Trucos de Salón
Cap. 9
-Aang... Aang despierta- él abrió los ojos lentamente.
Sólo había dormido un par de horas, pero la mano de alguien estaba en su brazo, presionándolo con cuidado para despertarlo. Aang obedeció a esa voz temblando. Abrió los ojos y constató que claramente, era la mano de Katara. Resultaba difícil confundir sus brillantes ojos azules. Y... oh no, ese camisón nuevo. Se sentó erguido, frotándose los ojos para no tener que mirarla.
-¿Sí?
-Papá quiere hablar contigo- le susurró.
-¿Ahora?- miró por la ventana. El sol estaba apenas arrastrándose sobre el valle y el río, pero estaba lloviendo tan fuerte como antes en la noche. Katara se limitó a asentir.
-Vamos, en pijama está bien, ven- murmuró, tomando su mano y tirando de él hacia fuera de la cama. Aang estaba haciendo todo lo posible para ver el suelo a su paso, pero sus pies descalzos consiguieron su atención, lo que le llevó hasta sus piernas y más allá. Gimió con culpabilidad.
-¿Te sientes mal?- susurró ella al salir de la casa, levantando una mano para doblar la lluvia lejos de ellos. Hacía frío en ambos sentidos y el suelo estaba mojado, por lo que comenzaron a correr.
-No es nada- respondió Aang, castañeando los dientes -Sólo estoy cansado- ellos entraron al bar temblando.
Estaba vacío, excepto por Sokka y Hakoda. Sokka estaba en pijama también. Aang suspiró y se sentó en la barra, frente al hombre de más edad. Katara se sentó junto a Aang, evitando mirar a su padre.
-Así que- comenzó Hakoda después de un largo silencio -Mis hijos me han contado lo sucedido.
-Entiendo- respondió Aang vacilante.
Hakoda se había convertido en un amigo para él en las últimas semanas y ahora se sentía más como si fuera el primer día en que se conocieron. Segundo día... técnicamente.
-Yo también entiendo- dijo finalmente Hakoda.
Oyó exhalar a Katara detrás de él. Ella había estado conteniendo el aliento.
-Pero voy a tener que vigilarte un tiempo, ¿de acuerdo?... Y no volverá a suceder. Debiste saber que no te abandonaríamos así como así, tienes que confiar en nosotros.
-Sí- dijo Aang inmediatamente -Quiero decir, lo sé ahora, lo siento.
-No lo sientas más, nadie resultó herido- Hakoda inclinó la espalda contra el mostrador -Hemos perdido nuestra oportunidad de entrar y conseguir esos planes, pero eso ya no es un problema.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Sokka.
-Llegaron algunas noticias de la Destilería del Norte esta mañana- suspiró Hakoda -Zhao ha sido puesto a cargo de un pequeño proyecto, al parecer. Él está reuniendo una gran cantidad de dragones, un montón de maestros fuego. Van a atacar nuestra destilería.
- ¡¿Qué?
-El informante de Bato estaba también en contacto con Hahn en la Destilería del Norte. Habrá un ataque a gran escala, aquí, en nuestro territorio. Se dejaran venir en algún momento dentro de un par de días.
Sokka juró en voz alta. Katara presionó las palmas de sus manos en los ojos, permaneciendo en silencio, y Aang se irguió con expresión decidida.
-Entonces vamos a pelear- anunció el Avatar con detenimiento -Estamos preparados para ello, defenderemos su casa.
-Sí lo haremos- respondió Hakoda -Pero ustedes tres no.
-¡¿Qué?- gritaron al unísono.
-No discutas conmigo, Sokka. Sabes que los niños se van a la Destilería del Norte y no quiero que ninguno de ustedes quede atrapado en esto.
Los tres comenzaron a discutir de inmediato, pero Hakoda sólo sacudió la cabeza.
-Empaquen suficiente ropa para un par de días y entren al camión. Se van en una hora, ¿entendido?- dijo con severidad, los tres de ellos asintieron con la cabeza de mala gana, sabiendo que era mejor mantener la boca cerrada.
Los tres se acurrucaron bajo el paraguas de Sokka y volvieron corriendo a la casa, cada uno en un estado similar de preocupación. Hakoda estaba esperando en el camión una hora más tarde. Él les ayudó a conseguir una lona para su equipaje en la espalda. Aang estaba a punto de subir a la parte de atrás, pero Katara le agarró del brazo.
-No seas ridículo, hace frío y estás mojado- señaló rotundamente -irás en la cabina con nosotros.
-No hay espacio- respondió Aang.
