Trucos de Salón
Cap. 12
-Entiendo tu confusión, Aang- dijo en voz baja Roku mientras Aang preguntaba la que debía haber sido su pregunta número cien -Pero nuestro tiempo es limitado.
-Ah, cierto… el sitio- recordó Aang -¿Hay alguna manera los espíritus pueden ayudarme?
-Algunos espíritus han establecido su residencia permanente en el mundo físico- respondió Roku -El Espíritu del Conocimiento, Wan Shi Tong… fue uno de los primeros y el Espíritu del Sol casi se fue con él, si mal no recuerdo. La suya es una historia fascinante, pero será para otra ocasión...
-¿Dónde está el Espíritu del Conocimiento?- Preguntó rápidamente.
-Viajando en realidad, en condición de nómada. Ignoro si ya se ha establecido- dijo Roku pensativo -no lo encontrarás a tiempo, sé de otros dos, la Luna y el Mar. Pero no sé de dónde residen.
-Yue dijo que viven en el origen del en la destilería- informó el chico apresuradamente.
-No lo sé a ciencia cierta. Pero hay un espíritu lo suficientemente antiguo para saber.
-¿Quién?
-Su nombre es Koh- dijo Roku oscuro -es antiguo y siniestro… cuando lo conozcas, debes tener mucho cuidado. Es llamado el ladrón de rostros porque, si demuestras cualquier emoción, se robará tu rostro.
-¡Qué!- estalló Aang, luego lanzó un suspiro de frustración y se rascó la nuca -Esto del avatar en verdad apesta.
-Se vuelve más fácil con el tiempo- dijo Roku con una sonrisa -Koh no vive lejos de aquí. Sólo tienes que seguir el camino. Camina hasta la sección límite del pantano, habrá una colina cercana frente al abismo, y en ella un árbol ya seco. Su guarida está dentro pero recuerda no mostrar temor. Ninguna emoción en absoluto.
-Gracias Avatar Roku- se apresuró a decir, haciendo una reverencia y comenzando una carrera.
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-¡Katara!... ¡Katara levántate!- la aludida abrió los ojos gimiendo.
Katara se incorporó lentamente, frotándose la cabeza dolorida. Sokka estaba en cuclillas junto a ella, Yue le apoyaba a su espalda.
-Que...- empezó a decir, mirando a su alrededor. Estaba sentada en el centro de la isla del estanque y en la hierba a su lado estaba el sombrero de Aang -Oh... oh no- ella hundió la cara entre las manos -Tiene a Aang... él se lo llevó justo frente a mí...
-¿Quién?- preguntó Sokka desconcertado.
-Zuko- murmuró, tomando el viejo sombrero entre sus manos.
-¿Qué estaba haciendo aquí?- gruñó con exasperación.
-¿Dónde estabas?- Katara gritó de pronto, saltando sobre sus pies. Sokka dio un paso atrás, sorprendido -Podrías haberme ayudado, ¡pudiste haber protegido a Aang!
-Tuvimos que ayudar allá afuera- puntualizó Sokka intimidado -El estado de sitio ¿recuerdas?
-Pero... Aang...- contestó entrecortadamente. Suspiró y se pasó una mano por el pelo.
-Tenemos que encontrarlo.
-Bueno, no puede llegar lejos durante la invasión- señaló Yue a cabo -se ha vuelto más difícil llegar a ninguna parte por aquí.
-¿Cuánto tiempo estuve fuera?- preguntó Katara miserablemente.
-¿Qué es lo último que recuerdas?
-La salida del sol, amanecía.
-Bien, ha pasado bastante tiempo, entonces- dijo Yue cuidadosamente -es cerca del crepúsculo.
-¿Qué?- Katara se volvió a su hermano y él dio un paso atrás de nuevo -Ellos podrían haberse ido.
-Lo dudo- respondió sombríamente Sokka -Es un campo de batalla allá afuera, no irán a ninguna parte sin que los intercepten, a menos que lo hagan lento y eso nos da una oportunidad.
-Tenemos que encontrarlo- dijo Katara bruscamente, volviéndose hacia la puerta.
-Katara, podemos pensar en esto por un- comenzó Sokka, pero ella lo agarró por la camisa y lo arrastro sin esfuerzo trayéndolo hasta sus ojos.
-Tenemos que ir- repitió con los dientes apretados, lo dejó en libertad después de varios segundos y se precipitó hacia la puerta. Yue resopló divertida y Sokka frunció el ceño.
