III Asalto: Encarcelada

Enfoco los ojos a duras penas, el cielo de madera le dejaba ver alguna que otra sombra perdida en una tenue e ínfima luz. Un mareo abrumador apenas si le dejaba enfocarse en su conciencia. Un dolor tremendo en su cabeza y hombro era lo que le tenía pendiente entre la inconciencia y esta abrumadora sensación.

Tenía la garganta seca, los ojos hinchados y la piel resquebrajada por la falta de sol.

Por el olor a humedad, suciedad, humo y residuos. Era obvio que se hallaba en una mazmorra: y desde hacía días por su propia esencia. Intento sentarse y noto en aquel momento la presión en uno de sus tobillos. Miro a duras penas levantando la cabeza ya que el mareo estaba golpeándola con fuerza y la nauseas apretaban su garganta. Era un grillete que llevaba la cadena pegada la pared, obviamente idea de alguien que sabía quién era. Ese vampiro.

Intento ponerse en pie dándole arcadas que solo hizo que se le nublaran los ojos de lágrimas. El mareo era demasiado. Tenía sus miembros flojos y poco articuladles, se llevó una mano al cuello donde tenía una herida punzante al recordar lo que había pasado.

Vampiro. El dolor. Los recuerdos. Colmillos. Sangre

Pegó un respingo y escucho ruidos desde la puerta de afuera. Un humano se movía hacía su reja. Se abrió una pequeña compuerta y vio a un viejo mirándole a duras penas.

— ¡Así que has despertado pequeño imbécil aquí está tu cena- lanzándole un cuenco con una extraña masa verdusca en el interior que salpico hacía todos lados.

El sujeto se quedó mirándolo por bastante rato. Parecía interesado en algo, pero ella sospecho que era, seguramente: curiosidad mal sala. No tenía su máscara puesta y estaba segura que el hecho de su rostro grabado con las maldiciones de sus creencias se había esparcido con rapidez.

El carcelero golpe su puerta frustrado y se alejó rumiando.

— Asha…

Pillo a Witkim recostado contra su asiento con un vaso de cerveza medio vacío y la vista perdida en la chimenea apagada delante de él.

— Esa mujer te esta llevando a la alcoholismo de una manera desbordante.- le quito el vaso y lo lanzó hacía una esquina. Este se quiso levantar enojado por la afrenta pero apenas si lo empujo este volvió a quedarse sentado mirándole con unos ojos de lastima que rallaban en lo desagradable.- das asco- siguió notando la barba maltrecha ya desde hacía varios días, el cabello desaliñado, los ojos rojos y que decir de ese fétido olor que salía de cada uno de sus poros.

— Me esta volviendo loco- grazno.

— Tómala. La dejas pulular de un lado a otro inquietando a los hombres. Tómala y deja de ser un estropajo andante.

— Ella no me desea.

— ¡Y desde cuando una mujer ha tenido el derecho de elegir! – se inclino hacía él, inyectando sus ojos negros en aquellos verdes turbios por el alcohol- ya esta aquí, cuando vuelva no podrá casarse porque nadie creerá que virgen aun esta. ¿Para que sufrir con ello?. Tómala sedúcela, haz algo pero este lamentable estado de perro no te llevara a ningún lado.

— ¿Quién no querría casarse con semejante hada?.- volvió a lamentarse. A él le paso un escalofrió por la espina ante aquellas palabras, aunque lo negara, el sujeto seguía admirando la belleza de la chiquilla.

— Cualquiera menos tú, por lo que veo.

Este no dijo nada y el rodó los ojos. Se alejó mientras un joven lacayo que estaba en una esquina le miro con cierto alivió. Al parecer a este tampoco le gustaba demasiado el lamentable estado de su señor.

— Llévalo a su cuarto, mételo dentro de una tina, refriégalo hasta verlo rojo de sano y quítale esa horrible barba.- el lacayo asintió mientras salía rápidamente de la habitación.

Se giro para ver a Witkim una vez más. Estaba tan ebrio que ni siquiera se daría cuenta de su cambio hasta bien la entrada de noche.

Miro hacía una de las ventanas, el sol ya se ocultaba en las montañas.

Dos semanas habían pasado ya, una luna llena que le salvo la vida.

Se dirigió a las celdas. Ya debía ser hora. Para jugar con su licana.

