Trucos de Salón
Cap. 3
Sokka y Hakoda fueron los primeros en bajar del camión, dejando a Katara en el asiento del pasajero y Aang en la parte de carga. La joven miró hacia atrás y notó que él no se había movido así que se levantó lentamente del asiento y fue a apoyarse contra el costado del camión a su lado.
-Este no es un buen lugar para pensar- dijo en voz baja. Él la miró sorprendido mientras la chica inclinaba la cabeza hacia un lado con suavidad -Ven conmigo- Aang no respondió mientras se ponía en pie pero la siguió.
Caminaron en silencio por la parte exterior de la destilería. Ella lo llevó lejos de los edificios, internándose en el bosque por segunda vez en el día. La luz de sol de la tarde se filtraba a través de las hojas. No pasó mucho tiempo cuando llegaron frente al cerco, pero esta vez bordearon el río. Katara dio una rápida mirada alrededor antes de retirar una pequeña sección de follaje por la cual tuvo que agacharse y atravesar. Aang la siguió rápidamente.
-Aquí es donde yo siempre vengo cuando quiero pensar- dijo Katara en voz baja, alejándose de la valla- Ella lo llevó por varios metros de distancia hasta un espacio rodeado de hierba en la cresta de una empinada cerca del río. Se sentó y Aang se derrumbó a su lado -Yo solía venir aquí con mi madre- Ella se quedó en silencio después de decirlo, como si estuviera sorprendida de haber dejado salir eso de su boca.
-¿Dónde está?- le preguntó.
-Ella murió hace seis años- respondió Katara bruscamente.
-Lo siento- dijo Aang después de unos momentos. Extrañamente sonaba sincero, pero sin esa típica lástima con que los demás lo decían, cosa que Katara le agradeció.
-Fue hace mucho tiempo- dijo simplemente y Aang la miró. Ella no había dicho que estaba bien o que no le debía preocupar. Ella no le dio las gracias ni dijo que lo lamentaba demasiado. Ella sólo acababa de decir que fue hace mucho tiempo, así que tal vez, el dolor de la pérdida ya se había desvanecido. Aang sonrió, Katara era mucho más que una cara bonita y no menos que una alma gemela, alguien que podía entender por lo que él mismo estaba pasando. Ella levantó la mano y tiró del cuello de su camisa, revelando un collar azul que evidentemente había sido tallado a mano. Una serie de complejos signos adornaba el frente del accesorio, y no pudo evitar preguntarse si también estaba tallado al reverso -Esto era suyo- dijo en voz baja -Me lo pongo porque me hace recordar- Aang se quitó el sombrero de su cabeza y se lo entregó a ella.
-¿Ves esa carta?- dijo señalándola. Katara giró el sombrero para poder estudiar la tarjeta en cuestión, que estaba ingeniosamente sujeta bajo la banda. Era un viejo As de Espadas.
-Eso le perteneció a Gyatso, desde su primer juego de póquer cuando era un niño -explicó- lo guardaba allí para la buena suerte.
-¿Este era su sombrero?- preguntó la joven, rodando el viejo sombrero en las manos y mirándolo con infinita comprensión. Aang asintió con la cabeza.
-Lo uso para sentirlo cerca... al menos recordar cuando era así- Katara se volvió y le sonrió con ternura.
-Bueno, entonces es mejor que lo reclames de vuelta Sparky- dijo con gusto, llegando hasta él y colocándolo sobre su cabeza. Aang sonrió y tiró de la punta más abajo sobre los ojos.
-¿Sparky?- repitió con curiosidad.
-Creo que te sienta bien- respondió ella sin darle importancia.
-¿El nombre o el sombrero?- Katara rió, el sonido era como un repique de campanas. Ella se detuvo después de un momento mirándolo con curiosidad.
-¿Cuántos años tienes?- Él lo pensó durante un momento y después respondió algo dudoso.
-Poco más de dieciséis... ¿y tú?
-Poco más de diecisiete- dijo ella algo ausente. Y dentro suyo rechazando la cuestión de inmediato -¿Alguna vez te sientes mayor?- Aang suspiró y la miró.
-A veces- admitió.
-Es difícil de creer, ¿no?- dijo ella después de unos momentos -encontrar al Avatar después de todos estos años.
-Es difícil de creer, sí… pero puedo sentir que es cierto.
