Disclaimer: Ni Fairy Tail, Once upon a time, y las historias de princesas me pertenecen. Lo único que me pertenece es esta historia que he creado sin fines de lucro.
Capitulo IV
We're painting the flowers red
(and they'll soon be death)
Pasado. Fiore (Edolas). Mucho tiempo antes de la maldición.
Edolas (de las Maravillas, como se auto proclamó) no es un reino al que te gustaría hacer enfadar. Con solo poner tus pies en aquellos suelos cual tapizados de tablero de ajedrez sabes que hay algo mal. Los árboles susurran palabras crueles al oído humano y algunas veces, las flores te guían hacia un camino de desorientación infinita. A quien pedir auxilio no lo saben. Algunos habitantes se han dado la tarea de nunca dejar sus hogares, y unos hombres tienen que cazar algún animal para dar de comer a sus familias; aunque esto, solo sucede en el borde del reino, porque si caminabas más al centro, en donde el castillo estaba presente, se pueden ver familias que en lugar de usar servilletas usaban el billete del reino para limpiarse los residuos de comida.
Era una imagen triste, pero es la que estaban acostumbrados a tener; los peones en el borde, y los naipes cerca de la reina. Quien en estos momentos estaba enjuiciando a un hombre que se había atrevido a estornudar mientras ella estaba en su importante juego de croquet. Por su culpa había pegado mal a la bola y por ende perdió el juego, todo por su maldita distracción. Su pena sería perder la cabeza como todos los demás. Además de que su lago de miraba vacío por que las pirañas se han comido ya varias cabezas que flotaban ahí.
Ah, se nos olvidaba, Irene es el nombre de la reina que viste de rojo, negro y corazones. Quien es la voz absoluta de las tierras de Edolas, y quien ose a contradecirla perdería la cabeza.
Su nombre era conocido por varios reinos, quienes no sabían si aliarse con ella o temerle. Pues se dice por ahí que no está bien de su cabeza. No después de que su esposo, el rey (y padre de Erza) había fallecido hace ya tantos años atrás. Todos creen que la locura dentro de ella se debe a la pérdida y el dolor. Pero ellos no imaginan que lo que volvió loca esa cabeza fue la traición, y que cuando el rey falleció la felicidad que Irene sintió fue el agua que derramó el vaso a la infinita locura.
No se imaginan siquiera, que fue la misma Irene quien acabó con la vida de aquel hombre que juró era el amor de su vida; ni que esa noche él buscaba hacer lo mismo contra la reina.
Los únicos enterados de esto habían los sirvientes del castillo y la guardia. Pues Irene había usado por ejemplo la cabeza del rey para demostrarles que les pasaría si osaban a traicionarla.
Y esa imagen siempre se quedaría grabada en la mente de Jellal desde sus tempranos doce años de edad. Quien en ese entonces había sido el aprendiz de uno de los naipes de diamantes y había estado presente en aquella amenaza macabra. Pero Jellal ya no es un niño más, y ahora no corre fuera del salón al ver a un hombre pagar su condena. Ahora puede mirar sin temor como Irene hace rodar una cabeza más. Sería tonto que a sus veintitrés años y con el cargo que tiene, le diera miedo la muerte y sangre. Aunque eso no quita que cada vez que ve eso, siempre escucha la voz de Erza en lo más profundo de su mente. "¿Qué pasó contigo?" es su pregunta favorita a hacerle siempre que lo encuentra solo.
Pasaron muchas cosas. Piensa mirando a dos guardias arrastrar lo que queda de aquel cuerpo. E Irene desde su trono lo observa. Cada movimiento que hace ella lo observa. Y sus ojos se achican cuando lo ve mirar por la ventana. Por curiosidad se levanta para ver también que tiene ocupada su mente.
No se sorprende cuando mira que es Erza quien está caminando por el jardín que es la vista del salón principal. Ni tampoco que el ojo de Jellal sigua a la muchacha de casi dieciocho años.
— Lárgate al jardín— le dijo aburrida. — No ganas nada estando cerca de ella, una chiquilla que ni sabe ser bien una princesa. ¿Pero que puedo esperar de alguien que es hija de aquel cerdo?
