Trucos de Salón
Cap. 5
Katara le sonrió expectante, dio un paso más cerca, quedando apenas fuera de su alcance. Él respiró hondo.
-Quédate conmigo- dijo en voz baja, teniéndole su mano y tirando de ella más cerca. Katara inclinó la cabeza hacia un lado, con la sonrisa todavía en su lugar. Ella tenía una mano en el hombro del chico y la otra cepillaba su mejilla.
-Un ave puede amar a un pez Avatar- susurró, inclinándose hacia adelante para que sus labios le hicieran cosquillas en el oído -Pero ¿dónde vivirían?
Ella giró levemente la cabeza, posando sus labios en la mejilla donde estaba su mano momentos antes. Él sintió que una sonrisa se formaba en los labios de la chica, mientras aún le bendecía con tan dulce gesto y dejó escapar una risa ligera. Su dulce aliento le calentaba la piel. Aang exhaló pesadamente, con una mano firmemente asegurada en la cintura de la joven y otra en su espalda, tirando de ella aún más cerca.
-Entonces tendré que hacerte unas alas- le susurró él, encantado de ver como temblaba y se ruborizaba.
Él movió una mano de vuelta hasta su mejilla, volviendo esos labios frente a los suyos y se acercó lentamente. Estaban tan cerca, casi podía sentir su sabor, su calidez, su extraña fragilidad...
-¿Aang?- El aludido se sentó de golpe, respirando con dificultad. Por la mañana la luz del sol se derramaba dentro de su habitación. Se volvió alarmado hacia la puerta, justo para encontrar a Sokka de pie, recargado en el marco de la misma -Estabas murmurando- dijo rotundamente -decías: "quédate conmigo" una y otra vez.
-¿Lo estaba?- preguntó Aang tosiendo.
-¿Por qué?- preguntó Sokka oscuro.
-No sé- dijo Aang rápidamente, poniéndose de pie y estirándose para escapar de su vista -Nunca recuerdo mis sueños- Sokka lo miró por un rato.
-Katara está por terminar el desayuno- gruñó al fin, cerrando la puerta detrás de él.
Aang cayó sobre su cama, soltando un suspiro de alivio. Ese tipo daba miedo. Varios minutos después Aang se unió a ellos en la cocina. Hakoda ya se había ido, tenía un negocio que atender.
-Buenos días- dijo Katara con una sonrisa, dándole un plato de panqueques en su camino a la despensa.
-Panques- murmuró Aang, salivando. Katara puso un plato de comida para perros en el suelo justo a tiempo para Appa que llegó arrastrándose a la habitación -No he comido panques en años...
-Bueno, los hice sólo para ti entonces- respondió Katara distraídamente. Aang sonrió y Sokka frunció el ceño sospechosamente. Después de un momento sin embargo, él se detuvo, se quedó pensativo durante unos segundos antes de regresar a su desayuno, sin fruncir el ceño ni sonreír. Aang le miraba con recelo.
-¿Estás bien?- preguntó lentamente. Sokka asintió con la cabeza.
-Katara hace panques fantásticos- dijo simplemente.
-¿Un elogio?, ¿Tan temprano en la mañana?- dijo Katara con fingida sorpresa mientras se sentaba a comer su propio desayuno -Sokka, ¿estás borracho?- preguntó ella con dulzura. Aang carcajeó suavemente y Sokka rodó los ojos, incapaz de evitar sonreír un poco.
-¿Puedo decir algo?- dijo de pronto. Aang y Katara asintieron con la cabeza, perplejos
-Aang, me alegro de que estés aquí- dijo con voz monótona -No he visto a Katara así de feliz en años y puede ser que tengas algo que ver con eso- Aang sonrió, sorprendido.
-Gracias Sokka- dijo con sinceridad. Katara, por el contrario, estaba mirando a su hermano como si nunca lo hubiera visto antes. Cuando se dio cuenta de la manera en que los chicos la miraban, sin embargo, sonrió y volvió a toda prisa su desayuno.
-Vaya, no sabía mis panques eran tan buenos- dijo a la ligera. Los tres rieron juntos e incluso Appa ladró contento. Varios minutos después, estaban todos concentrados en su respectivo desayuno -¿Alguna entrega esta mañana?- preguntó Katara al fin.
-Sí, tenemos que llevar un envío al Unagi- respondió Sokka entusiasmado.
