VI Asalto: Pacto

Luego de aquello se armó un pequeño caos cuando, por lo que él pudo notar el licano comenzó a alterarse, y por el rostro de Taillo, sorprendido y alarmado no era una cosa poca.

Sin soltar a Asha quien parecía volver en si de apoco, ordeno a sus hombres moverse rápidamente, pero no era solo Taillo quien había notado esa esencia un poco asesina del licano, si no que uno de los recién apresados parecía igual o peor de angustiado. Se giro hacía Jorking quien se acercaba a la escena, preocupado con la vista clavadas en las cadenas tirantes de Taillo.

— Annex, lleva a los sirvientes a los cuartos, Jorking lleva a los hombres a las bodegas. Coloca hombres en las torres y….

El caos se armó.

La licana estaba completamente fuera de si, en el aire, ese olor salvaje a húmedas, tierra y bosque, troncos y pastos se levantó en esencia con algo tan acido y tan repelente que le puso los pelos de punta, porque era un olor que ya había presenciado y solo se podía tomar en las noches de luna llena.

Tiro las cadenas notando que los músculos de la licana no se movían. Miró a Witkim solo una vez para hacerle saber que debía sacar a la gente del lugar, y el humano le hizo caso de inmediato, pero demasiado tarde.

Tiro las cadenas en el momento apropiado, porque la licana se levantó en todo su porte, erguida, con las garras transformadas, con aquel olor a peligro que alarmo a los más cercanos, hasta los humanos notaron que algo iba mal.

No era una transformación completa, pero estaba demasiado fuera de si para hacerle entender alguna otra cosa. Las argollas de rompieron cuando esta simplemente las movió hacía un lado, lo que paralizo a todos los presentes.

Se agacho en un silencio que podía haberse roto con un suspiro tomando la bolsa ensangrentada. Fue un gruñido lo que salió y alarmo a los cercanos y el impulso para reaccionar antes de que fuera demasiado tarde.

A una velocidad digna de su raza se coloco delante de ella, llamando su atención en aquellos ojos azules eléctricos endemoniados por el dolor de la perdida, podía entenderla, por una vez podía ponerse en su posición, pero jamás poner en peligro a los sirvientes de Witkim ni al mismísimo Witkim que estaba demasiado cerca. Con un resoplido amargo le agarró un brazo y haciendo una palanca con la fuerza de un semi giro la lanzó contra la tarima que hizo un estridente ruido a madera quebrada.

Eso logró que la gran mayoría se moviera, escucho lo gritos de Annex llevándose a las mujeres como si no pasara nada y a Jorking ordenando a gritos a un montón de hombres sorprendidos.

La licana aturdida por el fuerte golpe, no alcanzo a levantarse cuando él le agarro de un hombro y enterrándole las uñas como una maldita garra comenzó a arrastrarla hacía la sala de Guerra que se encontraba a pocos pasos. Sabiendo que esta no se dejaría arrastrar pero teniendo en su intención sacarla de la mirada de un montón de soldados curiosos y sorprendidos.

Logro empujarla dentro antes de que con dos golpes en el estomago que le quebraron más de una costilla lo lanzó contra la mesa donde cientos de pergaminos salieron volando en el momento en que él la tumbo. Se levantó siseando y apoyándose en una mano por el dolor.

En la oscuridad de la sala vio sus ojos y parte de su rostro ya que las vendas habían caído.

Veía los ojos destrozados de un alma apenada. Los ojos, una fuente de emociones quebrada mientras las lágrimas seguían cayendo una a una.

— Lo lamento- dijo sin saber porque realmente, en aquel momento debería estar pensando en su vida mas que intentar reconfortar un alma abrumada ¡El ama abrumada de un licano! Pero él había visto ese dolor, el dolor de perder una familia. Una familia entera.

La licana se quedo quieta de pronto, como si su disculpa la hubiera dejado más que choqueada. Hubo un ruidito, pasos apresurados. Tuvo un acto de pánico cuando vio a la humana, Asha entrar corriendo cual tormenta y saltar a los brazos de la licana como si esta no estuviera apunto de asesinar un pueblo entero. Atrás, pálido y muy asustado llego Witkim mirándole y luego mirando a los dos.

Por un momento presintió ver a la dama humana muerta entre las manos de la licana, pero no fue así, si no que en breves segundos en que ese abrazo duro la licana volvió a ser "humana", sus garras desaparecieron y su cuerpo que antes se alzaba fuerte y poderoso se rompió por completo en los brazos de Asha. Witkim aun demasiado impresionado y como si nada hubiera pasado se acercó medio trotando hacía él sin quitarle la mirada a las dos allí.