-Acaba de arruinar mi camisa- gruñó él, acomodándola lo más que pudo y siguiendo a su hermana. Yue rodó los ojos y en silencio fue tras los hermanos.
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Aang sintió como si hubiera estado caminando durante días, a pesar de que probablemente habían sido sólo un par de horas. Para dejar de preocuparse por el hecho de tener una pronta conversación, con un espíritu roba caras, permitió que su mente divagara. En algún momento, mientras hablaba con el Avatar Roku, podría jurar que había oído algo familiar. No creía que fuera nada en este mundo, puesto que el sonido iba directamente a su mente. Roku, no pareció darse cuenta. Así llegó a una conclusión simple. Él todavía estaba conectado con el mundo físico, cosa que lo hizo sonreír un poco. Era la canción de amor de Katara, no tenía dudas de ello.
Finalmente llegó a la parte superior de la ladera rocosa que había estado siguiendo a través de las nubes durante horas. Estas montañas eran como nunca las había visto en su vida. Cada una era más como un pilar gigante que sobresalía de las nubes. Algunas tenían los árboles más extraños, retorcidos y creciendo en la parte superior. Pero por supuesto, la montaña que debía escalar era diferente de las demás. Un solo árbol cubría la cumbre de todo y era lo suficientemente grande para ser llamado colosal. Un enorme agujero en las raíces retorcidas llevaba a una cueva que al parecer se doblaba hacia abajo en la montaña. Aang frunció el ceño, olía muy desagradable dentro del túnel. Suspiró.
-No muestres miedo- murmuró enderezando su chaqueta y adentrándose en la oscuridad.
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-¡Katara! ¿Cuántas veces tengo que decirte ¡que permanezcas abajo!- Gruñó Sokka, agarrando a hermana del brazo y tirando de ella detrás de una caseta cuando una bala pasó zumbando sobre sus cabezas. Cerca estuvo de tirarle el sombrero de Aang.
-No hay tiempo- susurró ella de nuevo -Tenemos que encontrarlos.
-Katara- gruñó, agarrándole el brazo cuando trataba de salir de su control y despegar de nuevo.
Gritos resonaban detrás de ellos y algo explotó. Sokka y Yue se agacharon instintivamente. Katara trató de correr de nuevo pero Sokka se aferró a su codo.
-Katara- repitió -sé que estás preocupada pero si te disparan, nos tomará más tiempo llegar a él, ¡piénsalo!... además se pondrá furioso si algo te pasa, y se sentirá culpable después.
Ella le frunció el ceño pero dejó de luchar.
-Y francamente, no necesito esta actitud- agregó él. Katara desvió la mirada.
-Está bien preocuparse por él, Katara- dijo Yue -no tienes que cubrirlo de este modo.
Katara suspiró.
-No quiero que salga herido- murmuró -Si algo pasará, sería culpa mía.
-Katara- suspiró su hermano en tono cansado.
-Lo perdí… Zuko escapó- contó Katara con los dedos. Miró a Sokka y se señaló a sí misma -Es culpa mía.
-Lo que sea- se quejó Sokka, balanceándose sobre los talones en una posición agachada y mirando por el lado de la nave -Si quieres culparte a ti misma, adelante. Pero no es culpa tuya y él te lo dirá cuando lo encontremos. No le hará ninguna gracia saber de este comportamiento.
Yue sonrió y Sokka las miró de nuevo.
-Vamos, está libre- Yue y Katara lo siguieron en cuclillas.
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Aang miró a su alrededor mientras caminaba lentamente hacia la cueva. El lugar tenía una pinta siniestra. Era extraño, seco y con inundaciones de luz que cubrían de oro la amplia entrada. Las raíces del árbol por encima de él, enmarcaban el túnel.
-¿Hola?- llamó Aang, formando en su rostro una expresión neutra que podría manejar.
-Estoy buscando a un espíritu llamado Koh.
Oyó que algo se movía por encima de él y se detuvo. Podía sentir algo más en la cueva. Algo grande. En una ráfaga de tiempo la cueva se estremeció y con un crujido, ese algo cayó desde el techo y quedó delante de él. O mejor dicho se arrastró lo suficientemente rápido.
-Bienvenido- susurró la cosa, su voz baja y tranquila.
Lo primero que vio Aang fueron sus piernas. Piernas... piernas por todas partes. Feas patas de insecto, cientos de ellas a lo largo de un cuerpo largo de ciempiés. Pero esto no era como un ciempiés, era algo que Aang no había visto nunca. Era enorme y con un rostro humano que cambiaba, a pocos centímetros del suyo. Y tampoco era una cara normal, estaba pintada de blanco y mostraba unos labios tan rojos como la sangre. Aang se inclinó con calma.
