Trucos de Salón

Cap. 6

-Nunca iremos de compras otra vez- gritó Sokka al entrar a la casa, de nuevo en la destilería. Aang sonrió con aire de culpabilidad.

-Lamento decir que yo si lo disfruté- admitió.

Sokka dejó caer las bolsas sin contemplaciones en el pasillo y pisoteó a su habitación.

-Voy a dormir hasta el próximo verano- dijo a través de su puerta. Aang se dio la vuelta. Katara estaba arrodillada en el suelo, recogiendo las bolsas que contenían sus nuevas ropas. Él se agachó junto a ella para ayudarla.

-¿Estás bien?- le preguntó el chico en voz baja. Ella lo miró.

-No va a renunciar, ¿verdad?- susurró -Ese tipo... Zuko, no sé cómo se enteró que eres el Avatar, pero realmente quiere capturarte.

-Así parece- respondió con simpleza- Estoy más preocupado de cómo se dio cuenta.

-Tal vez estuvo en la cena de ayer- sugirió Katara -O... bueno... es lo único que se me ocurre- Aang se encogió de hombros.

-Tal vez- asintió. Después de una pausa pensativa, miró a Katara de nuevo -¿Alguna vez te he dado las gracias?

-¿Por qué?

-Todo- respondió con una sonrisa -El desayuno, la ropa, el dejar que me quede en tu casa, por cuidar del sombrero y de Appa, por mostrarme un buen lugar para pensar...

-Basta Sparky- se rió Katara -No tienes que agradecerme nada, me gusta tenerte aquí.

Aang sonrió.

-Gracias.

-Vamos- dijo Katara, también sonriendo y poniéndose de pie -Voy a ayudarte a guardar esto- Él suspiró y la siguió por el pasillo.

La puerta de Sokka se abrió bruscamente al pasar y Appa salió corriendo antes de que un ceñudo Sokka apareciera en la puerta.

-Mantén a tu chucho fuera de mi habitación- dijo amenazante, antes que las puertas se cerraran de golpe de nuevo. Katara sólo se encogió de hombros y continúo hacia la habitación de Aang.

-Que extraño, él por lo general esta de mal humor hasta las cinco.

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No pasó mucho tiempo para que Aang se acostumbrase a la vida en la destilería. Las entregas eran en la mañana, el resto del día para hacer lo que quisieran y más entregas en la noche. Se hizo evidente, muy rápidamente, que Hakoda tenía a sus hijos en alta estima. No sólo porque eran sus hijos, sino porque los dos eran inmensamente buenos en lo que hacían. Pero tampoco pasó mucho tiempo antes de que todos descubrieran que un maestro aire era una buena adición al equipo.

Después de unas semanas sin ninguna señal de Zuko y ninguna mención de que él era el Avatar, Aang empezó a sentirse casi parte de la familia. Nunca había estado tan agradecido. Y no sólo eso, sino que Katara comenzó a enseñarle agua control en el río. Ella era una maestra excelente y no se oponía exactamente a la idea de pasar más tiempo con ella. Por lo tanto, a Katara sólo le tomó unas semanas decidir que sus avances eran lo más cercano a la perfección, que les era posible conseguir. Ella no sólo era hermosa y comprensiva, también era infinitamente generosa, dispuesta a ayudar a la gente a cada paso.

En su tercer día como parte del equipo, por ejemplo, se metieron en un bar clandestino escondido en la casa de alguien. La misión era hacer llegar una entrega y una presentación. Allí conocieron a un joven llamado Haru. Era un maestro tierra y todo un caballero. Aang inmediatamente no congracio mucho con él, pero era probable que se debiera sólo al hecho de que Katara parecía, ligeramente interesada en el tipo. Él era bastante alto, cosa que Aang admitió con tristeza, y tenía el pelo de lujo... en resumen un irritante sujeto. Haru necesitaba ayuda para encontrar a su padre, y Katara no dejó pasar la oportunidad de asistir. De alguna manera, los cuatro terminaron en una zona controlada por Dragones, luchando después en un sótano oculto, con Maestros Tierra de varias pandillas como la de Haru que habían sido encarcelados.

Al final del día, Haru le informó a Katara que estaría siempre en deuda. Aang se alegró de que la entrega llegara a su fin, pero de todos modos esa eterna gratitud, Katara no la mencionó después, así que le dio la impresión de que era sólo otro trabajo para ella. Honestamente lo esperaba.