-Te sentarás en mi regazo si es necesario- dijo alegremente.
-¿Voy a qué?- la voz de Aang salió extraña en su prisa por responder.
-Nada de eso- dijo Hakoda con severidad -Encuentren una manera más adecuada o ambos irán montados atrás.
-Yo estaba bromeando- resopló Katara -Vamos, cabemos en un asiento- ambos terminaron uno junto al otro en el asiento del pasajero. Pero estaban tan cerca, que Katara estaba prácticamente en su regazo de todos modos, lo que le llevó a Aang a estar muy quieto y en silencio.
-Cuídate papá- dijo Sokka, hablando con su padre por la ventana.
-Ustedes también- respondió Hakoda -Cuídense entre sí, ¿de acuerdo? Todo estará bien.
-Adiós papá- llamó Katara. Hakoda se inclinó hacia arriba en la ventana.
-Adiós cariño- le sonrió a su hija antes de volver la mirada hacia Aang -Y tú también, cuida de ella- Aang asintió en silencio y Katara rodó los ojos.
-Puedo cuidar de mí misma- señaló irritada. Pero sonrió un poco.
-Es hora de irnos- dijo Sokka, Hakoda agitó la mano mientras el camión se alejaba. Katara suspiró.
-Todo va a estar bien- dijo en voz baja, más para sí misma que a los otros.
El paseo por la ciudad fue largo y silencioso. Casi nadie estaba fuera por la lluvia. Katara cayó dormida a mitad de camino y su cabeza encontró el punto más cercano y confortable en el camión: el hombro de Aang.
-Parece que le gustas como una almohada- mencionó Sokka señalándola.
-Supongo- respondió en voz baja, tratando de no despertarla. Él levantó la mano y le acarició la espalda por impulso -Sólo estamos... cómodos cerca del otro.
-¿Alguna vez te dije mi filosofía para dormir?
-No. ¿Cuál es?
-Qué realmente tienes que confiar en alguien para dormir con el- Aang asintió lentamente.
-Eso tiene sentido- murmuró -su mano todavía se arrastraba arriba y abajo de la espalda de la chica, y apoyó la cabeza ligeramente sobre ella, bostezando -Confío en ustedes...
-Ella confía en ti también- dijo Sokka a la ligera -Desde el primer día.
-Dormir… suena a mucha confianza sí- suspiró, cerrando los ojos.
Katara también suspiró y se acurrucó más cerca a lado de Aang, apretando la cara en el hueco entre su cuello y el hombro. Él saltó un poco, sorprendido, pero ella no se despertó. Miró a Sokka con cautela, quien estaba sonriendo mientras observaba el camino.
-Ella es como un gato- murmuró al fin, con ternura.
-¿Qué quieres decir?
-Ella sólo se acurruca junto a lo más cálido que puede encontrar.
-¿En serio?... Nunca me había dado cuenta. Pero es posible que simplemente se haya iniciado recientemente.
Aang sonrió un poco, acomodándose de nuevo cerca de ella. Tal vez era sólo que estaba dispuesta a acurrucarse a su lado. Suspiró. Sabía que no debía tener esperanzas, pero ella estaba tan cerca que era difícil pensar con claridad. Y olía de manera exótica.
-Quédate conmigo- murmuró en su sueño. Sokka rodó los ojos y Katara suspiró sonriendo.
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-Chicos, despierten.
-No quiero- murmuró Katara, apretando un puño en la camisa de Aang.
-Aang, ayúdame un poco aquí.
-Levántate y brilla Cara de muñeca.
-No quiero- repitió, enterrando su cara en el hombro de Aang.
-Jovencita, aléjese del Avatar- Katara parpadeó sorprendida.
-¿Pakku?- preguntó adormilada y después sonrió al ver a un hombre mayor fuera de la camioneta.
-Bueno, bueno, ¿no nos veíamos cómodos?- dijo Pakku astutamente. Katara se incorporó, frotándose los ojos con una mano y estabilizándose a sí misma con la otra mano sobre el pecho de Aang. Él sonrió, rodando los ojos.
-No soy tu almohada Cara de muñeca- señaló, levantándola de su regazo y cargándola para después dejarla sobre sus pies ya fuera de la camioneta. Ella le sacó la lengua.
-Muy gracioso Sparky- dijo alegremente -Gracias por el viaje- él se sonrojó al instante y Pakku se echó a reír.
-Rompiendo corazones como siempre que te veo, pequeña Afrodita- dijo, sacudiendo la cabeza.
-¿De qué estás hablando?- ella resopló, girando y mirando Aang lentamente, de arriba y abajo.
