Disclaimer: Ni Fairy Tail, Once upon a time, y las historias de princesas me pertenecen. Lo único que me pertenece es esta historia que he creado sin fines de lucro.


Capitulo III

I walked with you once upon a dream


Pasado. Fiore (Crocus). Años antes de la maldición.

Crocus estaba de fiesta, y al palacio estaban llegando los invitados. Pues ese era el día en que se presentaría al mundo la princesa Lucy. Una beba que tenía una semana de nacida y dormía sobre su cunero de oro; que estaba colocado frente a los tronos de los reyes. El nacimiento de la princesa había llegado a voces por todos lados, incluso reyes de otras partes del reino irían a dar sus buenos deseos (Irene, la reina de Edolas había declinado su invitación, pues tenía que atender unos asuntos de suma importancia con su rey –días después les llegaría la noticia de la muerte de este mismo–). Pero Silver y Mika (los reyes de Isvan) estaban presentes, aunque su hijo Gray se había quedado en su palacio (pues aún no controlaba su magia y tenían miedo de que alguien lo viera convertir algo en hielo en Crocus).

Ese día aunque Lucy no lo recordara había sido llenada con regalos. Muchos regalos y riquezas. Y varias hadas le habían dado dones para que creciera con salud y un alma gentil; le dieron fuerza para poder gobernar en futuro a Crocus cuando sus padres perecieran. Y ese día sería el que marcase su vida para siempre.

Porque ella era la menos culpable de los pecados cometidos por sus ancestros, era quien menos debía de sufrir de los Heartfilia; Lucy apenas estaba viviendo.

Pero eso no le importó a Zeref, quien cuando vio a Layla cargar a su beba se llenó de una ira infinita. Porque para él todos los Heartfilia tenían la culpa, para él la existencia de Lucy era la única prueba de que el y vivieron felices para siempre no existía. Porque de no ser por ella la reina jamás habría enfermado, y de no ser así los reyes Heartfilia jamás habrían buscado ayuda en aquella leyenda de brillante cabello dorado.

Y él habría sido feliz. Inmensamente feliz.

(Jamás habría tenido que cargar un cuerpo sin vida días atrás).

Así que de un chasquido hizo aparecer a una mujer de cabellos negros con cuernos, quien temblaba y tenía ganas de llorar. Quien lo único que quería era regresar a cuidar de sus dragones; no quiere ser parte de esta locura de Zeref.

—Muy bien Minerva, entra.

Y el reino entero siempre tendría en su memoria como un humo negro llenó el salón, haciendo aparecer a Minerva quien sentía la traición de parte de las hadas y los reyes; y como en el cuento de hadas lo dice, Minerva había maldecido a la princesa con pincharse un dedo y morir de inmediato tras esto (las hadas se habían encargado de que esa muerte inmediata fuera un profundo sueño). Pero eso solo fue porque el remordimiento en la bruja de dragones fue mucho; la maldición real era que esa misma noche ella moriría.

Porque incluso con Zeref controlando su corazón (aún con él estando estrujándolo en esos momentos), Minerva no pudo ser tan cruel con el futuro de la pobre princesa, ni mucho menos cuando Yukino –aquella hada que fue su mejor amiga, casi hermana– la mirada con una decepción profunda.

Claro que fue castigada después de esto, y más cuando Zeref vio imposible acercarse al palacio por todas las barreras mágicas que las hadas habían creado. Por lo que antes de que la pobre Minerva pudiera parpadear, Zeref había eliminado a sus dragones.

Y no le permitió llorar, porque si lo hacía iba a despertar a aquel niño que yacía dormido en un nido. Y si ponías atención, este niño tenía garras en lugar de uñas, y unas escamas muy delicadas y poco visibles en sus brazos.

Y por supuesto, tenía el cabello color rosado.

Presente. Magnolia.

