Trucos de Salón
Cap. 13
Aang, Sokka, Katara y Yue se vieron obligados a parar varias veces en sus esfuerzos por volver al origen. Sokka estaba molesto. Un maestro había querido escapar con una caja de luz de luna, mientras los cuatro se refugiaban detrás de un camión volcado. Sin inmutarse, Sokka le disparó y tomó la caja llevándola de vuelta a su escondite.
-Sokka, ¿qué diablos?- Yue siseó, pero su hermana le sonrió, impresionada.
Yue, le gustase o no, se parecía más a Katara de lo que pretendía. Sokka forzó la caja con su cuchillo. Seis frascos de cristal con un líquido claro se hallaban dentro. Habrían sido ocho, pero dos se habían destrozado cuando Sokka disparó contra el Dragón. Sacó uno de los frascos y se lo entregó a su hermana.
-No ha envejecido en absoluto así que no vino de muy lejos… pero les serviría- señaló.
-Lo sé- respondió Katara, tomando el frasco en sus manos con la autoridad que sólo la hija de una élite vinícola podría tener. Ella desenroscó la tapa y olfateó, haciendo una mueca.
-Luz de luna...
-Yo les decía a Aang y Yue- gruñó Sokka.
-¿Por qué estamos bebiendo ahora?- preguntó Yue, cuando él le entregó uno igual.
-Buena pregunta- consintió Aang, cuando Katara le pasó el suyo a él.
-Es una tradición en la Destilería del Sur- respondió ella, levantando su botella para ver a la verdadera luz de luna a través del cristal -Este es un trabajo que estamos haciendo, así que brindaremos por la buena suerte.
-Cortesía común- agregó Sokka.
Se recostó contra la camioneta, mirando a Yue a su izquierda y a Katara y Aang a su derecha.
-Además, no dejaremos que los dragones se apoderen de esto… brindemos.
Katara sonrió un poco e hizo chocar sus "copas".
-Por la alta traición- dijo a la ligera.
Aang y Yue hicieron lo mismo. Los cuatro chocaron los frascos. Se quedaron en silencio ya que el alcohol quemaba durante su camino hacia abajo de la garganta. Todos miraron hacia el cielo, mientras el sonido de disparos y hielo rompiéndose les rodeaban. Aang miró a su izquierda, viendo como Katara cerraba los ojos, respiraba profundo y bebía un sorbo de su vaso de nuevo.
-Llevas mi sombrero Cara de muñeca- señaló en voz baja, tomando otro trago de su propio vaso.
Ella miró hacia arriba, el viejo sombrero aún caía sobre sus ojos.
-Oh... lo siento- murmuró ella, mientras comenzaba a quitárselo.
-No te disculpes- dijo con una sonrisa, acercándose a ella y sosteniendo el sombrero en su cabeza. Ella lo miró, perpleja -Se ve bien en ti…
Ella se rió un poco y tomó su mano, tirando del sombrero y volviéndose hacia él, se mordió el labio y lo estudió por un momento. Él inclinó un poco la cabeza, esperando. Katara suspiró, lanzando la precaución al viento y pasó una mano por el cabello del joven, mismo que se quedó paralizado por la sorpresa. Luego ella dejó caer el sombrero en su cabeza, sonriendo.
-Se ve mejor en ti- respondió en voz baja y levantó su botella expectante.
Él hizo lo mismo después de varios segundos. Ambos se inclinaron hacia delante cruzando los brazos, y tomaron un trago. Ella limpió sus labios, pensativa y sonriéndole.
-Salud.
Los cuatro habían crecido en destilerías clandestinas y sabían que no debía tomar más de unos cuantos tragos, así que abandonaron los frascos vacíos a la sombra del camión y comenzaron a correr una vez más.
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Zhao y su elite de maestros fuego habían llegado por fin al estanque. La luna llena resplandecía en el cielo.
-El espíritu Luna vive en el origen de este estanque- dijo Zhao en voz baja, mirando hacia el interior del agua como si esta fuera un error que estaba a punto de aplastar bajo su zapato.
-Es tan viejo y ha estado aquí tanto tiempo… su forma física ya no es sólo su apego al mundo físico. El espíritu y el estanque son prácticamente uno mismo.