-Yo también- Aang la miró perplejo y ella le devolvió una mirada dulce mientras trataba de justificarse -Hay algo en ti Sparky... Me di cuenta desde el momento en que te vi en el As de Espadas.
-Entonces, ¿qué debo hacer con esto?- suspiró el chico.
-Bueno... el avatar se supone que trae equilibrio al mundo, ¿no?- comenzó Katara lentamente -Así que tal vez puedes ayudarnos a traer equilibrio a la ciudad- sugirió cabizbaja -No mentía cuando te dije que se estaba librando una guerra, Aang. Los dragones no son unos simples contrabandistas más. No como el resto de nosotros. Ellos parecen estar más interesados en dominar o aniquilar a todos en su camino, sin importar si lo merecen o no, alguien tiene que detenerlos… y justo ahora los Riversiders son los únicos que lo están intentando.
-¿De verdad crees que puedo ayudar a la resistencia?- preguntó él después de unos segundos, con una sonrisa jugando en los labios.
-Si quieres- respondió ella, encogiéndose de hombros -Quiero decir... que has perdido ya mucho. Si alguien tiene derecho a un ajuste de cuentas con los Dragones, ese eres tú.
-¿Te gustaría que ayudara?, ¿lo quieres?- preguntó sonriendo. Ella lo miró fijamente, al parecer con un debate interno.
-Pensé que no necesitaba decirlo, pero también eres quién más tiene derecho a alejarse y olvidar... tal vez sería mejor para ti.
-Esa no fue la pregunta.
-Eso es... porque no tengo una respuesta correcta- observó cabizbaja el río -como Riversider debería pedirte ayuda para ganar... como buena persona, dejarte elegir, incluso alentarte a no hacerlo...
-¿Y cómo Katara?
-Un poco de ambas tal vez...
-Tal vez- Aang desvío la mirada con una expresión indescifrable y ambos se quedaron en silencio durante un largo tiempo. Miraban el río, iluminado por los últimos rayos de sol. Fue Aang quien finalmente rompió el silencio -Sokka dijo que eres un maestra agua.
-Sí- Lo miró extrañada por el cambio de tema -lo dominé cuando tenía catorce.
-¿Podrías enseñarme?- Katara le sonrió.
-Claro que sí Sparky- pero luego pareció pensarlo mejor y lo miró arrepentida -Correrás... más peligro que nadie, no quiero ser yo la que te empuje a hacer esto. Además podemos con el asunto nosotros mismos, no te preocupes. Creo que sólo he pasado demasiado tiempo con Sokka y...- Lo que sea que quería añadir se perdió cuando Aang posó un dedo sobre sus labios.
-Entonces siempre no quieres mi ayuda. En el fondo no quieres que el Avatar se quede.
-Tal vez lo que quiero es que Sparky se vaya porque tiene la mala suerte de ser caza para los dragones... y al mismo tiempo que se quede por...- cada palabra la dijo en voz más baja hasta que acabó siendo un débil murmullo, ya era tarde para retractarse, pero seguía preguntándose si no lo habría empeorado.
-Me quedaré- decidió Aang por fin.
-¿Por qué?- cuestionó ella con voz extraña.
-Dijiste Sparky... no pediste un Avatar- y sin más explicación se recostó en el suelo, cruzando las manos detrás de la cabeza a manera de almohada -Podemos empezar mañana.
-Pero...- Aang suspiró.
-Mañana, cara de muñeca. Recuerda que tenemos una misión importante: conocer al otro.
Katara no pudo evitar sonreír y aunque aún no le terminaba de gustar este trato, se dio cuenta de que valía la pena tener cerca al extraño que lograba alegrarle sin esfuerzo aparente, y aunque se sentía algo egoísta con eso recordó que de todos modos, él no tendría muchos lugares a donde ir sin estar solo. Con ese pensamiento terminó imitando su ejemplo y se recostó en el claro sonriendo ligeramente en relajación, y justo antes de caer vencida ante el cansancio escuchó que él le decía.
-Tenías razón… es un buen lugar para pensar.
0000000
-¿Hasta cuándo vamos a estar sentados aquí?- Zuko fulminó con la mirada a Jee, el líder de los muchachos de Coper. No era técnicamente un muchacho en absoluto, después de todo estaba probablemente en sus cuarenta y tantos años.