Natsu bostezó aburrido mientras veía a Zeref leer unos papeles. No había nada de movimiento, y apenas era medio día. Por un momento quiso decirle a su hermano que se deslindara de todos y que juntos fueran a tomarse unas cervezas, pero sabe lo responsable que puede ser y mejor no dice nada. Mejor lo espera sentado en la oficina mientras juega solitario sobre una mesa. No quiere verlo por miedo a que algún loco venga y atente contra su vida (como ha visto en el periódico que sucede en pueblos vecinos).

Porque aunque Zeref fuese su hermano mayor veía por él; Zeref era demasiado gentil y podría ser que alguien se aproveche.

Ese es el pensar de Natsu, quien no recuerda la verdadera cara de su hermano. No recuerda las peleas, la magia, el fuego, ni las lágrimas de una princesa. No recuerda la ira de Zeref al escuchar el nombre de Lucy (nombre que ni le pasa por la mente ahora); ni tampoco el miedo con el que la gente lo veía. Ni el hecho de que por años, Zeref no había envejecido ni un poco.

Por ahora Natsu era solo Natsu. No había nada más. Y su hermano era solo el alcalde del pueblo, y nada más. En esta historia reseteada ambos eran solo dos hermanos luchando en el mundo.

Y mientras él sigue jugando con las cartas, Zeref de vez en cuando lo mira desde su escritorio. Sí, en esta historia ambos eran unos hermanos unidos luchando contra el mundo; sin ningún Heartfilia para arrebatarles esa felicidad. Y con una pequeña pizca de esperanza en ese oscuro corazón.

Porque lo que Zeref estaba leyendo no eran permisos para el pueblo, sino un libro de hechizos (invisible para los ojos de Natsu) que tenía el conjuro de resurrección en la sección prohibida.


Minerva estaba comiendo una ensalada en la cafetería del hospital. Era medio día ya y su estómago pedía comer de inmediato. Concentrada lee el expediente de la paciente Lucy, y que ese día iba a necesitar un poco de estiramiento y un baño. Ese era trabajo de Yukino, pero como hoy era su día libre el trabajo cayó en ella. Y la verdad no le molestaba hacerlo.

Al fin de cuentas se lo debía a ambas. Por todo el daño que se les fue ocasionado a ambas merece darles un poco de ayuda. Aunque esta no puede ser mucha. Porque cuando quiere ayudar a Yukino a descubrir el pesar de Lucy, su pecho duele. Y sabe que en algún lugar del pueblo Zeref está estrujando su corazón. Aquel que la hace ser obediente a él; aquel corazón que le arrebató con magia antes del fatal destino marcado a una bebita Heartfilia.

Minerva espera que en algún momento Zeref se distraiga, y la barrera que ha creado caiga dejando que los habitantes de Magnolia despierten. Pues aunque en esta realidad nadie la ve con miedo o traición, sabe que hay infelicidad de por medio.

Ya que las sonrisas que ve siempre faltan de algo.

(Y la de Zeref era la más aterradora para ella de ver)

—¿Nos podemos sentar aquí? —preguntan a su lado. Ella mira a Sting quien tiene una bandeja con una sopa, a su lado Rogue solo estaba tomando café.

Les da permiso de sentarse con ella; cualquier expresión que pudo hacer al verlos sonreírle la borra. Pues aquel par de chicos que causalmente son sus compañeros en el hospital, ella los conoce demasiado bien. O bueno, solía conocerlos. Pero esa era otra historia para contar.

—Escuché que hoy te tocará atender a la chica Heartfilia—comienza la conversación Sting, pues sabe que ni ella o su amigo será quien hable primero.

—Yukino tiene el día libre, y Lucy no puede estar ni un día sin terapia. Así que la apoyaré en eso.

—Hablando de terapias, hoy vendrá Jellal— comentó Rogue, al mismo tiempo que contestaba un mensaje de texto desde su teléfono. —Al parecer volvió a sufrir otro episodio de parasomnía.

—Ya van tres veces que viene de lo que va la semana, ¿tenemos algo concreto de esto? preguntó Minerva interesada.