— ¿Cómo estas?- pregunto tendiéndole una mano. El no dijo nada porque intentaba contener el dolor hacía si por lo que simplemente tomo su mano y se apoyó en el sujeto. Las malditas costillas demorarían más de un día en recuperarse.- Asha- llamo a la chiquilla quien le hablaba suavecito a la licana. Esta solo asentía, si hubiera tomado atención tal vez se hubiera enterado de lo que ambas hablaban. La mujer le acomodo las vendas con un cariño maternal y se giro hacía ellos.

— Quiero que lo matéis- anunció esta con firmeza dando un paso con la licana atrás cabizbaja.

— Te lo he prometido- soltó Witkim a su lado y él le miro sorprendido por la seguridad, la fidelidad en sus palabras.

— Pero quiero que Shayr se haga cargo de ello.

— Imposible- negó su amigo y señor mirándole por medio segundo a él.- no puedo dejar que alguien tan peligroso como él ande suelto por allí. Y mucho menos volver a poner en circunstancias conflictivas a mi hombre con el tuyo.

— Es el quien tiene más derecho que todos ustedes. Es él quien ha perdido a todos.- refuto enojada. Él miró a la licana detrás, envuelta en un silencio pesado pero sumiso. ¿Qué le habría dicho la mujer?

— Con una condición- salió él parándose aunque el dolor le hizo que le temblaran las rodillas. Witkim le miró sorprendido.

— ¿Cuál?- pregunto la mujer mirándole intensamente.

— Que él jure bajo el escudo y la bandera de los Freedor, que jure lealtad a mi señor y que se disponga a mis órdenes.

— Imposible- habló la licana esta vez dando un paso.

— Imposible- dijo medio segundo después la humana mirando a la licana con cierta desesperanza.

— Entonces no hay trato- negó Witkim.- si él no puede…

La licana dio un paso más hacía adelante y se subió la manga de la mano derecha donde habían símbolos alrededor del dobles y codo. Otras cicatrices, pero no eran como la de su rostro. Eran runas… runas simbólicas hechas con una tinta creada por humanos toscas, desniveladas, opacas y sin vida, pero llena de una simbología de unión que hasta al otro lado del mar se conocía.

La licana estaba atada en alma a la familia Sions.

— A la única que le debo mi lealtad es a mi ama Asha. No hay ni un juramente en esta tierra bajo los cielos de los dioses que pueda romper mi juramento hacía mi ama….

No sabía porque se había sorprendido. Claro que había algo extraño, ¿Por qué la comandante de la familia Sions se marchaba con la chica si tenía aun su ejército consigo y aun amo aun que seguir? ¡Un heredero que era su prioridad más que una muchacha! ¿Porque la licana no pertenecía al hermano? La licana había sido atada hacía la familia Sions, los padres eran sus verdaderos amos, y solo sus verdaderos amos podían entregarla a alguien más, a su hija el poder de llevar a la licana consigo donde quisiera, perdiendo sus poderes como comandante hacía sus hombres. Algo que seguramente al hermano jamás le agrado.

Y solo había una manera en que esa lealtad pudiera romperse, y era que el amo se uniera en casamiento sangrado…

— Te casaras conmigo- ordeno Witkim de pronto. Él le miro sorprendido ¿Conocería estas designios, esas runas tan antiguas?

— ¿Qué?- pregunto la chica alarmada. La licana abrió los ojos de golpe y luego entrecerró el cejo mirando recelosa al hombre.

— Si él ya os toco ama- alcanzo a escuchar lo que puso pálida y luego roja cual tomate a la chica.

— ¡Él Nunca a hecho nada, Shayr!- grito conmocionada. Él pudo notar nuevamente, como su señor se moría de celos. ¿Seria buena idea decirle que el licano era de hecho mujer? ¡Nha! Le gustaba verlo expresar sus pasiones tan brutalmente.

— No es lo que se dice por el palacio. Yo creo que es una excelente forma de…- comentó él como quien no quiere la cosa mientras se apoyaba en la mesa.

— ¡No!- chilló la chica mientras tuvo el amago de salir corriendo hacía la puerta. Witkim salió hecho un bólido hacía esta, le agarro un brazo poniéndola frente a él.

— Te casaras conmigo, de todas formas. Tu hermano ya te ha regalado- soltó malhumorado. Él pudo notar que estaba herido por el rechazo tan escandaloso.

— ¿Qué?- pregunto la chica sorprendida.

