VIII: Enlace
Nunca había escuchado una risa más armoniosa y cristalina en su vida, y en eso se había quedado prendado hasta que llegaron al castillo donde Taillo les miraba desde las escaleras. Al parecer sin ninguna intención de haber ido a buscarlos. Annex con otras cinco damas –hijas de sus comandantes y dos hijas de sus amigos en las afueras- salieron hacía su novia que pareció que todo buen humor se hubiera evaporado.
La obligaron a bajar entre presurosos alaridos de demora.
— Quédate cerca de mí- ordenó su novia a su capitán. Él entrechoca los dientes de rabia.
Quería maldita sea volver a encerrarlo en las profundidades del calabozo solo para no ver las sonrisas enamoradas de su novia con el sujeto. Taillo bajo mirando fijamente al licano, él ordeno a sus hombres dejar al bárbaro en la celda mientras se acercaba a ambos hombres. Su novia se marcho entre gritos y risas de las doncellas.
— Esta todo listo y le hice un favor a tu novia quemándole el vestido por accidente- soltó como si nada, él sonrió encantado por aquello pero escucho el gruñido del licano.- Jorking lleva al sujeto al baño común para que se quite la peste- él vio asombrado como su amigo le lanzaba una de sus mascaras. Lo notaba por la buena confección de esta.
No hubo más movimiento hasta que el licano se marcho detrás de Jorking que lo llevó hacía unos cuartos cerca de la cocina.
— ¿Por qué lo haces?- preguntó un poco molesto y curioso.
— Porque me imagino que te salvo el culo. Ahora ve a prepararte, creo que estas a punto de casarte.
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Quitarse la mugre fue todo un alivio. Jorking había tenido el buen gesto de mandar a pedir agua nueva ya que los fosos estaban grises porque sus soldados habían tenido la decencia de lavarse para tan especial día.
— Intentare que os manden vuestras ropas, si no, os traeré algo más cómodo.
— Es un buen gesto el que haces.- comentó agachándose para quitarse las botas.
— A pesar de lo que dicen mis señores, yo respeto vuestro trato a con tus hombres, Sandrua me ha comentado un poco y es algo admirable el comportamiento y la educación que ellos presentan- anuncio- aquí seria apreciativo tal educación.
Ella no dijo nada y espero que el hombre saliera para quitarse el cinturón, los pantalones, la camisa y desatarse las vendas que presionaban sus adoloridos pechos. Entro en la fría agua relajando sus músculos.
Toco sus pechos y siseo de dolor, no es que fueran grandes ni rellenos pero eso no significaba que dolieran menos al estar tantos días apretados por unas vendas. Se lavo presurosa, agradecida por pillar una pastilla de jabón un poco más allá. Lavo las vendas y las colgó en una silla cercana.
Cuando la puerta fue abierta de golpe, se hundió en las aguas dándole la espalda a Jorking.
— He podido tomar un poco de vuestro baúl, espero que este bien.
Ella asintió sin decir nada. Unos segundos después el sujeto salió. Termino de lavar su cabello y quitarse todo cuanto podía de mugre, paso los dedos por algunas cicatrices que aun necesitaban un poco más para curarse.
Y entrando en un pequeño estado de pánico rasguño con rabia las cicatrices de las caderas. Intentando no alterarse ya más de lo que estaba, se vistió sin secarse, ato en una pequeña coleta lo que podía de cabello y respiro tranquila cuando poso la mascara de madera negra con filigranas plateadas sobre sus facciones. Se coloco un pantalón de algodón, una túnica marrón y un petó de cuero. Resguardo cada una de sus dagas en sus lugares y salió de la habitación llamando la atención inmediata de los hombres alrededor. Fue Janiel y Sandrua quienes estaban vertiendo aceite en unas fuentes y se giraron haciendo una leve reverencia al verle. La cálida sonrisa de Sandrua le hizo sonreír un poco detrás de su mascara.
— Hoy en la noche traeré a los demás- anuncio con un suspiro.- y juraran bajo el nombre de Lord Freedor de ahora en adelante.
Ella pudo ver el disgusto en sus ojos, en especial en los de Sandrua. Su buen amigo obviamente no podía aceptarlo.
— Yo jure mi lealtad a ti, milord- soltó el hombre.
— Pero yo ya no tengo el poder de protegerlos. Además, ustedes juraron bajo el estandarte de la familia Sions, yo solo soy provisional, ahora serán hombres de la casa de Freedor y protegerán a lady Asha.
