IV Asalto: Energía

El corazón lo tenía casi en el cuello cuando este la dejo al fin ponerse en pie. Lo empujo y se arregló las ropas lo mejor que pudo. Estaban en la habitación de él.

— ¿Qué…que, como te atreves a tratarme de esta manera?- pregunto parándose lo mejor posible mientras los verdes furiosos le ponían la piel de gallina.

— Silencio, mujer- le calló en un siseo y se giró para al parecer buscar algo.

— Esto es… es un abuso de vuestra parte. Es intolerable que me trate así.

— No creo haber dicho que eras mi invitada, Lady Asha- le cortó este mientras abría uno de sus baúles y sacaba una larga capa azul pálido. Ella se indigno ante el tono.

— Bueno.- soltó levantando el mentón lo mejor posible en sus fachas.- eso parecía… hasta hoy, parece, cuando recordó que existía.- tuvo el agrado de ver el sonrojo que subió a las mejillas de este.- ahora bien, milord. Me hará saber entonces, ¿Qué soy?

— Mi prisionera, obviamente- le cortó y se acercó tanto a ella que trastabillo intentando alejarse. El pulsó se le aceleró al tenerlo tan cerca.

— Bueno, si es así, por favor dejadme partir al lado de mi capitán.

— ¡NO!- negó y la envolvió en la capa. Ella pegó un respingo ante la cercanía de este, miro directamente a esos ojos y sintió un extraño calor en el bajo vientre. Se sonrojo al momento. Este suavizo sus facciones mientras la mantenía entre sus brazos. Ella trago con dificultad cuando este toco brevemente su mejilla.- es usted muy hermosa Lady Asha- susurró tocando brevemente su labio con el pulgar.

Se le doblaron brevemente las rodillas ante el tono, como un maldito ronroneo. Se alejó media ahogada y aferrándose a la capa salió por debajo de uno de sus brazos hacía la puerta. ¡Él le había abandonado! ¡Ella aun tenía la carta en que rompía el acuerdo de su matrimonio! ¿A que venía toda esa fiesta, si no la había querido de buenas a primera?

— Desde mañana, milord. Por favor hágame saber cuales serán entonces mis órdenes. Estaré en mis aposentos- y con ello salió lo más rápido posible sin perder la dignidad en ello.

Cuando cerró la puerta detrás de si, y al final del pasillo vio a uno de los guardias quiso gritar de nervios, pero lo mejor que pudo salió en dirección contraría y se introdujo en la oscuridad.

¿Por qué su corazón latía tan rápido?, ¿Por qué dolía si no lo conocía de nada? ¡Era una estúpida!... una estúpida a quien le habían rompido sus sueños.

Golpeo con fuerza la pared mientras se hacía sangre en los nudillos. Gruño y se medio inclino sobre si por el dolor en su ingle.

Maldita mujer. Maldita ella, su belleza y esos ojos dorados que emanaban una maldita y encantadora valentía. ¿Por qué no podía hacer caso de las palabras de Taillo y simplemente tomarla?¿Porque no simplemente hacía lo que estaba en su derecho como gobernante?. Tomarla y olvidarse, así de simple. Así de fácil. Esto no debería hacerlo sentir como un maldito perro.

Maldito licano quien al parecer obtenía los favores de la muchacha. No conocía su rostro, pero debería ser alguien de verdad muy maldito por encantar así a su prisionera.

La poca dosis de luz que había recibido había sido una erupción para su sistema. El vampiro había bebido bastante de ella, pero acaso su cuerpo no había sufrido ataques parecido en la antigüedad?, ¿Acaso su cuerpo no sabía ya reaccionar a esto? Habían pasado días, lo sabía. Pero solo porque su cuerpo había olvidado lo que era esa sensación de desfallecimiento. Ahora, mientras la luz de la dama plateada burbujeaba en su sistema observaba sus manos y notaba como su corazón bombeaba presurosos. Solo necesitaba el momento y el lugar adecuado, y cobraría su pequeña venganza aunque le costara la vida.

