Disclaimer: Narnia y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a C.S. Lewis y las personas que tengan los derechos, No escribo esto con ánimos de lucro, solo pura diversión y aburrimiento.
Razones y recomendaciones: Decidí que quería intentar con nuevos personajes de esta saga pero también poniendo un poco de la parejita que anteriormente había escrito, hoy empiezo uno nuevo no sé si guste o no pero lo intentare hoy este fic estará basado en Lucy y Rilian.
CAPÍTULO 18
TRANSICIÓN
(Londres)
Después de una semana Eustace decidió ir a su casa y volver a su vida asimilando que ya no estaba en Narnia, la guerra seguía en Londres los Pevensie tuvieron que volver a su vida normal, las vacaciones se les habían terminado volvieron a la escuela, era donde se podían distraer un poco Lucy y Edmund quienes eran los que les había afectado un poco más ya que este último se entero que Ingrid estaba embarazada pero no le dijo porque sabía que no se iría, mientras Susan y Peter trataban de parecer fuertes aunque en las noches era un martirio porque los recuerdos volvían.
Esa tarde que regresaron de la escuela Edmund como siempre directo a la cocina, Peter solo llego para irse con unos amigos, mientras Susan y Lucy se la pasaban en su habitación haciendo tareas pero fue cuando sin querer al mover unos papeles Lucy dejo caer su dije haciendo que le recordara a Narnia, al verla su hermana se entristeció también y fue a darle apoyo con un abrazo.
-¿Cómo te sientes, Susan? –decía Lucy limpiándose las lágrimas que empezaban a salir.
-Mejor ya comprendí porque Caspian hizo eso, agradezco haber pasado momentos maravillosos con él –recordando la noche en la sala de tesoros.
-¿Cómo fue? –pregunto curiosa Lucy dejando a Susan extrañada
-¿Cómo fue que? –respondía Susan para entender la pregunta
-Tú sabes Caspian y tú… hicieron el amor –sus mejillas se pusieron rojas –solo es una pregunta –decía rápidamente al ver la reacción de su hermana
-No me digas que Rilian y tú… -exclamaba Susan asustada
-¡NO! Claro que no… solo es curiosidad –respondía Lucy con una risilla nerviosa
-Si quieres saber, fue maravilloso porque lo hice con el hombre que amo –respondía Susan caminando hacia el tocador –solo que el día que tu decidas hacerlo espero que sea con alguien que te ame y te trate como una dama –mirándola tiernamente
-Eso espero –dijo Lucy dando un suspiro
-Bueno después de esta plática, ¿quieres ir a comprar un helado? –dijo Susan caminado hacia la puerta a lo que Lucy se levanto sin decir nada para acompañar a su hermana.
Pasaron seis meses completos, ese día era domingo y la familia Pevensie estaba en un restaurant ya que querían darse un respiro al ver que la guerra había disminuido.
-No puede ser ¿Qué hace aquí Henrieta? –exclamaba la madre de los Pevensie al ver a su vecina quien siempre estaba de metiche en lo que se hacía en el vecindario.
-¡Helen! ¿Cómo estás? Hace mucho que no te dejas ver por estos lugares –decía simpática Henrieta
-Ya vez no porque mi esposo no esté tengo que quedarme en la casa y además traigo a mis hijos –decía tratando de ignorarla pero era demasiado tarde porque había tomado una silla para sentarse en la mesa donde estaban los Pevensie
-Que bien, oye ya te fijaste como quedo la casa que estaba en ruinas junto con la mansión que estaba al lado de ella –cuando dijo esto todos pasaron de ignorarla a ponerle atención –si chicos se dice que una familia con mucho dinero compro esas dos propiedades… creo que es una familia aristócrata –decía en modo chismoso
-Así que bien –dijo la madre de los Pevensie ya que le caía muy mal esa señora porque se metía en cosas que no le interesaban.
-Fíjate Helen, dicen que están invitando a toda la monarquía y altos militares para dar una fiesta y presentarse ante el público, pero a quien se le ocurre dar fiestas en tiempos de guerra, eso es tener dinero y no saber en qué gastarlo –dándole un sorbo al café
-Ya lo sé, discúlpanos pero tenemos que irnos –decía Helen mientras paga la cuenta
-Me parece perfecto yo los acompaño sirve que me estoy en tu casa mientras llega mi marido –decía acoplándose por lo que la madre de los Pevensie ponía cara de pocos amigos pero Henrieta no entendió la indirecta
Llegaron a la casa mientras Edmund y Peter se disponían a jugar ajedrez, Susan tomo un libro y se puso a leerlo y Lucy se puso a escuchar su estación de radio favorita mientras su madre soportaba a la chismosa vecina.