Incapaz de comer algo, se apuntalo en la rocosa pared y vio el grillete. Con sus fuerzas podría haber roto este mecanismo en cosa de un intento, pero sus manos estaban flojas y perdía el aliento con solo estar allí en posición vertical, la boca seca y el corazón golpeando su pecho cual marcha a batalla.

El vampiro había robado tanta sangre que estaba segura que su vida a penas pendía de un par de hilos. ¿El porque estaba viva? Era todo un misterio. La anemia podría desaparecer con unas buenas comidas y una gran cantidad de sol en cosa de un par de días. Pero obviamente allí abajo, en la oscuridad de esta cueva no lograría llegar demasiado lejos.

Lo único que le agradaba y le daba fuerzas es que seguramente Asha ya debía estar en camino a los puertos. La muchacha si podía llegar, era cosa de que se ocultara un poco y sería libre. Lamenta no poder haberla acompañado pero estaba segura que su decisión les había dado un par de minutos de ventaja.

Ahora solo cabía esperar.

Desde su lugar cerca del caldero miro al vampiro que se movía como una maldita sombra hacía las mazmorras. Una rabia burbujeante subió por su garganta al verlo. "Asesino". Pensó molesta. El sujeto había bajado día tras día a la mazmorra para molestar a su guardián, día tras día volvía sonriente. No sabía lo que hacía, había intentado darle caza pero este desaparecía cual fantasma. Quería saber si Shayr estaba bien, si se estaba recuperando, si estaba viva.

Un pequeño tumulto en la entrada hizo que se girara desde su puesto. Tuvo un pequeño minuto de pánico al notar que era un mensajero llevado por uno de los guardias por su señor.

¿Había llegado el momento? ¿Su hermano había respondido ya la carta?

Desde el día en que había llegado había estado asustada por la respuesta. Witkim había estado delirando en amenazas sobre lo que iba a pedirle a su hermano por su liberación, desde uno de los castillos que perteneció a la familia de su madre, o un buen porcentaje de los hombres. Ella temía que su hermano no hiciera nada por sacarla de allí. Y por primera vez desde que Shois había subido al mando de la familia Sions, deseaba que este le ayudara a salir de allí, a salir de la presencia de ese salvaje.

No había sido maltratada, ni golpeada ni se le habían quitado los servicios básicos, pero Dios era todopoderoso en saber que la sola presencia de ese "salvaje" le ponía nerviosa. Sus miradas intensas con aquel verde que de noche parecía oscurecerse, pero que de día eran los ojos verdes pálido más raro que hubiera visto o esa sonrisa granuja y molesta en sus labios tapadas por esa grotesca barba que tapaba todo su rostro dándole la presencia de ser un vagabundo. Todo él le molestaba. Todo. Había algo peligroso en su postura, en su mirada, en los pensamientos que surcaban su mente cuando lo pillaba mirándole, y ese retorcijo en el estomago no era nada sano. ¡Era un viejo! ¿Cuántos años tenía? ¿Cuarenta? Con esa barba mal afeitada era difícil dar una edad.

No quería casarse con otro viejo… bueno, no es que Witkim haya hablado de casarse, pero…

Cortó el hilo de pensamientos fatalista cuando vio al vampiro salir rápidamente desde la mazmorra mientras el mensajero hablaba rápidamente con este.

Ella sintió que se le apretaba el pecho cuando los ojos negros de demonio se fijaron en ella y su rostro se puso hermético.

¿Había llegado la hora?

Se le entrego un vaso de cerveza al vigía y este asintió como dándole razón a sus pensamientos.

— No son aliados.

— Ni enemigos- comentó Jorking. El segundo al mando de sus tropas.- hubieran atacado los pueblerino o saqueado algo del ganado.

— ¿Cuántos eran?- pregunto al mensajero que veía de un lado a otro.

— Unas dos docenas mi señor. Con armas y algunos a caballo. Parecían dispuestos a hablar pero desaparecieron cual fantasmas cuando llegaron los refuerzos.

— ¿Alguna bandera o insignia de saber de donde procedían?

— Creo haber visto un perro de tres cabezas grabado en uno de sus escudos. Pero bien podrían haberlo robado o encontrado en el campo de batalla.

Él se enderezó un poco. El perro de tres cabezas. Símbolo de fuerza, e inmortalidad era el animal de la familia Sions. Pero el nuevo Lord no había dado muestras de haber leído o entendido sus cartas. ¿Había enviado tropas para ver sus fuerzas? Pero como habían sido tan inútiles de dejarse ver además de dos docenas de hombres. No tenía sentido.

