Trucos de Salón

Cap. 8

Durante semanas, todo lo Aang había escuchado era acerca de lo importante de su trabajo. Él era el catalizador de toda la operación. Estaba feliz. Por primera vez en largo tiempo, era parte de una familia. Así que con el día de la verdad aproximándose, su ventana de oportunidades se abría y Aang estaba más bien divirtiéndose. Todo el mundo estaba muy ocupado, por lo que se encontró con algo de tiempo para caminar con Appa cerca de los límites de la Destilería. Su caminata lo llevó hasta muy cerca de la valla, por lo que disminuyó la velocidad al llegar a la puerta.

-¿Quién eres?- preguntó a un hombre al otro lado de la valla. Los guardias no estaban allí. Hakoda probablemente los había enviado a alguna otra tarea.

-Bato- respondió el hombre -Nos hemos visto antes.

-Oh sí, hola- dijo Aang cortésmente -¿Quieres que abra?

-No, no. Hay un lugar donde debo ir- dijo Bato rápidamente -Pero me puedes hacer un favor- Sacó un sobre dentro de su chaqueta y se lo entregó a Aang a través de la reja.

-Asegúrate que Hakoda lo reciba tan pronto como sea posible.

-De acuerdo- dijo Aang simplemente -No hay problema.

Bato saludó antes de volverse y se fue. Aang miró con curiosidad el sobre. No estaba cerrado correctamente. Miró a su alrededor de forma rápida y lo vació en su mano. Sólo había una nota garabateada en una vieja servilleta.

"Para las claves de la puerta, necesitas estar mañana entre la sexta y Grand a la medianoche."

Aang miró a su perro acongojado.

-El equipo de Bato consiguió las claves- dijo en voz baja -Ellos ya no me necesitan- Appa ladró. Su cola silbaba de un lado al otro lentamente -Todavía me quieren cerca, ¿verdad?- Appa bostezó.

Aang suspiró y se sentó de espaldas a la valla, mirando la nota de nuevo. Todo lo que había estado escuchando durante semanas era lo importante que él sería, pero no lo necesitan más. ¿Y si se terminaba solo otra vez?... En un arrebato de miedo repentino, Aang aplastó la nota entre sus manos. Appa se sentó junto a él.

-No puedo darles esto- murmuró sintiéndose culpable -Los necesito Appa. Pero si no me necesitan, estoy hundido.

Appa hizo un ruido que sonaba sospechosamente a suspiro y Aang frunció el ceño

-¿Qué sabes tú?- se quejó con un pinchazo en el estómago -Eres un perro.

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-Aang, detente.

-¿Detener que?

-En serio, déjalo.

-¿Dejar que?

-Me estás volviendo loca.

-¿Qué estoy haciendo?- Katara lo miró por encima del travesaño. Ella se adelantó y le sujetó la mano entrelazando sus dedos, mismos que habían estado corriendo incesantemente por el borde de una copa de champaña durante los últimos cinco minutos. Suficiente para que cualquier persona enloqueciera.

-¿Qué te pasa?- preguntó realmente preocupada.

-¿Qué me pasa?, no pasa nada conmigo, ¿qué te hace pensar que algo está mal conmigo?- respondió apresuradamente. Puso una mano en su estómago, que estaba dolorosamente torcido.

-Has estado actuando extraño desde hace un buen rato- respondió Katara -Sé que no has tenido un trabajo desde hace un par de días, pero incluso Sokka no consigue volverse loco tan rápido.

Sokka y Hakoda estaban en el otro extremo de la barra, mirando distraídamente algunas listas frente a ellos. Los dos habían intercambiado preguntas y sugerencias por un tiempo. Katara y Aang se había quedado fuera de ello.

-¿Alguien ha visto Bato recientemente?- Hakoda fue quién preguntó.

-No lo he visto ¿por qué?- Aang estalló. Hakoda y sus hijos lo miraban con curiosidad.

-Se suponía que iba a reportarme ayer- respondió Hakoda con calma.

-¿Piensas que algo está mal?- preguntó su hijo en voz baja.

-Probablemente no, pero no podemos confiarnos demasiado.

-¿Aang?- dijo de pronto Katara -No te ves bien- El reloj dio la medianoche.