-Gracias- dijo con voz apagada. Koh, se movió por detrás de él en un destello de movimiento y Aang se quedó quieto.
-Mi viejo amigo, el Avatar- dijo Koh divertido.
Su voz era extrañamente hipnótica, baja y matizada como un eco.
-Ha pasado mucho tiempo.
-¿Me conoces?- Preguntó Aang, sonando casi aburrido.
El espíritu se le enroscó bruscamente, así que trató de concentrarme en otra cosa. Lo primero que le vino a la mente fue Katara, pero eso no le haría ningún bien con este sujeto, podría empezar a sonreír como un idiota y él le robaría el rostro. Así que decidió pensar en su canción... esa maravillosa canción que de alguna manera había llegado incluso al mundo de los espíritus para regresarle la calma.
-¿Cómo podría olvidarte?- respondió Koh con esa voz que casi parecía cruel.
La siguiente vez que se volvió a Aang, su rostro era diferente. Ahora que parecía ser un hombre de mediana edad con patillas, bigote, y cejas fuertemente dibujadas sobre los ojos. Estaban casi nariz con nariz, claramente había tratado de sorprenderlo.
-Una de tus encarnaciones anteriores trató de matarme... Fue hace ocho o nueve siglos- le soltó, sonando resentido. Aang todavía estaba procesando la idea.
-¿Encarnaciones pasadas?- no estaba seguro de cómo responder -No lo sabía- comenzó con cautela -¿Por qué trató... o... traté de matarte?
-Oh- comenzó el espíritu, sonando siniestramente desinteresado.
Su rostro cambió de nuevo, esta vez en una mujer joven con el pelo largo y oscuro. Aang le aterró el parecido alarmante que tenía con Katara. La única diferencia eran los ojos y el color de cabello, pero se obligó a no demostrar su inquietud interior.
-Fue por robarle el rostro a alguien que tu amabas- Su rostro cambió abruptamente a el de un mono, riéndose cruelmente -Por supuesto, eso ya quedó en el pasado… ¿Por qué guardar rencor por algo que ocurrió en una vida ya lejana?... Después de todo, ahora eres una persona diferente y has venido con un nuevo rostro.
Se acurrucó detrás de Aang, estrechando su agarre y hablándole al oído. Aang cerró los ojos y respiró hondo.
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Zuko miró cuando Aang, con las manos y piernas atadas, respiró hondo. Le frunció el ceño.
-Secuestrar a un niño inconsciente en medio de un lugar tan grande y que está sufriendo un ataque no debería ser así de difícil- murmuró -Pero no… una vez más mi mala suerte se ha hecho presente.
Aang se quedó inmóvil, sin hacer caso a los murmullos Zuko. El maestro fuego suspiró y pateó una lata vieja del suelo. Él estaba sentado justo en la entrada abierta de uno de los edificios antiguos cerca del extremo sur de la destilería a la orilla del río. Había caído en el abandono y desuso hace mucho tiempo, ahora el edificio estaba cubierto de musgo y la otra mitad se desmoronaba lentamente. El sitio se había extendido por toda la destilería y se había visto obligado a esconderse tanto de las basuras de río como de los propios dragones.
-Eres como mi hermana- continuó Zuko -todo le llega fácil, antes de que mi pueblo aniquilara al tuyo, probablemente tenías una vida normal. Y la tienes una vez más, ahora con los Riversiders- miró al Avatar, quieto como una piedra -Llegaste a ser un adolescente normal, a ir de compras y bailar con tu novia en una tienda de ropa. Yo no. He tenido que luchar para llegar a donde estoy... y estoy en ninguna parte.
Miró con amargura la puerta, hacia la luz menguante del mediodía. Se estaba haciendo difícil escuchar los disparos.
-He luchado por todo lo que tengo pero aun así, entonces… todo se desvaneció en un instante- añadió en voz baja -Mi lugar en el trono de la orden, a lado de mi padre, mi hogar, mi reputación… Todo desaparecido en un instante. Se suponía que yo debía ser el alcalde, soy el mayor. Pero no, ahora Azula ganará otra vez… eso a menos que te lleve de vuelta a la cuidad.
El joven frunció el ceño, el primer cambio que Zuko había visto en él.
-Te llevaré frente a mi padre y todo volverá a ser como antes.