Jellal no dijo nada, solo hizo una leve reverencia mientras salía del salón. Y por un momento aquel tramo del pasillo al jardín le hizo recordar todo aquello. La muerte del rey, la locura de Irene y la inocencia de Erza. Pero de todo aquello ya han pasado años, ahora en lugar de encontrar a la princesa de ocho años en el jardín sentada en una de sus tantas sillas de oro, y tomando el té sin estar enterada de lo que ocurría en el castillo junto a muñecos de felpa curiosos (un conejo blanco, un gato morado, una liebre con saco rojo, y un sombrero), Jellal ahora miraba a una casi adulta Erza caminar al lado de Kagura, su dama de compañía (y quien secretamente, le ha enseñado a blandir una espada).
Y Jellal solo la observa la distancia como el buen sota de corazones que ahora era. Mientras que Irene observa esas piezas de ajedrez moverse a lo tonto. Pues ella necesitaba todos los sacrificios necesarios para llamar la atención del Ser Oscuro. Aquel que le dará el poder absoluto y la haga reina de todo cuando le entregue uno de los artefactos más poderosos.
Un portal entre mundos. Un portal que le permitirá ir con los muertos. En pocas palabras, necesitará quitarle ese artefacto a aquella bestia que vivía en el bosque de Fiore. Gazille no le ganará este movimiento.
(y gustosa esperará a que aquella rosa lo mate dejando caer su último pétalo).
Presente. Magnolia.
Es de noche y Gajeel está caminando por las calles solitarias del pequeño pueblo. Se ha vuelto una costumbre ya de él deambular por las calles, pero siempre cuidado de no verse como un sospechoso (no vaya a ser que Erza, la alguacil, quiera arrestarlo solo por la cara que se carga). Sin embargo eso no le quita el sueño. Porque sabe que pese a que eso podría pasar Juvia de seguro lo sacaría de ahí, pagaría una fianza y lo dejará explicarse.
Mientras que siempre con un letrero le diría: ¿Lo hiciste por las flores a Levy-san?
Porque el único crimen que lo podrían acusar sería por cortarle sus flores a Irene Scarlett. Una señora que le tiene grima de seguro desde el momento en que nació; ya que Gajeel no se explica tanto odio de la señora hacia él, pues su desagrado viene desde antes de empezar a cortarle sus flores, y eso lo sabe el mundo entero.
Erza le ha explicado que no es culpa de su madre, sino de su enfermedad. Porque a la señora se le ha diagnosticado esquizofrenia, y como Erza no quiere meterla a un hospital, le tiene una enfermera viviendo en casa con ella. Al menos así sabe que está bien cuidada, dice la alguacil. Pero Gajeel sabe que eso no evitará que la doña salga a la acera, lo vea, y le grite incontables de causas de muerte hacia su persona. Cana una vez le dijo que se anduviera con cuidado, no sabían que sería capaz de hacer alguien sin cuerda como ella. Aunque sabe que se lo dijo porque no quería que Juvia se preocupara; a Cana le daba igual si él se rompía una pierna, pero si Juvia se ponía triste por eso ella no sabría qué hacer.
Suspira. Mientras saca de su chaqueta una nueva nota que dejará en la puerta de la librería, esperando a que esta haga sonreír a Levy mañana a primera hora. Pues no le importa que la joven no sepa que se trata de él; mil veces prefiere eso, a que se entere y niegue los detalles que le dé.
Aunque sabe que Levy es muy buena como para hacerlo, tampoco quiere de su lástima.
Sin embargo, antes de que Gajeel pueda caminar más hasta la plaza (que es por donde se encuentra la librería), una casa llena de rosas aparece cerca de su visión periférica. Y como no notar esa casa, de color negra con rojo, y las rosas están intactas y parecen recién bañadas en agua. Pero lo que más desconcierta a Gajeel en esos momentos, es que sentada en los escalones de la entrada está la mismísima Irene, y su mirada amarillenta ha encontrado la rojiza de él.