-Hasta que encontremos otros Riversiders- espetó Zuko. Jee se encogió de hombros y se recostó contra el tronco de un árbol, tirando de su sombrero hasta los ojos para dormir una siesta. El resto de los muchachos estaban sentados, y en estados similares a una pronta jubilación. Zuko era el único que aún daba vueltas por el lugar cuando la luz de la tarde comenzó a menguar.
-Relájate, sobrino- suspiró Iroh -Un hombre necesita descanso.
-Estoy bien- se quejó Zuko, sin aminorar su marcha. Iroh se encogió de hombros y guardó silencio.
0000000000000
-Katara.
-Cinco minutos más- murmuró la joven en sueños.
-Katara, despierta- La joven maestra agua bostezó y abrió los ojos. El sol se había alejado con su brillante luz crepuscular, dejando tras su partida un tono más bien gris. Pero algo estaba mal. Se supone que debería hacer más frío a esta hora del día, sin embargo ella todavía se sentía cálida, cómodamente resguardada de la temperatura real. Fue entonces que Katara se dio cuenta de varios hechos relevantes, primero que su cabeza estaba apoyada en un hombro (que no era el suyo precisamente), una de sus manos también descansaba en el pecho de alguien más y ese mismo alguien la estaba mirando, con unos ojos del mismo color que el día.
-Oh- fue todo lo que pudo pensar.
-¿Dormiste bien?- le preguntó Aang sonriendo.
-Uh… aja- respondió ella. Estaban demasiado cerca, casi nariz con nariz. Y de repente ella le pareció bastante difícil respirar. Katara se incorporó rápidamente, sonrojándose y pasándose una mano por el pelo. Todavía estaban en esa ribera cubierta de hierba. Debía haberse quedado dormida.
-Uh... lo siento- murmuró.
-Yo no, no te disculpes- suspiró Aang, reincorporándose del suelo y sonriéndole -la verdad yo estaba bastante cómodo- Katara se sonrojó de nuevo y apartó la mirada profundamente avergonzada.
-Escucha... Aang... te agradecería que no se lo mencionaras a nadie- dijo en voz baja.
-¿Es que no te sentías cómoda?- le preguntó el fingiéndose ofendido.
-No, la verdad es...- se mordió el labio con fuerza para dejar de hablar -Uh... es sólo que... Sokka tiene un arma.
-¿Crees que lo dejaría dispararte?- Katara resopló conteniendo la risa.
-No estoy preocupada por mí Sparky- dijo con franqueza -No le importará que seas el Avatar, no dudaría al apuntarte.
-Oh- dijo Aang con voz apagada -entonces, considéralo olvidado.
-Gracias- suspiró ella mirando a su alrededor -¿Cuánto tiempo estuvimos dormidos?
-Bueno, has estado durmiendo un poco más- dijo Aang a la ligera -Te quedaste dormida casi quince minutos antes que yo y desperté aproximadamente media hora antes de despertarte- Katara lo miró enarcando una ceja.
-¿Me mirabas dormir?- Aang asintió con la cabeza de manera completamente descarada.
-Eres como un gato cuando duermes ¿sabes?, sólo te acurrucas junto a lo más cercano y cálido que puedas encontrar, es algo lindo- dijo sonriendo. Ella se limitó a mirarlo fijamente -¿Qué?- preguntó el chico con inocencia, provocándole a ella una risita nerviosa.
-Bueno, creo que es hora de volver- dijo aturdida, alejándose de él un poco y poniéndose de pie. Aang sonrió, se puso de pie junto a ella y cepilló la hierba de su espalda. Se acercó para hacer lo mismo por ella, pero la chica lo esquivó avergonzada.
-Lo siento, estar fuera me pone un poco nerviosa- dijo dedicándole una sonrisa amistosa antes de desviar la mirada y ocultar un sonrojo que no podría seguir justificando con la supuesta exposición.
-Aparentemente- respondió Aang, mirándola con curiosidad. Ella se encogió de hombros y retrocedió hacia la cerca, pero Aang la abrió primero y la mantuvo abierta para ella. Katara se internó en el pasaje y cruzó por él. Después de unos segundos Aang la siguió sonriendo, bastante satisfecho de sí mismo y notando como sus sentimientos, más bien se hubieran alborotado, después de tanto tiempo de haberse perdido.
