias, su experimento estaría terminado).

Y si alguien la viera hablar a la nada de seguro dirían que está loca, pero a ella le vale un comino. El pueblo ya la tacha de una chiflada por inventar artefactos, que la evadan como plaga le daba igual. Como su fallecido padre le dijo una vez "Levy, naciste en una época muy atrás a la que merecías, pero no dejes que sus mentes ignorantes detengan la tuya."

Y ahí estaba Levy. Echando andar todos aquellos artefactos que ella y su padre habían comenzado a crear pero que por una enfermedad, este último no tuvo la oportunidad de ver. Pero allí estaban todos. Incluso la que ella llamó lunterna puesto a que era un artefacto que te brindaba luz de noche sin necesidad de encender un candelabro, una antorcha o vela; solo había necesitado un tubo de fibra con tapa de latón y un lente de cristal.

Su meta había sido hacer muchas para la gente del pueblo, más por los niños que juegan hasta que se pone el sol y las mujeres que salen a ir por su esposos a la taberna, pero solo recibió burlas de parte de todos.

A lo que una sola linterna yace en el estante donde otros objetos reposan.

— Pero un día a alguien le encantarán estas cosas— dijo mientras se sentaba en un sofá y abría un libro. —Tal y como papá dijo, no me debo dar por vencer.

Y justo cuando se iba a poner a disfrutar de una historia romántica, alguien tocó a su puerta. Sorprendida pues casi nadie la visita, se levantó con lentitud.

Más cuál fue su sorpresa al ver a Freed del otro lado de esta. Más porque aquel hombre no vivía en el pueblo, y su único negocio era cobrar los impuestos del rey. Pero eso no quiere decir que era un desconocido, pues era una de las pocas mentes que a Levy le agrada.

— Buenos días Freed-san. Pase por favor.

— Me temo que debo rechazar su invitación Levy-san, solo vengo para dar un aviso. Ya lo dejé dicho al pueblo, pero sé que ellos y usted no están en los mejores términos.

Ni lo negó, solo esperó a que continuara.

— Por decreto del rey quedan prohibidas las salidas fuera del pueblo hasta nuevo aviso. Tal parece que por el bosque se han escuchado lamentos de animales, y teme que alguien salga lastimado por ello —suspiró—, la última vez que un mensajero pasó por ahí regresó con heridas. Según dice algo lo había atacado.

— ¿Un animal?

—... Dijo que no era humano, pero tampoco animal. Por lo que me tomo el atrevimiento a pedirle Levy-san, no salga fuera del pueblo por estos días. Sé que suele ir a buscar objetos para completar inventos, pero por el momento el bosque queda fuera de su alcance.

Levy asintió, mientras que el hombre sonreía y daba media vuelta listo para irse, no sin antes sacar un libro y entregárselo.

— Tenga, lo terminé de leer en el camino. Y creo que le gustará leerlo.

Sonrió aceptando el regalo mientras lo iba irse. Agradeció de corazón sus palabras y cerró la puerta mientras leía una pequeña nota dentro del libro.

"Espero y sea de su gusto, sé que le gusta la fantasía y creo esta será de su interés. Es una recopilación de historias, incluso una trata de un príncipe hechizado por una bruja, es una muy popular..."

—... Leyenda de Fiore.

Fue bueno que Levy naciera con esa mente brillante, pues de no ser así, ¿cómo habría atado cabos con la leyenda que estaba leyendo, al bosque que recientemente le han prohibido visitar?

Presente. Magnolia.

Días después de la tormenta en Magnolia, en la alcaldía, Zeref mira como Natsu platica con Erza; la sheriff del pueblo. Ella está informando como ha estado el pueblo en el transcurso de la semana, y que tenían a un tal Bacchus en celda pues hizo escándalo a media calla embriagado. Ah, y que alguien ha estado cortando las rosas del jardín de Irene. Pero no había nada serio. Magnolia era un pueblo muy tranquilo.

Y era porque Zeref así lo prefería. Que todo fuera lento sin salirse de la rutina; lo que menos necesita es que sus peones de ajedrez dieran un mal movimiento estropeando sus planes. Todo era mejor así. Además de que todos sin sus memorias eran más felices. Eran ignorantes de sus mundos de origen donde todo era más complicado. Lo mejor era este presente donde todos estaban en una burbuja (pausados, pues el mundo que está más afuera se movía con más velocidad).