— Saldremos a echar un vistazo- soltó Jorking envolviendo su cabeza con una tela. Él asintió serio. Esperaba que Witkim estuviera consiente esa noche.

— No ataquéis si no atacan. Veré de qué se trata esta noche. Intentaos que no os vean.- ordeno. Ambos se marcharon con breves inclinaciones. En ese momento noto los ojos ámbar que le miraban desde una esquina.

El odio marcado en sus facciones. Él sonrió burlón ante la muchacha que lo odiaba más que a su vida y se marchó nuevamente hacia las mazmorras. Aun no terminaba allá abajo.

Alerta como estaba pendiente de cada sonido, cerró los ojos y espero. El vampiro se había acercado unos cuantos metros antes de volver rápidamente por las escaleras. Y sabía que no había ido allí solo a pasear.

Intento forzar su cuerpo a recuperarse, no podía estar tan débil con un chupasangre por allí, debía entregarle un poco de resistencia mientras veía como salir de allí sin problema alguno.

Lo escucho a los pocos minutos y se enderezo. Se levantó aun lado de cama observando su piel siempre morena, pálida como un muerto.

Cuando abrió la puerta ella solo observó su silueta en la pared de enfrente. No podía atacarlo, no tenía fuerzas ni el suficiente espacio con el grillete firmemente sujeto en su pared.

Este entro con una antorcha y una sonrisa maquiavélica en su rostro. El rostro marfileño y los ojos negros demarcaban su rostro rebosante de energía. Su energía.

— ¿Vienes por otro bocado?- le pregunto molesta. Este sonrió con un bufido y le apunto con la antorcha. El calor fue como un maldito latigazo de energía. Lo sintió en su corazón bombeando una sangre escasa y en recuperación.

— ¿Es una invitación?- pregunto complacido. Ella alzo una de sus cejas. Noto un poco extrañada que este tenía la mirada un poco desviada. Una sutileza pero algo le llamo la atención de ello.

— ¿Qué haces aquí?

— He venido a ver mi pequeño premio de consuelo. ¿Lo sabías? Eres mía hasta que se me quiten las ganas de tenerte. Serás mi alimento por un par de meses.

— ¡No seré tu alimento!-grito enfadada y saltó hacía adelante, lanzando lejos la antorcha que choco contra la pared y se sumieron en las sombras.- primero muerta- Lo agarró de sus ropas, pero no estaba en condiciones para hacer algo y lo noto en los pocos segundos que pudo agarrarlo cuando todo comenzó a darle vueltas.

El mareo y los recuerdos la noquearon, gruño lastimeramente cuando tuvo que alejarse dando tumbos.

Las rodillas le temblaron y cayó de rodillas. Cerró los ojos e intento volver a estar en facultad de sus sentidos, pero no lo estaba logrando. Se desmayaría en cualquier momento. ¿Cuánto faltaría para la luna llena?¿Cuánto tiempo había estado allí? No sentía nada en su cuerpo, acaso no había pasado ya un par de días, ¿No debería de empezar a sentir el poder y el dolor de la transformación?.

Unas grandes manos la agarraron antes de que se zambullera en el suelo. Quiso alejarse pero el vampiro no se lo permitió mientras la arrastraba sobre una de sus rodillas.

— Haz estado dos semanas aquí- le notifico. Ella lo escucho muy lejano. Y se retorció cuando sintió algo frío en su cuello, luego un clic y algo puntiagudo.- tu transformación te salvo la vida.

¿Ya había sido la transformación?¿Dos semanas? La transformación había pasado ya?

El vampiro le agarro las muñecas por atrás de la espalda y le puso otros grilletes, en ese momento noto lo que tenía en el cuello. En un ataque de adrenalina se enderezo y arrastro hacía atrás. El vampiro se levantó en todo su maldito porte sujetando una parte de la cadena.

Sonrió y jaló la cadena. Sus brazos dieron un tirón hacía atrás mientras la cadena tironeaba su cuello y pinchos se enterraban en la carne, ahogándola. Una maldita correa.

— Bastardo- jadeo a duras penas girándose un poco para poder respirar.- ¡Suéltame!

— Te llevare a fuera. Necesitas un poco de luz si no quieres morir. Y mi querido alimento no se puede podrir así de fácil, ¿No?