El movimiento en el hogar no variaba demasiado, los siervos más madrugadores le hacían breves reverencias mientras llevaban la comida de un lado a otro, limpiaban y colocaban las mesas que servirían como soporte para el desayuno.
Annex quien era la hermana mayor de Jorking era la primera y ultima en ponerse en pie en aquel castillo. La mujer con su largo cabello pelirrojo, enormes y felinos ojos verdes era simplemente hermosa. Pero inaccesible. Era la jefa de los sirvientes y la dama de compañía de cualquier dama de cuna que pudiera poner un pie en aquel castillo. Jorking y Annex eran huérfanos, el padre de su señor los había recibido y se les había entregado una educación bastante extraña, eran a simple vista nada más que vasallos, pero habían sido educados como Witkim. Jorking había sido criado para hacer de senescal y capitán, y Annex como la ama de casa hasta que Witkim se hiciera con una esposa.

— Estas muy meditabundo hoy- le soltó una voz aun lado. La había sentido pero no la había tomado mayor atención, los ojos felinos le miraron cual saeta y se puso frente si.- ¿Algo de lo que deba enterarme?.

— No veo porque debería de contarte nada- le dijo sin mirarle con la vista pegada en la bajada del cuarto de su Señor.

— Estas de un humor terrible, cuando se te pase acércate a las cocinas, he conseguido un poco de aquel hierbajo que tanto aprecias.- le soltó contoneándose mientras pegaba una que otra orden mientras se ponían los primeros panes salidos del horno y unos cuantos soldados comenzaban a entrar.

Jorking fue el segundo en acercarse, venía con los ojos ligeramente rojos y el cabello húmedo. Le sonrió a su hermana y se acercó a él. No necesitaban más palabras.

— Obviamente se alejaron bastante, cruzaron el lago y se ocultaron en la espesura del bosque, están a cinco horas o más.- informo.

— Se alejaron durante el día.- el cabeceo ante lo dicho.

— Envía a alguien a que informe a los pueblos cercanos por si ven algo y duplica la guardia. Pronto sabremos si Witkim tendrá verdaderamente algo en que preocuparse.

La espada cayo una y otra vez con una fuerza tremenda, Witkim se agacho e intento hacerle una zancadilla mientras pegaba un saltó hacía atrás. Le sonrió de lado y este volvió una y otra vez con los ataques dignos de un bárbaro.

— Maldita sea Witkim- gruño y en dos golpes la espada de este saltó hacía una de las paredes donde uno de los chicos se acercó a recogerla. El humano ni siquiera se levanto, se tiro de espalda y se quedo viendo el techo mientras controlaba su respiración. Les hizo un gesto a los dos chicos quienes salieron apresuradamente. Él se paro aun lado.- no hiciste nada- le acuso. Este abrió a penas un ojo y cerró el entrecejo con fuerza.

— No

— No estaba preguntando- le cortó- se puede saber ¿Qué piensas?

— No pude.

— Reconozco tu nobleza ante el acto pero no así tu estupidez. Quieres a la chica y no hay dama que se te haya negado jamás, ¿Por qué piensas que esta va a ser diferente?

Este no respondió pero noto como su cuerpo se tensaba y entrechocaba los dientes.

— ¿Cuántas probabilidades hay en que muera el licano?- pregunto. La pregunta le pareció extraña y le tomo por sorpresa.

La licana.

— Pocas- le cortó y le miro atentamente. Hasta allí podía sentir sus pensamientos.- ¿Qué tiene que ver?

— Esta en su mente. No puedo…

— Sandeces- le cortó molesto. El humano no dijo más y se levantó en un silencio espeso.

— Lo quiero lejos de mi vista, lejos de la vista de ella.

Él sonrió encantando.

— Eso no tienes ni porque decírmelo.

Fijo sus ojos cual dardo en aquellos ojos verdes que le rehuían un poco. El sujeto tenía la cabeza metida detrás de unos papeles, y no parecía contento con tenerla en su habitación, una vez más.

— ¿Es una broma, mi señor?- pregunto molesta y arrastrando la ultima palabra.