De repente unos minutos más tarde se escucho que tocaban la puerta, Helen pensó que era el esposo de Henrieta pero se llevo una desilusión porque un señor alto, fuerte, tez blanca, ojos cafés y pelo castaño con una nariz aguileña, vestido de traje muy formal estaba esperándola.
-Señora disculpe que la moleste, se encuentra Helen Pevensie –preguntaba cortésmente el señor
-Sí, soy yo ¿Qué se le ofrece? –respondía con cierto temor ante aquel personaje mientras que sus hijos se situaban tras su madre mirando con desconfianza al señor misterioso.
-No se asuste, soy James Clair mayordomo de la familia Rumsfyld, el señor de la familia me pido que por favor trajera esta invitación –dejando a todos los Pevensie con la boca abierta al ver un sobre con bordes dorados de la alta sociedad –para el baile de presentación de la familia, son invitados de honor no muchos lo tienen, disculpe –mirando el reloj de bolsillo –es importante su asistencia, mañana se les espera al medio día –caminando hacia un carro de lujo para retirarse cortésmente.
Todos se quedaron anonadados sin saber cómo reaccionar
-Creo que yo me voy para que se arreglen para la fiesta –decía Henrieta mirándolos celosamente
-Abrimos la invitación –propuso Edmund nervioso
-Tienes razón hijo –respondió su madre y como si fuera una bomba de tiempo la abrió con mucho cuidado para no estropear la invitación
Lucy le quito la invitación a su madre para empezarla a leer –Estimada familia Pevensie, se les invita a la fiesta de presentación de nuestra familia, al ser elegida como invitados de honor su asistencia es primordial. –terminaba de leer
-¿Vamos a ir? –preguntaba Peter curioso
-Pues nos están invitando a lo mejor es por parte de tu padre, creo que tendré que sacar mi mejor vestido –respondía su madre
-Es extraño pero si vemos algo raro nos regresamos –expresaba Peter con algo de cautela
Sin decir más ese día, todos empezaron a buscar sus mejores atuendos para la fiesta aunque en el corazón de cada uno de ellos anhelaban una esperanza sin imaginar lo que les acontecía.
Al siguiente día todos amanecieron entre emocionados y nerviosos, llego el medio día y se dirigieron con sus mejores galas y observaron que todas las personas de alta sociedad se encontraban en ese evento, al llegar el mayordomo los buscos en la lista.
-Familia Pevensie –mirándolos de reojo –ustedes yo mismo los escoltare, por favor síganme
Entraron a la casa gigantesca al entrar se pudo observar unas esculturas junto con una colección de espadas y armas antiguas medievales, pasaron dos puertas cerradas para llegar hasta el jardín donde se encontraban todos los invitados, el mayordomo se despidió cortésmente diciendo que degustaran todos los platillos mientras se les informaba del inicio de la fiesta.
Después de disfrutar un poco de aperitivos Edmund se reunió con sus hermanos quienes estaban en una plática muy amena, en ese momento llego su madre con una sorpresa.
-¡Profesor! –exclamo sorprendida Lucy y sin esperar fue a abrazarlo
-Hola chicos, ¿Cómo la están pasando? –preguntaba el profesor
-Excelente –decía Edmund antes de comerse un panecillo
-Mientras den comida Ed, es feliz –dijo Lucy burlándose de su hermano
-Y ¿usted que hace aquí en esta glamurosa fiesta? –preguntaba Peter tratando de interrogarlo
-Me invito mi sobrino –dejando extrañados a todos –si tengo un hermana y hace un mes nos encontramos después de mucho tiempo y pues mientras que yo estaba de viaje ellos estuvieron en mi casa hace ya un mes y como apenas terminaron de construir y reconstruir sus propiedades pues apenas se hizo la fiesta –explicaba convenciendo a los jóvenes.
En ese momento todos guardaron silencio ya que el mayordomo salió anunciando que los anfitriones de la fiesta harían su llegada triunfal.
Primero salió un señor como de unos cincuenta años con barba y bigote, chaparrito vestido con un traje negro y bastón, era tez blanca, ojos color azul quien se notaba la tranquilidad, al empezar hablar a los jóvenes Pevensie se les hizo conocida la voz.
-Gracias por estar entre nosotros, les doy la bienvenida a mis hijos –se soltaron la ráfaga de aplausos –Caspian, Liliandil, Rilian, Ingrid y mi pequeño nieto Francesco
Susan si no la detiene su madre se desmaya, Lucy quedo pasmada en el tiempo, Peter le quito la copa a su hermana y se la tomo junto con otras por la impresión y Edmund al estar comiendo se le atoro al escuchar el nombre del último integrante de la familia. Mientras todos los observaban raro y la nueva familia solo los veía sin decir nada.
Que impacto jajaja hoy lanze dos
al mismo tiempo nos vemos
bye