Los Dragones detrás de él intercambiaron una mirada dudosa.
-Si destruimos el estanque... destruiremos al Espíritu Luna- sentenció.
Y sin previo aviso, derramó aceite de motor en el agua cristalina, contaminándola cuál si fuera veneno. Además, para asegurarse del daño, lanzó un puño de fuego a la hierba frente a sus pies. El fuego creció lentamente, arrastrándose por el borde exterior.
Arriba, la luna lentamente se volvió de plata a rojo.
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Katara y Yue ambas, se detuvieron a mitad de camino entre dos edificios muertos. Aang vaciló y perdió un paso mientras corría. Sokka patinó hasta detenerse.
-¿Qué pasa con ustedes?- gritó mientras una lluvia de balas se hundía en la pared al lado de ellos.
Se volvió y disparó de nuevo en la dirección de donde vinieron. No llegaron más balas de esa dirección.
-Sokka... la luna- dijo Katara ahogada, llevando una mano a su frente mareada.
Yue parecía tener una cantidad similar de dolor, presionando sus manos en los ojos. Aang había aplastado una mano en su pecho y estaba tomando respiraciones irregulares mientras daba un paso atrás hacia las chicas, pero perdió el equilibrio y cayó de bruces. Sokka apenas pudo atraparlo antes de que se golpeara, pero Aang aún parecía débil y se llevó una mano a la sien. Sokka miró hacia el cielo, alarmado al ver que la luna se había vuelto roja.
-¿Qué está pasando?- dijo bruscamente.
-El Espíritu de la Luna está en peligro- jadeó Aang, finalmente recuperando el aliento.
Colocó una mano en la espalda de Katara, un gesto silencioso para comprobar que estaba bien. Ella le ofreció una sonrisa cansada en respuesta, pero su expresión era preocupada, tampoco era que él estuviera en mejores condiciones.
-Vamos- dijo en voz baja, tomándole la mano -Tenemos que ir.
Ella le dio un rápido movimiento de cabeza para despejarse y le permitió ponerla de pie. Todavía se sentía muy mareado, pero tenía que aguantar o las consecuencias serían fatales para todos. Sokka siguió su ejemplo tomando a Yue y los cuatro echaron a correr otra vez. El humo envolvía la torre de vigilancia, cerniéndose sobre ellos.
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Yo... soy una leyenda ahora- dijo Zhao humildemente, abriendo los brazos y levantando los ojos al cielo. La luz roja y el humo brotaban de la hierba mojada y el musgo.
El fuego se extendía por las paredes cubiertas de musgo y la hierba del piso, lo que se reflejaba en el agua cristalina.
-Todo el mundo me recordará por generaciones. Zhao él que oscureció que la luna. Zhao, el conquistador. Zhao, el asesino de la Luna.
Él se rió y se alejó del agua.
-¡Zhao el Invencible!...
En ese momento, Katara salió corriendo del humo y le asestó un puñetazo en el estómago, sacándole todo el aire.
-Tú te llevaste mi Agua Control, ¡imbécil!- gritó, tratando de saltar sobre él de nuevo como un gato. Pero Aang surgió del humo detrás de ella, agarrándola por la cintura y apresándola contra sí con mucha dificultad.
-Katara- dijo Aang con los dientes apretados -detente, por favor.
Ella dejó de luchar con gran rapidez y Aang no estaba preparado para ello todavía, así que los dos cayeron hacia atrás.
-Oh sí, eso es mortal- suspiró Sokka mientras y él Yue aparecían, alejando el humo de sus caras para poder ver.
-Ah... lo siento- murmuró Katara, mirando hacia abajo a Aang, quien se había dejado caer a propósito de amortiguar un posible golpe para la chica.
Sus manos aún estaban en su cintura, que accidentalmente apretó en un intento por sentarse. Esto le hizo cosquillas y ella se echó a reír, cayendo encima de él de nuevo. Él le quitó las manos de encima, sonrojándose. Sokka se golpeó la frente con una mano y tiró de Katara, dejando que Aang se pusiera en pie con el aire. Zhao estaba mirándolos.
-Bueno, si estabas tratando de hacer una entrada espectacular… la arruinaste- señaló oscuro.