-¡Esta bien, de acuerdo, he mentido!- Aang gritó de pronto, saltando desde el taburete de la barra y tirando de la nota arrugada de su bolsillo -¡Ya, toma!- Lo arrojó sobre el mostrador y salió corriendo hacia la puerta, deteniéndose por un momento para mirar a los hermanos y su padre -Lo siento, lo siento... Tengo que... tengo que irme.

-¿Aang?- Katara le gritó saltando por encima de la barra.

-Alto- gruñó Sokka.

Katara lo miró. Él estaba mirando la nota y su padre estaba leyendo por encima del hombro. Una mirada oscura apareció a su cara.

-Tenemos que ir- gruñó Hakoda, poniéndose de pie.

-¿A dónde?- le preguntó desconcertada. Hakoda se detuvo en la puerta, señalando con el dedo en la cara de Katara.

-Tú no vas a ninguna parte ¿entiendes? te quedarás aquí, lejos de ese muchacho- dijo bruscamente.

-¿Qué?- gritó confundida -¿Qué diablos está pasando?

-Vete a tu cuarto. Y voy a saber si sales de ahí- dijo Hakoda simplemente mientras salía por la puerta con Sokka sobre sus talones. Katara tomó la nota del mostrador leyendo rápidamente. Sus ojos se abrieron.

-¿Qué?- jadeó -¡Ya basta!, ¿que pasa?- su hermano regresó pisando fuerte a la habitación y la agarró por el brazo, arrastrándola fuera de la barra -Sokka, ¡suéltame!- gritó, tratando de salir de su control. Por lo general podría, pero él no se arrepentía y el forcejeo se estaba haciendo doloroso -¡Sokka estás lastimándome el brazo!

-Lo siento- gruñó mientras marchaba por el húmedo suelo entre la barra y la casa -Pero yo tenía razón. No podemos confiar en él. Nunca debimos.

-Era sólo una nota ¡tú no sabes qué significa!- gruñó ella, tratando de clavar sus talones en el suelo, pero él siguió a lo largo arrastrándola consigo.

Katara no paraba de protestar y él no le hizo caso, finalmente le empujó a través de su puerta y la cerró. Ella sólo la abrió de nuevo tan pronto como él se alejó

-Sokka, ¡¿qué demonios!- gritó salvajemente. Él se volvió hacia ella.

-Te quedarás aquí- gritó de nuevo -Papá pondrá gente vigilando la casa, por lo que no irás a ninguna parte.

-Tiene que haber una razón- exclamó ella con frustración -¿Podrías apagar la testosterona durante dos segundos y escuchar por primera vez en tu vida? ¡Aang no es el malo de la película!

-La nota de Bato que él olvidó darnos parece demostrar lo contrario.

-Entonces ¿por qué se las daría, para empezar?

-¿Cómo voy a saberlo?, Mi cerebro no funciona como el suyo, yo no soy...

-¡Aang no es un mal chico!- Katara estaba gritando por completo, produciendo un fuerte sonido que no debería haber sido posible para alguien de su tamaño.

-Quédate aquí- gritó Sokka en respuesta, cerrando la puerta de la casa tras él.

Katara dejó escapar un grito de frustración y se refugió en la habitación de Aang. Él había dejado toda su ropa, el tazón de Appa, todo. No había estado pensando en irse ni por un momento, era tan obvio. Se sentó en su cama, hundiéndose en la almohada con furia. Entonces, ¿a dónde había ido?

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Sokka no regresó durante varias horas. Cuando lo hizo, se encontró con Katara sentada en la ventana de Aang, su frente daba contra la ventana mientras ella miraba fijamente la mañana gris.

-¿Qué pasó?- preguntó ella fríamente.

-Llegamos con Bato pero ya era demasiado tarde- respondió con calma Sokka -El contacto se había ido y ahora no tenemos ni las claves ni la información que se nos había ofrecido.

-¿Lo encontraste?

-No estábamos buscándolo- Katara cerró los ojos.

-Estamos mejor sin él Katara- dijo en voz baja Sokka -él podría haber...

-No hables de él.

-Bueno, tienes toda la razón.

-No, quiero decir que no deberías hablar de cosas que no entiendes- respondió ella con voz apagada -Te hace parecer el más idiota de todo el mundo ¿sabes?

-¡Hey!

-Vete- Sokka frunció el ceño.

-Katara- comenzó humilde.

-Vete

-Podrías sólo...

-¿Cuántas veces tengo que decirlo antes de que congele tu ropa interior en tu cuerpo?