— Creí que había quedado claro cuales serian de ahora vuestras tareas- ella se paro todo lo alta que era e hincho el pecho.

— Esta bien.

— No os estaba preguntando- le cortó molesto sacando ese lado tan bruto del que era famoso.- además es un trabajo noble y le hará bien a aquellas delicadas manos.

Ella no quiso soltarle que esas mismas manos podían empuñar un arco y una espada. Hizo una burlesca reverencia y se alejó.

— Aun no os he dado permiso para retiraros.- respiro profundo intentando que su odio no se exteriorizara. Se quedo muda por un momento cuando aquellos ojos verdes le miraban con tanto detenimiento, como sus pestañas remarcaban tremendamente aquellos ojos de demonio.

— ¿Me autorizáis para marcharme, ¡Ho amo y señor de todo lo que mis ojos ven!- pregunto burlescamente. Este pegó un salto mirándole con una fea morisqueta en su rostro, pero aun así no se aminoro.

— Marchaos, marchaos e intenta no acercaros a mí en todo el maldito día.- ladró.

Ella se marcho con una sonrisa enorme. Se alegraba de intentar no verle la cara en todo el día, porque no quería seguir teniendo esos extraños motivos para apreciar sus facciones más de lo necesario.

Ya atardecía y oculta en la pequeña habitación que le habían entregado miro la carta. Nunca podría decirle ni siquiera a Shayr que aun tenía aquel pedazo de papel resquebrajado y sucio. Porque no era solo la carta con el sello de la familia Freedor que la habían botado así como así, destruyendo sus mejores años para casarse dignamente, si no que era la carta que le había rechazado ¡A ella!.

Nunca había estado presurosa por un matrimonio, porque su padre y madre jamás se lo pidieron y jugar y luego acompañar a Shayr era lo que más se le pasaba por la mente en su curiosa adolescencia, pero todo cambio. Cuando su padre enfermo y le dijo que estaba prometida hacía muchos años ella se sintió un poco abrumada, pero su padre le sonrió y le dijo que era un hombre joven, guapo y poderoso y que él el protegería de cualquier mal y ella lo había aceptado, hasta había sido un bonito pensamiento el hacerse una vida al lado de un caballero digno de un gran porte y admiración de su padre. Hasta que había llegado aquella carta… aquella carta que su hermano le había entregado donde le rechazaba por "no tener los atributos necesarios para ser la señora de su feudo" y todo su mundo rosa había sido desbaratado con tal rapidez que un odio increíble se había resguardado en su pecho. Y había decidido marcharse, marcharse, ser libre del yugo de su hermano quien lo único que deseaba era mas y más poder.

Pero ahora… ahora lo conocía en persona. Y dolía que él le mirara de aquella forma, como si no le hicieran daño sus palabras antiguamente.

Con una respiración profunda oculto la carta bajo la cama, respiro una vez más y levantó el mentón.

Nadie volvería a dañarla de nuevo.

Abrió un ojo y luego el otro mientras la figura le miraba desde la puerta. Le había sentido desde que había bajado y los dos guardias se habían marchado, pero tenía otras intenciones por lo que no se levanto ni siquiera demostró haberlo reconocido.

— Levántate.- ordeno y le lanzó las mismas cadenas que el día anterior había ocupado.- póntelas tranquilamente, hazme caso y podrás salir de este cuchitril por lo menos unos minutos.

Tranquilamente hizo lo que le pidió. Notó por lo bajo que este tenía sujeta fuertemente la cadena, cuando se movió de la puerta y le dejo espacio, salió sin problema alguno. Lento y con una que otra torcedura de rodillas solo para hacerle creer de su mal estado.

— Te estoy vigilando- siseo detrás mientras salían a la gran habitación. Esta no se encontraba tan repleta como el día anterior, y aunque por más que intento ver a su ama solo vio a unas pocas sirvientas alrededor del hogar.