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Aang mantuvo cuidadosamente el contacto visual con el espíritu, ahora con cara de búho. Koh se enroscaba a su alrededor como una serpiente acechando a su presa, demasiado cerca para incomodarlo.
-Ha pasado mucho tiempo desde que he añadido la cara de un niño a mi colección- dijo sin problemas, poniendo énfasis en la palabra niño en un intento por molestar, pero Aang no reventó en esta ocasión -Entonces, ¿cómo puedo ayudarle?
-Tengo que encontrar a la Luna y el Océano- respondió Aang con calma.
-Sus nombres son espirituales son Tui y La- dijo Koh, sonando aburrido -Empujar y jalar… esa ha sido la naturaleza de su relación desde siempre.
Aang encentró esta información algo inútil y empezaba a pensar en este bicho gigante estaba haciéndole perder el tiempo a propósito.
-Por favor, ayúdame a encontrarlos- dijo de manera uniforme -Una cultura entera puede ser destruida si no consigo su ayuda- la cara de búho de Koh se convirtió en la de un anciano.
-Oh, ¿crees que necesitas su ayuda?- preguntó con un toque de burla en la voz -En realidad, es todo al revés.
De repente, el espíritu giró dejando su rostro a pulgadas del de Aang. El anciano fue sustituido por la cara de un ogro azul con ojos rojos y enormes dientes puntiagudos.
-Porque alguien, ¡va a asesinarlos!- gritó bruscamente.
Aang, por algún milagro, no se inmutó. Cerró los ojos brevemente, concentrándose en la canción... la canción en su cabeza que estaba desvaneciéndose con rapidez. Él se sentía incómodo y un poco asustado, aunque nunca lo admitiría.
-¿Qué quieres decir?, ¿Cómo puedo encontrarlos y protegerlos?- preguntó lentamente.
Koh se apartó de él un poco, dándole a Aang una oportunidad de respirar. Su rostro cambió de nuevo a la cara pintada de blanco.
-No estabas muy lejos cuando entraste en el mundo de los espíritus- dijo con pereza.
Se acurrucó detrás de Aang mientras hablaba y comenzó un vaivén curioso, como si danzara.
-Tui y La… la Luna y el Mar... el origen del agua control de los humanos, siempre viviendo en círculos entre sí, en una danza eterna. Ellos se equilibran... estirar y aflojar, empujar y jalar, muerte y vida, bien y mal... yin y yang...
-¡El origen!- Aang exclamó sonriendo ante el descubrimiento -¡El origen del estanque!
Koh se volvió bruscamente al oír el cambio en su voz. Pero el rostro de Aang estaba de nuevo en su expresión neutra cuando volteó.
-Tengo que irme ahora- dijo sin inmutarse. Koh se apartó de él.
-Nos reuniremos de nuevo- dijo misteriosamente.
Aang se volvió y salió de la cueva. Tan pronto como llegó al aire exterior, echó a correr.
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La lucha era cada vez más fuerte mientras la noche se acercaba. La luna llena estaba apareciendo en el cielo gris y los dragones estaban al límite de la misma. Sokka, Yue y Katara ahora eran capaces de moverse libremente por el extremo sur de la destilería desde donde Katara fácilmente podría proteger a los tres. Pero con la luna en todo su apogeo sentía de repente una mayor percepción de todo. Mientras corrían a lo largo de la costa, Katara se detuvo y empujó a su hermano detrás de un edificio cercano. Él tomó el brazo de Yue y tiró de ella tras de él.
-¿Qué fue eso?- Sokka se quejó, frotándose la espalda baja.
-Shh- susurró ella, señalando en el río.
Todos se asomaron por la esquina. El barco más grande que habían visto, había anclado al norte de su posición y dos hombres salieron de él. Katara y Sokka reconocieron a uno de ellos como el tío Iroh. El otro era un alto dragón llamado Zhao, que, hasta donde los Riversiders sabían, peleaba por la posición de jefe de la policía.
-Síganme- gritó, y una gran cantidad de los dragones los siguieron desde dentro de la embarcación.
Katara se inclinó un poco más cerca cuando Iroh miró en su dirección. Ella se agachó, pero ya era demasiado tarde. Habían hecho contacto visual, no tenía duda de ello. Cerró los ojos, a la espera del sonido que indicará la orden de ataque. Pero esta nunca llegó. Oyó los pasos de los Dragones alejándose y miró de nuevo. Iroh no se había movido. Él miró justo donde estaba ella, pero no dijo una palabra. Ella también lo miró confusa. Él viejo sacudió la cabeza con intención y Katara contuvo el aire con sorpresa. El hombre mayor se volvió y siguió al resto de los Dragones.