Por un momento Gajeel pudo ver imágenes de fuego y gente corriendo, mientras que Irene se encuentra sentada en una roca observando todo con una sonrisa, pero de un parpadeo las imágenes se van; pero Irene sigue ahí, mirándolo con disgusto, y hasta cierto punto él apuesta -por todas las notas que le ha dejado a Levy- que también lo mira con ira y odio.
—¿Sigues con vida, bastardo Gazille? —pregunta mientras se levanta. Gazille. Siempre se refería a él con ese nombre. Pensó Gajeel al verla caminar hacia él. —Esperaba que con esa cara que tienes espantaras a alguien y te apuñalaran por razones obvias, pero ya veo que no. Esta gente ha de estar loca por dejar andar por la calle a alguien como tú.
La única loca eres tú, quiso decirle. Pero recuerda que Erza ha dicho que la actitud de Irene es por culpa de su enfermedad; aunque esas eran chorradas, porque Gajeel sabe que él es el único a quien trata así.
—No entiendo por qué él te dejó estar aquí—le gruñó mientras rápidamente lo agarraba del brazo, le había encajado sus uñas en el acto. —¡No eres más que una pieza inservible, tú y tu inútil espejo!
A este punto Irene ya estaba gritándole, y Gajeel se la quitó de encima empujándola. Por más extraño que parezca, esta escena le parecía muy familiar. Y cuando ella le tocó el brazo sintió un profundo malestar seguido por asco. Al igual que unas ganas infinitas de lanzarse hacia ella en un mecanismo de defensa. Agradece enormemente que cuando pensó eso Erza apareciera, y esta al ver el estado de su madre trató de tranquilizarla. Porque Gajeel no sabe que habría pasado si la alguacil no hubiese aparecido; ¿habría atacado realmente, a la esquizofrénica de Irene si no hubiese llegado?
—Hey, ¿estás bien? —le preguntaron a un lado. Gajeel miró que era Laxus, la segunda mano de Erza. Seguramente también iba camino a su casa y había visto todo el escándalo.
—Hmp, ¿por qué no habría de estarlo?
—Es el segundo ataque hacia ti a la semana. Erza no debería de tomarse esto a la ligera.
Gajeel se quedó quieto por un momento, mirando como Erza ya terminaba de calmar a su madre, pero cuando esta lo volvió a ver sus ojos se volvieron salvajes de nuevo.
—¡No lo entiendes, todo es culpa de él!
—¡Mamá ya!
—¡Si no hubiese sido por él, la estúpida sirena y la del vestido amarillo yo sería la reina absoluta! — y si no hubiese sido porque de nuevo Erza la había atrapado, de seguro se habría lanzado contra Gajeel de nuevo. —¡Muérete de una vez Gazille!
La escena era triste de ver, la pobre mujer enferma y su hija que lo único que quiere es ayudarla. Los vecinos incluso se habían despertado, y escucharon los delirios de Irene mientras veían a Erza inyectarle un tranquilizante que siempre carga en casos de emergencia. Se preguntaron en dónde estaría la enfermera, y la respuesta les llegó cuando vieron a esta inconsciente en la sala de la casa.
Y toda Magnolia sentía lástima por Irene, llamándola la pobre loca del pueblo, sin saber que era la más cuerda de todas. Pues ella conocía cada uno de los pasados de todos, conocía los planes del ser oscuro, había vivido en carne propia la traición del mismo. Y ahora, por si no había sido suficiente que Zeref la humillase en Edolas en aquel otro tiempo, resulta que decidió castigarla peor que a las escorias de las que estaba rodeada.
La había dejado recordar todo, en un mundo donde todos tenían una venda en los ojos.
Juvia había salido del bar para caminar un poco por la playa, pues el aire estaba fresco, y siempre la tranquilizaba escuchar el mar. Claro que le avisó a Cana que saldría un rato, y que regresaría a la casa cuando se cansara. Pero Juvia sabe que con esas piernas jamás se cansaría, si por ella fuera caminaría de puntillas para siempre.