— ¿Y que pasara con lo que usted sabe?- pregunto Sandrua. Ella sintió como un rayo helado le cruzaba el pecho.
— Ya veremos. Haced lo que os pido, y la venganza será pronta- rumiantes aceptaron lo dicho.
En aquel momento apareció el vampiro por la esquina.
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Estaba frente el espejo mirándose mientras Annex terminaba de colocar la pequeña tiara en su cabeza coronada con una bonita trenza que tomaba sus cabellos y los enredaba. Su antiguo vestido había sido accidentalmente quemado, lo accidental fue que había sido llevado para se planchado y alguien había tenido la mala oportunidad de dejar el aparato con carbón demasiado tiempo sobre el pecho, arruinándolo todo.
No sabía si enfadarse o suspirar aliviada, pero de todos modos estaba molesta porque alguien haya tenido la osadía de quemar algo como eso.
Ahora llevaba un ligero y bonito vestido de un amarillo pálido, leve pedrería en las muñecas y recatada blonda en el cuello. Toco un delicado bordado en las caderas con hilo blanco y suspiro frente al espejo. Sus mejillas estaban sonrojadas y le hacía preguntarse porque su corazón estaba tan desbocado, tan malditamente acelerado.
— Están esperando- informó Annex mientras le hacía la seña a una de las demás damas.- colocaremos esto y estará divina- susurró colocándole un pequeño velo.- todo el mundo esta esperando- le froto levemente los brazos.- no será tan malo. Lo prometo. Me encargare de darle un dolor de estomago terrible a Witkim si se porta muy mal.
Agradecida por ese pequeño comentario. Asintió y pensando en que todo podría ser peor, como casarse con un viejo decrepito. Quitándose un escalofrió se giro hacía la mujer.
— ¿Esta mi capitán cerca?- pregunto de pronto teniendo una idea. La mujer entrecerró el cejo.
— No creo que sea…
— No me acercare a ningún lado si mi capitán no esta cerca.- anunció rotundamente. La mujer frunció la boca y se giro para darle una breve orden a una de las doncellas.
Pocos minutos después mientras ella miraba sus ropas. La misma doncella entro.
— Se encuentra cerca, mi señora.
— ¿Y como esta vestido? Si lo tienen como un maldito mendigo bien podrías decirle a vuestro señor que se puede esperar sentado a que me case con él.
— Yo lo vi muy bien mi señora, con ropas limpias, aseado y una mascara negra.
Ella respiro más tranquila. Y asintió a Annex.
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Estaba aun lado del vampiro, cerca de una esquina. Ambos tan tensos y con un aura de tanto peligro que los invitados y vasallos ni siquiera se acercaban. Vio a su ama aceptar el lienzo azul de la familia Freedor mientras ella le entregaba un lienzo rojo símbolo de la familia Sions, cuando el sacerdote dio por terminada la ceremonia. Ella miro hacía otro lado cuando el sujeto beso a su señora. Estaba segura que casi vomita.
— Eres ahora nada más que un penoso soldado a mi mando. Es mejor que vayas por tus amiguitos.
Ella soltó un gruñido molesta mientras salía de la habitación. Observó con un nudo en el estomago la docena de soldados que había sido atrapados en el primer ataque, más Janiel y Sandrua quien parecía estar colocándolos al tanto por los rostros tensos y heridos. Ella se acercó herida por sus rostros. El miedo por sus familias se inyectaba en ella como pequeñas heridas.
Uno de los más jóvenes le miró y una sonrisa fugaz apareció en su rostro.
Cuando comenzaron a hacer el saludo formal hacía ella, los detuvo con una mano.
— Ya no soy vuestro capitán- anunció- ya no soy nada más que uno de vosotros. De ahora en adelante juraran bajo la bandera del cuervo. Iré en busca de los hombres que quedan, al terminar la noche, serán hombres de este castillo.
Se movieron incomodos, con los labios fruncidos y los ojos cerrados. Les había enseñado bien, ninguno de ellos replico a sus órdenes.
— Me siento orgulloso de cada uno de ustedes y se nos dará la posibilidad de vengarnos por lo que se les hizo a nuestros hermanos, yo mismo acabare con la vida de quien alzo las armas contra los míos. Y volverán a ver sus familias pronto. Lo prometo. Ahora descansad.
Uno de los soldados del vampiro le trajo un caballo.
— El señor dice que el caballo esta acostumbrado. No sé lo que signifique pero él no ha dicho nada más.- ella asintió y puso una mano sobre el cuello del animal. Tranquilo, habituado. Al subirse, este no pareció ni un poco afectado.