-¿Puedo darle un puñetazo otra vez?- preguntó Katara con una inexpresiva frialdad, apretando los puños a los costados. Aang colocó una mano firme en su espalda, pero no dijo nada.
-El Avatar, que agradable sorpresa volver a encontrarnos- dijo Zhao sedosamente, sonriéndole a Aang. Katara se volvió hacia él.
-¿Volver?- preguntó en voz baja.
-¿No les has contado de tu grosero escape mientras te hospedé en mi mansión?
-¿Hospedaje?- repitió ella con ira.
-Nos hemos reunido antes, es cierto, pero yo no he sido el del problema- respondió Aang oscuro, entrecerrando los ojos -Te contaré luego.
-Bueno, ya es demasiado tarde- gritó Zhao -Tan pronto como derramé el aceite, el espíritu se debilitó y cuando prenda fuego a la isla, el Espíritu de la Luna morirá.
-Zhao, no- Aang se apresuró a decir, levantando las manos en un gesto conciliador -No te has parado a pensar en las consecuencias, esto no sólo afecta a las destilerías o a los maestros agua...
-Es mi destino- respondió en voz baja, sonriendo -Destruir el Espíritu Luna- Miró deliberadamente a Katara -Y también a los Riversiders.
Katara gruño y la mano de Aang atrapó la suya para retenerla.
-La destrucción de la luna será fatal para todo el mundo Zhao, no sólo para los Riversiders, no tienes idea de la clase de caos que podría traer.
-Él tiene razón, Zhao.
Todos se volvieron con sorpresa. Iroh se acercó al estanque ardiente, traspasó las llamas sin ningún problema y quedó de pie en el espacio entre los Dragones y Aang. Zhao se echó a reír.
-¿Por qué no me sorprende esta traición?- dijo con frialdad.
-No soy un traidor, Zhao- respondió Iroh oscuro -Todo el mundo necesita de la Luna, incluyendo a los Dragones. Todos dependemos del equilibrio.
Zhao no se movió. Sólo miraba al suelo.
-Cualquier cosa que le hagas a ese Espíritu, lo haré contigo multiplicado por diez- tronó Iroh, ocupando una posición de ataque.
La sala quedó en silencio, excepto por el crepitar de las llamas que poco a poco llenaron la habitación de humo. Zhao se volvió hacia el estanque con las manos colgando a los costados. Nadie se movió durante lo que parecía un largo tiempo. De repente, Zhao dejó escapar un grito de rabia, lanzó una gran corriente de fuego al centro de la isla y esta se consumía en llamas.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, Iroh saltó al ataque con un Fuego Control más rápido y poderoso que cualquiera que hubiera visto en su vida, no le tomó ni dos minutos sacar a todos los dragones del lugar. La única reacción de Zhao fue huir. Aang y Katara levantaron la vista. La luna había desaparecido del cielo.
Yue cayó de rodillas al lado de ellos. Katara casi se hundió con ella, pero Aang la mantuvo en pie con un brazo alrededor de su cintura. Sokka se agachó junto a Yue, mirando hacia la fuente de fuego. Iroh estaba junto a ellos cabizbajo. Después de unos segundos Aang también se desplomó en el suelo sintiéndose más débil que nunca y Katara se arrodilló frente él.
-No hay esperanza- dijo Yue en voz baja. Echó un vistazo a sus amigos -Se acabó-
Katara jadeó y todo el mundo miró. Aang había liberado su cintura y ella estaba en el suelo junto a él, mirándolo con sorpresa. Los ojos de Aang y sus tatuajes eran brillantes y de un color azul blanquecino.
-No- dijo, con esa voz baja envuelta en capas… millares de otras voces ajenas -Esto no ha terminado.
Iroh se agachó junto a Katara, colocándole una mano en el hombro. Ella se habría sorprendido, si no hubiese estado observando como Aang entraba en el estanque, en la parte caminando sobre el agua y desviando las llamas sin dolor aparente. Se detuvo a medio camino entre la costa y la isla, con los puños apretados, como si estuviera meditando y con un movimiento de muñecas extinguió los incendios más importantes de la isla.
-Aang- le llamó Katara en voz baja.
-Shh- Iroh le advirtió con amabilidad -Él debe estar libre del apego a este mundo para usar el poder de los espíritus, debe soltar sus ataduras terrenales.