El vampiro le empujo un poco más, había atardecido hacía muy poco, aun el cielo estaba celeste y pintando por pequeñas estrellas, bajaron las escaleras y observó las fogatas que se alzaban cada cierto tramo entregándole luminosidad a los campos de entrenamiento que estaban extrañamente llenos. Un joven, aquel que el día anterior había defendido al bastardo se les acercó. Había una extraña ordinariez pero honrada presencia en aquel sujeto y eso le calmo un poco más, por lo menos no olía a sangre y dolor.

— ¿Dónde esta Witkim?- pregunto el vampiro. Ella observó las buenas defensas, un muro de piedra de cuatro metros, varias torres, una entrada en su respectivo puente, podía decir que había un foso exuberante fuera por el olor a agua podrida. Soldados guardias bien provistos. Almacenes para los vasallos y personal del ejército cerca de las murallas, dos bodegas, un gran establo. Algo parecido a una gran bodega.

— Acaba de subir.- un hormigueo le subió por las manos. Su cuerpo comenzó a sentir la liberación, y la energía.

— ¿Qué noticias trajo?

— No más que las que informaste tú esta mañana. No se ha visto nada en los límites.- un suave aire… un olor que reconocía. Los pelos se le pusieron de punta.

— Bien- el tirón le tomo por sorpresa y solo soltó un breve gruñido cuando el vampiro le hizo un gesto para que siguiera caminando.

Dos guardias más comenzaron a seguirlos, y supo porque. Se giro molesta hacía el sujeto quien le sonrió socarrón y le hizo entrar en aquella jaula en el patio trasero. Estaba casi en medio de la cancha, al aire libre sin techo ni cobijo. El lugar estaba iluminado por dos grandes antorchas y a la vista de varios guardias.

— Buenas noches.- siseo el vampiro mientras cerraba la puerta detrás de ella.

Por lo menos allí afuera el olor era mucho más fresco.

La situación en la mesa era tensa. La muchacha varias sillas más allá comía con la vista ausente y sabía a lo que se debía. Taillo le había informado que había sacado al licano de las mazmorras y puesto en una de las prisiones al aire libre que se encontrara en el patio trasero y por el cual solo desde las cocinas y dando un rodeo alrededor del castillo podía ir, por lo que estaba virtualmente lejos de su vista y la de Lady Asha.

Observó a Taillo que estaba en la entrada dando órdenes a alguno de sus hombres. El solo comía un poco antes de salir a recorrer sus tierras.

Durante la tarde había llegado una nueva información de uno de los vigías se habían visto media docena de hombres acercándose a uno de los pueblos de sus limites, al parecer en búsqueda de comida, pero en estos tiempos un parecer podría sustituir un ataque que arrasaría con todos sus aldeanos. La media docena de hombres había desaparecido cual fantasmas, por lo que esa noche irían de caza.

Taillo ya tenía más o menos una ruta trazada y aunque la noche era como un maldito pozo, siempre se podía guiar por su buen capitán.

Observó por el refilón a la lady Asha y entrechoco los dientes al verla. Maldita fuera por ser tan hermosa.

— ¡Jorking!- bramo mientras se levantaba y tomaba su espada. El sujeto se acercó y le miró.- preparad los caballos iremos de caza.

Algunos de sus hombres hicieron algunos comentarios y se comenzaron a mover. De pronto la figura de Taillo caminando hacía la mesa le puso sobre alerta cuando este subió a la tarima donde se ponían sus mesas y quedo frente a frente a Asha quien le miraba desafiante con sus ojos de lobo inyectados de odio, su pose anterior, sumisa y depresiva ya había pasado, ahora era puro odio y rencor, y solo pensar que la mujer se ponía así por su licano le retorció el estomago de celos. Él se acercó presuroso ya que Taillo tampoco parecía muy a gusto.

Pasando unos segundos tensos mientras él llegaba a un lado, la mujer lanzó sobre la mesa uno de los cuchillos del pan. Con gesto altanero levantó la barbilla y sonrió con petulancia. Taillo le miró por el refilón mientras él entendía el significado de lo que acaba de pasar.

— Hazte cargo de la mujer, Wit. Puede ser un peligro para ella misma.- le siseó mientras él sentía la cara roja de rabia.