-El suyo es el primer corazón en el que he puesto mi mirada desde hace años.
-Buh- fue lo único que Aang pudo soltar, aún somnoliento.
-Katara no le des un ataque al corazón al avatar aliado- gritó Sokka desde la parte posterior del camión, mientras él y un Riversider descargaban sus cosas -Si lo matas, papá no va a estar feliz.
-Sólo estábamos bromeando un poco, ¿cierto Sparky?- Aang finalmente despertó, saltando de la camioneta y agarrándola por la cintura.
-Tienes razón Cara de muñeca- dijo riendo. Y besó a una sorprendida Katara en la ruborizada y ardiente mejilla, antes de trasladarse junto a Sokka en la parte trasera del camión. Katara estaba clavada en el suelo aún en estado de shock y Pakku se echó a reír.
-Parece que has conocido a tu pareja- dijo mirando a Aang, quien estaba encogiéndose frente a la mortífera mirada de Sokka, mientras sacaba a Appa de la camioneta -Estoy impresionado.
-Igual que yo- se rió ella en respuesta.
El hombre le sonrió y abrió los brazos. Ella lo abrazó.
-Es bueno verte, Pakku.
-Ustedes podrían visitarnos más a menudo- respondió él con amargura. Ella sonrió con franqueza. -Bueno, una vez que dominé Agua Control no había muchas razones para volver, ¿verdad?- dijo a la ligera. Él frunció el ceño y ella se rió -No me has llamado pequeña Afrodita desde que era una niña.
-Aún eres una niña- señaló Pakku -Y creo que el nombre que se ajusta más y más cada día.
-¿Qué quieres decir?
-Bueno, empecé a llamarte así, porque siempre estabas en el agua- explicó con calma.
-Kana solía decirle a las personas que naciste junto al agua del río, así que lo llevas en la sangre. Pero sabes por qué más es famosa Afrodita, ¿verdad?- Katara suspiró, volviendo la mirada hacia Aang inconscientemente.
-Cualquier hombre que la miraba se enamoraba de ella- dijo en voz baja -Así que crees que sólo le gusto porque soy bonita- Pakku se echó a reír, sacudiendo la cabeza.
-Es cierto que ella es conocida por eso- consintió él -Pero yo estaba haciendo una simple referencia al hecho de que Afrodita era la diosa del amor- Katara contuvo un poco el aire.
-¿Amor?- repitió ella, mirando entre Aang y Pakku -Yo no lo amo.
-Yo no estaba hablando de ti- respondió, señalando a Aang.
-Él no me ama- corrigió Katara con cuidado -Sólo me conoce de un par de meses, él no podría...
-Es posible que, probablemente, tal vez- suspiró Pakku, dejando el asunto a un lado. Katara negó con la cabeza.
-Sólo somos amigos- dijo con firmeza, claramente evadiendo el tema. Él asintió con la cabeza respetuosamente.
-Muy bien entonces, Afrodita- dijo con una sonrisa -Voy a mostrarles su habitación.
Katara sonrió tristemente. Ya no era una pequeña Afrodita. Ahora, sólo era Afrodita. Rompe corazones, que rasgaba directo el pecho de los hombres sólo porque era bonita. Pero no pudo evitar sonreír cuando Aang y su perro vagabundearon en su línea de visión, mirando alrededor de la destilería con interés, mientras avanzaban hacia su hogar temporal. Había algo en la forma en que la miraba que la hizo sentir como si fuera algo más que sólo bonita.
-¿Estás ahí Cara de muñeca?- Katara parpadeó sorprendida, se había quedado parada, mirando hacia el espacio. Aang estaba delante de ella, agitando una mano delante de su cara y después de unos momentos ella le dedicó una sonrisa enigmática.
-No Sparky, no estoy ni aquí ni allá- respondió ella sin darle importancia, tomándole el brazo -Yo soy Afrodita- él le sonrió un poco perplejo y se detuvo.
-¿Afrodita?- se burló -Cara de muñeca, ella no tiene nada de ti- Katara rió mientras ambos reanudaban la marcha cogidos del brazo.
-Sigue hablándome de ese modo Sparky y tendrás mi corazón fuera del pecho antes de que yo pueda poner mis manos en el tuyo- dijo a la ligera con la risa oculta en su voz.
-Te lo daré a ti de todas formas pequeña semidiosa, será tuyo ahora mismo si lo quieres- dijo socarronamente, alzando las cejas en su dirección con inocencia.
-Aang basta- se rió, dándole un empujón -Ahora sólo te estás burlando de mí.