-¿El apego?- Katara en voz baja -¿Qué tiene eso que ver conmigo?
Iroh terminó con el dedo en los labios y luego señaló. Katara se asomó al estanque. El agua a su alrededor estaba resplandeciente y blanca aunque el resto continuará contaminada Aang pronto se hundió en el agua, desapareciendo de la vista.
-Oh- comenzó a Katara, tratando de ir tras él, pero Iroh le dio unas palmaditas en el hombro.
-Está bien- dijo en voz baja -Los espíritus lo están protegiendo ahora.
Yue apretó los dientes y gruñó. Sokka comenzó a frotar su espalda en un reconfortante gesto. El agua comenzó a cambiar y de repente brillaba con un azul eléctrico. Y tan pronto como llegó, se había ido, desapareciendo en el fondo.
-La corriente bajo el agua- dijo Yue débilmente.
-Se dirige al río- Katara se volvió y corrió hacia el centro de la habitación, hasta llegar a las escaleras de la torre de vigilancia. Iroh la siguió. Cuando llegaron a la parte superior, el río comenzaba a brillar, la luz e propagaba a través del petróleo, limpiándolo.
-Aang- susurró. Iroh la miró con curiosidad.
-Eres la única que lo llama Sparky- dijo pensativo. Ella lo miró con sorpresa.
-Sí... cómo... - empezó en voz baja. Él sonrió.
-Hablé con él por un corto tiempo cuando mi sobrino lo secuestró- respondió -Él piensa que eres muy bonita.
Katara se sonrojó y volvió a mirar el río, agradeciendo que el aceite poco a poco se desvaneciera al contacto con el agua brillante.
-Y tú realmente te preocupas por él- dijo simplemente. Katara se volvió hacia el viejo, frunciendo el ceño.
-Usted es un dragón- dijo sin rodeos -¿Por qué?... quiero decir...
-En el fondo del corazón, toda la gente es justa y pertenece a una misma raza- dijo Iroh, volviendo la mirada hacia el río…
-Las distinciones... Riversiders, maestros tierra, Dragones, Ases... a fin de cuentas, no tienen importancia. El mundo necesita de la luna, no sólo los Riversiders o sus maestros agua. Así que cuando se trata de una cuestión del mundo, las personas deben ser sólo… personas.
Katara asintió lentamente. Se sentía como si estuviera comprendiendo más y más a este viejo cada vez que sus caminos se cruzaban.
-¿Qué pasa con los asuntos del corazón?- preguntó en voz baja. Iroh la miró con sorpresa. Ella sonrió un poco y él rió.
-Dios mío... usted señorita, es más sabia de lo que dicen sus años.
Iroh rió entre dientes, luego levanto la vista hacia el oscuro cielo con nostalgia.
-En asuntos del corazón... la gente es gente. As o Riversider.
Ella le miró sorprendida y el hombre se encogió de hombros. Abrió la boca para responder, pero en ese momento, algo muy grande, azul y brillante se alzó sobre el río. Parecía una especie de pez Koi… con los brazos grandes y la parte inferior estaba fusionada en el agua.
En el corazón de la criatura, dentro de una bola brillante de energía, estaba Aang. Con un solo movimiento, arrasó con la mitad de los barcos del río. La respiración Katara se quedó atrapada en su garganta.
-Ven- dijo Iroh -Hay que apagar el resto del fuego.
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Zhao fue detenido en seco a mitad de camino hasta el río, cuando una vieja lámpara fue alcanzada por una bola de fuego y explotó a su paso. Él se dio la vuelta, dispuesto a matar a los responsables, pero se congeló al ver al imprudente y le frunció el ceño.
-Zuko- suspiró -¿Qué estás haciendo aquí?... pensé que habías muerto.
-Rumores- respondió Zuko, atento en una posición de Fuego Control -Alguien envió a unos patéticos mercenarios para asustarme o... matarme... siendo así, ¿no te alegras de verme?
La cara de Zhao se torció en una mueca terrible y corrió hacia adelante, lanzando un puño de llamas hacia Zuko.
-Tú fuiste el de la máscara en mi bar… ¡Tú eres el espíritu azul y liberaste al Avatar!- rugió.
Zuko lo bloqueó y dirigió su propio ataque en contra.