— Aquí tienes. Mañana en la tarde se hará la ceremonia y tu- se giro hacía el licano con una mueca amenazadora- de ahora en adelante estas bajo el mando de Taillo, y espero de ambos, un comportamiento medio humano aunque sea en apariencia. ¡Lo ultimo que me falta además de esta nueva guerra, que mis hombres pelean dentro de mi propio castillo!- y soltando aquello medio a gritos salió de la habitación.

Hum, realmente parecía afectado por el rechazo. Cinco segundos después volvió a entrar con los ojos verdes bien abiertos como si hubiera hecho algo realmente descortés, tomo el saco de las pieles con cierto cuidado.

— Se les hará una ceremonia adecuada. Les enterraremos y sus almas descansarán en paz- y volviendo a desaparecer con un aura solemne desapareció. Él pudo apreciar por unos breves segundos el rostro sorprendido y brevemente iluminado de la chica ante el acto.

Giro su rostro hacía la licana quien le miraba intensamente, pero ya no expedía esa aura asesina, y eso, debía aclarar era una tranquilidad para su ser. La licana le miraba mortificada o demasiado perdida para saber que debía o que no debía hacer.

— Mañana hablaremos de esto, ahora vuelve a tu celda- ordeno esperando no tener más incidentes. La licana le miró por algunos segundos más antes de ignorarlo por completo y acercarse a la dama que le miro sujetando sus manos. La chiquilla aún temblaba un poco.

— Sé que estas preocupada por Woulfbez, pero él no se acercará, ni siquiera sabe donde esta.

— Creo que Kitha puede saberlo- susurró la licana y él no pudo no escuchar, estaba a pasos. ¿Quién sería Woulfbez?

— Entonces intentaremos que esto acabe pronto.- la licana asintió. Y realizando una breve reverencia salió de la habitación. Él salió poco más atrás de esta, fuera de la habitación estaba Witkim dando algunas órdenes. Jorking miró a ambos antes de acercarse.

— Llévalo a su celda, afuera.- ordeno al hombre, este asintió mientras seguía al licano que ni siquiera se había detenido unos segundos.

La licana no hizo drama alguno mientras Jorking le llevó a su celda allá afuera, él vio por el reojo que Witkam volvía a entrar en la habitación de guerra por lo que solo espero observando el cielo nuboso y el aire para saber los designios que la naturaleza le entregaba esa noche. Una tormenta se abalanzaba sobre ellos. El invierno llegaba crudo y veloz. El invierno cada vez más cerca.

Casarse. Casarse. Se llevó una mano al pecho a su corazón histérico. ¿Casarse? ¿Ella? no, no podía.

Busco a tientas un asiento donde dejo caer pesadamente su cuerpo, con las manos entre su cabello.

Había sido tan poco el tiempo y ya había hecho tantos planes… no, no quería atarse a nadie. No quería… no quería esto. Su hermano, su hermano que había hecho, ¿Por qué? Nunca habían sido de la mejor relación porque ella pasaba más tiempo con Shayr que con él ya que su entrenamiento prologando fuera del hogar jamás le permitió ser realmente dos hermanos unidos. Ella había aceptado su palabra para casarse con el viejo inmundo sin ningún problema, bueno… relativamente, pero había sido obediente desde la muerte de su padre. ¿Por qué le hacía esto? ¿Porque?

— Veo que la idea aun no os agrada- soltó una voz fría desde un lado. Ella pego un brinco y ni siquiera tuvo ganas de replicarle.- esto hubiera sido así de todos modos si tu familia no hubiera roto el trato.

— ¡Mi familia no rompió ningún trato! Fuiste tú quien se desligo- replico parándose de golpe. Enfadada porque él quisiera tomar algo que desecho.

— Sigues hablando de algo que jamás ocurrió. Yo no rompí la alianza.

— Mentiroso- replico molesta.

El sujeto en dos zancadas llegó frente suyo. Tomando su brazo con firmeza.

— Deja de agarrarme como si fuera un animal- replico enterrándoles las uñas en la mano que le apretaba el brazo. Este pegó un respingo hacía atrás como si le hubiera pegado una cachetada.

— Lo siento, no quise hacerte daño.

Ella dio medio paso hacía atrás tomándose el brazo y mirándolo con el entrecejo fruncido. Primero la zamarrea y luego le pide disculpas. ¿Qué tenía ese sujeto? Este le miró unos segundos después mientras a ella comenzaba a picarle los ojos por las lágrimas. ¡Estúpido! ¡Estúpido!

— Ven conmigo- le llamó caminando hacía la puerta, cuando ella no se movió él se giro molesto.- por favor- remarco aun más enojado. Ella no dijo nada y le miro por el refilón mientras se acercaba, tenia la duda de que si no le seguía haría lo que había hecho los últimos días, tomarla y tironearla. ¡Maldito Bruto!