Pero Zeref sabe que no debe tentar su suerte. Por lo que todas las noches patrulla las calles de Magnolia a poner más barreras. No puede permitir que nadie entre, ni mucho menos que salga. Quien sabe qué pasaría si alguien real se encontrara con ellos.

Suspira. Escuchando como alguien toca a su puerta.

—Adelante.

—Buenos días alcalde. — Saluda Mirajane Strauss, quien viste un lindo vestido amarillo mientras que tiene una canasta a la mano. El alcalde le regresa la sonrisa.

—Buenos días Mirajane, ¿a qué debo tu visita?

—Natsu me pidió ayer que le preparara un croissant porque estaría muy ocupado como para comer—respondió revelando el contenido de la canasta. —Es un buen chico, ¿no?

—Es el mejor hermano que alguien puede tener, sin dudarlo.

Y esa era otra razón por la que Zeref prefería este mundo. Pues Natsu su hermano menor lo amaba y lo ponía ante todos. Aquí él era su prioridad. Y nada ni nadie le quitarían eso.

(La única persona que podría hacerlo dormía bajo un hechizo que sabe no se romperá).

—Tengo que contradecirlo en eso señor. Elfman y Lissana son los mejores hermanos que yo podría pedir.

—Hay objeciones en eso, pero todos somos libres de opinar diferente—se levantó aceptando aquella canasta. —Gracias por tener la molestia de venir a entregármela. Permíteme compensarte con algo.

Entonces el alcalde miró una fruta roja que estaba en un montón sobre su escritorio, y con una sonrisa ladina cogió una. Cuanto poder podía tener esa fruta. Cual desperdicio tuvo en aquel tiempo.

—Ten Mirajane, el manzano acaba de dar sus primeros frutos. Sé la primera en probarla.

La mujer de cabellos blancos aceptó el regalo, y con una sonrisa se fue de la oficina. Mientras que le daba una mordida a aquella brillante y roja manzana.

No entiende porqué, un miedo la invadió mientras la comía.


En la cafetería Lissana le sirve café a Gray, quien tiene ojeras que cualquiera notaría a metros de distancia. Desde que llegó le preguntó si acaso había tenido una mala noche (clara había sido la doble intención de sus palabras. Pero Gray solo gruñó exigiendo café (lo escuchó mascullar que dejaría que Loke se las arreglara solo en la heladería).

—Cambia esa cara Gray, espantas a los clientes.

—Por si no lo has notado casi no hay nadie. Solo yo y aquellos de la estación.

—Clientes al fin de cuentas—decía mientras secaba unos vasos—,¿enserio no quieres contarme que sucedió?

Gray vaciló un poco, pero en unos minutos ya se encontraba diciéndole que había tenido sueños extraños. Que había soñado mucho con el mar, el hielo y una voz. Y que el color azul había invadido su visión por completo. Lo que no le había contado era que también había visto a una chica, y que esta se la pasaba abrazándolo y riéndose con él.

Más importante, siempre tenía medio cuerpo metido en el agua. No importaba cuanto lo abrazara, cuanto se riera o cantara, ella siempre estaba oculta en el agua. Y era él quien se sumergía para seguirle el paso.

Lissana mientras tanto se quedó pensativa, pero no sabía que decirle a su amigo. Ese sueño extraño sonaba tan lejano e irreal que no le encontraba una razón. Ni mucho menos cuando Gray dice no reconocer ninguno de los lugares que ha visto en su sueño. La única explicación que le hallaba a esto era que seguramente habría leído un libro extraño antes de dormir.

Hablando de libros…

—Quizás en la librería encuentres algo que te ayude.

—Cierto. Un libro me ayudará a conciliar el sueño.

—¡No por eso! —bufó. —Me refiero a que quizás encuentres un libro que pudiera ayudarte a encontrar el significado de tu sueño. Es decir, Mira-nee soñó una vez que nos hacíamos ricos y al día siguiente encontramos un billete tirado en la calle.

El príncipe de hielo como era llamado en la otra tierra lo meditó un poco. Sonaba absurdo buscar ayuda en libros supersticiosos, pero quizás de esa manera su mente se tranquilizaba para así dejarlo dormir aunque sea sus buenas horas diarias (porque eso de levantarse en medio de la madrugada con ganas de ir al mar, ya lo estaba asustando).