-¡No tuve alternativa!- gritó de nuevo mientras los dos caían en un duelo titánico a la mitad de una noche sin luna.
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Mientras Aang continuaba masacrando dragones a lo largo del río, Katara caminó hasta el estanque y acarreó agua limpia hasta en el centro de la isla, mientras Iroh apagaba incendios en todo el borde exterior. Sokka estaba sentado a lado de Yue, con un brazo sobre sus hombros. Ella estaba teniendo problemas para mantenerse vertical. No pasó mucho tiempo hasta que los incendios desaparecieron, dejando sólo humo, hierba quemada y oscuridad a su paso. Iroh ayudó a Katara a salir del agua. Ella se sentó chorreando en la orilla, frotándose los brazos para mantener el calor. Iroh miró a Yue y Sokka. Sus ojos se agrandaron cuando vio a Yue.
-¡Tú fuiste tocada por el espíritu de la Luna!... parte de su vida está en ti- terminó en voz baja, pero claramente sorprendido. Yue lo miró, suspiró y asintió con la cabeza.
-Y tal vez es hora de que se la devuelva- dijo con firmeza.
-¿Qué?- dijo Sokka bruscamente -¿De qué estás hablando?
-Sokka, soy la única que puede salvar al Espíritu Luna- dijo Yue rápidamente, alejándose.
-No, le prometí a tu padre que te protegería- dijo él obstinadamente, agarrando su mano cuando trató de ponerse de pie. Katara miró con diligencia el agua oscura del estanque. Temblando. Ella no quería que Yue muriera... pero todo el mundo necesitaba de la luna...
-Sokka, tengo que hacerlo- dijo con firmeza, poniéndose de pie y tirando de su mano. El chico la liberó de mala gana pero no se apartó.
-No tienes que hacerlo, no es justo.
-Adiós Sokka- Yue le sonrió -Siempre estaré contigo…
A continuación, entró en el estanque al igual que Aang hacía tan poco tiempo.
Los ojos de todos se abrieron con sorpresa. En sólo unos momentos, Yue estaba sentada en el centro de la isla, cubierta hasta la mitad por agua pero sin ningún atisbo de dolor o preocupación en su rostro. Sus ojos se cerraron y de pronto comenzó a irradiar energía, ondas de luz blanca la envolvieron y se extendieron a través de la isla.
La hierba seca se puso verde de nuevo, el agua contaminada del estanque se purificó como por arte de magia y la silueta de la chica comenzó a deformarse en un haz de luz que pronto, se hundió en el fondo del agua.
-No- dijo Sokka en voz baja cuando Yue desapareció ante sus ojos -Se fue... se fue- sollozó cayendo de rodillas frente al agua.
Katara levantó la vista. Un astro apareció poco a poco en el cielo… de nuevo brillante y viva… la luna llena. Sokka se desplomó, exhalando lentamente y sintiéndose puramente derrotado. Katara silenciosamente se secó los ojos con la parte posterior de la mano. Quería decirle algo, cualquier cosa que pudiera consolar a su hermano. Pero no podía imaginar que hubiera algo en el mundo que Sokka quisiera oír justo ahora. Él la había querido realmente, tal vez incluso la amaba. Trató de ponerse en el lugar de Sokka. ¿Qué pasa si no hubiera sido Yue?... ¿y si hubiera sido Aang?
La joven maestra agua se incorporó rápidamente. No, ella no amaba a Aang. No como Sokka amado Yue. Miró a su hermano y ambos guardaron silencio. No... no podía ser.
-¿Dónde está Iroh?- preguntó Sokka después de lo que pareció un silencio muy largo. Katara miró a su alrededor.
-No sé- admitió sorprendida.
El viejo había desaparecido.
-Iré... a la torre de vigilancia. ¿Vas a estar bien?
-Sí- suspiró él. Katara también suspiró pero asintió con la cabeza, se puso de pie y comenzó la caminata por las escaleras.
Cada paso se hacía más y más cansado. A pesar de haberse recuperado de ese estado de debilidad provocado por la falta de Luna, aún estaba tan cansada... Aang había sido poseído por los espíritus, Yue se había sacrificado... y ella estaba más confundida que nunca hasta entonces.