Y así fue como, después de 6 semanas de cómoda estancia en la destilería, una mala noticia llegó. Aang abrió la puerta, bostezando. Su pijama nueva era muy cómoda y tendía a tener problemas para despertarse, pero las voces en la cocina fueron suficientes para atraer su atención. Por supuesto, tan pronto como entró en el pasillo, le llamó la atención algo completamente distinto. Katara estaba saliendo de su cuarto, bostezando como él. Llevaba puesto un camisón de seda azul que apenas cubría sus rodillas, no tenía mangas y lucía un corte de lado que revelaba mucho más de sus piernas de lo que él estaba acostumbrado. Quería decir "hola" pero lo único que logró fue "Ooay...". Katara lo miró, enarcando una ceja.

-¿Estás bien?- susurró, atando su cabello y apartándolo de sus ojos.

-Genial- respondió él, con la voz quebrada. Ella se estremeció un poco en el aire de la noche y se enlazó a su brazo por instinto, deseando la calidez de su contacto.

-Venga, vamos a ver que significan esos gritos- y lo arrastró hasta la cocina.

Entraron juntos, Aang se sentía entumecido por el frío contacto de la piel de la chica, como si hubiera estado fuera toda la noche, y a la vez, una sensación de calidez le recorría el pecho… aunque aun no sabía si eso era bueno o malo. Hakoda, Sokka y un puñado de Riversiders ya se habían reunido en la cocina. Se volvieron hacia la puerta cuando Aang y Katara entraron, pero no se veían muy sorprendidos.

-Lo siento, ¿hemos sido muy ruidosos?- dijo Hakoda de inmediato.

-Sí- respondió Katara simplemente -¿Qué está pasando?

-Ozai- dijo Hakoda oscuro. Aang sintió la mano de Katara apretándose en torno a su brazo, pero ella parecía indiferente. Él la miró, pero sus ojos se sintieron atraídos por el encaje de su cuello como un imán, así que optó por mirar a Hakoda en su lugar -Su hija, Azula, se está postulando para alcalde.

-Oh, no- suspiró Katara.

-Malo, muy malo- bostezó Aang.

-Mucho- consintió Sokka.

-Los subordinados de Ozai no suelen perder- dijo Hakoda -pero hay una cosa que no entiendo, ¿Ozai no tiene un hijo mayor?, ¿Cuál era su nombre?...

-¿No lo has oído?- dijo uno de los Riversiders -el hijo de Ozai fue expulsado de los Dragones hace poco menos de un año. Su padre le dio un castigo personal y tiene la cicatriz para demostrarlo.

-¿Zuko?- dijeron los jóvenes al unísono.

-Ese era su nombre- dijo Hakoda, chasqueando los dedos en señal de triunfo -¿Lo conocen?

-Es el tipo que vino por Aang hace tiempo- dijo Katara oscura.

-Ah, ya veo- dijo Hakoda lentamente -Aang es su pase de vuelta con los Dragones- Él miró seriamente a su hija y al niño cuyo brazo aún sostenía en busca de calor -Es mejor que nos alejarnos de él. No tiene mucho que perder y hará lo que sea para atraparte o matarte.

-Yo no sabía que Ozai tuviera un hijo- admitió Aang -pero eso explica por qué está siempre con el Tío Iroh.

-¿Iroh está con él?

-Sí.

-Eso complica las cosas.

El tiempo paso volando, los hombres siguieron hablando. Y de alguna manera, el sol salió súbitamente y Hakoda empujaba el hombro de Aang.

-Despierta, Aang- el aludido bostezó y abrió los ojos.

Estaba sentado contra la pared y algo tibio estaba acurrucado a su lado. Echó un vistazo para encontrarse con Katara, aun aferrada a su brazo y profundamente dormida.

-Puedes ir a la cama, no hay entregas de esta mañana- dijo Hakoda en voz baja. Aang miró a su alrededor, la cocina estaba vacía a excepción de Sokka, que se arrastraba como sonámbulo a la cama.

-Siento haberlos mantenido despiertos, me llevaré a Katara.

-Está bien- bostezó -yo la llevo. Hakoda parecía un poco sorprendido, pero se encogió de hombros.

-Bueno, te lo agradezco- dijo en voz baja -Duerme un poco- se levantó y salió de la casa.