La tironeo otra vez cuando iba a darle una nueva tanda de groserías. La obligo a levantarse y a salir por la habitación al sucio y poco iluminado pasillo. Vio luz al final de este y comenzó a resistirse. No solo porque estaba siendo terriblemente humillada por aquel asqueroso, sino porque no tenía su máscara. Y sus marcas eran premonición de maldiciones y deseos de enviarla al infierno.

Molesta y asustada, acelero el paso y golpeo al vampiro con su hombro, logrando que este chocara contra la pared. Suponiéndose libre por algunos segundos retrocedió lo avanzado, cuando la cadena volvió a tironearla. En un acto desesperado se sentó en el suelo. Allí podría ahogarla si así deseara, pero ella no iba a salir a ser la burla. Y mucho menos la burla de la sanguijuela.

Despertó con un dolor de cabeza que debía ser el peor de los últimos días. Se llevó una mano a los ojos notando extrañado los cambios a su alrededor. Primero, estaba desnudo, segundo, estaba acostado en su cama cuando sabía que había estado por última vez en el salón de guerra, tercero olía bastante decentemente y cuarto su barbilla estaba extrañamente suave.

Pego un saltó saliendo en dirección a su palangana de agua, un par de velas iluminaban la estancia. El cristalino reflejo le dio una imagen de su mandíbula suave y pulcra, y su cabello lavado y amarrado en una coleta.

— ¿Qué maldita sea…?- se preguntó.- Taillo- siseó molesto por el arranque de su preciada barba. ¿Qué pretendía ese vampiro? ¿Qué se pareciera a él? ¡Ya tenía suficientes problemas que a sus 27años le confundieran con un chiquillo! La barba y el bigote ayudaban notablemente a que aquellos que no le conocieran le tuvieran en estima, así, así solo lograba que le vieran como un chiquillo.- ¡Jorking!- grito, pero nadie entro.- ¡Taillo!- tampoco nadie entro. En el momento una cabeza entro en la habitación era su ayudante de cámara.

— ¿Mi señor?

— ¿Dónde están esos dos bastardos?

— Mi señor, Lord Taillo está en las mazmorras y Lord Jorking salió a media tarde.

¿De qué se había perdido? El chiquillo no le miraba a la cara y luego noto el porqué. Estaba desnudo.

— ¡No te quedes allí, maldita sea! Tráeme mi túnica y la espada.

— Si mi Lord, perdón mi Lord. Ya vengo.- y desapareció.

Maldita sea. Se rasco su tersa barbilla y maldijo otra vez. Era hora de la cena.

Cuando termino de vestirse, se giró al chico que arreglaba el fuego del hogar.

— ¿Dónde se encuentra Lady Asha?- pregunto arreglando una de sus botas.

— En su habitación mi Lord. Annex llevó recién allí su cena.

— Decidle que baje, comerá con nosotros.

— ¿Mi Lord?

— Ya has escuchado y decidle que si se niega iré a buscarle como se encuentre.

— Sí, mi lord. Iré inmediatamente.

Al bajar, noto inmediatamente que había algo extraño. Usualmente las mujeres se movían en masa de un lado a otro llevando las cosas a las mesas. Pero esta vez, las mesas estaban siendo desatendidas y los que allí reposaban tenían la vista incrustada en la puerta. Por allí estaban pululando las mozas.

Cuando le vieron comenzaron a moverse rápidamente ante su mirada. Y allí vio a quien quería ver. Taillo estaba parado en la entrada dándole la espalda, un poco más al lado estaba Jorking, quien le sonrió cuando le vio. El gruño por lo bajo.

— ¡Taillo!- gruño. El vampiro se giró con una sonrisa lobuna en su rostro, lo miro de arriba abajo y volvió a darle la espalda.- maldito seas, está a sido idea tuya.

— Sí, lo ha sido.

— ¿Qué crees que…

En aquel momento noto lo que estaba ocurriendo. Taillo tenía en una de sus manos una larga cadena, en el final de esta un cuerpo. Por un momento se quedó sin palabras ante lo que veían. Era el licano. Maltrecho, obviamente deshidratado y desnutrido. Estaba sentado en una de las escaleras de piedra. Las manos atadas en la espalda y la mirada perdida en el cielo. Tenía algo que suponía debía ser un par de telas apiladas para que cubrieran su rostro. Si no fuera porque estaba medio atontado aún, hubiera jurado que estaba brillando. Aunque era lo más absurdo de la vida.