Pues todos sabían que Jellal Fernandes, aquel hombre que se caracterizaba por un parche en su ojo izquierdo, sufría de aquel trastorno de pesadillas seguido. Dejándolo siempre en un estado ansioso y de confusión en lo que resta del día. Y ese grupo de enfermeros ya saben de qué es la pesadilla que ha sufrido: personas corriendo, el sonido de espadas chocando y cabezas rodando por el suelo. Y Minerva no puede evitar pensar en la última guerra que Edolas había desatado en su propio reino al escuchar siempre el sueño de Jellal.

(Pues nadie es ignorante de que el ataque favorito de la reina, era hacer rodar las cabezas de sus enemigos).

—Espero y todo salga bien para él—dijo ella terminando su última pieza de lechuga.

Mientras que su pecho comenzaba a dolerle, porque Zeref quería que actuara de una buena vez. Y de seguro el dolor fue notorio porque rápidamente ambos enfermeros la miraron alarmados. Preguntándole si estaba bien, que en estos momentos irían a urgencias si algo andaba mal.

Pero Minerva los silencia, les dice que está bien y que va tarde con Lucy. Por lo que sin mirarlos se levanta de la mesa y sale de la cafetería. Siente sus miradas en su nuca, y sus vellos se han erizado un poco, pero sabe que si no obedece ahora probablemente caerá sobre sus rodillas de dolor.

A lo que notando que nadie estuviera cerca, entró a la habitación de Lucy Heartfilia.

—Lo siento…—susurró acercándose a ella mientras ponía su mano a la altura de la cabeza de aquella que fue una princesa. Sus dedos comenzaron a danzar mientras de estos se apreciaba magia salir.

Con voz temblorosa habló.

Trae terror

Trae horror

Que las pesadillas no paren

Y estas la adoren

Pasado. Fiore (Crocus).

Lucy tenía casi diecisiete años ya. Y había crecido siendo una hermosa señorita, aunque aún era muy joven para ella notarlo. Era una princesa bondadosa, y siempre regalaba sonrisas a los habitantes del reino, quienes le regalaban cosas e incluso le hacían coronas de flores.

Yukino, una de las hadas que la habían protegido de beba (y quien dijo que el pinchazo en al rueca no la mataría, sino la dejaría dormir hasta que el beso de amor rompiera el encanto) era su dama de compañía. Y siempre cuidaba y velaba por ella. Su plan había sido llevarse a la princesa lejos para protegerá, pero el rey Jude dijo que estando ella lejos era más probable que Minerva la encontrara, y contra esa bruja nadie la podría proteger. Por lo que Lucy creció en el palacio como debió ser, y con conjuro en el corazón o no, ella siempre sonrió.

A lo que ahora vemos como Lucy pasea por el bosque detrás del palacio, siempre con Yukino a su lado.

—¡Mira Yukino, que bonitas flores! —dice corriendo hacia donde unas orquídeas blancas han florecido. —Ha de ser ya primavera, no las había visto antes.

—Las veo Lucy-sama, pero creo que sería mejor que regresáramos al palacio. No sabemos quién pueda andar por aquí.

—Yukino te preocupas demasiado. Ven, ¡dicen que por aquí hay un lago muy bonito!

Y es que pese a que Yukino sabe los peligros que Lucy puede correr, tampoco la quiere privar de nada. Quiere que crezca siendo una princesa con sueños y pequeñas aventuras propias. La quiere ver sonreír y aprender. Pero sobre todo desea verla vivir. Por lo que cuando la ve ahora danzando en medio del bosque mientras con la mirada busca aquel lago, no la detiene. Ella la deja vivir. Porque aunque Lucy ya sabe que algún día dormirá para siempre, no quiere dejar de conocer el mundo.

Sonríe mirándola, pero luego su sonrisa se borra cuando mira a alguien escondido entre los árboles. O mejor dicho, escondida.

—Lucy-sama, por favor quédese aquí. Tengo que ir a revisar algo.