Aunque su corazón le dice que no importe cuanto camine, fuese hacia todos lados y ningún lugar, a su lado no estará la persona más importante para ella. Porque por si Juvia fuera en esos momento iría corriendo por toda Magnolia a buscarlo, haría todo el ruido del mundo con tal de que él la encontrara. Pero sabe que si lo mira ella se derrumbará. Si Juvia mira a Gray no podrá evitar llorar y abrazarlo; y su corazón se romperá porque no la reconocería de seguro. Ya había pasado con Gajeel, él no la reconoció. Y si eso le había dolido está segura de que un rechazo de Gray terminaría por matarla.
Pero si no quería que ningún mal cayera sobre él ella cedería. Se alejaría de él y evitará ser recordara. Todo con tal que Zeref no vuelva a ponerle una mano encima. Ya una vez le quitó sus poderes, no dejaría que le quitase la vida también.
Suspiró mientras se sentaba en la arena, mirando como las olas subían y mojaban sus pies haciéndole caricias. Era como si una parte de ella la abrazara (aún si en otro tiempo, ella rechazaba esa parte de su persona). Pero sabe que ese momento no durará por siempre, porque tan pronto hizo un puñado de arena, escuchó a alguien acercarse. Sin voltear sabía quién era. Nadie más le causaba esos escalofríos más que él.
—He dormido a los Alberona, no sabrán que no llegaste a dormir. —Dijo el alcalde mirándola. Chisteó cuando ella no lo volteó ni a ver— ¿Qué, no te preocupan? Pude haberlos matado, no hay mucha diferencia.
Juvia se mordió el labio.
—¿Te comió la lengua el gato? Porque recuerdo que ellos aman comer pescado. — Pura burla hubo en su voz, y más cuando la vio levantarse. — Tienes un trabajo, y regresarás hasta la mañana. Y más te vale no andar dando información, porque cualquier cosa que escuche sobre na sirena de cabello azul, no dudes que le daré una visita a tu príncipe.
Y Juvia no sabe de donde sacó el atrevimiento ni el valor, pero cuando lo escuchó decir eso, más que nada la amenaza hacia Gray, de un movimiento rápido y que Zeref tampoco se percató, le dio una cachetada. Ella sintió el ardor en su mano y se puso pálida, sintió como sus labios se enfriaban al igual que todo su cuerpo.
No. Pensó mirando que Zeref lentamente volteaba la cabeza hasta mirarla. No no no no.
Esperaba el dolor, un castigo, y que Gray en alguna parte de Magnolia gritara de dolor, pero lo que no se esperó era que ese ser maligno se pusiera a reír frente a ella. Pero lo hizo. Y su risa le pareció escalofriante, la hizo temblar y desear jamás haberla escuchado de nuevo. Porque su risa siempre le recordaba a la primera vez que la escuchó, que fue cuando su hechizo de echar a andar la maldición se realizó.
—Eres débil—se lo dijo frío, sin ninguna emoción en sus ojos tan tanto carcajearse de ella. —Pero eres mi portal, así que ni pienses que por tu debilidad te desecharé. Ahora…—comenzó a hacer danzar sus dedos, Juvia miró el humo negro salir de estos— regresa a tu forma de origen, y cumple con mi cometido.
El dolor vino a ella fuerte, se sintió caer sobre la arena mientras que el humo negro la envolvía. No sintió más sus piernas, pero el crujir de estas deseo que su voz regresara para así poder gritar de dolor; pensaba que así el daño sería menos. Pero en segundos (que ella sintió como horas) el color azul la envolvió de la cintura para abajo, y sintió los ojos arder cuando vio su conocida aleta, aquella que a Gray tanto le gustaba.
Pero el gusto no le duró mucho, porque rápidamente se vio dentro del mar con Zeref mirándola fijamente.
—Te quiero aquí cuando el primer rayo de luz salga allá donde estés—cruzó los brazos. —Irás al río Estigia, no te llevará mucho llegar a él si pasas por Edolas.
Juvia asintió, no sin antes encogerse cuando él se acercó y le jaló del brazo.