— ¡Tú!- gruño, mas cuando esta quiso tirarse hacía atrás para escapar de sus manos. Él le agarro de la tela del suave corsé y la a poco que levantó hacía él.

— ¡Suéltame salvaje!.

— No voy a permitir que sigas jugando- le siseo y sintió una punzada de deseo cuando notó los ojos desafiantes. La mirada llena de odio. La saco de los brazos por encima de la mesa botando algunos platos por la pataleta de esta. Le apretó ambas manos y jalándola se la llevó por la escalera hacía las habitaciones.

La mujer acababa de robar un cuchillo, una pieza insignificante pero peligrosa en manos inexpertas. Un arma que podía ocupar en sus instalaciones, contra sus hombres y criados con tal de hacer lo que se le vinieran en ganas.

La metió de un golpe dentro de su habitación.

— ¡¿Qué pretendes?- le grito enfurecido.

— Maldito bárbaro.- le soltó alejándose unos pasos.

A él se le calentó el cuerpo de rabia. Inconsciente. Eso era, una inconsciente, suicida, pequeña tonta.

— ¿Qué pretendías con aquel cuchillo?¡¿Qué pretendías con esas manos debiluchas y esos brazos flacos mas que hacerte daño a ti misma?- le pregunto en un medio grito enojado. Intentando entenderla como podía ser tan inconsciente.

— Tu maldito subnormal, bárbaro… ¡Déjame paz!¡Déjame en paz a mi y a mi capitán!, maldito seas- le soltó con los ojos nublados de lagrimas había un resentimiento enorme, y a él comenzó a dolerle en el pecho el afecto de ella por su capitán, ¿Tan preciado era?¿Sería un romance formado?

— ¿Por qué haces esto?- pregunto ya bajando la voz.

— Hubiera sido todo perfecto, hubiera sido libre… pero no, ahora estoy aquí, siguiendo ordenes de otros, a la sombra de otros, por tú culpa. ¿Por qué ahora? ¿Acaso no fue suficiente ya la vergüenza de tu maldito rechazo?- las lagrimas angustiadas caían por sus ojos y a él le dolía el pecho por el dolor que le provocaba.

— ¿Rechazo?- pregunto de pronto estupefacto irguiéndose por aquello.- ¿Qué rechazo? Vuestro hermano es quien rompió la promesa de vuestro padre, fue tu hermano quien te entrego a otro hombre.

— ¿Mi hermano? ¡Mi hermano hizo lo que hizo luego de que llegara aquella carta! ¿Y porque parecéis tan sorprendido si era tu propio sello el que iba impregnado en el sello de la carta?- pregunto exaltada. Él le miro sorprendido pero no pudo hacer mucho más cuando la puerta a su espalda se abrió y apareció Taillo con sus ojos negros mirándolos a ambos resignado.

— Es hora, vámonos. Presiento que se mueven hacía el sur.

El miro a la chiquilla y cerró la mandíbula de golpes, se giró y en la puerta le miró.

— Te quedaras aquí, ya hablaremos cuando llegue.

Y antes de que esta pudiera decir algo más, le cerró la puerta en la cara mientras cerraba con llave.

Algo iba mal en eso, ¿Su sello? Imposible.

Observa el anillo que estaba en su mano. No había como hacer una replica del anillo, ¿Qué mentira estaba diciendo la mujer?.

Como lo había previsto había logrado darle encerrona a dos de la dos docena de hombres, y lo había tenido que hacer él, los otros habían huido como sombras en la noche tan silenciosos que sus hombres no habían podido darles encuentro.

Mientras analizaba a los dos callados y meditabundos hombres, un joven rubio con una barba manchada y mal cortada; y el otro, un hombre ya mayor pero bien entrenado con los ojos cerrados y al parecer muy agobiado.

Cuando los habían atrapado estos habían levantado las manos y botados sus armas mientras sus aliados se perdían por el bosque, en sus ropajes, sucios y haraposos, el escudo con el perro de tres cabeza, el símbolo de la familia Sions. Las preguntas habían caído sobre ellos, pero ninguno de los dos respondió.