-¿De qué lado está?- se preguntó Katara en voz baja.
-¿Qué?- inquirió Sokka, después de haberse perdido el silencioso intercambio. Katara negó con la cabeza.
-Nada, vamos.
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Por fin, Aang estaba de vuelta donde empezó. Miró a su alrededor, preguntándose cómo volver, cuando el extraño reflejo volvió a la vida una vez más.
-Has hecho bien, Aang- dijo Roku en voz baja.
-¿Cómo puedes saberlo?
-Todavía tienes una cara…- y con eso Roku sonrió.
-Ah es verdad... -murmuró Aang -Um, ¿cómo puedo volver?
-Permíteme- respondió Roku, colocando una mano sobre el hombro de Aang. Se sentía cada vez más débil, como si estuviera desapareciendo. Roku sonrió.
-Buena suerte, Aang.
Y de repente, estaba de regreso en el estanque, ahora oscuro bajo la noche.
-¿Katara?- llamó, mirando a su alrededor -Katara, donde...
Él se miró las manos, eran azules y translúcidas.
-Que diablos... ¿todavía estoy en el mundo de los espíritus?- giró sobre el terreno, buscando el suelo -¿Dónde está mi cuerpo?
Repentinamente se encontró volando en un destello de luz, surcando el aire como una cometa.
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Katara levantó la vista. Algo brillante y rápido se movía a través del cielo nocturno, justo en la dirección que ellos iban.
-¡Mira! ¡Ese tiene que ser Aang!- gritó, rompiendo hacia delante en una increíble carrera. Sokka y Yue la siguieron, desconcertados.
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Aang se quedó sin aliento cuando su espíritu volvió a entrar en su cuerpo. Se incorporó bruscamente tirando de las cuerdas alrededor de sus muñecas y tobillos.
-Bienvenido de nuevo- dijo Zuko oscuro en la entrada abierta del viejo edificio.
Aang le frunció el ceño. Si Zuko le había capturado, sólo significaba una cosa. Él le había hecho daño a Katara.
-Es bueno estar de vuelta- gruñó él, tomando una respiración profunda y soplando tan fuerte que envió a Zuko hasta la pared contraria.
El viento lo lanzó fuera del edificio y se tambaleó al estrellarse contra el piso. Pero antes de poder dar el siguiente paso, Zuko ya estaba detrás de él agarrándolo por el cuello de la camisa con brusquedad.
-Buen intento- gruñó -pero no irás a ninguna parte niño volador.
-Respuesta incorrecta- le espetó Katara mientras entraba corriendo en el rango de visión de Zuko. Ella dobló agua aceitosa del río cercano y lo golpeo con ella hasta estrellarlo en el suelo antes de que él pudiera reaccionar siquiera. Sokka ya estaba trabajando para desatar a Aang pero, tan pronto como estuvo libre y de pie, Katara lo había apresado de nuevo en un fiero abrazo.
-Lo siento- murmuró en su hombro -Lo siento, es todo culpa mía.
-Katara… acabo de regresar- se rió de Aang -No me sé de que estás hablando.
-Yo te vigilaba, se suponía que te protegería- respondió ella miserablemente -Pero él me golpeó y te llevó en frente de mí y... lo siento.
-¿Estás bien?- preguntó el chico en voz baja, sonaba realmente preocupado pero después de asimilar lo que ella había dicho, su voz cambió a un modo altamente peligroso -¿te lastimó?, ¿cómo...
-¿Yo? ¿Y tú?- le atajó ella, consciente del peligro que su reacción supondría.
-Estoy bien, yo no soy el que luchó contra él- dijo suave pero seriamente -¿Estás bien Katara?- ella sonrió, conmovida por su preocupación.
-Estoy bien- respondió en voz muy baja y aún en su hombro.
-¿Te hirió... mucho?, ¿duele?
-No, no... estoy bien...
-Oigan... eh... espíritus, batalla- dijo Sokka con impaciencia.
Los dos se separaron bruscamente mirándolo. Yue rodó los ojos.
-¿Cómo te fue?- le preguntó.
-Oh, bien- dijo Aang muy serio. Katara sonrió -Los espíritus están en problemas. Tenemos que volver al estanque y rápido- Sokka suspiró.
-Bueno, vamos- dijo y los cuatro comenzaron a correr a través de la oscuridad.
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