Ella sabía lo que le diría y no lo quiere escuchar. Porque Juvia sabe bien el motivo de ir al río Estigia, no necesita preguntarlo. Ha sido lo único que le ha pedido que haga desde que firmó el contrato que la ató a él. No lo quiere escuchar, no de nuevo, porque hacer lo inimaginable lo único que traería sería más obsesión por parte de él.
Y esa obsesión los condenaría a todos mucho más.
—Ve, y encuentra el alma de Mavis.
Pasado. Fiore (Isvan). Años antes de la maldición.
El rey Silver estaba sentado en su trono cuando un guardia le avisó de la llegada de Jellal de Edolas. A su lado su reina agradeció el aviso, mientras que le tomaba mano para tranquilizarlo. Ya que desde que los poderes de Gray se incrementaron Silver vivía tenso, tenía miedo de que alguien lo viera con malos ojos y se arremetieran contra él.
Y la carta de la reina Irene que llegó hace unos días, diciendo que su sota de corazones iría a hablar unos asuntos serios con ellos lo había preocupado mucho más. Ya que no quería pensar que esa reina se había enterado de los poderes de Gray. No quería imaginar a su hijo de tan solo quince años en esa clase de peligro.
Es entonces cuando el sota de corazones entra al salón y hace una leve reverencia. Mientras que los reyes lo invitan a hablar. Para su tranquilidad no ha venido a hablar de Gray, sino que para su sorpresa han sido invitados a tener una unión entre su reino y el de Edolas. Creciendo así las tierras y el comercio, al igual que una alianza para futuras guerras.
Jellal les dijo que no tenían que dar una respuesta inmediata, pero que a la reina le gustaría que ellos fueran a un banquete que llevaría a cabo para ellos en una semana.
—Una invitación como esta se les hizo a los reyes Heartfilia, por lo que veremos de ellos también ese día. Tengo entendido que tienen una hija algunos años más joven que el príncipe Gray.
—¿Está insinuando algo, sota? —preguntó Mika, no le había gustado lo que dijo.
—Solo hago el simple comentario de que al conocerse ambos herederos, se podría hacer una alianza más fuerte entre los tres reinos. Al hacerse una unión entre ellos, no duden de que mis hombres y yo los protegeremos con nuestras vidas—en ningún momento perdió su compostura. —Pero si mi comentario le ha ofendido mi reina, me disculpo.
—Disculpa aceptada.
Silver se rascó la barba mientras miraba al sota.
—Me temo que eso es algo que deberíamos hablar con los reyes Heartfilia, sin embargo no lo contemplaríamos a futuro.
Jellal quiso preguntar porque, en su punto de vista él les estaba haciendo un favor en hacerles ver una posible fuerte alianza con Crocus (que Irene no se entere que anda dando esas ideas, pues le podría cortar la cabeza). Pero sabe que será una indiscreción. Por lo que luego se ponen a conversar de los pros que traería esta unión de reinos.
Ignorando por completo una mirada de complicidad entre los reyes, quienes por supuesto se habían negado a aquella insinuación sobre prometer a su hijo hacia la princesa Lucy. Porque ambos saben que llegando a hacer eso probablemente le romperían el corazón a Gray.
Pues Jellal no lo sabe, ni tampoco los demás, quizás tampoco el mismísimo Gray, pero aunque este último lo mantuviera en secreto ellos eran sus padres; y por obvias razones se habían enterado de sus escapadas al mar por la parte trasera del palacio. Y aunque en un principio se habían asustado al ver aquella aleta y que su hijo usara su magia frente a ella, cuando vieron su sonrisa decidieron hacerse ciegos a ellos.
En su lugar les pidieron a los guardias que a esa parte de la playa no se atrevieran a ir, no se arriesgarían a que alguien más vieran a esa chica; aunque sirena es el término adecuando.
Mika recuerda ver en la distancia como la pequeña sirena metía a Gray al mar y este reía, como muchas veces ella no lo había visto desde hace tiempo. Porque aunque es un adolescente ya, y por su propia insolación al no querer afectar a nadie con sus poderes, él también quería divertirse; y era muy raro verlo reír como cuando lo hace ahora que la conoce a ella.