Moviéndose por el crepúsculo cercano se los llevaron a la fortaleza.

Estaba en pie caminando de un lado a otro, sus energías fluían, estaba casi ya a tope. El vampiro ignorante ante el hecho la había dejado toda una noche bajo la luna, la luz, energía blanca y pura había colapsado su sistema, su cuerpo había reaccionado, y estaba con la suficiente sangre en su sistema para volver a reaccionar como antes. Podía respirar con normalidad, su tez aun pálida estaba volviendo a su color, y el malestar había pasado, mas no podía echar a perder sus oportunidades. No podía darle al vampiro reacciones que pudieran informarle de su mejora, así no iba a lograr nada tenia que formular un plan. Y ahora, utilizando un poco de teatro se afirmaba en las maderas como si fuera una pobre ciega, pero, notando bajo sus dedos la humedad y astillado de la madera con lo cual podría identificar la vulnerabilidad de cual se rompería con facilidad, y estaba disfrutando sabiendo que si el vampiro la mantenía por otra noche allí, él estaría frito.

Sobreactuando un poco más, se recostó sobre tres tablas que hacían de jergón, se tapo con una ruinosa capa, gimoteo un poco mientras uno que otro guardia le echaba una mirada curiosa y al cabo de ya entrada la tarde, notando que no lograría mucho más se quedo dormida bajo los tenues rayos que ya se perdían. El sol, otra fuente de energía terminaría de entregarle lo que necesitaba.

Con los dos hombres arrodillados frente a él debía aceptar que eran muy leales o muy idiotas. Los dos no habían hablado más de lo que respuestas efímeras y mediocres. Las torturas no eran un método que en ese castillo se utilizaran y él que había trabajado toda su vida mortal como uno, no lo podía aceptar tampoco como de buen agrado, pero eso no significaba no poder incomodarlos hasta el dolor con situaciones extremas.

Por lo que ahora frente a él y sobre sus rodillas se encontraban sobre una capa de rocas puntiagudas que pasados los minutos se hacían dolorosos, y por las caras de estos, el dolor los estaba agobiando con rapidez.

— Hablad y todo esto terminara más rápido.- soltó Jorking caminando hacía los sujetos. Habían varios guardias más, el sol entraba por la puerta y Witkim turnaba su mirada de los dos presos como al exterior.- ¿Vuestro señor feudal os a mandando a espiar?- pregunto, él notó, como había hecho siempre que el nombre de Shoys salía que los dos hombres apretaban la mandíbula con rabia y que los ojos del más joven se abrillantaban por las lagrimas.

¿Qué había ocurrido?

— No hablarán y estoy muy cansado- informo Witkim.- envía nuevos soldados y ve que es lo que retrasa al sujeto con su respuesta, Jorking. Llevad a los dos a los postes de pie, haber si luego de esto estar de pie durante todo el día anima a hablar un poco más.

Él envió por uno de los guardias de anoche, y el hombre se acercó con una breve venia.

— Infórmame

— No hizo nada extraño mi señor, se movió por la celda, palpo los maderos como si fuera un ciego y durmió lo que quedo de noche, ahora solo se encuentra descansando.

Con una venia lo hizo desaparecer y apretó levemente su espada. ¿Aun se encontraría débil? O sería solo una treta.

No lo sabía, pero esa noche, se informaría.

Al entrar en la habitación notó que habían varios cambios, uno, que el fuego aun se mantenía prendido, dos, la ropa de su capa no se hallaba y tres que la chiquilla no se veían.

Con un susto momentáneo al imaginarse a la muchacha que pudo haber saltado de una de las ventanas se movió hacía una de estas para quedarse en pie observándola. La mujer estaba recogida y dormida plácidamente aferrada a las colchas de su cama, dormía acurrucada con su cabello desparramado cual abanico sobre el suelo. Un mohín hermoso en sus facciones tranquilas, con su nariz un poco arrugada y los labios llenos un poco entreabiertos.