La princesa asintió y la vio partir, mientras suspiraba y continuaba buscando aquel lago.

Sin embargo algo en la copa de un árbol le llamó la atención. Eran flores de cerezo. Las flores favoritas de su mamá. Ya se imaginaba el rostro de ella cuando llegara con esas hermosas flores rosas, ¡quedaría encantada! Lamentablemente Lucy no sabe trepar árboles, es muy torpe para eso. Pero eso no quiere decir que no lo intentará. Por lo que agarrándose bien del tronco, y subiéndose un poco la falta del vestido intenta treparlo. Agarrándose de una rama y con el tacón sobre el tronco, ya se elevó un poco.

Los cuentos dicen que la bella durmiente conoció a su príncipe en el bosque, que ella bailaba y cantaba y él se unía a su espectáculo. Los cuentos dicen que se vieron y quedaron igual de enamorados. Pero lo que los cuentos no te dicen es que el príncipe no era un príncipe. Ni que el primer encuentro entre la princesa y su amor era más bien un accidente, literal.

Porque aquel quien sería su príncipe se había separado de Minerva cuando Yukino la descubrió mirando a la princesa; aquel quien sería el amor de Lucy había sentido curiosidad por ella y se acercó para hablarle. Más cuando lo hizo, Lucy había agarrado una rama delgada del árbol. Por ende esta se partió en dos y la princesa cayó.

El primer encuentro entre ambos personajes se había dado cuando Lucy cayó sobre el muchacho de diecinueve años de edad. Y el primer encuentro entre la bella durmiente y su enamorado había sido una maldición para Zeref.

Pues en esa mañana de primavera, Natsu y Lucy se conocieron.

(La esperanza de que alguien despertara a Lucy de su sueño eterno nació).


Mientras tanto, en otro bosque muy lejos de ahí Gazille (como es conocido por todos en leyendas), golpeó con el puño cerrado su escritorio. Un hombre de cabellos azules de pie frente a él ni se inmutó por el estruendo que creó. Pareciera que era algo común entre ambos.

Era algo común entre el hombre de piel de metal, y el hombre de vestimenta negra con una armadura plateada (unos corazones rojos estaban tallados en rubí sobre los hombros de esta).

—Serán locos si creen que les daré el espejo—escupió las palabras. —Dile a tu reina que si lo quiere me lo debe arrebatar de mis garras.

—Mi reina no es fan de cortar garras, pero tu cabeza sería un premio que le gustará tener.

—No tientes tu suerte niño. Serás el capitán de la guardia, pero no eres más que un mocoso. Y por mí puedes traer a tu ejército, pero una vez que al reino llegue noticias de que el ejército de Edolas invade estas tierras los acabarán uno por uno. No importa si tu reina está de por medio— sonrió de lado, —por mí que maten a la loca.

Pues ya serían varios años que la reina manda a su gente para conseguir su espejo mágico. Aquel que era un portal entre reinos y lo dejaba ir y venir a lugares cuando quisiera. Aquel que lo dejaba ver el mundo aunque este odiara su apariencia. Su escape. Así que, ¿Para qué querría Irene ese artefacto?

Para ir y conquistar reinos como le plazca. Pensó con amargura, pues la reina de Edolas siempre fue su cadillo en el zapato. Y no puede creer que a estas alturas aún lo sea.

—Piénsalo, Gajeel. —Dijo usando su nombre real, aquel que había sido olvidado por el mundo. —De esta manera ganarás el reino de Edolas y podrás tener una vida.

El hombre con piel de metal comenzó a reír sin gracia.

—¿Y convertirme en un títere loco como tú? No lo creo, Jellal. Ahora lárgate, ¡lárgate y dile a tu reina que si se atreve a mandar a más, yo mismo iré a cortarle esa cabeza loca que tiene!

Jellal asintió mientras daba media vuelta, no sin antes mirarlo por última vez.

—Y yo te advierto que tu tiempo no es mucho. Esa rosa en algún momento dejará caer su último pétalo.