— ¿Qué?- pregunto cuando observó vio lo que ocurría.- ¿Por qué lo haz sacado de su mazmorra?¿Porque parece que no ha comido en días? Creí que había mejorado para comer.

— Porque no lo ha hecho.- cortó Taillo molesto.- al parecer tiene la intención de morirse de hambre.

— ¿Y qué haces?- pregunto. Jorking con sus ojos marrones y brillantes al parecer había estado haciendo la misma pregunta que antes.

— Lo mantengo vivo- contesto sin moverse, como si fuera obvio lo que hacía.

— Es un guerrero de elite, mi señor- soltó Jorking entrecerrando el cejo- es bien conocido sus métodos de enseñanza y lo querido que es. Esta no es manera de tratarlo.

— No es Lord, ni caballero, ni siquiera escudero- cortó Tailllo observando la figura que parecía propiamente absorta en su mundo. El noto que estaba con la vista perdida en la luna allá limpia y pura.- es apenas un buen guerrero. Y es mío. Hare lo que se me dé la gana con él. ¿Por qué no vais a alimentaros? Tengo que mantenerlo consiente por un poco más antes de volverlo a su lugar.

La verdad es que no sabía que decirle, obviamente estaba enfadado por algo. Y él le había dado la autorización de hacer lo que se le diera la gana con ese maldito bicho.

— Jorking tiene informes que darte.- el suso dicho miro entrecerrando al cejo al vampiro molesto por la manera en que los despechaba. Sus ojos marrones se oscurecieron y él rodo los ojos.

— Háblame de eso- le informo al hombre que soltando un bufido y una última mirada al personaje más allá se giró hacía él.

— Mi señor se ha…ha v-visto…- la voz se le consumió cuando este miro hacia atrás suyo. Él se giró preocupado en el momento en que la veía.

¿Qué se creía aquel bruto, animal, maldito bastardo? Se preguntó mientras bajaba por uno de los últimos escalones. Las voces se apagaron cuando le vieron. Pero a ella poco le importaba. Era bastante impropio que una muchacha saliera sin un tocado y mucho menos en esas fachas. Vestida con su túnica de dormir y un batín celeste pálido que se le había proporcionado hacía solo unos días. ¿Pero a ella que le importaba como la vieran?. De todos modos, poco o nada podría dar a su favor cuando se le entregara de vuelta a su hermano. Nadie creería que seguía siendo virgen.

Miro hacía la plataforma donde usualmente comía el señor de la casa y los más cercanos pero allí no estaba, lo busco por toda la habitación, hasta que lo vio.

En la entrada con Lord Jorking y por lo que veía un poco más allá al vampiro dándole la espalda.

Aspirando con fuerza se acercó a pasos rotundos dispuesta gritarle un par de cosas.

— ¡Tú! ¿Cómo te has imaginado exigir…?- pregunto hasta que la voz se le consumió en la garganta en el momento en que este se giraba.

Era el hombre más bello que hubiera alguna vez visto. ¡Ho Dios Santo!

Tenía un rostro limpio, severo, pero armonioso, una barbilla lisa y perfecta. Labios carnosos y una nariz afilada. Y aquellos enormes y sorprendidos ojos verdes que le miraban como si hubiera salido de algún cuento, eran tan vivos y brillantes que le secaron la boca. Media casi dos cabezas más que ella y vestía ropas ricas y a la altura de su rango.

Obviamente aquel no era el hombre que te le tenía apresada. Aquel parecía…. Aquel parecía al hombre que había ido a su hogar años atrás a hablar con su padre. ¡Ho Dios Santo, ¡Era él aquel que le había botado!

Los ojos de este pasaron de la sorpresa, a la furia en cosa de segundos cuando vio sus fachas y sintió un arranque de vergüenza que la hubiera sumido a una oscura esquina si es que hubiera podido.

— ¡¿Qué maldita sea son esas fachas?- grito.

O si, era el mismo. Y sintió una punzada molesta por el pequeño retraso mental que había sufrido, aunque la mona vista de seda. Mona queda.

— ¡¿Acaso mi Lord, no dispuesto que bajara tal cual, si no, iría el mismo a búscame?- pregunto enfurecida.

Hubo un movimiento brusco detrás del hombre y mientras Lord Witkim se acercaba a ella peligrosamente. Dio un paso hacia atrás por si a este se le ocurría levantarle la mano. Mas no alcanzo retroceder cuando una mano salió por un lado de Lord Witkim empujándolo con una fuerza bruta tremenda que lo envió al suelo de un solo golpe.