Entonces Sokka abandonó la habitación lo más rápido que pudo. Katara suspiró y cerró los ojos otra vez, rozando la punta de los dedos sobre el vidrio de la ventana. Aang estaba por ahí en alguna parte. Ella no estaba segura de si quería encontrarlo... y se odiaba por ello.

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-Tenemos que hacer algo, papá- Hakoda miró a su hijo mientras se dirigía a la cocina.

Era casi la medianoche y había un vaso de leche en la mesa frente a él. Sokka se sentó frente a frente.

-Hacer algo ¿sobre qué?- Hakoda respondió en voz baja, haciendo rodar el vaso entre sus manos.

-Katara- dijo Sokka, sonando un poco irritado -¿O es que no notaste que ella no ha hablado con ninguno de nosotros en tres días?

-Ella se está ajustando Sokka- dijo Hakoda bruscamente -se había unido demasiado al chico y ahora está pagando el precio por ello.

-Eso no es justo- respondió Sokka inmediatamente -confiabas en él también, ella no debería estar sufriendo así.

-Es su elección a sufrir.

-Papá...

-Perdemos gente todo el tiempo- dijo Hakoda en voz baja -Es hora de que ella aprenda eso.

-¡Ella ya lo ha aprendido!- espetó Sokka -Hace seis años, cuando murió mamá ella murió también… en caso de que no se haya dado cuenta. Yo no la volví a verla hasta que encontramos a Aang- Hakoda suspiró.

-Ella ha sido feliz- admitió -Ciertamente no amenazaba con congelarnos cuando su madre murió.

-Es porque nosotros no alejamos a mamá de ella- dijo Sokka.

-Tampoco alejamos a Aang de ella.

-No, pero si estamos manteniéndola lejos de él- Hakoda suspiró y se frotó la barbilla, pensativo.

-Ve a vestirte Sokka- suspiró -Tu hermana acaba de escaparse hace un rato.

-Sí- respondió Sokka poniéndose de pie -Ya lo sé.

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-No debería estar aquí- Aang saltó viéndose sorprendido con la guardia baja y retrocedió en su silla. Katara estaba de pie en la parte inferior de las escaleras que conducían hasta el As de Espadas. Ella estaba goteando agua de lluvia, con la mirada fija en el joven sentado frente al fuego.

-Lo sé- respondió con sencillez.

-Si alguien se entera estaré en más problemas de los que puedo afrontar en este momento- continuó con calma.

-Entonces ¿por qué has venido?- preguntó tratando de sonar como si realmente no quisiera saber.

-No sé- dijo tímidamente, mirando hacia abajo -Seguía pensando en ti...

-¿Pensabas en mí?- preguntó él con una sonrisa jugando en sus labios.

Katara no sonrió y tampoco rió, sólo lo miró. El dolor y la decepción en su mirada eran suficientes para borrar todo rastro de emoción en su cara.

-Te imaginaba aquí, solo en este lugar vacío- admitió mirando a su alrededor, sus ojos estaban inusualmente apagados.

Ella suspiró y lo miró de nuevo.

-No podía soportarlo, he venido para que no tuvieras que estar solo.

-Bueno, estaré bien- respondió Aang bruscamente después de un largo silencio -Yo estaba bien hace un año y voy a estar bien de nuevo. Tú no debes estar aquí Katara, es mejor que regreses yo... No te necesito.

Ella no hizo ninguna seña de haberlo oído, excepto por una profunda respiración.

-No debiste haberme sacado de aquí, en primer lugar- susurró con pesar.

Ella miró hacia abajo, una vez más expresando nada más que decepción. Él se volvió hacia el fuego para no tener que mirarla. No podía dejarse guiar por su debilidad una vez más, así estarían mejor.

-Fue un error venir aquí, ahora lo sé- empezó a decir, hablándole al suelo -Pero hacer que vinieras conmigo en primer lugar, no fue un error. Yo no lo creo.

Él la miró bruscamente y ella le devolvió la mirada, sus ojos azules seguían apareciendo tristes y apagados.

-Me gustó tenerte cerca Aang- él se puso rígido en su asiento y ella bajo la vista de nuevo -Me iré, ¿de acuerdo? Voy a... dejarte en paz- el chico se volvió hacia el fuego con los músculos tensos, ella se iba, la veía por última vez y era su culpa.

-Adiós Aang- ella se volvió y se detuvo en la puerta pero él no se movió, por lo que terminó subiendo las escaleras. En apenas un minuto ya estaba de regreso en la noche bajo la lluvia.