Sandrua se movió y tomo las riendas del caballo. Acariciando en el lomo al animal, este susurró lo que ciertamente no le sorprendió.
— Estoy seguro, mi señora. Que nadie sentiría por ustedes algo más que respeto si se marcha. Temo por vos cada vez que ese sujeto pone los endiablados ojos sobre usted.- ella se medio inclino y tomo su mano.
— He dado mi palabra, Sandrua. Y no puedo dejaros a ti, a Asha y a los demás sin por lo menos velar por vuestra seguridad. Ahora intentad tranquilizarlos un poco.- y dejando a su hombre atrás salió de las instalaciones en busca de sus demás soldados.
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Todo a su alrededor son sonrisas, reverencias y saludos. Un gran banquete se consume frente a sus ojos, los bardos, los juglares y la gente baila al son de canciones. Y ella aunque siente que podría haber caído en un lugar peor, esta triste por no ver a Shayr, siempre había soñado que el día en que ella se desposara, su capitán estaría a su lado. Quien le llevaría a la noche nupcial y le tranquilizaría. Aunque no había nada que no supiera sobre el acto en si. Su madre no había sido muy cohibida en ese hecho. Pero eso no significaba que en un momento como ese no sintiera la falta de su amiga. Por los gruñidos que había logrado sacar de su ahora esposo, su capitán estaba haciendo un tramite que había hecho con su propio sujeto.
En su mundo dubitativo, noto que Witkim le tendió un plato con frutas cortadas y trozos de carne troceadas y aliñadas. Un poco extrañado ya que no había platos así sobre la mesa, los tomo sin pensar hasta que vio los huesos y las cascaras de fruta en una fuente más allá. Miro a su ahora esposo hablar entretenidamente con Jorking sentado a su derecha. ¿Lo había hecho él? ¿Por ella? ¿Por qué?, estuvo a punto de darle una tanda de preguntas. Cuando los juglares y bardos callaron.
Desde la entrada se abrió un camino. Witkim se levanto derecho, cual rey, tomando su mano y ayudándola la llevó hacía el centro de la habitación. Ella vio con aprensión, a sus hombres. Las tres docenas que habían sobrevividos. Intento ver a Shayr y la vio en la entrada con la mirada hacía el exterior, aun lado del vampiro. Incapaz de hacer algo sintió un cariño tremendo y un dolor comparable cuando Sandrua, liderando a los hombres se puso de rodillas, al igual que los demás.
— Nosotros pertenecientes al antiguo clan Sions, últimos guerreros de la honorable familia, siendo traicionados y humillados, esta noche, frente a nuestros Dioses y nuestro honor, si usted nos acepta Lord Witkim como sus guerreros, prometemos la protección de vuestro clan y vuestra familia.
Le picaron los ojos al ver a sus antiguos soldados tan abandonados, tan decaídos. Ella los había conocido a todos, a cada uno de ellos alguna vez los había visto. Eran hombres orgullosos e increíbles guerreros, se hacían relatos de la increíble destreza de sus soldados, de la fuerza de sus armas, de la capacidad de superar a sus enemigos de las maneras más admirables. Esta noche, ellos se veían abandonados, en busca de una nueva esperanza.
Miro a Witkim, esperando una respuesta y se quedo sin aliento cuando noto esos ojos puestos sobre ella, como si fuera ella la que decidiera lo que quería. Ella por la quemante mirada asintió un milímetro, algo a penas perceptible. Y este le sonrió. Aquella sonrisa le calentó el pecho cuando Witkim accedió a recibirlos.
Sus hombre… no, los nuevos hombres de su señor esposo, blandieron sus armas y aceptaron el juramento.
La fiesta volvió a abrirse a su paso. Witkim ordeno a Jorkings darle comida, bebidas y un lugar para asearse a los nuevos guerreros.
Volvieron a los asientos y allí pasaron varios momentos, buscaba con la mirada a Shayr, pero no la veía por ni un lado, y eso le quitaba los ánimos. Todo esto debía haber sido tan distinto.
Unas risas le llamaron la atención, ella se puso roja como un tomate cuando Annex llego con una pequeña comitiva de muchachas, a todas ellas ya las conocía de vista. Witkim sonrió como un maldito adolescente, cuando Annex le quito de su agarre y las llevaron entre risas, jubilosos gritos de los soldados cercanos y comentarios picantes de los más ebrios.