Se llevó una mano a la boca y los ojos se le llenaron de lágrimas.

¿Qué le habían hecho?

Luego de un tira y afloja que había durado sus buenos veinte minutos. Se habían gritado, maldecido, y casi llegado a los golpes. Cuando ella notando que él estaba absolutamente decidido a sacarla, había accedido, con algunas demandas. La primera, que le entregara algo para tapar su rostro, y el segundo, que ella saliera primero. Este había dudado bastante, pero ella poca fuerza podía tener en esas condiciones, pero estaba firmemente aferrada al suelo, y aunque los pichos en la garganta era un buen estimulante. Cuando se había lanzado al suelo, había aferrado la cadena debajo de ella y por más que este tiraba no había forma en tensar esta.

Al salir se había hecho un pequeño caos.

El salón estaba bien provisto. Mesas aun lado siendo puestas para la cena, un chimenea con grandes troncos a su alrededor que proveía de calor a la estancia. Candelabros quedaban buena iluminación a la estancia. Una escalera que llevaba a una de las torres y un hueco en la pared que suponía, por el olor, la cocina. El piso cubierto con junquillos limpios. Y la puerta doble de madera era de consistencia robusta. Obviamente dispuesta para resistir la invasión de algún ejercito desde dentro.

Empezó a escuchar el cuchicheo mientras se encaminaba a la puerta. El vampiro detrás de ella. Algunas mozas alrededor de la chimenea le miraban con ojos enormes, sintió un tirón en la garganta recordando cuando su Ama Asha y la madre de esta solían saludarle desde sus sillas después de un largo día.

El aire impregnado en lluvia, bosque y humedad fue como un aliento de nueva vida. Su cuerpo reacciono ante el recibimiento. El vampiro la tironeo cuando ella iba a seguir bajando las escaleras para seguir, pero al parecer hasta aquí solamente había llegado el paseo, y no le molestó.

Se sentó en la escalera mientras su cuerpo se ablandaba. Frente suyo veía algunas casuchas, unos establos y las murallas de piedra que rodeaban el patio interior del castillo. Más allá en la espesura del bosque se veía columnas de humo subir y perderse en el viento.

Abrió un poco las tiras de las telas que le cubrían la nariz. El aliento frío que le invadió no era desagradable ni molesto. Era algo revitalizante. Sus ojos se dirigieron a la esfera platinada en aquel cielo limpio de nubes. Y se desconectó del mundo cuando la luz penetro su mente y su alma.

El dolor, el desfallecimiento.

Sus miembros dormidos. Esta debilidad una vez más. Esa horrible sensación de que le robaban la vida en cada respiro. Pero no eran los ojos de mercurio que le miraban. No eran los ojos diabólicos que le robaron todo cuando pequeña, no eran esos ojos. Eran el contraste y no le temía a esos ojos. Eran ojos jóvenes, orgullosos, pero no fríos. No eran los ojos fríos de su infancia. No tenía por qué temer a esos ojos. No eran él. No lo eran.

Su lobo no temía a ese vampiro. No temía a ese orgulloso strix. Porque no era el Herus. Y si no era el Herus no había nadie en estas tierras que ella pudiera temer.

Sintió sus pulsaciones acelerándose, los caninos entrechocaron entre si. Su cuerpo restableciéndose lentamente.

Solo necesitaba tiempos.

La dulce melodía de la noche comenzó a recorrer los bosques. El suave susurró de los árboles inyecto de aliento su cuerpo. Los rayos de luna impregnándose en su piel visible. Esto era la energía de su raza.

La dama de la noche le entrega un aliento de vida.

Su cuerpo reacciono antes de que fuera realmente consiente. Ese olor…

¡¿Acaso mi Lord, no dispuesto que bajara tal cual, si no, iría el mismo a búscame?

Su cuello crujió cuando giro la vista hacía la adentro. Era su lady Asha… ¿Qué?

Había sido solo un segundo en que se había girado para ver la escena que la chiquilla le iba a ser a Witkim, un solo segundo que perdió en que la licana se movió ante el peligro.

No alcanzo a agarrarla, y no solo porque esta se movió cual sombra, si no porque esto iba a pasar tarde o temprano y ver a Witkim salir volando cual estropajo, fue, realmente, algo que rememorar.