¿Que importaba que fuera una chica del mar?, si su hijo sonreía de esa manera ella estaba más que encantada. Además Gray era un chico especial, sus poderes de hielo lo decían por sí solo.
Lamentablemente los seres más especiales, son los más fáciles de atacar.
Presente. Fiore (Isvan).
Silver veía a Mika dormir, era básicamente todo lo que hacía desde que Gray había desaparecido y el reino se había envuelto en una barrera; dejándolos a todos encerrados dentro de este. Pese a este encierro su gente ha estado preocupada por la reina, quien se miraba cada día que pasaba más enferma que antes.
Recuerda muy bien las palabras de un guardia que había visto lo ocurrido. Le conto que un hombre vestido de negro y envuelto en un humo de este mismo lo había desvanecido, y que un monstruo con tentáculos tenia entre estos a una sirena; que aunque era difícil de creer eran reales.
Silver no le dijo que él ya sabía eso, y que esa sirena se llamaba Juvia, como Gray se lo había dicho hace tiempo. Se habían llevado a ambos. Pensó masajeándose la cien, mientras que una mujer de la servidumbre se metía a la habitación, llevaba un florero para decorar el lugar, pero antes de que lo colocara en la mesa al lado de la cama de Mika, Silver la detuvo.
—No. Mika odia las rosas rojas. Pero gracias por el gesto.
La mujer se sonrojó ante su error, al mismo tiempo que Ur (su amiga, su mano derecha y quien estaba a cargo de la investigación sobre el paradero de Gray) entraba a la habitación agitada.
—Silver… los muchachos encontraron al monstruo—pasó una mano sobre su cabello corto. —Lo han llevado al calabozo… se hace llamar el brujo del mar Invel.
El rey no pudo hacer otra cosa más que asentir mientras se paraba de la cama donde estaba sentado, no sin antes sentir que Mika lo detenía sujetándolo de la mano. Fue un movimiento débil, pero él no tenía intención de hacérselo ver.
—Silver… ¿encontraron a Gray?
Su corazón se rompía al escucharla así, pero por ella puso una fachada de fuerza y valor, lo que menos necesitaba Mika era verlo vulnerable; él debía ser su roca. Se agachó para quedar a su altura mientras le acariciaba el rostro, Ur se había ido ya hace minutos para darles privacidad.
—Encontramos respuestas, Mika.
Y la reina ante sus palabras no hizo más que llorar mientras besaba la palma de la mano de su rey, murmuró miles de veces el nombre de su hijo y Silver la abrazó. El corazón de su Mika estaba roto, lo sabía.
Y él se encargaría de restaurarlo.
Aunque eso significase hacer un pacto con el demonio, o en este caso, con ese brujo de Invel.
She'd raise a fuss
and each of us would quickly lose his head
Notas de autora:
Después de un siglo aquí está la actualizaciooooooon /muere/. En este capitulo se han presentado otros personajes que son muy importantes, como lo son Irene, Silver y Mika (a los fans de la familia Fullbuster, espero que esto les haya gustado). Y también se ha presentado el objetivo principal de Zeref (el cual creo que mucos ya veían venir).
Próximamente haré una linea temporal para que no se confundan cuando pasa cada suceso, como me lo marcaron en un review. Aclarando ciertos puntos, en el primer pasado de Lucy (en el capitulo uno) vemos que es amiga de Gray y se escriben cartas, en este pasado que vimos de los Fullbuster aún no se conocen, por lo que sabemos este flashback es de cuatro años a lo mucho de ese primer flashback.
Espero que les haya gustado este capitulo, y no lo hayan encontrado confuso, ni mucho menos cuando vimos en tiempo presente que aún hay vida en las partes de cuentos de hadas, de qué se tratará esto?
Agradezco por sus favoritos y reviews a Gabe Logan, tami1234, Alejandra (yo puedo escribir lo que yo quieraaaa #rip me), Lena D. Mosby y Liraz
Próximo capitulo: Snow glows white on the mountain
Looop
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