Ella se moría de vergüenza cuando comenzaron a llevarla por la escalera, en el primer rellano una sombra estaba parada apoyada contra la pared. Las mujeres se quedaron calladas al segundo. Ella sintió su corazón encogerse cuando vio a Shayr.
— Si me permiten- alzo una mano su comandante. Las mujeres demasiado perturbadas no pudieron hacer nada cuando ella avanzo un poco a empujones y tomo la mano de su amiga.
— Lady Asha- murmuro Annex, carraspeo y dio un paso- Lady Asha por favor. Señor Shayr este no es un lugar donde deba estar rondando. Esta muy fuera de lugar.
— Annex, jóvenes. Bajen en silencio- ordeno una voz desde la parte más oscura del pasillo. Era el sujeto
— ¡No podemos… Fuera de lugar!- Annex se puso roja de indignación.
— ¡Es una orden, Ahora!- la ultima palabra fue dicha en un siseo, y ninguna de las mujeres hizo algo más que bajar en silencio.
El sujeto se marcho sin detenerse detrás de las mujeres, y ella miro a Shayr quien parecía muy cansada por lo hombros flojos y esa aura de desasosiego. La licana le tomo la mano y la llevó a un cuarto que malditamente ya conocía. No tenía idea que había pasado allí con el vampiro, pero no iba a atosigar a su amiga con ello.
Shayr no dijo nada cuando la dejo en medio de la habitación que tenía un agradable fuego en la chimenea, una mesa con algunas delicias y al parecer la habitación había sido limpiada con esmero durante el día. Su comandante se paro frente a ella y le libero el cabello de su intrincado peinado para luego reacomodar sus cabellos con delicadas manos.
Ella se movió un poco y libero su cara de la mascara. Ella sintió su pecho abrirse al ver el dolor en los ojos medianoche. Un dolor lacerante. La edad indefinida de la mujer, su rostro etéreo y sus ojos decaídos le hicieron un nudo en el estomago.
— No me haz traicionado, Shayr- susurró acariciando su mejilla. La mujer bajo el rostro y sus ojos se hundieron aun más en la depresión.
— Yo no pude cuidarle como prometí a sus padres, yo no pude entregarle la libertad que tanto ansiaba.
— Las cosas no fueron como debieron haber sido, no es culpa tuya. Es mía por ser una insensata y no haber pensado bien las cosas.
La licana no dijo nada y ella le entro el gusano de los nervios, miró la cama y luego a su amiga. Esta le miro y sonrió. Una sonrisa adolorida que debía ser todo lo cariñosa que podía. La sentó en el borde de la cama y se puso a sus pies. Le quito los zapatos y las largas medias para luego hacer círculos suaves en sus tobillos y rodillas.
A ella se le entumecieron los miembros al segundo. Su corazón se acompaso a los leves movimientos de los dedos de la licana y su mirada se cristalizo mientras sentía la suavidad del colchón.
— No debe estar nerviosa, milady.- le susurró suavemente- es una necesidad natural.
— Me va a doler, ¿No es así?- susurró con el corazón apaciguado, pero su mente se descarriaba en imágenes dolorosas.
— Tal ve si, tal vez no, todo depende de usted y de él.- la licana se arrodillo delante de ella y le tomo las manos.- no soy la mejor para dar este tipo de consejo, pero si él le hace más daño del necesario, lo cortare gustosa para usted.
Ella sonrió por la propuesta. La licana se erizo, se levantó y camino hacía su mascara. Ella no entendió el movimiento tan rápido hasta que sintió la puerta abrirse y allí ver aparecer a su esposo.
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Había tenido que dejar a todos sus hombres abajo, entre nuevos griteríos y felicitaciones. No había visto a las damas bajar pero ya no podía esperar más, estaba preso de la ansiedad y los nervios. Era suya, luego de tanto tiempo, luego de tantos sueños e ilusiones, la pequeña hada era suya. Si Taillo volvía a burlarse de su cara de felicidad estaba seguro que lo dejaría pasar… como las ultimas doce veces. En este día, en estos momentos había pocas cosas que podía mandarlo a tierra, y las burlas del vampiro no eran una.
Al llegar al pasillo en aquel silencio sepulcral, sintió un ramalazo de escalofríos que lo envaro, no escuchar el murmullo acelerado de sus damas. A paso acelerando llegó a la habitación. Abrió y lo que vio le hizo erizar el cuerpo por completo.
Su esposa estaba sentada en la cama, sonrojada y con el vestido arrugado y un poco levantado. Dándole la espalda y colocándose la mascara estaba el licano.