—Y mira que estás de suerte—dijo Lissana mientras sonreía a la entrada del diner—¡Buenos días, Levy!

Gray volteó a mirarla también. Pues Levy McGarden, la dueña de la librería, tal vez le ahorraría el trabajo de buscar entre muchos libros la respuesta a esos raros sueños.

Pero antes de que también la saludara, un objeto en su mano le llamó la atención.

—¿Y esa rosa? —le preguntó Gray, casi se ríe cuando la vio sonrojarse un poco.

—La dejaron en la librería en la mañana junto a una tarjeta.

Lissana sonrió: —¿Y la firmó esta vez?

Levy suspiró. Y esa fue respuesta suficiente.

Pasado. Fiore.

La nieve caía sobre el triste pueblo que no miraba más allá de sus narices y en donde Levy buscaba un poco de aventura. Pero en el bosque por donde ahora iba mientras monta su caballo estaba mucho más lleno de nieve.

Un bosque muy parecido a la historia. Piensa Levy sobre aquel libro que se le fue prestado por Freed ya lo había terminado, no se llevó ni unos días para leerlo. Había sido muy entretenido. Pero también la había hecho sentir pena por aquel príncipe encantado bajo el hechizo de la bruja; solo sin alguien para hacerle compañía, o alguien buscándolo.

No, ese hombre en la historia era descrito como una bestia, un animal. Sin pensar coherente y con pura sed de lastimar. Por lo que leyó como más de una vez intentaron acabar con su vida, pero al parecer nadie podía llegar a su paradero (según Levy los aldeanos de la historia eran unos tontos, si ella se lo propusiera encontraría aquella morada con rapidez).

Otra historia que le había llamado la atención había sido aquella donde hablaban de sirenas. Mujeres de rostro hermoso con cola de pescado. Según se dice ahí usan sus voces para capturar a los marineros y llevarlos hasta el brujo del mar (a Levy eso le parece increíble, más no cree que algo así pueda existir). Pero si se guardaba para sí misma esas historias fantásticas nada malo sucedería.

No era como si alguien le fuese a leer la mente y reírse de ella por desear que esas cosas fantásticas en realidad fuesen reales (el mundo ya tenía a voces la existencia de un ser maligno, no quería ni imaginar qué pasaría si hubiera más).

Y mientras Levy mira los árboles del bosque llenarse de blanco, un poco de ansiedad se apodera de ella, pues recuerda bien la advertencia que Freed le había hecho. Recuerda que le había prohibido estrictamente acercarse al bosque hasta nuevo aviso, pero ella necesitaba hacerlo; ya que era la ruta más rápida para llegar a la capital. Y si quería terminar con aquel artefacto que se ocurrió días atrás (una manera fácil y extraordinaria para escribir sin necesidad de tinta) debía buscar en la ciudad.

Pero eso no quiere decir que no le daba miedo ir, no luego de que en justo en estos momentos algo se ha movido por los arbustos. Y no perdió el tiempo, cuando escuchó el primer aullido echó a andar al caballo. Pues si un lobo aullaba, era porque seguramente una manada venía. Y Levy no tenía una victoria a favor en contra de estos.

A lo que pidiéndole a su padre que la protegiera el caballo galopeó con más fuerza. El pobre había escuchado a los lobos acercarse y no iba a permitir que nada le pasase a Levy.

Y algunas veces el destino juega de muchas maneras. Porque hay muchas cosas que nadie puede predecir (ni siquiera el ser oscuro). El destino trabaja a su antojo y juega con personas; hace que estas se crucen con otras para así crear historias que serán de su entretenimiento. Más nunca sabe cuál impactante puedan ser estas para el mundo; ni el como ocurrirá.

Porque el destino no sabía que el caballo de Levy pusiera todo su peso en una vuelta que dio y por ende, cayera del camino colina abajo.

Nadie tenía previsto, que Levy cayera sobre un jardín de rosas rojas.