00000000000
-Oye, Zuko, creo que he encontrado algo que podría interesarte- todos levantaron la vista hasta el recién llegado. Zuko había detenido finalmente su andar y estaba sentado en un árbol con todos los demás. Uno de los muchachos de Coper se había quedado dormido sobre la rama de un árbol y ahora se había caído. Él que parecía su hermano, se había ido hacía una hora y ya estaba de vuelta, al parecer, con noticias interesantes.
-¿Qué?- preguntó un aburrido Zuko.
-Sígueme, rápido- respondió el Coper. Todos ellos se pusieron de pie y lo siguieron. Él apretó un dedo sobre sus labios mientras se acercaban al río y señaló algo más allá de la valla. Zuko entrecerró los ojos. Dos personas estaban durmiendo en la orilla del río. Una de ellos era sin lugar a dudas una Riversider. De hecho, Zuko estaba bastante seguro de que la reconocía de un afiche. Pero el otro no parecía un Riversider. De cualquier manera, parecía bastante cómodo con la situación. Zuko dio un paso más y una rama crujió bajo su pie. Se quedó paralizado cuando la joven se movió, pero ella sólo se acurrucó un poco más cerca del muchacho.
-Bueno, ¿no es adorable?- dijo Iroh suavemente. Zuko le miró. El viejo sonreía con nostalgia y luego notó la mirada incrédula de su sobrino -¿Qué?- Zuko se limitó a sacudir la cabeza. Todos se retiraron a los árboles y se instalaron en espera de que los extranjeros despertaran. No pasó mucho tiempo antes de que el chico lo hiciera, pero él parecía contento de esperar a que la niña se despertara por sí misma.
Sin embargo, cuando el sol se hundió por debajo de los árboles y enfriará notablemente el aire, el muchacho decidió despertarla. Zuko miraba desinteresadamente mientras hablaban, una parecía avergonzada y el otro daba la impresión de estarlo disfrutando enormemente. Zuko no había sido así a su edad, lo sabía. Había cosas más importantes de qué preocuparse cuando su padre era el señor del Fuego Ozai.
-¿Has oído eso?- siseó Jee -Esa chica acaba de llamarlo Avatar. La noticia provocó que los ojos de Zuko se abrieran aún más sorprendidos que los del resto.
-No... no puede ser...- murmuró -Sólo es un niño- Zuko había escuchado a su padre hablar del Avatar en el pasado, él estaba preocupado por ciertos rumores afirmando que aún podía existir. Azula siempre había dicho que el Avatar era sólo un cuento de hadas. Al parecer no era así. Su padre, después de unos años sin pruebas, había dejado la cuestión. Pero allí estaba. El Avatar. Para recuperar su honor... podía entregárselo a su padre.
-Hay una entrada oculta tras esos setos- dijo Iroh repentinamente. Zuko volvió de nuevo a la realidad, a tiempo para ver como los jóvenes arrastraban una pequeña sección de la cerca y desaparecían tras ella -Cuán engañosamente simple.
-Vamos, iremos por el Avatar- ordenó Zuko bruscamente, se irguió y tomó la delantera.
-¿Es en serio?- preguntó Jee en voz baja.
-Mi sobrino no es conocido por su sentido del humor- suspiró Iroh. A continuación siguió a Zuko hasta el agujero en la valla.
0000000
-¿Dónde has estado?- le exigió Sokka en cuanto entró a la cocina de su pequeña casa, en los terrenos de la destilería.
-Estaba con Aang- murmuró ella, evitando el contacto visual.
-Oh, ¿en serio?, nunca me lo habría imaginado- respondió Sokka rodando los ojos. Katara sacó una manzana de la despensa y se apoyó en el mostrador.
-¿Cuál es tu punto?- le preguntó al fin.
-Le gustas- respondió él con amargura.
-No, te equivocas- le espetó ella.
-No puede ni apartar los ojos de ti.
-Él sólo piensa que soy bonita- replicó secamente -soy la primera chica que ha visto en un año, cualquiera pensaría lo mismo en su situación- Ella lo miró desafiante -Excepto tu, eso sería ilegal.
-Tonta- refunfuño Sokka. Katara se encogió de hombros -sabes que tengo razón- insistió.
-No, no lo sé- murmuró. Sokka devolvió los ojos a su sándwich.