La joven se congeló en la parte superior de las escaleras, jadeando. Aang estaba mirando hacia ella. Allí estaba, flotando dentro del pecho del gran espíritu brillante a lado de la torre de vigilancia. Katara exhaló despacio y con cuidado dio los últimos pasos hasta la parte superior de la torre. Él no se movió, por lo que tímidamente se acercó a la barandilla.
Ella estaba nerviosa por esa mirada, sus ojos no eran completamente brillantes y blancos ahora, había un toque gris que seguramente anclaba el alma del chico a su cuerpo. Katara tragó saliva y miró hacia abajo, a la destilería. Ya no había ningún Dragón. Ni coches blindados, ni barcos en el río. Se habían ido todos. La destilería nunca había estado tan tranquila y sin embargo con ese aire de anormal silencio.
-A... ¿Aang?- Dijo vacilante, mirando sus ojos -¿Eres... ¿eres tú?
El espíritu se la quedó mirando, inmóvil.
-Bueno, si puedes escucharme- dijo ella rápidamente, con las manos apretando la barandilla -Los dragones se han ido. Puedes volver ahora.
Él no se movió. Katara sentía su aliento comenzar a salir con bastante rapidez. Estaba empezando a entrar en pánico y ambos se dieron cuenta.
-Yue acaba de morir- el espíritu cambió un poco -ella se ha ido para devolvernos la Luna y yo... yo no estoy tan bien. Soy una especie de... no estoy bien. No estoy bien y lo necesito.
Cerró los ojos y respiró hondo.
-Necesito a Aang, por favor... te necesito.
Lo siguiente que ella supo, fue que el espíritu depositaba al chico a su lado en la torre, antes de regresar al río y hundirse en el. Aún fue capaz de ver como el haz de luz azul se movía bajo el agua con dirección al estanque seguramente, feliz y apaciguado ahora que su compañera volvía a brillar en el cielo. Aang se tambaleó hacia adelante y Katara cayó de rodillas junto a él… apenas alcanzó a sujetarlo antes de que se estrellase contra el suelo.
Ella lo mantuvo entre sus brazos con preocupación. Se veía más pálido de lo normal y estuvo unos momentos inconsciente antes de reunir la fuerza necesaria para abrir los ojos y tratar de incorporarse. Se sentó a su lado aturdido, masajeándose las sienes y luego la parte posterior del cuello. La primer cosa de la que fue consiente después de eso, es que Katara tenía sus brazos firmemente sujetos alrededor de su cuello y exhalaba sobre su hombro con dificultad.
-¿Katara?- preguntó confundido.
-Yue ha muerto- murmuró en su chaqueta, tomando otra respiración profunda y reprimiendo un sollozo -Ella sólo, dio su vida para devolvérsela al espíritu de la Luna.
Aang se giró para mirar fijamente la luna, brillando por encima de ellos. Se le ocurrió de pronto que Yue había sido amiga de Katara durante mucho tiempo. Pero lo cierto es que tampoco se podría decir que estuviera llorando. Entendió que eso era seguramente, porque no había llorado desde que perdió a su madre. No sabía qué decir, así que sólo la estrechó en sus brazos con la mayor suavidad que pudo y esperó a que su respiración se calmara.
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En la otra orilla del río, mientras el resto de los Dragones huían, Zhao y Zuko continuaban la lucha. No se detendrían hasta que uno fuera el ganador absoluto. Por suerte, o quizá por desgracia, el espíritu del Koi se alzó sobre ellos. Después de dejar a Aang en la torre de vigilancia, decidió plantarse justo en medio de donde ellos luchaban. Los miró fijamente unos momentos y a medida que se volvía a sumergir con dirección al estanque, un solo brazo salió disparado, arrebatando a Zhao del suelo. Lo sostuvo sin ningún cuidado en su puño gigante e inició un descenso más brusco hacia el río. Zuko corrió hacia el borde extendiendo una mano.
-¡Toma mi mano!- le gritó a Zhao por impulso.
Zhao le frunció el ceño y retiró el brazo lejos de él, permitiéndole al espíritu tirar de sí mismo al río y desapareciendo con él. Zuko sólo pudo mirar con sorpresa cómo el resplandor desaparecía en las profundidades, llevándose a Zhao con él.
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