Vio todo rojo, rojo de una manera salvaje.
Asha se bajo el vestido de golpe y se levanto con las piernas temblorosas. El golpe a tierra fue bastante doloroso. Engañado, y ni siquiera había pasado un día.
— ¡Tú!- grito en un gruñido mientras observaba al licano que se giro hacía él.
Su infiel esposa no pudo hacer nada cuando él se le lanzó encima. Este no se movió cuando el primer golpe le dio en toda la cara rompiendo la mascara y sacándole un pedazo. El licano trastabillo hacía atrás, colocando su mano sobre el espacio herido.
Asha lanzó un grito y se le lanzó encima.
— ¿Qué haces tú maldito?- le grito colocándose enfrente. Quiso quitársela de encima, pero esta se aferro a su pecho con tanta fuerza que él no pudo avanzar sin lanzarla lejos.
— Tu pequeña infiel- gruño sujetándole los brazos y zamarreándola.
Un gruñido gutural, como el de un lobo al acecho le hizo detenerse. Levanto la vista para ver al licano, la habitación pareció enfriarse en dos segundos y la luz disminuyo. Estaba medio inclinado, con una mano sobre su rostro herido, y su mano engrifada. Sus ojos ya no eran azules, eran negros con destellos dorados, la pupila era una rendija negra. Una mirada animal.
La rabia y el dolor del momento desaparecieron, agarro a su Asha y la puso detrás suyo para protegerla.
No llevaba armas, no en aquel momento. Sujetando a su esposa detrás de él, esperando que esta fuera lo suficientemente instintiva para salir corriendo cuando el licano le saltara encima.
Observó a este, y notó las marcas en la piel. Runas en sus sienes, bajando por su mejilla. Observó los labios finos, delgados y llenos, la barbilla puntiaguda. El cuello delgado, la cejas delicadas.
Se le fue el aire del cuerpo cuando notó la obviedad. La mano le pico y el corazón se le desboco, no de miedo ni de peligro si no de arrepentimiento. Había golpeando a una mujer.
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Lo había estado sintiendo los últimas horas, cuando había cabalgado por el frío bosque en busca de sus hombres, su lobo había estado tan exteriorizado que no había sido necesario un gran búsqueda, había encontrado a sus hombres poco más que una hora de cabalgata. Estos no se habían negado a su orden de volver con él, a penas si habían logrado mirarle a los ojos, y se imaginaba porque. Su lobo había sido suprimido la ultima noche, su cuerpo en si, estaba demasiado débil para opacarlo. Cuando habían pasado cerca de un arroyo, había sido testigo que sus ojos ya no estaban azules, si no negro, negros con dorado. Sus ojos de lobo.
Había logrado tranquilizarse al llegar a la fortaleza. Donde había sido llevado con Taillo al momento. El vampiro no dijo nada, solo le llevó consigo mientras veía a sus hombres jurar lealtad a un nuevo señor. Su corazón se había roto, porque la familia Sions había sido toda su vida, su esperanza y su futuro y ahora estaba rota.
Incapaz si quiera de sentirse mal por estar con el vampiro, se guiaba por sus órdenes. Perdida como estaba, los recuerdos de una vida pasada habían comenzó a atormentarla.
Cuando la fiesta estaba en su mejor momento, había escuchado a las damas murmurando para ir por su Lady. Y a ella se le había roto el corazón. Su Asha, su lady.
El vampiro le había llevado hacía atrás, y frente a sus ojos había desaparecido. Aturdida lo vio en la ventana arriba, y le hizo un gesto para que subiera. Ella tampoco demoro en hacerlo.
— Eres increíblemente molesta cuando no estas haciendo bien tu papel.- soltó, ella le miro sin entender- se buena y quítale la absurda sonrisa de la cara a Taillo. Creo que se merece un susto.
Pocos segundos después aparecieron las mujeres, y con ella Asha.
Llevarla a su habitación y tranquilizarla, hizo que se abrieran heridas que creían ahogadas.
Había muy pocos humanos en todos los continentes del mundo que alguna vez encontraban a su alma natural. Aquella alma que les acompañaría dentro de todas las rencarnaciones de su existencia. Los humanos aprendían a querer a sus parejas, a veces no era amor, pero era cariño y respeto, y en ellos hacían crecer grandes familias. Asha podía aprender a querer al sujeto, el sujeto podía aprender a quererla, y pasarían una vida tranquila aun inconscientemente en busca de sus parejas naturales, tal vez no en esta vida, pero si en las siguientes.