-Oh, ¡eso es perfecto!- Ambos chicos la miraron -Kyoshi está justo encima del Unagi- explicó. Y de repente, se detuvo a estudiar cuidadosamente a Aang. Su mirada iba de arriba abajo de manera extraña, como si estuviera en medio de un astuto análisis.
-¿Qué?- preguntó él, un poco incómodo.
-Necesitas otros juegos de ropa- dijo ella con simplicidad -Algunos te irán muy bien, Kyoshi es una tienda de ropa. Puedes venir con nosotros.
-Suena bien- respondió Aang, sonriendo.
-Hey, yo no creo que debamos hacer paradas tan peligrosas- exclamó Sokka, pero Katara sonrió.
-Pensé que tú querrías- respondió ella con malicia.
-¿Por qué?- preguntó Aang confundido y mirándolos alternadamente.
-Hay una chica que trabaja en Kyoshi- dijo Katara con una sonrisa. Sokka se sonrojó un poco y se ocupó de su desayuno con repentino interés -A Sokka le gusta, y si soy alguien para juzgar creo que ella lo quiere también.
-¿Por qué dices eso?- preguntó Sokka alegremente. Katara sonrió.
-Te vi besándola detrás de los maniquíes- dijo ella, volviendo a ese tono de voz acusador. Sokka abrió la boca con ira, hizo una pausa, y pareció avergonzarse de pronto.
-Oh- fue todo lo que dijo. Sus jóvenes acompañantes intercambiaron una mirada divertida.
-Bueno, ¿qué estamos esperando?- dijo la chica, rompiendo el silencio -vamos por el envío.
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-Vaya, vaya. Pero si es el príncipe Zuko- Zuko cerró los ojos y tomó una respiración profunda por la nariz. Él y Iroh se encontraban en una de las muchas tabernas clandestinas de los Dragones dentro de la ciudad, con la esperanza de un poco de paz. Pero al parecer, no iba a haber ninguna.
-Buenos días, Zhao- dijo Zuko con los dientes apretados. El hombre mayor se sentó sin pedir invitación, quitando el polvo de sus hombros.
-¿Lo son?- Zhao continuó con calma -Tenía la impresión de que no estaban teniendo una buena mañana, con eso de que los muchachos de Coper desaparecieron cuando hacían un trabajo para ti.
-Nos encontramos con algunos problemas- dijo Zuko evasivo.
Zhao era el jefe de la ciudad y subordinado de los dragones. El departamento de policía estaba generalmente del lado de los contrabandistas, y por eso ni la Destilería Norte ni la del Sur, habían sido tomadas. También era el motivo por el que los dragones salían bien librados y que los Riversiders podían hacer envíos en plena luz del día. Tenían una especie de pacto. Mientras que los contrabandistas no matarán a ninguno de los ciudadanos, entrarán en establecimientos residenciales, o en general estropearán la vida de la ciudad, la policía miraba para otro lado. Pero con los Dragones rompiendo este pacto, las relaciones con el departamento estaban intranquilas. No era de extrañar por ello, que el señor el fuego Ozai estuviera trabajando tan duro para poner a uno de los suyos, en un cargo público.
-¿Qué tipo de problemas?- pidió Zhao descuidadamente, asintiendo con la cabeza a Iroh al darse cuenta que estaba allí.
-Riversiders- murmuró Zuko, alzando la copa a sus labios.
-Riversiders. Por supuesto- respondió Zhao -Sabes, es gracioso. Encontré a los muchachos de Coper y después de un poco... de charla amigable, me dijeron que habían capturado al Avatar- Zuko se atragantó con su bebida -Y también que lo perdiste- Zuko no respondió.
Los ojos de Iroh viajaban entre Zuko y Zhao como si estuviera viendo un partido de tenis.
-El Avatar, en nuestra propia ciudad- continuó Zhao -¿Cuáles son las probabilidades?
-Casi nulas- ofreció Iroh. Zhao sólo sonrió.
-Tu padre tenía cierto recelo, ya sabes. Hace unos quince años, que estaba preocupado por los rumores de que el Avatar había rencarnado en esta misma ciudad. Pero eso se resolvió después de un tiempo- hizo una pausa, como esperando que Zuko respondiera -Y ahora resulta que siempre si está aquí.
-Déjalo Zhao- dijo Zuko oscuro -Le estoy siguiendo la pista.