Aang pronto se sintió muy solo, con una dormida Katara que tenía expuesta más piel de lo normal… misma que se afanaba en no admirar. Era suficiente para que él se pusiera nervioso, así que tiró del agarre de su brazo con cierta dificultad y pasó con delicadeza el brazo de la chica por su espalda, y el otro brazo lo colocó por debajo de sus rodillas. Inmediatamente después se puso de pie, ella suspiró y se hizo un ovillo contra su pecho. Él tenía razón. Ella era como un gato cuando dormía.

La llevó por el pasillo hacia su habitación y la colocó cuidadosamente en la cama, tirando de las mantas sobre ella. A continuación, en un impulso salvaje, se inclinó y la besó en la mejilla. Ella suspiró de nuevo y él estuvo a punto de tropezar en su prisa por salir de la habitación cuando se dio cuenta de lo que había hecho. A medida que daba vueltas en la cama, media hora más tarde, meditaba sobre todo esto. La elección del alcalde era en tan sólo unos meses. Si él iba ayudar a los Riversiders a derrocar a Ozai, había un plazo. Suspiró y se quedó dormido.

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Estaba lloviendo. A él no le gustaba la lluvia. Solía gustarle. Lo sabía. Pero ya no. Así que se sentó en el marco de la ventana, mirando con tristeza la mañana húmeda que goteaba como si el cielo llorara.

-Hey Sparky- Aang se giró. Katara estaba apoyada en el marco de la puerta, sonriendo.

-Es un gran clima para Agua Control, ¿listo para esto?- preguntó ella. Aang se volvió hacia la ventana de nuevo, tirando de su sombrero hasta los ojos para ocultárselos.

-En realidad, no... Lo siento- tal declaración fue seguida del silencio más absoluto.

Creyendo que Katara se había ido, suspiró. Sin embargo, momentos más tarde, estaba sentada a su lado. Ella extendió la mano y tiró el sombrero hacia atrás para poder ver sus ojos.

-¿No es tu tipo de clima?- preguntó con suavidad. Aang negó con la cabeza.

-Estaba lloviendo cuando los dragones vinieron- dijo en explicación.

Ella lo miró durante unos segundos que parecieron una eternidad, como si comprendiera y lo compadeciera por ello, fue entonces que Aang tuvo que mirar hacia otro lado. Un instante después, los brazos de la joven estaban alrededor de él, en el más perfectamente ajustado y cálido abrazo que había experimentado nunca.

-Lo siento- susurró -Nunca he dicho que lo siento, incluso cuando dijiste lo de mi madre. Pero lo siento, Aang.

-Yo... no he tenido un abrazo en mucho tiempo- murmuró Aang en respuesta, colocando sus manos vacilantes sobre la espalda de la chica para tirar de ella más cerca.

-Bueno, quiero que me hagas saber en cualquier momento, cuando necesites uno. Abrazar es importante- respondió Katara en voz baja y él podía oír la suave sonrisa en su voz.

-Mi madre siempre decía que los abrazos... son como cuando alguien tiene un montón de equipaje mental, y que los abrazos... lo sacan todo. Al igual que un tubo de pasta de dientes- Aang se rió, tirando de ella aún más cerca.

-Me alegro de que estés aquí- suspiró.

-Siempre voy a estar aquí, ¿de acuerdo?

-Está bien.

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A Zuko no le gustaba la lluvia. En realidad nunca le había gustado, pero se había convertido en algo aún más deplorable en los últimos meses. Se sentó en la ventana de su habitación, en el hotel clandestino de costumbre. Iroh y los muchachos se propagaron a través de la barra detrás de él -Voy abajo- espetó, desapareciendo por la puerta. Iroh suspiró.

-¿Qué pasa con ese chico?- preguntó Jee con enfado -¿Alguna vez está de buen humor?

-Tienen que perdonar a mi sobrino- dijo Iroh en silencio -Ha tenido un par de años difíciles. Llovía el día que le marcaron esa cicatriz, si no recuerdo mal.

-¿Cómo pasó?- preguntó Jee -He escuchado que fue un accidente de entrenamiento, pero ya no estoy tan seguro.

-Él habló donde no debería haberlo hecho- suspiró Iroh -Y su padre le castigó por ello.

-¿Qué podía haber dicho que hiera que su padre lo lastimara así?- preguntó horrorizado.

-Mi hermano… no es un hombre paciente- dijo Iroh oscuro -Usted no lo oyó de mí, pero creo que el castigo fue mucho mayor que la falta.