Los hombres se levantaron de golpe ante el acto agresivo de la licana. Jorking salto hacía un lado con la espada en mano frente a Witkim que obviamente estaba botado aun confundido.

— ¿Qué hace…- preguntó la licana confundida.

— Shayr…- susurró suficientemente perturbada la mujer por el deplorable estado. Esta misma se giro y puso a la mujer detrás de ella mirando penetrantemente a Witkim que se ponía en pie sujetándose la cabeza.

— ¿Por qué?- siseó esta. Él miro a Witkim que miraba realmente mal a la licana.

¿Le había dicho que esta era mujer?... no. No lo había hecho. Esperaba que el sujeto realmente estuviera en sus cabales si no quería pasar una vergüenza tremenda cuando le digiera la verdad.

— Aléjate de ella.- le ordeno Witkim- eres un prisionero hasta nuevo aviso.

— ¿Por qué?- cuestiono esta. Él se movió un poco, notando que la pregunta no iba para él si no para ella.- ¿Por qué no estas lejos de aquí?- pregunto suavecito.

— Lo siento, Shayr. Lo siento tanto.- la mujer apretó las ropas de esta, protegiéndose detrás de la licana. El miro al humano quien estaba hirviendo de ira. ¿Celos? Agghh… humanos, tan elementales.

— Lady Asha salvo tu vida- avanzó él sujetando la cadena. Cuando los ojos azules se fijaron en él noto la confusión. El tiró un poco la cadena, levanto la pierna, la sujeto y luego con toda la fuerza de su cuerpo la piso. La licana dio un tirón hacía adelante, cayendo de rodillas con un gemido doloroso a poco menos de dos metro de él. Se agacho hasta quedar a su altura para que solo ella le escuchara- serás mi alimento, porque tu ama te salvo la vida. Y te salvamos la vida porque ella prometió venir sin problemas algunos.

— ¡Suéltalo maldito bicho!- chilló la humana salteándole hacía adelante dispuesta al parecer a atacarla con las uñas. No alcanzó a hacer mucho ya que Witkim la agarró a medio vuelto y la amarró en sus brazos.

La licana gruño, el tironeo más la cadena logrando que se ovillara aun más, los pinchos le impedían el respirar bien y su cuerpo comenzó a convulsionarse por el esfuerzo. Obviamente lo poco y nada que había estado disfrutando de la luna le había dado fuerzas suficientes para atacar, pero ya se extinguían.

— Llevadlo a la mazmorra, Taillo- ordenó gravemente Witkim.

El miro al humano y notó allí la decisión. Aún tenía a la viperina mujer bajo su brazo, pataleaba y arañaba cuanto podía. Mientras caminaba con ella hacía su recamara, él no pudo no sonreír. A ver si dejaba de dar maldita lastima de una vez.

Miro a la licana que observaba a los dos humanos alejarse hacía las recamara con un temblor de furia que le retorcía el pecho. No había que ser un genio para saber lo que ocurriría, porque no era solo él quien sonreía por lo bajo y hacía comentarios picantes sobre la valoración de su lord.

Miro a la licana quien se había medio ovillado y tenía la frente pegada en la fría piedra. Un golpe en sus creencias ¿No?. Los licanos no podían soportar las violaciones. Las condenaban con la muerte y la tortura, por lo menos en el viejo mundo así era.

¿Pero quien sabe?. Él lo había olido, había un suave y casi efímero olor a deseo por parte de la mujer, tal vez no le costara tanto seducirle. No si recordaba la mirada alarmada de la mujer cuando lo había tenido tan cerca. Witkim tendría que agradecerle el baño y el afeitado.

Tironeo el cuerpo más allá y se llevó a la licana con la ayuda de dos hombres más. Estaba extrañamente sumisa. Cuando la dejo en la mazmorra en la oscuridad de su cueva, esta no se movió mientras miraba la pared. ¿Qué sucedía? ¿No diría nada? ¿No amenazaría la virilidad de su lord?.

No estaba seguro, pero había algo más espeluznante en el silencio de la licana que si esta hubiera soltado una buena perorata de maldiciones.

Extrañamente nervioso, aposto a dos guardias en la entrada de las mazmorras.

Y mientras salía a la fría noche, se giró hacía el castillo y presto atención a los símbolos de la noche, y las dos estrellas fugaces que cayeron desde el cielo le dio un maldito mal presentimiento.

Matarlo, así de simple. Al bastardo lo mataría lenta y dolorosamente.