-He visto la forma en que te mira- Katara desvió la mirada.
-No es nada, Sokka- dijo en voz baja -Te lo dije, él piensa que le gusto porque le gusta cómo me veo.
-Esto parece una buena razón para permanecer lejos de él- señaló Sokka al cabo.
-Pero somos amigos- exclamó ella frustrada -Mira Sokka, todo está en tu cabeza. No me gusta así, y yo no le gusto de esa manera.
-¿En serio?- dijo Sokka -¿Dónde está?
-Fue a buscar a Appa- respondió ella al instante.
-¿Ves?, ¡¿Cómo lo sabes?- Katara le lanzó una dura mirada.
-Sólo me lo dijo antes de venir aquí- respondió ella iracunda, lanzándole el corazón de la manzana a su hermano y pisando fuerte fuera de la cocina. Su casa no era realmente muy grande, se mezclaba con el resto de los edificios, aunque se establecía ligeramente separada del resto. Había cuatro dormitorios, una cocina, dos baños y un sótano. Era justo lo necesario para comer y dormir. Todo lo demás había que hacerse, a las fueras de la ciudad o en otras partes de la destilería.
Katara decidió ir a su habitación, sintiendo que su tiempo no estaría mejor invertido en ningún otro sitio. Sin embargo, al pasar a través de la puerta se quedó inmóvil. Si lo que quería era estar sola y desquitar su enojo con alguna almohada, se llevó un buen chasco porque su habitación ya estaba ocupada.
-¿Qué estás haciendo?- preguntó por instinto. Aang se volvió y la miró con una sonrisa.
-Conocerte- dijo suavemente haciendo un gesto alrededor de la pequeña habitación de madera -Has crecido aquí. Puedo sentir algo tuyo... aquí. Al igual que esto se refleja en ti misma- Katara lo miró fijamente, recorriendo con la vista su habitación.
Ésta se conformaba básicamente por una cama y una cajonera. Pero había todo tipo de pequeñas cosas apiladas en el tocador, cosas que había recogido, y sus paredes estaban cubiertas de fotos antiguas del periódico, plumas y hojas secas que había encontrado en el bosque, por aquí y por allá había trozos de papel con paisajes en acuarela, bocetos e incluso páginas arrancadas de ciertos libros. Ella sonrió, mirando el móvil que había hecho con fragmentos de cerámica rota cuando era joven. Tal vez era cierto y algo de ella estaba en esta habitación. La idea de Aang parado entre estas paredes, mirando a su vida, la puso nerviosa por alguna razón.
-Si Sokka nos pilla aquí estamos en problemas- susurró ella, maldiciéndose interiormente por decir algo tan estúpido.
-Es como caminar sobre vidrios rotos con él, ¿no?- se burló Aang francamente -¿tuviste una mala experiencia con algún ex novio o algo así?- Katara miró bruscamente en su dirección. Sonaba oscuramente indiferente y ella se dio cuenta, con una sonrisa, de que él estaba probando las aguas.
-Bueno... para ser totalmente honesta contigo... admito que él tiene motivos razonables para sospechar- dijo con un suspiro -Hace un par de años conocí a un tipo llamado Jet. Era el tipo de chico del que caería perdidamente enamorada- Aang fruncía el ceño cuando ella se atrevió a mirarlo -Pero terminó siendo un idiota y Sokka fue el que lo descubrió primero. Para mi vergüenza eterna- Aang se cruzó de brazos, mirando por la ventana y casi podría jurar que con los puños apretados.
-Acaso... ¿te lastimó?- susurró. Katara sonrió, conmovida por su preocupación.
-Yo nunca llegue ni a besarlo, si quieres saber la verdad- le atajó con franqueza -pero... es suficiente acerca de mi falta de vida amorosa. Ven, te voy a mostrar tu habitación.
Appa se unió a ellos en el pasillo afuera de la habitación. No pudo evitar darse cuenta que Aang estaba inexplicablemente aturdido por el cambio de tema. Ella sonrió y tiró de él hasta el pasillo rumbo a la habitación de invitados.
-¿Por qué tienen un dormitorio extra?- preguntó al fin, mientras se sentaba en la cama. Katara se desvió hacia la ventana.
-Mis padres estaban pensando en tener otro hijo- dijo en voz baja, acomodándose en el marco.