Nadie dijo nada, así que Iroh continuó.

-Fue poco después de Ozai ordenara el asesinato de los Ases. Zuko fue enviado al saqueo para recoger lo que pudieran de los establecimientos... él vio los cuerpos por supuesto. Mujeres y niños, muchos de los hombres sin armas… y él enfrentó a su padre acerca de la injusticia del ataque. El resto, como dicen, es historia.

-Vaya vida familiar- dijo Jee, sacudiendo la cabeza -¿Sabe por qué Ozai decidió matar a los Ases, en el primer lugar?... nunca he obtenido una respuesta directa- Iroh miró hacia abajo.

-Había rumores, hace unos quince años… de que el Avatar había reencarnado en la ciudad- comenzó con delicadeza -Sin pruebas, Ozai dejado de preocuparse por ello. Pero hace aproximadamente un año, nueva información llegó diciendo que el Avatar vivía en la ciudad, que había crecido bajo la tutela de los Ases y que era un maestro aire. Así que Ozai mató a todos los Ases… pero como ya han visto, el Avatar sobrevivió. Capturarlo es la única oportunidad de redención Zuko.

El bar se quedó en silencio. En el exterior, el único sonido era la lluvia.

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Sokka estaba de pie en la puerta de Aang, apoyado justo donde su hermana había estado casi una hora antes. Ella se había quedado dormida. Acurrucada junto al marco de la ventana de Aang. Estaban tumbados de lado a lado, contra la pared y la cabeza de Katara en el hombro del chico, aunque se volvía ligeramente hacia él y posaba un brazo sobre su estómago. Sokka suspiró. Él sabía que no había pasado nada. La puerta había estado abierta todo el tiempo y él confiaba en ellos. Pero se estaban quedando dormidos juntos más y más a menudo últimamente.

Sokka era una persona práctica. Sabía que era mucho más fácil dormir solo… pero también veía quedarse dormido con alguien, como un acto de máxima confianza. La gente estaba en su punto más vulnerable mientras dormía, así que, literalmente, para dormir con alguien… había que estar dispuesto a exponerse, frente a ese alguien, en su momento de mayor debilidad. Por eso le molestaba a veces, que Katara pudiera confiar en la gente tan rápido y el no. Por lo general, no le llevaba mucho tiempo saber si alguien era digno de confianza o no, pero pasarían años antes de que se permitiera dormir con ese alguien.

Quizá él la envidiaba en momentos como éste. ¿Cómo podía estar tan cerca de alguien, tan fácilmente, sin estar en una relación real?, eso era algo que no tenía sentido para Sokka. Por lo tanto, Sokka decidió que los protegería a ambos. Los mantendría tan seguros como pudiera del mundo. Un mundo que no estaba como para aceptar una confianza de este tipo tan simplemente como lo habían hecho ellos, ambos tan confiados, orgullosos… pero bien intencionados, incluso si no se daban cuenta. Tranquilamente salió de la casa a dar un paseo bajo la lluvia, eso siempre le ayudaba a pensar.

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-Sokka, ¿en qué estabas pensando?

-Vaya Gran Gran, que joven luce hoy- Katara suspiró, tirando de las mantas más estrictamente sobre su hermano. Él estaba en su cama con fiebre gracias a su caminata en la lluvia hace dos días. Aang entró en la habitación con un vaso de agua.

-¿Cómo está?- preguntó en voz baja.

-Exactamente igual… o peor- suspiró Katara, entregándole a su hermano el vaso que terminó derramando a la mitad de su frente, por lo que Katara se adelantó y lo sostuvo para él -Está completamente fuera de sí y me sigue llamando Gran Gran.

-¿Quién es Gran Gran?- preguntó Aang, sentándose en el suelo cerca de la silla de Katara.

-Mi abuela materna- respondió Katara ligeramente, golpeando un trapo húmedo sobre la frente de Sokka -Ella se mudó a la costa oeste hace algunos años, cansada de los fríos inviernos…

Fue entonces cuando Katara empezó a toser. Aang la miró horrorizado.

-No, tú también- dijo con preocupación.

-No es nada- murmuró ella rápidamente, mirando a lo lejos.

-Así es como Sokka comenzó ayer- dijo Aang -Y ahora míralo, se cree un maestro tierra.

Ambos echaron un vistazo a Sokka, quien blandió el puño en la pared y gritó: "¡Toma eso roca!"