Invadido por el cansancio y una sensación de paz, la levanto con cuidado y la puso sobre la cama. Esta no proveyó de ningún ruido, seguramente se habría de haber quedado hasta las tantas de la noche esperándole para soltarle un montón de maldiciones a la cara. Pero aun estaba muy cansado si quiera para pensar en lo que había dicho, por lo que dando la vuelta, quitándose las arma, la capa, la túnica, camisa y botas se subió al otro lado. Por puro pudor no se quito los pantalones. Pero solo, porque estaba demasiado cansado si quiera para pelear un poco más con ella.

Recostado sobre el jergón observo su rostro de ángel, labios sensuales, su nariz pequeña y respingona, cejas arqueadas de un color mucho más oscuro que su cabello y labios llenos. De verdad, era su ángel. ¿Era acaso demasiado pedir que ella no le mirara en mal?¿Era mucho pedir que no le gritara siempre que le veía? Suspiro y acaricio brevemente su piel. Era tan hermosa.

Y con esa última imagen se quedo dormido.

Despertó mucho más cómoda de lo que imaginaba y mientras se acurrucaba en el cálido colchón suspiro largo y tendido ya que el sol le pegaba en la espalda calentándola un poco más. El olor, un olor cálido, terrenal y grueso le tenía embriagada y aunque no quería abrir los ojos, unos suaves ruidos como el ronroneo de un gato le llamo la atención.

Abrió los ojos perdida, con una nebulosa hasta que logró enfocar bien y recordó donde se hallaba.

Se logró tragar su grito cuando se sentó de un golpe, el sujeto, el bastardo mentiroso estaba allí, acostado a su lado, sin túnica, con el cabello disparatado para todos lados y una sombra de barba en sus facciones que hizo que su corazón saltara de emoción.

¡Ho Dios de la Naturaleza, era hermoso!

El corazón se le acelero hasta casi dejarle sin aire mientras seguía observándolo, sus ojos, traicioneros y desleales se fijaron en sus hombros anchos, en su espalda levemente arqueada por los músculos bien definidos, la piel morena y tensa. La boca se le hizo agua mientras bajaba hacía sus caderas, estrechas y luego su parte inferior aun con la ropa puesta su imaginación le jugo en mala y la sangre se le subió a la cabeza.

Mareada y atolondrada intento suavemente quitarse las colchas que tenía encima y salir discretamente de la habitación, pero cuando ya se encontraba a punto de realizar su cometido, el sujeto estiró una mano, una mano ancha y rugosa que cayo sobre su brazo que se erizo cual gallina. Sus dedos largos y gruesos le pusieron nerviosa aun más de lo normal, y en un arranque ya de nervios. Se quito la ropa a tirones llamando la atención del sujeto, abrió esos enormes ojos verdes que tenía alerta por el movimiento, y cuando ella estuvo apunto de salvar su vida y dignidad, el sujeto le agarro del vestido y la jaló hasta la cama, donde en dos movimientos la dejo bajo él.

Sus ya pocos nerviosos no le hicieron caso para tramar un escape y su pensamientos coherentes desaparecieron por completo cuando sus labios se posaron sobre los suyos, como la acuno bajo él y sus lenguas se tocaron mientras su respiración chocaba contra sus mejillas y su lacio cabello acariciaba sus contornos. Respirando con problemas, la sangre se le subió a la cabeza y perdió completamente la razón mientras este le reclamaba con tanta dulzura y rabia, sujetando su rostro y obligándola a acercarse más aunque eso ya fuera imposible.

Fue el beso más cálido y apasionado que hubiera alguna vez recibido, y aunque primero hubiera deseado que le colgaran de los meñiques, el más dulce y embriagador de todos. La dejo mareada y embriagada en aquel olor tan narcótico.

Al separarse con el pecho a punto de explotarle, con un calor anormal y observando aquella belleza de ojos, un rayo de cordura le llegó y pegándole en los hombros para quitárselo de encima este le hizo caso y a trópicos y a punto de desmayarse pudo al fin salir de su habitación con más sentimientos de los necesarios, con más calidez de la que necesitaba.

Maldito fuera el bárbaro.