-Una tarea de tal importancia no puede dejarse en manos de un niño exiliado- respondió Zhao, poniéndose de pie -Si quieres al Avatar como un regalo para tu padre, tendrás que competir conmigo. Y yo siempre gano- Con eso, Zhao salió de la taberna. Zuko estrelló el vaso sobre la mesa y su tío miró hacia la puerta, inclinándose hacia Zuko.
-Sabes, a mi realmente nunca me gustó ese tipo- dijo de forma confidencial.
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-¿Oyaji?, ¿Estás aquí?
-Katara, ¿eres tú?... ¡Me alegro de verla señorita!- Katara sonrió, sosteniendo la puerta abierta para que Aang y Sokka pudieran pasar, ya que ambos traían varias cajas sin marcar desde la puerta trasera de la tienda. Oyaji, el comerciante y propietario del Unagi, saludó a Katara con un abrazo.
-¡Los hijos de Hakoda!, no han venido desde hace tiempo- señaló con reprobación cuando todas las cajas se apilaron en la puerta.
-Hemos estado muy ocupados- dijo Sokka con evasivas. Los ojos de Oyaji se posaron en Aang y luego le sonrió a Katara.
-¿Y quién es este joven caballero?- preguntó alzando las cejas. Katara rodó los ojos.
-Compórtate ¿sí?- suspiró ella sonriendo -Este joven caballero es un amigo... y un cliente- Oyaji frunció el ceño.
-Vamos Katara, sabes que yo sólo quiero verte feliz- dijo de buen humor. Ella lo miró ceñuda, usando a Aang como una especie de escudo -Bueno amigo, es un placer conocerte. Yo soy Oyaji y este es mi territorio- Aang miraba con curiosidad hacia el frente de la tienda pero estrechó la mano del hombre amistosamente.
-Soy Aang, es un placer... aunque me apena conocerle mientras estoy viviendo en un mismo traje- respondió francamente avergonzado, después de todo estaba tratando con un amante de la moda.
-¿Un sólo traje?, ¡Santo cielo Katara ¿por qué no lo trajiste aquí antes?
-Oh, ¿así que ahora es mi culpa?
Sokka se alejó de pronto.
-Sólo voy eh... comenzar a llevarlas a la escalera- gritó. Oyaji saludó distraídamente en su dirección mientras arrastraba a Aang y Katara al frente de la tienda. Sokka esperó un momento antes de tomar una pila de cajas y bajó por las escaleras. Un largo pasillo, tenuemente iluminado le condujo hasta el Unagi. Cuando llegó a la puerta, se encontró con las manos llenas y tuvo que patear para llamar.
-¡Identifícate!- demandó una voz femenina a través de la puerta.
-Tu peor pesadilla- gritó Sokka en respuesta. La puerta se abrió y Sokka se encontró siendo arrastrado a través de la puerta.
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Katara estaba esperando fuera del probador de Aang, mientras Oyaji paseaba alrededor de su tienda, volviendo de vez en vez con los brazos llenos de trajes, pijamas, e incluso chaquetas de aspecto rebelde. Él trató de ofrecerle un nuevo sombrero, pero Aang ni siquiera lo dejaba tocar el de Gyatso. Eso la hizo sonreír, pues sabía que ella era, la única a la que le era permitido tocar el sombrero, e incluso usarlo. Aang, por el contrario, se sentía más y más abrumado, al grado de pensar en escapar de allí una o dos veces. Definitivamente no era tan emocionante comprar ropa.
Oyaji tenía un ojo muy preciso para los tamaños, pero no había mucho que probar. Además, el hecho de saber que Katara estaba separada de él tan sólo por una cortina mientras él se encontraba en un estado constante de semidesnudez, le estaba logrando poner muy nervioso. Cada vez que se forraba en algún conjunto, le hacían tirar de la cortina para que pudieran ver. Oyaji expresaba su dictamen, pero Katara tenía un enfoque diferente. La primera muda que se vio obligado a probar, era de un color gris oscuro y de tres piezas.
-Un poco grande- dijo Oyaji al instante, pero miró a Katara para confirmar -¿Qué te parece?- Katara lo miró pensativa, sus ojos iban de su viejo sombrero hasta los zapatos, nuevos y relucientes. Caminó alrededor de él dos veces, lanzándole una inquisidora mirada. Luego, ella dio un paso hacia él y le tendió la mano.
-Baila conmigo- le ordenó. Aang la miró sorprendido.