-Katara- ella se detuvo en medio de la calle, dándose la vuelta.

Él estaba justo en la puerta de la tienda de animales. No se había molestado en ponerse el abrigo en su prisa por alcanzarla. La lluvia los había empapado ya a ambos y ella se quedó temblando, esperando que hiciera algo.

-Te has enojado con todos los demás. Incluso con tu papá- llamó entre la lluvia -Pero no conmigo... sólo te preocupo, peor aún, te he decepcionado- él la miró fijamente, goteando agua desde el borde de su sombrero -¿Por qué no te enojas conmigo?

-Tú no eres como los demás- respondió, empujando hacia fuera el pelo mojado de sus ojos -No para mí.

-Sólo pregunta- dijo Aang después de un largo silencio.

Katara bajó la mirada, incapaz de mantener el contacto visual con él por más tiempo.

-Por favor- la llamó.

Ella inhaló bruscamente y se mordió los labios, moviendo la cabeza.

-Por favor, Katara… - ella finalmente se rompió, exhalando con fuerza y mirándole. Él no podía decir si era la lluvia o si sus ojos se llenaban de lágrimas.

-¿Por qué lo hiciste?- finalmente preguntó, sonando como si las palabras le causaran dolor.

-Tenía miedo- dijo el lentamente.

Su mirada estaba fija en él, brillando en la oscuridad la noche como un gato.

-Pensé que... si tenían esa información, yo… ya no sería de ninguna utilidad para ustedes- ella se tambaleó un momento como si fuera a avanzar hacia él, pero se detuvo -Así que los deje antes de que ustedes pudieran dejarme.

Los ojos de la chica se abrieron con sorpresa, en el fondo ya lo sabía, temía quedarse solo de nuevo y ella había dudado de él por un horrible momento. El chico bajó la mirada, en cambió la de ella se volvió penetrante.

-Lo siento, fui un imbécil y... de verdad lo siento.

Él no levantó la vista, mantuvo los ojos clavados en el asfalto mojado, sus manos apretadas en puños a los costados. Primero oyó sus pasos, moviéndose lentamente. Lo siguiente que supo fue que sus brazos estaban alrededor de su cuello y que lo estaba apresando en un abrazo fuerte. Los dos estaban empapados hasta los huesos, por lo que el abrazo no empeoraba las cosas. De hecho, el calor entre ellos estaba haciendo que la lluvia pareciera menos importante. Aang todavía se castigó por un largo momento antes de envolver sus brazos alrededor de ella.

-No- murmuró la chica en su hombro, su voz era forzada por el esfuerzo para no llorar

-No hagas esto, no me hagas esto de nuevo- Aang la atrajo un poco más cerca, cerrando los ojos -No he llorado desde que perdí a mi madre y no quiero... recordar cómo se siente- se interrumpió, tomando una respiración profunda -No me hagas llorar, Aang.

-Nunca- dijo él en voz baja. Ella sorbió quedamente por la nariz -Debemos entrar. No quiero que enfermes de nuevo.

-Hey- Aang dio un respingo y Katara volvió la cabeza del hombro de Aang pero por lo demás no se apartó.

Sokka estaba caminando hacia ellos, con las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo. Aang sintió su agarre apretarse alrededor de sus hombros.

-Sokka, vete a casa- dijo Katara en voz baja mientras su hermano se acercaba -Yo no me iré- Sokka se detuvo junto a ellos. Ella lo estudió mientras les miraba fijamente a ambos por un tiempo. Finalmente suspiró.

-Vamos, nos vamos a casa- dijo con cansancio.

-Ya te dije, yo no me iré.

-Katara- intervino Aang

-Tú no te metas- le advirtió ella. Sokka le lanzó una mirada impaciente.

-Los tres nos vamos a casa- suspiró, mientras Aang lo miraba extrañado.

-¿Qué?

-Papá hablará contigo para decidir si puedes quedarte.

-¿Y tú Sokka?- le preguntó con cuidado -¿vas a perdonarme?- Sokka cambió su peso durante un rato -No habrás... estado escuchando, ¿verdad?- él, carraspeó frustrado.

-Sí… lo estaba- admitió de mala gana -Y sé lo difícil que es, el no ser necesario. Así que, sí. Yo te perdono… Pero tendrás que ganar mi confianza de nuevo.