Salieron de la habitación, ya era bien entrada en la noche pero aun había algunos hombres caminando de un lado a otro y otros sirvientes arreglando la tarima donde Shayr había sido lanzada con anterioridad. El sujeto comenzó a subir las escaleras y ella un poco retraída le siguió, pasaron la habitación de este, la de ella y llegaron casi al final donde una puerta con seguro les dio la bienvenida. El sujeto saco un montón de llaves y abrió la habitación mientras encendía una de las antorchas de la pared.

Se quedó con la boca abierta mientras veía la oscura pero bien ventilada habitación. Era casi una bodega, había lienzos de las más exquisitas telas, cofres de diversos tamaños, candelabros de plata, vasijas, espejos y muebles de artesanos envidiables. Algunas armas con insignias de familias antiguas y allá en el fondo, cerca de la apagada chimenea estaban sus cofres y baúles. Él corazón se le subió a la garganta al ver sus preciadas pertenencias.

— Estas son los tesoros de mi familia- anunció el sujeto tocando con cariño un espejo con filigranas exquisitos.- la mitad se lo debió de haber llevado mi hermana, pero sea donde sea que este no los necesita.

— ¿Hermana?- pregunto curiosa mientras tocaba un jarrón de cristal, hermoso. No quería parecer muy ansiosa por sus cosas, no quería él creyera que la conocía.

— Se caso con un nómade- respondió cortante como si recordarlo le trajera malos recuerdos.- van de un lado a otro en una caravana, no la veo muy seguido gracias a Dios.

— ¿Por qué permitiste que se casara con un nómade si obviamente no os gusta?- pregunto mientras lo veía pegar un salto.

— Porque me gano una a puesta, pero no es por eso lo que te he traído aquí.- respiro profundo y se giro hacía sus baúles- allí están tus cosas, creo… creo que te gustaría tomar algo de allí para mañana.

Ella se petrifico y miro sus cosas. Allí estaba su ajuar, el ajuar más horrible y fuera de moda de todo el continente, estaba segura, lo había mandado a pedir con las telas más chillonas y discordantes que pudiera acceder, su hermano, contraído por lo horrible de su "vestido de novia" no había reparado en gastos con tal de entregarle a su futuro esposo. Y ni que decir de los corsé y tocados, lleno de plumas y decorados extravagantes.

Se acercó a exactamente el baúl que allí se encontraba y saco el voluptuoso y horrible vestido. Se giro sobre si con este sobrepuesto y observó encantada el rostro ceniciento de su querido novio… asco puro.

— ¿Que es ese animal que llevas encima?- pregunto nervioso mirando los volantes, las cuencas y la variación de colores chillones desde el rojo escarlata al verde lima.

— Mi vestido de novia- soltó con una voz rebosante de dulzura- ¿No os gusta?- pregunto tocando las telas como si fueran los más preciados tesoros.

— Eso es digno de bufones del rey- replico molesto. Ella sobreactuando increíblemente, respiro profundo y se llevó una mano al pecho mientras hacía que sus ojos de pusieran lagrimosos. Este le miró sorprendido y luego a su pedazo de trapo- pero si quieres llevarlo…- regaño y bufando salió de la habitación- ve si encuentras algo más… normal. No te demores, toma lo que debas para mañana y vuelve a tu habitación.

Desapareció. Ella rodó los ojos y dejo el vestido de lado.

No estaba el baúl de Shayr donde estaban sus armas, ropas y mascaras, pero ellas habían sido aún más precavidas. Sabiendo que se encontrarían en desventaja contra todos, habían usado los baúles con trampa. Por lo que acercándose a su baúl de túnica quito algunas y soltando algunas tablas notó emocionada que allí estaban las cincuenta laminas de aceró de Shayr, sus dagas y su pequeña bolsa de medicinas.

Las laminas de aceró eran casi domo dagas, Shayr quien utilizaba estas como si fueran proyectiles las lanzaba casi a ojos cerrados, y como preparar tantas dagas era demasiado caro, el herrero de la familia –que tenía muy mimada a Shayr- le había hecho estas laminas con filo y una pequeña abertura al final con las que podía tomarlas. Sus dagas normales habían sido requisadas por el vampiro y de esa eran casi una docena de diversos tamaños que la licana solía esconder en muchas partes de su cuerpo pasando a simple vista desprevenidas. Las tomo con cuidado, ocultándolas entre las ropas y la bolsa de hierbas. Cerrando la tablas en el momento en que escuchaba pasos.