-¿Perdón?- dijo riendo un poco. Katara le dio una mirada expectante.
-Sabes bailar ¿no?
-Por supuesto- resopló Aang, haciendo una reverencia. Él tomó una de sus manos entre las suyas y la atrajo hacia sí colocando la otra mano en la cintura de la chica. Ella apoyó su mano libre sobre su hombro y sin otra palabra, él comenzó a dirigir un vals sencillo, obteniendo una sonrisa impresionada de la joven maestra agua. Oyaji miraba a ambos chicos con una misteriosa sonrisa.
-¿Puedo preguntar por qué estamos bailando?- preguntó el chico cortésmente.
-Para ver si el traje se siente bien- contestó ella como si fuera la cosa más obvia en el mundo -si puedes moverte en el cómodamente, sin tropiezos...- hizo una pausa para reír cuando él giró su mano bajo el brazo y la tiraba espaldas contra él -Entonces es perfecto- Los dos se detuvieron, pero no se separaron y él sonrió.
-Perfecta- confirmó, asintiendo con la cabeza. Ella le devolvió la sonrisa.
-Bien. Y resalta tus ojos- añadió en voz baja. Él le lanzó una mirada por completo pérdida, misma que estaba peligrosamente cerca de arrastrarla también, así que lo soltó y lo empujó de nuevo a los probadores.
-Dámelo y podremos ver el próximo- dijo a través de la cortina. Aang sonrió, si así era como ella probaba toda su ropa, no le importaría estar pegado todo el día en Kyoshi.
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Sokka y Suki no hablaban mucho. Esa era por lo general su rutina, no se permitía hablar. Ella le había clavado en la pared en cuestión de segundos desde su llegada y el no saldría de la pared hasta que Katara le gritara por la escalera que era hora de irse. Ella los había visto besándose una vez, al parecer. Pero no sabía que esta rutina había estado ocurriendo desde hace varios meses. Suki era la sobrina de Oyaji. Se había mudado a la ciudad hace unos años cuando su madre murió y su padre desapareció, desde entonces había estado trabajando en Kyoshi, de día como costurera y por la noche, como guardia de seguridad en el Unagi. Eso fue lo que atrajo la atención de Sokka. Nunca había conocido a una chica que pudiera sostenerse en una pelea contra él. En un primer momento se opuso firmemente a la idea, pero ella le había dado la vuelta.
La pared empezó a sentirse incómoda en la espalda de Sokka, por lo que se apartó de ella por un momento.
-¿Cómo has estado?- preguntó.
-Bien- respondió distraídamente Suki, teniendo la oportunidad de respirar -¿Y tú?
-Bien. Hay alguien nuevo en la destilería.
-¿Ah sí?- dijo Suki con simpleza. Sopesando claramente si este alguien era una niña.
-Sí. Y él está enamorado de Katara- Suki sonrió un poco.
-Qué Bien- Sokka la miró, confuso.
-¿Qué quieres decir?
-Ella necesita un poco de diversión- dijo Suki franqueza -no la has dejado cerca de un niño desde hace casi dos años y sé el por qué pero... eso es bueno para ella.
-Ni siquiera has conocido al tipo- dijo Sokka lentamente.
-¿Es un clon de Jet?- Sokka frunció el ceño.
-Bueno... no, nada tienen en común la verdad- Suki le disparó una mirada evaluadora.
-Entonces deja de preocuparte por ella, ya es una niña grande- Luego reanudó el beso.
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Iroh seguía a su sobrino mientras deambulaba por la calle, iba con las manos hundidas en los bolsillos y de mal humor. Iroh, por el contrario, estaba más bien disfrutando de la caminata y el clima agradable, sus ojos vagaban por las fachadas de las tiendas y las otras personas en la calle. Pero se detuvo en seco frente a una tienda de ropa vieja.
-Um... ¿Zuko?- El joven maestro fuego se detuvo, volviéndose hacia su tío.
-¿Qué?-
-Creo que Zhao está por perder- Zuko volvió sobre sus pasos y miró por la ventana. En el centro de la tienda, entre maniquíes y mesas repletas de suéteres, el Avatar y la Riversider estaban bailando.
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Aang y Katara se hallaban perdidos en los pasos de vals nuevamente, probando el último traje. Con cada juego que probaba, Aang adquiría un poco más de tiempo para bailar con ella. Ahora que estaba en su último equipo, estaba determinado a alargar el tiempo el mayor tiempo posible.