-Aang, no te preocupes, estoy...- pero fue interrumpida por otro ataque de tos.

Aang se puso de pie.

-Me voy a la ciudad- dijo bruscamente, recogiendo su chaqueta -La farmacia más cercana está en la Quinta, ¿verdad?

-Aang detente- suspiró Katara, poniéndose de pie -no debes salir solo, no es seguro para ninguno de nosotros, ni siquiera a la luz del día.

-Katara- dijo Aang, con severidad- Ve a la cama, ya vuelvo.

-No- respondió ella con la misma firmeza -Voy a ir contigo.

Ella estornudó. Aang suspiró y la levantó en brazos sin previo aviso, ella dejó escapar un grito de sorpresa, fijando sus brazos alrededor de lo más cercano que pudo encontrar: su cuello. Un momento después, sin embargo, su cabeza cayó sobre su hombro.

-Ugh... pensándolo bien, tal vez ir a la cama no es tan mala idea- murmuró, resoplando un poco.

-Gracias- respondió el joven con petulancia.

Él la metió en su cama y colocó cerca un vaso de agua. Ella estaba cada vez menos lúcida, igual que Sokka el día anterior. Aang se detuvo a su lado, poniendo una mano en la frente.

-Estás demasiado caliente- murmuró.

-Mmm- suspiró la chica -tiene hermosas manos Avatar Aang- él la miró sorprendido. Katara le sonreía a la almohada con los ojos cerrados y eso lo hizo suspirar.

-Vuelvo pronto, ¿de acuerdo?- dijo en voz baja -No te pongas peor Cara de muñeca.

-Hasta luego Sparky- suspiró ella, cerrando los ojos por última vez. Aang tomó su abrigo y se dirigió hacia la puerta.

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-¿Zuko?, ¿Estás aquí?- Zuko miró a su tío en el mostrador de la cafetería del lado sur, que habían estado rondando por un par de semanas. Era lo más cerca que podían llegar de la destilería del sur sin dejar de ser un terreno neutral y estaba a la espera de su oportunidad de capturar a ese chico.

-¿Qué pasa, tío?- Iroh se sentó a su lado.

-Tengo una mala noticia.

-¿Existen otro tipo de noticias?

-Zhao ha convocado a los Yu Yan para algún trabajo secreto.

-¿Los Yu Yan?- gruñó, Eran los mejores francotiradores de los Dragones, conocidos por ser rápidos, precisos y despiadados -Bueno, me pregunto a quién traerá después.

-Lo siento sobrino- Zuko suspiró y se puso de pie.

-Voy a dar un paseo.

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-Entonces, ¿qué hay de malo con tus amigos?- preguntó el hombre del mostrador.

-Ellos tienen fiebre, tos y están realmente fuera de sí- respondió Aang cansado.

Estaba empezando a llover de nuevo y él no quería ser el siguiente en la cama. El hombre cavó entre los frascos detrás del mostrador, saliendo con una botella de vidrio marrón.

-Jarabe para la tos con un añadido para fiebres- dijo simplemente.

Aang le dio al hombre unos cuantos billetes a cambio de la botella y le dio las gracias antes de volver a la calle bajo la lluvia. Dirigió la vista al cielo y contemplo las tormentosas nubes, sonrió con nostalgia ante el panorama y se dispuso a regresar a la Destilería. Fue en ese momento que el primer tiro fue disparado. Aang saltó. Un agujero de bala agrietó el pavimento al lado de su pie. Fue solo cuestión de momentos averiguar de dónde venía y para entonces, varios disparos más llegaron zumbando en su dirección. El instinto lo dominó y él empezó a correr, provocando una oleada de viento a su paso. Con lo nervioso que estaba, empezó a hablarse a sí mismo mientras daba la vuelta a una esquina.

-Katara me dijo que no saliera- gruñó, esquivando un contenedor de basura mientras las balas empezaban a llegar con más frecuencia que la lluvia -No la escuché… no le hice caso… y ahora voy a morir.

No pasó mucho tiempo antes de que se encontrara en un callejón sin salida. Suspiró y se detuvo, levantando las manos en señal de rendición. Las balas se detuvieron también. Cinco hombres bajaron de los tejados.

-Miren, sólo tengo llevar un medicamento a mis amigos primero- dijo en voz baja -Por favor.

Un hombre se acercó hacia él, y sin decir una palabra lo golpeó justo detrás de la cabeza con su pistola.

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