Gajeel enfureció y le lanzó una silla, pero Jellal ya había salido del salón antes de que lograra impactarlo. Pero aún y con sus palabras (que le habían calado) fue hacia la biblioteca, en donde tenía escondido aquel espejo entre todos los libros.

Porque Gajeel por más desesperado que estaba por volver a ser normal (aún y si tuviera los años contados) jamás aceptaría tener algo que ver con un reino que a voces, se dice tiene trato con magia oscura. O mejor dicho, era aliado del Ser Oscuro. Ese que la gente cree es una leyenda. Pero que él ha visto, y sabe que no es un mero cuento de terror.

Y entonces suelta un suspiro de alivio cuando encuentra el espejo escondido donde siempre; entre un libro de hechicería, y un libro de sueños que un viejo amigo le había regalado hace muchos años.

Presente. Magnolia.

Levy está leyendo aquel libro de sueños que en otra realidad, había estado en la biblioteca de Gajeel. Gray y ella habían estado leyendo el día de ayer varios libros en el transcurso de la tarde (más de una vez Levy lo cachó dormitando y le jaló las orejas). Pero este que ahora lee jamás lo había visto, por lo que cuando encontró una cierta página interesante llamó a su amigo.

Porque puede, que haya encontrado algo con sentido para darle significado a lo que había soñado.

No serían ni diez minutos, cuando Gray llegó a la librería. Loke le estaba pisando los talones porque no era justo que él fuera y viniera a donde quisiera dejándole la heladería sola (por lo que la cerró para molestia del Fullbuster).

—Entonces…—comenzó a hablar Loke una vez le explicaron que estaba sucediendo— ¿aún tienes esos sueños raros?

—Sí, y quizás viendo esto puede que sepa por qué lo hago.

— ¿No habrás visto mucha televisión o algo? Es decir puede ser posible. La otra vez me hice una maratón de Naruto y estuve soñando que era un ninja y-

—Loke, no me interesa—le interrumpió, mientras que Levy le entregaba el libro—¿Es esto?

—Me dijiste que habías soñado con el color azul y el mar. Léelo.

Gray asintió, mientras comenzaba a hacer lo que su amiga le había indicado hacer.

"Soñar el color azul es una advertencia contra esperanzas engañosas y que no conducirán a ninguna parte. Te revela que debes descubrir las intenciones de las personas, se deberá vigilar el entorno y descubrir quién es quién..."

Y mientras más leía, más sentía una migraña venir.


El hospital se quedó quieto cuando vieron entrar a Natsu con su hermano, el alcalde. Y más cuando vieron a este último con sangre en su mano. Natsu había explicado a Sting (quien se había acercado) que su hermano se había cortado por tratar de recoger un vaso que se había caído al suelo (estrellándose por completo), y que necesitaba que lo atendieran de inmediato (Zeref podría haberse curado solo, pero Natsu había estado con él cuando se cortó, ni loco perforaría magia frente a él).

Pero lo que más quería era irse de ahí. No quería que Natsu estuviese en el hospital. Porque solo a unos pasillos adelante, en la habitación 791, Lucy dormía plenamente (por la eternidad desea él). Y por nada del mundo quiere que Natsu la vea. No importa que no la recordara, ni que él era la única persona que le importara, no dejaría que Natsu la viera.

Y si tan solo pudiera acabar el mismo con ella, si tan solo… Pero la magia de las hadas es muy poderosa, incluso para él. Así que mientras ella estuviera protegida de esa manera, Zeref solo tenía que evitar que Natsu la encontrase.

—Con cuidado Zeref. —Decía Natsu mientras los veía entrar al consultorio dejándolo a él fuera. —Ese tonto, por eso siempre le digo que deje de trabajar tanto.

Minerva quien pasaba por ahí lo miró y se acercó a saludarlo. Porque para ella Natsu siempre sería aquel niño que dormía en nidos de dragones y escupía fuego cuando se emocionada (y le dolía no poder decirle nada).