-Muy bien, lo entiendo- lo pensó un momento y añadió -pero debes proteger a tu hermana de cualquier amenaza y lo cierto es que figuro entre una de las grandes. Les traigo más problemas que soluciones…

Mientras hablaba el abrazo de la chica se tensaba y de pronto, ella le lanzó una mirada furibunda, pero él no se iba retractar. Lo correcto era alejarla de todos los problemas y peligros de los que fueran capaces.

-Sokka tal vez...

-Ya he pensado en eso, pero llegue a una conclusión y cuando digo que regresaremos a casa, me refiero a los tres.

-Pero...

-Basta Sparky- le recriminó la chica, sintiéndose ignorada -ahora eres el único que sigue pensando en ti como algo malo, déjalo.

-Sokka tiene razón, confías demasiado rápido en las personas.

-Tú no eres "las personas" y yo no...

-No has pensado que tal vez, ¿te equivocas conmigo?, no quiero fallarte de nuevo y lo cierto es...

-¿Confías en mi?

-Eso no tiene nada que ver.

-Contesta, ¿confías en mí?

-Sí- respondió sin dudarlo.

-Entonces créeme cuando te digo que tú, no eres malo. Ni como persona ni como compañía, sólo... confía en mi ¿de acuerdo?... quédate conmigo- terminó susurrando en medio de un sonrojo, pero hablando seriamente. Él debía decidir algo y lo que importaba es que estuviera seguro de eso.

-Yo- dudó por un instante más, que a ella se le hizo eterno –Iré… mientras mi presencia no les traiga problemas.

-Bien- se limito a contestar ella, apretó el abrazo de nuevo y escondió la sonrisa de sus labios en el cuello de su camisa.

-Entonces... ¿pueden apartarse el tiempo suficiente para llegar a casa?- Katara se apartó bruscamente de él, quitando el pelo mojado de sus ojos de nuevo. Aang se quitó el sombrero y lo puso sobre su cabeza.

-Tengo que ir por mi abrigo y Appa- le dijo -Ya vuelvo- entró de nuevo en la tienda de animales mientras Sokka miraba a su hermana.

-Te permite llevar el sombrero- afirmó.

-Sí- consintió ella -¿Tu punto?- aún estaba a la defensiva.

-No lo hay, sólo decía- dijo levantando las manos pacíficamente -Y yo, eh- miró hacia abajo -perdón por mantenerte lejos de él- Katara le miró pensativa durante un rato.

-Está bien, te perdono- accedió al fin -Pero creo que tienes que ganarte su confianza, tanto como él la tuya.

-¿Por qué lo dices?

-Lo juzgaste y abandonaste Sokka- dijo Katara suavemente -mostró debilidad y te volviste contra él- Sokka bajó la mirada y se mantuvo en silencio pues sabía que ella tenía razón.

-Él temía que no lo necesitáramos, tenía miedo de perder la única familia que tiene. Sé que no lo sabías, pero realmente necesitas dejar de llegar a conclusiones precipitadas, te quejas de mí pero debes trabajar en esos impulsos, también Papá.

-Tal vez... tengas razón- admitió lentamente. Katara sonrió y él se sintió sonriendo de vuelta pero de mala gana -Él realmente se preocupa por ti- dijo en voz baja.

-Sí- respondió ella vagamente -no creo que nadie haya cuidado de mí del modo en que él lo hace.

-Probablemente no- consintió Sokka -Pero nunca he visto que alguien te importara tanto tampoco, así que están a mano- señaló, haciendo sonreír un poco a su hermana.

-Él es realmente algo ¿no?- dijo a la ligera.

-Tengo que admitir que... me gusta tenerlo por ahí- suspiró Sokka -Es como el hermano menor que siempre quise, pero te tuve a ti en su lugar.

Antes de que Katara pudiera responder, Appa llegó ladrando desde la tienda de animales. Aang le seguía de cerca y traía su abrigo colgado del hombro. Se acercó a Katara con una mirada cautelosa y lo colocó sobre ella para protegerla de la lluvia, y antes de que ésta pudiera protestar, le ofreció su brazo de manera demasiado contundente. El chico era un chantajista incorregible. Después de fulminarlo con la mirada se rindió y aceptó su brazo con una sonrisa.

-Vamos a casa- dijo Sokka, entornando los ojos.

-Casa... suena bien- mencionó Aang mientras se ponían en movimiento.

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