El bárbaro volvió a entrar.

— ¿Haz terminado?- preguntó. Ella levanto el vestido con un poco de problemas y vio gozosa la cara de estupefacción del sujeto.- ¿De verdad vas a usarlo?- pregunto mientras ella se acercaba a la puerta.

—Obviamente si- respondió levantando la barbilla- te matare de la pura vergüenza-le siseo envenenada mientras abandonaba la habitación que no estaba más allá de unos pocos metros. Al girarse a verlo aun parecía demasiado horrorizado para reaccionar.

Rio encantada mientras cerraba la puerta con un portazo.

No había durado mucho en su celda cuando la fueron a buscar una vez más. Notó inmediatamente que todo había cambiado, aunque era por el movimiento de la luna las tres de la mañana los hombres se movían de un lado a otro. Las torres en las esquinas de las murallas estaban bien iluminadas y los guardias caminaban de un lado a otro observando el paraje. Había fogatas y los soldados hablaban, uno que otro le observaba.

Jorking le llevó a una bodega, en ella se encontraba el vampiro, sentados más allá estaban Sandrua y Janiel un poco más en color y con ropas relativamente nuevas. La bodega era enorme, con vigas de madera del cual pendían algunas cuerdas, había fajos de paja y tablones por los alrededores. El olor a sudor y sangre le dio más o menos la idea que era una bodega de entrenamiento… o de tortura.

Ella no dijo nada mientras se quedaba de pie a pocos metros del vampiro que le daba la espalda, su garganta de estrecho y sintió esas ansias de asesinato hacía su persona que le habían acarreado a varias peleas ya. Era difícil intentar aplacarlas.

— Yo siento lo mismo, y es un hecho lamentable que ahora estemos del mismo bando.- replico el vampiro dándole la espalda.- Jorking cierra la puerta- ordeno al hombre le hizo caso de inmediato.- tus hombres. Lo que aun quedan…- "los que aun quedan… lo vivos" en dolor en el pecho fue como una saeta ardiente.

— ¿Qué quieres con ellos?- preguntó dándole un breve tirón a las vendas para que su boca quedara a la vista.

— Los llamaras.

— Nuestros señores aun no estas casados, aun no hay nada que me vincule a tu señor.- responde porque no quiere meter a sus hombres en problemas.

— Pero lo hará.

— Eso es lo que dicen.- contesto más para si.

— ¿Me dices que tu señora no se casara?

— Yo no sé lo que piensa mi señora.

— Si no hay casamiento, tus hombres morirán y te recuerdo que estos dos no son los únicos que tenemos bajo nuestro poder.

— ¿Es una amenaza?

— ¿Cuándo no?- pregunto el vampiro girándose, ella noto que tenía una de sus mascaras en sus manos. Mascara que estaba en su baúl, por lo que el vampiro tenía sus armas- irás por tus demás hombres.

— Innecesario- replicó dando por zanjado el tema.

— Creo que aun no entiendes el concepto...- sisea y ella tuerce la nariz hacía atrás al escucharlo porque hay veneno en sus palabras- tus hombres son buenos debo aceptarlo, pero allí solos en una tierra que no conocen, cerca de los pueblos de mi señor pronto comenzarán a velar por sus propios intereses. O los traes, o mueren por ellos mismo o mis guardias cuando los encuentre merodeando.

Ella le miro intensamente. Debía aceptar que eso era cierto, sus hombres no tenían donde llegar ahora y estaban rodeando los pueblos cercanos causando angustia en familias inocentes, pero no podía llevar a sus propios hombres a el lugar donde aun no sabían si les debían fidelidad de ahora en adelante.

— Después del casamiento, iré.- replico observando su mascara- no antes y no después.- el vampiro quedo en silencio unos segundos.

— Muy bien.

Se hace un breve silencio. El aire esta denso, acido… Dios, como odia estar si quiera cerca del vampiro.

— Harás un mapa del castillo de Shoys lo más preciso posible, la cantidad de hombres que puede resguarda y las armas que puedan tener, cuanto tiempo pueden soportar una sitio y los feudos que le deben lealtad. Todo… quiero saberlo todo.

Ella siente que se le retuerce el estomago y la bilis le sube por la garganta. Información precisa de un castillo que ella misma había ayudado a levantar con muros fortificados, salidas secretas, armerías sustanciosas, armas nuevas y letales. Se le nublan los ojos y la piel se le eriza. El corazón le retumba a traición.

— Después de la unión- replica con la voz consumida en el malestar, se da media vuelta y se marcha con la mirada negra del vampiro en su nuca.

Esa noche no puede dormir.