Lo saludó con una pequeña sonrisa que él correspondió, y cuando apenas iban a comenzar la conversación, el destino jugó con ellos de nuevo. Porque no importaba si el mundo se volviera a resetear, Natsu estaba destinado a conectar con Lucy y viceversa.

(Aún si esto, era solo por un nombre)

— ¡Minerva! —exclamó Rogue caminando a donde ella. —Toma, por error tomé el expediente de Lucy Heartfilia, creo que tú tienes el de Jellal a consecuencia.

Y es impactante cual fuerte es un nombre. Porque con solo escucharlo, Natsu pudo jurar que por un momento pudo ver un árbol de flor de cerezo. Al igual que detectó una dulce fragancia.

Porque el destino es cruel, y ahora quiso darle a Natsu un nombre en que pensar y preguntar.

(Porque la imagen que vio tras escuchar el nombre de Lucy, fue la más preciosa de todas).


Lucy sueña. Ella siempre sueña. Pero estos sueños confunden a la pobre muchacha que yace en coma.

Por una parte sueña una vida normal y soñada. Unos padres que la aman, ir a la escuela, tener amigos e incluso un novio. Sueña que se gradúa y usa un bonito vestido rosa. Incluso ha dado el discurso de graduación de la preparatoria. Lamentablemente mientras terminaba la tesis de su carrera sus padres sufrieron un accidente y ambos fallecieron, llevándola a ella a dejar todo atrás y embarcarse a olvidar. Luego todo se vuelve negro.

Pero también tiene otros sueños donde ella vive en un palacio, sus padres viven, y unas pequeñas hadas la cuidan. Sueña con bailes y coronaciones, al igual que caminatas en un bosque. Sueña con un árbol de cerezo y una rueca.

Sueña con un chico. Un chico apuesto que la hace reír y amar. De curioso cabello color rosa y sonrisa honesta. Quien la atrapa siempre que cae y le hace promesas.

Y Lucy sueña, sueña mucho.

Y se pregunta por qué nadie la ha despertado.


But if I know you I know what you'll do

You'll love me at once the way you did once upon a dream


Notas de autora:

¡Un full mode backstory de Zeref, Natsu y Lucy!, porque ellos son el drama principal que dieron el incentivo para esta maldición junto a los reyes Heartfilia y otro personaje que se revelará más adelante (que creo todos, ya saben de quien se trata). Como dije cada capítulo es una oportunidad para saber más de personajes (a que no se esperaban que Minerva tendría un papel importante), como aquí se vio también, Jellal está bajo órdenes de Irene; nuestra reina de corazones.

La conversación de estos dos sucede años antes de que Gajeel conozca a Levy. A lo mucho tres o cuatro años. Y pronto veremos cuál es el papel de Irene en todo esto. Como ven esto es un completo crossover entre las historias de princesas, ¡espero en verdad les esté gustando!

Gray poco a poco está encontrando cosas también, pero este es solo el comienzo. Aún falta más para que vuelva a ver y recordar a su sirena.

Agradezco sus favoritos, follows y reviews a Liraz Nightray (jálate los cabellos, quedarás calva al terminar esta historia), Saorii Herondale (¡Bienvenidaaaaa!), Gabi Logan, Conti plisss xfaa, Alejandra (yo no hago esas referenciaaaas jajaja), nueiii, Lockbuster, Ren Marlo (¡Bienvenida también!) y Satzuki rainxice

Conti pliss xfaa, no te mueras! Para que veas que soy bien buen onda aquí te presento la continuación más enredada que nada, espero y te guste. Alejandra, cállate la boca jajajaja mejor sigue leyendo porque sé que odias el angst por tu corazón de pollo pero lo escribo con amor (?). Satzuki rainxice, siempre quise leer algo como esto también, pero como no lo encontré tuve que escribirlo (lololol). Espero y te guste este nuevo capitulo, ¡y bienvenida seas a esta historia!

Próximo capítulo: We're painting the flowers red

Looop

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