-De verdad… ¿pretendes acabar con la alfombra Sparky?- dijo Katara sonriente y todavía impresionada. Ella no se había dado cuenta todavía de que Aang estaba tirando de ella un poco más cerca cada vez que la hacía girar. Oyaji si tomó nota de ello, pero no dijo una palabra mientras envolvía el montón de ropa que Katara había elegido -Las mujeres adoran a los chicos que saben bailar.
-¿Te refieres a las chicas en general o sólo a ti?- le preguntó con picardía. Katara le sonrió y percibió con satisfacción que a él le gustaba muy poco parar ahora.
-Ya sólo tienes que quitártelo- dijo en voz baja, sonriendo mientras empezaba a ruborizarse. El la liberó, dio un paso lejos de ella pero retuvo una de sus manos, finalmente se inclinó cortésmente y le besó el dorso.
-Gracias por la danza, Cara de muñeca- dijo Aang.
-El placer fue todo mío Sparky- respondió ella sin darle importancia -¿Cómo está el traje?
-¿Qué traje?- dijo, mirándola absorto para luego desviar la mirada -Ah, cierto... encaja muy bien, está perfecto.
-Bueno, entonces vayamos con Oyaji y podrás llevártelo puesto- dijo ella, sonriendo -Te ves bastante guapo- Aang se sonrojó y la vio caminar hasta la parte trasera de la tienda para recoger toda la ropa nueva. Su padre cubriría los gastos, así que el pago no era un problema. Aang hundió las manos en los bolsillos, sonriéndole al suelo.
-Hey, ¿dónde puedo encontrar al tendero?- Aang se dio la vuelta para encontrarse con un par de ojos dorados mirándolo fijamente, uno de ellos casi oculto por una cicatriz des figurante.
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Katara saltó asustada cuando algo se estrelló en la parte delantera de la tienda. Ella miró hacia el frente y se quedó sin aliento. Aang era quién se había estrellado en una de las vitrinas y ahora se incorporaba algo aturdido. Zuko estaba bloqueando la puerta de la tienda, arrojando puños de fuego en su dirección, lo había atacado sin previo aviso y eso le había dado una pequeña ventaja que aprovechaba muy bien. Aang usaba su aire control como escudo cada vez, tratando de apagar los incendios a su paso pero no podía hacerlo del todo sin bajar su guardia.
-¡Mi tienda!- lloriqueó Oyaji.
-Sokka ¡ven aquí!- gritó Katara, y sin otra palabra, estaba ya en la parte delantera, saltando por encima de una mesa y retirando el corcho de su bolsa piel. Segundos más tarde, las manos de Zuko se congelaron en la pared. Katara era insuperable cuando se enojaba.
-¿Eres una maestra agua?- siseó Zuko, mientras el hielo se convertía lentamente en vapor. Katara tomó a Aang de la mano y lo arrastró hasta la puerta de atrás, pero él se liberó de su agarre, y se giró un instante usando el aire para extinguir los pequeños incendios cuál pequeño tornado.
-¿Qué está pasando?- gritó Sokka, llegando hasta la escalera.
-Toma las bolsas y salgamos de aquí- gritó Katara mientras corría por delante de él.
Suki los alcanzó unos momentos más tarde.
-¿Puedes manejar esto?- preguntó Sokka inquieto, mientras recogía las bolsas en sus brazos.
-No hay problema, sólo vete- dijo Suki, tirando de dos pistolas en su cinturón.
-¡Gracias de nuevo Oyaji!- llamó Katara, mientras se precipitaban fuera -¡siento mucho esto!
-No hay problema niños- respondió él, pescando su escopeta desde debajo del mostrador.
Zuko liberó sus manos de la pared con un gruñido de rabia, pero momentos después, dos cañones estaban en su rostro, uno alineado con cada ojo.
-Fuera- gruñó Suki -Y no vuelvas- el joven Dragón no tuvo más remedio que cumplir, teniendo en cuenta que Oyaji acababa de sacar su escopeta. Iroh le esperaba fuera.
-Ellos escaparon- dijo simplemente -los he interceptado, pero el muchacho no parecía muy dispuesto a dejar que los detuviera sin importar lo que hiciera- Zuko rodó los ojos y pisoteó lejos de la tienda, frotándose las manos para protegerse del frío ataque, producto de esa enojada maestra agua.
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