Mientras tanto en una playa, una sirena aplaude al príncipe que crea figuras de hielo con sus manos. Le había hecho una pareja en miniatura bailando, pues Juvia había visto pinturas en un barco hundido en lo más profundo del océano y quería que Gray le mostrara que era eso. Claro que Gray se avergonzó, pues por un momento pensó que tendría que bailar ahí solo para que ella viera lo que era (pero se recordó que con magia podría mostrarle).

Y eran esos momentos en los que Juvia deseaba poder tener un par de piernas como él, para así poder tomarle la mano y dar vueltas como esa pareja de hielo danzante.

—Es hermoso Gray-sama…

—Creo que lo es, aunque no me gusta mucho.

—¿Por qué? A Juvia le parece muy bonito.

Gray se pasó una mano por el cabello, pero cuidó que la pequeña figura no dejara de bailar (esa sonrisa en el rostro de ella al ver su magia es algo que siempre le hace el día).

—Desde que tengo memoria siempre tuve que asistir a todo tipos de bailes, aún si era un niño tenía que asistir y bailar aunque sea una canción por el hecho de ser el príncipe. Y más de una vez me pisaron.

Juvia se aguantó reírse de eso último (si dolía igual a como cuando ella se golpeaba en la aleta, no imaginaba al pequeño Gray siendo pisado).

—Pues a Juvia le parece maravilloso. Ya quisiera Juvia poder bailar pero…

Ninguno terminó la frase, ambos sabían en que terminaría. Pues Juvia siempre hizo obvias sus ganas de tener unas piernas para poder conocer el mundo que Gray le contaba. Y para qué mentir, Gray también quería mostrarle todos aquellos lugares que sabe amará. La plaza, el bosque, el salón de fiestas; pero más importante, Gray quería llevarla a las montañas donde había una vista hermosa de toda la ciudad. Y de esa manera, mostrarle lo grande que es el mundo.

(Y que si se lo permitía, él quería mostrárselo todo).

—Pero Juvia es feliz estando aquí, ya que Juvia-

Ya se te hizo tarde. Necesito que vayas a ver a Irene. Resonó la voz de Invel en el agua. Su voz audible para Juvia, muda e inexistente para Gray.

—Juvia lo siente Gray-sama, pero Juvia se tiene que ir.

—¿Vas a hacer un encargo de nuevo?

—Sí, Juvia irá a Edolas—respondió tranquila.

Mientras una idea no tan loca se le venía a la mente.

—Gray-sama, ¿puedes acercarte un poco a Juvia?

—¿Ah?, sí, claro.

El príncipe caminó y se agachó hasta la altura de Juvia, y dio un respingo de sorpresa cuando esta lo abrazó. Colocando lentamente la cabeza en el hueco de su cuello. Se sonrojó, pero eso no evitó que le regresara el abrazo. Y pese a que ella estaba aún mojada, se sentía calientita.

—Juvia se ocupará por varios días—susurró. —Juvia no podrá venir a la playa.

Gray comprendió entonces el abrazo, y eso solo logró que la apretara con un poco de fuerza (por nada usaría mucha fuerza, tiene miedo de lastimarla).

—Te mandaré botellas.

Juvia sonrió con ternura: —Las botellas no viajan por reinos Gray-sama… cuando menos lo imagine Juvia estará aquí.

El príncipe asintió, más no la dejó ir.

Tuvo que ser minutos después cuando la voz de Invel se escuchó de nuevo que Juvia se tuvo que despedir. Y Gray se preguntó que era tan importante como para que la sirena hiciera un viaje hasta Edolas de las Maravillas.


En una celda Levy temblaba. No comprendía que había pasado. En un minuto estaba huyendo de unos lobos y en el otro había caído. Y lo primero que veía al despertar era una especie de calabozo con solo una antorcha que servía de iluminación (aunque se dio cuenta que cuando despertó, tenía una frazada sobre ella). No sabe cuánto tiempo ha estado ahí. Quizás horas, días. Estando inconsciente el tiempo pasa volando. Y lo peor es que no sabe en dónde estaba. Pues en el pueblo que ella sepa no hay calabazos (ni una pequeña prisión tampoco). ¿Y cómo estaría su caballo?, ¿Le habrían hecho daño?

Y cuando escuchó la rejilla de la puerta abrirse dio un brinco asustada, pensando lo peor.

Una voz masculina y profunda habló.