-Nunca en la vida- respondió él, con las manos hasta la defensiva cuando ella dirigió un golpe en su brazo.
Sokka y Pakku se detuvieron un momento para mirar hacia atrás y asegurarse de que esos dos estaban bien. Mientras miraban, Aang se lanzó detrás de ella y la tomó por la cintura, levantándola de la tierra y girando con ella hasta conseguir que la chica riera en voz alta.
-Así que, ¿si están saliendo?- le preguntó Pakku sin rodeos.
-No- respondió Sokka, sonando confuso -Pero no tendría que cambiar mucho ¿verdad?
-No mucho, en efecto- se rió entre dientes Pakku, sacudiendo la cabeza -Nunca la he visto darle ese brillo a alguien.
-Nunca lo había hecho- dijo Sokka con honestidad, reanudando la marcha -Ni siquiera a Jet.
-¿Todavía estás prejuiciado por Jet?- dijo Pakku, sonando como si estuviera regañando a Sokka para mencionarlo -Eso fue hace dos años.
-Dos años, dos décadas, aun así pasó- se quejó Sokka.
-¿Así que a ella no se le permite cometer un error?
-Claro que puede- argumentó Sokka -Pero eso no significa que voy a olvidarlo- Pakku suspiró y sacudió la cabeza.
-No te preocupes, ese chico no es Jet- murmuró. Se detuvo frente a un edificio largo -Aquí estamos.
Katara, Aang y Appa los alcanzaron momentos más tarde y él los llevó dentro, la puerta daba a un largo pasillo que parecía estar compuesto en su totalidad de puertas. La mayoría de los Riversiders vivía en las destilerías.
-Sólo hay una habitación vacía en este momento, así que los tres tendrán que compartirla- dijo Pakku, abriendo una puerta hacia el final de la sala.
Todos ellos se asomaron dentro. Era una pequeña habitación con una cama y dos camas. Sokka se dejó caer en la cama de inmediato. Katara apenas rodó los ojos.
-Gracias Pakku- dijo con una sonrisa.
-¿Te acuerdas de dónde está todo?
-Sí, no te preocupes por eso.
-Está bien, búsquenme si necesitan algo.
Pakku se despidió y cerró la puerta detrás de él, dejando a los tres en su pequeña habitación de madera. Katara se sentó en su cama y miró por la ventana.
-Estoy preocupada por papá- dijo en voz baja. Aang se sentó en su propia cama y Appa saltó a su lado.
-Él sabe lo que está haciendo- respondió con calma Sokka, recostado en su cama -Esta no es la primera vez que atacan la destilería- Katara miró bruscamente hacia él.
-No me lo recuerdes- murmuró.
Aang los miró por un momento antes de volver su atención a su perro. Recordaba haber oído acerca del ataque a la destilería del Sur hace unos seis años... su madre había muerto la última vez que los dragones atacaron la destilería sur. Aang se removió en su asiento, de forma automática para poner una mano en el hombro de la chica, pero se las arregló para detenerse. Sokka lo estaba observando. Se aclaró la garganta y miró por la ventana.
-Voy a salir- dijo Sokka después de un largo silencio.
-¿Buscando a alguien?- preguntó Katara con una sonrisa.
Sokka le lanzó una mirada y salió por la puerta con aire indignado.
-¿A quién está buscando?- Aang le preguntó una vez que él se había ido.
-El hombre a cargo aquí, Jefe Arnook, tiene una hija- dijo Katara sonriendo -Ella es de la edad de Sokka. La hemos conocido siempre, nuestras familias son cercanas. Sokka ha estado siempre enamorado de ella.
-¿Qué pasa con Suki?- le preguntó Aang perplejo. Appa rodó sobre su espalda y Aang empezó a frotar su estómago.
-Confía en mí, si Yue dejara de derribar los avances de Sokka, su relación con Suki pasaría de casual… a una conversación incómoda- dijo con franqueza, sacudiendo la cabeza.
-¿Ella lo rechaza?
-Bueno... no en muchas en esas palabras- se rió Katara -Ella es del tipo de verdad tímido… no habla mucho y Sokka toma eso en el sentido de que ella no está interesada. Francamente, creo que ella no sabe cómo reaccionar. Sokka puede ser un poco brusco. Especialmente cuando está nervioso.
-No creo que jamás he visto Sokka nervioso.
-Bueno, si quieres, sólo tenemos que encontrar a Yue.
-¿Vamos?
-Claro, voy a mostrarte todo- y con eso salieron de la habitación, con Appa pisándoles los talones.
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