-Nunca tuve hermanos y hermanas- dijo Aang después de unos momentos, uniéndose a ella en la ventana -tampoco he tenido verdaderos padres, ahora que lo pienso- Katara lo miró confundida.
-¿Qué quieres decir?
-Gyatso me encontró en la calle cuando tenía tres años- dijo encogiéndose de hombros -no recuerdo nada antes de eso. Así que, básicamente, Gyatso se convirtió en mi padre.
Ella asintió con la cabeza, sin saber cómo responder o incluso si debería. Ella se acercó a él para poner una mano en su hombro, pero una explosión sacudió la pequeña casa y Sokka comenzó a gritar. Katara estaba en la puerta en cuestión de segundos con Aang pisándole los talones. Ambos patinaron hasta detenerse en la cocina. Sokka había sacado su pistola y apuntaba directo a los ojos de un joven desconocido, quien tenía ambos puños ardiendo en llamas amenazantes. Varios hombres estaban detrás de él, algunos con armas de fuego y otros con los puños ardiendo, también listos. Ambos dieron un paso atrás, sorprendidos cuando el primer individuo se volvió hacia ellos. Su ojo izquierdo estaba cubierto por una cicatriz oscura que se extendía hasta el final de su oído.
-¿Quién rayos eres tú?- soltó Katara y de inmediato había varios cañones apuntando en su dirección. Aang se adelantó impulsivamente y aunque lo tomó del brazo para detenerlo, el chico logró interponerse entre los invasores y ella.
-Eso no es asunto tuyo- dijo el muchacho con frialdad. Sokka retrocedió hacia ellos, con el arma todavía apuntando diligentemente a la cara del extraño -sólo entréguenme al Avatar y no los lastimaré, incluso me abstendré de quemar esta imitación lamentable de casa.
-No hay trato- gruñó Katara.
-Si lo quieres, tendrás que pasar sobre nosotros primero- concordó Sokka, caminando entre Aang y el extranjero.
-Entonces no me dejas otra opción- espetó el invasor.
-Zuko, tal vez deberías pensar en esto- intervino un hombre de edad, con los dientes apretados y adelantándose junto al chico.
-Cállate tío- le espetó Zuko -señores, saben cómo funciona esto.
-Alto- gritó Aang -Iré con ustedes- dijo adelantándose unos pasos, pero tanto Katara como Sokka le cogieron de un brazo.
-Ni siquiera lo pienses Sparky- le advirtió la chica.
-Ellos son dragones- dijo Sokka oscuro -no irás con ellos a ninguna parte.
-Les agradezco su preocupación muchachos- dijo Aang con voz firme -pero esta es su casa... y no podemos permitir que la lastimen- añadió mirando a Sokka significativamente -Sé razonable.
El aludido bajo la vista y soltó su brazo, pero Katara reforzó su agarre. Aang la miró con tristeza, se quitó el sombrero de la cabeza y lo colocó en la de Katara.
-Cuídalo por mí- dijo suavemente -también de Appa... y cuida de ti- Sokka tomó a Katara por los hombros y la apartó del maestro aire.
Aang se adelantó y Zuko lo agarró por el cuello de su camisa, empujándolo hacia la puerta, está se cerró de golpe detrás de ellos y al momento siguiente ya se habían ido. Katara estaba completamente inmóvil. Las pesadas manos de Sokka, aún en sus hombros, la mantenían en su sitio y de pronto ella fue muy consciente del sombrero de Gyatso en su cabeza, casi cayendo sobre sus ojos.
-No- sollozó después de un largo silencio. Sokka la miraba con recelo. Su respiración empezó a salir con bastante rapidez y de repente, ella se abalanzó hacia la puerta, deteniéndose, sólo gracias a los brazos de Sokka que la sujetaron de nuevo alrededor de la cintura -¡Aang!
-Katara cálmate- dijo Sokka con los dientes apretados, jadeando por el esfuerzo de mantenerla quieta -iremos por él- Ella dejó de luchar y lo miró, respirando con dificultad.
-¿Qué?... Pensé que no te agradaba- Sokka se encogió de hombros.
-El enemigo de mi enemigo es mi amigo- dijo simplemente y Katara le sonrió -Ven, vamos a salvar a tu novio.
-¡Él no es mi...!
-Lo que sea.
00000000