—Veo que has despertado. Eso es bueno, porque ahora me explicarás que hacías husmeando en mi jardín.

Y el miedo que tuvo se evaporó para darle la bienvenida al enojo, ¿la había encerrado ahí, porque la encontró husmeando?, claro, porque haber caído de colina abajo y quedar inconsciente en qué sabe dónde cuenta como husmear, claro. ¡Cómo se atreve!, ¡acaso no vio en qué estado estaba!

—¡Cómo osa usted a acusarme de semejante cosa!, ¡caí de una colina, porqué habría querido caer de cara sobre su dichoso jardín! —exclamó molesta, sorprendiendo al hombre que no creía que alguien de la estatura de ella, tuviera ese carácter. —No sabía que tenía su hogar aquí, y en verdad me disculpo si causé algún daño pero no fue mi intención. Así que antes de acusarme sepa bien los hechos.

Pero nadie le dijo a Levy que el hombre se había acercado a ella, ni tampoco que la luz había dejado verlo con claridad. Sintió como sus piernas flaquearon cuando vio metal en lugar de piel en aquel hombre. Al igual que garras en lugar de dedos. Pero lo que más le aterró, fueron esos ojos rojos que no dejaban de verla fijamente.

Era la descripción de la historia, él era-

Gazille.

Presente. Magnolia.

Juvia limpiaba unos tarros del bar mientras miraba a Cana y Gildrats discutir. Pues esta primera tendría una cita esa noche y su padre, no quería que fuera. Y Juvia se lo tomaría en serio si no fuera por el moco tendido que se estaba echando el hombre. Eso se ganó una risa por parte de ella (aunque este sonido no pareciera ni siquiera una risa).

La campana de la puerta se escuchó y nadie le dio la bienvenida al hombre que entró por la puerta, solo Juvia quien había dejado de lado el trapo para saludar a su amigo; aquel que pocos le hablan, y muchos le temen por las cicatrices que tiene y ojos rojos como sangre. Pero no Juvia, quien conoce su alma gentil (y boba) de tiempos remotos.

A lo que con prisa, saca una pequeña pizarra.

"Buen día, Gajeel-kun."

Y Gajeel le regresa el saludo malhumorado. Ella se da cuenta de inmediato de lo que ocurre.

"¿De nuevo no quisiste dejar tu nombre en la rosa?"

Gajeel no responde, y solo le ordena a Gildrats darle un tarro de cerveza pese a ser apenas medio día. Pues de nuevo ha sido cobarde, de nuevo ha querido seguir en el anonimato. Y es que aunque no lo dijera tenía miedo de la reacción de Levy (quien solo le da los buenos días por cortesía) al saber que era él, quien dejaba esas rosas y tarjetas.

¿Pues quién podría querer a alguien con esas cicatrices que se cargaba?

¿Quién podría aceptar los sentimientos de una bestia, como el alcalde lo llamaba?

(Una palabra que en sueños ha aparecido junto a piel de metal, y una Levy bailarina en vestido amarillo).


Every everyday like the one before

Little town full of little people


Notas de autora:

No mucho ship pero tuvimos un lindo momento Gruvia, y enfoque en Levy. La historia tratará de enfocarse en varios personajes por lo que algunas veces no veremos de unos. Como ahora que no supimos nada de Lucy ni de Natsu (y Zeref nuestro antagónico tendrá su capitulo especial donde veremos más de él). Espero y les haya gustado este segundo capitulo, y para quienes se logren confundir por las interacciones de personajes en otros capitulos se explicará.

Aclaro, no habrá triángulos amorosos. Solo tendremos las otp oficiales y muchos momentos de amistad.

Agradezco por sus reviews, favoritos y follows a todos Liraz Nightray (lloremos juntas por nuestra hermosa otp y porque por fin actualicé), Gabe Logan, nueiii, Lockbullster, Anna, tamii1234 y Alejandra.

Lockbullster, vamos a patear juntas el trasero salado de Invel, gracias por tu review. Anna, siempre quise leer un fic así! y como nadie lo escribió tuve que hacerlo yo (jajajajaja #lloro) espero que te guste este nuevo capitulo!. Alejandra, gracias por amar siempre lo que escribo, aunque te haga sentir cosas bien intensas.

Próximo capitulo: I walked with you once upon a dream

Looop

¿reviews?