Para ellos, para los lobos, sus parejas naturales crecían dentro de sus manadas, si no así porque no era aun el destino que así fuera. Se escuchaban historia sobre licanos enamorado de humanos y vampiros, historias que solos se escuchaban como el viento en su pueblo, historias extrañas y lejanas. Historias que nadie quería realmente darse por entendido.
Su propia historia había sido trágica y dolorosa. Y sabía que no era quien para darle a Asha calma hacía los nervios de sus nupcias. Pero podía tranquilizarla con sus masajes y lo hizo.
Había escuchado ruido en el pasillo y sabía quien era. Sabía lo que pasaría, y su lobo estaba demasiado exaltado para ser normal. ¿Esto era lo que planeaba el vampiro? ¿Darle un susto de muerte a su señor?
En el momento en que el hombre le había golpeado, su lobo salto con tanto ahínco que tuvo que retenerse mentalmente con todas su fuerzas para no desgarrarle la garganta. La respiración se le contrajo en un gruñido, el dolor en su mejilla le hizo ver todo rojo.
Pero en cuanto el sujeto protegió con su cuerpo a Asha, ella se tranquilizo mecánicamente ya que ese movimiento le dijo mucho de lo que el humano era capaz. Witkim le miro detenidamente y su cara pareció horrorizada, su lobo se aplaco por completo porque no vio más en él a un posible peligro. Por lo que no hizo nada cuando este se le acercó y tendió su mano hacía el pedazo de mascara que quedaba. No hizo nada cuando este le miró tan sorprendido que ella pudo haber sonreído de puro engreimiento.
— Eres una mujer.- susurró conmocionado.
— Claro que es una mujer. ¿Qué más iba a ser? ¿Un hombre?- pregunto Asha con un tono de obviedad absoluta. La chica hizo un ruidito exasperado y ella miró al sujeto, que pálido y confuso parecía que acabara de desterrar el cuerpo de su madre para vestirlo con andrajos.
— ¿Qué? ¿Qué… como? ¿Qué?- pregunto el hombre de carrerilla.
— No golpees a mis esclavos, Witkim- soltó una voz desde la puerta. Ella gruño hacía allá.
— No soy tu esclavo- respondió ella y tomo los pedazos de la mascara que habían caído.
— ¡TU LO SABIAS!- grito Witkim dirigiéndose a un sonriente vampiro.- ¿Por qué no me lo haz dicho?
— Creí que lo sabías, Wit- comentó el sujeto entrando y acercándosele. Ella se engrifo al tenerlo tan cerca.- en ningún momento dije que fuera un macho.
— Tú me lo hiciste suponer… ella… la he golpeado- susurró por lo bajo como si no quisiera que nadie más lo escuchara.
— Seguro que ella lo perdonara. Ahora bien.- el vampiro le miro fijamente. Ella no le cambio el rostro.- vamos.
Quiso negarse, quiso quedarse allí y quedarse junto a Asha. Su Lady le miro con terror por unos segundos, hasta que Witkim se paro a su lado, y sus ojos brillaron. Cabeceo hacía los dos y se marcho detrás del vampiro.
Al bajar el ruido seguía denso, risas, cantos, música y risotadas.
— Sabes que él no le hará daño.- ella pudo haber refutado esa oración, pero había visto como este le había mirado al haberle pegado. Alguien realmente cruel, no tendría esa mirada de dolor sobre si mismo.
— Lo sé.
— Y me imagino que sabes lo que va a pasar- ella soltó un bufido despectivos. Mientras se paraban ambos en la ventana por donde habían entrado.
— Sé lo que pasa entre un esposo y una esposa, vampiro- soltó enojada, y dejándolo allí saltó por la ventana.
Claro que lo sabía.
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Observó a la figura caminar, como una sombra. No necesitaba seguirla, sabía que esta no se marcharía a ningún lado sin su Ama. Los licántropos eran una raza muy peculiar, buscaban a su pareja toda la vida y con ella se quedaban hasta la muerte, morían poco después de que su pareja moría, vivían más si poseían un hijo al cual cuidar. La licana decía que sabía lo que pasaba y había dos teorías con ello. Dos teoría un más preocupante que la otra. La licana tenía una pareja, por lo que había otro licano que podía estar en camino, o tenía un hijo; que sería lo mismo, otro licano del cual preocuparse, cosa que no le agradaba en nada.
Mientras la miraba allá cerca de la pared atraer a sus pocos hombres hacía ella. Sabía que le deparaba unos días tremendos.
¿Comentario? please~~
